GRAZIE
Antes de continuar, agradezco a quienes han leído la historia (Las gráficas no mienten :D) y más quienes se han tomado el tiempo de dejar un comentario; además pido disculpas si demore tanto en publicar esta historia.
*Bows*
Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.
Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORNy Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro.
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El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos sirve también para moderarla.
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Oh, como moría por unas cuantas pastillas para su horrible dolor de cabeza. Pero pronto se dio cuenta que no era la única que estaba fastidiada en el lugar. Cerca de la mesa de comida a la que había ido a pararse distraídamente, había una joven mujer. Ella era una sobresaliente modelo internacional, pudo reconocer de reojo, sobre todo por su sobresaliente cabello rojo; la pobre chica era asediada por un séquito de caballeros deseosos de charlar con ella y beber. Era evidente que la pelirroja estaba enfadada con tanta atención a su persona pero en un dos por tres y con unas cuantas palabras posiblemente hirientes, se deshizo de todos sus pretendientes.
Emiko sonrió — ¿Una noche difícil, linda? — le preguntó sin siquiera pensarlo cuando la joven se acerco a la mesa por algo para tomar. Ella seguía con su copa en una mano y la otra entorno a su cintura, viendo de reojo a la chica.
La pelirroja apenas la había mirado al acercarse — Ni que lo digas —
— Si no quieres ser tan fastidiada, ya deberías de saber que debes venir con un chaperón que ayude a espantar a las molestas moscas —
— Lo sé. Pero resulta que mi estúpido acompañante no ha llegado aún — farfullo dando un rápido sorbo a su copa.
— Es de mala educación hacer esperar a una dama… No creo que alguien que no sepa lo mínimo en cuanto a eso, no vale la pena, querida —
— Oh, lamentablemente lo vale. ¿Sabes a lo que me refiero? — volteo a verla de reojo con cierto aire ladino y una sonrisa en sus labios pintados.
Dinero. Reputación. Buena compañía. Fueron cosas que le vinieron a la mente a Emiko como respuesta. — Ya veo… — le concedió.
Por mucho que tuviera detractores - nada comparados con las hordas de fans que tenía en el mundo - Emiko no había tenido un camino fácil ni tomado caminos cortos para alcanzar la cima. Si bien había sido tajante, grosera y algunas veces agresiva, jamás se ayudo de esa clase de favores ajenos. Nada se interponía en su camino a la fama y a mantenerse en su posición.
Nada.
Incluso el remordimiento y los cargos de conciencia.
O seguía creyendo eso, la pobre.
— Por cierto — La saco de sus pensamientos la pelirroja de pronto, una vez le puso más atención con quién hablaba — Creo que te he visto de algún lado… ¿Tú eres…? —
— Obviamente me has visto, linda. Soy Emiko Higurashi — sonrió con orgullo.
Pero Ala! La primera rareza de la noche, la primera de muchas y que incluso hizo que su sonrisa se desapareciera, fue la reacción que obtuvo por parte de esa joven.
A diferencia de la habitual reacción donde la gente se sorprendía y emocionaba de ver en persona a semejante actriz, esta chica tuvo un cambio radical en su expresión que no era la acostumbrada que Emiko solía ver. Caramba, incluso personas de alta categoría solían sorprenderse un poco cuando menos al tenerla de frente. Pero esta chica no: vio que ella arqueo sus cejas con sorpresa genuina con la boca entreabierta ligeramente y después, sin mucha cautela y total descaro, la miro de arriba abajo, examinándola como si fuera un bicho raro y su gesto entonces se torno huraño, como si de pronto su presencia no le agradará. Incluso la oyó bufar.
— Ah, si… ya… — respondió con desgano y sin interés. Su voz y su lenguaje corporal lo mostraba — ¿Con qué tu eres Higurashi, ah? —
Antes de que la actriz le preguntara porque demonios de su sorpresivo cambio de actitud, la pelirroja volvió a interrumpirla. — Fue un gusto conocerla, supongo… Si, lo que sea. — se acomodo su cabello tras la oreja y abandono su copa medio vacía en la mesa — Creo que ya llego mi acompañante, iré a verlo… Ehm, hasta luego — le dijo sin siquiera dignarse a verla una vez más y se marcho muy altiva del sitio, como si algo apestara allí y le desagradará.
