Remus cogió el libro que Sirius acababa de dejar, aunque tenia una pequeña sospecha de quien era el desconocido.
-El guardián de las llaves -leyó, confirmando sus sospechas.
-¡Hagrid! -dijeron todos menos Dumbledore, Alastor, Harry, Will y Emily, los últimos no lo conocían.
BUM. Llamaron otra vez. Dudley se despertó bruscamente.
—¿Dónde está el cañón? —preguntó estúpidamente.
-¿Como puede ser tan idiota? -preguntó Emily.
-Ni idea, hermana, ni idea -respondió Will asombrado.
Se oyó un crujido detrás de ellos y tío Vernon apareció en la habitación. Llevaba
un rifle en las manos:
-¡QUE! -exclamaron todos los que conocían lo que era un rifle.
-¿Que es un rifle? -pregunto Neville, quien se había asombrado por el grito que había pegado la mitad de la sala.
-Es un arma muggle -explico Hermione, quien estaba furiosa.
-Su efecto puede ser igual al del Avada Kedavra -acabó de explicar Will. Sus ojos brillaban por la furia.
El resto de la sala, al entender lo peligroso que podía ser un rifle, comenzó a despotricar contra Vernon.
ya sabían lo que contenía el paquete alargado que había llevado.
-No podía ser un paraguas, no -dijo Sally.
—¿Quién está ahí? —gritó—. ¡Le advierto... estoy armado!
Hubo una pausa. Luego...
¡UN GOLPE VIOLENTO!
-Remus, ¿hacia falta que eso último lo dijeras gritando! -preguntó Ron.
-En el libro esta en mayúsculas -se disculpo el licántropo.
La puerta fue empujada con tal fuerza que se salió de los goznes y, con un golpe
sordo, cayó al suelo.
Un hombre gigantesco apareció en el umbral.
Todos los que conocían a Hagrid muy bien comenzaron a aplaudir.
Su rostro estaba prácticamente oculto
por una larga maraña de pelo y una barba desaliñada, pero podían verse sus ojos, que brillaban como escarabajos negros bajo aquella pelambrera.
-Buena descripción, Cachorro -dijo Sirius, riendo con el resto de la sala. Los únicos que no se reían eran Ron y Hermione.
-¿Crees que nuestras descripciones serán parecidas? -preguntó Ron.
-Creo que si -respondió Hermione, preocupada.
-Seguro que no serán tan malas -dijo Harry.
-Porque las has hecho tu -dijeron ambos. Los tres se miraron antes de empezar a reír.
El gigante se abrió paso doblando la cabeza, que rozaba el techo.
Se agachó, cogió la puerta y, sin esfuerzo, la volvió a poner en su lugar. El ruido de la tormenta se apagó un poco. Se volvió para mirarlos.
—Podríamos preparar té. No ha sido un viaje fácil...
-Mira que no preparar un té... -comenzó Will.
-Que ha entrado en tu casa... -continuo Fred.
-Por el morro y rompiendo la puerta -acabó George. Los tres se pusieron a reír. Molly y Sally negaban con la cabeza la actitud de sus hijos, y Dumbledore estaba seguro de que si William Black iba a Hogwarts, McGonagall iba a tener muchos problemas.
Se desparramó en el sofá donde Dudley estaba petrificado de miedo.
—Levántate, bola de grasa —dijo el desconocido.
-¡Bien, Hagrid! -dijeron todos.
-Hagrid ya me cae bien -dijo Emily sonriendo.
Dudley se escapó de allí y corrió a esconderse junto a su madre, que estaba agazapada detrás de tío Vernon.
-¿Podía esconderse? -preguntó Ginny a Harry.
-Si. Antes tío Vernon era más gordo que Dudley, aunque ahora es al revés -respondió Harry, acordándose de los Weasley yendo a buscarlo solo unas horas atrás.
Ginny sonrió ante la respuesta de Harry, y este no pudo evitar darse cuenta de que se veía bastante bien. Harry parpadeo confuso, e intento eliminar ese pensamiento de su cabeza.
—¡Ah! ¡Aquí está Harry! —dijo el gigante.
Harry levantó la vista ante el rostro feroz y peludo, y vio que los ojos negros le
sonreían.
—La última vez que te vi eras sólo una criatura —dijo el gigante—. Te pareces
mucho a tu padre, pero tienes los ojos de tu madre.
-Y esa fue la primera vez -dijo Harry.
-¿La primera vez? -preguntó Will.
-La primera vez que me dijeron que era igual que mi padre menos los ojos -respondió Harry.
Tío Vernon dejó escapar un curioso sonido.
—¡Le exijo que se vaya enseguida, señor! —dijo—. ¡Esto es allanamiento de
morada!
-¿Se considera casa una casucha abandonada en medio del mar? -preguntó Charlie.
-Creo que si -respondió Percy.
—Bah, cierra la boca, Dursley, grandísimo majadero —dijo el gigante.
Se estiró, arrebató el rifle a tío Vernon, lo retorció como si fuera de goma y lo arrojó a un rincón de la habitación.
