Neville abrió el libro por el nuevo capítulo, y se aclaró la garganta.
-El bosque prohibido -leyó.
-¡HARRY JAMES POTTER EVANS! -gritó Sally, sobresaltando al chico.
-¡RONALD BILIUS WEASLEY PREWETT! -rugió Molly. Hermione suspiró aliviada de que su madre no estuviera en la sala-. ¡No pienses que tu te salvas, Hermione Granger!
El trío se miró con pánico.
-¿¡Qué hacíais en el bosque!? -preguntaron/gritaron las dos madres de la sala.
-Yo no fui -se apresuró a contestar Ron.
-A nosotros nos obligaron -respondió Harry.
-Era un castigo -aclaró Hermione.
-¿Un castigo? -preguntó Sally, mientras Molly miraba amenazante a Dumbledore.
-¿Qué tal si leemos? -propuso Remus-. Así nos enteraremos de lo que paso.
Las cosas no podían haber salido peor.
"¿Cómo se me pudo olvidar coger la capa?" pensó Harry, enfadado con él mismo.
Filch los llevó al despacho de la profesora McGonagall, en el primer piso, donde se sentaron a esperar; sin decir una palabra. Hermione temblaba. Excusas, disculpas y locas historias cruzaban la mente de Harry, cada una más débil que la otra. No podía imaginar cómo se iban a librar del problema aquella vez. Estaban atrapados. ¿Cómo podían haber sido tan estúpidos para olvidar la capa?
-Eso mismo -dijeron los dos "hermanos".
No había razón en el mundo para que la profesora McGonagall aceptara que habían estado vagando durante la noche, para no mencionar la torre más alta de Astronomía, que estaba prohibida, salvo para las clases. Si añadía a todo eso Norberto y la capa invisible, ya podían empezar a hacer las maletas. ¿Harry pensaba que las cosas no podían estar peor? Estaba equivocado. Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville.
-¿Cómo? -preguntó la sala, asombrada.
—¡Harry! —estalló Neville en cuanto los vio—. Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte, dijo que tenías un drag...
-¡Longbottom! -gritó Alastor. Neville se sobresaltó y dejó caer el libro. Luna sé apresuró a cogerlo y a dárselo a Neville.
-Gracias -dijo el chico, y cuando la rubia le sonrío, Neville se sonrojo.
Harry negó violentamente con la cabeza, para que Neville no hablara más, pero la profesora McGonagall lo vio. Lo miró como si echara fuego igual qué Norberto y se irguió, amenazadora, sobre los tres.
Los merodeadores y los gemelos Weasley se echaron a temblar.
—Nunca lo habría creído de ninguno de vosotros. El señor Filch dice que estabais en la torre de Astronomía. Es la una de la mañana. Quiero una explicación.
-Simplemente llevaron un dragón ilegal a la torre, para que pudieran llevárselo a Rumanía -comentó Will con una sonrisa.
Ésa fue la primera vez que Hermione no pudo contestar a una pregunta de un profesor. Miraba fijamente sus zapatillas, tan rígida como una estatua.
Harry y Ron sé estremecieron al recordar a Hermione petrificada.
—Creo que tengo idea de lo que sucedió
-Lo dudo -replicó Ginny.
—dijo la profesora McGonagall—. No hace falta ser un genio para descubrirlo. Te inventaste una historia sobre un dragón para que Draco Malfoy saliera de la cama y se metiera en líos. Te he atrapado.
-No, no lo ha hecho -dijo Emily.
Supongo que te habrá parecido divertido que Longbottom oyera la historia y también la creyera, ¿no?
Harry captó la mirada de Neville y trató de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Neville parecía asombrado y herido.
-Eso fue lo que pensé -confesó Neville.
Pobre mete-patas Neville,
-Lo siento, Nev -se disculpó Harry.
-No pasa nada -dijo Neville.
Harry sabía lo que debía de haberle costado buscarlos en la oscuridad, para prevenirlos.
-Y en esa época le tenía miedo a la oscuridad -susurró Neville para él, pero fue escuchado por toda la sala.
-¿Fuiste a buscarnos, aun cuando te daba miedo la oscuridad? -preguntó Hermione, asombrada. Neville asintió, completamente rojo-. Gracias.
La castaña se levantó y le dio un beso en la mejilla a Neville, haciendo que el chico se sonrojara. Ron fulminó a Neville con la mirada, y Luna frunció el ceño.
