Disclaimer: Los personajes de Dragon Ball no me pertenecen, sino a su creador Akira Toriyama.


Mi Primer Amor

Capítulo #9: Un pequeño espía al acecho


— ¡¿Qué?! Que tu y esa niña… ¡Ya son novios!— exclamó aquella mujer haciendo brinca la vivienda por la furia expulsada.

— Bueno mamá, es que me di cuenta que la quiero y quise pedirle que fuera mi novia y ella aceptó— confesó un tanto cohibido el muchacho.

— ¡¿Tú se lo pediste?! Pero si yo te dije que aún eres un niño, que no podías hacer esas cosas— reclamó decepcionada Milk.

— Pero es que de verdad la quiero, y ella también a mí, y no creo que sea algo malo— respondió sumiso el semisaiyajin. Mientras tanto Ox Satán entraba a la vivienda.

— ¡Ah! Mi pobre Gohan se ha convertido en un rebelde sin causa, ha desobedecido a su madre ¡No puede ser!— prorrumpía mientras lloraba escandalosamente.

— ¿Qué sucede Milk? ¿Por qué lloras así?— preguntó el padre de la mujer, Gohan la miraba afligido.

— Es Gohan, mi hijo, mi pequeño Gohan ya tiene novia, a pesar de que se lo prohibí— contó aún llorando la viuda de Gokú.

— Vaya Gohan, así que ya tienes novia— preguntó riendo Ox Satán dirigiéndose al muchacho.

— Bueno yo…— respondió tomándose la cabeza riendo tímido.

— ¡Y tú por qué te ríes papá!— exclamó molesta Milk al ver la actitud tan aprobadora del abuelo del muchacho.

— Es que me alegra ver lo grande que está mi nieto Gohan, parece que hubiera sido ayer cuando le buscábamos un nombre. Y ahora está todo un jovencito que ya tiene novia— respondió sonriendo mientras miraba al muchacho.

— ¡¿Pero cómo dices eso?! ¡Aún es un niño! No puede tener una novia aún, se desconcentrará de sus estudios, por fin lo logré alejar de las malas influencias de Píccolo y los demás, ahora no será una niña la que lo saque de sus estudios— contradijo Milk irritada.

— Pero mamá, si no me desconcentrará, ella nunca haría algo que me perjudicara, y yo tampoco dejaré de estudiar— intervino Gohan, Milk cruzada de brazos y con los ojos cerrados no queriendo escuchar soluciones.

— Vamos Milk, ya oíste a Gohan, no descuidará sus estudios, déjalo que sea feliz, si quiere tener una novia no tiene nada de malo— apoyó al muchacho su abuelo.

— Aunque no descuide sus estudios aún es un niño— rebatió la viuda de Gokú, para ella su hijo a pesar de ya estar próximo a los catorce años, edad con la que comenzaría su adolescencia, lo seguía viendo como un niño en edad de golosinas, por lo que le resultaba imposible que aquel muchacho tuviera la madurez suficiente para tener una novia, pero lo que no sabía, es que el amor no entiende de edades ni tiempos, llega en el momento más insospechado y desafiando toda lógica.

— Pero Milk ¿A caso ya no recuerdas que tú eras aún más pequeña cuando quisiste ser novia de Gokú?— argumentó ahora el padre de la mujer con picardía, Milk mordió un pañuelo blanco desquitándose de la irritabilidad que le causaba que su padre la dejara en evidencia ante su hijo.

— ¡No me desautorices frente a mi hijo, yo sé lo que es bueno para él así que no te entrometas!— reclamó furiosa la mujer.

— Pero Milk, no seas tan dura, aunque sea dale una oportunidad, si realmente ocurre lo que temes, puedes prohibírselo, pero si todo sale bien y no descuida sus estudios, déjalo que siga con su novia, no le hará daño a nadie, además… Tu amaste mucho a Gokú ¿verdad?— preguntó el hombre, Milk asintió de inmediato, de eso no tenía ninguna duda. Es más, que su padre hablara en tiempo pasado sobre sus sentimientos hacia Gokú la ofendía, ya que sus sentimientos por él se prolongarían por la eternidad.

