Disclaimer: Los personajes de Dragon Ball no me pertenecen, sino a su creador, Akira Toriyama.
Mi Primer Amor
Capítulo # 17: Camino sin arribo
El día comenzaba, la muchacha peinaba con insistencia sus cabellos frente a un espejo en su habitación.
— Vaya, pero que entusiasmada estás hoy— comentó sorprendida una chica sentada sobre la cama de Meiko mientras notaba la alegría de la joven, quien sonrió.
— Tienes razón, es que… por fin Gohan vendrá a casa y tu y papá lo conocerán— respondió mirando a su compañera por el reflejo del espejo.
— Mmm, espero que ese tal Gohan cumpla con el requisito principal de papá, ya sabes que él es muy exigente con eso— dijo ahora la muchacha con un dejo de suspicacia.
— Ya verás que sí— respondió risueña Meiko, su hermana le miró incrédula.
— Eso es imposible, nadie es más fuerte que papá, eso todo el mundo lo sabe— comentó sin creerle.
— Bueno, no sé si es más fuerte que él, pero podría llegar a serlo. Cuando lo conozcas puede que lo notes— pronunció firme la castaña.
— Le pregunté a mamá, y ella dice que tu querido Gohan no se ve fuerte, y yo creo lo mismo, la manera en que ella me lo describe suena a un niño sin carácter de luchador, sólo se dedica a sus estudios— comentó con desdén la muchacha.
— No te anticipes a los hechos hermana— pronunció entre risas— Gohan es un chico… misterioso, nunca acabas de sorprenderte cuando empiezas a conocerlo, es distinto a los otros chicos, no presume de lo que es, al contrario, pareciera querer ocultarlo… es simplemente… de otro planeta— añadió con la mirada perdida al recordar al semisaiyajin.
— ¡Ajá! Eso lo dices sólo porque estás enamorada de él, pero pronto te darás cuenta que no puede ser más fuerte que papá, Meiko… además es sólo un niño de… ¿Catorce años?— Meiko asintió— No puedes pensar que Gohan, puede ser más fuerte que papá.
— De Gohan yo puedo esperar todo, y sé que puede ser más fuerte que nuestro padre— insistió en su defensa del semisaiyajin.
— Bueno, ya veremos, porque ya sabes lo que dice papá…— dijo la chica— "Hijas, ustedes sólo deben salir con un hombre que sea más fuerte que su padre. ¿Me oyeron?"— dijeron ahora al unisón, tras lo cual se largaron a reír.
— Ay Videl… me gustaría tanto que un día encontraras a un chico como Gohan… estoy segura de que serías tan feliz como yo— expresó Meiko con un suspiro.
— No digas tonterías Meiko… A mí no me interesa tener a un chico, es algo tan cursi, no lo soportaría— expresó con falso enojo.
— Ya verás que cuando conozcas a alguien, tu percepción con respecto al amor cambiará— afirmó mientras se alejaba del espejo.
— ¿Por qué a veces dices cosas tan absurdas hermana?— preguntó la chica de ojos azules negando con su cabeza, Meiko sólo rió, tras lo cual se acercó hasta el velador sobre el cual descansaba una lámpara blanca, un sobre y una cajita de forma triangular de color azul oscuro, que a la oscuridad, engañaba con ser negra.
— ¿Qué es eso?— preguntó Videl al ver que su hermana miraba con devoción la caja.
— ¿Esto?— preguntó mientras tomaba entre sus manos el objeto.
— Ajá— dijo Videl.
— Bueno esto es… un regalo… por culpa de Marshall no pude estar con Gohan el día de su cumpleaños, así que quise buscar algo especial para él y obsequiárselo hoy— respondió mientras jugaba con la cajita entre sus manos.
— ¿Y qué es?— preguntó con curiosidad la pelinegra.
— Es algo… que a simple vista parece débil, delicado… a lo que cualquier cosa puede destruir, pero que al ir descubriéndolo, te das cuenta que es más fuerte de lo que parece, de gran resistencia que nunca podrás saber cuál es su límite… Imposible de ignorar, a pesar de su apariencia débil, destaca sobre el resto si aprendes a conocerlo— describió sin revelar su contenido en ningún momento.
— Pero que cursi te has vuelto Meiko… me estás dando miedo, tendré que reclamarle a ese tal Gohan por robarme a mi hermana, definitivamente ésta no eres tu— expresó impresionada por la expresividad de su hermana, ésta rió.
— Que cosas tan chistosas dices hermana— expresó sin parar de reír— Te quiero Videl, hermana— expresó mientras abrazaba a su hermana, Videl sólo sonrió y correspondió a su hermana.