-Fuiste valiente -le dijo Ginny, dándole otro beso en la mejilla. Ahora fue el turno de Harry para fulminar a Neville.
-Desde luego -admitió Emily, dándole otro beso. Fue el turno de Fred para matar a Neville (que ya estaba igual de rojo que el pelo de los Weasley) con la mirada.
-Mejor seguimos leyendo -comentó Will, mirando con un poco de preocupación a Neville, ya que parecía que Harry, Ron y Fred iban a matarlo en cualquier momento.
—Estoy disgustada —dijo la profesora McGonagall—. Cuatro alumnos fuera de la cama en una noche. ¡Nunca he oído una cosa así! Tu, Hermione Granger, pensé que tenías más sentido común. Y tú, Harry Potter... Creía que Gryffindor significaba más para ti.
-Golpe bajo -dijo Sirius.
Los tres sufriréis castigos... Sí, tú también, Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche, en especial en estos días:
Alastor, Remus, Tonks y Bill fruniceron el ceño. ¿Qué quería decir con eso? ¿Acaso había habido un intento por robar la Piedra?
es muy peligroso y se os descontarán cincuenta puntos de Gryffindor.
-Bueno, eso no es mucho -dijo Sirius. Fred, George y Percy, por otro lado, fruncieron el ceño. Si sólo les había quitado cincuenta, ¿cómo es que Gryffindor había perdido cien más?
— ¿Cincuenta? —resopló Harry.
-¡No! -gritaron los gemelos Weasley.
-Cachorro, nunca contradigas a Minnie cuando te quite puntos -dijo Sirius.
-Porque sólo consigues que te quite más -añadió Remus.
-Lo sé -contestó Harry, frustrado consigo mismo.
Iban a perder el primer puesto, lo que había ganado en el último partido de quidditch.
-¿Sólo te preocupaba la copa de quidditch? -preguntó Hermione, asombrada.
-Cómo su padre -respondió Remus, sonriendo con nostalgia.
—Cincuenta puntos cada uno —dijo la profesora McGonagall, resoplando a través de su nariz puntiaguda.
—Profesora... por favor...
—Usted, usted no...
-Cállate -suplicaron los bromistas.
—No me digas lo que puedo o no puedo hacer; Harry Potter. Ahora, volved a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de alumnos de Gryffindor.
-Está claro que no se acuerda de vosotros -comentó Sally, mirando a Sirius y a Remus.
Ciento cincuenta puntos perdidos. Eso situaba a Gryffindor en el último lugar. En una noche, habían acabado con cualquier posibilidad de que Gryffindor ganara la copa de la casa. Harry sentía como si le retorcieran el estómago. ¿Cómo podrían arreglarlo? Harry no durmió aquella noche. Podía oír el llanto de Neville,
Neville sé sonrojo.
"Tengo que dejar de ser tan llorica" pensó el chico.
que duró horas. No se le ocurría nada que decir para consolarlo. Sabía que Neville, como él mismo, tenía miedo de que amaneciera. ¿Qué sucedería cuando el resto de los de Gryffindor descubrieran lo que ellos habían hecho?
Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigantesco reloj de arena, que informaba de la puntuación de la casa, pensaron que había un error. ¿Cómo iban a tener; súbitamente, ciento cincuenta puntos menos que el día anterior?
Y luego, se propagó la historia.
-No me gusta cómo suena eso -dijo Will.
Harry Potter; el famoso Harry Potter, el héroe de dos partidos de quidditch, les había hecho perder todos esos puntos, él y otros dos estúpidos de primer año. De ser una de las personas más populares y admiradas del colegio, Harry súbitamente era el más detestado.
-Eso es realmente molesto -dijo Harry.
Hasta los de Ravenclaw y Hufflepuff le giraban la cara, porque todos habían deseado ver a Slytherin perdiendo la copa. Por dónde quiera que Harry pasara, lo señalaban con el dedo y no se molestaban en bajar la voz para insultarlo.
Sirius, Sally y Remus gruñeron.
Los de Slytherin, por su parte, lo aplaudían y lo vitoreaban, diciendo:
«¡Gracias, Potter; te debemos una!».
-Idiotas -dijo Tonks.
Sólo Ron lo apoyaba.
-Siempre -declaró el pelirrojo, y Harry le sonrío.
