-Fred, te toca leer -dijo Molly, mirando a uno de los gemelos.

-No soy Fred, soy George -dijo el gemelo al cual estaba mirando.

-Perdona, George -dijo Molly.

-Es una broma, yo soy Fred -Fred comenzó a reír junto a George.

-¡Fred Fabian Weasley, lee de una vez! -gritó Molly.

-Vale, mamá -dijo Fred, pálido-. Halloween.

Harry gruñó. Odiaba ese día, por ser el día en que sus padres habían muerto. Ginny, quien se dio cuenta de la reacción de Harry, le cogió la mano.

Malfoy no podía creer lo que veían sus ojos, cuando vio que Harry y Ron todavía estaban en Hogwarts al día siguiente, con aspecto cansado pero muy alegres.

-Me hubiera encantado verle -dijo Will con una sonrisa.

-Fue genial -dijo Ron con una sonrisa. Harry, a su lado, asintió.

En realidad, por la mañana Harry y Ron pensaron que el encuentro con el perro de tres cabezas había sido una excelente aventura, y ya estaban preparados para tener otra.

-¡Ni se os ocurra! -gritaron las dos madres de la sala. Los dos adolescentes se encogieron en su sitio.

Mientras tanto, Harry le habló a Ron del paquete que había sido llevado de Gringotts a Hogwarts, y pasaron largo rato preguntándose qué podía ser aquello para necesitar una protección así.

-Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Sirius.

-O las dos cosas—opinó Will.

—Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Ron.

—O las dos cosas—opinó Harry.

Ron y Harry miraban sorprendidos a Sirius y Will.

Pero como lo único que sabían con seguridad del misterioso objeto era que tenía unos cinco centímetros de largo, no tenían muchas posibilidades de adivinarlo sin otras pistas.

-Es la piedra filosofal -dijo Sirius.

-Muy bien, Canuto -dijo Remus-. Y los has deducido no por el hecho de que el titulo del libro sea la piedra filosofal, ¿cierto?

Todos se rieron del puchero que hizo el animago, pero Sally no pudo evitar pensar que se veía adorable con ese puchero.

Ni Neville ni Hermione demostraron el menor interés en lo que había debajo del perro y la trampilla.

-Bien hecho -dijo Sally.

Lo único que le importaba a Neville era no volver a acercarse nunca más al animal.

-Alguien con sentido común -dijo Molly, sonriendole al chico.

Hermione se negaba a hablar con Harry y Ron, pero como era una sabihonda mandona, los chicos lo consideraron como un premio.

-¡Au! -se quejaron Harry y Ron, cuando Ginny y Hermione les dieron un puñetazo.

Lo que realmente deseaban en aquel momento era poder vengarse de Malfoy y, para su gran satisfacción, la posibilidad llegó una semana más tarde, por correo. Mientras las lechuzas volaban por el Gran Comedor, como de costumbre, la atención de todos se fijó de inmediato en un paquete largo y delgado, que llevaban seis lechuzas blancas.

Todos, menos los que ya sabían lo que llevaba el paquete, fruncieron el ceño.

Harry estaba tan interesado como los demás en ver qué contenía, y se sorprendió mucho cuando las lechuzas bajaron y dejaron el paquete frente a él, tirando al suelo su tocino.

-Espera un momento -susurró Will para si mismo-. Eso no sera...

Se estaban alejando, cuando otra lechuza dejó caer una carta sobre el paquete.

Harry abrió el sobre para leer primero la carta y fue una suerte, porque decía:

NO ABRAS EL PAQUETE EN LA MESA Contiene tu nueva Nimbus 2.000,

-¡Lo sabía! -gritó Will, sobresaltando a todo el mundo. Este, sin darse cuenta de las miradas asesinas de su hermana y Harry por gritarles en el oido, comenzó a bailar de forma rídicula. Sirius y los gemelos se unieron a él.

Tras unos minutos, pudieron seguir leyendo.

pero no quiero que todos sepan que te han comprado una escoba, porque

también querrán una. Oliver Wood te esperará esta noche en el campo de

quidditch a las siete, para tu primera sesión de entrenamiento.

Profesora McGonagall

Harry tuvo dificultades para ocultar su alegría, mientras le alcanzaba la nota a Ron.

—¡Una Nimbus 2.000! —gimió Ron con envidia—.

-¿Te diste cuenta? -preguntó Ron, avergonzado. Harry asintió.

