Capítulo V: Su Otro Lado

Sí Granger, tardísimo—apareció nuevamente Parkinson, claramente enojada—. Y adivina qué, ¡nos quedamos encerradas!

¿Escuchó bien? ¿Encerradas, solas, en la biblioteca? Definitivamente ese tampoco fue su día. ¿Por qué tenía que estar Parkinson relacionada con sus "días grises"? Tal vez exageraba un poco pero tenía razón; desde que entró, ella junto a la mayoría de los Slytherins, se habían encargado de fastidiarle su estancia en Hogwarts, por suerte contaba con sus amigos: Ginny sabía cómo sacarle una sonrisa, Ron… él hacía que su estado de ánimo cambiara y Harry… Harry siempre había estado con ella, quizás estaba un poco distraído pero era por Voldemord y la guerra que no tardaba en desatarse.

Se dio cuenta que había estado viendo como boba hacia donde se encontraba Parkinson, lo cual casi provoca que esta riera, para la morena eran graciosas las caras que ponía la castaña.

—¿Encerradas? ¿Cómo? —Sí, fue una pregunta estúpida, pero en esos momentos no se encontraba en su estado normal, no se lo creía aún— ¿Qué clase de pregunta es esa Hermione? —se recriminó a sí misma.

—Vaya Granger, y se supone que eres "la mejor alumna de todo Hogwarts", la mejor hechicera de tu edad. Sí claro—se mofó haciendo un gesto con la mano—. Y además hablas sola.

¿Siempre tenía que ser así? ¿Tenía que molestarla cada que tuviera la oportunidad? ¿Es que no tenían nada mejor que hacer que fastidiar a los demás? No, al parecer no. Por lo que Hermione decidió irse cualquier lugar a leer lo más lejos posible de la morena.

—Bien, sabelotodo, huye, así me ahorras el paseo—dijo la ojiverde—. ¿Dormirás o platicarás con tus amigos los libros?

—Eso es algo que no debe de importarte— ¿qué le importaba a ella si seguiría leyendo o dormiría?

— ¿Cómo es que puedes estar tanto tiempo en este… lugar? —preguntó haciendo un gesto de repulsión mientras miraba una estantería de arriba a abajo— Aunque sería mejor vivir aquí que en la "casa" del pobretón de Weasley, si es que tiene una.

— ¡No puedes por una vez en tu vida tratar bien a las personas! —explotó, levantándose de su silla, si lo había hecho a los pocos minutos de estar con ella no aguantaría hasta las cinco de la mañana. Además, quién se creía para insultar a sus amigos "a sus espaldas".

—Oh, qué miedo, ha regresado a leona—se burló Pansy, aunque le sorprendió la reacción de la otra. Empezó siendo un mal día pero terminaría siendo bueno, o por lo menos no tan aburrido.

Hermione tenía las orejas rojas por el coraje, apretaba los puños intentando tranquilizarse para no saltar sobre Parkinson y usarla para limpiar la biblioteca. No, ella no era así. Ella ignoraba, sí. Lo único que quería la otra era hacerle enojar para así divertirse, para burlarse de ella y por supuesto que no lo conseguiría. Inhaló todo el aire que pudo y lo exhaló, consiguiendo calmarse un poco.

—Qué aburrida eres, Granger—le dijo para después perderse del campo de vista de la mencionada.

Con la poca luz que había no podía ver el nombre que estaba grabado en el lomo de los libros. Sacó su varita y murmuró un "Lumos" para así ver el título de las antigüedades que se encontraban en ese lugar. Había libros muy viejos, con las pastas rotas algunos, otros con una que otra hoja rota o le faltaban páginas. Tenían un olor desagradable para ella y las hojas amarillentas, sumándole el polvo que tenían encima. Definitivamente ese no era su lugar favorito.

Cuando encontró un libro lo tomó y le sopló provocando que el polvo se esparciera por el lugar. Se dirigió hacia una de las mesas que estaba frente a la de la castaña y se sentó, poniendo su varita de forma en la que alumbrara la hoja y comenzó a leer.

