Advertencia: De momento, Inglaterra aún no me permite ser Hiramuya-el muy ****-. ¬¬ Así que los personajes no son míos. 3
Aviso a las fans a muerte del UsUk: Salid corriendo, u os daréis una hos*** más grande que la que se toma Vaticano cada mañana.
Tras el portazo, y comprobar que América se había ido, Inglaterra se derrumbó al lado de la puerta, aguantando las lágrimas. Japón no supo qué hacer, quedándose bloqueado por unos segundos, hasta que, temblando, se acurrucó al lado del británico. Este apoyó la cabeza en su hombro, y soltó un par de lágrimas que secó inmediatamente.
-Mmmm…-Francia reflexionó durante un par de minutos, acariciándose el mentón. Acababa de afeitarse, y estaba extraño sin su corta barba de dos días.- Tal y como me lo describes, parece que tenemos algo grave entre manos.
-¿A qué te refieres?
El francés dudó un momento. La descripción física de Inglaterra y Japón le había dado pistas de lo que habían estado haciendo.
-Creo que Inglaterra está…
-¡Francia!-interrumpió Kumajiro, bajando con sus cortas piernas.- ¿Se puede saber qué le has hecho a Canadá? ¡No se puede levantar de la cama de lo dolorido que está!
Francia rió, con la expresión más pervertida que América nunca le había visto. ¿El oso polar de su hermano era tan inocente como para no saberlo?
-Solo le he dado un poco de mi amour, nada más.
América suspiró mientras duraba la discusión. Acarició la cabeza de Tony, que dormitaba a su lado en posición fetal con una hamburguesa de peluche. No se sentía con ánimos para gritar que pararan de discutir y le dieran algo de atención, como solía hacer.
La cabeza le daba vueltas a la imagen de ese Japón tan extraño que le había abierto la puerta. Había algo…Que no conseguía descubrir qué era, pero estaba allí.
Pasó media hora hasta que finalizó la discusión.
-¡Maple, haz lo que te dé la gana! Pero yo no pienso estar siempre cuidando a…a…
-Canadá.
-Eso, Canadá.
Kumajiro se marchó. Aún enfadado es bastante mono, pensó Estados Unidos.
-Bueno, mi querido América. Volviendo al tema espinoso que estamos tratando…-frunció el ceño.- No sé cómo decir esto.
-En francés no, a poder ser-masculló, impaciente
-Oui, mon amie-suspiró.- Creo que Japón es el amoureux de Inglaterra.
-¿Amurrú? ¿Qué es eso, un solado?
Francia se llevó un dedo a la frente, empezando a ponerse nervioso.
-Amante. Japón es el amante de Inglaterra-al ver la expresión del americano, intentó arreglarlo-¡creo, no estoy seguro!-comenzó a hablar más rápido y a gesticular, al ver que los ojos de América se iban oscureciendo.- Además, si lo piensas bien no tiene ningún sentido. ¿Cómo va a hacerte eso Inglaterra? ¡Y Japón es demasiado tímido! Y… ¿América?
Se había encogido sobre sí mismo con la cara oculta entre las rodillas, como no lo había hecho desde que era pequeño. No estaba llorando, pero la propia posición en sí era extraña.
-Entonces…-alzó la cabeza.- ¿Le he perdido?
-No lo sé. Lo único seguro es que nunca ha estado tan cabreado como para resistirse a unos bombones. La has cagado pero bien, mon amie.
No parecía estar animándolo mucho, pero al menos estaba siendo sincero. A pesar de sus continuas discusiones, a Francia el bienestar del británico le importaba mucho, ya que en el fondo eran algo así como "amigos". Aunque con América no sucediera lo mismo.
-Mira, yo te aconsejo que te arrastres. Que te arrastres beaucoup.
-Ni de coña.
-¡Trágate ese puto orgullo, hombre! ¿Quieres recuperar al cejudo o no?
América tragó saliva. No quería arrastrarse delante de Arthur, pero… ¿Qué opción le quedaba? Aún no sabía seguro si Japón se estaba acostando con Inglaterra. Aún había una mínima posibilidad de volver a salir con él e intentar hacer las cosas bien…
-Sí que quiero.
