-Ron, tenemos que hablar. Ahora -dijo Bill. Ron se puso de pie y siguió a Bill hasta la sala de conversaciones (que era como la había bautizado Emily durante la comida), seguidos por el resto de hermanos Weasley.

El sofá de la sala se había alargado de manera que seis personas pudieran sentarse en él. Fred, George, Bill, Ginny, Charlie y Percy se sentaron en el sofá y Ron en el sillón donde antes se había sentado Will.

-Ron, explícanos que ocurre en el libro -pidió Bill.

-Verás, Bill, los padres de Harry...

-¡Eso no! -gritó Ginny-. Tú estúpido complejo de inferioridad.

-No es fácil ser el pequeño de la familia -empezó Ron, pero fue interrumpido por Ginny.

-Yo soy la pequeña de la familia -dijo Ginny-. Y no por eso tengo ese estúpido complejo de inferioridad que tú tienes.

-Lo tuyo es distinto porque eres la única mujer Weasley en varias generaciones -comentó Ron-. Pero yo soy el sexto varón, y no es fácil cuando tus hermanos han sido prefectos o Premios Anuales, como Bill o Percy; grandes capitanes de quidditch, como Charlie o que son queridos por casi todos, como Fred y George. Tampoco resulta fácil que tu mejor amiga sea la más inteligente de la clase, ni que tu mejor amigo sea famoso...

-¿Eres idiota? -interrumpió Ginny-. Harry es famoso porque Voldemort mató a su familia.

-Lo sé. Sé que a Harry no le gusta su fama, pero igualmente no resulta fácil ser su amigo -dijo Ron-. No resulta fácil vivir a la sombra de tus hermanos.

El resto de hermanos se miraron, antes de que Bill empezara a hablar.

-Ron, es cierto que tu nunca seras como nosotros, por la sencilla razón de que tu eres solamente Ronald Bilius Weasley, el mejor jugador de ajedrez mágico de la familia.

-El mejor guardián de la familia -dijo Charlie, con una sonrisa

-El que bajó a salvarme la vida a la Cámara -dijo Ginny, temblando ligeramente.

-Quien fue con Harry al tercer piso, aunque eso te pudiera costar la vida -dijo Percy.

-Y las cosas que te quedan por hacer -apuntó Fred.

-Como robar en Gringotts y huir a lomos de un dragón -dijo George, y todos (incluido Percy) rieron

-Gracias -dijo Ron, visiblemente conmovido-. Intentare no sentirme tan acomplejado.

-¡Bien dicho! -exclamó Charlie.

-¡Venga, vamos! -gritaron los gemelos-. ¡Abrazo Weasley!

Y los seis Weasley que estaban en el sofá se lanzaron contra Ron para fundirse en un abrazo de hermandad. Pero claro, al ser seis personas que se abalanzaron sobre un sillón, y los Weasley (menos Ginny) no es que sean especialmente pequeños, paso lo que paso, el sillón se volcó y los siete hermanos acabaron revolcados por el suelo riendo.

Cuando las risas acabaron, salieron de la sala y ocuparon los sitios de antes.

-¡Muy bien! -exclamó Tonks, saltando en el sitio-. ¡Me toca leer!

Corrió a buscar el libro, pero sé tropezó con la alfombra, y si no llega a ser por Remus sé hubiera ido directa al suelo. Tonks, completamente roja (cabello incluido), le dio las gracias a Remus y cogió el libro. En cuanto leyó el titulo, su cara se iluminó.

-Nicolás Flamel -leyó con una sonrisa.

-¿Ya? -preguntó Will, sorprendido-. Me pensaba que tardaríais un par de capítulos más en encontrarlo.

-Pues ya ves que no -respondió Hermione con una sonrisa.

-Y todo gracias a Neville -dijo Harry. El mencionado se sorprendió.

-¿Yo? -preguntó, confuso.

-Ya lo sabrás -se limitó a responder Ron.

Dumbledore había convencido a Harry de que no buscará otra vez el espejo de Oesed,

Todos respiraron aliviados, y Sally y Molly le dieron las gracias a Dumbledore.

y durante el resto de las vacaciones de Navidad la capa invisible permaneció doblada en el fondo de su baúl.

Los bromistas miraron mal a Harry.

Harry deseaba poder olvidar lo que había visto en el espejo, pero no pudo. Comenzó a tener pesadillas. Una y otra vez, soñaba que sus padres desaparecían en un rayo de luz verde, mientras una voz aguda se reía.

Harry sé estremeció, e inconscientemente sé acercó un poco más a Ginny.

—¿Te das cuenta? Dumbledore tenía razón. Ese espejo te puede volver loco —dijo Ron, cuando Harry le contó sus sueños.

