Harry, Will, Hermione y Ron se miraron, antes de mirar a Sirius con pena. No se imaginaban cómo actuaría el animago cuando se descubriese que el culpable era Quirrell y no Snape.

Dumbledore recogió el libro y lo abrió por el nuevo capítulo.

-Norberto, el ridgeback noruego -leyó con una sonrisa.

-¿Un ridgeback noruego? -preguntó Will, confuso, al igual que el resto de la sala, menos el trío y Charlie, que se miraron con una sonrisa.

Sin embargo, Quirrell debía de ser más valiente de lo que habían pensado.

El trió se miró sorprendido por haber pensado eso.

En las semanas que siguieron se fue poniendo cada vez más delgado y pálido, pero no parecía que su voluntad hubiera cedido.

"Claro. Cedió desde el principio" pensó Harry.

Cada vez que pasaban por el pasillo del tercer piso, Harry, Ron y Hermione apoyaban las orejas contra la puerta, para ver si Fluffy estaba gruñendo, allí dentro.

Molly y Sally miraron mal al trío, y estos sé encogieron en su sitio.

Snape seguía con su habitual mal carácter, lo que seguramente significaba que la Piedra estaba a salvo.

-Aunque tuviera la Piedra, Snape seguiría con su mal carácter -replicó Sirius.

Cada vez que Harry se cruzaba con Quirrell, le dirigía una sonrisa para darle ánimo, y Ron les decía a todos que no se rieran del tartamudeo del profesor.

Los dos amigos se miraron con horror, sin creerse que hubieran apoyado a ese tipo.

Hermione, sin embargo, tenía en su mente otras cosas, además de la Piedra Filosofal. Había comenzado a hacer horarios para repasar y a subrayar con diferentes colores sus apuntes. A Harry y Ron eso no les habría importado, pero los fastidiaba todo el tiempo para que hicieran lo mismo.

-Es muy fastidioso -dijeron Sirius y Sally.

—Hermione, faltan siglos para los exámenes.

—Diez semanas —replicó Hermione—. Eso no son siglos, es un segundo para Nicolás Flamel.

-Pero vosotros no tenéis seiscientos años -le recordó Sirius. Dumbledore y Ron se rieron.

—Pero nosotros no tenemos seiscientos años —le recordó Ron

Toda la sala se hecho a reír.

—. De todos modos, ¿para qué repasas si ya te lo sabes todo?

—¿Que para qué estoy repasando? ¿Estás loco? ¿Te has dado cuenta de que tenemos que pasar estos exámenes para entrar en segundo año? Son muy importantes, tendría que haber empezado a estudiar hace un mes, no sé lo que me pasó...

Emily, Sally, Molly, Remus y Percy miraron a Hermione con aceptación, mientras que el resto de la sala la miraba con sorpresa.

Pero desgraciadamente, los profesores parecían pensar lo mismo que Hermione.

-Cómo siempre -se quejaron Fred, George, Will y Sirius.

Les dieron tantos deberes que las vacaciones de Pascua no resultaron tan divertidas como las de Navidad. Era difícil relajarse con Hermione al lado, recitando los doce usos de la sangre de dragón o practicando movimientos con la varita.

-Resulta frustrante -concordó Will, mirando mal a su hermana.

Quejándose y bostezando, Harry y Ron pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la biblioteca con ella, tratando de hacer todo el trabajo suplementario.

La mitad de la sala se quejó, mientras que la otra mitad rodaba los ojos divertidos.

-Debió de ser agobiante -dijo Ginny-. Primero os pasáis días en la biblioteca, buscando a Flamel; y ahora para estudiar.

—Nunca podré acordarme de esto —estalló Ron una tarde, arrojando la pluma y mirando por la ventana de la biblioteca con nostalgia. Era realmente el primer día bueno desde hacía meses. El cielo era claro, y las nomeolvides azules y el aire anunciaban el verano.

Casi todos suspiraron. Ya era malo pasarse todo el día estudiando, cómo además, estar viendo por la ventana un perfecto día de finales de primavera.

Harry, que estaba buscando «díctamo» en Mil hierbas mágicas y hongos no levantó la cabeza hasta que oyó que Ron decía:

—¡Hagrid! ¿Qué estás haciendo en la biblioteca?