— Claro que si— pronunció ahora la mujer.

— Entonces por qué no dejas a tu hijo que viva un sentimiento tan bello como el amor, vamos Milk, déjalo que sea libre de sentir nuevas emociones, está en su derecho, no es algo distinto de lo que tu sentías por Gokú- arguyó ahora Ox Satán. La mujer miró a su hijo, éste la veía suplicante, no querría tener que elegir entre obedecer a su madre o compartir con aquella muchacha de ojos grises aquel nuevo sentimiento que lo hacía comenzar a ver las cosas de un nuevo modo. Milk quedó en silencio unos cuantos segundos, segundos que se hicieron eternos para Gohan, lo único que quería era tener la venia de su madre, mucho trabajo le había costado ya decidirse a pedirle a Meiko que fuera su novia, y el hecho de que su madre se lo llegara a prohibir, echaría a tierra todo lo anteriormente logrado.

— Esta bien, puedes tener a esa niña de novia— autorizó a regañadientes Milk, Gohan sonrió feliz.

— Gracias mamá— agradeció mientras se acercaba a abrazar a la mujer.

— No me des las gracias— respondió aún no muy convencida de su decisión, Gohan se alejó levemente para verla al rostro— Lo que ahora espero es que esa niña venga a conversar conmigo, quiero saber qué es lo que quiere de ti, eres mi hijo y debo protegerte de las mujeres, más aún si es de la ciudad— agregó Milk cruzada de brazos, Gohan volvió a abrazarla, era su madre y a pesar de que a veces sentía que exageraba, entendía que lo protegía de cualquier situación que pudiera resultarle "peligrosa".


Mientras tanto, Meiko retornaba a casa junto a su madre, en el camino aquella muchacha le contó lo que había pasado con Gohan, la mujer no puso mayor problema, conocía ya hace un tiempo a Gohan y le parecía un buen muchacho, además de pensar que ese tipo de sentimientos eran normales en los chicos de esa edad.

— Deberás contarle a tu padre, yo no tengo ningún problema, pero sabes cómo es él— le dijo la mujer a su hija mientras aterrizaba la nave fuera de la casa.

— Si tienes razón mamá, pero dame unos días, quiero primero invitar a Gohan a venir a casa para que pueda conocerlo— respondió sonriendo Meiko.

— Esta bien, pero no tardes demasiado— sugirió la madre, la chica asintió.

Pronto bajaron de la nave, la maestra ingresó de inmediato a la casa, mientras tanto Meiko se encargaba de guardar el objeto en una capsula. Concluida ésta labor, se dispuso a entrar a la casa, pero alguien la detuvo.

— ¡Mei!… ¡Mei!— exclamó el muchacho mientras se acercaba corriendo.

— Hola Marshall ¿Qué sucede?— saludó amable Meiko, no era rencorosa, por lo que el incidente de hace unos días con Gohan ya estaba perdonado.

— Mei ¿Dónde estabas? Ayer no regresaste a tu casa, y hoy tu madre vino sola por la mañana ¿Qué hiciste? ¿Dónde estabas?— interrogó como exigiéndole una explicación a la muchacha.

— Estaba en casa de Gohan— respondió sincera la muchacha.

— ¿Gohan?— pronunció sin saber a quién se refería— ¡¿Gohan?!... No será ese miserable que vino por ti hace unos días ¡Dime que no es ese maldito!— exclamó mientras lloraba infantilmente el rubio.

— Si, es él, pero no lo llames así, él no te ha hecho nada— protestó un tanto molesta por la manera de referirse de Marshall hacia el semisaiyajin.