—Se olvidarán en unas semanas. Fred y George han perdido puntos muchas veces desde que están aquí y la gente los sigue apreciando.
—Pero nunca perdieron ciento cincuenta puntos de una vez, ¿verdad? —dijo Harry tristemente.
—Bueno... no —admitió Ron.
-Pero estos si -dijo Sally, señalando a Sirius y a Remus.
Era un poco tarde para reparar los daños, pero Harry se juró que, de ahí en adelante, no se metería en cosas que no eran asunto suyo. Todo había sido por andar averiguando y espiando.
-¿Cuanto te duro eso? -preguntó Ginny.
-Unas semanas -admitió el azabache.
Se sentía tan avergonzado que fue a ver a Wood y le ofreció su renuncia.
-¿Qué? -gritó Sirius, con horror.
—¿Renunciar? —exclamó Wood—. ¿Qué ganaríamos con eso? ¿Cómo vamos a recuperar puntos si no podemos jugar al quidditch?
Pero hasta el quidditch había perdido su atractivo.
-Sino fuera porque es una copia de James, dudaría que fuera su hijo -comentó Remus.
El resto del equipo no le hablaba durante el entrenamiento, y si tenían que hablar de él lo llamaban «el buscador».
-¿Vosotros también? -preguntó Sirius a los gemelos de forma amenazadora. Los gemelos bajaron la cabeza.
-Lo siento, Harry -dijeron ambos.
Hermione y Neville también sufrían. No pasaban tantos malos ratos como Harry porque no eran tan conocidos, pero nadie les hablaba. Hermione había dejado de llamar la atención en clase, y se quedaba con la cabeza baja, trabajando en silencio.
-Sino participas en clase, ¿cómo vas a recuperar los puntos perdidos? -le preguntó Emily.
Harry casi estaba contento de que se aproximaran los exámenes. Las lecciones que tenía que repasar alejaban sus desgracias de su mente. Él, Ron y Hermione se quedaban juntos, trabajando hasta altas horas de la noche, tratando de recordar los ingredientes de complicadas pociones, aprendiendo de memoria hechizos y encantamientos y repitiendo las fechas de descubrimientos mágicos y rebeliones de los gnomos. Y entonces, una semana antes de que empezaran los exámenes, las nuevas resoluciones de Harry de no interferir en nada que no le concerniera sufrieron una prueba inesperada.
Una tarde que salía solo de la biblioteca oyó que alguien gemía en un aula que estaba delante de él. Mientras se acercaba, oyó la voz de Quirrell.
Todos prestaron atención.
—No... no... otra vez no, por favor...
Parecía que alguien lo estaba amenazando.
Harry se acercó.
—Muy bien... muy bien. —Oyó que Quirrell sollozaba.
Al segundo siguiente, Quirrell salió apresuradamente del aula, enderezándose el turbante.
Alastor frunció el ceño. "Ese turbante lo están nombrando demasiado" pensó el auror.
Estaba pálido y parecía a punto de llorar. Desapareció de su vista y Harry pensó que ni siquiera lo había visto. Esperó hasta que dejaron de oírse los pasos de Quirrell y entonces inspeccionó el aula. Parecía vacía, pero la puerta del otro extremo estaba entreabierta. Harry estaba a mitad de camino, cuando recordó que se había prometido no meterse en lo que no le correspondía. Al mismo tiempo, habría apostado doce Piedras Filosofales a que Snape acababa de salir del aula y, por lo que Harry había escuchado, Snape debería estar de mejor humor...
-Eso es malo -gruñó Sirius.
Quirrell parecía haberse rendido finalmente.
Harry regresó a la biblioteca, en donde Hermione estaba repasándole Astronomía a Ron. Harry les contó lo que había oído.
—¡Entonces Snape lo hizo! —dijo Ron—. Si Quirrell le dijo cómo romper su encantamiento anti-Fuerzas Oscuras...
—Pero todavía queda Fluffy—dijo Hermione.
—Tal vez Snape descubrió cómo pasar ante él sin preguntarle a Hagrid —dijo Ron, mirando a los miles de libros que los rodeaban—. Seguro que por aquí hay un libro que dice cómo burlar a un perro gigante de tres cabezas.
-Por supuesto -respondió Ginny, sarcásticamente.
¿Qué vamos a hacer, Harry?