-¿Cómo? -preguntaron los merodeadores, los gemelos Weasley y Charlie, sorprendidos.

Hagrid apareció con aire desmañado, escondiendo algo detrás de la espalda.

-¿Que es lo qué está escondiendo? -preguntó Neviile, con el entrecejo fruncido.

Parecía muy fuera de lugar; con su abrigo de piel de topo.

—Estaba mirando —dijo con una voz evasiva que les llamó la atención—. ¿Y vosotros qué hacéis? —De pronto pareció sospechar algo—. No estaréis buscando todavía a Nicolás Flamel, ¿no?

—Oh, lo encontramos hace siglos —dijo Ron con aire grandilocuente—. Y también sabemos lo que custodia el perro, es la Piedra Fi...

-¡Weasley! -gritó Alastor-. ¡No puedes gritar eso a los cuatro vientos!

Ron bajó la cabeza, avergonzado.

—¡Shhh! —Hagrid miró alrededor para ver si alguien los escuchaba—. No podéis ir por ahí diciéndolo a gritos. ¿Qué os pasa?

-Precisamente -dijo Alastor

—En realidad, hay unas pocas cosas que queremos preguntarte —dijo Harry—. Sobre qué cosas más custodian la Piedra, además de Fluffy...

-¡Potter! -gritó Alastor, haciendo que Harry sé ruborizara.

-Increíble -dijo Will con una sonrisa-. Hagrid os dice que no podéis decir lo de la Piedra, y lo primero que haces Harry, es preguntar sobre que está custodiando la Piedra.

Harry se ruborizo, todavía más.

—¡SHHHH! —dijo Hagrid otra vez—. Mirad, venid a verme más tarde, no os prometo que os vaya a decir algo, pero no andéis por ahí hablando, los alumnos no deben saber nada. Van a pensar que yo os lo he contado...

—Te vemos más tarde, entonces —dijo Harry

Hagrid se escabulló.

—¿Qué escondía detrás de la espalda? —dijo Hermione con aire pensativo. —¿Creéis que tiene que ver con la Piedra?

—Voy a ver en qué sección estaba —dijo Ron, cansado de sus trabajos.

-Buena manera de dejar de estudiar -río Bill.

Regresó un minuto más tarde, con muchos libros en los brazos. Los desparramó sobre la mesa.

—¡Dragones! —susurró—. ¡Hagrid estaba buscando cosas sobre dragones! Mirad estos dos: Especies de dragones en Gran Bretaña e Irlanda y Del huevo al infierno, guía para guardianes de dragones...

—Hagrid siempre quiso tener un dragón, me lo dijo el día que lo conocí —dijo Harry.

-Es verdad -recordó Luna.

-Pues espero que no tenga ninguno -susurró Emily.

-Sobretodo porque podría acabar en Azkaban -el trío se miró. Hagrid había estado en Azkaban, pero no por lo del huevo-. Y sin mencionar el hecho de que vive en una cabaña de madera -dijo Sirius.

—Pero va contra nuestras leyes —dijo Ron—. Criar dragones fue prohibido por la Convención de Magos de 1709, todos lo saben.

-En efecto, Ron -le elogió Charlie, feliz de que a uno de sus hermanos le interesaran los dragones.

Era difícil que los muggles no nos detectaran si teníamos dragones en nuestros jardines. De todos modos, no se puede domesticar un dragón, es peligroso. Tendríais que ver las quemaduras que Charlie se hizo con esos dragones salvajes de Rumanía.

Molly gimió, mientras miraba mal a su hijo. Éste sólo se encogió de hombros.

—Pero no hay dragones salvajes en Inglaterra, ¿verdad? —preguntó Harry.

-Claro que los hay -respondió Remus.

-En realidad hay pequeños refugios de dragones por toda Inglaterra -explicó Charlie-. Pero el más importante de Europa está situado en Rumanía.

—Por supuesto que hay —respondió Ron—. Verdes en Gales y negros en Escocia.

Charlie asintió.

Al ministro de Magia le ha costado trabajo silenciar ese asunto, te lo aseguro. Los nuestros tienen que hacerles encantamientos a los muggles que los han visto para que los olviden.