— ¡Y cómo quieres que le diga! Si te está alejando de mí, yo que siempre te he querido tanto— reclamaba aún llorando y poniéndose de rodillas.

— Ya te he dicho que no puedo corresponderte, así que no insistas con eso— dijo la muchacha— Adiós— se despidió mientras ingresaba a la vivienda.

— ¡Mei!… ¡Mei!— exclamó aquel muchacho al ver que la chica se alejaba, permaneció ahí unos minutos.

— Hermano ¿Te pasó algo?— preguntó un pequeño igualmente rubio pero de ojos marrón.

— ¡Eso no te importa!— prorrumpió Marshall.

— ¿Es por Mei?— preguntó el infante.

— Ya te dije que no te metas en lo que no te importa Daryl— regañó el muchacho mientras se ponía de pie humillado.

— Lo siento— se disculpó el pequeño bajando la mirada, entonces Marshall recordó lo que hacía Meiko antes de entrar a la casa.

— Vaya Daryl, creo que apareciste en el momento más indicado— comentó el muchacho mientras se tomaba maliciosamente la barbilla.


Aquella noche, tras cenar junto a su hermano y su madre, el muchacho se dirigió a su habitación, aquel cuarto en el cual no dormía hace ya un día, debido a la improvisada estadía nocturna de la muchacha y su madre, tras ponerse la pijama, constituida por una camiseta blanca y un pantalón corto celeste, recogió hacia atrás aquellas ropas que prometían abrigar sus sueños nocturnos, se sentó sobre el colchón, trajo a su mente los recuerdos de aquella tarde, en que dejó a un lado la timidez e hizo prevalecer los sentimientos que deseaba compartir en plenitud con aquella muchacha, que poco a poco fue despertando una nueva forma de sentir, una nueva forma de querer, una nueva forma de amar. Luego respiró hondo y se recostó en aquella cama de sábanas blancas, dejó caer sobre su cuerpo aquellas ropas que la vestían, formándose una suave ráfaga de viento que chocó con su rostro, aquella ráfaga llevó hasta él un dulce aroma, una fragancia ajena a él, pero que podía reconocer fácilmente a quien pertenecía, era el perfume de aquella joven que la noche anterior había pernoctado entre aquella sábanas, tras reconocer aquella fragancia, comenzó a buscarla sutilmente, su pecho se abultaba al respirar con tanta profundidad, deseaba seguir inhalándola, le hacía sentir que la muchacha estaba junto a él, aquella fragancia se volvió adictiva para el joven, era como el aire que deseaba respirar por toda la eternidad. Después de un tiempo, se abrigó desde los hombros hasta los pies con aquellas sábanas, que ahora tenía un sentido especial, se aferró a ellas recelosamente como cuidando de que nadie se las fuera arrebatar, eran suyas, y no permitiría que nadie se acercara a ellas, ya que ahora juntos, guardaban un secreto.


Al día siguiente, a la hora de costumbre Meiko y su madre llegaron a casa de los Son, la muchacha saludó al pequeño Goten, quien corría en su dirección. Entonces buscó con la mirada a Gohan, quien no tardó en aparecer tras la puerta, ahora con un poco más de determinación en su actuar en su trato con la chica, deseaba verla, y no quería ocultarlo, a paso rápido salió a su encuentro, quería saludarla, desde cerca.

— Buenos días Meiko, me alegra mucho que hayas venido— saludó Gohan frente a ella.

— A mí también me alegra verte— correspondió la muchacha sonriendo tras lo cual buscó tocar con sus labios la mejilla del joven, alguien aclaró la garganta.

— Buenos días Gohan— saludó la madre de la muchacha, los jóvenes se alejaron repentinamente algo avergonzados.

— B… buenos días maestra— saludó el muchacho— Disculpe yo…— intentó excusarse mientras tomaba su cabeza apenado, no podía decir que no había notado la presencia de aquella mujer por estar tan pendiente de su novia.