La luz de la aventura brillaba otra vez en los ojos de Ron, pero Hermione respondió antes de que Harry lo hiciera.
—Ir a ver a Dumbledore.
-Teníais que haber hecho eso desde el principio -gruñó Molly.
Eso es lo que debimos hacer hace tiempo. Si se nos ocurre algo a nosotros solos, con seguridad vamos a perder.
—¡Pero no tenemos pruebas! —exclamó Harry—. Quirrell está demasiado atemorizado para respaldarnos. Snape sólo tiene que decir que no sabía cómo entró el trol en Halloween y que él no estaba cerca del tercer piso en ese momento. ¿A quién pensáis que van a creer, a él o a nosotros? No es exactamente un secreto que lo detestamos. Dumbledore creerá que nos lo hemos inventado para hacer que lo echen. Filch no nos ayudaría aunque su vida dependiera de ello, es demasiado amigo de Snape
-En eso discrepo -dijo Sirius.
-Filch es demasiado amargado cómo para tener amigos -respaldo Remus.
y, mientras más alumnos pueda echar, mejor para él. Y no olvidéis que se supone que no sabemos nada sobre la Piedra o Fluffy. Serían muchas explicaciones.
Hermione pareció convencida, pero Ron no.
—Si investigamos sólo un poco...
Algunos asintieron, mientras otros negaban.
—No —dijo Harry en tono terminante—: ya hemos investigado demasiado.
Acercó un mapa de Júpiter a su mesa y comenzó a aprender los nombres de sus lunas.
A la mañana siguiente, llegaron notas para Harry, Hermione y Neville, en la mesa del desayuno. Eran todas iguales.
-Seguro que son las notas del castigo -comentó George.
-Vuestro castigo tendrá lugar a tal hora. El señor Filch os espera en tal sitio. Prof M. McGonagall -recitó Fred.
Vuestro castigo tendrá lugar a las once de la noche.
El señor Filch os espera en el vestíbulo de entrada.
Prof M. McGonagall
Los gemelos asintieron.
En medio del furor que sentía por los puntos perdidos, Harry había olvidado que todavía les quedaban los castigos. De alguna manera esperaba que Hermione se quejara por tener que perder una noche de estudio, pero la muchacha no dijo una palabra. Como Harry, sentía que se merecían lo que les tocara.
-En efecto -dijo la chica.
A las once de aquella noche, se despidieron de Ron en la sala común y bajaron al vestíbulo de entrada con Neville. Filch ya estaba allí y también Malfoy. Harry también había olvidado que a Malfoy lo habían condenado a un castigo.
-Igual que a mí -dijo Hermione.
—Seguidme —dijo Filch, encendiendo un farol y conduciéndolos hacia fuera—. Seguro que os lo pensaréis dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad? —dijo, mirándolos con aire burlón—. Oh, sí... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si queréis mi opinión...
-No, no la queremos -dijo Will.
es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... colgaros de las muñecas, del techo, unos pocos días. Yo todavía tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez se necesitan...
-Cosa que nunca sucederá -dijo Dumbledore.
Bien, allá vamos, y no penséis en escapar, porque será peor para vosotros si lo hacéis.
Marcharon cruzando el oscuro parque. Neville comenzó a respirar con dificultad. Harry se preguntó cuál sería el castigo que les esperaba. Debía de ser algo verdaderamente horrible, o Filch no estaría tan contento.
-Más vale que no -gruñó Sally.
La luna brillaba, pero las nubes la tapaban, dejándolos en la oscuridad. Delante, Harry pudo ver las ventanas iluminadas de la cabaña de Hagrid. Entonces oyeron un grito lejano.
—¿Eres tú, Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez.
El corazón de Harry se animó: si iban a estar con Hagrid, no podía ser tan malo.
Su alivio debió aparecer en su cara, porque Filch dijo:
—Supongo que crees que vas a divertirte con ese papanatas, ¿no? Bueno, piénsalo mejor, muchacho... es al bosque adonde iréis y mucho me habré equivocado si volvéis todos enteros.
-Te equivocaste -se burló Emily.
Al oír aquello, Neville dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe.
—¿El bosque? —repitió, y no parecía tan indiferente como de costumbre—. Hay toda clase de cosas allí... dicen que hay hombres lobo.
Remus sé tensó.