—Entonces ¿en qué está metido Hagrid? —dijo Hermione.

-En algo peligroso -respondió Neville.

Cuando llamaron a la puerta de la cabaña del guardabosques, una hora más tarde, les sorprendió ver todas las cortinas cerradas. Hagrid preguntó «¿quién es?» antes de dejarlos entrar, y luego cerró rápidamente la puerta tras ellos.

En el interior; el calor era sofocante. Pese a que era un día cálido, en la chimenea ardía un buen fuego.

-¿Alguien más tiene calor? -preguntó Will.

Hagrid les preparó el té y les ofreció bocadillos de comadreja, que ellos no aceptaron.

-Mejor -dijo Molly.

—Entonces ¿queríais preguntarme algo?

—Sí —dijo Harry. No tenía sentido dar más vueltas—. Nos preguntábamos si podías decirnos si hay algo más que custodie a la Piedra Filosofal, además de Fluffy.

Hagrid lo miró con aire adusto.

—Por supuesto que no puedo —dijo—. En primer lugar; no lo sé. En segundo lugar, vosotros ya sabéis demasiado, así que tampoco os lo diría si lo supiera. Esa Piedra está aquí por un buen motivo. Casi la roban de Gringotts... Aunque eso ya lo sabíais, ¿no? Me gustaría saber cómo averiguasteis lo de Fluffy.

-Por ser demasiado entrometidos -respondió toda la sala, haciendo el trío sé sonrojara.

—Oh, vamos, Hagrid, puedes no querer contarnos, pero debes saberlo, tú sabes todo lo que sucede por aquí —dijo Hermione, con voz afectuosa y lisonjera. La barba de Hagrid se agitó y vieron que sonreía. Hermione continuó—: Nos preguntábamos en quién más podía confiar Dumbledore lo suficiente para pedirle ayuda, además de ti.

Con esas últimas palabras, el pecho de Hagrid se ensanchó. Harry y Ron miraron a Hermione con orgullo.

Del mismo modo que la miraban, Sirius, Remus, Charlie y los gemelos Weasley.

—Bueno, supongo que no tiene nada de malo deciros esto... Dejadme ver... Yo le presté a Fluffy... luego algunos de los profesores hicieron encantamientos... el profesor Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall —contó con los dedos—, el profesor Quirrell y el mismo Dumbledore, por supuesto. Esperad, me he olvidado de alguien. Oh, claro, el profesor Snape.

-¿Snape? -preguntaron Sirius, los gemelos Weasley y Charlie con sorpresa.

—¿Snape?

—Ajá... No seguiréis con eso todavía, ¿no? Mirad, Snape ayudó a proteger la Piedra, no quiere robarla.

Harry sabía que Ron y Hermione estaban pensando lo mismo que él. Si Snape había formado parte de la protección de la Piedra, le resultaría fácil descubrir cómo la protegían los otros profesores. Es probable que supiera todos los encantamientos, salvo el de Quirrell, y cómo pasar ante Fluffy.

-Exactamente -dijo Sirius, antes de mirar burlón a Remus-. ¿Ves, Remus? -preguntó-. Cachorro está conmigo.

-Y estoy equivocado -susurró Harry a Will. Éste asintió, mirando a su padre con lástima.

—Tú eres el único que sabe cómo pasar ante Fluffy, ¿no, Hagrid? —preguntó Harry con ansiedad—. Y no se lo dirás a nadie, ¿no es cierto? ¿Ni siquiera a un profesor?

—Ni un alma lo sabe, salvo Dumbledore y yo —dijo Hagrid con orgullo.

-Técnicamente, Dumbledore es profesor, así que... -dijo Will.

—Bueno, eso es algo —murmuró Harry a los demás—. Hagrid, ¿podríamos abrir una ventana? Me estoy asando.

—No puedo, Harry, lo siento —respondió Hagrid. Harry notó que miraba de reojo hacia el fuego. Harry también miró.

—Hagrid... ¿Qué es eso?

Pero ya sabía lo que era. En el centro de la chimenea, debajo de la cazuela, había un enorme huevo negro.

Toda la sala se quedó en silencio.

-¿De dónde lo ha sacado? -preguntó Ginny, asombrada.

-Ahora saldrá -le respondió Harry.