Las mujeres de la sala suspiraron aliviadas y los hombres aplaudieron a la sala. Ninguno quería que Harry acabara malherido. Bueno, Harry y los Dursley (aunque en menor medida).
Tío Vernon hizo otro ruido extraño, como si hubieran aplastado a un ratón.
-Aggg -dijeron Molly, Emily y Hermione.
—De todos modos, Harry —dijo el gigante, dando la espalda a los Dursley —, te deseo un muy feliz cumpleaños. Tengo algo aquí. Tal vez lo he aplastado un poco,
pero tiene buen sabor.
Del bolsillo interior de su abrigo negro sacó una caja algo aplastada. Harry la abrió
con dedos temblorosos. En el interior había un gran pastel de chocolate pegajoso, con «Feliz Cumpleaños, Harry» escrito en verde.
-Tengo que darle las gracias a Hagrid -dijo Sally.
-Nosotros también -dijo Remus, señalando a Sirius y a él.
-Nosotros igual -dijo Arthur, y los Weasley asintieron con él. Harry estaba completamente rojo.
Harry miró al gigante. Iba a darle las gracias, pero las palabras se perdieron en su
garganta y, en lugar de eso, dijo:
—¿Quién es usted?
-Buenos modales -dijeron Ron, Will y Neville riendo.
-Harry, esos modales -le regañaron Molly, Sally, Hermione y Ginny.
-Lo siento -dijo el chico.
El gigante rió entre dientes.
—Es cierto, no me he presentado. Rubeus Hagrid, Guardián de las Llaves y
Terrenos de Hogwarts.
-Creo que sigue igual de confuso -dijo Luna.
-Lo estaba -contesto Harry. Miraba a la chica extrañado. No la conocía de nada, pero por el poco tiempo que había pasado con ella, le caía realmente bien.
Extendió una mano gigantesca y sacudió todo el brazo de Harry.
Todos rieron ante la imagen mental, mientras que Harry se cruzaba de brazos, molesto. Ginny no pudo evitar pensar que se veia adorable.
—¿Qué tal ese té, entonces? —dijo, frotándose las manos—. Pero no diría que no
si tienen algo más fuerte.
Sus ojos se clavaron en el hogar apagado, con las bolsas de patatas fritas arrugadas,
y dejó escapar una risa despectiva. Se inclinó ante la chimenea. Los demás no podían
ver qué estaba haciendo, pero cuando un momento después se dio la vuelta, había un
fuego encendido, que inundó de luz toda la húmeda cabaña.
-Porque se que es imposible, que si no diría que es cosa de magia -dijo Will.
-Will, déjalo ya -dijo Emily, un poco harta por los comentarios de su hermano.
Harry sintió que el calor lo cubría como si estuviera metido en un baño caliente.
El gigante volvió a sentarse en el sofá, que se hundió bajo su peso, y comenzó a
sacar toda clase de cosas de los bolsillos de su abrigo: una cazuela de cobre, un
paquete de salchichas, un atizador, una tetera, varias tazas agrietadas y una botella de un líquido color ámbar, de la que tomó un trago antes de empezar a preparar el té.
Harry, Ron, Hermione, Remus, Sirius, Sally y Charlie sonrieron con cariño al acordarse de lo desordenado que era Hagrid.
Muy pronto, la cabaña estaba llena del aroma de las salchichas calientes. Nadie dijo una palabra mientras el gigante trabajaba, pero cuando sacó las primeras seis salchichas jugosas y calientes, Dudley comenzó a impacientarse. Tío Vernon dijo en tono cortante:
—No toques nada que él te dé, Dudley.
-El cerdo mimado no necesita más comida -dijo Emily.
El gigante lanzó una risa sombría.
—Ese gordo pastel que es su hijo no necesita engordar más, Dursley, no se
preocupe.
-Me quedo con la frase de Emily -dijo Fred, sonriendo a la chica, quien se sonrojo ante la mirada del pelirrojo. Por suerte para ella, nadie se había dado cuenta.
Le sirvió las salchichas a Harry, él cual estaba tan hambriento que pensó que nunca
había probado algo tan maravilloso,
-Debías estar hambriento para que la comida de Hagrid te sepa bien -dijo Charlie.
-Cuando no intenta nada raro, cocina bastante bien -dijo Harry.
pero todavía no podía quitarle los ojos de encima al gigante. Por último, como nadie parecía dispuesto a explicar nada, dijo:
—Lo siento, pero todavía sigo sin saber quién es usted.
El gigante tomó un sorbo de té y se secó la boca con el dorso de la mano.
—Llámame Hagrid —contesto—. Todos lo hacen. Y como te dije, soy el guardián
de las llaves de Hogwarts. Ya lo sabrás todo sobre Hogwarts, por supuesto.
-Creo que a Hagrid no le hará ninguna gracia que Harry no sepa nada de Hogwarts -dijo Sirius mirando a Harry.
-Ya lo sabrás padrino -respondió el chico burlon.
-Lunático, lee rápido.
—Pues... yo no... —dijo Harry
Hagrid parecía impresionado.