-Los hombres lobo son personas que una vez al mes tienen un pequeño problema peludo -dijo Will. Emily asintió, y Sirius miró a sus hijos con orgullo.
Neville se aferró de la manga de la túnica de Harry y dejó escapar un ruido ahogado.
-Una reacción estúpida -dijo Neville.
-Además, que yo recuerde esa noche no había luna llena -dijo Harry.
—Eso es problema vuestro, ¿no? —dijo Filch, con voz radiante—. Tendríais que haber pensado en los hombres lobo antes de meteros en líos.
-Que son personas normales -dijo Sally, rodando los ojos.
Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talones. Llevaba una gran ballesta y un caja con flechas en la espalda.
—Menos mal —dijo—. Estoy esperando hace media hora. ¿Todo bien, Harry, Hermione?
—Yo no sería tan amistoso con ellos, Hagrid —dijo con frialdad Filch—. Después de todo, están aquí por un castigo.
—Por eso llegáis tarde, ¿no? —dijo Hagrid, mirando con rostro ceñudo a Filch—. ¿Has estado dándoles sermones?
-Sí -respondió Luna.
Eso no es lo que tienes que hacer. A partir de ahora, me hago cargo yo.
—Volveré al amanecer —dijo Filch— para recoger lo que quede de ellos —añadió con malignidad.
-Idiota -dijo Emily.
Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo, agitando el farol en la oscuridad.
Entonces Malfoy se volvió hacia Hagrid.
—No iré a ese bosque —dijo, y Harry tuvo el gusto de notar miedo en su voz.
-Genial -dijo Will, con una sonrisa.
—Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts —dijo Hagrid con severidad
-Así se habla -aplaudió Sirius.
—. Hicisteis algo mal y ahora lo vais a pagar.
-Parece que se ha olvidado que si Harry, Neville y Hermione están castigados, es porque él crío a un dragón ilegal en su casa -dijo Sally.
-Pero eso no lo podía decir delante de Neville y de Malfoy, Sally -comentó Sirius.
-Cierto -dijo Sally, que al parecer no había notado que Sirius la llamaba por su nombre en vez de por su apellido.
—Pero eso es para los empleados, no para los alumnos. Yo pensé que nos harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él...
—Te dirá que es así como se hace en Hogwarts
-Lo dudo -gruño Arthur.
—gruñó Hagrid—. ¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Haréis algo que sea útil, o si no os iréis. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. ¡Vete!
Malfoy no se movió. Miró con ira a Hagrid, pero luego bajó la mirada.
-Bien hecho, Hagrid -dijo Ron.
—Bien, entonces —dijo Hagrid—. Escuchad con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso
Molly y Sally fruncieron el ceño.
y no quiero que ninguno se arriesgue. Seguidme por aquí, un momento.
Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros. Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque.
—Mirad allí —dijo Hagrid—. ¿Veis eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien.
-¿Qué? -preguntó Ginny, asombrada. Y es que herir a un unicornio era muy difícil.
Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.
"Llegamos demasiado tarde" pensó Harry.
—¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero? — dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.
-Que te usen de escudo -dijo Will, cómo si nada.
—No hay ningún ser en el bosque que os pueda herir si estáis conmigo o con Fang —dijo Hagrid—. Y seguid el sendero. Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.
—Yo quiero ir con Fang
-Mala elección -dijo Sirius
—dijo rápidamente Malfoy,
-Rectifico, gran elección -dijo Sirius, con una sonrisa siniestra en su rostro.
mirando los largos colmillos del perro.
—Muy bien, pero te informo de que es un cobarde —dijo Hagrid—. Entonces yo, Harry y Hermione iremos por un lado y Draco, Neville y Fang, por el otro.
-¿Por qué tiene que ir Neville con Malfoy? -preguntó Luna.
Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo? Sacad vuestras varitas y practicad ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos todos... así que tened cuidado... en marcha.
El bosque estaba oscuro y silencioso. Después de andar un poco, vieron que el sendero se bifurcaba. Harry, Hermione y Hagrid fueron hacia la izquierda y Malfoy, Neville y Fang se dirigieron a la derecha.
Anduvieron en silencio, con la vista clavada en el suelo. De vez en cuando, un rayo de luna a través de las ramas iluminaba una mancha de sangre azul plateada entre las hojas caídas.
Harry vio que Hagrid parecía muy preocupado.
