Capítulo III: La Confesión de Ron


Hola, leoncilla—la miraba divertida— ¿Qué ocurre? ¿La leona volvió a ser una gatita? Hmm… Traigámosla de nuevo.

La Gryffindor se alejaba con cada paso que daba la Slytherin. Ella en esos momentos no era ni una leona, una leoncilla y ni se acercaba a ser una "gatita". Era un ratón, un ratón que estaba a punto de ser la comida de una serpiente que buscaba venganza. Chocó contra el barandal de esa torre, hubiese caído de no haber sido porque Pansy la agarró.

— Los sangresucia no vuelan, Granger —dijo con mofa. Desvió la vista hacia el barandal—. Aunque podríamos ver si tú eres la excepción.

—Pa-Parkinson por…

—Shh—colocó un dedo sobre los labios de la otra chica. Había algo en su mirada no le gustaba, algo que le decía que fue un error haberse metido con ella —. Mejor juguemos.

Cuando Pansy empezó a acercarse aún más a Hermione, esta cayó hacia el frente; se había desmayado. La morena la tomó y la colocó en el suelo, con cuidado. Bien pudo haberse quitado y dejado que cayera dándose un fuerte golpe, pero por alguna extraña razón que desconocía no lo hizo.

No se iría sin antes hacerle pagar por lo que había hecho y dicho, no importaba cómo terminaran las cosas. Se recargo en el bendito barandal y miró el cielo, hacía líneas imaginarias con las estrellas, jugaba con la varita haciendo figuritas, hasta que después de media hora esperando despertó.

—Buenas noches, ratón durmiente—hizo una reverencia—. ¿Creíste que me iría así nada más? No, Granger, de mí no te libras fácilmente. Aunque no pienso acercarme a ti de nuevo. No tengo ganas esperar otra media hora para poder "hablar" contigo, y tampoco pienso ensuciarme más al tocarte.

— Por mí mejor—las palabras de la otra le provocaron un extraño dolor que no le gustó—. Si lo que quieres es saber por qué te besé… creo que sabes la respuesta. Y me arrepiento de haberlo hecho. Pude hacerte otra cosa, pero en esos momentos no se me ocurrió nada más que eso. De lo que no me arrepiento es de lo de hace rato.

—Oh, ¿de haber dicho que tengo cara de Pug? No lo entiendo—hizo una mueca—.Tú Granger, eras, eres y serás la menos indicada para decirme eso, porque eres la sangresucia más horrible de todo el mundo mágico—serpiente herida, las palabras de la leona le habían afectado. "¡Nadie, absolutamente nadie se arrepiente de besar a Pansy Parkinson!"

Lágrimas, nuevamente Parkinson era la causante de estas que amenazaban con salir en cualquier momento. Ya le había dicho anteriormente que era fea, pero no de esa forma. Se miraban a los ojos, miradas cargadas de odio, de ese odio que decían se había ido incrementando con el paso de los años.

— ¡Abre la maldita puerta!—Buscó su varita— Y devuélveme mi varita.

—Ten, lárgate—se la aventó.

Salió corriendo lo más rápido que pudo rumbo a la torre de Gryffindor. Se sentó en las escaleras y lloró. Luego de unos minutos se levantó, se secó las lágrimas que aún caían por sus mejillas y con la cabeza en alto subió para irse a acostar e intentar dormir. Cuando llegó se quedó en la entrada, escuchó que discutían. "A quién se le ocurre andar peleando a estas horas" Pensó.

— ¡Quién es, Ron! ¡Por quién me cambiaste!—chilló Lavender.

— ¿De qué sirve que te diga?—preguntó fastidiado— No quiero seguir siendo nada tuyo, ¡entiéndelo!

— ¡Te odio!—y salió corriendo directo al dormitorio, de sus ojos parecía que bajaban ríos.

Ron se sentó en el sofá, tirando hacia atrás la cabeza y soltando resoplidos. Hermione caminó hasta donde se encontraba su amigo, se sentó a su lado y colocó una mano en su hombro.

—Ya se le pasará —dijo—. ¿Por qué terminaste con ella? Bueno, ¿por quién? A mí sí me lo puedes decir ¿no?

—Sí, pero… mañana, mejor vamos a dormir—se levantó y le tendió la mano para que ella también lo hiciera—. Descansa.

—Tú también—después de eso los dos se fueron a los dormitorios. Una vez dentro, Hermione se puso su pijama y se metió en la cama. Estuvo un rato pensando en lo ocurrido hasta que por fin cayó en los brazos de Morfeo.


Pansy se había quedado un rato más en la torre. Al entrar a su sala común se encontró con unos ojos grises que la miraban fijamente, el chico la había estado esperando.

— ¿Dónde estabas, Pansy? ¿Y con quién?—preguntó tomándola de la muñeca, apretándola fuertemente.

— ¡Me lastimas, estúpido! Estaba en la torre de astronomía, SOLA ¿Feliz?—se sobó la muñeca después de que Draco la soltara.