—Ah —dijo Hagrid, tirándose con nerviosismo de la barba—. Eso... eh...

—¿Dónde lo has conseguido, Hagrid? —preguntó Ron, agachándose ante la chimenea para ver de cerca el huevo— Debe de haberte costado una fortuna.

-Exactamente -dijo Charlie.

—Lo gané —explicó Hagrid—. La otra noche. Estaba en la aldea, tomando unas copas y me puse a jugar a las cartas con un desconocido. Creo que se alegró mucho de librarse de él, si he de ser sincero.

-Me preguntó porque -dijo Tonks, sarcásticamente.

—Pero ¿qué vas a hacer cuando salga del cascarón? —preguntó Hermione.

—Bueno, estuve leyendo un poco —dijo Hagrid, sacando un gran libro de debajo de su almohada

-Madame Prince se entera que trata así a un libro, y lo despelleja -dijo Hermione.

—. Lo conseguí en la biblioteca: Crianza de dragones para placer y provecho. Está un poco anticuado, por supuesto, pero sale todo. Mantener el huevo en el fuego, porque las madres respiran fuego sobre ellos y, cuando salen del cascarón, alimentarlos con brandy mezclado con sangre de pollo, cada media hora.

Charlie iba asintiendo a todo lo que Hagrid decía.

Y mirad, dice cómo reconocer los diferentes huevos. El que tengo es un ridgeback noruego. Y son muy raros.

-Rarisimos -admitió Charlie.

Parecía muy satisfecho de sí mismo, pero Hermione no.

—Hagrid, tú vives en una casa de madera —dijo.

-Exactamente -dijo toda la sala.

Pero Hagrid no la escuchaba. Canturreaba alegremente mientras alimentaba el fuego.

Así que ya tenían algo más de qué preocuparse: lo que podía sucederle a Hagrid si alguien descubría que ocultaba un dragón ilegal en su cabaña.

—Me pregunto cómo será tener una vida tranquila —suspiró Ron,

-¿Eso existe? -preguntó Harry, con asombro.

-Yo recuerdo que tenía una antes de venir a Hogwarts -dijo Hermione, nostalgicamente.

mientras noche tras noche luchaban con todo el trabajo extra que les daban los profesores. Hermione había comenzado ya a hacer horarios de repaso para Harry y Ron. Los estaba volviendo locos. Entonces, durante un desayuno, Hedwig entregó a Harry otra nota de Hagrid. Sólo decía: «Está a punto de salir». Ron quería faltar a la clase de Herbología e ir directamente a la cabaña. Hermione no quería ni oír hablar de eso.

-Vamos, Hermione -gimió Sirius-. ¿Cuando verás el nacimiento de un dragón?

—Hermione, ¿cuántas veces en nuestra vida veremos a un dragón saliendo de su huevo?

-Exactamente -dijo Sirius.

-En realidad, si me vais a ver a Rumanía, podéis ver a un dragón naciendo, con un poco de suerte -comentó Charlie.

—Tenemos clases, nos vamos a meter en líos y no vamos a poder hacer nada cuando alguien descubra lo que Hagrid está haciendo...

—¡Cállate! —susurró Harry.

-Harry -le regaño Sally.

-No es culpa suya -saltó Hermione en defensa de su "hermano".

Malfoy estaba cerca de ellos

-¿Por qué tiene que estar siempre molestando? -gruñó Emily.

y se había quedado inmóvil para escucharlos. ¿Cuánto había oído?

-Con vuestra suerte, seguro que todo -respondió Luna.

A Harry no le gustó la expresión de su cara.

Ron y Hermione discutieron

-Cómo siempre -dijeron Harry, Ginny y Neville. Los dos mencionados se sonrojaron.

durante todo el camino hacia la clase de Herbología.

Cuando al final de las clases sonó la campana del castillo, los tres dejaron sus trasplantadores y corrieron por el parque hasta el borde del bosque.

Hagrid los recibió, excitado y radiante.

—Ya casi está fuera —dijo cuando entraron.

El huevo estaba sobre la mesa. Tenía grietas en la cáscara. Algo se movía en el interior y un curioso ruido salía de allí.

Charlie acercó su cuerpo al libro.