Hermione, que volvió el día anterior al comienzo de las clases, consideró las cosas de otra manera. Estaba dividida entre el horror de la idea de Harry vagando por el colegio tres noches seguidas

-Claro que estaba horrorizada -dijo la chica-. Pudiste tener muchos problemas.

(«¡Si Filch te hubiera atrapado!») y desilusionada porque finalmente no hubieran descubierto quién era Nicolás Flamel. Ya casi habían abandonado la esperanza de descubrir a Flamel en un libro de la biblioteca, aunque Harry estaba seguro de haber leído el nombre en algún lado.

Cuando empezaron las clases, volvieron a buscar en los libros durante diez minutos durante los recreos.

-Eso no es mucho tiempo -suspiró Remus.

Harry tenía menos tiempo que ellos, porque los entrenamientos de quidditch habían comenzado también. Wood los hacía trabajar más duramente que nunca. Ni siquiera la lluvia constante que había reemplazado a la nieve podía doblegar su ánimo.

-Igual que James -dijo Sirius, acordándose de la vez que James quiso que el equipo entrenara en medio de una tormenta de nieve.

Los Weasley se quejaban de que Wood se había convertido en un fanático, pero Harry estaba de acuerdo con Wood.

-El hijo de James -dijeron Sirius, Remus y Sally mirando a Harry. Los gemelos Weasley también lo miraban, horrorizados, y suplicando que McGonagall hubiese escogido a otra persona como capitán y no a Harry.

Si ganaban el próximo partido contra Hufflepuff, podrían alcanzar a Slytherin en el campeonato de las casas, por primera vez en siete años.

Algunos en la sala gruñeron ante la idea de que Slytherin ganara el campeonato de la casa seis años seguidos.

Además de que deseaba ganar; Harry descubrió que tenía menos pesadillas cuando estaba cansado por el ejercicio.

-Pues vas a tener que hacer mucho ejercicio. Ginny puede ayudarte -comentó Will, "inocentemente".

Las reacciones a ese comentario fueron distintas; algunos, como Sirius o Remus, rieron ante lo dicho; los Weasley fulminaron a Harry con la mirada; aunque los gemelos no sabían si unirse a sus hermanos o reírse del comentario, al final optaron por reírse mientras fulminaban a Harry con la mirada. Harry y Ginny habían enrojecido y le mandaban a Will miradas asesinas. Emily le dio un golpe a su hermano.

-¡Seras cerdo! -chilló.

-¿Yo? -replicó Will-. En un caso lo seréis vosotros. Yo sólo he dicho que Ginny puede ayudar a Harry ha hacer ejercicio. No he dicho como puede ayudarlo.

Emily iba a rebatir lo dicho por su hermano, pero sé dio cuenta de que tenía razón. Así que simplemente se limitó a gruñir y cruzarse de brazos.

Entonces, durante un entrenamiento en un día especialmente húmedo y lleno de barro, Wood les dio una mala noticia. Se había enfadado mucho con los Weasley, que se tiraban en picado y fingían caerse de las escobas.

-¡No volváis a hacer eso! -gritó Molly-. Puede ser peligroso.

-Lo sentimos -dijeron los gemelos.

—¡Dejad de hacer tonterías! —gritó—. ¡Ésas son exactamente las cosas que nos harán perder el partido! ¡Esta vez el árbitro será Snape, y buscará cualquier excusa para quitar puntos a Gryffindor!

-¡Que! -exclamaron Sirius, Remus, Sally, Will y Emily-. ¡Pero si a Snape no le gusta el quidditch! -gritó Sirius.

George Weasley, al oír esas palabras, casi se cayó de verdad de su escoba.

Molly miró preocupada a su hijo.

—¿Snape va a ser el árbitro? —Escupió un puñado de barro—. ¿Cuándo ha sido árbitro en un partido de quidditch? No será imparcial, si nosotros podemos sobrepasar a Slytherin.

-No sera imparcial aunque no podáis sobrepasar a Slytherin -corrigió Remus al libro.

El resto del equipo se acercó a George para quejarse.

—No es culpa mía —dijo Wood—. Lo que tenemos que hacer es estar seguros de jugar limpio, así no le daremos excusa a Snape para marcarnos faltas.

-Snape os marcara faltas aunque no las hagáis -siseó Sally.

-"Falta para Hufflepuff por parar la quaffle" por ejemplo -dijo Sirius.

Todo aquello estaba muy bien, pensó Harry; pero él tenía otra razón para no querer estar cerca de Snape mientras jugaba a quidditch.