Hermione hacía lo mismo, tenía su varita de la misma manera que Parkinson mientras leía su libro de runas antiguas. De vez en cuando alzaba la vista y miraba de reojo a la chica que se encontraba unos metros delante de ella. Tenía su entrecejo fruncido y no apartaba la vista del libro. Podía pararse Voldemord frente a ella y no se daría cuenta. La castaña sonrió. No creyó que fuese a ver alguna vez de esa manera a la morena; tan tranquila. Estaban compartiendo el mismo espacio y no se estaban matando ni insultando. Después de haberle visto por un tiempo reaccionó y sacudió la cabeza, despejando su mente, no se había dado cuenta que se le había quedado viendo como boba por minutos.

Parkinson lo había notado, por eso una diminuta sonrisa se quería formar en sus labios. Tenía un pretexto para molestarla pero no lo haría todavía, la lectura estaba interesante, quería terminar de leer el libro, después de todo no estaba tan grueso.

Había pasado ya bastante tiempo, más de una hora quizá, y la morena ya se había aburrido. Resultó que no todo el libro estaba interesante y entre más avanzaba más se aburría. Quería dormir pero no lo haría, desconfiaba de Granger, ¿y si le hacía algo mientras dormía? Era estúpido, sí, ella no se atrevería... Por Merlín ¡era Granger! Tenía sus momentos, como la discusión en el pasillo, el día que le... que la encontró en la Torre de Astronomía, o cuando defendía a sus amigos, pero no le haría daño, no a menos que fuese necesario y quizás ni así; a lo mucho que llegaría sería a dejarla inconsciente o a petrificarla. Pero a pesar de eso desconfiaba de ella, desconfiaba de todo y de todos excepto de tres personas: Blaise, Daphne y su madre.

Levantó la mirada y observó a Granger tal y como ella lo había hecho, no como retrasada claro, ella sí sabía disimular. No pudo evitar sentir... ¿qué fue lo que sintió? No lo sabía, era algo nuevo. La castaña estaba más dormida que despierta; se le cerraban los ojos y parecía estar a punto de golpearse con la mesa si seguía cabeceando pero aún así seguía con su libro ¿ni por el sueño dejaba de leer? Podía terminarlo después, pero no, Hermione Granger no dormiría si no terminaba de leer el libro que había empezado.

Si Granger quería terminar de leer lo haría, Pansy se encargaría de eso.

Con uno de los pies comenzó a golpear el suelo levemente mientras que con el otro daba suaves patadas a la mesa y con las manos golpeaba la misma simulando que tocaba, y para terminar tarareaba una canción de The Weird Sisters. La castaña siguió haciendo lo mismo por unos minutos hasta que se percató de un sonido proveniente de la mesa que estaba frente a la suya y levantó la mirada hacia Pansy. ¿No sabía acaso que en la biblioteca estaba prohibido hacer tanto ruido? Se llevó un dedo a los labios y le hizo un gesto diciéndole que guardara silencio, cosa que hizo por unos momentos ya que lo volvió a hacer. Hermione estaba tratando de ignorarla y continuar con la lectura pero le era imposible con el "escándalo" de la ojiverde. Empezaba a impacientarse. Pasaron unos cuantos minutos hasta que se artó.

—¡Guarda silencio, Parkinson! ¡Qué no vez que estás en una biblioteca!—gritó, aventando el libro que leía en la mesa, provocando un fuerte estruendo—. Oh Merlín, oh Merlín, el libro—se regañaba a sí misma por haber maltratado uno de sus preciados libros.

—¿Que guarde silencio?—preguntó con una sonrisa burlona, lo había conseguido—. Granger, eres tú la que acaba de gritar y por si fuera poco aventaste esa cosa a la que le llaman libro. ¿En serio me pides que guarde silencio?

Se golpeó en la frente con el libro, Parkinson tenía razón, si la Slytherin hacía ruido ella había hecho el escándalo. ¿Qué diría Madame Prince? ¿Qué le haría? Seguro la echaría de la biblioteca por semanas, ¡meses! sumándole el libro maltratado. Eso era lo que le provocaba esa chica, hacía que saliera la leona que estaba escondida dentro de ella.

—No dejará que regrese, no podré tomar otro libro, Circe, ¡circe!—caminaba de un lado a otro hasta que tropezó con su mochila y cayó al suelo—. ¡Ouch!

—¿Estás bien?—preguntó levantándose, arrepintiéndose inmediatamente ¿por qué se preocupaba por ella? Qué le importaba si lo estaba o no, si caía o no, no era su asunto. Pero ya estaba hecho, ya se había levantado y no sería en vano, sería su obra buena del día: ayudar al ratón de biblioteca a levantarse.