— No te preocupes Gohan, entiendo— intervino la madre de la muchacha con una risa divertida. Entonces se sintió el estruendo de la puerta principal que se abría de par en par, todos miraron en aquella dirección. Milk aparecía tras ella dando pasos lentos pero largos, su mirada era más resoluta que la de Gohan, sus pupilas reflejaban bajo aquella amenazante mirada el rostro de aquella muchacha castaña, Meiko la miraba curiosa, al igual que la maestra y Goten. Gohan parecía presentir que haría la mujer, entonces la miró con espanto.

— Ma… ¡Mamá que piensas hacer!— prorrumpió horrorizado mientras salía al encuentro de la mujer intentando obstaculizar su camino.

— ¡Quítate!— ordenó la viuda de Gokú sin quitar la vista de su objetivo, jaló de un brazo a Gohan, para sacarlo de su camino.

— ¡Pero mamá!— insistió el chico de cabellos negros extendiendo una mano como para intentar detenerla, sin conseguirlo, la mujer ya estaba frente a la muchacha, su ceño fruncido era amenazante, su cuerpo estaba curvado, como buscando tener frente a sus ojos negros, los ojos grises de Meiko, su mirada era desafiante, aterradora, sin embargo la muchacha parecía inmutable, parecía no leer en sus gestos la hostilidad que todos veían a simple vista. Milk la miraba a los ojos sin siquiera pestañar, estuvo alrededor de un minuto sin moverse de su posición, parecía buscar algo en aquella muchacha, algo que no encontró, después de aquel minuto, que para Gohan fue eterno, Milk reincorporó su cuerpo, se cruzó de brazos, miró a la muchacha aún muy seria.

— Aceptaré que seas la novia de mi Gohan, pero cuidado con hacerlo sufrir porque entonces te las vas a ver con su madre— sentenció amenazadora aquella mujer, Gohan al escuchar aquellas palabras, quedó unos momentos en suspenso, pero pronto respiró aliviado.

— Gracias señora Milk— agradeció haciendo una reverencia mientras sonreía.

— No me des las gracias, si lo permito es sólo porque Gohan me lo pidió— respondió con indiferencia la mujer.

Pronto ingresaron a la vivienda.


Las clases de Gohan comenzaron de inmediato, el muchacho se concentró del todo en ellas, deseaba con ansias acabarlas, quería estar unos instantes con la joven.

A momentos aquella ventana que por favor del viento que movía las cortinas, le concedía el deseo de ver al exterior, donde se hallaban Meiko y Goten, risueños. Parecía un cuadro bello, un cuadro tierno, dulce, fraternal, donde la protagonista era aquella chica de cabellos castaños, que a los ojos de aquel muchacho, sobresalía por sobre la belleza del cielo azul que pretendía sus cabellos, sobre la verde pradera que acariciaba sutilmente sus pequeños y delicados pies, las montañas que imponentes querían abrazarla, y que el sol celoso, que en vano competía con el brillo de sus ojos grises. A cada instante parecía aumentar en su pecho aquel sentimiento agónico, que le daba vida, fugaz, que quería atesorar por la eternidad, delicado, al cual quería aferrarse con intensidad.

La maestra decidió tomar un pequeño receso, aquella jornada de estudios transcurría con gran intensidad, debido a la prontitud y eficiencia con que desarrollaba sus lecciones Gohan. Claro, sabía que alguien aguardaba por él, alguien que le amaba tanto como él a ella, por lo que la decisión de aquella mujer de tomar un descanso, le alegraba en demasía, ya que, sería una gran oportunidad para estar con la muchacha.

Tan pronto como pudo, Gohan se escabulló de la vivienda, salió al patio que a ratos espiaba, allí se encontró con Meiko y el pequeño semisaiyajin, que conversaban trivialidades, la muchacha siempre risueña, Gohan admiraba la mesura con que se relacionaba con Goten, la paciencia con que contestaba las tantas preguntas propias de un niño que comienza a conocer el mundo, de pronto Meiko y Goten sienten que alguien los observa mientras se acerca.