Todos acercaron las sillas a la mesa y esperaron, respirando con agitación. De pronto se oyó un ruido y el huevo se abrió. La cría de dragón aleteó en la mesa. No era exactamente bonito.

-Si que lo es -saltó Charlie.

-Vale, vale. Lo siento -se disculpó Harry. Charlie aceptó sus disculpas.

Harry pensó que parecía un paraguas negro arrugado. Sus alas puntiagudas eran enormes, comparadas con su cuerpo flacucho. Tenía un hocico largo con anchas fosas nasales, las puntas de los cuernos ya le salían y tenía los ojos anaranjados y saltones. Estornudó. Volaron unas chispas.

—¿No es precioso? —murmuró Hagrid.

Todos, menos Charlie, miraron al libro incrédulos.

Alargó una mano para acariciar la cabeza del dragón. Este le dio un mordisco en los dedos, enseñando unos colmillos puntiagudos.

—¡Bendito sea! Mirad, conoce a su mamá —dijo Hagrid.

-Los dragones para reconocer a su madre le dan un mordisco -aclaró Charlie, al notar las miradas interrogantes de toda la sala.

—Hagrid —dijo Hermione—. ¿Cuánto tardan en crecer los ridgebacks noruegos?

Hagrid iba a contestarle, cuando de golpe su rostro palideció. Se puso de pie de un salto y corrió hacia la ventana.

—¿Qué sucede?

-Nada bueno, seguro -respondió Emily.

—Alguien estaba mirando por una rendija de la cortina... Era un chico...

-Que no sea quien estoy pensando -susurró Will.

Va corriendo hacia el colegio.

Harry fue hasta la puerta y miró. Incluso a distancia, era inconfundible: Malfoy había visto el dragón.

-Odio tener razón -dijo Will.

Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana siguiente ponía nerviosos a Harry, Ron y Hermione. Pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la oscura cabaña de Hagrid, tratando de hacerlo entrar en razón.

—Déjalo ir —lo instaba Harry—. Déjalo en libertad.

—No puedo —decía Hagrid—. Es demasiado pequeño. Se morirá.

-Estamos hablando de un dragón -apuntó Fred.

-Pero sigue siendo una cría -replicó Charlie.

Miraron el dragón. Había triplicado su tamaño en sólo una semana.

-Aunque con ese tamaño, creo que podría sobrevivir sin problemas -admitió Charlie.

Ya le salía humo de las narices. Hagrid no cumplía con sus deberes de guardabosques porque el dragón ocupaba todo su tiempo.

-¿Y no se daba cuenta? -preguntó Molly.

-Creía que estaba enfermo -respondió Dumbledore, con los ojos brillando. Un detalle que no sé le escapó a Harry, quién sé preguntó si el director sabía algo del dragón.

Había botellas vacías de brandy y plumas de pollo por todo el suelo.

—He decidido llamarlo Norberto

Charlie se rió en silencio. Si supiera que en realidad es Norberta en vez de Norberto.

—dijo Hagrid, mirando al dragón con ojos húmedos—. Ya me reconoce, mirad. ¡Norberto! ¡Norberto! ¿Dónde está mamá?

-Ha perdido el juicio -dijo Sirius.

—Ha perdido el juicio —murmuró Ron

Toda la sala se rió, mientras que Sirius y Ron se miraban.

a Harry.

—Hagrid —dijo Harry en voz muy alta—, espera dos semanas y Norberto será tan grande como tu casa. Malfoy se lo contará a Dumbledore en cualquier momento.

-Lo raro es que no lo hubiera hecho ya -replicó Luna.

Hagrid se mordió el labio.

—Yo... yo sé que no puedo quedarme con él para siempre, pero no puedo echarlo, no puedo.

Harry se volvió hacia Ron súbitamente.

—Charlie —dijo.

—Tú también estás mal de la cabeza —dijo Ron—. Yo soy Ron, ¿recuerdas?

Toda la sala se hecho a reír, mientras que el pelirrojo enrojecía.

—No... Charlie, tu hermano. En Rumanía. Estudiando dragones. Podemos enviarle a Norberto. ¡Charlie lo cuidará y luego lo dejará vivir en libertad!

Molly frunció el ceño. Más le valía a su hijo no haber aceptado eso.

