DISCLAIMER: Ningún personaje me pertenece, son propiedad de SNK Playmore.
Capítulo tres.- Tratando de conquistarla
K' no podía dormir. Por alguna extraña razón, algo le estaba quitando el sueño. Estaba admirando la oscura noche que se veía por un pequeño espacio de la ventana que no estaba tapado con sus cortinas negras, cuando de repente escuchó un ruido. Se levantó de un zaque y salió sigilosamente por la puerta. Podrían ser ladrones o peor aún: alguien que venía por ellos. Esta vez no permitiría que hicieran daño a nadie, ni que arruinaran la casi normal vida que tanto tiempo les había tomado encontrar.
El ruido provenía de la cocina. Bajó silenciosamente las escaleras, el ruido se hacía más fuerte y constante. Hacía mucho tiempo que no tenía un combate, en cierto modo lo entusiasmaba. Ya sentía sus manos inquietas por crear las flamas tan admiradas y envidiadas, y cuando estuvo detrás de la puerta de la cocina, la abrió de una patada, y estaba tan cegado por la adrenalina que sentía que se abalanzó a la primera figura moviente que percibió. Lo que después sintió fue una fuerte patada en la entrepierna que lo hizo arrodillarse de dolor, e inmediatamente diminutos cristales helados impactando contra su rostro, inmovilizando cualquier tipo de facción.
—¡DE VERDAD ERES UN IMBÉCIL, K'!— exclamó una muy furiosa Kula, tratando de no levantar tanto la voz para no despertar a los demás, algo que parecía muy difícil porque K' no sólo se había abalanzado hacia ella lastimándola; sino que también le había provocado un susto que casi se orina encima. K' soltó un bufido de angustia.
—¿Se puede saber que querías hacer?— le preguntó la molesta chica, mientras sacaba del microondas un plato repleto de palomitas de maíz, al parecer las causantes del ruido que K' había escuchado.
—Yo… sólo… pensé que podía ser alguien tratando de encontrarnos…— contestó K', cuando recuperó el aliento tras semejante paliza y sentado en una silla. Kula lo miró y no pudo evitar soltar una carcajada: le había pegado en su "orgullo". K' frunció el ceño.
—¿No piensas siquiera tratarme bien después de ese porrazo?— le preguntó molesto de que Kula no sintiera piedad de él, ella sólo se siguió riendo cruelmente.—Por cierto, ¿qué estás haciendo tú aquí a estas horas?— debían ser ya las dos de la madrugada.
—Nada que te importe, novato…— dijo simplemente Kula, y tomando el plato en el que estaban los pochoclos y un vaso, salió del cuarto. El muchacho se levantó a duras penas y la siguió. La chica estaba acostada en el sillón, tapada con una manta, y se disponía a ver una película, pero K' le dijo tímido y con semblante serio:
—¿Tampoco puedes dormir?— Kula soltó un suspiro como de cansancio al ver que K' le insistía tanto. Antes era ella quien lograba aburrir a K', pero ahora el muchacho era el pesado.—¿Te importaría si me quedo contigo?
—Está bien, quédate, pero ni una sola interrupción…—cedió Kula, después de un rato, y al ver que el peliblanco se iba a sentar a su lado, dijo:—¿Para adónde, compadre? Tu lugar es allá…— señaló el sillón de al lado, que no era tan espacioso como en el que estaba ella. K' se resignó y se sentó, algo decepcionado.
Conociendo a Kula, era una película romántica, y no se equivocaba. Nada más y nada menos que "TITANIC". La chica miraba la pantalla del televisor hipnotizada y con expresión dulce. K' miraba con desánimo, si su propio "yo" de hace una semana lo hubiera visto ahí, rogándole a Kula y viendo películas para solteronas, se habría auto-pateado el trasero con mucho gusto. Pero si para recuperar a Kula hacía falta ver todas las películas no aptas para diabéticos ni renegados del amor, lo haría. Aguanto despierto hasta el final, y para eso, la rubia ya lloraba a mares.
—Es sólo una película, ¿sabes?— le dijo en un intento de calmarla, pero se arrepintió de haberlo hecho, porque ella lo miraba con furia.
—¡Eres un insensible K' Dash! ¡Si lloro es porque tengo sentimientos, y me entristece que…!— rugió Kula, pero después chasqueó la lengua.—¡Ah! ¿Qué caso tiene?
—¡No, por favor, dilo, me interesa saber lo que sientes!
Ella lo miró suspicaz, y tras verificar que lo decía enserio, suspiró:
—¿Qué más da? Me entristece que tanto en películas como en la vida real haya amores fallidos, que a pesar de que sientas que es la persona con la que debas estar, por alguna razón no se pueda estar juntos…— K' se quedó mirándola boquiabierto.