—Lo lamento —dijo rápidamente Harry.
Ginny le dio una colleja a Harry.
-¡Au! -se quejo el chico -¿Y eso?
-Para que dejes de culparte de todo -respondió Ginny-. Tu no tienes la culpa.
-Supongo -dijo Harry.
—¿Lo lamento? —preguntó Hagrid, volviéndose a mirar a los Dursley, que
retrocedieron hasta quedar ocultos por las sombras—. ¡Ellos son los que tienen que
disculparse!
-En efecto -dijo toda la sala.
Sabía que no estabas recibiendo las cartas, pero nunca pensé que no supieras nada de Hogwarts. ¿Nunca te preguntaste dónde lo habían aprendido todo tus padres?
—¿El qué? —preguntó Harry
—¿EL QUÉ? —bramó Hagrid—. ¡Espera un segundo!
-Creo que los Dursley no salen ilesos de aquí -dijo Will.
Se puso de pie de un salto. En su furia parecía llenar toda la habitación. Los
Dursley estaban agazapados contra la pared.
-Cobardes -dijo Emily.
—¿Me van a decir —rugió a los Dursley— que este muchacho, ¡este muchacho!,
no sabe nada... sobre NADA?
Harry pensó que aquello iba demasiado lejos. Después de todo, había ido al colegio y sus notas no eran tan malas.
-Harry, no se refiere a eso -dijo Hermione.
-Ahora lo sé -respondió Harry, sonriendo le a la chica. Ron no pudo evitar fruncir el ceño, aunque no se explicaba el por que.
—Yo sé algunas cosas —dijo—. Puedo hacer cuentas y todo eso.
Pero Hagrid simplemente agitó la mano.
—Me refiero a nuestro mundo. Tu mundo. Mi mundo. El mundo de tus padres.
—¿Qué mundo?
-Hagrid ya lo ha dicho -dijo Will-. Vuestro mundo, su mundo, tu mundo, el mundo de tus padres.
-Will, corta el rollo -dijo Emily, sacando la varita. Will se encogió en su sitio-. Y más te vale no hablar el resto del capítulo.
El joven Black asintió asustado, mientras los Weasley varones lo miraban con simpatía. Sabían que era tener una hermana con carácter bipolar.
Hagrid lo miró como si fuera a estallar.
—¡DURSLEY! —bramó.
Tío Vernon, que estaba muy pálido, susurró algo que sonaba como mimblewimble.
-¿Como conoce un muggle como ese el encantamiento de la lengua atada? -pregunto Ron.
-Petunia se lo habrá oído a Lily, era su encantamiento favorito -dijo Sirius.
-¿En serio? -preguntó Harry, feliz por saber algo de su madre.
-Si, lo usaba con tu padre muchas veces -respondió Sally, sonriendo con nostalgia.
Harry sonrió ante la mención de sus padres, pero estaba confuso. ¿Por que su madre iba a encantar a su padre?
Hagrid, enfurecido, contempló a Harry.
—Pero tú tienes que saber algo sobre tu madre y tu padre —dijo—. Quiero decir,
ellos son famosos. Tú eres famoso.
—¿Cómo? ¿Mi madre y mi padre... eran famosos? ¿En serio?
-Por desgracia -susurro Harry.
Remus y Sirius se miraron. Ambos sabían que a James le hubiera encantado ser famoso, pero no por su muerte ni la de su esposa.
—No sabías... no sabías... —Hagrid se pasó los dedos por el pelo, clavándole una
mirada de asombro—. ¿De verdad no sabes lo que ellos eran? —dijo por último.
De pronto, tío Vernon recuperó la voz.
-¿No se puede callar? -preguntó Ginny, más que harta de Vernon.
—¡Deténgase! —ordenó—. ¡Deténgase ahora mismo, señor! ¡Le prohíbo que le
diga nada al muchacho!
-Tu no eres nadie para prohibirle algo a Hagrid -dijo Sirius.
Un hombre más valiente que Vernon Dursley se habría acobardado ante la mirada
furiosa que le dirigió Hagrid. Cuando éste habló, temblaba de rabia.
—¿No se lo ha dicho? ¿No le ha hablado sobre el contenido de la carta que
Dumbledore le dejó?
Harry se pregunto si la carta aun estaría en casa de sus tios, aunque duda que estuviera.
¡Yo estaba allí! ¡Vi que Dumbledore la dejaba, Dursley! ¿Y se la
ha ocultado durante todos estos años?
—¿Qué es lo que me han ocultado? —dijo Harry en tono anhelante.
-Solo la verdad -dijo Harry con resentimiento.
—¡DETÉNGASE! ¡SE LO PROHÍBO! —rugió tío Vernon aterrado.
Tía Petunia dejó escapar un gemido de horror.
—Voy a romperles la cabeza
-Hazlo -pidieron los bromistas.
—dijo Hagrid—. Harry debes saber que eres un
mago.
Se hizo un silencio en la sala. El primero en romperlo fue Will, quien soltó una carcajada.
-Buena esa, Hagrid. Directo a la yugular -dijo.