—¡Genial! —dijo Ron—. ¿Qué piensas de eso, Hagrid?

Y al final, Hagrid aceptó que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a Charlie.

Molly frunció aun más el ceño.

La semana siguiente pareció alargarse. La noche del miércoles encontró a Harry y Hermione sentados solos

Ron y Ginny fruncieron el ceño. No les gustaba la idea que Harry y Hermione estuvieran solos.

en la sala común, mucho después de que todos se fueran a acostar.

El reloj de la pared acababa de dar doce campanadas cuando el agujero de la pared se abrió de golpe. Ron surgió de la nada, al quitarse la capa invisible de Harry.

Había estado en la cabaña de Hagrid, ayudándolo a alimentar a Norberto, que ya comía ratas muertas.

—¡Me ha mordido!

-¡Oh, no! -gimió Molly, mirando a su hijo, preocupada.

-Los colmillos de los ridgeback noruegos tienen veneno -comentó Charlie, que miraba a Ron preocupado. El resto de los Weasley, al escuchar eso, miraron a Ron con preocupación.

—dijo, enseñándoles la mano envuelta en un pañuelo ensangrentado—. No podré escribir en una semana. Os aseguro que los dragones son los animales más horribles que conozco, pero para Hagrid es como si fuera un osito de peluche. Cuando me mordió, me hizo salir porque, según él, yo lo había asustado. Y cuando me fui le estaba cantando una canción de cuna.

-Está completamente loco-dijo Neville.

Se oyó un golpe en la ventana oscura.

—¡Es Hedwig! —dijo Harry, corriendo para dejarla entrar—. ¡Debe de traer la respuesta de Charlie!

Los tres juntaron las cabezas para leer la carta.

Querido Ron:

¿Cómo estás? Gracias por tu carta. Estaré encantado de quedarme con el ridgeback noruego, pero no será fácil traerlo aquí. Creo que lo mejor será hacerlo con unos amigos que vienen a visitarme la semana que viene. El problema es que no deben verlos llevando un dragón ilegal. ¿Podríais llevar al ridgeback noruego a la torre más alta, la medianoche del sábado?

Ellos se encontrarán contigo allí y se lo llevarán mientras dure la oscuridad. Envíame la respuesta lo antes posible.

Besos, Charlie

-¡Charles Septimus Weasley! -gritó Molly-. ¿Por qué no me contaste nada?

-Lo siento, mamá, pero no podía. Hagrid es mi amigo -respondió Charlie. Molly no dijo nada, pero por la expresión de su cara se notaba que no estaba contenta.

Se miraron.

—Tenemos la capa invisible —dijo Harry—. No será tan difícil... creo que la capa es suficientemente grande para cubrir a Norberto y a dos de nosotros.

-Buen plan -dijo Sirius.

La prueba de lo mala que había sido aquella semana para ellos fue que aceptaron de inmediato. Cualquier cosa para liberarse de Norberto... y de Malfoy.

-Sobretodo de Malfoy -dijo el trío.

Se encontraron con un obstáculo. A la mañana siguiente, la mano mordida de Ron se había inflamado y tenía dos veces su tamaño normal.

Molly gimió, mientras apuntaba mentalmente matar a Hagrid.

No sabía si convenía ir a ver a la señora Pomfrey ¿Reconocería una mordedura de dragón?

-Seguramente -respondió Sirius.

-Pero no os preocupéis -dijo Fred.

-Nunca suele hacer preguntas -acabó George.

Sin embargo, por la tarde no tuvo elección. La herida se había convertido en una horrible cosa verde.

"Cómo esto siga así, a mamá le va a dar un ataque de nervios" pensó Ron, mirando a su madre.

Parecía que los colmillos de Norberto tenían veneno.

-En efecto -dijo Emily.

Al finalizar el día, Harry y Hermione fueron corriendo hasta el ala de la enfermería para visitar a Ron y lo encontraron en un estado terrible.

—No es sólo mi mano —susurró— aunque parece que se me vaya a caer a trozos. Malfoy le dijo a la señora Pomfrey que quería pedirme prestado un libro, y vino y se estuvo riendo de mí. Me amenazó con decirle a ella quién me había mordido (yo le había dicho que era un perro, pero creo que no me creyó).