Yo nunca he tocado ninguna.

Salieron rápidamente del comedor para abrir el paquete en privado, antes de la primera clase, pero a mitad de camino se encontraron con Crabbe y Goyle, que les cerraban el camino.

-Genial -dijo Ginny-. Malfoy no debe andar lejos.

-Por supuesto. Las mascotas tienen que ir con sus dueños -dijo Harry.

Malfoy le quitó el paquete a Harry y lo examinó.

—Es una escoba

-Este tío es un genio -dijo Will sarcásticamente.

—dijo, devolviéndoselo bruscamente, con una mezcla de celos y rencor en su cara

-Fastidiate, malcriado -dijo Sirius con burla.

-Black, no seas malhablado -le regaño Sally.

—. Esta vez lo has hecho, Potter. Los de primer año no tienen permiso para tener una.

Ron no pudo resistirse.

—No es ninguna escoba vieja —dijo—. Es una Nimbus 2.000. ¿Cuál dijiste que tenías en casa, Malfoy, una Comet 260? —Ron rió con aire burlón—. Las Comet parecen veloces, pero no tienen nada que hacer con las Nimbus.

—¿Qué sabes tú, Weasley, si no puedes comprar ni la mitad del palo? —replicó Malfoy—. Supongo que tú y tus hermanos tenéis que ir reuniendo la escoba ramita a ramita.

-Maldito crío -dijeron algunos en la sala. Los Weasley tenían las orejas rojas. Harry apretó la mano de Ginny para tranquilizarla.

Antes de que Ron pudiera contestarle, el profesor Flitwick apareció detrás de Malfoy.

—No os estaréis peleando, ¿verdad, chicos? —preguntó con voz chillona.

—A Potter le han enviado una escoba, profesor —dijo rápidamente Malfoy.

-Chivato -dijo Luna.

—Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor Flitwick,

-Seguro que Malfoy no se esperaba eso -dijo Neville, divertido.

mirando radiante a Harry—. La profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales, Potter. ¿Y qué modelo es?

—Una Nimbus 2.000, señor —dijo Harry, tratando de no reír ante la cara de horror de Malfoy

En la sala ocurría lo contrario.

—. Y realmente es gracias a Malfoy que la tengo.

Harry y Ron subieron por la escalera, conteniendo la risa ante la evidente furia y confusión de Malfoy.

—Bueno, es verdad —continuó Harry cuando llegaron al final de la escalera de mármol—. Si él no hubiera robado la Recordadora de Neville, yo no estaría en el equipo...

-No me recuerdes que le debo la entrada de mi ahijado al equipo a Malfoy -suplicó Sirius.

—¿Así que crees que es un premio por quebrantar las reglas? —Se oyó una voz irritada a sus espaldas. Hermione subía la escalera, mirando con aire de desaprobación el paquete de Harry.

—Pensaba que no nos hablabas —dijo Harry.

—Sí, continúa así —dijo Ron—. Es mucho mejor para nosotros.

-Idiotas -dijeron Emily y Ginny.

Hermione se alejó con la nariz hacia arriba.

Durante aquel día, Harry tuvo que esforzarse por atender a las clases. Su mente volvía al dormitorio, donde su escoba nueva estaba debajo de la cama, o se iba al campo de quidditch,

-Como James -dijeron Sirius y Remus con nostalgia.

donde aquella misma noche aprendería a jugar. Durante la cena comió sin darse cuenta de lo que tragaba, y luego se apresuró a subir con Ron, para sacar; por fin, a la Nimbus 2.000 de su paquete.

—Oh —suspiró Ron, cuando la escoba rodó sobre la colcha de la cama de Harry.

Hasta Harry, que no sabía nada sobre las diferencias en las escobas, pensó que parecía maravillosa. Pulida y brillante, con el mango de caoba, tenía una larga cola de ramitas rectas y, escrito en letras doradas: «Nimbus 2.000».

Todos los amantes del quidditch babeaban por la escoba.

Cerca de las siete, Harry salió del castillo y se encaminó hacia el campo de quidditch. Nunca había estado en aquel estadio deportivo. Había cientos de asientos elevados en tribunas alrededor del terreno de juego, para que los espectadores estuvieran a suficiente altura para ver lo que ocurría. En cada extremo del campo había tres postes dorados con aros en la punta. Le recordaron los palitos de plástico con los que los niños muggles hacían burbujas,

-¿Para que quieren hacer burbujas los niños muggles? -preguntó Ron, confuso.

-Por diversión -respondió Hermione.

sólo que éstos eran de quince metros de alto. Demasiado deseoso de volver a volar antes de que llegara Wood, Harry montó en su escoba y dio una patada en el suelo. Qué sensación. Subió hasta los postes dorados y luego bajó con rapidez al terreno de juego. La Nimbus 2.000 iba donde él quería con sólo tocarla.

—¡Eh, Potter, baja!

Había llegado Oliver Wood. Llevaba una caja grande de madera debajo del brazo.

Harry aterrizó cerca de él.

—Muy bonito —dijo Wood, con los ojos brillantes—. Ya veo lo que quería decir McGonagall, realmente tienes un talento natural. Voy a enseñarte las reglas esta noche y luego te unirás al equipo, para el entrenamiento, tres veces por semana.

-Eso es un entrenamiento normal, y no el que nos hacía hacer James -dijo Sirius.

-¿Que entrenamiento os hacía mi padre? -preguntó Harry.

-Entrenamiento todos los días -respondió Sirius.

Abrió la caja. Dentro había cuatro pelotas de distinto tamaño.

—Bueno —dijo Wood—. El quidditch es fácil de entender; aunque no tan fácil de jugar. Hay siete jugadores en cada equipo. Tres se llaman cazadores.

Ginny sonrío. La posición de cazadora le encantaba.

—Tres cazadores —repitió Harry, mientras Wood sacaba una pelota rojo brillante, del tamaño de un balón de fútbol.

—Esta pelota se llama quaffle —dijo Wood—. Los cazadores se tiran la quaffle y tratan de pasarla por uno de los aros de gol. Obtienen diez puntos cada vez que la quaffle pasa por un aro. ¿Me sigues?

—Los cazadores tiran la quaffle y la pasan por los aros de gol —recitó Harry—. Entonces es una especie de baloncesto, pero con escobas y seis canastas.

-¿Que es el baloncesto? -preguntó Charlie.

—¿Qué es el baloncesto? —preguntó Wood.

—Olvídalo —respondió rápidamente Harry.

Charlie hizo un puchero.

—Hay otro jugador en cada lado, que se llama guardián. Yo soy guardián de Gryffindor. Tengo que volar alrededor de nuestros aros y detener los lanzamientos del otro equipo.

—Tres cazadores y un guardián —dijo Harry, decidido a recordarlo todo—. Y juegan con la quaffle. Perfecto, ya lo tengo. ¿Y para qué son ésas? —Señaló las tres pelotas restantes.

—Ahora te lo enseñaré —dijo Wood—. Toma esto.

Dio a Harry un pequeño palo, parecido a un bate de béisbol.

-No vamos a contestar -dijo Emily al ver que algunos abrían la boca para responder.

—Voy a enseñarte para qué son—dijo Wood—. Esas dos son las bludgers.

Enseñó a Harry dos pelotas idénticas, pero negras y un poco más pequeñas que la roja quaffle. Harry notó que parecían querer escapar de las tiras que las sujetaban dentro de la caja.

—Quédate atrás —previno Wood a Harry. Se inclinó y soltó una de las bludgers.

-¡No le ha explicado lo que tiene que hacer! -gritó Sally.

-Pero si es lógico -dijo Sirius, confuso.

De inmediato, la pelota negra se elevó en el aire y se lanzó contra la cara de Harry.

Harry la rechazó con el bate,

-¿Lo ves? -preguntó Sirius a Sally.

-Seguro que lo ha hecho para evitar que le rompa la nariz -dijo la otra.

para impedir que le rompiera la nariz,

-¿Lo ves? -se burló Sally. Sirius se cruzó de brazos, enfadado.

y la mandó volando por el aire. Pasó zumbando alrededor de ellos y luego se tiró contra Wood, que se las arregló para sujetarla contra el suelo.

—¿Ves? —dijo Wood jadeando, metiendo la pelota en la caja a la fuerza y asegurándola con las tiras—. Las bludgers andan por ahí, tratando de derribar a los jugadores de las escobas. Por eso hay dos golpeadores en cada equipo (los gemelos Weasley son los nuestros).

Fred dejó de leer para hacer una reverencia junto a George.

Su trabajo es proteger a su equipo de las bludgers y desviarlas hacia el equipo contrario. ¿Lo has entendido?

—Tres cazadores tratan de hacer puntos con la quaffle, el guardián vigila los aros y los golpeadores mantienen alejadas las bludgers de su equipo —resumió Harry.

—Muy bien —dijo Wood.

—Hum... ¿han matado las bludgers alguna vez a alguien? —preguntó Harry, deseando que no se le notara la preocupación.

-No te preocupes, Cachorro -dijo Sirius-. Solo algunas mandíbulas rotas. Sobretodo en Gryffindor.

-Porque Black estaba demasiado ocupado ligando con las jugadoras del equipo contrario como para defender al equipo -dijo Sally, celosa. Algo que Sirius noto.

-¿Celosa, Jones? -preguntó Black.

-En tus sueños -respondió Sally.

—Nunca en Hogwarts. Hemos tenido algunas mandíbulas rotas, pero nada peor hasta ahora. Bueno, el último miembro del equipo es el buscador. Ese eres tú. Y no tienes que preocuparte por la quaffle o las bludgers...

—A menos que me rompan la cabeza.

-Parece que no confías en nosotros -dijo George.

—Tranquilo, los Weasley son los oponentes perfectos para las bludgers. Quiero decir que ellos son como una pareja de bludgers humanos.

Wood buscó en la caja y sacó la última pelota. Comparada con las otras, era pequeña, del tamaño de una nuez grande. Era de un dorado brillante y con pequeñas alas plateadas.

—Esta dorada —continuó Wood— es la snitch. Es la pelota más importante de todas. Cuesta mucho de atrapar por lo rápida y difícil de ver que es. El trabajo del buscador es atraparla. Tendrás que ir y venir entre cazadores, golpeadores, la quaffle y las bludgers, antes de que la coja el otro buscador, porque cada vez que un buscador la atrapa, su equipo gana ciento cincuenta puntos extra, así que prácticamente acaba siendo el ganador. Por eso molestan tanto a los buscadores. Un partido de quidditch sólo termina cuando se atrapa la snitch, así que puede durar muchísimo. Creo que el récord fue tres meses.

-Dos meses y veintisiete días -puntualizó Remus. Al ver la cara de todos, se encogió de hombros y dijo:

-Compartir dormitorio con personas que solo hablan de eso, se te acaba pegando algo.

Tenían que traer sustitutos para que los jugadores pudieran dormir...Bueno, eso es todo. ¿Alguna pregunta?

Harry negó con la cabeza. Entendía muy bien lo que tenía que hacer; el problema era conseguirlo.

—Todavía no vamos a practicar con la snitch —dijo Wood, guardándola con cuidado en la caja—. Está demasiado oscuro y podríamos perderla. Vamos a probar con unas pocas de éstas.

Sacó una bolsa con pelotas de golf de su bolsillo y, unos pocos minutos más tarde, Wood y Harry estaban en el aire. Wood tiraba las pelotas de golf lo más fuertemente que podía en todas las direcciones, para que Harry las atrapara. Éste no perdió ni una y Wood estaba muy satisfecho.

-Bien hecho, Cachorro -aplaudió Sirius. Harry estaba rojo de la vergüenza al ver que todos le felicitaban.

Después de media hora se hizo de noche y no pudieron continuar.

—La copa de quidditch llevará nuestro nombre este año —dijo Wood lleno de alegría mientras regresaban al castillo—. No me sorprendería que resultaras ser mejor jugador que Charlie Weasley. Él podría jugar en el equipo de Inglaterra si no se hubiera ido a cazar dragones.

Molly suspiró. Odiaba que su hijo trabajara en algo tan peligroso, pero también sabía que no podía hacerle cambiar de idea, ya que ha su hijo le encantaba el trabajo que hacía.

Tal vez fue porque estaba ocupado tres noches a la semana con las prácticas de quidditch, además de todo el trabajo del colegio, la razón por la que Harry se sorprendió al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts. El castillo era mucho más su casa de lo que nunca había sido Privet Drive.

Todos maldicieron mentalmente a los Dursley.

Sus clases, también, eran cada vez más interesantes, una vez aprendidos los principios básicos.

En la mañana de Halloween

Harry, Ron y Hermione se miraron recordando lo que pasó ese día.

se despertaron con el delicioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasillos. Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, algo que todos se morían por hacer; desde que vieron cómo hacía volar el sapo de Neville. El profesor Flitwick puso a la clase por parejas para que practicaran. La pareja de Harry era Seamus Finnigan (lo que fue un alivio, porque Neville había tratado de llamar su atención).

-Lo siento, Neville -dijo Harry, antes de que Ginny le golpeara.

Ron, sin embargo, tuvo que trabajar con Hermione Granger. Era difícil decir quién estaba más enfadado de los dos.

-En realidad es imposible de decir -dijo Harry, mientras que sus amigos enrojecían.

La muchacha no les hablaba desde el día en que Harry recibió su escoba.

—Y ahora no os olvidéis de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando —dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros, como de costumbre—. Agitar y golpear; recordad, agitar y golpear. Y pronunciar las palabras mágicas correctamente es muy importante también, no os olvidéis nunca del mago Baruffio, que dijo «ese» en lugar de «efe» y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.

-Eso no es cierto -dijo Sirius.

-Nosotros lo hicimos y no cayó nada -dijo Remus.

-¿En serio que lo intentasteis? -preguntó Sally, riéndose. Remus se sonrojo, pero Sirius la miró muy digno y dijo:

-Eso ríete, ríete de la desgracia de tres niños inocentes que lo único que querían es que un búfalo le cayese a la cabeza.

Toda la sala comenzó a reír como loca.

Era muy difícil.

-Pero si es muy fácil -dijo Emily asombrada.

Harry y Seamus agitaron y golpearon, pero la pluma que debía volar hasta el techo no se movía del pupitre. Seamus se puso tan impaciente que la pinchó con su varita y le prendió fuego,

Harry, Ron, Hermione y Neville se rieron.

-Solo Seamus -dijeron los cuatro.

y Harry tuvo que apagarlo con su sombrero.

Ron, en la mesa próxima, no estaba teniendo mucha más suerte.

—¡Wingardium leviosa! —gritó, agitando sus largos brazos como un molino.

—Lo estás diciendo mal. —Harry oyó que Hermione lo reñía—. Es Win-gar-dium levi-o-sa, pronuncia gar más claro y más largo.

—Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Ron con rabia.

-Jamas, jamas, jamas; le digas a un futuro prefecto perfecto que haga algo que sabes que lo hará bien -dijo Sirius, mirando a Ron fijamente.

Hermione se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus cabezas.

—¡Oh, bien hecho! —gritó el profesor Flitwick, aplaudiendo—. ¡Mirad, Hermione Granger lo ha conseguido!

Al finalizar la clase, Ron estaba de muy mal humor.

—No es raro que nadie la aguante —dijo a Harry, cuando se abrían paso en el pasillo—. Es una pesadilla, te lo digo en serio.

-¡Ronald! -gritó Molly horrorizada.

Alguien chocó contra Harry. Era Hermione. Harry pudo ver su cara y le sorprendió ver que estaba llorando.

—Creo que te ha oído.

—¿Y qué? —dijo Ron, aunque parecía un poco incómodo—. Ya debe de haberse dado cuenta de que no tiene amigos.

El corazón de Hermione se encogió al oír eso. La primera vez, eso no lo había escuchado, y oírlo ahora le sentaba fatal.

-Hermione -trató Ron de hablar con ella, pero Hermione se encogió en el sitio y no le dijo nada.

Hermione no apareció en la clase siguiente y no la vieron en toda la tarde. De camino al Gran Comedor, para la fiesta de Halloween, Harry y Ron oyeron que Parvati Patil le decía a su amiga Lavender que Hermione estaba llorando en el cuarto de baño de las niñas y que deseaba que la dejaran sola.

Ron se encogió en el sitio al notar la mirada furiosa de las mujeres en la sala.

Ron pareció más molesto aún,

Molly sonrío. Al parecer su hijo se daba cuenta del error que había cometido.

pero un momento más tarde habían entrado en el Gran Comedor; donde las decoraciones de Halloween les hicieron olvidar a Hermione.

-¡Sois idiotas! -gritaron Ginny y Emily; la primera soltó su mano del agarre de Harry y la segunda le dio a Ron un golpe en la nuca.

Mil murciélagos aleteaban desde las paredes y el techo, mientras que otro millar más pasaba entre las mesas, como nubes negras, haciendo temblar las velas de las calabazas. El festín apareció de pronto en los platos dorados, como había ocurrido en el banquete de principio de año.

Harry se estaba sirviendo una patata con su piel,

Sirius, Will y Ron se pusieron a babear.

cuando el profesor Quirrell llegó rápidamente al comedor; con el turbante torcido y cara de terror.

-Vaya profesor -dijo Tonks.

Todos lo contemplaron mientras se acercaba al profesor Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa y jadeaba:

—Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.

Y se desplomó en el suelo.

-Cobarde -dijo toda la sala.

Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el profesor Dumbledore tuvo que hacer salir varios fuegos artificiales de su varita.

-Parece que Dumby usa nuestro truco, Lunático -dijo Sirius, sonriendole al director, al cual le brillaban los ojos por la diversión.

—Prefectos —exclamó—, conducid a vuestros grupos a los dormitorios, de inmediato.

Percy estaba en su elemento.

Percy enrojeció al ver que todos se reían.

—¡Seguidme! ¡Los de primer año, manteneos juntos! ¡No necesitáis temer al trol si seguís mis órdenes! Ahora, venid conmigo. Haced sitio, tienen que pasar los de primer año. ¡Perdón, soy un prefecto!

—¿Cómo ha podido entrar aquí un trol? —preguntó Harry, mientras subían por la escalera.

—No tengo ni idea, parece ser que son realmente estúpidos —dijo Ron—. Tal vez Peeves lo dejó entrar; como broma de Halloween.

-Peeves nunca haría eso -dijo George-. Respeta demasiado a Dumbledore.

Pasaron entre varios grupos de alumnos que corrían en distintas direcciones.

Mientras se abrían camino entre un tumulto de confundidos Hufflepuffs, Harry súbitamente se aferró al brazo de Ron.

—¡Acabo de acordarme... Hermione!

—¿Qué pasa con ella?

—No sabe nada del trol.

-Y como no, es Harry quien se acuerda de mí -dijo Hermione, fulminando a Ron con la mirada-. Pero claro, era mucho pedir que Ronald Weasley no pensara en algo que no fuese comida.

Ron se mordió el labio.

—Oh, bueno —dijo enfadado—. Pero que Percy no nos vea.

-¿Tienes idea del susto que me metí, cuando me di cuenta de que habías desaparecido? -le preguntó Percy a Ron.

-Lo siento, Percy -dijo Ron.

Se agacharon y se mezclaron con los Hufflepuffs que iban hacia el otro lado, se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de baño de las niñas. Acababan de doblar una esquina cuando oyeron pasos rápidos a sus espaldas.

—¡Percy! —susurró Ron, empujando a Harry detrás de un gran buitre de piedra.

Sin embargo, al mirar; no vieron a Percy, sino a Snape.

-¿Como me puedes confundir con ese? -preguntó Percy, frunciendo el ceño.

Cruzó el pasillo y desapareció de la vista.

—¿Qué es lo que está haciendo? —murmuró Harry—. ¿Por qué no está en las mazmorras, con el resto de los profesores?

—No tengo la menor idea.

Lo más silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo, detrás de los pasos apagados del profesor.

—Se dirige al tercer piso —dijo Harry, pero Ron levantó la mano.

-Ni que estuvieras en clase -se burló Emily.

—¿No sientes un olor raro?

-¿La habitación de Fred y George? -preguntó Ginny inocentemente, bajó la mirada amenazadora de los gemelos.

Harry olfateó y un aroma especial llegó a su nariz, una mezcla de calcetines sucios y baño público que nadie limpia.

Todos hicieron una mueca de asco.

Y lo oyeron, un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos. Ron señaló al fondo del pasillo, a la izquierda. Algo enorme se movía hacia ellos. Se ocultaron en las sombras y lo vieron surgir a la luz de la luna.

Era una visión horrible. Más de tres metros y medio de alto y tenía la piel de color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza pelada. Tenía piernas cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíble. Llevaba un gran bastón de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos.

Todos estaban horrorizados por la descripción, y miraban a los dos chicos con pánico.

El monstruo se detuvo en una puerta y miró hacia el interior. Agitó sus largas orejas, tomando decisiones con su minúsculo cerebro, y luego entró lentamente en la habitación.

—La llave está en la cerradura —susurró Harry—. Podemos encerrarlo allí.

—Buena idea —respondió Ron con voz agitada.

-Mala idea -susurró Hermione, pero nadie la escuchó.

Se acercaron hacia la puerta abierta con la boca seca, rezando para que el trol no decidiera salir. De un gran salto, Harry pudo empujar la puerta y echarle la llave.

—¡Sí!

-¡Bien! -gritó toda la sala, menos el trío, quienes estaban pálidos.

Animados con la victoria, comenzaron a correr por el pasillo para volver, pero al llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus corazones se detuvieran: un grito agudo y aterrorizado, que procedía del lugar que acababan de cerrar con llave.

—Oh, no —dijo Ron, tan pálido como el Barón Sanguinario.

—¡Es el cuarto de baño de las chicas! —bufó Harry.

El color, que había vuelto hacía unos segundos, desapareció de las caras rápidamente.

—¡Hermione! —dijeron al unísono.

Era lo último que querían hacer; pero ¿qué opción les quedaba?

-Buscar a un profesor -dijo Molly.

-Mamá, no nos daba tiempo -dijo Ron.

Volvieron a toda velocidad hasta la puerta y dieron la vuelta a la llave, resoplando de miedo. Harry empujó la puerta y entraron corriendo.

Hermione Granger estaba agazapada contra la pared opuesta, con aspecto de estar a punto de desmayarse. El personaje deforme avanzaba hacia ella, chocando contra los lavamanos.

—¡Distráelo! —gritó Harry desesperado y tirando de un grifo, lo arrojó con toda su fuerza contra la pared.

El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balanceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quién había hecho aquel ruido. Sus ojitos malignos detectaron a Harry. Vaciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón.

-No -dijo Sally contemplando a su ahijado, para asegurase de que seguía con vida.

—¡Eh, cerebro de guisante! —gritó Ron desde el otro extremo, tirándole una cañería de metal.

El ser deforme no pareció notar que la cañería lo golpeaba en la espalda, pero sí oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hocico hacia Ron y dando tiempo a Harry para correr.

—¡Vamos, corre, corre! —Harry gritó a Hermione, tratando de empujarla hacia la puerta, pero la niña no se podía mover.

-¡Muévete! -gritó toda la sala.

Seguía agazapada contra la pared, con la boca abierta de miedo.

Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se volvió y se enfrentó con Ron, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.

-No, no, no, no... -sollozaba Molly siendo abrazada por Arthur. Los hermanos Weasley miraban a Ron con miedo, y Ginny estaba abrazada a Harry.

Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estúpido:

-Algo muy Potter -dijo Sirius para aliviar la tensión de la sala, funciono, a medias.

corrió, dando un gran salto y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo. La atroz criatura no se daba cuenta de que Harry colgaba de su espalda, pero hasta un ser así podía sentirlo si uno le clavaba un palito de madera en la nariz, pues la varita de Harry todavía estaba en su mano cuando saltó y se había introducido directamente en uno de los orificios nasales del trol.

-Merlín, eso es asqueroso -dijo Will, haciendo una mueca de asco.

Chillando de dolor; el trol se agitó y sacudió su bastón, con Harry colgado de su cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el monstruo lo destrozaría, o le daría un golpe terrible con el bastón. Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada. Ron empuñó su propia varita, sin saber qué iba a hacer; y se oyó gritar el primer hechizo que se le ocurrió:

—¡Wingardium leviosa!

-¡Sino te sale! -gritó Tonks.

El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy arriba,

-Le ha salido -dijo Tonks, sorprendida.

y luego dio la vuelta y se dejó caer con fuerza sobre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación. Harry se puso de pie. Le faltaba el aire. Ron estaba allí, con la varita todavía levantada, contemplando su obra. Hermione fue la que habló primero.

—¿Está... muerto?

-Imposible -dijo Remus-. Los trols tienes la cabeza muy dura, es imposible que un golpe con un bastón de madera lo mate.

—No lo creo —dijo Harry—. Supongo que está desmayado.

Se inclinó y retiró su varita de la nariz del trol. Estaba cubierta por una gelatina gris.

—Puaj... qué asco.

-Lo que yo decía -dijo Will-. Eso es asqueroso.

La limpió en la piel del trol. Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los tres se sobresaltaran. No se habían dado cuenta de todo el ruido que habían hecho, pero, por supuesto, abajo debían haber oído los golpes y los gruñidos del trol. Un momento después, la profesora McGonagall entraba apresuradamente en la habitación, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la marcha. Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.

Remus frunció el ceño. No le gustaba para nada la actitud de Quirrell.

Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Ron y Harry. Nunca la habían visto tan enfadada. Tenía los labios blancos. Las esperanzas de ganar cincuenta puntos para Gryffindor se desvanecieron rápidamente de la mente de Harry.

—¿En qué estabais pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Harry miró a Ron, todavía con la varita levantada

-Escóndela -dijo Bill.

—. Tenéis suerte de que no os haya matado. ¿Por qué no estabais en los dormitorios?

-Porque el imbécil de Ron insulto a Hermione, y ella se fue llorando al baño. Luego fueron Harry y Ron a buscarla y se encontraron al trol y acabaron luchando con él -dijo Ginny.

-No podíamos decirle eso -dijo Ron-. Por cierto, Ginny, ¿que haces abrazada a Harry?

Ginny y Harry enrojecieron. Y es que aunque ya hubiera pasado lo del trol, ambos seguían abrazados. Ginny se apartó de Harry, y este no pudo evitar sentirse mal al notar que la pelirroja ya no estaba abrazada a él.

Snape dirigió a Harry una mirada aguda e inquisidora. Harry clavó la vista en el suelo. Deseó que Ron pudiera esconder la varita.

Entonces, una vocecita surgió de las sombras.

—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban buscando a mí.

—¡Hermione Granger!

Hermione finalmente se había puesto de pie.

—Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía vencerlo, porque, ya sabe, había leído mucho sobre el tema.

Ron dejó caer su varita. ¿Hermione Granger diciendo una mentira a su profesora?

-No me lo creo -dijo Sirius mirando a Hermione sorprendido. El resto de la sala estaba igual.

—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta. Harry le clavó su varita en la nariz y Ron lo hizo golpearse con su propio bastón. No tuvieron tiempo de ir a buscar ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.

Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro.

-Fallasteis -dijo Hermione. Harry y Ron miraron a la chica y vieron como ella les sonreía.

—Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall, contemplando a los tres niños—... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo creías que ibas a derrotar a un trol gigante tú sola?

Hermione bajó la cabeza. Harry estaba mudo. Hermione era la última persona que haría algo contra las reglas, y allí estaba, fingiendo una infracción para librarlos a ellos del problema. Era como si Snape empezara a repartir golosinas.

-Seguro que estarían envenenadas -dijo Sirius.

—Hermione Granger, por esto Gryffindor perderá cinco puntos —dijo la profesora McGonagall—. Estoy muy desilusionada por tu conducta. Si no te ha hecho daño, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos están terminando la fiesta en sus casas.

Hermione se marchó. La profesora McGonagall se volvió hacia Harry y Ron.

—Bueno, sigo pensando que tuvisteis suerte,

-Tuvisteis mucha suerte -dijo Charlie.

pero no muchos de primer año podrían derrumbar a esta montaña. Habéis ganado cinco puntos cada uno para Gryffindor. El profesor Dumbledore será informado de esto. Podéis iros.

Salieron rápidamente y no hablaron hasta subir dos pisos. Era un alivio estar fuera del alcance del olor del trol, además del resto.

—Tendríamos que haber obtenido más de diez puntos —se quejó Ron.

—Cinco, querrás decir; una vez que se descuenten los de Hermione.

—Se portó muy bien al sacarnos de este lío —admitió Ron—. Claro que nosotros la salvamos.

-Y también me encerrasteis con el trol -dijo Hermione

—No habría necesitado que la salváramos si no hubiéramos encerrado esa cosa con ella —le recordó Harry.

-Exactamente -dijo la castaña.

Habían llegado al retrato de la Dama Gorda.

—Hocico de cerdo —dijeron, y entraron.

La sala común estaba llena de gente y ruidos. Todos comían lo que les habían subido. Hermione, sin embargo, estaba sola, cerca de la puerta, esperándolos. Se produjo una pausa muy incómoda. Luego, sin mirarse, todos dieron: «Gracias» y corrieron a buscar platos para comer.

Ron, Sirius y Will se relamieron ante la mención de la comida.

Pero desde aquel momento Hermione Granger se convirtió en su amiga. Hay algunas cosas que no se pueden compartir sin terminar unidos, y derrumbar un trol de tres metros y medio es una de esas cosas.

-¿Así es como os hicisteis amigos? -preguntó Sirius al trío.

-Sí -respondieron los tres.

-Es el final -dijo Fred, dejando el libro sobre la mesa.


Hola gente,

decimosegundo capítulo de este fic. Vaya solo me quedan seis capítulos más para acabarlo. Bueno, espero que disfrutéis de la lectura.

Se despide,

Grytherin18