El día avanzó, y Meiko como prometió fue en búsqueda de Gohan al sector céntrico de Ciudad Satán, sabía que el chico era algo tímido, y que el llegar hasta casa de la joven el día en que conocería a su padre, haría más evidente su timidez en aquella situación, por lo que decidió acompañarlo desde el comienzo.
— ¡Gohan!— prorrumpió la chica al distinguir a Gohan entre la muchedumbre, éste al escucharla volteó a verla— Disculpa ¿Llevas mucho tiempo esperando?— preguntó algo preocupada mientras se ponía frente al hijo mayor de Gokú.
— Hola Meiko— saludó amable— No te preocupes, no llevo mucho aquí— tranquilizó ahora a la muchacha.
— Que bueno, me estaba preocupando— expresó la muchacha, tras lo cual observó a Gohan con una pequeña sonrisa— Vaya… pero que formalidad— comentó risueña.
— Bueno… pues mi mamá me dijo que… debía vestirme…— comenzó a explicar algo avergonzado mientras tomaba con una mano su cabeza.
— No te preocupes, me gusta… te ves muy guapo— confesó mientras sonreía con ternura, Gohan sintió sus mejillas arder repentinamente ante el comentario de la joven, ésta rió por su reacción. Gohan llevaba unos pantalones color marrón oscuro, zapatos negros y una chaqueta de tono amarillo pálido, además de una camisa blanca sobre la cual caía una corbata de tono azul marino.
Muy pronto comenzaron a caminar rumbo a la mansión Satán con mucha calma, mientras Meiko intentaba calmar los nervios de Gohan, los cuales intentaba ocultar, pero que para su desgracia, la muchacha igual lograba percibir.
— Ya verás, papá es una buena persona, no habrá ningún problema— comentó la muchacha.
— Sí, pero me preguntará cómo fue que te ayudé a sanar, y puede descubrir quién soy— expresó algo preocupado.
— No te preocupes, yo estaré contigo y te ayudaré a mantener a salvo tu secreto— calmó al semisaiyajin mientras tomaba sus manos, Gohan sonrió enternecido, a la vez que le tomaba el mentón para contemplar su rostro, estaban sumergido en aquella atmosfera de afecto que parecía apartarlos de la realidad, pero un ruido estrepitoso acabó con aquello.
— ¡Esto es un asalto, manos arriba!— se escuchó a la distancia la exclamación de un hombre, cuya voz parecía provenir de un banco que se hallaba justo en frente a la pareja.
— ¿Otra vez?— se preguntó la joven sorprendida al darse cuenta de la situación.
— ¿Otra vez? ¿A qué te refieres con eso?— preguntó el chico a Meiko.
— Vuelven a asaltar el banco, debe ser la misma banda de siempre, son varios hombres. La policía no ha podido detenerlos, ni siquiera Videl ha podido— comentó la chica.
— ¿Videl?— preguntó Gohan sin entender, pero su pregunta no tuvo mayor importancia, debido al sonido de disparos provenientes del lugar— Iré a ayudar— indicó decidido el semisaiyajin— Meiko, ven conmigo, te dejaré en un lugar seguro para que me esperes ahí mientras ayudo a derrotar a esos bandidos— se dirigió ahora a la muchacha, quien lo miraba con preocupación, Gohan lo notó y con una sonrisa intentó tranquilizarla— Estaré bien, no te preocupes por mí— dijo ahora, la muchacha asintió sonriendo forzosamente— Ahora vamos— ordenó mientras la tomaba de una mano, muy pronto llegaron a un pequeño bosque colindante a la ciudad— Espérame aquí, no te muevas— dijo ahora acariciándole una mejilla.
— Esta bien— susurró sonriendo algo más tranquila, Gohan dio unos cuantos pasos hacia atrás, y se convirtió en súper saiyajin, Meiko le observó sorprendida, hace mucho no lo veía hacerlo, y aunque ya conocía su secreto, no acababa de asombrarse por ello.
— ¡Ya vuelvo, espérame!— prorrumpió mientras salía volando rumbo al banco.
Muy pronto llegó al lugar, aún se oían los disparos dentro, y la policía desde afuera, con sigilo intentaban detener el asalto.
— ¡¿Cómo que ya no queda nada?!— reclamaba uno de los ladrones ante la negativa de una de las cajeras.
— ¡No le creas, de seguro está mintiendo!— opinó a la distancia uno de sus compañeros.