— Gohan ¿Ya acabaste tus lecciones?— preguntó sonriente la muchacha mientras se reincorporaba, ya que estaba inclinada frente al pequeño semisaiyajin.

— No, aún no, tu madre decidió que tomaremos un descanso— respondió amable el hijo mayor de Gokú.

— ¿Entonces jugarás con nosotros hermano?— preguntó entusiasta el pequeño amigo de Trunks.

— Lo siento Goten, pero necesito hablar con Meiko, después jugaremos— respondió mientras tomaba delicadamente una mano de la muchacha.

— Esta bien— respondió cabizbajo chocando tiernamente sus dedos índices.

— Espéranos aquí, ya regresamos— pidió ahora el mayor de los Son, Goten asintió aún algo afligido— ¿Vamos?— preguntó ahora dirigiéndose a la muchacha.

— Si— respondió sonriendo dulcemente mientras aferraba su mano a la del muchacho, éste correspondió aquella sonrisa, entonces caminaron juntos alejándose de la vivienda, Milk veía por una ventana aquella escena.

— Mi Gohan, mi querido Gohan, ya sabe lo que es el amor— monologaba mientras secaba con un pañuelo blanco, lágrimas de melancolía, añorando al pequeño niño que llevaba sobre su gorrito rojo aquella esfera de cuatro estrellas, llamándole "Mamá" mientras se alzaba a sus brazos. Pronto los jóvenes desaparecieron entre los árboles que conformaban un pequeño bosque.

— Me alegro que mi madre te haya dado un descanso, tenía muchas ganas de estar contigo— expresó la muchacha abrazando una de las extremidades del joven, éste sonrió complaciente.

— Yo también quería estar contigo, a solas— correspondió deteniéndose y poniéndose frente a ella, mientras acariciaba con delicadeza el contorno del rostro de la joven, quien miraba con sus ojos cristalizados al muchacho, al tenerlo así, tan cerca, tan cálido, tan entregado, percibía en él una belleza distinta cuando la miraba, cuando la sentía. cuando la quería.

— Gohan— pronunció con una timidez alborozada, el muchacho no dijo nada, sólo sonrió sereno, acercó sus labios a la mejilla de la muchacha, muy cerca su cuello entregaba aquel aroma dulce que se había impregnado en sus sábanas, ahora lo sentía ahí, de cerca, en ella, sus cabellos castaños también le entregaban aquella fragancia que lo volvía loco, adicto y cautivo. Gohan recorrió sin tocar aún con sus labios las mejillas de la joven, descendió en forma diagonal, buscando con los ojos cerrados las labios de Meiko, quería hacerlo lentamente, quería que aquel momento fuera eterno, sublime y delicado, pronto llegó a su meta, los labios de la joven esperaban expectantes, ansiosos, sedientos de él, sus ojos grises se cerraron, entregándose a los labios demandantes de Gohan. El muchacho procedió a rodearla con sus brazos, sus vigorosos y curvados brazos que podían cubrir completamente su fina espalda, ahora fue Meiko quien poniéndose de puntillas casi sin tocar el suelo, para buscar el cuello del joven y enganchar sus manos tras él, pudiendo acariciar con delicadeza los cabellos que poblaban la nuca del muchacho, esos suaves y enigmáticos cabellos que contra toda lógica gravitatoria, se alzaban al cielo sin caer jamás.

