GRAZIE
Nuevamente lamento mi tardanza. Aunque no sirva de mucho. ¿Quieren mi sangre? Podría tomar un tiempo, coagula muy rápido e.e
Como he mencionado antes, mi musa inspiradora (que de por sí llegaba a mí cuando se le pegaba la regalada gana) está en un estado vegetativo de esos que aunque le piques con una ramita en el costado, no reacciona. Y no sé cuando lo hará...
Y he saturado mi mente con Saint Seiya e historias IchiRuki de humor y M rating... *cough cough*
Volviendo a la historia. Este capítulo lo uso para hacer entender a Emiko quién es Vongola, lo importante que es (admitamoslo, nos encanta ver a esta mujer paralizarse por ciertas verdades) y al final de este chapter TAN TAN TAN~!
Gracias por su atención OuO
Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.
Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORN y Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro.
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El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos sirve también para moderarla.
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Algo en el ambiente cambio drásticamente cuando las puertas se abrieron y dieron paso a esa numerosa comitiva. Emiko no supo identificar que fue, pero la mera presencia de ellos en el lugar fue notable.
Hombres, mujeres, todos en apariencia adultos jóvenes con esa aura deslumbrante que la gente del Salón no le podía quitar la vista de encima, demasiado entretenidos en ver cada uno de sus movimientos, maravillados simplemente con su caminar.
Emiko también les había clavado la mirada en cuanto los vio entrar, aún estando confundida sobre quienes eran estas personas. Ella no podía asimilar toda la escena, si entre mirar a las diversas reacciones entre los demás invitados a la fiesta o admirar cada detalle de las nuevas visitas.
De hecho era mirar sin ver realmente, por que de algún modo se sentía sobrepasada en su capacidad de reacción y análisis, lo único que le vino a la mente al ver a los Vongola fue poder. Era como un fuerte impacto, un muro invisible con el que rebotabas nada más al posar tus ojos sobre ellos y te aturdía.
Jóvenes, atractivos, ricos, solemnes, humildes, temerarios. Había tantos matices en esas personas que no pudo apreciar sus facciones o sus vestimentas del todo de manera particular, solo a un groso modo, debido a las personas que se habían puesto de pie para tener una mejor vista y le tapaban la visión a ella y a Ayame, que seguían sentadas en su mesa.
Eso sí, pudo divisar al joven hombre que encabezo la comitiva al entrar, un castaño de preciosos ojos color chocolate. De algún modo sobresalía a gritos de entre su grupo y fue al único que pudo tener más detalle de su persona a diferencia del resto del séquito. Este joven… era una dispar maravilla: lo vio entrar con un porte y una gracia para andar, que derrochaba confianza y seguridad, se movía majestuosamente como un rey ante sus súbditos con la cabeza alta y realzando su status; vestido con unas ropas costosas sin lugar a duda, todo en él exudaba poder y respeto; pero entonces vio sus ojos… su sonrisa, eran tan sencillas y claras como las de un niño pequeño. Se notaba la madurez y el paso de los años en esos ojos, pero esa incesante chispa de la inocencia estaba por allí y saltaba a la vista y te flechaba con ese encanto misterioso.
Ese hombre te hacía sentir seguro, te invitaba a confiar en él. Había visto personas así, con gran majestuosidad y calidez, pero en sus películas, personas actuando y fingiendo ser tan dignos, ¿pero este sujeto lo era en verdad?
Emiko sacudió su cabeza. Se había hundido mucho en sus pensamientos en tan solo analizar a ese sujeto.
— ¿Quiénes son? — volvió a preguntar confundida.
— ¡Vongola! — repitió al acto el dueño de la casa, Giordano Coletti, con todo orgullo y evidente alegría, señalando a sus invitados de honor. Todos ubicados en el centro del gran salón y a vista de cualquiera.
La multitud se arremolinaba para contemplarlos más de cerca y cuchichear sin mucha prudencia. Higurashi no podía concebir por qué tanta algarabía por esa gente y apenas si alcanzo a escuchar que aquel castaño, que no se equivoco, el líder del grupo, agradecía la invitación. Y su voz, oh su voz, tan firme y suave, tan atrayente.
— ¡Que siga la fiesta! — se oyó mandar al jefe de la familia con un resuello y lleno de felicidad.
La música volvió a escucharse y los meseros entraron en acción. La gente pareció salir de su sopor y cada quién volvió a lo suyo: a cuchichear de forma más decente sobre los recién llegados que tomaban sus lugares especialmente reservados.
Por su parte la actriz solo fruncía el ceño. Deseaba saber quiénes eran esos sujetos pero su dignidad le hacía quedarse sentada en su lugar y no preguntar, fingiendo apatía. Y aún con tanta gente de pie, solo podía ver entre los recovecos de los cuerpos una que otra cosa de los famosos Vongola que estaban siendo asediados por el anfitrión de la fiesta y su familia, pronto no tardaron en unirse otras personas más con ciertos grados de familiaridad o confianza. Era un tumulto.
Ella pudo reconocer a un famoso senador, aquel otro era alcalde, esa mujer que se pavoneaba mucho de sí y que rápidamente despachada por ellos, Emiko recordaba que era otra gran actriz. En fin. Un director de una compañía importante, ese de allá que no sabía decidirse si saludarlos o no, era un futbolista británico y así seguía la lista...
— ¡Oh, Santo Dios! ¡Santo Dios! ¡Son ellos, de verdad son ellos! ¡No puedo creerlo! —
Emiko dio un respingo en su lugar cuando escucho de pronto una voz chillona fuertemente emocionada tan cerca de ella. Ella y Ayame estaban tan absortas en los recién llegados y el revuelo que causaban, que no se percataron cuando un par de mujeres jóvenes se habían apropiado de los asientos vacíos de su mesa.
