N.A. Hare estas explicaciones antes de iniciar la historia para que todo este claro. La historia se ubica en un universo alterno. En la historia nada de lo que ha sucedido en Mystic Falls ha sucedido. Elena no vive ahí, por lo que no hay hermanos Salvatores en el pueblo y nadie de los que han muerto, o se han convertido en vampiros, brujas, híbridos, y hombres lobos, se han convertido. Los Gilbert (Miranda y Grayson) siguen vivos y en esta historia Stefan sigue en la fase Rippah, Lexi no pudo salvarlo y los Mikaelson están todos libres sin dagas, y nunca las tuvieron, solo Finn.

Suena un poco complicado pero todo se ira aclarando a lo largo de la historia. Espero les guste y me lo hagan saber. Siempre se agradece su apoyo.

Chapter 1: A Fake Beginnig

Elena Gilbert Flemming despertaba una vez mas por los leves rayos del sol que iluminaban su rostro esa mañana de Junio. Soltó un leve gruñido y trato de cubrir su rostro con la almohada, pero en ese justo momento su alarma comenzó a sonar. La música de Gabrielle Aplin logro despertarla del todo esa mañana y con una sonrisa se levanto de la cama.

Miro su cuarto desordenado y solo pudo suspirar al ver los desastres de la noche anterior. Esta era una prueba mas, del porque los padres deberían de prohibir a sus hijos salir de fiesta entre semana y que definitivamente no debía de invitar a Olive a esas fiestas.

Descorrió las persianas que la protegían del brillante sol de esa mañana, aunque apenas salía este. Y una vez mas las vistas de las ventanas de su habitación le quitaron el aliento.

Ese piso en el penthause de uno de los rascacielos mas exclusivos de Manhattan, era uno de sus sitios favoritos en la ciudad. Le alegraba el día, tener esas hermosas vistas de la ciudad. El contraste de la ciudad, alta y poderosa, contra ese hermoso momento de la naturaleza, las sombras, la luz… le pareció perfecto. Con una pequeña sonrisa tomo su cámara Polaroid, y plasmo el momento. Al sacar la foto espero hasta que esta estuviera del todo impresa y la clavo a un corcho a un lado de la ventana. Satisfecha por la foto se dirigió al baño, a empezar el día con una merecida ducha.

El agua caliente la relajaba, le sacaba una sonrisa y lograba infundirle ánimos para ese día.

Solo un día mas se repetía, una y otra vez mientras terminaba el baño. Salió de ahí mucho mas relajada y optimista de lo que había entrado. Otro sueño un tanto extraño la había atormentado la noche anterior. Una vez mas un par de ojos azules la acechaban en sus sueños. Unos ojos profundos, dulces, arrogantes, divertidos, amorosos y que ocultaban mucho dolor dentro de ellos. Pero el factor que mas le atraía, era ese pequeño deje de peligro y misterio.

No era la primera vez que soñaba con esos ojos, en general sueños extraños, pero era la primera en los últimos meses, que los había vuelto a soñar. Creía que esos sueños habían a acabado, pero aparentemente estos jamás terminarían. Este hecho ya lo había aceptado y es mas le parecía normal. Eran sueños, no le harían daño.

Se vistió lentamente y busco en su armario por el uniforme que tendría que ocupar para esa mañana. Una falda hasta poco antes de las rodillas azul marino, tableada y con finas líneas verdes, una polera de mangas largas, blanca, un moño cruzado azul marino, y el cardigan del instituto también azul oscuro, el perfecto sustituto de ese espantoso saco con detalles en dorado. Usaba zapatillas negras planas en vez de los horribles zapatos del uniforme, y calcetas largas blancas.

Al estar del todo lista, solo cepillo su larga cabellera chocolate con las mechas californianas que se había hecho hacia unos días, para modernizar su imagen. Idea de su madre, pero aceptaba que había sido buena idea. Y la dejo lisa y hermosa, como siempre. No se maquillo y tomo su bolso para salir al instituto.

El resto del departamento estaba a oscuras, las cortinas estaban corridas y no se oía ni un solo ruido. Se dirigió a los grandes ventanales de la sala y los abrió dándole luz y vida a ese lugar. En la sala encontró todo el contenido del bolso de su madre regado en los sillones, con una mueca lo recogió todo.

Se dirigió a la cocina y preparo café. Se sirvió una taza y el resto lo dejo en la cafetera, listo para cuando su madre decidiera salir de la cama. Saco de la alacena una pastilla para la resaca y sirvió un vaso de zumo de naranja.