Una suave brisa los rodeo desde sus pies, Meiko creyó que era el viento, sin embargo era Gohan, quien llevando una pequeña parte de su ki hasta base de su cuerpo, comenzó a elevarse, sin soltar a la muchacha, quien pareció no percibir que sus pies se desprendían del suelo, Gohan siguió besándola, no quería dejarla, eran muy pocos instantes los que podían estar juntos, no le estaba permitido descuidar sus estudios, su madre no se lo permitiría, por lo que aquella oportunidad de estar con ella, no quería desperdiciarla. Meiko de pronto sintió que su cuerpo giraba al mismo compás que el de Gohan, era extraño, sus pies no se movían, sin embargo estaba girando, no se sentía mareada como para estarlo imaginando, se sentía como en el aire ¿Sería por aquel beso que degustaban juntos? No lo sabía, entonces lentamente comenzó a aquietar sus labios, conduciendo a los del muchacho a hacer lo mismo, abrió lentamente los ojos, entonces lo pudo ver, estaba a varios metros de distancia del suelo, los árboles que podían dar sombra a diez personas, parecían pequeños arbustos capaces de cobijar a pequeños animales. Entonces no era una simple sensación, ahora estaba en el aire, levitando con la ayuda de los brazos de su querido Gohan, lo miró a los ojos, ambos sonrieron, y se estrecharon en un tierno abrazo.

— ¡Gohan! ¿Dónde estás?— escucharon la voz del pequeño Goten que los buscaba, entonces el joven descendió rápidamente junto a la muchacha.

— Aquí estamos ¿Qué sucede Goten?—preguntó Gohan mientras veía al pequeño.

— Mira, encontré a este niño, los estaba siguiendo y no me quiere decir porque— acusó el pequeño semisaiyajin mientras le arrojaba con fuerza al pequeño y misterioso muchacho.

— ¿Daryl? ¿Qué haces aquí?— preguntó sorprendida la chica de ojos grises, mayor fue la sorpresa para Gohan al darse cuenta que la muchacha conocía a ese niño.

— ¿Cómo? ¿Acaso tú conoces a este niño?— preguntó Gohan.

— Claro, es mi vecino, es hermano de Marshall, lo que no entiendo es cómo llegó aquí, y por qué— contestó mirando curiosa al pequeño que parecía no saber que responder.

— Mei yo… yo quería saber dónde estabas, hace mucho tiempo que no jugamos juntos, sales todos los días y ya casi no te veo— respondió fingiendo ternura.

— Lo siento Daryl, es que tengo otros asuntos que atender y no puedo jugar contigo— respondió inclinándose para quedar a la altura del menor— "Que extraño, es verdad que en algunas ocasiones he jugado con él, pero tan pocas que casi no lo recordaba"pensó curiosa la muchacha, pero sin darle mayor importancia— ¿Y cómo llegaste aquí?— preguntó aquella muchacha.

— Es que yo… esta mañana después que sacaron la nave de la cápsula, aproveché que tu mamá entró a la casa a decirte que ya estaban listas para partir, entonces me escondí en ella sin que nadie se diera cuenta— confesó el pequeño rubio.

— Eso está muy mal, no debiste hacerlo Daryl— regañó Meiko molesta— Si te hubiera ocurrido algo tu padre no nos perdonarían jamás- añadió cruzándose de brazos, los hermanos Son pestañaban al mismo tiempo mientras veía la improvisada conversación.

— Lo siento Mei— se disculpó el pequeño.

— No me pidas disculpas, tendrás que dárselas a tu padre por escaparte de esa manera— respondió Meiko, el pequeño asintió.


La tarde avanzó, al igual que los estudios de Gohan, haciendo que la visita diaria de Meiko llegara a su fin, el pequeño rubio no dejaba de poner atención en cualquier detalle o señal entre Meiko y Gohan, durante la caminata que había presenciado, sólo pudo ver la cercanía con la que caminaban, y como Meiko se aferraba al brazo de Gohan.

Daryl era un niño de cinco años, no sabía interpretar aquellas muestras de afecto, sin embargo podía entregarle la información a su hermano mayor que claramente entendería de que se trataba aquel juego cómplice de la pareja.


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