Un par de chicas bastante despampanantes a decir verdad. Realmente hermosas pero quizás, a su gusto, demasiado provocativas y llamativas con sus ropas y maquillaje. Emiko también las reconoció tras un momento: eran otro par de modelos, aunque quizás con más años de experiencia que la bendita pelirroja de hace un rato, pero con menos fama que ella. Mary y Tatiana. O algo así iba su nombre.
— ¡Por fin puedo verlos de cerca! ¿Los ves?, ¿puedes verlos, Tatiana? — volvía a hablar con su voz aniñada la dichosa Mary apenas conteniendo su emoción y dando palmaditas sobre la mesa.
— Yo pensé que solo eran rumores sin sentido eso que en verdad los habían invitado — decía incrédula la otra chica, volteando a ver a Ayame — ¿Era cierto, entonces? —
Ayame ni siquiera le importo que habían sido invadidas por este par de chicas, así que le respondió.
— Yo también no pensé posible el verlos aquí, es decir… a todos ellos bajo un mismo techo — comentaba la mujer con el semblante pensativo. — El Decimo y todos sus Guardianes —
— ¿De qué hablan? ¿Quiénes son ellos? —
Cuando Emiko pregunto eso se sintió de pronto bastante tonta e ignorante por las miradas aterrorizadas que le lanzaron esas chicas, que no le ayudaron a sentirse mejor, sus ojos casi le decían '¿Cómo que no sabes quienes son ellos? ¡Por Dios!'
Ayame fue más indulgente y suspiro.
— Son Vongola — Emiko solo arqueó una ceja, eso no le decía mucho. — Una antigua e importante Familia… — arqueo la otra ceja. — mafiosa… — Y ahora Emiko abrió de par en par sus preciosos ojos.
— ¡¿Qué?! — sintió que se le atraganto la voz.
— ¡Sí! Mafiosos ¡La familia mafiosa más poderosa! ¡Qué emoción!— canturreaba feliz Mary. Por Dios, Emiko le dieron ganas de darle una bofetada ¿Era idiota? Esta chica se alegraba como cualquier fan desquiciada de algún cantante adolescente. Decidió ignorarla y regreso su mirada confundida y horrorizada a Ayame
— Es una broma ¿Cierto? —
— No, querida. Vongola es una de las familias más antiguas e importantes de Italia para el mundo — noto que Ayame repensó algo y sonrió — o por lo menos de origen italiano. Muchos de sus actuales miembros no tienen ni pizca de sangre europea en ellos, de hecho. — explico con una calma que desespero a la actriz.
— Entonces ¿Qué hacen aquí? — sonó ligeramente alarmada — Es decir, a quién se le ocurre presentarlos con biombo y platillo como si no fueran los criminales que son — susurro entre molesta y perturbada.
— ¡Ash! No seas tan exagerada. Ni que fuera la primera vez que gente del crimen organizado, en cualquier parte del mundo, no hubiese sido invitado a alguna fiestecilla o dos públicamente. — volvía a abrir la boca Mary.
A Emiko cada instante le agradaba menos esta tipa e ignorando la punzada de enfado por cómo la tuteaba, pero admitía que Mary tenía razón. Ya había escuchado de eso y, una que otra vez había visto como esa clase de gente, de los bajos mundos, se colaba a grandes eventos. Es más, algunas veces eran ellos los anfitriones. Pero que ella recordara o le hubiesen informado, no había asistido a esa clase de eventos de forma intencional. Cuidaba mucho de su reputación y algo así sería fatal para su carrera.
Justo entonces pareció que la actriz recordó que en ese mismo recinto había una gran cantidad de gente importante reunida allí. Gente codeándose con la mafia. ¿Corrupción? Gente corrompida, vendida, chantajeada, con miedo… ¿Qué clase de gente estaba envuelta con la mafia y cual no? ¿Por qué? ¿Sus vidas corrían riesgo estando aquí con los Vongola allí? ¿Comprometerían su situación?
¡¿Por qué demonios su jefe y su esposo la hicieron venir a esta fiesta donde los invitados de honor eran unos mafiosos?!
¿Ahora que iban a decir los medios si se enteraban que estaba bajo el mismo techo que esos delincuentes?
Ayame, al notar que la mente de Emiko trabajaba a mil por hora y que una infundamentada angustia estaba acabando con sus nervios, poso su mano por sobre una de las de su vieja aprendiz.
— No hay de qué preocuparse, te doy mi palabra — le aseguro.
— Estamos conviviendo bajo el mismo techo con lo que ustedes conciben la familia mafiosa italiana más importante del mundo ¿Y me dices eso?… ¿Qué demonios pasa? — Miro a sus alrededores y muchas de las expresiones que vio, para su molestia, entre los demás invitados, fueron de curiosidad, sorpresa, admiración y muy rara vez temor. — ¿Qué demonios pasa? — volvió a preguntar.
El par de chicas rieron bobamente bajo sus manos. Ayame negó con la cabeza.
— Digamos que… Vongola no es la típica mafia con la que te sueles encontrar. Digamos que esta familia es… bastante peculiar. — Comento — ¿Cómo decírtelo? Son la más importante y la más poderosa, pero eso no implica que sea la más peligrosa o cruel. Simplemente puedo ofrecerte la excusa en que ellos solo honran sus verdaderas raíces. En la vieja Italia, Vongola en sus inicios, fue un grupo de vigilantes que nació para proteger a los suyos en contra de las atrocidades del mundo corrupto. Eran unos vigilantes, los guardianes del pueblo. —
Emiko se veía escéptica. Que ella supiera, todo lo que el mundo sabía sobre la mafia eran sus métodos arteros, sus negocios sucios, la corrupción y sus propios intereses y el temor que causaban por sus extensos límites.