— ¡No te atrevas a engañarme mujer!— reclamó el primero tras lo cual dirigió uno de sus brazos hacia el rostro de la cajera, para intentar golpearla, sin embargo no logró su cometido, ya que un repentino golpe en la cabeza lo dejó tirado en el suelo, uno de sus compañeros miró boquiabierto la escena.
— Quien… ¡Quién eres tu payaso!— exclamó entre tartamudeos no obteniendo respuesta.
— ¿Acaso te comieron la lengua los ratones imbécil?— preguntó irónico otro tras lo cual comenzó a disparar incesantemente hacia Gohan, éste utilizando su velocidad, quedó en menos de un segundo frente al asaltante que le disparaba, sin que éste alcanzara a reaccionar, le quitó el arma, ahora Gohan con mirada amenazante y sin muestras de aplicar mayor fuerza, rompió en dos el arma.
— ¿Cómo hiciste eso grandísimo animal?— formuló con dificultad el ladrón. Desde atrás, otro golpeó con fuerza la nuca del semisaiyajin, éste pareció no inmutarse ante el impacto, el dueño de aquel golpe, miraba sorprendido como el arma se rompía en mil pedasos.
— Es… ¡un monstruo!— prorrumpió éste tras lo cual intentó darse a la fuga, sin embargo, su intento no tuvo éxito, ya que el ahora rubio saiyajin, dándole una contundente patada en la espalda, lo dejó inmóvil en el suelo. Luego uno tras otro fue dejado con increíble facilidad en el suelo. Sin embargo, entre la muchedumbre en la que se mezclaban clientes y asaltantes, uno de éstos aprovechando que el misterioso héroe se encargaba de sus acompañantes, se quitó el pasamontañas que delataba su participación en el robo, tras lo cual escapó entre las personas que huían temerosas del lugar, sin ser percibido por Gohan.
Tras salir del banco, aquel hombre subió rápidamente al mismo automóvil en el cual había arribado junto a sus compañeros al banco, una vez alejado del perímetro custodiado por la policía local, el hombre abandonó el vehículo para continuar su camino libre de cualquier indicio de su participación en el delito frustrado.
La muchacha comenzaba a preocuparse, pues el joven comenzaba a tardar en su regreso, el temor invadió su mente, mientras algo inquieta miraba a su alrededor.
— "Quizás le pasó algo…Esos hombres estaban armados y Gohan ¡no! Pudieron herirlo ¿Qué pasa Gohan? ¿Por qué no regresas?"—se cuestionaba impaciente. Muy pronto pudo oír el crujido de lo que parecían ser pisadas sobre las primeras hojas secas que se divorciaban de los árboles en aquella estación otoñal, la chica al oírlas, siguió el ruido para salir al encuentro de Gohan.
— Miserable… por culpa de ese maldito chiquillo no podré tener ese dinero, y de seguro esos traidores me delatan ¡Maldición!— monologó exasperado el hombre tras lo cual precipitó contra el suelo el pasamontañas que traía entre sus manos.
— ¡Gohan!— exclamó con alivio mientras buscaba entre los árboles al chico— Ya regresas…— quiso agregar, sin embargo enorme fue su sorpresa al ver a aquel hombre— Señor— formuló con dificultad, aquel hombre sorprendido por el encuentro con la joven. Con prisa tomó del suelo el pasamontañas anteriormente tirado, dejando caer al inclinarse, un arma que traía en el pantalón, Meiko al notarlo abrió sus ojos a más no poder, el hombre no tomó el arma.
— Me… Meiko— pronunció algo nervioso— ¿Qué haces aquí chiquilla?- preguntó intentando ocultar su fastidio y desesperación al sentirse descubriendo.
— ¿Usted?... ¿Usted? … ¿Estaba en ese asalto?— preguntó ahora la chica al padre de sus vecinos Marshall y Daryl, intentando mantener la calma.
— ¡¿Qué estás diciendo?!— prorrumpió comprobando su tesis— Claro que no, que cosas tan extrañas dices, se ve que tienes mucha imaginación muchacha— respondió fingiendo amabilidad y con un leve reflejo malicioso en la mirada, claramente distinguido por la chica.
— Entonces… ¿Qué es eso?— interrogó con desconfianza la muchacha, a la vez que daba unos pasos hacia atrás, al ver que el hombre se le acercaba.
— Bueno, esto lo compre para Daryl— respondió sonriendo con evidente falsedad a la vez que se inclinaba para recoger el arma, la muchacha pudo sentir como su pulso se aceleraba por el temor que le causaba la maliciosa conducta del hombre— Como quedó sin su hermano, quiere jugar con éstas cosas, se siente muy solo— añadió poniéndose de pie mientras que acariciaba el arma.