Emiko se quedo indignada y ofendida, por decir poco. Nunca en su vida alguien la había tratado así como si fuese cualquier persona ¿Quién se creía esa mocosa? Mira... Meri... Mireille... Maira, ¡Agh! Como fuese que se llamase esta fulana altanera, esa disque modelo de grandes pasarelas europeas. La había visto en portadas y entrevistas en algunas revistas que solía leer; la muchachita no tenía mucho en la farándula y qué, ¿ya se creía muy importante como para tratarla a ella así? Con la punta del zapato. Ni siquiera se conocían del todo como para haberle hablado de tal forma ¿Cuál era su maldito problema?
Estupendo, su dolor de cabeza iba de mal en peor, tanto así que no notó el gran barullo que se hizo de un momento a otro en el recinto, algunos curiosos se arrimaron a los ventanales, pues aparentemente había llegado alguien realmente importante y gordo a la fiesta y era recibido nada más ni nada menos que por el mismo dueño de la casa, incluso desde la entrada principal de la mansión, cuando bajaba de su vehículo sea quién fuese. Que honor.
Pero el nuevo invitado, el anfitrión de la fiesta y todos los demás presentes podían irse por un tubo. Ella iba a conseguir unas pastillas y largarse de aquí. Maldita fuera aquella sensación, aquella corazonada que le decía que todavía no era hora de irse y tonta de ella que no ignoraba ese presentimiento. Al diablo todos y...
— ¿Emiko? — de pronto la llamo alguien. Fingió que no oyó a nadie, no tenía ánimos de platicar y trato de perderse entre el mar de gente que andaba curioseando por los ventanales. Lamentablemente no pudo huir cuando aquella voz la volvió a llamar — ¿Emi-chan? — escucho ahora en un acento japonés y esa voz por fin la había reconocido.
La actriz volteo y para su sorpresa allí, tras de ella, se encontraba una mujer muy bella a pesar de estar ya entrada en sus años mayores. Con una pose recatada, un vestido elegante y largo, miraba a Emiko como una madre que pillaba a su hijo en plena travesura: con cansancio y compasión.
— Ayame-san… — balbuceo Emiko.
La mujer sonrió — Hasta que me haces caso… —
Higurashi no supo si alegrarse por encontrarse a esta persona aquí o molestarse más porque eso implicaba una larga charla de la cual aún no tenía humor y fuerzas.
Dejando de lado la concurrencia, el par de mujeres fueron a sentarse a alguna de las mesas dispuestas para charla tranquilamente, un tanto apartadas del ajetreo. Cuando menos Emiko agradecía que esta mujer supiera muy bien de su carácter y forma de ser, como para no tener que contener mucho su malestar y fastidio al fingir un buen humor que no tenía. Esta señora, esta dama, pues lo parecía en cada aspecto con ese aire y presencia que la rodeaba junto con sus modales y su elegante forma de vestir, era una antigua colega suya.
Kikuri Ayame fue su modelo a seguir desde que era una novata, es más, desde que era una niña con la ilusión de ser actriz. Aunque la admirara mucho, no implico no tener sus malos ratos con ella, el carácter de ambas mujeres solía chocar mucho en ocasiones pero Ayame siempre le tuvo la paciencia suficiente a Emiko como para tolerarla. Es decir, que ella era de las pocas personas que en verdad podía considerar cercana; era como una madre o tutora en algún sentido, Emiko era aún muy joven e inexperta y Ayame ya tenía varios años de experiencia. Si bien Ayame fue una gran primera actriz, fantástica y envidiada, tuvo un final para su carrera en la actuación bastante prematuro.
Esta mujer que tanto admiró, terminó perdidamente enamorada de un importante hombre de negocios durante una de sus grabaciones en Varsovia; posiblemente su decisión a casarse con él no hubiera truncado su carrera de manera tan definitiva, si no fuera por el hecho que él provenía de una familia noble y antigua de una de las Casas que aún existía por Europa. Su relación con su familia y su futuro papel en esta hicieron ver mal que él contrajera matrimonio no solo con una mujer que no era ni de su mismo país ni de linaje o peor aún, que fuese una actriz. Pero para Ayame se le hizo tan fácil desprenderse de todo y cambiar ciertas cosas en su vida con tal de estar con él; se retiro de cualquier escenario o filmación de por vida e incluso tuvo que someterse a la educación apropiada para alguien que fuese a formar parte de la aristocracia europea para cumplir lo que se esperaba de ella.