Se produjo un silencio en la cabaña. Sólo podía oírse el mar y el silbido del viento.
—¿Qué soy qué? —dijo Harry con voz entrecortada.
-Colega, no solo tienes mal la vista, sino también el oído -dijo Ron.
-Muy gracioso Ron -dijo Harry con sarcasmo.
—Un mago —respondió Hagrid, sentándose otra vez en el sofá, que crujió y se
hundió—. Y muy bueno, debo añadir, en cuanto te hayas entrenado un poco.
-Sin dudas -dijo Remus-. He sido profesor tuyo, y tus notas no están mal.
-Gracias, Remus -dijo Harry, sonriendo.
Con unos padres como los tuyos ¿qué otra cosa podías ser?
-Cierto -dijeron Sirius y Sally a la vez.
Y creo que ya es hora de que leas la carta.
Harry extendió la mano para coger, finalmente, el sobre amarillento, dirigido, con
tinta verde esmeralda al «Señor H. Potter, El Suelo de la Cabaña en la Roca, El Mar».
Sacó la carta y leyó:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
Director: Albus Dumbledore
(Orden de Merlín, Primera Clase,
Gran Hechicero, Jefe de Magos,
Jefe Supremo, Confederación
Internacional deMagos).
-Dumby, creo que tendrían que dejar de darte títulos o a este paso necesitareis mandar dos cartas -dijo Sirius.
-Creo que tienes razón, Sirius -dijo Dumbledore sonriendo.
Querido señor Potter:
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el
Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe la lista del equipo y los libros
necesarios.
Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del
31 de julio.
-Justo a tiempo -susurro Sally.
Muy cordialmente, Minerva McGonagall
Directora adjunta
Las preguntas estallaban en la cabeza de Harry como fuegos artificiales, y no sabía
cuál era la primera. Después de unos minutos, tartamudeó:
—¿Qué quiere decir eso de que esperan mi lechuza?
-¿En serio? -preguntó Emily-. ¿Te dicen que eres mago y lo primero que preguntas es eso?
-Tenia once años -se defendió Harry.
—Gorgonas galopantes, ahora me acuerdo —dijo Hagrid, golpeándose la frente
con tanta fuerza como para derribar un caballo.
Todos rieron ante la imagen mental.
De otro bolsillo sacó una lechuza (una
lechuza de verdad, viva y con las plumas algo erizadas),
La mayoría abrió los ojos asombrados.
-¿En serio tenia una lechuza en el bolsillo? -preguntó Emily.
-Si, hija, si -respondió Sirius-. Hagrid tiene de todo en los bolsillos.
-Hagrid es Doraemon -dijo Will, divertido.
-¿Quien es Doraemon? -preguntó Neville.
-Luego te lo explico, Nev -dijo Will, antes de que Emily o Hermione dijeran algo. Neville sonrió ante el mote que Will le había puesto.
una gran pluma y un rollo de pergamino. Con la lengua entre los dientes, escribió una nota que Harry pudo leer al revés.
Quienes conocían la letra de Hagrid, miraron a Harry con asombro.
Querido señor Dumbledore:
Entregué a Harry su carta. Lo llevo mañana a comprar sus cosas.
El tiempo es horrible. Espero que usted esté bien.
Hagrid
Hagrid enrolló la nota y se la dio a la lechuza, que la cogió con el pico. Después
fue hasta la puerta y lanzó a la lechuza en la tormenta. Entonces volvió y se sentó,
como si aquello fuera tan normal como hablar por teléfono.
-Para él es normal, Cachorro -dijo Sirius.
-Ahora lo sé, Sirius -dijo Harry.
Harry se dio cuenta de que tenía la boca abierta y la cerró rápidamente.
—¿Por dónde iba? —dijo Hagrid. Pero en aquel momento tío Vernon, todavía con
el rostro color ceniza, pero muy enfadado, se acercó a la chimenea.
—Él no irá —dijo.
-Me gustaría ver como intenta que mi ahijado no vaya -dijo Sally.
Hagrid gruñó.
—Me gustaría ver a un gran muggle como usted deteniéndolo a él —dijo.
—¿Un qué? —preguntó interesado Harry.
Hermione iba a responder, pero Ron le tapo la boca con la mano.
-Seguro que el libro lo explica.
—Un muggle—respondió Hagrid—. Es como llamamos a la gente «no-mágica»
-¿Lo ves? -dijo Ron.
como ellos. Y tuviste la mala suerte de crecer en una familia de los más grandes
muggles que haya visto.
—Cuando lo adoptamos, juramos que íbamos a detener toda esa porquería —dijo
tío Vernon—. ¡Juramos que la íbamos a sacar de él! ¡Un mago, ni más ni menos!
-Es mejor ser un mago que no un subnormal como tu -dijo Will.
-¡Will! ¡Cuida tu lenguaje! -dijo Sally.
-Perdón.
—¿Vosotros lo sabíais? —preguntó Harry—. ¿Vosotros sabíais que yo era... un
mago?
—¡Saber! —chilló de pronto tía Petunia—. ¡Saber! ¡Por supuesto que lo sabíamos!
¿Cómo no ibas a serlo, siendo lo que era mi condenada hermana?
-¡Lily era mejor que tu! -gritaron Sirius, Remus y Sally.
Oh, ella recibió una carta como ésta de ese... ese colegio, y desapareció, y volvía a casa para las vacaciones con los bolsillos llenos de ranas, y convertía las tazas de té en ratas.
-Espera, no me creo que la prefecta perfecta de Evans hiciera magia fuera de la escuela.
-Los hijos de los muggles tienen un permiso del ministerio para hacer magia fuera de la escuela durante un día -respondió Sally.
-Yo era la única que la veía tal como era: ¡una monstruosidad!
Pero para mi madre y mi padre, oh no, para ellos era «Lily hizo esto» y «Lily hizo esto otro». ¡Estaban orgullosos de tener una bruja en la familia!
Se detuvo para respirar profundamente y luego continuó. Parecía que hacía años
que deseaba decir todo aquello.
—Luego conoció a ese Potter en el colegio y se fueron y se casaron y te tuvieron a
ti, y por supuesto que yo sabía que ibas a ser igual, igual de raro, un... un anormal.
¡Y luego, como si no fuera poco, hubo esa explosión y nosotros tuvimos que quedarnos contigo!
-Cinco galeones a que a Cachorro no se le escapa el cambio de version -susurro Sirius a Remus.
-Sirius, nadie es tan tonto como para tomar esa apuesta.
Harry se había puesto muy pálido. Tan pronto como recuperó la voz, preguntó:
—¿Explosión? ¡Me dijisteis que habían muerto en un accidente de coche!
-¡LO DIJE! -gritó Sirius.
-Y yo dije que nadie te tomaría la apuesta, así que no ganas nada -dijo Remus.
-Mierda -susurro Sirius. Por suerte nadie lo escuchó.
—¿ACCIDENTE DE COCHE? —rugió Hagrid dando un salto, tan enfadado que
los Dursley volvieron al rincón—. ¿Cómo iban a poder morir Lily y James Potter en un accidente de coche? ¡Eso es un ultraje! ¡Un escándalo! ¡Que Harry Potter no conozca su propia historia, cuando cada chico de nuestro mundo conoce su nombre!
-Ojala no lo hicieran -dijo Harry con tristeza. Ginny le cogio de la mano y Harry le sonrió.
—Pero ¿por qué? ¿Qué sucedió? —preguntó Harry con tono de apremio.
La furia se desvaneció del rostro de Hagrid. De pronto parecía nervioso.
—Nunca habría esperado algo así —dijo en voz baja y con aire preocupado—. No
tenía ni idea. Cuando Dumbledore me dijo que podía tener problemas para llegar a ti, no sabía que sería hasta este punto. Ah, Harry, no sé si soy la persona apropiada para decírtelo, pero alguien debe hacerlo. No puedes ir a Hogwarts sin saberlo.
-Gred, ¿te imaginas a Harry que hubiera ido a Hogwarts sin saber su historia? -preguntó George.
-Me habría pasado el día preguntando a la gente porque me señalaba -dijo Harry sonriendo.
Lanzó una mirada despectiva a los Dursley.
—Bueno, es mejor que sepas todo lo que yo puedo decirte... porque no puedo
decírtelo todo. Es un gran misterio, al menos una parte...
Se sentó, miró fijamente al fuego durante unos instantes, y luego continuó.
—Comienza, supongo, con... con una persona llamada... pero es increíble que no
sepas su nombre, todos en nuestro mundo lo saben...
-Conocen a Voldemort incluso en Estados Unidos -dijo Will.
-Will, creo que a Voldemort lo conocen hasta en las tribus perdidas del Amazonas -dijo Emily.
Sirius sonrió con orgullo al ver que sus hijos no temian el nombre de Voldemort.
—¿Quién?
—Bueno... no me gusta decir el nombre si puedo evitarlo. Nadie lo dice.
-Yo lo digo, mis hijos lo dicen, Dumbledore lo dice, Remus lo dice, Sally lo dice, Alastor lo dice. Así que ya no es nadie -dijo Sirius.
-Ya, pero él hizo muchas cosas terribles y la gente aún le da miedo -dijo Molly.
-Molly, querida, temer a un nombre solo incrementa el temor de lo nombrado -dijo Dumbledore.
—¿Por qué no?
—Gárgolas galopantes, Harry, la gente todavía tiene miedo.
Vaya, esto es difícil. Mira, estaba ese mago que se volvió... malo. Tan malo como te puedas imaginar. Peor. Peor que peor. Su nombre era...
Hagrid tragó, pero no le salía la voz.
—¿Quiere escribirlo? —sugirió Harry.
—No... no sé cómo se escribe. Está bien... Voldemort.
-Increíble -dijo Sirus-. Harry, tu padre y yo llevamos cinco años intentando que Hagrid diga el nombre, y tu, en menos de una hora de conocerlo, consigues que lo diga.
-¿Que te esperabas, Black? Mi ahijado es el mejor -dijo Sally, quien sonreía con orgullo al hecho de que Hagrid hubiera dicho el nombre de Voldemort.
—Hagrid se estremeció—. No me lo hagas repetir. De todos modos, este... este mago, hace unos veinte años,
comenzó a buscar seguidores. Y los consiguió. Algunos porque le tenían miedo, otros
sólo querían un poco de su poder, porque él iba consiguiendo poder. Eran días negros, Harry. No se sabía en quién confiar, uno no se animaba a hacerse amigo de magos o brujas desconocidos... Sucedían cosas terribles. Él se estaba apoderando de todo. Por supuesto, algunos se le opusieron y él los mató. Horrible. Uno de los pocos lugares seguros era Hogwarts. Hay que considerar que Dumbledore era el único al que Quien -tú- sabes temía. No se atrevía a apoderarse del colegio, no entonces, al menos.
»Ahora bien, tu madre y tú padre eran la mejor bruja y el mejor mago que yo he
conocido nunca. ¡En su época de Hogwarts eran los primeros!
-Sin duda -dijeron Sirius, Sally y Remus a la vez.
Supongo que el misterio es por qué Quien-tú-sabes nunca había tratado de ponerlos de su parte... Probablemente sabía que estaban demasiado cerca de Dumbledore para querer tener algo que ver con el Lado Oscuro.
»Tal vez pensó que podía persuadirlos... O quizá simplemente quería quitarlos de
en medio.
"No era nada de eso" pensó Dumbledore, acordándose de la profecía.
Lo que todos saben es que él apareció en el pueblo donde vosotros vivíais, el día de Halloween, hace diez años. Tú tenías un año. Él fue a vuestra casa y... y...
De pronto, Hagrid sacó un pañuelo muy sucio y se sonó la nariz con un sonido
como el de una corneta.
Las mujeres de la sala tenían lagrimas en los ojos, y los hombres procuraban no llorar.
Harry tenia los ojos cerrados. Sentía las lagrimas en los ojos, pero no las quería dejar salir, así que apretó con mas fuerza la mano de Ginny, que aún la sujetaba. La pelirroja le devolvió el apretón y Harry se sintió mas cómodo.
—Lo siento —dijo—. Pero es tan triste... pensar que tu madre y tu padre, la mejor
gente del mundo que podrías encontrar...
»Quien-tú-sabes los mató. Y entonces... y ése es el verdadero misterio del asunto...
también trató de matarte a ti. Supongo que quería hacer un trabajo limpio, o tal vez, para entonces, disfrutaba matando.
"Solo queria eliminar la amenaza" pensó Dumbledore, quien el brillo característicos de sus ojos había desaparecido.
Pero no pudo hacerlo. ¿Nunca te preguntaste cómo te hiciste esa marca en la frente? No es un corte común. Sucedió cuando una poderosa maldición diabólica te tocó. Fue la que terminó con tu madre, tu padre y la casa, pero no funcionó contigo, y por eso eres famoso, Harry. Nadie a quien él hubiera decidido matar sobrevivió, nadie excepto tú, y eso que acabó con algunas de las mejores brujas y de los mejores magos de la época (los McKinnons, los Bones, los Prewetts...)
Molly se abrazó a Arthur al acordarse de sus hermanos.
y tú eras muy pequeño. Pero sobreviviste.
Algo muy doloroso estaba sucediendo en la mente de Harry. Mientras Hagrid iba
terminando la historia, vio otra vez la cegadora luz verde con más claridad de lo que la había recordado antes y, por primera vez en su vida, se acordó de algo más, de una risa cruel, aguda y fría.
Todos en la sala se estremecieron.
Hagrid lo miraba con tristeza.
—Yo mismo te saqué de la casa en ruinas, por orden de Dumbledore. Y te llevé
con esta gente...
—Tonterías —dijo tío Vernon.
Harry dio un respingo. Casi había olvidado que los Dursley estaban allí.
Lo mismo sucedía en la sala.
-Me pensaba que se habrían largado ya -dijo Tonks, molesta. (Me habia olvidado de la pobre XD)
Tío Vernon parecía haber recuperado su valor. Miraba con rabia a Hagrid y tenía los puños cerrados.
—Ahora escucha esto, chico —gruñó—: acepto que haya algo extraño acerca de ti,
probablemente nada que unos buenos golpes no curen.
-Más vale que no le hagas nada, Vernon Dursley -dijeron Sirius y Sally con una voz que Voldemort hubiera estado orgulloso de ellos.
-Harry, ¿te ha golpeado alguna vez? -preguntó Emily. Harry no respondió, simplemente miro para otro lado.
-¡HIJO DE PUTA! ¡Si lo ha hecho! -gritó Will.
El cuadro de los Dursley quedo irreconocible tras la tanda de maleficios, pero de una cosa estaban seguros en la sala. Vernon Dursley conocería la magia de primera mano.
Y todo eso sobre tus padres...Bien, eran raros, no lo niego y, en mi opinión, el mundo está mejor sin ellos...