— ¡Eso es imposible!— expresó en un instante de desesperación— Daryl no es un niño violento, lo conozco y sé que no le gustan esos juegos— argumentó mientras que sentía la tibieza de unas lágrimas recorrer sus mejillas, el hombre rodó los ojos.
— ¿Entonces qué crees?— preguntó con fastidio a la vez que fruncía el ceño, dejando en evidencia lo que realmente pensaba.
— Usted… ¡Es uno de esos ladrones de esa banda tan buscada en Ciudad Satán!— prorrumpió desesperada — ¿Cómo… puede hacer eso?— añadió a modo de pregunta, pregunta a la que no hallaba respuesta lógica, su interlocutor empuñó una de sus manos ante el enfrentamiento de la chica.
— Ya… deja de decir tonterías— pronunció a regaña dientes mientras sentía que su paciencia se agotaba.
— ¡No!... usted tiene que entregarse a la policía, o sino… yo lo delataré— amenazó llenándose de valor para decirlo, no podía creer lo que aquel hombre estaba haciendo, tenía dos hijos, por los cuales ella sentía un gran aprecio, sobre todo por Daryl, y sabía que con su actividad exponía a sus hijos al abandono, además de inducirlos por la misma senda recorrida por su padre.
— ¡Cállate!— exclamó fuera de sí, a la vez que le propinaba una gran bofetada a la muchacha, haciendo que el tono blanco de su piel se volviera rojizo por largos instantes, la chica tomó con una mano su mejilla, intentando aliviar el dolor causado por el golpe a la vez que miraba con asombro al padre de sus amigos— Tu no dirás nada— expresó mirando con inquietante ofuscación a la joven— No podrás— añadió con una sonrisa desquiciada, la chica notando la amenaza de aquel hombre, dio unos cuantos pasos a la inversa, tras lo cual intentó huir, utilizando como obstaculizante entre ella y el hombre un árbol. El sujeto no se hizo esperar y salió tras ella.
— ¿Te crees muy lista no? Pero no podrás huir chiquilla del demonio— indicó el hombre mientras buscaba atrapar a la chica que se le escurría entre los árboles y arbustos dominantes en aquel lugar.
— "Gohan… ¿Por qué no regresas? Ayúdame por favor"—pensaba con desesperante suplicación al ver que no podía escapar de aquel hombre y que la ausencia del muchacho se prolongaba en el momento menos oportuno. Al ver que no tenía salida, después de mucho pensarlo, se quedó estática frente al hombre, éste al notar la actitud sumisa de la chica, sonrió victorioso a la vez que se le acercaba lentamente.
— Uh, que conmovedor, creo que ya nos estamos entendiendo… Meiko— pronunció con ironía mientras se le acercaba, y cargando la voz en el nombre de la muchacha, ésta cerró sus ojos, liberando lágrimas que florecían temerosas en sus ojos— ¿Ya recapacitaste?— preguntó con calma mientras acariciaba sutilmente una mejilla de la muchacha— Vamos, habla… no seas tímida— añadió en el mismo tono apacible, Meiko tragó algo de saliva.
— "Videl lo hacía así, sé que no soy buena en esto, pero si no lo intento…"—pensó tras lo cual un leve escalofrío recorrió su cuerpo.
— ¿Qué te pasa?... ¿Por qué te quedas tan callada?— preguntó sintiendo un poco de suspicacia por el silencio prolongado de la joven— ¿Acaso no piensas …?— intentó hablar, sin embargo antes que pudiera percibirlo, la muchacha recordando las muchas veces que había visto a su hermana entrenar, imitó una de las tantas técnicas de Videl, dándole un gran golpe en el estómago, haciendo a éste quedar momentáneamente de rodillas y sosteniendo con ambas manos su abdomen, aprovechando aquel descuido, la muchacha corrió buscando alejarse, sin embargo la necesidad prioritaria de aquel hombre de mantener en silencio a la muchacha, le hizo resistir el dolor del golpe recibido y reuniendo todas las agallas posibles, se reincorporó y salió tras ella.
— ¡Niña del demonio!— exclamó exacerbado al distinguirla entre los arbustos por los cuales huía. El desosiego hacía a la joven mirar con insistencia a su persecutor, por lo cual no tomaba en cuenta lo que aparecía en su camino, descuido que le hizo caer al estrellarse con una roca que casi alcanzaba la altura de las rodillas de Meiko.
— ¿Te creías muy lista?— preguntó entre risas que lo alejaban en demasía de la cordura— Ahora verás chiquilla entrometida.
GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO
