Disclaimer: Los personajes de Dragon ball no me pertenecen sino a su autor, el señor Akira Toriyama.


Mi Primer Amor

Capítulo #12:Una Revelación accidental


— Gohan, traje estos regalos para ti— indicó el hombre señalando hacia un costado de la mesa donde compartían, aledaña a la cual esperaban para ser desenvueltos incontables regalos, Gohan miró en aquella dirección.

— Vaya, son muchos, gracias abuelo— agradeció sonriendo poco entusiasta el semisaiyajin, su hermano los veía sorprendido.

— ¡Oh! ¡Que suerte tienes hermano, mi abuelito te trajo muchos regalos!— expresó Goten con sus ojos brillantes mientras miraba admirado los regalos de Gohan.

— Si pero tenlo por seguro que los compartiré contigo— respondió amable el mayor de los Son.

— Pero que dices— preguntó sonriente Ox Satán— Claro que también me acorde de mi pequeño nieto Goten— añadió despeinando los cabellos del hijo menor de Gokú— Esto es para ti— pronunció entregándole un obsequio envuelto en un papel rojo.

— ¡Oh!... ¡Gracias abuelito! ¡Están muy bonitos!— agradeció feliz el menor de los Son al ver que dentro de aquel envoltorio descansaban cuatro autos de juguete de distintos colores, Ox Satán sólo sonrió satisfecho de ver que al pequeño le agradaba su obsequio.


Aquel día avanzaba de igual modo, desde su discusión con Gohan sus ánimos se notaban disminuidos, las verdaderas intensiones de Gohan la habían desilusionado, durante los días que duró su noviazgo con el muchacho, se sintió como en un sueño, los detalles de Gohan la habían encantado, y advertía que los sentimientos del joven eran auténticos, pero todo se desmoronó aquella tarde, ahora sólo le quedaba olvidar, dejar partir sus sentimientos por el semisaiyajin por mucho que le doliera.

Estaba sentada sobre su cama, la mañana avanzaba con rapidez, ya casi era mediodía, recuerdos hermosos y tristes vagaban amalgamados en su mente, haciendo nacer del rostro de la muchacha a ratos sonrisas y tristeza, se había propuesto en varias ocasiones, el dejar de pensar en él, pero era inevitable traer hasta su memoria tanto los buenos como los malos momentos vividos con Gohan. De pronto negó con la cabeza.

— "Ya no… deja de pensar en él, no se merece que estés triste por su causa"pensó la chica de ojos grises poniéndose de pie— Mejor saldré un rato— monologó mirándose al espejo vagamente, tras lo cual salió de la habitación.

Bajó a la primera planta, como de costumbre estaba todo muy tranquilo y despoblado, su madre debía estar alistándose para ir a casa de Gohan, y tanto su padre como su hermana, debían estar entrenando fuera de casa, como de costumbre. Al notar esto salió de la vivienda, y caminó por el amplio patio de la morada, árboles le regalaban sombra para contrarrestar los calurosos rayos solares que reinaban aquella tarde, se sentó unos instantes bajo un árbol, desde que comenzó a ir a casa de Gohan aquella acción le parecía deleitante, disfrutaba mucho de estar en silencio bajo los árboles escuchando la espontánea melodía que surgía del viento que agitaba las hojas de los árboles, estar ahí, le traía paz, tranquilidad, armonía, dio un gran suspiro, tras lo cual se puso de pie, al hacerlo sintió un leve mareo, hace días ya se sentía algo débil, aquella sensación la atribuía a lo exiguo de sus comidas diarias durante aquellos días, por lo que no le tomó mayor importancia. Caminó hacia las afueras de la vivienda, muy pronto contempló la casa de sus vecinos, los hermanos Daryl y Marshall, quienes según ella, le quitaron la venda de los ojos, por lo que estaba muy agradecida. Ahora decidió ir a visitarlos, quizás el conversar con ellos la distraería un poco. Tocó el timbre que había en la puerta del hogar, tras lo cual sintió un ruido, parecía ser que alguien guardaba apresurado algo, situación que causó extrañeza en la chica. Después de unos instantes abrieron la puerta.

— Hola Meiko, eres tu… que gusto verte por aquí— saludó un hombre de no más de treinta y cinco años, rubio y muy alto, el cual se veía muy agitado.

— Buenos días señor, discúlpeme, vengo a ver a los muchachos ¿Están en casa?— preguntó la castaña.

— Claro, están en la habitación de Marshall, puedes pasar— invitó el hombre.

— Muchas gracias— agradeció haciendo una reverencia y sonriendo. Ahora la muchacha subió las escaleras animosamente, presentía que el compartir con los hermanos le haría sentirse mejor, ya estando en la segunda planta, caminó por un largo pasillo para llegar a la habitación de Marshall, muy pronto la encontró, a medida que se acercaba escuchaba con mayor nitidez la discusión de los hermanos.

— "Se están peleando"pensó la muchacha frenándose para no ser inoportuna.

— No es justo, tú me lo prometiste— reclamaba Daryl al borde de las lágrimas.

— Sí, pero sabes cómo es papá de tacaño, no me ha dado dinero— respondió Marshall.