-¡Ni te atrevas a decir que el mundo esta mejor sin James ni Lily! -gritaron Sally, Remus y Sirius.
Recibieron lo que buscaban, al mezclarse con esos brujos... Es lo que yo esperaba: siempre supe que iban a terminar mal...
Pero en aquel momento Hagrid se levantó del sofá y sacó de su abrigo un paraguas
rosado. Apuntando a tío Vernon, como con una espada, dijo:
—Le prevengo, Dursley, le estoy avisando, una palabra más y...
Ante el peligro de ser alanceado por la punta de un paraguas empuñado por un
gigante barbudo,
-Cachorro, ese no es el mayor peligro del paraguas -dijo Sirius.
-Sirius, te aseguro de que Dudley lo conoce bien -dijo Harry, riendo.
Todos (menos Ron, Hermione y Dumbledore) lo miraron raro.
el valor de tío Vernon desapareció otra vez. Se aplastó contra la
pared y permaneció en silencio.
-Así está mejor -dijo Ginny.
Remus rió al leer la siguiente linea.
—Así está mejor
Ginny miro al libro asombrada. (Juro que cuando he escrito lo anterior no me había dado cuenta de que debajo ponía lo mismo.)
—dijo Hagrid, respirando con dificultad y sentándose otra vez en
el sofá, que aquella vez se aplastó hasta el suelo.
Todos, en la sala, rieron.
Harry, entre tanto, todavía tenía preguntas que hacer, cientos de ellas.
—Pero ¿qué sucedió con Vol... perdón, quiero decir con Quién-usted-sabe?
-Llámalo Voldemort, Harry -dijo Sally.
-No tengo problema para llamarle por su nombre, aunque me pensaba que decir el nombre de Voldemort era tabú o algo así en el mundo de los magos -respondio Harry.
-Tendría que serlo -susurro Ron a Hermione, quien asintió de acuerdo.
—Buena pregunta, Harry. Desapareció. Se desvaneció. La misma noche que trató
de matarte. Eso te hizo aún más famoso. Ése es el mayor misterio, sabes... Se estaba
volviendo más y más poderoso... ¿Por qué se fue?
»Algunos dicen que murió. No creo que le quede lo suficiente de humano para
morir.
Sirius frunció el ceño ante lo que Hagrid había dicho. Antes de acabar en Azkaban había leído algo sobre una cosa llamada Horrocrux, aunque ahora no se acordaba de donde lo había leído ni de que eran. Solo sabia que era algo muy malo.
Otros dicen que todavía está por ahí, esperando el momento, pero no lo creo. La gente que estaba de su lado volvió con nosotros. Algunos salieron como de un trance.
-Y otros solo lo fingieron -dijo Arthur, acordándose de Lucius Malfoy.
No creen que pudieran volver a hacerlo si él regresara.
»La mayor parte de nosotros cree que todavía está en alguna parte, pero que perdió
sus poderes. Que está demasiado débil para seguir adelante. Porque algo relacionado
contigo, Harry, acabó con él. Algo sucedió aquella noche que él no contaba con que
sucedería, no sé qué fue, nadie lo sabe... Pero algo relacionado contigo lo confundió.
Hagrid miró a Harry con afecto y respeto, pero Harry, en lugar de sentirse
complacido y orgulloso,
"Justo como se habría sentido James" pensó Sirius con nostalgia.
estaba casi seguro de que había una terrible equivocación.
¿Un mago? ¿Él? ¿Cómo era posible? Había estado toda la vida bajo los golpes de Dudley y el miedo que le inspiraban tía Petunia y tío Vernon. Si realmente era un mago, ¿por qué no los había convertido en sapos llenos de verrugas cada vez que lo encerraban en la alacena? Si alguna vez derrotó al más grande brujo del mundo, ¿cómo es que Dudley siempre podía pegarle patadas como si fuera una pelota?
-La magia no funciona así, Harry -dijo Remus con pena.
-Ahora lo sé -respondió Harry mirándolo.
—Hagrid —dijo con calma—, creo que está equivocado. No creo que yo pueda ser
un mago.
Para su sorpresa, Hagrid se rió entre dientes.
—No eres un mago, ¿eh? ¿Nunca haces que sucedan cosas cuando estás asustado o
enfadado?
-Acuérdate de la serpiente -dijo Hermione.
Harry contempló el fuego. Si pensaba en ello... todas las cosas raras que habían
hecho que sus tíos se enfadaran con él, habían sucedido cuando él, Harry, estaba
molesto o enfadado: perseguido por la banda de Dudley, de golpe se había encontrado
fuera de su alcance; temeroso de ir al colegio con aquel ridículo corte de pelo, éste le
había crecido de nuevo y, la última vez que Dudley le pegó, ¿no se vengó de él,
aunque sin darse cuenta de que lo estaba haciendo? ¿No le había soltado encima la
boa constrictor?
-Uno de los mejores actos de magia -dijo Bill sonriendo.
Harry miró de nuevo a Hagrid, sonriendo, y vio que el gigante lo miraba radiante.