Y se dirigió a ¨la cueva¨ alias la habitación de su madre, pensó con una sonrisa ladeada. Entro a la habitación y la encontró tal y como pensaba que estaría. A oscuras, sin un solo rayo de sol en la habitación, con la poca luz que entraba del pasillo podía distinguir dos bultos en la cama. No tenia que pensar mucho para saber cuales habían sido las actividades de su madre durante la noche anterior, otro ligue, pensó con otra mueca.

Dejo el vaso con la pastilla, junto con el bolso en la mesita de noche a lado de la cama. Con una sonrisa maléfica, se dirigió a las ventanas y de un solo movimiento descorrió las cortinas. Llenando la habitación de luz.

Un aullido de enojo se oyó en la habitación y Elena solo pudo reír. Su madre gruño molesta y hundió la cara en las almohadas. El joven, ya que estaba segura que no tendría muchos años mas que ella, seguía dormido, dejando una clara vista de su pecho desnudo.

-¿Qué mierda pasa contigo, Elena?- le gruño su madre, Isobel Flemming contra la almohada.

-Se hace tarde Mami- le dijo ella con una risa mientras Isobel alzaba la cabeza de la almohada y la miraba furiosa –¿acaso reflexionaras acerca de salir entresemana?- le pregunto la chica con una ceja alzada.

-Aburrida- le grito su madre mientras volvía a esconderse de la luz.

-Inmadura- le respondió Elena con simpleza. Su madre bufo –me tengo que marchar al instituto, te deje el café ya hecho en la cafetera- le dijo mientras salía de la habitación, pero se acercaba a la cama –te deje zumo y una aspira para cuando te dignes a despertar- le dijo mientras se acercaba a ella.

-Gracias- le dijo su madre mientras se levantaba levemente. Elena suspiro aliviada al ver que al menos ella seguía con ropa. Tomo el vaso y se trago la aspirina. –maldita resaca- siseo mientras Elena simplemente se encogía de hombros –ahórrate el discurso, Elena- la corto antes de que por enésima vez le repitiera que irse de fiesta un jueves por la noche era una mala idea, y mucho peor tomar como solo Isobel Flemming estaba acostumbrada. La chica solo asintió. Elena se acerco y le beso la mejilla. Su madre le acaricio la mejilla y asintió.

-Suerte con la resaca- le dijo desde la puerta, Elena, antes de salir. Isobel asintió.

-Suerte con la escuela- dijo mientras arrugaba la nariz. Elena se volvió a reír y salió de ahí.

Tomo el bolso del sillón y salió del departamento. Tomo el ascensor que era privado para ese piso y reviso su móvil mientras esperaba a que el ascensor llegara hasta la plata baja.

Encontró como siempre, mensajes de algunas amigas, entre ellas Olive y Charlotte, mensajes comentando la noche anterior y agradeciéndole por haberlas metido a la exclusiva fiesta de anoche. En las noticias de las revistas amarillistas encontró, como siempre, fotos bastantes explicitas de su madre en la fiesta. Notas de cómo Isobel Flemming, la editora en jefe de la revista Petrova´s designs, había vuelto a conquistar a una presa, mucho mas joven que ella, un nuevo modelo de Calvin Klein. Con una mueca le mando la noticia a Rose, la asistente de su madre, aunque estaba segura de que ella ya las había leído.

Llego al living del edificio y salió de él, saludando a Paul, el portero, que como siempre le sonrió. Al salir del edificio encontró el auto de la compañía enfrente y vio como salía de él, Rose Sinclair.

-¿Buena fiesta la de anoche?- le pregunto con una sonrisa.

-Como siempre- le respondió con una mueca. Rose se rio de su gesto y asintió.

-¿Ya despertó?- le pregunto mientras la miraba divertida.

-Sip- le respondió mientras también sonreía –y tiene resaca y compañía- le respondió mientras hacia una mueca. Rose asintió.

-Gracias por la nota- le dijo antes de subir al ascensor, Elena asintió y le hizo un gesto antes de salir del todo del edificio.

Como siempre encontró a Trevor, esperándola afuera. Sabía que Trevor no era solo su chofer, también era el novio de Rose. Así que con un saludo y una sonrisa subió al auto. Un Mercedes negro.

El trayecto a la escuela fue tranquilo y rápido. Con los cascos puestos y a Coldplay sonando en ellos, no noto los 20 minutos de camino.