—Sí, sólo...—se dio cuenta de la pregunta y abrió los ojos lo más que pudo ¿Pansy Parkinson le había preguntado eso? Y mayor fue su sorpresa al verla frente a ella, tendiéndole la mano para ayudarla. Dudó por momentos pero terminó aceptando su ayuda—. Gracias.

La serpiente asintió como respuesta y se regresó inmediatamente al lugar en el que había estado sentada, viendo la mesa, seguro algo tenía que le era interesante. Hermione al tomar su mano sintió un cosquilleo. Tenía que aceptar que la mano de la otra chica era suave y las uñas las tenía bien cuidadas por lo que alcanzó a notar. Imitó a la Slytherin y se fue a la misma silla en la que había estado. Quería decir algo pero no sabía cómo lo tomaría su acompañante. Se había hecho nuevamente un silencio en la habitación el cual una de ellas se encargó de romper.

—Ni una palabra de esto, Granger—Granger, Granger ¿qué pasó? Desde el día anterior no le decía ratón, sabelotodo o sangresucia.

—No diré nada, pero no entiendo qué te cuesta ser así siempre. ¿No podrías ser más amable de vez en cuando? ¿Por qué eres así?—se atrevió a preguntar.

—No es algo que deba importarte—contestó secamente.

—El año pasado te vi ayudando a un niño de Hufflepuff, y me ayudas, me preguntas si no me lastimé. ¿Es necesario que siempre lleves esa máscara?

—Yo no ayudé a ningún mocoso—"Debí ignorarlo, debí dejarlo ahí llorando pero no, saliste de nuevo Pansy"—. ¿Sabes de lo que son capaces en ese lugar si te muestras como eres? Si te muestras débil. En estos tiempos así es como tienes que ser en ese nido de serpientes. No debes demostrar ninguna debilidad porque la aprovecharán para hundirte. Mi padre me lo enseño, me decía que jamás le mostrara a una persona mi verdadero yo porque terminaría destruyéndome.

Sabía que los Slytherins no eran personas de confianza pero ¿hasta dónde serían capaces de llegar? Ahora la entendía, no del todo pero sí un poco. En ese momento un sentimiento nació en ella: compación. No supo por qué pero quería ayudarla, quería sacarla de ahí aunque sabía que no podría. Lo único que podría hacer sería tratar de estar con ella, intentar ser su amiga, ayudarla cuando lo necesitara. El asunto ahora era: ¿Cómo lo haría?

—Par-Parkinson...—llamó. La otra chica la miró, o por lo menos eso intentó ya que estaban a oscuras, la única luz que había era la de la luna que entraba por un par de ventanas— ¿Por qué me odias?

—No lo hago—confesó. ¿Qué tenía? ¿Por qué se mostró con ella? ¿Por qué precisamente ella?— ¿Tú por qué me odias?

—Tampoco te odio, no me gustan esos sentimientos. Eres tú la que siempre me molesta, la que siempre me insulta ¿No puedes parar? ¿No puedes intentar llevarte bien si quiera conmigo?—para ese entonces Hermione ya se encontraba sentada en la misma mesa que ella, en la silla de enfrente. Pansy podía verla un poco mejor. Tenía que parar, tenía que ponerse su máscara. El saber que ella no la odiaba le había alegrado sin saber por qué— ¿No tienes nada que decir?

—Sí—respondió a la última pregunta—, tengo algo que decir.

—¿Qué?—se había desilucionado al escuchar eso, creyó que el sí era para las otras preguntas.

—Odio admitirlo pero... besas bien—esto último lo dijo en un susurro casi inaudible. No pensaba decir otra cosa, quería que Granger dejara de hacer preguntas, quería dormir, quería irse y no recordar esa conversación y eso fue lo único que se le ocurrió. Tenía dos opciones: a) Se iba a otro lugar molesta por su respuesta o b) volvía a hacerlo de nuevo. "Qué gran respuesta, idiota" Para su suerte ocurrió la primer opción; Hermione se levantó, sonrojada pero eso no pudo notarlo, molesta y se perdió por las estanterías de libros, dejándola por fin sola.

Era una broma, una simple broma. Quería acercarse a ella, ayudarla y lo único que obtuvo fue eso, que jugaran con ella. Era obvio que no lo había dicho en serio, porque no lo era ¿o sí? No vio ninguna sonrisa, su tono de voz no fue el que usaba para burlarse de ella. ¿Lo dio en serio? "No Hermione, ella jamás diría algo así. Ella sólo quiere divertirse contigo, quiere humillarte pero no lo lograra, no te dejarás". Había caminado a lo más profundo de la biblioteca sin darse cuenta hasta que chocó con una estantería provocando la caída de unos cuantos libros. "Merlín, ¿qué me pasa hoy?" Tomó los libros y los colocó en sus respectivos lugares. Una vez puestos todos en sus lugares Hermione notó algo: en donde debía estar un libro había un pequeño paquete. Sabía que no debía verlo pero la curiosidad le ganó y lo tomó.

Pansy estaba a punto de quedarse dormida cuando un sonido parecido al de los fuegos artificiales de los Weasley se escuchó. Se levantó inmediatamente de la silla volteando hacia los lados. Lo siguiente que escuchó fue un gritito.

—¿Granger? ¿Dónde estás?—preguntó. Pasaron unos minutos y no recibió respuesta por lo que decidió volver a llamar—: ¡Granger!

—¡Acá estoy!—escuchó— ¡Pero qué rayos era eso!

Con varita en mano corrió hacia donde escuchó a la chica. Se detuvo al ver la silueta de la leona, reconocería ese cabello a miles de kilómetros de distancia. Ella volteó y lo primero que la serpiente vio fue el papel en el que estaba envuelto el paquete que Blaise le había encargado poner en ese lugar. Alzó la vista y lo que vio fue lo más gracioso que había visto en años: Granger tenía la cara pintada de diferentes colores y el cabello más revuelto de lo normal, realmente le había explotado algo. "Así que de eso se trataba. Maldito Blaise, debo aceptar que valió la pena. ¡Parece un arcoiris!" No pudo evitar soltar una carcajada.

Hermione la veía extrañada. ¿Qué era tan gracioso? La serpiente se tocaba el estómago a causa de la risa. Después cayó en cuenta que era la primera vez que la escuchaba reír de esa manera; sin un abismo de burla.

—¿De qué te ries?—preguntó. Pansy la miró y nuevamente empezó a reír— ¿Qué es tan gracioso?

—Tú—dijo entre risas. La castaña frunció el ceño. ¿Ella? ¿Qué tenía? Se llevó las manos a la cara y al tocarla sintió algo viscoso en los dedos. Lo vio y abrió los ojos asustada.

Quería verse en un espejo pero en ese lugar no había ninguno. Se fue buscando su mochila para sacar un trapo y así poderse limpiar. Cuando lo encontró se dio cuenta de que necesitaría agua y un espejo para verse. "Esta simplemente no es mi mejor semana" Se sentó pesadamente en la silla y escondió el rostro en sus brazos sin importarle si manchaba el uniforme. Sintió que alguien se sentaba a su lado y levantó la cabeza para después ver de quién se trataba, aunque eso era obvio, solo había dos personas en ese lugar. Parkinson tenía su rostro sereno y pudo notar que le ofrecía algo: un espejo.

—Nunca salgo sin él—le dijo—. Aprovéchame, Granger, ando de buenas—alcanzó a ver una copa en el escritorio de Madame Prince y se levantó para ir por ella. La tomó y murmuró un "Aguamenti", después se la llevó a la castaña. Esta la veía aún sin creérsela y es que ¿qué tan común era ver a Pansy Parkinson ayudándote? Había encontrado un candíl y lo encendió para poder ver mejor. Miró su reloj y se dio cuenta de que faltaba aproximadamente una hora para que se abrieran las puertas de la biblioteca. Le agradeció a Parkinson y se limpió la cara.

—Falta una hora para que abran las puertas—comentó.

—Me alegra, no sé cuánto tiempo más pueda estar tan tranquila—dijo—. Lo que se dijo en estas horas queda entre nosotras—le señaló con el dedo.

—Sí—le sonrió. Era la primer sonrisa que le dedicaba, y se sintió bien. Por primera vez en muchos años estaba tranquila y se sentía a gusto con la compañía de alguien que no fuera Blaise, Daphne, su madre o la mascota que tenía en su mansión. Se recostó en la mesa y se dispuso a dormir un poco.

El sonido de la puerta apareciendo y abriéndose despertó a Pansy. Abrió los ojos con pesadez y se estiró. Pudo ver que la castaña también estaba dormida. Su plan era salir de ahí sin despertarla, irse a su sala común, meterse en su cama y dormir todo el día pero no, de nuevo su lado bueno apareció. Tocó suavemente el hombro de la castaña y la movió, susurrando su nombre. Poco a poco la leona fue despertando, murmuraba cosas que Pansy no era capaz de entender.

—Despierta, Granger, ya está abierta la puerta—le dijo pero esta vez el tono de siempre había regresado, ese tono frío que usaba la mayor parte del tiempo. Sin decir más se fue. Se había encargado de avisarle, no era su problema si se quedaba ahí.

Hermione se había levantado pocos minutos después de que le habló la Slytherin. Recogió sus cosas y se encaminó a la Torre de Gryffindor. Al entrar notó que estaba solo "Claro, quien estaría despierto a las cinco de la mañana en domingo". Se fue directo al dormitorio y entró con cautela, no quería despertar a nadie. Se metió a su cama y cayó dormida al momento de tocar la almohada.


Un ruido provocó que la castaña despertara.

—¡Despierta, Hermione!—gritaba una rubia— Harry, Ginny y... Ronald te esperan abajo para ir a desayunar.

—Diles que ya voy—dijo—. Gracias por despertarme, Lavender.

—De nada—le sonrió, o por lo menos eso intentó. Sin decir nada más se fue dejando sola a la castaña.

Al bajar se encontró con sus amigos, que, como había dicho la rubia, la esperaban.

—Te ves pésimo, Hermione—le comentó Ron.

—Gracias Ronald—rodó los ojos.

—¿No dormiste bien?—preguntó Harry.

—No—negó con la cabeza.

Caminaban rumbo al Gran Salón cuando Ron se situó al lado de la castaña y le preguntó:

—¿Dónde estuviste? Te buscábamos para contarte lo de Collin.

—¿Qué le pasó?—preguntó deteniéndose y poniendo toda su atención en él.

—Fue envenenado. Unos caramelos de limón. Según él eran para Dumbledore, no recuerda quién se los dio—fue la respuesta.

¿Quién pudo haber sido? ¿Querían envenenar a Dumbledore? Siguieron hablando sobre el tema hasta que llegaron a las puertas del comedor. Qué día tan extraño estaba teníendo Hermione. Pansy le ayudaba y Ron le abría la puerta. "Algo debe tener la comida" pensó. Cuando iba a entrar chocó con cierta pelinegra, se notaba que tenía prisa. Le dedicó una de sus típicas miradas. Cuando le iba a decir algo Weasley se adelantó.

—Ten más cuidado, víbora—le dijo con el desprecio impregnado en cada palabra.

No tenía ánimos para empezar una discusión con el pelirrojo, prácticamente no había dormido nada. Lo único que hizo fue pasar al lado de la castaña y chocar contra su hombro. "Se me va a hacer costumbre esto". Mientras buscaba a su amigo moreno pensaba en lo que había visto: el día anterior Daphne le contó que había visto a la comadreja con la comelibros solos en los jardines, y por lo que había escuchado él se le había declarado a la castaña. Y ahora los veía entrando al Gran Comedor, él abriéndole la puerta. Solos. Repentinamente unas ganas de golpear al primero que se cruzara aparecieron. ¿Por qué? No lo sabía.

Al día siguiente vio lo mismo: a la comadreja abriéndole la puerta a la castaña. Esta última le sonreía y mientras comían reían. Lo único que hizo esto fue ponerla de mal humor. Para su mala suerte tenía Transformaciones con Gryffindor, lo que significaba verlos de nuevo. Y así fue, se sentaron juntos y el chico cada que tenía oportunidad se le acercaba a la castaña para susurrarle cosas y esta sonreía o le golpeaba el brazo. Casi al final de la clase la profesora les pidió una tarea en equipos sobre los Animagos "Otra vez, ¿no se aburre de lo mismo?" Pero en esa ocasión el pergamino tendría que ser de más de 70 cm de largo. Estuvo dando las parejas hasta que llegó su turno.

—Pansy Parkinson con—sacó un trozo de pergamino—, Hermione Granger.


Ok pues, aquí está el capítulo :P Gracias a las personas que leen, que agregan a favoritos y a alertas. Y también a los que dejan review.

Por cierto, allen-walker, ¿a cuál fic te parece similar? D: No vaya siendo... :L

Si les nace dejen su opinión :)

¡Ah! ¡AHH! Una pregunta: Quién les gusta más para Luna: ¿Theo Nott o Ron?