-Pues arrástrate-los ojos azules del francés titilaron.- Entrando por la ventana cual príncipe, cogiéndolo por la cintura con delicadeza, ayudándole a escapar del malvado dragón japonés… ¡Mon dieu, da para una novela!
-¡Franciaaaaaa!-gritó Kumajiro, desde la planta superior.
Allí estaba de nuevo. Tras perderse tres veces en ese maldito barrio japonés, finalmente había llegado a la casa. Inspiró hondo, y Francis le recordó las palabras que debía decir.
-"Lo siento muchísimo, Inglaterra. ¡Realmente soy un imbécil, que jamás ha merecido tu amor! Pero, si pudiera perdonar a este inútil, sería tan feliz…" ¡Eso es lo que debes decir para que el cejudo se rinda a tus pies!
Le daban náuseas solo de imaginarse diciendo esas palabras. ¡Shit, no parecían para nada propias de un hero como él! Él entraría en la casa en un ovni, y se lo llevaría a su planeta…
-¿Qué haces? ¡Llama!-gritó el galo, escondido tras un matorral.
América se puso rígido, y llamó a la puerta: Primero con los nudillos, y luego al timbre. Esperó un par de minutos, pegando la oreja a la puerta, pero solo pudo oír un murmullo.
-¡Pssst! ¡Por el jardín, gringo!
Estaba tan nervioso que ni siquiera comentó la expresión "gringo", y se limitó a deslizarse por el jardín como un insecto más junto a Francia. El murmullo se hacía más fuerte conforme se acercaban, y en toda la casa había una sola ventana abierta, en el segundo piso.
-De allí proviene ese ruido…-murmuró el francés. América tragó saliva.
-¿Lo estarán torturando o algo? Se oye como si fueran gritos.-Francis no respondió. Tenía el ceño fruncido, mientras pensaba en algo. América perdió la paciencia, y subió intentando hacer el menor ruido posible a un árbol, el más cercano a la ventana en cuestión.
Cuando sus ojos azules pudieron asimilar la escena, arrancó con sus propios dedos un trozo de la corteza del árbol. No, eso no podía estar pasando con él…
-Psssst, gringo. ¿Qué pasa?
Francia no quería subir a un árbol, era un acto demasiado salvaje para un hombre elegante como él. Pero la curiosidad podía más que los modales, así que también subió, con algo de torpeza.
Francis lo sospechaba, pero igualmente no se lo había esperado de Inglaterra.
El camino de vuelta se realizó en el máximo silencio. Aunque el francés intentaba decir algo para animar a Alfred, sabía que nada podría animarle o hacerle reaccionar mínimamente en esa situación.
Porque América lo había visto con sus propios ojos.
-Canadá-dijo a su hermano, una vez en casa.- Me voy a mi casa. Tony se ha cansado de estar aquí.
Canadá se olvidó por un momento del dolor que –aún-le aquejaba la cadera, para fijarse en los ojos deprimidos de su hermano mayor. Solo lo había visto así cuando Inglaterra se había negado a comprarle una hamburguesa, o cuando Tony desapareció…
-¿Qué ha ocurrido, América-nii-san?-se sentó con dificultad sobre el colchón, y cogió una mano de Estados Unidos.- ¿No has podido hacer las paces con Inglaterra?
-No…No exactamente eso-sonrió. Era obvio que era una sonrisa forzada, pensó Canadá. Sería medio invisible, pero no tonto.- Me voy a hacer la maleta, no deseo seguir molestando…
"Pero si tú no molestas" quiso decirle el canadiense, pero no le dio tiempo. Cuando había abierto la boca, América ya había desaparecido.
-América…
To be continued…O sea que continuará. xD ¡Aún no os habéis librado de mí!
Por cierto, los Red Box que se mencionan en el capítulo anterior son los de la Caja Roja de Nestlé. xD Siempre amé esos bombones. ^J^ Y lo siento, pero esa hostia psicológica para el UsUk es justo lo que necesito hacer ahora mismo. D:
Perdón por cualquier error con el francés que pueda haber. :'D
Asdf ahora es cuando América-san se vuelve malo maloso de verdad. D: Preparad vuestros…¿tés?