Los demás jugadores se quedaron, como siempre, para charlar entre ellos al finalizar el entrenamiento, pero Harry se dirigió directamente a la sala común de Gryffindor; donde encontró a Ron y Hermione jugando al ajedrez. El ajedrez era la única cosa a la que Hermione había perdido, algo que Harry y Ron consideraban muy beneficioso para ella.

-Lo es -dijeron ambos chicos, mientras Hermione los miraba mal.

—No me hables durante un momento —dijo Ron, cuando Harry se sentó al lado—. Necesito concen... —vio el rostro de Harry—. ¿Qué te sucede? Tienes una cara terrible.

-¿No necesitabas concentración? -preguntó Luna.

-Puedo dejar el ajedrez de lado si veo que mi mejor amigo esta más pálido que un fantasma -respondió Ron, y Harry le miró con agradecimiento.

En tono bajo, para que nadie más los oyera,

-Cómo siempre -dijeron los Gryffindors de la sala.

Harry les explicó el súbito y siniestro deseo de Snape de ser árbitro de quidditch.

-Sobretodo siniestro -dijo Emily con sarcasmo.

-Siniestro, hermana, siniestro -dijo Will, temblando un poco.

—No juegues —dijo de inmediato Hermione.

—Diles que estás enfermo —añadió Ron.

—Finge que se te ha roto una pierna —sugirió Hermione.

—Rómpete una pierna de verdad —dijo Ron.

-Inocentes criaturas -dijo Remus, fingiendo que miraba al trío con lástima.

-Sé creen que pueden mentir a nuestra señora Pomfrey -añadió Sirius, con un sollozó fingido.

-Remus, Sirius, dejaros de tonterías -dijo Sally. Ambos se callaron de inmediato, ya que Sally enfadada daba medo, aunque Sirius sonrío ante el detalle de que Sally había pronunciado su nombre de forma inconsciente.

—No puedo —dijo Harry—. No hay un buscador suplente. Si no juego, Gryffindor tampoco puede jugar.

-Tienes que jugar -dijeron los amantes del quidditch.

En aquel momento Neville cayó en la sala común.

-¿Qué ha pasado? -preguntaron Sally y Luna, preocupadas.

-Nada -respondió Neville al instante.

-Sólo Malfoy -añadió Harry.

-¿Qué te hizo ese imbécil? -preguntó Will, harto de ese idiota.

Nadie se explicó cómo se las había arreglado para pasar por el agujero del retrato, porque sus piernas estaban pegadas juntas, con lo que reconocieron de inmediato el Maleficio de las Piernas Unidas.

-Sera gilipollas -dijo Ginny, furiosa con Malfoy por meterse con su mejor amigo. Harry frunció el ceño.

Había tenido que ir saltando todo el camino hasta la torre Gryffindor. Todos empezaron a reírse, salvo Hermione,

-Que yo recuerde ni Ron ni yo nos reímos -dijo Harry.

-La verdad es que yo si me reí -admitió Ron-. Perdona, Neville.

-No importa -dijo Neville.

que se puso de pie e hizo el contramaleficio. Las piernas de Neville se separaron y pudo ponerse de pie, temblando.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó Hermione, ayudándolo a sentarse junto a Harry y Ron.

—Malfoy —respondió Neville temblando—. Lo encontré fuera de la biblioteca. Dijo que estaba buscando a alguien para practicarlo.

-Imbécil -dijeron algunos.

—¡Ve a hablar con la profesora McGonagall! —lo instó Hermione—. ¡Acusalo!

-Hazlo -corearon Ginny, Luna y Emily.

Neville negó con la cabeza.

—No quiero tener más problemas —murmuró.

-Si lo acusas el que tendrá problemas es Malfoy -dijo Emily.

—¡Tienes que hacerle frente, Neville!

-Precisamente -dijeron todos.

—dijo Ron—. Está acostumbrado a llevarse a todo el mundo por delante, pero ésa no es una razón para echarse al suelo a su paso y hacerle las cosas más fáciles.

—No es necesario que me digas que no soy lo bastante valiente para pertenecer a Gryffindor;

-Si el sombrero te mandó a Gryffindor es porque eres valiente -dijo Sirius seriosamente.

-Nunca pensé que vería a Sirius, serio -comentó Remus, haciendo a reír a todos por la broma. (N/A: Para entender la broma, debéis saber que serio en ingles es serious y que se pronuncia igual que Sirius. Así que es cómo si Remus hubiera dicho "Nunca pensé que vería a Sirius, sirius").

eso ya me lo dice Malfoy —dijo Neville, atragantándose.

Harry buscó en los bolsillos de su túnica y sacó una rana de chocolate, la última de la caja que Hermione le había regalado para Navidad. Se la dio a Neville, que parecía estar a punto de llorar.

