Advertencia: La última vez que me miré al espejo, no era el dios micénico Hidekaz Hiramuya, así que me temo que no soy él, y que el estúpido y sensual Inglaterra y todos los demás personajes no me pertenecen. :3


La resaca era horrible.

Tras varios años de borracheras monumentales, aquella era la conclusión a la que había llegado Inglaterra. Le dolía la cabeza como si hubiera recibido un mazazo, no sabía dónde estaba y no recordaba nada de la noche anterior desde que había tomado ese maldito vaso de ginebra. Solo esperaba no haber acabado en un puticlub, como la última vez…

No parecía un puticlub, si no una habitación simple, austera, pero acogedora. ¿Quién habría sido tan amable como para recogerlo de la calle?

Tras más o menos una hora moviéndose incómodamente por la superficie de la cama, buscando la posición en la que viera menos el sol, la puerta se abrió cuando él estaba de espaldas. La persona que lo había rescatado caminaba con mucho sigilo, en un esfuerzo por no despertarle.

Inglaterra se sonrojó. ¿Por qué se tomaría ese idiota tantas molestias por él? ¡¿Y por qué shit estaba sonrojado?! ¡E-era lo mínimo que se merecía un caballero inglés como él!

-Ay…-se lamentó su rescatador.-Le traeré un ibuprofeno mientras despierta…

Un momento…Ese tono tranquilo…Esa pronunciación exótica…

Japón. Tenía que ser él. ¿Quién más se dignaría a ayudar a alguien tan patético como Arthur Kirkland borracho?

El nipón se fue, con la misma delicadeza con la que había venido. El inglés se levantó ruidosamente de la cama, lamentándose ser tan patoso. Esperó a su regreso, con la ansiada medicina que, con suerte, le quitaría el dolor de cabeza.

Cuando Japón volvió, casi se le cayó el vaso de agua.

-¿Ya está despierto, señor Inglaterra?

-Sí.

-¿Ya se encuentra mejor?-dijo, con una pequeña y afable sonrisa. Le extendió el vaso y una pastilla rectangular y blanca.-Tome. Espero que esto le haga sentir bien.

-G-gracias-farfulló, mientras cogía ambas cosas. La pastilla parecía gigantesca en su garganta, pero aguantó el tipo.

-Oh, lo siento-murmuró, mirando a la ventana.-Le dejé la ventana abierta anoche sin darme cuenta. Debe de haber pasado mucho frío.

-N-no importa. La manta hace bastante bien su trabajo.

Japón se rió, una risa suave como la seda.

-¿Seguro que se encuentra usted bien? Está rojo…

-¡S-sí! ¡Cállate y déjame descansar!

La expresión del japonés cambió a su típica seriedad hermética, y el británico se lamentó en seguida de su arrebato. ¿Habría herido sus sentimientos?

-Está bien, señor Inglaterra-se acercó a la puerta. Arthur sintió la imperiosa necesidad de detenerle, pero no tuvo valentía suficiente.-Cuando quiera desayunar, puede venir a la cocina.

-¿Crees que estoy en condiciones de desayunar?-dijo, con más mordacidad de la que quería. Se maldijo mentalmente por cagarla dos veces seguidas, ¿qué clase de caballero británico diría algo así? ¡Maldita sea! Japón solo estaba intentando ser amable con él…

Este se fue, con expresión muy seria y cerrando la puerta suavemente. La voz de América, la noche del 3 de julio, le tamboreaba la cabeza.

"Ya deberías haberlo superado, siempre dices que lo tienes asumido. ¡Deja de engañarte! ¡Nunca aceptaste que dejara de ser tu niño mimado!"

"¡Cállate!"

"¡No quiero callarme!"

"¡Déjame! ¡Déjame en paz, joder!"

"¡Pues vale, me largo!"

-No, no, no…-maldijo a su dolorido cerebro.-No recuerdes eso…Maldita sea…

El sonido de la puerta de su propia casa cerrándose, impidiéndole ver el perfil de América, le hizo estallar en un llanto terriblemente desconsolado.