—¿Podría ser un hombre lobo el que mata los unicornios? —preguntó Harry.
-Los unicornios son más rápidos que los hombres lobo -explicó Remus.
—No son bastante rápidos —dijo Hagrid—. No es tan fácil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mágicas. Nunca había oído que hubieran hecho daño a ninguno.
Pasaron por un tocón con musgo. Harry podía oír el agua que corría: debía de haber un arroyo cerca.
-Tienes un buen oído -dijo Tonks, con una sonrisa.
Todavía había manchas de sangre de unicornio en el serpenteante sendero.
—¿Estás bien, Hermione? —susurró Hagrid—. No te preocupes, no puede estar muy lejos si está tan malherido, y entonces podremos... ¡PONEOS DETRÁS DE ESE ÁRBOL!
-¿Qué pasa? -gritó Molly, abrazándose a Arthur. Sally cogió la mano a Sirius, mientras esté miraba a su ahijado, que estaba siendo abrazado por Ginny. Ron le cogía la mano a Hermione, a pesar de saber lo que pasaba; Will abrazaba a su hermana; y Luna le cogía el brazo a Neville.
Hagrid cogió a Harry y Hermione y los arrastró fuera del sendero, detrás de un grueso roble. Sacó una flecha, la puso en su ballesta y la levantó, lista para disparar. Los tres escucharon. Alguien se deslizaba sobre las hojas secas. Parecía como una capa que se arrastrara por el suelo.
-¿Una capa? -preguntó Ginny.
Hagrid miraba hacia el sendero oscuro pero, después de unos pocos segundos, el sonido se alejó.
—Lo sabía —murmuró—. Aquí hay alguien que no debería estar.
—¿Un hombre lobo? —sugirió Harry.
-Y dale con los hombres lobo -dijo Sirius, rodando los ojos.
—Eso no era un hombre lobo, ni tampoco un unicornio —dijo Hagrid con gesto sombrío—. Bien, seguidme, pero tened cuidado.
Anduvieron más lentamente, atentos a cualquier ruido. De pronto, en un claro un poco más adelante, algo se movió visiblemente.
—¿Quién está ahí? —gritó Hagrid—. ¡Déjese ver... estoy armado!
Y apareció en el claro... ¿era un hombre o un caballo?
-Un centauro -dijo Luna.
De la cintura para arriba, un hombre, con pelo y barba rojizos, pero por debajo, el cuerpo de pelaje zaino de un caballo, con una cola larga y rojiza. Harry y Hermione se quedaron boquiabiertos.
—Oh, eres tú, Ronan —dijo aliviado Hagrid—. ¿Cómo estás?
Se acercó y estrechó la mano del centauro.
—Que tengas buenas noches, Hagrid —dijo Ronan. Tenía una voz profunda y acongojada—. ¿Ibas a dispararme?
—Nunca se es demasiado cuidadoso —dijo Hagrid, tocando su ballesta—. Hay alguien muy malvado, perdido en este bosque. Ah, éste es Harry Potter y ella es Hermione Granger. Ambos son alumnos del colegio. Y él es Ronan. Es un centauro.
-Sino lo dice, ni cuenta me doy -dijo Emily, con una sonrisa.
—Nos hemos dado cuenta —dijo débilmente Hermione.
—Buenas noches —los saludó Ronan—. ¿Estudiantes, no? ¿Y aprendéis mucho en el colegio?
—Eh...
—Un poquito —dijo con timidez Hermione.
-¿Un poquito? -repitió Ron, incrédulo.
—Un poquito. Bueno, eso es algo. —Ronan suspiró. Torció la cabeza y miró hacia el cielo—. Esta noche, Marte está brillante.
-Eso no me gusta -dijo Sally.
-¿Por qué? -preguntó Sirius.
-Verás, papá. Marte es el dios de la guerra romano, Ares en griego -respondió Emily.
-Si Marte está brillante significa que habrá una guerra pronto -acabó Will. Después de la explicación de los hermanos Black, la sala sé quedó en silencio. La posibilidades de que hubiera una guerra asustaban a todos.
Dumbledore, por su parte, estaba pensando en cómo podría suceder esa nueva guerra, y todo llevaba a un nombre: Voldemort.
—Ajá —dijo Hagrid, lanzándole una mirada—. Escucha, me alegro de haberte encontrado, Ronan, porque hay un unicornio herido. ¿Has visto algo?