-Por supuesto, Ron, un perro -dijo Ginny, con sarcasmo-. Sobretodo porque las mordeduras de los perros son venenosas.

No debí pegarle en el partido de quidditch. Por eso se está portando así.

Harry y Hermione trataron de calmarlo.

—Todo habrá terminado el sábado a medianoche —dijo Hermione, pero eso no lo tranquilizó. Al contrario, se sentó en la cama y comenzó a temblar.

-Eso no me gusta -dijo Will.

—¡La medianoche del sábado! —dijo con voz ronca—. Oh, no, oh, no... acabo de acordarme... la carta de Charlie estaba en el libro que se llevó Malfoy, se enterará de la forma en que nos libraremos de Norberto.

Todos gimieron.

-¿Cómo tenéis esa suerte? -preguntó Neville.

Harry y Hermione no tuvieron tiempo de contestarle. Apareció la señora Pomfrey y los hizo salir; diciendo que Ron necesitaba dormir.

—Es muy tarde para cambiar los planes

-Sin duda -dijo Will.

—dijo Harry a Hermione—. No tenemos tiempo de enviar a Charlie otra lechuza y ésta puede ser nuestra única oportunidad de librarnos de Norberto. Tendremos que arriesgarnos. Y tenemos la capa invisible y Malfoy no lo sabe.

Encontraron a Fang, el perro cazador de jabalíes, sentado afuera, con la cola vendada,

-Pobre Fang -dijo Ginny, apretando su mano con la de Harry.

cuando fueron a avisar a Hagrid. Éste les habló a través de la ventana.

—No os hago entrar —jadeó— porque Norberto está un poco molesto. No es nada importante, ya me ocuparé de él.

Cuando le contaron lo que decía Charlie, se le llenaron los ojos de lágrimas, aunque tal vez fuera porque Norberto acababa de morderle la pierna.

-Es por eso, sin duda -dijo Sally.

—¡Aaay! Está bien, sólo me ha cogido la bota... está jugando... después de todo es sólo un cachorro.

El cachorro golpeó la pared con su cola, haciendo temblar las ventanas.

-Vaya cachorro -dijo Will con los ojos como platos.

Harry y Hermione regresaron al castillo con la sensación de que el sábado no llegaría lo bastante rápido.

-Y no llegó -dijeron los dos a la vez.

Tendrían que haber sentido pena por Hagrid, cuando llegó el momento de la despedida, si no hubieran estado tan preocupados por lo que tenían que hacer.

Era una noche oscura y llena de nubes y llegaron un poquito tarde a la cabaña de Hagrid, porque tuvieron que esperar a que Peeves saliera del vestíbulo, donde jugaba al tenis contra las paredes.

Todos gruñeron.

-Vaya noche a elegido para ponerse a jugar tenis -se quejó Arthur.

Hagrid tenía a Norberto listo y encerrado en una gran jaula.

—Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje —dijo Hagrid con voz amable—. Y le puse su osito de peluche por si se siente solo.

Del interior de la jaula les llegaron unos sonidos, que hicieron pensar a Harry que Norberto le estaba arrancando la cabeza al osito.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOO! -gritó Sirius, dramáticamente-. ¡Le faltaba un día para jubilarse!

-Pobre osito -dijo Will-. Guardemos un minuto de silencio por el pobre osito de peluche, que cayó en acto de servicio.

Y así lo hicieron... Bahh, mentira. Solo lo hicieron Will y Sirius, mientras que el resto de la sala reía sin control.

—¡Adiós, Norberto! —sollozó Hagrid, mientras Harry y Hermione cubrían la jaula con la capa invisible y se metían dentro ellos también—. ¡Mamá nunca te olvidará!

-Ni nosotros tampoco -dijo el trío a la vez.

Cómo se las arreglaron para llevar la jaula hasta la torre del castillo fue algo que nunca supieron. Era casi medianoche cuando trasladaron la jaula de Norberto por las escaleras de mármol del castillo y siguieron por pasillos oscuros. Subieron una escalera, luego otra... Ni siquiera uno de los atajos de Harry hizo el trabajo más fácil.

-Subir a un dragón por el método muggle hasta la torre de Astronomía teniendo once años debe de ser pesado -dijo Ginny.