— Es cierto que Vongola, como mafia, también ha tenido sus malos momentos. Ha tomado algunas generaciones para que volviera a ese camino original. Todo gracias a Decimo — le señalo gentilmente Ayame con la cabeza a cierto joven castaño, con gesto amable y vibrantes ojos brillantes. El chico castaño que había captado su atención apenas entro al lugar. Podía ver cierta inocencia muy rara vez vista en algún adulto y peor aún, en un hombre mafioso, como acababa de enterarse.
— ¿Él? — pregunto escéptica nuevamente. Ya había tenido la corazonada que aquel chico era especial, más no realmente nunca imagino que fuera de tanto peso. — ¿Decimo? —
— El Décimo Jefe en estar al frente de su Casa. Vongola desde sus inicios, me han contado, ha sido formidable — recordaba Ayame las pláticas o comentarios escuchados de su marido o de otras familias europeas. — Pero desde que él tomo el puesto, ha alcanzado otro nivel de solemnidad. Es un emporio envidiable e intocable. —
— ¿No es lindo? — Tatiana exhalo al observar a Tsuna.
— Un encanto — suspiro la otra chica.
— Solo tiene un problema, es casado — bufo resoplándose un flequillo.
— Ja, como si eso antes hubiese sido un verdadero obstáculo — comentaba coqueta Mary.
Higurashi entrecerró los ojos disgustada con esa vulgaridad.
— Hijas mías, en mis tiempos me enseñaron que meterse con hombres casados era inmoral. Si bien ahora eso parece ser tan respetado como antes, les sugeriré de todos modos que no cometan ese error. — hablaba conscientemente Ayame. — Y antes de dejarles probar suerte en sus andanzas, les diré que lo más sensato es que ni siquiera lo intenten —
El par de chicas se miraron entre si confundidas.
— ¿Por qué? — pregunto estúpidamente una de ellas.
Ayame sonrió placenteramente — Que Dios te bendiga entonces, mi niña. —
Ambas jóvenes pusieron cara de circunstancias.
— ¿Alguna vez han escuchado sobre algún asunto amoroso indebido en Vongola? — ambas no supieron responder — Me lo supuse. Vongola no son fieles solamente a sus ideales, también a sus parejas — se encogió de hombros divertida — Son terriblemente celosos, posesivos, agresivos pero horrendamente fieles y leales. Hombres o mujeres de rectitud. De poca paciencia en ese aspecto de su vida. Son herméticos con sus vidas privadas y no les agrada cuando algo trata de irrumpir su espacio personal. He escuchado que han terminado mal paradas… o parados, algunas personas que han creído que pueden colarse y entrometerse entre las relaciones de ellos y engatuzarlos. — rió. — La última vez que supe que una mujer trato de enredarse con uno de los hombres cercanos del Decimo, ignorando todos los comentarios, casi terminó tragándose una dinamita por el mismo sujeto al cuál trataba de seducir. —
Emiko compartió la expresión de horror con las otras dos jóvenes.
— No se preocupen, sobrevivió. — puntualizo tranquila la mujer mientras hacia un gesto con la mano restandole importancia — Pero he escuchado que también muchos hombres han sido horrorizados, hasta casi morir de un paro cardíaco, cuando ven de una forma menos que aceptable a las mujeres de Vongola, no estoy segura como lo hacen, pero hay tipos que describen pesadillas cuando están despiertos como si fueran reales. Como si vieran visiones — comentaba distraída.
— ¿Estás de broma? — Balbuceo Emiko y Ayame negó con la cabeza — Santo Dios... — A ella le parecían estos sujetos una rara mezcla entre la rectitud y la psicosis.
— No esperes un lío de faldas entre ellos. — y Ayame volteo a ver al par de chicas que se habían quedado calladas.
— Demonios — maldijo Mary tras un rato.
Emiko volvió a echarles un vistazo. Entre los huecos que había entre la gente de pie que no la dejaba ver, podía ver que Decimo ayudaba a tomar asiento a una atractiva mujer -debía reconocer-, su esposa sin lugar a dudas: una joven dama de ojos y cabello color castaño claro. La actriz ladeo la cabeza, esa chica se le hacia terriblemente familiar... Vio que ella usaba un precioso vestido color plateado, pero lo que más llamaba la atención eran esas curvas redondas en su abdomen. Estaba embarazada obviamente. Y no había modo en que el Jefe Mafioso desviará su atención de ella para hacerle caso a quienes trataban de hablar con él, demasiado entretenido en ver que ella estuviera a gusto.
— ¿Sigues preocupada porque son mafiosos? —
— En parte — admitió. — Pareces una persona muy al tanto de ellos ¿Por qué no me explicas un poco más? —
— ¿Interesada? Es raro que algo capte tu atención — sonrió ladinamente Ayame.