-Bien hecho -dijo Molly, sonriendo a Harry. Ginny le cogió la mano a Harry y le sonrío.

—Tú vales por doce Malfoys

-Cierto -dijo Will.

—dijo Harry—. ¿Acaso no te eligió para Gryffindor el Sombrero Seleccionador? ¿Y dónde está Malfoy? En la apestosa Slytherin.

-Cierto -dijeron los gemelos.

Neville dejó escapar una débil sonrisa, mientras desenvolvía el chocolate.

—Gracias, Harry.. Creo que me voy a la cama... ¿Quieres el cromo? Tú los coleccionas, ¿no?

Mientras Neville se alejaba, Harry miró el cromo de los Magos Famosos.

—Dumbledore otra vez —dijo— Él fue el primero que...

Bufó.

-¿Qué pasa? -preguntó la sala.

Miró fijamente la parte de atrás de la tarjeta. Luego levantó la vista hacia Ron y Hermione.

—¡Lo encontré! —susurró— . ¡Encontré a Flamel! Os dije que había leído ese nombre antes. Lo leí en el tren, viniendo hacia aquí.

La sala se quedó en silencio.

-Me vais a decir que después de buscar a Flamel en la biblioteca durante semanas, ¿lo encontrasteis en un maldito cromo? -preguntó Will, mirando al trío incrédulo. Los tres asintieron.

Escuchad lo que dice: «El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald,

Los ojos de Dumbledore se oscurecieron, pero nadie se dio cuenta.

en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón ¡y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel!».

Hermione dio un salto. No estaba tan excitada desde que le dieron la nota de su primer trabajo.

-Harry -se quejó Hermione.

-Es verdad -se defendió Harry, y Ron asintió.

—¡Esperad aquí! —dijo, y se lanzó por la escalera hacia el dormitorio de las chicas. Harry y Ron casi no tuvieron tiempo de intercambiar una mirada de asombro y ya estaba allí de nuevo, con un enorme libro entre los brazos.

—¡Nunca pensé en buscar aquí! —susurró excitada—. Lo saqué de la biblioteca hace semanas, para tener algo ligero para leer.

-¿Ligero? -preguntó Sirius, incrédulo.

—¿Ligero? —dijo Ron,

Sirius y Ron se miraron, sorprendidos.

pero Hermione le dijo que esperara, que tenía que buscar algo y comenzó a dar la vuelta a las páginas, enloquecida, murmurando para sí misma.

Al fin encontró lo que buscaba.

—¡Lo sabía! ¡Lo sabía!

—¿Podemos hablar ahora? —dijo Ron con malhumor. Hermione hizo caso omiso de él.

—Nicolás Flamel —susurró con tono teatral— es el único descubridor conocido de la Piedra Filosofal.

Aquello no tuvo el efecto que ella esperaba.

—¿La qué? —dijeron Harry y Ron.

-Seguro que no te esperabas a que te preguntaran eso -dijo Emily.

-La verdad es que no me lo esperaba -admitió Hermione.

—¡Oh, no lo entiendo! ¿No sabéis leer?

-Si tú tienes el libro no creo que podamos leer -respondió Ron.

Mirad, leed aquí. Empujó el libro hacia ellos, y Harry y Ron leyeron:

El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe. Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos, pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señor Nicolás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon con su esposa Perenela (de seiscientos cincuenta y ocho años).

-Increíble -dijeron algunos.

-Todo el oro que quieras y la inmortalidad -dijo Neville.

-Pues yo prefiero no tener la piedra -dijo Will-. El oro no te trae la felicidad; y prefiero ser mortal, así tienes objetivos en la vida. Además, no me gusta la idea de que mis seres queridos mueran y yo no.

-Una afirmación muy madura para su edad, señor Black -lo elogió Dumbledore.

—¿Veis? —dijo Hermione, cuando Harry y Ron terminaron—. El perro debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel. Seguro que le pidió a Dumbledore que se la guardase, porque son amigos y porque debe de saber que alguien la busca. ¡Por eso quiso que sacaran la Piedra de Gringotts!

—¡Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera! —dijo Harry—. ¡No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querría.

-Yo acabó de decir que no la quiero -replicó Will.

—Y no es raro que no pudiéramos encontrar a Flamel en ese Estudio del reciente desarrollo de la hechicería —dijo Ron—. Él no es exactamente reciente si tiene seiscientos sesenta y cinco años, ¿verdad?

-Tienes razón, Ron -dijo Bill, riendo junto el resto de la sala.

A la mañana siguiente, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, mientras copiaban las diferentes formas de tratar las mordeduras de hombre lobo, Harry y Ron seguían discutiendo qué harían con la Piedra Filosofal si tuvieran una. Hasta que Ron dijo que él se compraría su propio equipo de quidditch y Harry recordó el partido en que tendría a Snape de árbitro.

—Jugaré —informó a Ron y Hermione—. Si no lo hago, todos los Slytherins pensarán que tengo miedo de enfrentarme con Snape. Les voy a demostrar... les voy a borrar la sonrisa de la cara si ganamos.

—Siempre y cuando no te borren a ti del terreno de juego —dijo Hermione.

-Eso es confianza -dijo Emily, poniendo los ojos en blanco.

Sin embargo, a medida que se acercaba el día del partido, Harry se ponía más nervioso, pese a todo lo que le había dicho a sus amigos. El resto del equipo tampoco estaba demasiado tranquilo. La idea de alcanzar a Slytherin en el torneo de la casa era maravillosa, nadie lo había conseguido en siete años, pero ¿podrían hacerlo con aquel árbitro tan parcial? Harry no sabía si se lo imaginaba o no, pero veía a Snape por todas partes. Por momentos, hasta se preguntaba si Snape no lo estaría siguiendo para atraparlo.

-Siendo él, no me extrañaría -dijo Sirius.

Las clases de Pociones se convirtieron en torturas semanales para Harry, por la forma en que lo trataba Snape. ¿Era posible que Snape supiera que ellos habían averiguado lo de la Piedra Filosofal?

-Sabe legeremancia, así que posiblemente lo sabe -dijo Remus.

-¿Legeramancia? -preguntó Harry.

-El arte de explorar la mente -explicó Emily-. Se puede evitar con la Oclumancia.

Harry no se imaginaba cómo podía saberlo... aunque algunas veces tenía la horrible sensación de que Snape podía leer los pensamientos.

-En efecto -dijeron todos.

Harry supo, cuando le desearon suerte en la puerta de los vestuarios, la tarde siguiente, que Ron y Hermione se preguntaban si volverían a verlo con vida.

-Eso no es verdad -se defendieron los dos.

Aquello no era lo que uno llamaría reconfortante. Harry casi no oyó las palabras de Wood, mientras se ponía la túnica de quidditch y cogía su Nimbus 2.000.

Ron y Hermione, entre tanto, encontraron un sitio en las gradas, cerca de Neville, que no podía entender por qué estaban tan preocupados, ni por qué llevaban sus varitas al partido.

-Ahora lo sé -dijo Neville, con una sonrisa.

Lo que Harry no sabía era que Ron y Hermione habían estado practicando en secreto el Maleficio de las Piernas Unidas.

Harry los miró sorprendido.

-Gracias -susurró. Ron y Hermione le sonrieron.

Sirius, Sally y Remus miraraban al trío, felices de que Harry tuviera tan buenos amigos.

Se les ocurrió la idea cuando Malfoy lo utilizó con Neville, y estaban listos para utilizarlo con Snape, si daba alguna señal de querer hacer daño a Harry.

—No te olvides, es locomotor mortis —murmuró Hermione, mientras Ron deslizaba su varita en la manga de la túnica.

—Ya lo sé —respondió enfadado—. No me des la lata.

Mientras tanto, en el vestuario, Wood había llevado aparte a Harry

—No quiero presionarte, Potter; pero si alguna vez necesitamos que se capture en seguida la snitch, es ahora. Necesitamos terminar el partido antes de que Snape pueda favorecer demasiado a Hufflepuff.

—¡Todo el colegio está allí fuera! —dijo Fred Weasley, espiando a través de la puerta—. Hasta... ¡Vaya, Dumbledore ha venido al partido!

-¿Qué? -saltó Sirius-. Dumbledore sólo viene para la final, y es porque él tiene que entregar la copa, sino ni vendría.

El corazón de Harry dio un brinco.

—¿Dumbledore? —dijo, corriendo hasta la puerta para asegurarse. Fred tenía razón. Aquella barba plateada era inconfundible.

Harry tenía ganas de reírse a carcajadas, del alivio que sentía. Estaba a salvo. No había forma de que Snape se animara a hacerle algo si Dumbledore estaba mirando. Tal vez por eso Snape parecía tan enfadado mientras los equipos desfilaban por el terreno de juego, algo que Ron también notó.

—Nunca vi a Snape con esa cara de malo

-Si es la cara que tiene siempre -dijo Ginny.

—dijo a Hermione—. Mira, ya salen. ¡Eh!

Alguien había golpeado a Ron en la parte de atrás de la cabeza.

-¿Quién apuesta a que es Malfoy? -dijo Will.

-Nadie tomara esa apuesta. Está claro que es Malfoy -dijo Emily, rodando los ojos.

Era Malfoy.

Los hermanos Black rodaron los ojos, mientras que el resto de la sala bufaba.

—Oh, perdón, Weasley, no te había visto.

Malfoy sonrió burlonamente a Crabbe y Goyle.

—Me pregunto cuánto tiempo durará Potter en su escoba esta vez. ¿Alguien quiere apostar? ¿Qué me dices, Weasley?

-Hablo el que no sabía sujetarse en una escoba -dijo Charlie, entornando los ojos.

Ron no le respondió: Snape acababa de pitar un penalti a favor de Hufflepuff, porque George Weasley le había tirado una bludger.

-¡George! -le regañó Molly.

-La bludger no iba a por Snape, iba a por un cazador de Hufflepuff que pasaba por detrás de Snape en ese momento -se defendió el pelirrojo.

-Dice la verdad -dijeron Fred, Harry, Ron, Hermione, Neville y Percy.

Hermione, que tenía los dedos cruzados sobre la falda, observaba sin cesar a Harry, que circulaba sobre el juego como un halcón, buscando la snitch.

—¿Sabéis por qué creo que eligen a la gente para la casa de Gryffindor?

-Seguro que dirá una gilipollez -dijo Will.

-Claro que la dirá, es Malfoy -dijo Ron.

—dijo Malfoy en voz alta unos minutos más tarde, mientras Snape daba otro penalti aHufflepuff, sin ningún motivo

-Capullo -dijeron los merodeadores.

—. Es gente a la que le tienen lástima. Por ejemplo, está Potter; que no tiene padres, luego los Weasley, que no tienen dinero... Y tú, Longbottom, que no tienes cerebro.

Neville se puso rojo y se volvió en su asiento para encararse con Malfoy

—Yo valgo por doce como tú, Malfoy —tartamudeó.

-Bien dicho -felicitó la sala a Neville.

Malfoy, Crabbe y Goyle estallaron en carcajadas, pero Ron, sin quitar los ojos del partido, intervino.

—Así se habla, Neville.

—Longbottom, si tu cerebro fuera de oro serías más pobre que Weasley, y con eso te digo todo.

La preocupación por Harry estaba a punto de acabar con los nervios de Ron.

-Hubiera acabado con cualquiera -dijo Harry.

—Te prevengo, Malfoy... Una palabra más...

—¡Ron! —dijo de pronto Hermione—. ¡Harry...!

—¿Qué? ¿Dónde?

Harry había salido en un espectacular vuelo, que arrancó gritos de asombro y vivas, entre los espectadores. Hermione se puso de pie, con los dedos cruzados en la boca, mientras Harry se lanzaba velozmente hacia el campo, como una bala.

—Tenéis suerte, Weasley, es evidente que Potter ha visto alguna moneda en el campo —dijo Malfoy.

Ron estalló. Antes de que Malfoy supiera lo que estaba pasando, Ron estaba encima de él, tirándolo al suelo.

-¡Vamos, Ron! -rugieron todos sus hermanos (si incluido Percy).

Neville vaciló, pero luego se encaramó al respaldo de su silla para ayudar.

-¡Demuéstrale lo que vales, Neville! -gritaron Harry, los hermanos Weasley, los hermanos Black y Luna.

—¡Vamos, Harry! —gritaba Hermione, subiéndose al asiento para ver bien a Harry, sin darse cuenta de que Malfoy y Ron rodaban bajo su asiento

-¿No te enteraste? -preguntó Ron, un poco celoso de que Hermione estuviera atenta a Harry en ese momento. Hermione negó con la cabeza, avergonzada.

y sin oír los gritos y golpes de Neville, Crabbe y Goyle.

-¿Intentaste vencer a Crabbe y Goyle tú sólo? -preguntó Emily, con voz preocupada, haciendo que Fred fulminara a Neville con la mirada, y Luna a Emily. Neville asintió.

-Nota mental -dijo Will-. Construirle a Neville una estatua de oro de cincuenta metros de alto.

Neville se sonrojó.

En el aire, Snape puso en marcha su escoba justo a tiempo para ver algo escarlata que pasaba a su lado, y que no chocó con él por sólo unos centímetros.

Sirius soltó un quejido.

Al momento siguiente Harry subía con el brazo levantado en gesto de triunfo y la mano apretando la snitch. Las tribunas bullían. Aquello era un récord, nadie recordaba que se hubiera atrapado tan rápido la snitch.

-¿Cuánto duro el partido? -preguntó Will.

-Unos cinco minutos -respondió Harry.

-Increíble -dijeron Sirius y Charlie.

—¡Ron! ¡Ron! ¿Dónde estás?

-Pegándome con Malfoy -respondió Ron.