—Necesito que me ayudes, y no acepto un no como respuesta—se situó frente a la chimenea, viendo las llamas del fuego.

— Está bien. ¿En qué necesita ayuda el señor Malfoy?—rodó los ojos, el rubio ya le estaba hartando con sus problemas.

—Recuerda mi misión. Ya sé con qué haré que muera ya sabes quién, pero no sé cómo dárselo—explicó. Hizo un ademan para que se acercara—. Tengo entendido que al anciano le gustan los caramelos de limón.

—Vaya, Draco, me sorprendes, pero no tanto. Piensa un poco más, obviamente no serás tú quién se los dé pero puede que otra persona sí—le guiñó un ojo—. Adiós.

Gracias a Draco olvidó a una Gryffindor de cabellos rebeldes y castaños. Se fue directo a la habitación que compartía con tres compañeras dejando a al rubio analizando sus palabras. Una vez dentro, se tiró en la cama, cerró las cortinas y, al igual que Hermione, tardó un tiempo en poder dormir.


Sábado, uno de los días favoritos de muchos pero para una Gryffindor no tanto. Ese día Hermione despertó más tarde de lo normal. Tan tarde que se perdió el desayuno. Cuando se dio cuenta de la hora no se preocupó tanto ya que era fin de semana, se fue levantando lentamente, se cambió y bajó a la sala común a ver si encontraba a alguno de sus amigos, y sí, ahí estaban Ron y Harry platicando.

—Hola chicos, buenos…—miró su reloj—días.

—Hola Hermione—dijeron los dos al mismo tiempo.

—Es raro, los mortífagos no han dado señales de vida ¿Ya se habrá rendido Voldemord?—preguntó el pelirrojo después de que Hermione se sentara con ellos.

—No lo creo, Ron, probablemente estén planeando su próximo ataque—respondió Harry.

— ¿No se les hace sospechoso Malfoy?—preguntó la castaña.

— ¿Malfoy?

—Sí—asintió—, ha estado un poco raro, de las veces que lo veo solo lo he notado algo nervioso.

Harry y Ron se quedaron un rato en silencio, pensando. Era verdad, Malfoy había estado nervioso desde que iniciaron el año, también más callado cosa que es rara en él, no les busca tanta pelea a los demás como antes, y los últimos días se había desaparecido.

—Tal vez. Si su padre lo es quizás él también. Hay que vigilarlo—dijo Harry—. Bueno, voy a buscar a… Luna. Adiós.

Salió dejando a sus amigos solos… casi solos. Los dos se quedaron viendo a su amigo hasta que desapareció de sus vistas. Voltearon a verse y se quedaron un rato así, había un brillo en los ojos azules de Ron, algo que Hermione jamás había visto.

—Ron, ¿ahora si me puedes decir?—el pelirrojo no se movió ni un centímetro. La castaña le pasó una mano por enfrente— ¿Ron?... ¡Ronald!

— ¿Eh? ¿Qué? Ah, sí, claro... ¿Qué decías?—dijo después de reaccionar.

— ¿Vamos a caminar?—preguntó.

El ojiazul asintió. Salieron y caminaron por los pasillos del viejo castillo, parecía que estaban dando un recorrido, como si apenas acabaran de entrar. A pesar de estar en 6° año, hay partes del castillo que todavía no conocen. Salieron a las afueras y se sentaron debajo de un árbol, Ron se recostó y dio unos golpes en el suelo a su lado, invitando a Hermione a que lo imitara. Y lo hizo, se acostó al lado del chico pelirrojo, miraban las ramas del árbol por las que caían algunos rayos del sol hasta que por fin habló la chica.

—Entonces… ¿por quién dejaste a Lavender?

—Por…—se sentó antes de continuar— Por alguien a quien conozco desde hace años pero hasta hace poco me di cuenta que había algo… no lo puedo explicar, pero eso jamás lo había sentido. Digamos que es algo nuevo para mí.

— ¿Quién es, Ron?... Espera, no me digas que… ¿eres gay?—también se sentó y lo miró con una pequeñísima sonrisa—. Lo siento por ti, Ron pero no creo que seas el Weasley al que Harry quiere.

— ¡NO! ¡Pero qué te pasa! ¡Harry es mi hermano!—se molestó el pelirrojo, ¿enamorado? ¡¿Y de su mejor amigo, su hermano?! Después suspiró, no era el momento para enojarse— Hermione, esa persona…

Se detuvo al darse cuenta que se acercaba su hermana. Al llegar hasta donde estaban, la pelirroja los observó. Por la cara de su hermano, se dio cuenta que estaba interrumpiendo algo así que fue breve.

— ¿Saben dónde está Harry?—preguntó.

—Dijo que buscaría a Luna—respondió Hermione. Ginny se despidió y corrió en dirección al castillo, dejándolos solos nuevamente— ¿Esa persona…?

—Esa persona...—estaba nervioso, no sabía cómo reaccionaría la chica— eres tú.