-Hemos llegado señorita Flemming- le dijo en un tono servicial Trevor cuando se estaciono enfrente de la escuela.

-Te lo he repetido un millar de veces Trevor, solo Elena- le dijo con una sonrisa mientras abría la puerta –ten un buen día- le susurro antes de cerrar la puerta.

Creyó escuchar un usted también señorita, y solo pudo rodar los ojos. Trevor jamás cambiaria.

Camino los pocos pasos hasta la entrada de la escuela, recibiendo saludos, miradas y sonrisas. Como todos los días.

Camino por los pasillos recibiendo la misma atención de siempre, o tal vez mas ya que todos miraban sus móviles mientras la miraban. Era seguro que ya todos supieran de las aventuras nocturnas de su madre. No la sorprendía, a esas alturas todo Nueva York debía de saberlo. La atención sobre Elena era algo por completo común y ordinario para ella. El día en el que no recibiera miradas curiosas, ese día seria diferente.

Llego a su casillero y a los pocos minutos llegaron Olive acompañada de Charlotte quienes la saludaron para después comenzar a cotillear sobre la noche anterior. Elena solo asentía o reía cuando era necesario, su mente estaba muy alejada de ese lugar. Pensando en ese par de ojos azules que habitaban sus sueños.

Entro a la primera clase. Encontrándose con Tyler Lockwood quien la esperaba de nuevo, para coquetear con ella. Habían salido por unas semanas, hacia algunos meses y él aun estaba interesado en ella.

Ella lo ignoro amablemente y se sentó en su sitio de siempre, en el centro del salón. Con Olive y Charlotte a cada lado. Las clases comenzaron. Era literatura inglesa, una materia que realmente le interesaba, pero después de la noche anterior y de ese sueño, Elena encontraba imposible concentrarse en la clase.

En ese momento recordó porque en parte le agradaba asistir al exclusivo instituto ¨St. Constance Jude Billard School¨. Un sitio muy exclusivo y en el que solo eran admitidos los hijos de las personas mas influyentes de la ciudad. Hijos de políticos, empresarios, celebridades y otras altas personalidades de la ciudad. Elena entraba sin problemas en esa categoría. La posición social de su madre abría muchas puertas, y los negocios de John, su padre, le daban las herramientas. Elena era la abeja reina de es instituto, vivía entre falsedades y dinero, pero algo en ella siempre quiso mas.

Olive Waldorf era la hija menor del alcalde de la ciudad. Una chica alocada y agradable. Era una pelirroja bajita, con grandes ojos verdes y una personalidad adorable y agradable, pero bastante alocada. Al ser la menor y única hija mujer de la familia, era por lo tanto era la mas consentida y protegida.

Charlotte Keush era la única hija de una reconocida e importante cantante de Broadway y su padre era un empresario multimillonario. Charlotte era rubia y alta, con rasgos perfectos y ojos azules. Sus padres le daban el mundo al alcance de su mano, nada de atención, pero todo el dinero que quisiera. Charlotte era un persona un tanto fría, pero con un gran corazón. Era divertida y agradable, ademas de ser altamente valiente y atrevida.

Tyler Lockwood era el hijo del gobernador de Virginia. Su madre era la alcaldesa de Mystic Falls, un pueblito de Virginia. Sabia por su madre que el matrimonio Lockwood se había acabado, pero que la única razón por la que seguían era la política. Vivían separados y Tyler había decidido venir a New York con su tío Mason. El chico, según algunas chicas, era muy guapo. Podía ser agradable, pero había días en los que sencillamente, era insoportable. Le gustaba fanfarronear y presumir de lo que tenia.

Otro chico que llamaba su atención, junto con la de toda la escuela, era un chico bastante atractivo y misterioso. Kol Van Der Woodsen, chico de misteriosos ojos azabaches y cabellos castaños, rasgos perfectos dignos para ser un modelo de portada. Tenia una aura de misterio y peligro que la atraía sin que pudiese evitarlo. El chico era misterioso y un tanto frio. En los años que llevaban juntos en ese instituto, ya que iban en el mismo curso y compartían todas las clases, jamás le había dirigido mas que un par de palabras, y solo cuando era necesario. Y el hecho de que ignorara a Elena, era el que provocaba que le pareciera atractivo. Porque nadie jamás la había rechazado o mucho menos se había dignado a no mirarla, porque ella era Elena Flemming Gilbert y había nacido y se había criado para siempre ser admirada y la idea de que esto no se cumpliera la molestaba. El misterio del chico, provocaba que nadie supiese con seguridad cual era la fuente de sus ingresos, porque Kol era el chico que mas presumía estos, pero sin notarlo, parecía ser natural en él. Ropa que desde lejos se podía admirar su alto precio, autos ultimo modelo y en eventos sociales, cuando se dignaba a asistir, siempre era acompañado por chicas que claramente eran modelos. Solo se sabia que el chico era extremadamente guapo y rico, nada mas.