— Debo de admitir que tienen cierta aura… —
— Esa aura ¿majestuosa, divina, atrayente…? —
— Una familia mafiosa peligrosamente con demasiado encanto, a mi juicio. Me quieres decir que como invitados de honor de esta gran fiesta, el anfitrión esta más que afirmando que toda esa buena fortuna no ha sido cosa de la buena suerte solamente… —
— Así es. Esta familia, los Coletti, había tenido tiempos tormentosos en la regencia pasada. Si bien ha hecho asombrosas y acertadas decisiones financieras en el mercado y sobrepasado límites comerciales, sin lugar a dudas está donde está por estar bajo la protección de Vongola. —
— ¿Son sus padrinos? —
— Algo así. Recuerdo que entre su mala fortuna se contaba los continuos asaltos a sus embarcaciones por piratas en el mar; información importante que se filtraba de la empresa; un par de secuestros a los miembros de la familia y la repentina enfermedad de un hombre de confianza del Señor que terminó con su muerte; sin olvidar los problemas fiscales que les achacaron por supuesto lavado de dinero y el abandono uno por uno de los inversionista y demás gente de la empresa. Todo en un tiempo muy corto. Eso no solo era mala suerte, eso era un complot contra ellos. — se explicaba Ayame con un dejo de molestia en su voz.
— Me decías que ellos son los protectores de su gente, el vigilar y proveer por los necesitados. Si bien la pasaban mal, los Coletti no entraban en esa categoría de gente que me imaginaba — sonrió burlona Emiko.
— Su único pecado de los de esta Casa había sido ser gente exitosa y justa en los negocios y estar rodeado de verdaderos lobos de mar egoístas y ambiciosos. No importa el ámbito, Vongola no permite tales injusticias o actos arteros. Siguen siendo mafia, por donde le veas, la que tu te imaginas: No son completamente inocentes ciertamente, y mucho menos blancas palomitas, pero mantienen una ética y un código bastante distintos en su forma de trabajo. Tendrán todas las mañas, modos, contactos y medios antiguos de verdaderos mafiosos, pero cuando ven realmente tales vejaciones, por así decirlo, no se quedan de brazos cruzados. Esta familia era asediada y chantajeada. Vongola supondré, solo mantuvo a raya todos aquellos que sin ningún buen motivo tratará de meterse en su camino, sin esas trabas los Coletti volvieron a crecer y son agradecidos. —
— Supongo que tienes razón, si no tienen vergüenza en admitir a quienes están festejando aquí mismo — inquirió con acritud Emiko aún tratando de asimilar todo lo que le decía su antigua mentora.
— Vongola es un grupo poderoso dispuesto a ayudar. Y no me refiero solamente al poderío y el dinero. Son fuertes en campo de batalla también. Son guerreros. No tienes idea de la clase de combates en el bajo mundo, en la ignorancia de la vida pública. Su apoyo a la petición del señor Coletti fue pasiva y tranquila dando sus frutos, sin levantar sospechas rápidamente. ¿Te los imaginas entonces como enemigos? —
— ¿Ellos pelean? — pregunto incrédula.
— Si. Son guerreros. —
— ¿Y qué pasa con todo ese asunto de los tiroteos y las persecuciones? O asaltos, secuestros... asesinatos... Qué sé yo. Sus peleas no pueden ser tan diferentes como las que se suele ver en alguna película ¿Verdad?. —
— No tienes ni idea, querida... —
— ¿C-cómo es que tú sabes tanto al respecto? —
— Es natural. Todos tienen sus ojos en Vongola. Siguen siendo del crimen organizado por que siguen trabajando fuera de la ley y la Policía Internacional los quiere detener, pero no es secreto a voces que son reverenciados en muchos círculos sociales pues buscan sus favores. La familia de mi esposo y demás familias europeas han llegado a toparse con negocios con ellos, para que mentirte. Lo mejor es siempre estar bien informados respecto a que acontece con ellos, pues no los quieres de enemigos. Ellos no se meten con nosotros y nosotros con ellos. Así van las cosas. Una que otra vez he coincidido con algunos miembros de la familia cercana de Vongola ¿sabes? Gente muy pintoresca. —
Emiko iba a exclamarle algo cuando fue interrumpida.
— Aún así, se me hace difícil creer que estén aquí. ¿Saben lo complicado que es a tener al Decimo con todos sus Guardianes? — comentaba Mary frunciendo el ceño.
— Boba, si esta fiesta es en su honor. No dudo que el Señor Coletti haya preguntado primero si se hallaban disponibles, después de todo el asunto de hace dos meses –
— ¿De qué hablan? — pregunto Emiko sin captar el hilo
— ¿No lo sabe? —
— Ella no está acostumbrada a estas fiestas — explicaba la dama y Emiko se sintió ofendida — No te enojes, linda. Me refiero a que tu eres de las pocas personas que su carrera no ha tenido que cruzarse con cierta clase de gente que te ayuden o cosas así. Quizás tu representante no te haya dicho una que otra cosa; los productores y directores prefieren mantener sus tratos con mafiosos u hombres así en secreto incluso de su reparto, pero bueno. Emiko no tiene nada que ver con asuntos de la mafia y por tanto, dudo que se haya enterado de aquel incidente. O por lo menos su versión oficial —
Tanto Mary y Tatiana se sorprendieron. Eso quería decir que ella había formado su carrera sin la ayuda de favores especiales de gente influyente.
— ¿Cuál incidente? —
— Lo que a estas jovencitas se refieren — las aludidas sonrieron de forma boba ante el halago por su edad — Fue que hace ya casi dos meses se desato una disputa tremenda entre los Vongola y los Ivanov, un grupo temido del norte de Rusia. —
— Los que se dedicaban al tráfico de armas y personas ¿no? — intervino Tatiana.
— Si, ese. Pues los Ivanov eran de esos grupos que no se creen el cuento que Vongola fuera tomando ese pulcro camino de protección a su gente y llamarse mafia aún así. Principalmente con los rumores de que el hombre que dirige ahora a Vongola es un crédulo soñador pacifista, quién siempre quiere arreglar todo a base de palabras y acuerdos que a uso de la fuerza; a los rusos se les hizo fácil tratar de disuadirlos de que les permitieran abastecer su mercado de armas dentro de Europa del Este, dado caso que Vongola y algunos de sus aliados son señores de ese punto. Pensaron que tendrían éxito y doblegarían al gentil y dócil Decimo — Ayame dio un sorbo a su copa — Pero con un palmo de narices Vongola les rechazo y les suplicaron amablemente y de la forma más atenta no volvieran a tocar ese asunto con ellos. —
— Wow — fue lo único que se le ocurrió decir a Emiko. Las otras dos chicas seguían calladas, no estaban enteradas a lujo de detalle como había ocurrido ese asunto y estaban deseosas de oír más.
— Picados en el orgullo los Ivanov les importo poco esas palabras. Sin ayuda ni permiso de Vongola, comenzaron a distribuir sus mercancías a sus expensas a grupos más reducidos y rebeldes que no estaban bajo control de las grandes familias de esos lados. Trataban de llegar a un punto de acceso para distribuir a Medio Oriente también pero bueno… — suspiro — Esos mismos pequeños grupos que armaron se salieron de control y con tantas armas se les hizo fácil tratar de adueñarse de las calles de distintos poblados, tratando de ejercer su propio orden y autoridad y BAM. Fue un caos. La inclusión de civiles inocentes es uno de las pocas cosas que puede enervar al joven Decimo — miro a Emiko para darle a entender su punto — Así que él sutilmente comenzó a encargarse de ese asunto y aplacar a esos pequeños delincuentes. Sin embargo, los Ivanov, aunque no les fuera benéfico tampoco ese asunto de las pandillas pero con tal de ensuciar a Vongola lo más posible, se hicieron los ofendidos e iniciaron hostilidades contra ellos de forma sutil —
— ¿Sutil? Si se daban hasta por debajo de la lengua — volvía a abrir la boca Mary, indignada. — Fue horrible, escuche —
— ¿No que una cordial rencilla? — pregunto Emiko escéptica.
— Así se le dice cuando controlan los medios. No es como si a Vongola le gustara manipular información para su propio beneficio pero era mejor no saber algunas cosas. Todo se dio como hechos sin relación cuando en verdad fue una guerra sin cuartel. Los Ivanov no serían tan numerosos como lo es Vongola ni en cien años, pero eran bravos, fuertes, bien armados y con un orgullo supuestamente herido. Pues bien, que se les unieron algunas familias por oportunistas pensando que podrían vencer y hacerse algo de fama y poder. Fue justo cuando se pararon en primera fila ofensiva Decimo y sus Guardianes. — Ayame señalo con un gesto de su cabeza a la mesa de Vongola — Un combate tal y cual. —
— ¿Tantos problemas causaron como para que el mismo Jefe tuviera que ir? —
— Bah. Él solo aprovecho la oportunidad de tener a tantos detractores desenmascarados al mismo tiempo y acallarlos de una vez por todas. He oído que no fue fácil y el lugar que usaron quedo irreconocible, pero Vongola los venció sin lugar a objeciones. Los Ivanov fueron desbandados y los detractores resignados a la vergüenza pública —
— ¿Cómo es que de tal guerra no nos enteramos? —
— Vongola controlo a los medios a su favor, te dije. Muchos quieren quedar de su lado bueno e hicieron pasar los resultados de su despiadada lucha como un accidente en un astillero de Rusia. —
— Espera… Oí de eso. ¡Se supone que fue una explosión horrible en las bodegas cercanas al lugar! — Emiko recordaba las imágenes claras en su mente al ver la televisión: la cantidad de humo y fuego, las ruinas, los daños colaterales. Eso no parecía una explosión a su juicio, eso era zona de guerra... ¡Como si hubiera caído una lluvia de estrellas en ese sitio! Pero curiosamente… la cantidad de bajas fue mínima, supuestos trabajadores de allí.
Ayame sonrió con picardía, con complicidad.
— Oh, Dios. — jadeo — Eso lucía cómo si hubiera caído una bomba atómica. —
— Así son algunas cosas en la mafia. Por eso son intocables. La justicia no ha logrado traer abajo a Vongola y a sus aliados no solo debido a su forma de trabajar, en la que encubren su rastro o se protegen manipulando a su favor las leyes, incluso altos rangos que los protegen o poblados de civiles completos a su favor, ni a su poder comercial (francamente traerían a la Unión Europea a su colapso total si así lo decidieran, ya es suficiente con que salgan bastante bien librados de la actual crisis que ya lleva años en este continente) Las autoridades internacionales no les han puesto un dedo encima por qué saben que si atacan abiertamente a Vongola, sus aliados reaccionaran como perros rabiosos y en última instancia, se enfrentarían a Decimo y sus Guardianes, físicamente, son una fuerza temible. Se mantendrán en bajo perfil, pero no dejan de causar miedo. —
— Me abruma tanto conocimiento que tienes de ellos — negaba aturdida Emiko con su cabeza.
— Siempre han sido un tema de conversación entre las grandes familias de Europa, en las cortes judiciales, con los políticos, el mundo artístico. Sabes que la mafia está metido en todo, pero siempre se comenta con cautela que será la siguiente sorpresa de Vongola. Siempre ha sido bueno llevársela tranquila con ellos. Nadie quiere estar en malos modos con ellos, o usualmente, nunca falta quién. —
— Pero eso son cosas que pasan a diario en ese mundo ¿no? — comentaba con cautela Tatiana
— Claro que lo son — afirmo la vieja dama con pesadez.
— ¿Cómo es posible? — se pregunto Emiko al verlos por allá tan tranquilos y hasta joviales en el ambiente, se veían jóvenes y delicados, con toda una vida por delante pero con un gran peso encima al parecer. — ¿Es en serio que sean tan poderosos? —
— A diferencia de varias familias donde el Don su único poder es el estar sobre los demás, Vongola se distingue por ser una casta de poderosos luchadores. Aunque no lo parezca… — susurraba la dama mientras los veía con cierta pena — han sido curtidos en los calores de las batallas y la sangre desde que eran muy jóvenes. O eso me han dicho. De otro modo no habrían logrado sobrevivir hasta estas alturas. —
Emiko no podía comprender del todo ese semblante apenado de la mujer. Pero solo alcanzaba a comprender a cierto grado que esos jóvenes desde su tierna niñez habían sido encaminados a soportar tantos riesgos y dolor. Por que así como ella era una gran actriz, triunfadora y esplendida, significaba que había pasado por mucho también, es lo que era ahora a base de mucho sacrificios y caídas. Y aunque ellos se vieran tan compuestos y etéreos, eso significaba que habían pasado por tanto dolor posiblemente.
De pronto un gran bufido de exasperación de Mary la hizo reaccionar
— ¿Qué sucede? — pregunto Tatiana
— ¿No los has visto? — señalo indignada — ¡No es justo! —
— ¿Qué cosa? —
— Justo cuando pensaba que cuando menos podría ir a saludarlos y echarles un ojo así de cerca… ¡Resulta que no vienen solos! —
— Si hablas de que vienen con sus respectivas parejas, es bastante obvio qué… —
— ¡No! ¡Eso no! — señalo indignada cruzándose de brazos y haciendo un mohín — ¡Niños! — bufó exasperada.
— ¿Cuáles niños? —
— ¡Trajeron a sus niños! —
Emiko volvió a parpadear extrañada y trato de fijarse en ese detalle que había pasado por alto. Y era cierto. ¿Cómo no los había visto antes?
Si bien los hombres seguían de pie, como caballeros y atendiendo a demás invitados y apartando a todo al que se acercara a las mujeres en sus asientos, dejándolas tranquilas, la actriz no se había percatado que había más de un par de niños revoloteando alrededor de ellos, alguno que otro en el regazo de su respectiva madre también, suponía ella.
Sus hijos.
— ¡Qué aguafiestas! ¿Quién se le ocurre traer a niños a fiestas como estás? —
— Dudo que no tengan niñeras para estas ocasiones, aunque bueno... no son los únicos que trajeron a sus pequeños retoños a este evento —
Ayame suspiro con una comprehensiva sonrisa.
— Supondré que con sus ocupadas vidas no dudarán en aprovechar cualquier oportunidad para estar cerca de sus hijos, incluso una fiesta como esta, donde son los invitados de honor. Ahora veo porque nuestro anfitrión está que no cabía de gusto. Tiene a toda Vongola justo en su humilde casa. Velos bien, Emiko, será quizás la única oportunidad que tengas a plena disposición de verlos todos reunidos. A la familia mafiosa que rige el bajo mundo. A ellos, que no les importa andar cargando con sus hijos — decía lanzando una mirada un poco airada a Emiko.
La actriz, comprendiendo la indirecta, trato de cambiar de tema — Tú… ustedes... ¿han tenido trato con ellos? —
Ayame tardo en responder — Me temo que ¿quién no? Claro está que entre las familias a las que puedes tener cierta filiación o pedirle algún favor, Vongola es la más aceptable y venerable. No es un secreto que tengan que limpiarse trapos sucios o evitar tonterías a grandes escalas. Tampoco su trabajo es fácil cuando tienen que proteger a alguien de alguna otra familia poderosa que los asedie. Siempre son aguas turbias. Mi esposo y yo ya hemos conversado con el anterior jefe, Nono, y cuando fue la etapa de sucesión, conocimos al actual Decimo, un chiquillo realmente en ese entonces, pensamos que no tardaría en sucumbir ante las artimañas de los demás pero sorprendentemente estaba bien preparado para su destino, ya formado con sus guardianes, su gente más selecta y de confianza, sus amigos. —
— Ahora que lo pienso… Él ni siquiera parece italiano… ni europeo ¿Qué pasa allí? ¿Cómo se llama? —
— Sawada Tsunayoshi —
— ¿Es japonés? — comento sin ocultar su sorpresa.
— Él, su esposa y por así decirlo, casi todos sus guardianes —
— ¿Como un japonés rige la mafia? —
— Por herencia de sangre, no estoy muy al tanto, pero en algún punto de la historia el Primer Jefe Vongola llego a Japón, tuvo descendencia y de esa progenie es este chico. Nono tenía tres hijos, todos fueron asesinados y por ende recurrieron al pobre niño que no tuvo más opción que aceptar —
Emiko sintió lo más similar a remordimiento o pena al ver cuando Ayame comentaba sobre la muerte de los tres hijos del jefe anterior. Los hijos y nietas de Ayame eran todo para ella, asimilar la perdida de alguno de ellos es algo que Emiko no quería averiguar todavía en su amiga.
— Santo Dios… No es como si se lo hubiese esperado —
— No, y tuvo que ganarse ese derecho. Sería la última esperanza de la familia, pero no significaba que le fuera fácil o tuviera detractores. Se comenta que el final del emporio de Vongola estaba en manos del niño si así lo deseaba. Al final resulto que le trajo más gloria a la familia —
Emiko se sentía sobrepasada por todo lo que oía. Parecía un excelente plot para alguna buena película. Sonaba tan irreal.
Estaba distraída dándole vueltas en su mente todo lo que ya había oído y no se había dado cuenta que había clavado su mirada a la mesa de los Vongola. Así como no pudo quitarle en su momento la mirada de encima al chico castaño, que era Decimo, Emiko se había quedado absorta mirando a la mujer castaña, a la esposa. ¿Qué era... qué era? Desde hace rato algo en su interior le indicaba que había algo extraño allí. ¿Esa familiaridad? De pronto algo hizo click en su mente y al instante se quedo como piedra: sin aliento y abriendo los ojos como platos.
Esa mujer…
¡A esa mujer ya la había visto!
Trago saliva y apretó los puños. ¿Cómo? Jamás se habían cruzado, pero estaba segura que ya la conocía de algún lado ¿Dónde? ¡¿Dónde?!
Y entonces...
¡La foto!
¡Aquella endemoniada foto¡ ¡Allí la había visto! Pero en ese entonces ella no era una mujer, era una todavía una chiquilla. Pero aún así estaba horrorosamente segura que eran la misma persona: una amiga de Nagi.
¿La amiga de Nagi, qué era la esposa de un poderoso mafioso?
No sabía si consternarse más por haberse encontrado en aquel sitio con esa joven mujer, o el hecho de que clase de amistades se supone que tenía su hija.
Un momento.
Emiko volteo para todos lados sin mucha discreción, trato de observar a los demás Vongola pero no podía con tanta gente allí reunida con ellos todavía.
— ¿Qué te pasa? — pregunto preocupada Ayame al ver que Emiko había palidecido drásticamente.
— No, nada. Ideas mías. — se atraganto en su mentira.
No era nada. No cuando la realidad era qué allí estaba esa mujer - que era lo más cercano que tenía de la existencia de Nagi- Peor aún. ¿Nagi estaba por allí?
No, no es posible. Una mujer de tal jerarquía como la esposa del Decimo no tendría a alguien como Nagi como amiga.
El mundo no podría ser tan pequeño. ¿Pero que posibilidades existían para que fuese a encontrarse con semejante recordatorio -o amenaza- de la existencia de su hija, justo en ese lugar?
¿La gran máquina del destino ya había dado sus giros necesarios?, pensó aprehensiva. No, no, no. Debían ser figuraciones suyas. Pero estaban en Italia, recordó que Nagi le comento que ella ya había estado allí también. Y la carta sin dirección del remitente... Nagi también comentaba sobre la delicada situación de su familia...
¡No, no!
Horribles coincidencias, meras suposiciones. No podía ser cierto. Tenía que averiguar algo, lo que sea, pero que le demostrará que todo era una simple mala jugada del destino y un mero rozón con la existencia de su hija.
— A-ahora que recuerdo... — trataba de sonar casual para cambiar un poco el tema y distraerse, pero fallo, le tembló la voz — Mencionan ustedes a Decimo y sus Guardianes. Entiendo que es Decimo por el orden de posición que le toco al aceptar su puesto, ¿pero que es eso de Guardianes? ¿Son guardaespaldas? No, no... se supone que ellos le ayudaron con el asunto de los Ivanov así que son más que eso, supongo, algo más importante o más poderoso, debo creer... —
— En efecto — Ayame posó su copa en la mesa — Son luchadores, los mejores de su atributo. —
— ¿Atributo? —
— Las personas tienen cierta energía, que cuando es concentrada pueden utilizar ese poder y manifestarlo; esos poderes son los que usan en la batalla y ya vez los resultados que dan como en Rusia. O es lo que he entendido vagamente, disculpa por eso. Existe cierta clasificación para esos poderes: Las 7 Flamas del Cielo: Cielo, Tempesta, Pioggia, Sereno, Fulmine, Nuvola y Nebbia. Decimo y sus Guardianes ocupan cada uno de esos elementos y son de los más fuertes entre los usuarios de tales atributos. Cada atributo con una habilidad y característica diferente. —
— No... no son personas cualquiera entonces — se quedo pensando Emiko, un poco extrañada por el uso de la palabra Flama
— Pensé que ya habíamos quedado claro en ese detalle — se burlo la mujer.
— Entonces todos los hombres de la comitiva que llego... ¿Son los guardianes? —
— Oh, no. A decir verdad, no es una regla exclusiva para hombres. En esta generación hay una mujer, de hecho. —
— O-oh ¿En serio? — se mordió el labio. Esa bendita punzada en el estomago — ¿Y ya la has visto? ¿Sabes como es? —
— ¿Cómo dices? —
— Digo, ¿Cómo reconoces a un Guardián de Vongola? — cambió abruptamente su pregunta.
— Ah. Bueno. Usualmente uno podía reconocerlo si traía puesto el anillo con la imagen de su atributo que te mencione antes. Pero ahora ya no... ¿Cómo decirte? Pasaron varias cosas entre la sucesión de Decimo, aparentemente las cosas se pusieron feas y difíciles y los anillos cambiaron de forma. ¡Ya no son anillos! — rió despreocupada y solo se gano una mala mirada de Emiko. — Ok. Yo ya los conozco en persona a algunos de ellos. Decimo es el único que tiene un anillo, fuera de él, sus demás guardianes tienen accesorios en su persona con el emblema de Vongola. No hay mucho pierde. — volvió a sonreír — ¿Por qué tanta curiosidad? ¿Quieres conocerlos en persona? —
— ¡¿Qué?! ¡No! —
— Vamos, no es para que te espantes, mujer. Era una broma. —
Emiko no lograba calmarse para nada. Aquella sensación abrumadora de pronto se volvió más intensa. Y la plática ya no le ayudaba a distraerse. Tenía un mal presentimiento. Toda la plática sobre Vongola solo la inquietaba más, como si tuviera miedo de enterarse de algo que no le iba a gustar. Ayame seguía explicando varias cosas sobre la famosa familia a Mary y Tatiana, ella apenas prestaba atención, con la mirada perdida. Ya era muy noche, la luz de Luna se filtraba por los enormes ventanales y nadie parecía prestarle atención como ella. Parpadeo confusa cuando se dio cuenta que allí, en algún rincón lejano del bullicio, en una butaca forrada de terciopelo, junto a un ventanal y mirando a la Luna, estaba una pequeña niña que no despegaba su vista del astro en el cielo. Simplemente se le hizo curioso ese detalle, esa muñequita abandonada en la soledad de su rincón y que la olvido al instante cuando escucho un chillido de alegría a su lado.
— ¿Emiko? — llamo Ayame
— ¿Qué? ¿Qué pasa? — pregunto desorientada mientras volteaba a ver a la extremadamente emocionada Mary.
— Cálmate. Solo quería que vieras eso — comento casualmente Ayame señalando con la cabeza a la mesa de los Vongola
— ¿Qué cosa? No veo nada, aún hay demasiada gente allí — respondió molesta sin hacer el intento de mirar otra vez a los Vongola. No podía soportar ver a la esposa del Decimo y tenía miedo de ver a alguien más allí también.
— Pon atención, mira. Ya que tenías tanta curiosidad respecto a las Flamas y sus Atributos, esta es una buena oportunidad para que lo veas de cerca. Vongola Decimo ha activado su Flama del Cielo, aunque no estoy segura del porqué —
— Santo Cielo ¡Se ve tan sexy! —
— ¡Baja la voz Mary! —
Entrecerrando los ojos, sucumbiendo a su curiosidad y en un vano intento por lograr ver entre la gente y ver por que tanta algarabía -nuevamente- Emiko se llevo otra desagradable sorpresa. Tanto, que al acto se puso de pie espantada, pálida y temblorosa y los dedos de las manos crispadas por las ansias.
— E-Emiko ¿Qué te pasa? —
— ¿Está bien? — pregunto contrariada Tatiana
— V-vengo en un momento, tengo que... tengo que tomar aire — se disculpo torpemente mientras se alejaba de la mesa rápidamente y procurando no tropezar, las piernas le temblaban. Lo que había visto la había calado el alma como no tenía idea.
Sentado en su butaca asignada, con un porte de rey, se encontraba con las piernas cruzadas, las manos posadas en su regazo y con la mirada afilada, se hallaba Sawada Tsunayoshi escuchando atentamente lo que cierto hombre peliblanco de ojos verdes le susurraba al oído.
No era su expresión majestuosa de seriedad y sus bellos rasgos, ese fulgor que brotaban de sus ojos lo que acongojaron a Emiko, si no esa curiosa flama que tenía en su frente.
Ese fuego de color cálido que ardía allí como si nada, como si fuera lo más normal del mundo. No era lo inverosímil que era esa imagen la que la horrorizo. Si no la familiaridad en esa flama. Podía jurar que era la misma flama que años atrás, había acompañado la misteriosa carta de Nagi. Aún recordaba como el fuego le había cubierto las manos sin dañarlas y justo ahora sentía en sus manos esa misma calidez pero ahora causándole terribles ansias.
Las flamas de Vongola, el escudo de armas... ¡Era el mismo del sobre! Y esa mujer, la castaña, la de la sonrisa bonita...
No, no, no, no...
Estaba a punto de sufrir un ataque de histeria ante tales coincidencias. No podía existir conexión alguna, ¡no!
Y antes de que sus nervios crispados la hicieran sucumbir el repentino ruido de la vajilla quebrarse, las copas romperse, el súbito tumulto, los empujones y quejas la distrajeron. Ahora un par de disparos al aire...
— ¡VONGOLA! — se escucho gritar a alguien, su voz furiosa como un parteaguas instantáneo abriéndose paso ante las voces asustadas en el lugar.
Cuando Emiko volteo, ya contagiada por el miedo y el pánico general ante la incertidumbre y el caos, alcanzo a ver a un hombre robusto vestido de mesero y apuntando con su arma directamente a la mesa de Vongola.
Estaba segura que ese hombre estaba a punto de disparar a matar contra ellos y Decimo... Decimo y sus hombres allí de pie sin reaccionar. No asustados, no con la guardia baja, con simple frialdad... Indiferentes a la amenaza de muerte.
Antes que la asustada actriz logrará comprender el porqué de tal apatía ante el peligro, Emiko sintió un gigantesco escalofrío en su cuerpo, casi como una convulsión.
Y así lo vio si apenas por el rabillo del ojo: a sus espaldas vio a una sombra surgir de la nada, en medio del aire.
Formándose con pequeños destellos y sombras se fue materializando un cuerpo, parcialmente incompleto. De la cabeza a los pies, de adelante hacía atrás. Aquel ser etéreo surgido de algún punto, de alguna otra dimensión, acompañado con un tridente. Apenas pareció tocar el piso con su zapatilla, pero Emiko pudo escuchar su primer paso en la lozeta del salón como un tambor aún por encima del ruido.
Dos, tres pasos dio esa mujer. Era una mujer. Su silueta, su gracia, su cabello, dándole la espalda, apenas con un movimiento de su tridente y el mundo a su alrededor se volvió aún más confuso.
Lo único que logro captar fue el ruido de los cristales de los ventanales crujir y despedazarse en el aire...
Y un polvo de diamantes que cubría todo a su paso.
¿Alguien puede culpar a la paranoica de Emiko?
Dulces sueños a todos.
Gracias por leer~