— ¡No mientas! Vi cuando papá te daba dinero, tú no quieres llevarme al parque de diversiones aunque hice todo lo que me pediste— reclamó el pequeño a punto de llorar.

— Ya cállate— pronunció conteniendo la exasperación— Es cierto, cumpliste tu parte, pero no ha servido de nada… Meiko sigue siendo indiferente conmigo— añadió frunciendo el ceño. La muchacha a la distancia escuchó extrañada aquella mención del chico.

— Peroeso no es mi culpa hermano—susurró entristecido Daryl.

— ¡Claro que sí! Seguramente cuando hablaste con Meiko no fuiste lo suficientemente convincente enano inútil— reclamó Marshall.

— Pero hice todo lo que me pediste, primero espié a Mei y a ese niño, te dije lo que había escuchado, y le dije que Gohan era su novio para mantenerla callada, tal cual tu me lo pediste, así que es justo que tú me lleves al parque de diversiones como lo prometiste— reclamó ahora firme mirando a los ojos a su hermano.

— ¡Ya te dije que…!

— ¿Qué dijiste?— se escuchó una voz agobiada procedente desde el umbral de la habitación, los muchachos al notarlo miraron espantados en aquella dirección.

— Me… Meiko— pronunciaron al unisón al ver la figura de la muchacha, quien les contemplaba entre lágrimas que espontáneas cubrían sus ojos.

— No puedo creerlo— pronunció— Ustedes… ¿Ustedes hicieron todo eso?— preguntó sin poder creerlo.

— Daryl es el culpable de todo, yo no hice nada Mei— expresó apresurado Marshall.

— ¿Qué?— preguntó sorprendido el infante mirando a su hermano.

— No puedo creerlo, Marshall, sólo eres un cobarde, te refugias en un niño para ocultar tu intriga, sólo eres un mentiroso… Esto no te lo perdonaré jamás— expresó molesta la castaña secando con sus manos las lágrimas que caían de sus ojos.

— ¡Pero Mei!... todo lo hice porque te quiero— se excusó el rubio, Meiko rió burlescamente.

— Tú no me quieres— pronunció segura.

— ¿Qué estás diciendo? Claro que te quiero, siempre te lo he dicho y tú no me crees— refutó el muchacho casi llorando.

— ¿Querer? Y a qué le llamas tú querer… Una persona que quiere no es egoísta, viendo la felicidad de la persona amada se siente satisfecho, no busca la manera de alejarla de la felicidad. Para mí Gohan es mi felicidad, lo quiero, estoy enamorada de él, y tú, que dices quererme tanto me alejaste de él, eso jamás te lo voy a perdonar Marshall… jamás— sentenció disponiéndose a salir de la habitación, el rubio la detuvo por un brazo.

— Meiko…

— Ya suéltame… no quiero escuchar ni una sola palabra más— pronunció secamente y sin voltearse a mirarlo.

— Pero Mei…—insistió, la chica no dijo nada, y jalando fuertemente, se divorció de las manos suplicante de Marshall, éste notando la molestia de la chica se dio por vencido dejándola ir.


— ¡Mamá! … ¡Mamá! ¿Sigues en casa?— prorrumpía la chica de ojos grises mientras corría por toda la vivienda buscando a su madre, por primera vez notaba la amplitud del lugar, ya que la búsqueda se le hacía eterna— ¡Mamá! ¿Dónde estás?— preguntaba mirando en todas direcciones.

— Hija ¿Qué sucede? ¿Te sientes bien? ¿Por qué estás llorando?— interrogó la mujer al ver el rostro de la chica bañado en lágrimas.

— Gohan… ¿A qué hora irás a casa de Gohan?— preguntó entre sollozos y jadeos la muchacha.

— Hoy no iré, la señora Milk me llamó para avisarme que hoy Gohan no tomaría sus lecciones por estar celebrando su cumpleaños, al parecer necesitaba distraerse, y su madre prefirió que hoy se tomara el día libre— respondió mirando con curiosidad a la chica de ojos grises.

— ¿Su cumpleaños?... Mamá, tengo que ir a verlo, es urgente— expresó muy agitada, causando la extrañeza de su madre.

— Pero hija cálmate, y explícame por qué quieres ir a casa de Gohan, siendo que estás molesta con él— preguntó mientras inducía a su hija a sentarse en un sofá.

— No quiero sentarme… Mamá tengo que hablar con él, todo fue un mal entendido, tengo que explicarle… mamá yo tengo que decirle….— decía entre llantos, mientras negaba con la cabeza y sin poder recuperar la serenidad.

— Meiko cálmate, estás muy agitada, siéntate y tranquilízate, esto te puede hacer daño y lo sabes— decía la mujer jalando delicadamente de los brazos a su hija, quien ésta vez cedió víctima del repentino agotamiento.

— Pero es que yo… tengo que… Gohan…— fueron las últimas palabras que pronunció la chica antes de caer desvanecida sobre el sofá.

— Meiko… ¡Hija reacciona! ¡Meiko despierta!— decía la mujer mientras daba suaves golpes en las mejillas a la chica.


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