—¿Te has enamorado, Kula?
—No quiero hablar de eso, ¿sí?— contestó fríamente Kula, y levantó el plato y el vaso, y se dirigió a la cocina. K' la siguió. Ella lavó las cosas que había usado y cuando terminó, al darse vuelta se encontró con la cara de K' a pocos centímetros de la suya. Se puso roja y nerviosa, preguntó:
—¿Quéeee p-pasaa?— él había colocado sus brazos a ambos lados de ella, apoyados en la mesada de la cocina, y no podía salir.
—Nada, que quería preguntarte si querías salir conmigo en la tarde…
—Lo siento, ya tengo planes…— contestó ella, retirando uno de los brazos de K' para poder irse a dormir, pero uno de sus brazos se vio atrapado por el muchacho, que no estaba dispuesto a dejarla ir.
—¿Cómo que ya tienes planes? ¡Por una vez, Kula, UNA VEZ que te invito a salir y todo para que me rechaces! Bueno, después no digas que soy un imbécil contigo, que soy frío y estés llorando como bebé…—masculló un muy enojado K', quien jalaba hacia sí con fuerza el cuerpo de la muchacha. Pero cuando posó su vista en los ojos de ella, vio lágrimas avecinándose e inmediatamente la soltó, aceptando que había ido demasiado lejos.
— Eres el ser más despreciable que he tenido la desgracia de conocer, K' Dash—sollozó la muchacha, al tiempo que subió a su cuarto. K' se quedó un instante y luego fue a su habitación a disculparse, aunque esta vez reconoció que no merecía perdón.
Pero cuando llegó, Kula estaba saliendo de la puerta, vestida con ropa casual y una campera abrigada, como si fuera a salir, también tenía su pequeña mochila en la espalda, y esquivando a K', bajaba las escaleras.
—¡No vas a salir a esta hora! ¡Sobre mi cadáver!
—¿Estás seguro?— preguntó en tono amenazador la muchacha, y en su mano derecha creó un poco de hielo.
—Basta. Sube a dormir, por favor. Sé que me equivoqué, y lo siento…
—¡Ah, claro! Ahora te disculpas y la estúpida te cree que lo sientes, ¿no es así?—masculló ella, empujándolo contra la pared y saliendo a la calle. Él nuevamente agarró su brazo, impidiendo su objetivo, pero ella se lo quitó bruscamente para espetarle:
—¿Por qué no vas donde tu querida Vanessa y se siguen besuqueando en vez de molestarme a mí?
K' quedó en shock al oír eso, pero se recobró diciendo:
—¿Así que estás celosa, Diamond? Si tú me lo pides, la mando al infier…
—Yo nunca me pondría celosa por vos. Ya ni me gustas, eres un arrogante cretino amargado y antisocial que se piensa que es dueño del mundo y que es irresistible por fingir que todo le da igual. ¿Quién se sentiría atraída por alguien así?
A K' eso le pareció aún más doloroso que el golpe que le había dado hace unas horas, ya sin nada más que decir, rogó:
—Kula, no te vayas, por favor. No te dejaré salir sola a esta hora…
—¿Y quién te dijo que estaré sola?— le dijo Kula, con una sonrisa maliciosa, y ágilmente se soltó del agarre del muchacho para salir disparada por la puerta. Cuando K' salió en su búsqueda, vio un coche al que Kula se subió, y arrancó, alejándose más y más. Lo persiguió hasta donde sus piernas le permitieron seguirle el paso al automóvil, pero se rindió unas tres cuadras después. Cuando retornó a casa vio a Máxima y a Whip levantados, en la sala.
—¡¿A qué se debe tanto alboroto?!— exclamó malhumorada Whip, ya que cuando la despertaban tenía un humor de perros, al tiempo que Máxima bostezaba.
—Kula se marchó…— explicó K', respirando agitado.— Hemos tenido una discusión y ¡se largó!
—¡¿QUÉEEEE?!— exclamaron al mismo tiempo la joven y el cyborg.
—¿QUÉ LE HICISTE ESTA VEZ, ESTÚPIDO?—masculló Whip, mientras pegaba fuertes golpes en el brazo de su hermano.
—¡Nada sólo discutimos, como siempre! Luego se marchó por la puerta, y cuando la seguí se subió a un auto que la estaba esperando afuera…
Máxima y Whip intercambiaron miradas extrañadas, y sumamente preocupadas.
—Creo que lo mejor será esperar hasta mañana, tal vez regrese…— dijo Whip, y con esto, los tres subieron a sus respectivas habitaciones. ¿Qué había pasado con a dulce y tierna Kula? ¿Adónde había ido?