Emiko seguía sin comprender como pudo llegar a tanto su amiga por un hombre, había sido un desperdicio seguía pensando. Pero era su vida. Fue una de esas plebeyas que tuvo su final de cuento de hadas. Y rara vez podían verse debido a la agenda a la que Ayame estaba sujeta por su aún ahora, marido. Cierto, ya no era Kikuri Ayame… Aunque no recordaba el apellido que tenía ahora como casada pero bah. Así que una que otra vez se hablaban por teléfono o incluso cartas, algún muy raro encuentro en algún café parisino, en fin. Así que encontrarla aquí de algún modo le alivio el cerebro pensándolo bien.
— ¿Porqué no me extraña verte por aquí también? — preguntó — Media Europa está aquí y no haberte encontrado en este sitio hubiera sido un insulto, tonta de mí de no acordarme antes — comento con pesadez Emiko.
— No te culpo, no me lo tomes a mal pero te ves fatal. ¿JetLag? Recuerdo que siempre ha sido tu talón de Aquiles. — comento con simpatía la otra mujer.
La actriz torció la boca. No tenía ganas de hablar de cómo se sentía y menos, de como se veía. Así que pregunto la primer cosa que se le ocurrió — ¿Y la familia? —
— Adolfo está haciendo lo que tiene que hacer como siempre, hablando con los demás jerarcas regados por aquí pero se ha compadecido de mí y me ha dejado por mi cuenta, excusando mi ausencia con él por ahora. Y los niños — sonrió un poco. Emiko entrecerró los ojos. ¿Niños? ¿Cuáles? De la basta descendencia que Ayame procreó con Adolfo, dos de esos niños ya estaban casados, otro par ya comprometidos y otro par clavados en estudios de Maestría y Doctorado.
Y recordando bien, la nena más pequeña que Ayame parió, tendría la misma edad de Nagi aproximadamente…
Ugh.
— ¿Te ocurre algo? — pregunto Ayame al notar el abrupto gesto de incomodidad de Emiko como si hubiera sufrido un flashazo de dolor.
— Nada, nada ¿Me decías? —
— Te decía que todos muy ocupados con sus vidas, a duras penas se acuerdan de la madre — suspiro pero no por eso dejo de sonreír feliz. Emiko no podía comprender por qué. — Aunque para eso están los nietos, supongo. — sonrió aún más encogiéndose de hombros.
Oh, si. Nietos. Ayame ya era abuela de dos nenas. Había leído detalles en alguna revista, incluso vio un par de fotos de paparazzis en donde aparecía la mujer paseando con sus nietas por calles europeas, muy tranquila y a gusto en su nuevo rol de abuela.
— Wow. Como pasa el tiempo ¿no es así? — comento sin mucho interés. No es que le haya dolido, no. Pero francamente considerando que se suponía que ella ya no tenía hijos, menos tendría nietos. Esa clase de charla era algo que no podía tener en común con Ayame.
Fingir más que nunca que no tendría descendencia se había vuelto complicado de una fecha para acá. No cuando sabes que tienes descendencia por allí regada.
— ¿Y tú? —
— Con mucho trabajo, como siempre — respondió vanidosa.
— Me refería a la familia… —
Um. Eso…
— Bien, supongo… Mi marido, ha de estar por allí también a lo suyo. Fue él quien insistió en venir a esta fiesta, no yo. Fuera de eso, nada especial. — Se dio cuenta que Ayame la veía con algo similar a compasión — Oh, vamos, ya te lo he dicho. Esa clase de vida que tú disfrutas no es para mí. Francamente no me veo incluso como abuela o algo así, Dios. Sigo sin comprender como pudiste dejar todo tu trabajo por algo como eso ¿No te arrepientes? —
— Te lo he explicado siempre, pero no lo comprendes, es eso, niña necia. Y si, sé que por los pocos años que fuiste madre y las pocas experiencias maternas que desarrollaste no fue suficiente como para darte otra perspectiva. Y yo aún sigo preguntándome que hubiera sido si Nagi no se hubiera ido. —
Emiko sintió un vuelco en el estomago. Ayame era cercana, y por un momento pensó que ese teatro de la supuesta muerte de Nagi no se lo iba a creer años atrás. Mientras muchos aceptaron ese hecho sin problemas por que la niña realmente no era la gran cosa o apenas si recordada, para Ayame, que ya era madre de al menos cinco niños, si trato con Nagi. La conoció poco, pero si lo suficiente como para al principio mantenerse incrédula a la supuesta muerte de la niña, pero una vez asimilado ofreció su consuelo a Emiko (quién no lo necesito, claro, pero aún así se mostró asombrada en su momento y lo acepto para no ofenderla y no ir contra la corriente)
— No era excepcionalmente bella ni brillante tu hija, pero sé que algo interesante hubiera resultado con algunos años más. Algo en mi interior me lo sigue diciendo, una lástima su destino — seguía hablando Ayame francamente.