¡El partido ha terminado! ¡Hemos ganado! ¡Gryffindor es el primero! —Hermione bailaba en su asiento y se abrazaba con Parvati Patil, de la fila de delante.

Harry saltó de su escoba, a centímetros del suelo. No podía creerlo. Lo había conseguido... El partido había terminado y apenas había durado cinco minutos.

Mientras los de Gryffindor se acercaban al terreno de juego, vio que Snape aterrizaba cerca, con el rostro blanco y los labios tirantes. Entonces Harry sintió una mano en su hombro y, al darse la vuelta, se encontró con el rostro sonriente de Dumbledore.

—Bien hecho —dijo Dumbledore en voz baja, para que sólo Harry lo oyera—. Muy bueno que no buscaras ese espejo... que te mantuvieras ocupado... excelente...

-Desde luego -dijo Dumbledore de acuerdo con su yo del libro.

Snape escupió con amargura en el suelo.

-Sólo por escuchar eso, cualquier cosa merece la pena -dijo Sirius.

Un rato después, Harry salió del vestuario para dejar su Nimbus 2.000 en la escobera. No recordaba haberse sentido tan contento. Había hecho algo de lo que podía sentirse orgulloso. Ya nadie podría decir que era sólo un nombre célebre.

-Sé nota que no te gusta la fama -dijo Emily.

-Sólo me gusta si está relacionado con el quidditch. Sino, no me gusta -contestó Harry.

El aire del anochecer nunca había sido tan dulce. Anduvo por la hierba húmeda, reviviendo la última hora en su mente, en una feliz nebulosa: los Gryffindors corriendo para llevarlo en andas, Ron y Hermione en la distancia, saltando como locos, Ron vitoreando en medio de una gran hemorragia nasal...

Molly gimió preocupada, mientras que los hermanos Weasley maldecían a Malfoy.

Harry llegó a la cabaña. Se apoyó contra la puerta de madera y miró hacia Hogwarts, cuyas ventanas despedían un brillo rojizo en la puesta del sol. Gryffindor a la cabeza. Él lo había hecho, le había demostrado a Snape...

Y hablando de Snape.

-No me gusta cómo suena eso -dijo Remus, haciendo una mueca.

Una figura encapuchada bajó sigilosamente los escalones delanteros del castillo. Era evidente que no quería ser visto dirigiéndose a toda prisa hacia el bosque prohibido.

La victoria se apagó en la mente de Harry mientras observaba. Reconoció a la figura que se alejaba. Era Snape, escabulléndose en el bosque, mientras todos estaban en la cena... ¿Qué sucedía?

-Nada bueno -dijo Bill.

Harry saltó sobre su Nimbus 2.000 y se elevó.

-Y ahí está la curiosidad Potter -dijo Sally con una sonrisa triste.

Deslizándose silenciosamente sobre el castillo, vio a Snape entrando en el bosque. Lo siguió. Los árboles eran tan espesos que no podía ver adónde había ido Snape. Voló en círculos, cada vez más bajos, rozando las copas de los árboles, hasta que oyó voces. Se deslizó hacia allí y se detuvo sin ruido, sobre un haya. Con cuidado se detuvo en una rama, sujetando su escoba y tratando de ver a través de las hojas. Abajo, en un espacio despejado y sombrío, vio a Snape. Pero no estaba solo. Quirrell también estaba allí.

Harry, Ron, Hermione y Will gruñeron por lo bajo. Remus, Tonks, Bill y Alastor prestaron atención.

Harry no podía verle la cara, pero tartamudeaba como nunca. Harry se esforzó por oír lo que decían.

—... n-no sé p-por qué querías ver-verme j-justo a-aquí, de entre t-todos los l-lugares, Severus...

—Oh, pensé que íbamos a mantener esto en privado —dijo Snape con voz gélida—. Después de todo, los alumnos no deben saber nada sobre la Piedra Filosofal.

Harry se inclinó hacia delante. Quirrell tartamudeaba algo y Snape lo interrumpió.

—¿Ya has averiguado cómo burlar a esa bestia de Hagrid?

—P-p-pero Severus, y-yo...

—Tú no querrás que yo sea tu enemigo, Quirrell —dijo Snape, dando un paso hacia él.

—Y-yo no s-sé qué...

—Tú sabes perfectamente bien lo que quiero decir.

Una lechuza dejó escapar un grito y Harry casi se cae del árbol. Se enderezó a tiempo para oír a Snape decir:

—... tu pequeña parte del abracadabra. Estoy esperando.

Remus, Bill, Tonks y Alastor se quejaron por haber perdido parte de la conversación.

—P-pero y-yo no...