—¿Te das cuenta? —dijo Hagrid—. Conque Harry Potter no es un mago... Ya
verás, serás muy famoso en Hogwarts.
-Creo que soy demasiado famoso -dijo Harry con fastidio.
Pero tío Vernon no iba a rendirse sin luchar.
-¿Pero no tiene un botón para apagarlo? -pregunto Will, molesto.
-Te aseguro que no -dijo Harry.
—¿No le hemos dicho que no irá? —dijo con desagrado—. Irá a la escuela secundaria Stonewall y nos dará las gracias por ello.
-No "querido" tío. Te aseguro que no -dijo Harry.
Ya he leído esas cartas y necesitará
toda clase de porquerías: libros de hechizos, varitas y...
—Si él quiere ir, un gran muggle como usted no lo detendrá —gruñó Hagrid—.
¡Detener al hijo de Lily y James Potter para que no vaya a Hogwarts! Está loco.
-Eso ya lo sabíamos -dijo Fred.
Su nombre está apuntado casi desde que nació.
-En verdad esta desde antes -dijo Sally.
Irá al mejor colegio de magia del mundo.
Siete años allí y no se conocerá a sí mismo. Estará con jóvenes de su misma clase, lo
que será un cambio. Y estará con el más grande director que Hogwarts haya tenido:
Albus Dumbled...
—¡NO VOY A PAGAR PARA QUE ALGÚN CHIFLADO VIEJO TONTO LE
ENSEÑE TRUCOS DE MAGIA! —gritó tío Vernon.
-Bueno -dijo Sirius, poniéndose de pie-. Guardemos un minuto de silencio para Vernon Dursley. Una gran (en el sentido literal de la palabra) persona, que cometió el error de insultar a Dumby delante de Hagrid.
Pero aquella vez había ido demasiado lejos. Hagrid empuñó su paraguas y lo agitó
sobre su cabeza.
—¡NUNCA... —bramó— INSULTE-A-ALBUS-DUMBLEDORE-EN-MI-PRESENCIA!
Agitó el paraguas en el aire para apuntar a Dudley. Se produjo un relámpago de luz
violeta, un sonido como de un petardo, un agudo chillido y, al momento siguiente,
Dudley saltaba, con las manos sobre su gordo trasero, mientras gemía de dolor.
Cuando les dio la espalda, Harry vio una rizada cola de cerdo que salía a través de un
agujero en los pantalones.
Los bromistas empezaron a reir. Dumbledore tenia los ojos brillando por la diversión El resto de la sala sonreía ante lo ocurrido.
-Nota mental: no insultar a Albus Dumbledore delante de Hagrid a menos que quieras sufrir -dijo Will, con lagrimas en los ojos por la risa.
Tío Vernon rugió. Empujó a tía Petunia y a Dudley a la otra habitación, lanzó una
última mirada aterrorizada a Hagrid y cerró con fuerza la puerta detrás de ellos.
Hagrid miró su paraguas y se tiró de la barba.
—No debería enfadarme —dijo con pesar—, pero a lo mejor no ha funcionado.
Quise convertirlo en un cerdo, pero supongo que ya se parece mucho a un cerdo y no
había mucho por hacer.
Todos seguían riendo.
Miró de reojo a Harry, bajo sus cejas pobladas.
—Te agradecería que no le mencionaras esto a nadie de Hogwarts —dijo—. Yo...
bien, no me está permitido hacer magia, hablando estrictamente. Conseguí permiso
para hacer un poquito, para que te llegaran las cartas y todo eso... Era una de las
razones por las que quería este trabajo...
—¿Por qué no le está permitido hacer magia? —preguntó Harry.
—Bueno... yo fui también a Hogwarts y, si he de ser franco, me expulsaron.
-¿Por que lo expulsaron? -preguntó Emily.
-Solo Dumby lo sabe, hija -respondió Sirius.
-Dumbledore y nosotros tres -replico Harry-. Y supongo que saldrá en el segundo libro. Sino sale ahí, yo te lo explico.
-Vale -acepto Sirius.
En el tercer año. Me rompieron la varita en dos. Pero Dumbledore dejó que me quedara
como guardabosques. Es un gran hombre.
—¿Por qué lo expulsaron?
—Se está haciendo tarde y tenemos muchas cosas que hacer mañana
-Típico de Hagrid. Cambiar de tema para evitar hablar de su expulsión -dijo Charlie sonriendo.
—dijo Hagrid
en voz alta—. Tenemos que ir a la ciudad y conseguirte los libros y todo lo demás.
Se quitó su grueso abrigo negro y se lo entregó a Harry
—Puedes taparte con esto —dijo—. No te preocupes si algo se agita. Creo que
todavía tengo lirones en un bolsillo.
-Definitivamente Hagrid es Doraemon -dijo Emily, divertida.
-Este es el final del capítulo -anunció Remus, dejando el libro sobre la mesa.
Siento el retraso, pero ya sabeis examenes.
Aun estoy liado con ellos, pero he decidido subir esto para evitar que la gente piense que he muerto. XD.
Intentare públicar lo más rápido posible.
Se despide,
Grytherin18