El resto de lo población estudiantil estaban en esa misma categoría. Ricos, poderosos y frívolos. A causa de que en ese mundo lo único que importaba era el dinero, esa escuela lo hacia de la misma manera. Si pagabas la cantidad necesaria, pasabas de manera notable tus materias.

A Elena nunca le había agradado esa filosofía, y jamás la había puesto en practica. Elena Flemming era inteligente y comprometida con sus estudios, por lo que jamás utilizo esa ayuda extra. Pero en días como ese, en el que no se sentía capaz de hacer algo, lo agradecía.

Sin que nadie lo notase o le importara, Elena lentamente se quedo dormida. Soñando de nuevo con esos ojos azules.


Al otro lado de la ciudad, un chico abría lentamente los ojos. Unos profundos y únicos ojos azules.

Damon Salvatore se levantaba lentamente, los rayos del sol le molestaban esa mañana. Aun cuando su anillo funcionaba perfectamente, esa molestia seguía ahí. Con un gruñido decidió levantarse a correr esas estúpidas cortinas. Con su velocidad vampírica se pudo levantar y cerrarlas en unos segundos. El ruido despertó a su acompañante, una chica rubia que descansaba desnuda en la cama. Al oírlo la chica se movió y sonrió de medio lado, copiando la sonrisa de este, al verlo.

-¿Bonitas vistas las de esta mañana?- pregunto Damon desde un lado de la ventana, parado en medio de la habitación, por completo desnudo. La chica solo pudo sonreír y seguir viendo su espectacular cuerpo.

Damon soltó una carcajada y regreso a la cama junto con la rubia. La tomo por la cintura y la beso violentamente. Sus besos eran duros y feroces, como si quisiera comérsela y es mas, eso era una parte de lo que había hecho anoche. Las pruebas de la cena de Damon, estaban en las almohadas, perfectamente blancas, que ahora tenían manchas de sangre, tragos perdidos, pensó con una mueca. De nuevo a velocidad vampírica, movió a la chica, para que esta quedara debajo de el y de un solo movimiento se introdujo en ella. La chica soltó un pequeño grito ahogado y el sintió satisfecho de su trabajo. Siguió con movimientos duros y rápidos que dejaban a la chica sin respiración y soltando gemidos interminables. Hasta que Damon estuvo satisfecho, la chica seguía con la respiración agitada, casi hiperventilando, cuando el hundió sus colmillo en el inicio de uno de sus pechos. La chica soltó un grito ahogado de dolor y Damon volvió a introducirse en ella.

No le importaba si la rubia, cuyo nombre desconocía y no le importaba, le dolía. Para él esa chica no era mas que su distracción y su comida, nada mas. Al terminar con ella, la dejo en la cama aun con la respiración entrecortada y se metió en la ducha. Tenia una cita a las 3 en punto y ya era casi el mediodía, por lo que se ducho tomándose su tiempo. A mitad de la ducha, oyó como la puerta se abría y entraba la chica.

Se veía mas pálida de lo que recordaba, lo que no le interesaba en absoluto, pero que significaba una sola cosa: el juego pronto acabaría. La jalo con él a la ducha y bajo el agua corriente volvió a comenzar el juego. La empotro contra la pared del baño y bebió esta vez de su cuello. Al acabar y sentir que, al menos por ahora, estaba satisfecho, salió del baño, dejando a la chica a un paso del desmayo en el baño.

Busco lentamente su ropa y se vistió con lentitud y pulcritud. Pantalones y camisa negra de Armani, saco del mismo y zapatos negros. Dejo su cabello tal cual. Y se miro al espejo, satisfecho con lo que veía. No necesitaba nada mas para atraer a sus presas, jamás lo necesito y sabia que jamás lo necesitaría. Su olor natural y su encanto personal, eran mas que suficiente.