Quizás Nagi era una decepción completa y total para Emiko. Ayame lo sabía pues no se necesitaba ser un genio para darse cuenta y lo peor, es que todos ignoraban ese hecho y esa negligencia que sufría la nena. Pero para Ayame, Nagi era linda y bastante mona; siendo madre por experiencia y aún en vías de seguir aprendiendo, pero sobre todo, una aferrada y amorosa mamá, solo podía torcer la boca, morderse la lengua y guardarse sus palabras para evitar hacer malos comentarios a Emiko de su forma de tratar y educar a su hija, la cual siempre dejo mucho que desear. Pero no estaba en papel y derecho de juzgarla, o es lo que ella creyó entonces.
— Me hubiera encantado presentarla, con algunos años más en Nagi, a mis pequeños en ese entonces; invitarla a pasar algún verano con nosotros, que nos acompañase a nuestras vacaciones, no sé... Estoy segura que alguno de mis hijos hubiera congeniado con ella o hecho alguna lista amistad. Aunque claro, no cambiaría ahora a ninguna de mis nueras por nada del mundo, pero no puedo evitar pensar sobre el hubiera. — volvió a sonreír.
Emiko solo arqueaba la ceja. Esa mujer siempre hablando de sus hijos como si aún estuvieran detrás de su falda o viviendo con ella. No podía comprender por qué tanta fijación con ellos. Pero aún más incomprensible para ella, fue el hecho que tuvo que morderse la lengua para no abrir la boca y de pronto decir a Ayame "Pues lástima, porque Nagi aparentemente ya también se casó y tiene hijos. Y tienes razón, ¿sabes? No estaba tan mal después de todo, si tenía uno que otro encanto al parecer"
Estúpida carta.
— ¿Como crees que te iba a dejar cargar con semejante responsabilidad? Si a duras penas lleve a esa niña conmigo a mis locaciones de trabajo, es por que no me quedaba de otra. Difícilmente salía de la casa si no era por la escuela. No tenía amigos ni conocidos por su cuenta, jamás le intereso. Además siempre tenías que estar pendiente de ella — torció la nariz — esa niña dependía mucho de los otros como para valerse por si misma, no era capaz de resolver sus propios problemas. —
— Emiko, cierra la boca —
La actriz se quedo muda y sintió enrojecer sus orejas cuando la amable y pasiva Ayame de pronto la calló con un tono de desdén y molestia en su voz, con su mirada dura directo hacia ella. Aquella mujer ya había alcanzado su limite de paciencia.
— ¿A-ayame? —
— Recuerda de quién estás hablando es de tu hija fallecida. Me estas haciendo pensar que aún le guardas rencor a esa pobre criatura —
— ¿De qué estas hablando? — trato de sonar ofendida, pero aún sentía vergüenza por haber sido regañada.
— Si tu vas a expresarte tan francamente de quién fue tu hija en vida, yo también lo haré entonces. Seamos francas, Emiko. Nunca te agrado tu propia carne, en cuanto viste que no era lo que esperabas la hiciste a un lado como quién quiere ignorar un mal error sin tratar siquiera de corregirlo ¿Me equivoco? —
— ¿Cómo te atreves a hablarme así de esto? — le dijo apenas en un muy molesto susurro. Ayame hablaba duramente pero en voz baja, ninguna de las dos había llamado la atención de alguien mientras charlaban, afortunadamente.