-América…-sollozó.-Idiota…


Ya era mediodía, y el señor Inglaterra no había salido de su habitación. Japón había ido a llamarle para tomar el té con él-y de paso darle algo a su estómago vacío-pero había escuchado solo llantos, que le causaron un escalofrío. Inglaterra llorando…

Saboreó su té, intentando no prestar demasiada atención a la puerta de esa habitación y esperar. El inglés tendría que salir de allí algún día, ¿no?

Tras una hora más de esperar, Japón perdió su casi infinita paciencia y se dirigió a la habitación, temblando. ¿Por qué perdía los estribos por algo tan simple? Ni idea. Además de que se suponía que debería dejarlo solo hasta que decidiese salir por sí mismo, como los hikikomori…

Ya pediría disculpas a los dioses después si eso.


-¡Señor Inglaterra, salga ya! ¡Me está preocupando!

El cuerpo del inglés se puso en tensión, temiendo que Japón entrara. Estaba en un estado emocional que le hacía parecer demasiado vulnerable, y ese era su peor miedo.

-¡A-ahora salgo! ¡Déjame solo un poco más!-su voz ahogada le traicionó. Japón no dijo nada.- ¿J-Japón?-¿se habría ido? ¿Realmente lo había dejado solo?

Finalmente, el nipón habló, de nuevo con su tono sosegado habitual.

-Señor Inglaterra, soy su amigo. Si tiene algún problema, puede contar conmigo para desahogarse, en vez de estar solo. Creo que se sentirá mejor si comparte su pesar.

Inglaterra parpadeó. Japón apoyó la frente contra la puerta, esperando. Tras varios minutos de puro silencio, se oyeron unos pasos, y el británico abrió la puerta mirando hacia el suelo. El moreno, al ser más bajito, pudo ver el enrojecimiento de sus ojos y sus mejillas, rojas de vergüenza.


Inglaterra, ya más tranquilo, tomó un trago de té caliente, mientras Japón meditaba sobre el problema del inglés.

-A ver…Usted estaba saliendo con el señor América. Se pelearon la noche del 3 de julio, antes del 4 de julio, el día en que se independizó…cruelmente de usted, y cortaron. Bebió el día siguiente, como resultado del shock habitual de ese día y la tristeza por haber roto su relación. Terminó borracho…Y yo le rescaté y le traje aquí. Y ha llorado todo este tiempo desde que se despertó. ¿Me he equivocado en alguna parte?

-N-no. Te has enterado muy bien-suspiró, y tomó otro trago de té. No era como el de su casa, pero sabía bien.- ¿Qué…Qué me dices?

-Mmmm…-el nipón pensó un rato, y después sonrió.-Creo que si le importa tanto el señor América, debería volver con él.

-No pienso arrastrarme delante de ese idiota-murmuró.

-No quiero decir "arrastrarse", si no explicarle sus sentimientos.

-¡Pero entonces pensará que le necesito!

-¿Acaso no le necesita?-Japón sintió un escalofrío al decir eso.

Inglaterra abrió y cerró la boca varias veces, intentando decir "no" o algo con sentido. Pero no podía. Efectivamente, necesitaba a ese stupid americano, pero no era algo que fuera a admitir en voz alta en toda su vida.

Miró hacia el suelo, sonrojado de nuevo. Japón le miraba, expectante.

-Japón.

-Dígame.

-¿Puedo…quedarme en su casa un tiempo?

Japón sonrió, con una risa baja y agradable.

-Todo el tiempo que necesite. Pero por favor, no me preocupe como lo ha hecho esta mañana.

Inglaterra hizo un amago de sonrisa, que al japonés le pareció adorable.

-Entonces…trato hecho-extendió la mano.

Japón se la estrechó, con otro escalofrío. ¿Qué narices le estaba pasando?

Continuará…