Tomo su móvil, su billetera, aunque no la necesitara y las llaves de su Audi R8. Noto que para ese molesto sol de verano necesitaría las gafas de sol, por lo que volvió por ellas.

-¿Damon, ya te marchas?- le pregunto la rubia desde la puerta del baño, seguía desnuda y pálida, mas que antes. Estaba mojada y en ese estado le parecía que había perdido sus encantos.

-Tengo una cita- dijo fríamente, mientras tomaba sus gafas de sol –márchate, vale- le dijo mientras le lanzaba una mirada oculta por las gafas de sol. La chica lo miro incrédula.

-¿Me corres?- le pregunto molesta.

-Solo te indico donde esta la salida- dijo con una mueca, odiaba cuando sus ligues tomaban esa actitud, era TAN aburrido.

-¿Y si no me quiero ir?- pregunto molesta mientras lo miraba altanera.

-Entonces…- dijo mientras se acercaba a ella a velocidad vampírica –tendré que hacerte esto- susurro antes de partirle el cuello.

La chica cayo muerta al suelo. Con una mueca vio el cadáver. Sabia que tenia que deshacerse de ella. Busco las pertenecías de la chica en la habitación y las deposito sobre de ella. Saco su móvil y llamo a un amigo.

-Oliver necesito de tus servicios- le dijo mientras pateaba lentamente al cuerpo, sabia que si no se apuraba el cuerpo se descompondría rápido y el olor provocaría que tendría que mudarse y le agradaba ese lugar, eso sin añadir que iba con prisa.

-¿En tu piso?- pregunto Oliver del otro lado. Oliver Smith, el limpia desastres de la ciudad. Un hombre, o mas bien vampiro, que se encargaba de deshacerse de los accidentes de otros vampiros, encubrir estos o solo desaparecer cadáveres, Damon murmuro en señal de asentimiento -¿muerte?- pregunto mientras oía como anotaba algo.

-Le rompí el cuello- dijo sencillamente mientras veía a la chica con una mueca –tengo prisa Smith, sabes donde están las llaves y todo lo que traía la chica estaba sobre ella- le dijo antes de colgar –gracias de adelanto- le dijo mientras salía del piso y se subía al ascensor, al mismo tiempo que una pelirroja, que no le quitaba la mirada de encima.

-Sabes que nada es gratis Salvatore- le dijo mientras oía como encendía el motor de un auto –te mandare mis honorarios, ya sabes las reglas- le dijo en tono profesional.

-Lo se- el dijo este con una mueca –mándamelos y yo te lo deposito- le respondió mientras coqueteaba con la pelirroja, quien por lo que podía escuchar de su corazón, ya estaba agitada. Colgó la llamada y centro su atención en la pelirroja.

-Hola- le dijo con es tono seductor natural en él, mientras se quitaba las gafas y la miraba fijamente –Damon Salvatore- le dijo con una sonrisa ladeada mientras le tendía la mano.

-Amy Miller- le respondió mientras aceptaba la mano y Damon la besaba en el dorso, provocándole un leve sonrojo a la chica.

-¿Miller?- susurro mientras le sonreía a la chica –¿eres la chica de a lado?- le dijo con la mirada iluminada, la chica solo asintió –es un placer vecina-le dijo mientras le daba una sonrisa de 1200 wtz. Falsa, como siempre, ya que esta no llego a sus ojos.

-Lo mismo digo- susurro la pelirroja mientras se volvía a sonrojar. Damon ya había comido mas que suficiente, pero ese sonrojo le hacia lamerse los labios.

Durante los últimos días había tomado demasiada sangre rubia, y en ese momento se le antojaba una pelirroja, no para ese momento, pero si para un futuro. El ascensor se detuvo en el lobby.

-Fue un placer Amy- le susurro mientras volvía tomar su mano y a depositar un beso en esta –espero nos veamos pronto- le dijo mientras le dedicaba una ultima sonrisa y salía de ahí. Y se volvía a poner las gafas. Oyó con satisfacción como la chica suspiraba, su respiración entrecortada y su agitado corazón. Amy seria un buen juguete, por el tiempo que durase.

Camino por el lujoso lobby del edificio y salió al día. El ruido y el aroma de New York, le dio en la cara. Miro su auto, que ya estaba esperándolo en la entrada. Subía a este y lo prendió. Disfruto con una sonrisa el rugido del motor y acelero por la calle, hasta llegar a su desino: Petrova´s Designs.

Su opinión y dudas, déjenlas en los comentarios. Besos, UshieVictoria.