— Vamos, niña. ¿No recuerdas las pocas veces que hablamos mientras estabas embarazada? Todos los planes que tenías a futuro con esa criatura a la cuál nunca nadie has dicho quién fue su padre. Por ejemplo: Como lo ibas a llamar si era niño o niña, a la escuela que iría, los cursos que lo inscribirías, sobre las clases de baile y canto, de actuación, las personas que querías la o lo conocieran, todas esas cosas que tenías en mente y jamás llevaste a cabo por que la niña simplemente nunca cumplió las expectativas que tú ya tenías impuestas para ella incluso antes de nacer. La decepción fue grande, esperabas mucho, Emiko. En cuanto viste que no cumpliría ninguna de tus expectativas, la hiciste a un lado. —
Emiko solo se había quedado con los puños cerrados sobre la mesa y los labios apretados, incapaz de objetar algo. Ayame la veía directamente a los ojos y todo lo que decía era verdad, pero no por eso lo iba a admitir así que prefirió desviar la mirada tras un rato.
— No tienes derecho a juzgarme así... — fue lo único que se le ocurrió decir en su defensa.
La gran señora del otro lado de su mesa suspiro — En memoria de tu hija, sí. Quizás debí haberlo hecho antes. Pudo haber sido de otra forma las cosas. Solo por qué ella no cumplió tus ideales, no implicaba que ella fuera un error. Tú tenías tu vida ya hecha, tu deber era guiarla a tu hija a encontrar su propio camino y no vivir tu sueño. No iba a ser fácil, ser una madre no es fácil. Ahora veo cual fue mi error en ese entonces y aunque ya es muy tarde, te lo diré de todos modos lo que quizás pudo haber hecho más sencilla sus vidas, lo que debí haberte dicho: tienes que aceptar tal y cuál son tus hijos, Emiko. Deja de esperar, agradece lo que tienes y mira hacia adelante lo que viene. —
Emiko volteo a verla tan rápidamente con los ojos y la boca abiertos que Ayame se sorprendió de la rápida reacción.
Aprender a aceptar en lugar de esperar...
Las mismas palabras que Nagi le había explicado con detalle en su misiva.
La actriz se llevo sus manos temblorosas a la cara. ¿Cuánto más, cuánto más todo a su alrededor le tenía que recordar la existencia de esa niña?
— Emiko ¿Te sientes bien? — pregunto preocupada. — ¿De qué te ríes? —
La mujer se aguantaba las ganas de reír histérica ante lo irónico de la situación, pero trataba de contener la amarga risa — Nada, solo que me acorde de algo muy estúpido de pronto. — suspiro profundamente mientras se limpiaba la comisura de los ojos ante una que otra impertinente lágrima que arruinara su maquillaje — ¿Sabes? Hubo alguien que me dijo esas mismas palabras hace algún tiempo... — confesó agriamente.
— ¿Así que alguien más te puso en tu lugar antes que yo? Ya decía de mí que me había tardado en hacerlo —
— No, de hecho no. Nunca me criticó ni me increpó nada. — apretó nuevamente sus puños — Otra joven madre que solo... trato de explicarme algunas cosas de la vida desde su perspectiva... —
Ayame ladeo la cabeza — Debe de ser un magnifico ser humano para lograr concebir y obrar de tal forma — dedujo.
"¿Qué voy a saber yo si ni siquiera sé donde está esa dichosa mujer y su familia? No la conozco. Más que nunca no tengo idea de que clase de persona es ahora mi hija" pensaba Emiko para sí. Entonces se puso de pie — Ire al tocador y arreglar este desastre — indicando sus ojos rojos. — No te preocupes, volveré a que sigas sermoneandome —
Tras estar en el tocador, aprovecho para darse también un poco de aire fresco.
La cabeza ya no le dolía, pero sentía los nervios crispados. Y esa incomoda sensación de que algo iba a pasar seguía allí atizonando en su pecho. Además que no dejaba de darle vueltas en la cabeza todos esos comentarios y a la vez todas esas palabras que había leído en aquella carta.
Había quedado un tanto paranoica con que quizás un día se iba a topar con Nagi y su prole, tanto tenía aferrada a esa idea que jamás, nunca, había llegado a pensar en otros detalles de tal encuentro u otras cuestiones. Y ahora, con la ´amena´ charla con Ayame, todas esas ideas que ella no quería que salieran a la luz, iban brotando peor que una plaga de hongos en su mente.