—Muy bien —lo interrumpió Snape—. Vamos a tener otra pequeña charla muy pronto, cuando hayas tenido tiempo de pensar y decidir dónde están tus lealtades.

Se echó la capa sobre la cabeza y se alejó del claro. Ya estaba casi oscuro, pero Harry pudo ver a Quirrell inmóvil, como si estuviera petrificado.

Hermione sé estremeció al recordar los ojos del basilisco.

—¿Harry, dónde estabas? —preguntó Hermione con voz aguda.

-Siguiendo a Snape por el bosque prohibido -respondió Ginny.

—¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Ganamos! —gritaba Ron al tiempo que daba palmadas a Harry en la espalda—. ¡Y yo le puse un ojo negro a Malfoy y Neville trató de vencer a Crabbe y Goyle él solo! Todavía está inconsciente,

-Imbéciles -dijo Luna.

pero la señora Pomfrey dice que se pondrá bien. Todos te están esperando en la sala común, vamos a celebrar una fiesta, Fred y George robaron unos pasteles y otras cosas de la cocina...

-Te aseguro que no lo robamos, mamá -dijo Fred, al ver que su madre se disponía a regañarlos.

-Nos lo dieron encantados -secundó George a su gemelo.

—Ahora eso no importa —dijo Harry sin aliento—. Vamos a buscar una habitación vacía, ya veréis cuando oigáis esto...

Se aseguró de que Peeves no estuviera dentro antes de cerrar la puerta, y entonces les contó lo que había visto y oído.

—Así que teníamos razón, es la Piedra Filosofal y Snape trata de obligar a Quirrell a que lo ayude a conseguirla. Le preguntó si sabía cómo pasar ante Fluffy y dijo algo sobre el «abracadabra» de Quirrell... Eso significa que hay otras cosas custodiando la Piedra, además de Fluffy, probablemente cantidades de hechizos,

-Por supuesto que iba a tener más cosas aparte de un gigantesco perro de tres cabezas para custodiar la puerta -dijo Will, poniendo los ojos en blanco.

-Bueno, un perro de tres cabezas intimidad lo suyo -dijo Emily. Will asintió.

y Quirrell puede haber hecho algunos encantamientos anti-Artes Oscuras que Snape necesita romper...

—¿Quieres decir que la Piedra estará segura mientras Quirrell se oponga a Snape? —preguntó alarmada Hermione.

—En ese caso no durará mucho —dijo Ron.

-Sé rindió antes de que todo empezara -susurró Ron, de manera que solo Hermione le escuchó.

-Es el final -indicó la metamorfomaga, dejando el libro sobre la mesa.

-¿Sirius? -dijo Remus-. Tú dices que el ladrón es Snape, ¿verdad? -Sirius asintió-. Bien, pues yo dijo que el ladrón es Quirrell.

-¿Quirrell? -preguntó Sirius, soltando una carcajada-. Vale, apostemos. Si yo ganó (estoy seguro de ello), tú dejas de comer chocolate durante un mes -Remus miró a Sirius, horrorizado-. Si tú ganas (lo veo imposible ya que todas las pruebas apuntan a Snape), yo...

-Tú te lees Historia de Hogwarts -dijo el licántropo. Ahora fue el turno de Black para mirar a Remus horrorizado-. ¿Hecho?

-Hecho -secundó Sirius.


Hola gente,

decimoquinto capítulo de este fic. Un par de preguntas:

¿Cómo es que Sally, Will y Emily no sé sienten intimidados ante la presencia de Sirius, si cuando se contó que el verdadero culpable era Pettigrew, ellos no estaban en la sala?

¿Fue cruel Remus a decirle a Sirius que si perdía la apuesta tenía que leer Historia de Hogwarts? ¿Y fue cruel que Sirius le dijera a Remus que si perdía tenía que dejar de comer chocolate durante un mes?

Y sobretodo, ¿Creéis que Neville se merece una estatua de oro de cincuenta metros por enfrentarse a dos gorilas? *Cof cof Crabbe y Goyle cof cof*

Creo que el tipo ese que me dijo que la pastilla azul era buena me mintió. ¡Bueno, basta de tonterías! Un pequeño ejercicio de mates, (no me tiréis Avadas, tengo un hijo llamado Pou, vive en el móvil).

Si un coche sale de un pueblo a 50 km/h, un avión despeja a las 20:10, unos alienígenas hablan ruso mientras bailan el Gangnam style y el caballo blanco de Santiago es negro, ¿de que color es mi camiseta?

Si respondéis mal, haré que el sombrero seleccionador os cante una canción. (Soy una mala persona, lo sé).

Bueno, después de mi momento de locura (son normales en mí), os dijo lo de siempre, espero que os guste.

Se despide,

Grytherin18