-Ni te lo imaginas -respondieron Harry y Hermione.

—¡Ya casi llegamos! —resopló Harry, mientras alcanzaban el pasillo que había bajo la torre más alta.

Entonces, un súbito movimiento por encima de ellos casi les hizo soltar la jaula.

-¿Qué pasa? -preguntaron Molly y Sally a la vez.

Olvidando que eran invisibles, se encogieron en las sombras, contemplando las siluetas oscuras de dos personas que discutían a unos tres metros de ellos. Una lámpara brilló.

La profesora McGonagall, con una bata de tejido escocés y una redecilla en el pelo, tenía sujeto a Malfoy por la oreja.

-¡Bien hecho, Minnie! -aplaudieron los bromistas.

—¡Castigo! —gritaba—. ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche... ¿Cómo te atreves...?

Los aplausos aumentaron.

—Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá. ¡Y con un dragón!

—¡Qué absurda tontería! ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos, hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Vamos, Malfoy!

-Snape no le hará nada -dijo Sirius.

Después de aquello, la escalera de caracol hacia la torre más alta les pareció lo más fácil del mundo. Cuando salieron al frío aire de la noche, donde se quitaron la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie de salto.

Hermione enrojeció de la vergüenza, mientras el resto reía.

—¡Malfoy está castigado! ¡Podría ponerme a cantar!

—No lo hagas —la previno Harry.

-No te preocupes, Cachorro. Es muy difícil que alguien os oiga -dijo Sirius.

-Sí yo lo decía porque no tenía una cámara de fotos conmigo -respondió Harry, haciendo que la sala, menos Hermione, riera.

Riéndose de Malfoy, esperaron, con Norberto moviéndose en su jaula. Diez minutos más tarde, cuatro escobas aterrizaron en la oscuridad. Los amigos de Charlie eran muy simpáticos.

-Lo eran -dijeron los dos "hermanos".

Enseñaron a Harry y Hermione los arneses que habían preparado para poder suspender a Norberto entre ellos. Todos ayudaron a colocar a Norberto para que estuviera muy seguro, y luego Harry y Hermione estrecharon las manos de los amigos y les dieron las gracias.

Por fin. Norberto se iba... se iba... se había ido.

La sala empezó a aplaudir.

Bajaron rápidamente por la escalera de caracol, con los corazones tan libres como sus manos, que ya no llevaban la jaula con Norberto. Sin el dragón, y con Malfoy castigado, ¿qué podía estropear su felicidad?

-No digáis eso -dijo Emily-. Cada vez que alguien dice que algo va bien, acaba yendo mal.

La respuesta los esperaba al pie de la escalera. Cuando llegaron al pasillo, el rostro de Filch apareció súbitamente en la oscuridad.

-Decidme que tenéis la capa puesta -suplicó Will. Harry y Hermione bajaron la vista-. Me lo tomare como un no.

—Bien, bien, bien —susurró Harry—. Tenemos problemas.

Habían dejado la capa invisible en la torre.

-¿Cómo os habéis podido olvidar la capa en la torre? -preguntó Tonks.

-Ni idea -respondió Harry, quién no se podía creer que se le olvidara ese detalle.

-El capítulo concluye aquí -dijo Dumbledore-. Señor Longbottom, le toca a usted, ¿cierto?

-Eh, sí -respondió Neville, cogiendo el libro.


Hola gente,

decimosexto capítulo, ya falta poco para el final de la historia. Ahora, lo que me parece que va a ser una tradición, o a lo mejor no. Unas preguntas:

¿Creéis que Dumbledore sabía la existencia de Norberto o más bien Norberta?

¿Por qué Malfoy no dijo a nadie sobre la existencia del dragón?

Y sobretodo, ¿Creéis que sobrevivió alguna parte del pobre osito a su viaje a Rumanía?

Bueno, lo de siempre, espero que os haya gustado, y si veis a un perro negro, no os pongáis a perseguirlo gritando: "¡Sirius, estas vivo!", porque la gente te toma como loco. No es que yo lo haya hecho, no.

Bueno, tras las preguntas y mi habitual momento de locura XD, sólo me queda decir una cosa.

Se despide,

Grytherin18