Nagi no cumplió con sus expectativas planeadas, pero con semejante carácter y forma de ser ¿Para que sería buena? ¿Que podría hacer? ¿Tendría alguna oportunidad en la vida? Siempre dependiendo de los demás, no iba a alcanzar mucho. Ni siquiera sería capaz de hacerse un hueco en la sociedad y convivir con gente de su posición. Era bonita, pero no hermosa; tenía buenos modos, pero nula actitud y aptitud; no causaba impresión y hacía que la gente la esquivara.
"Tienes que aceptar..."
La azotaron las palabras que ahora Ayame le había dicho apenas.
Había leído esas palabras hace años y las había oído apenas un momento. ¿Aceptar? ¿Ella podía aceptar todas esas carencias que tenía su hija desde que nació?
Aparentemente aún no.
"Como madre no puedes evitarlo..."
Y dale una vez más. Eso lo había leído también en la carta de Nagi.
No podía creer la afinidad que su hija y Ayame tenían. Esas dos pudieron haber compaginado muy bien, quizás hasta con alguno de sus hijos por que eran igual de indulgentes como su madre. Si, quizás era posible que Nagi sacara provecho de alguna amistad con los hijos de Ayame. A saber si incluso hubieran terminado siendo familiares. Ella se hubiera quedado con la reputación que su hija era ahora miembro de la nobleza europea y a la vez se deshacía de Nagi y que alguien más viera por ella ahora. Incluso si, ya también se hubiera convertido en abuela y sí conocería a sus nietos.
El hubiera, el hubiera y el hubiera...
Estúpida Emiko. Tuvo ganas de darse de topes en la pared a la que había ido a recargarse fuera del bullicio de la gente, para hundirse en sus cavilaciones.
Nadie podía culparla por no poder aceptar. ¿Aceptar ahora qué?
Qué Nagi seguía viva. Que ya tenía nietos. Qué su hija había hecho toda una vida lejos de ella y que ya no la necesitaba, quizás nunca la necesito como pensó vanidosamente.
Tenía una familia por allí.
¿Cómo eran? ¿Cómo lucía ahora Nagi? ¿Cómo era el tal Mukuro? ¿Dónde vivían? ¿Qué hacían? Esos niños... ¿Cómo se llamarían? ¿Se parecerían... a ella?
Ridículo.
Ridículo.
Ridículo.
Negó con la cabeza sus ideas.
— Hasta que vuelves. Nuestro amable anfitrión esta a punto de hacer un anuncio al parecer — le comento Ayame una vez Emiko regreso.
— Si no es sobre el final de esta fiesta, no me interesa — señalo al sentarse de mala gana en su asiento.
Justo entonces el gran anfitrión de la fiesta llamo la atención de todos mientras su familia se acercaba a él. Emiko pensó que quizás era hora de un simple brindis en honor de los presentes, pero se trataba que pedía su atención para presentar a los invitados de honor que tanto orgullo le daba tenerlos allí esa noche.
Entonces, de la entrada principal que fue abierta de par en par por los meseros, entro una numerosa comitiva que apenas al poner un pie en el recinto, arrebato el aliento a muchos de los presentes para ignorancia y desconcierto de Emiko. Incluso pudo escuchar a Ayame jadear y abrir enormemente los ojos ante los recién llegados, perdiendo su postura tranquila por un leve momento de la pura sorpresa.
Emiko se sintió desairada ante eso. Pues aquellos invitados deberían de ser realmente importantes –importantes entre los importantes, de hecho- y ella no tenía ni jodida idea de quienes serían pues nunca los había visto o nunca se los habían presentado. A ella. ¿Se imaginan?
— ¿Quiénes son esos? — alcanzo a murmurar con el ceño fruncido.
— Vongola… — le oyó susurrar apenas a Ayame que seguía impresionada y no podía quitarles la vista de encima.
Por alguna extraña razón sintió un vuelco en el corazón.
Ignorante, no sabía que lo mejor de la velada estaba por venir.
¿Cómo hubiera sido la vida de Nagi si nunca hubiera conocido a Mukuro y entrado a Vongola?
En fin. Si la pelirroja trató así a Emiko - para quienes identifiquen quién es la adorable chica - ¿Se imaginan como será el resto de la velada?