Ronan no respondió de inmediato. Se quedó con la mirada clavada en el cielo, sin pestañear, y suspiró otra vez.
—Siempre los inocentes son las primeras víctimas —dijo—. Ha sido así durante los siglos pasados y lo es ahora.
-No me gusta cómo suena eso -dijo Bill.
—Sí —dijo Hagrid—. Pero ¿has visto algo, Ronan? ¿Algo desacostumbrado?
—Marte brilla mucho esta noche —repitió Ronan, mientras Hagrid lo miraba con impaciencia—. Está inusualmente brillante.
-Que esté brillante es malo, pero que esté inusualmente brillante es peor -dijo Will.
-¿Por qué? -preguntó Charlie.
-Porqué significa que la guerra será bastante mala -respondió Sally, por su hijo.
—Sí, claro, pero yo me refería a algo inusual que esté un poco más cerca de nosotros —dijo Hagrid—. Entonces ¿no has visto nada extraño?
Otra vez, Ronan se tomó su tiempo para contestar. Hasta que, finalmente, dijo:
—El bosque esconde muchos secretos.
Un movimiento en los árboles detrás de Ronan hizo que Hagrid levantara de nuevo su ballesta, pero era sólo un segundo centauro, de cabello y cuerpo negro y con aspecto más salvaje que Ronan.
—Hola, Bane —saludó Hagrid—. ¿Qué tal?
—Buenas noches, Hagrid, espero que estés bien.
—Sí, gracias. Mira, le estaba preguntando a Ronan si había visto algo extraño últimamente. Han herido a un unicornio. ¿Sabes algo sobre eso?
Bane se acercó a Ronan. Miró hacia el cielo.
—Esta noche Marte brilla mucho —dijo simplemente.
-Joder -dijo Sirius.
-Qué pesados -gruño Percy.
—Eso dicen —dijo Hagrid de malhumor—. Bueno, si alguno ve algo, me avisáis, ¿de acuerdo? Bueno, nosotros nos vamos.
Harry y Hermione lo siguieron, saliendo del claro y mirando por encima del hombro a Ronan y Bane, hasta que los árboles los taparon.
—Nunca —dijo irritado Hagrid— tratéis de obtener una respuesta directa de un centauro. Son unos malditos astrólogos. No se interesan por nada más cercano que la luna.
-Entonces, ¿por qué les pregunta? -preguntó Luna.
-Supongo que tenía la esperanza de que le respondieran -respondió Ginny, encogiéndose de hombros.
—¿Y hay muchos de ellos aquí? —preguntó Hermione.
—Oh, unos pocos más... Se mantienen apartados la mayor parte del tiempo, pero siempre aparecen si quiero hablar con ellos. Los centauros tienen una mente profunda... saben cosas... pero no dicen mucho.
—¿Crees que era un centauro el que oímos antes? —dijo Harry.
-Los centauros no llevaban capas -apuntó Remus.
—¿Te pareció que era ruido de cascos? No, en mi opinión, eso era lo que está matando a los unicornios... Nunca he oído algo así.
Pasaron a través de los árboles oscuros y tupidos. Harry seguía mirando por encima de su hombro, con nerviosismo. Tenía la desagradable sensación de que los vigilaban. Estaba muy contento de que Hagrid y su ballesta fueran con ellos. Acababan de pasar una curva en el sendero cuando Hermione se aferró al brazo de Hagrid.
—¡Hagrid! ¡Mira! ¡Chispas rojas, los otros tienen problemas!
-¡Oh, no! -gimió Molly.
—¡Vosotros esperad aquí! —gritó Hagrid—. ¡Quedaos en el sendero, volveré a buscaros!
Lo oyeron alejarse y se miraron uno al otro, muy asustados, hasta que ya no oyeron más que las hojas que se movían alrededor.
—¿Crees que les habrá pasado algo? —susurró Hermione.
—No me importará si le ha pasado algo a Malfoy, pero si le sucede algo a Neville... está aquí por nuestra culpa.
-En efecto -corroboró Hermione.
Los minutos pasaban lentamente. Les parecía que sus oídos eran más agudos que nunca.
-Cuando estas en peligro tus sentidos se agudizan -explicó Alastor.
Harry detectaba cada ráfaga de viento, cada ramita que se rompía. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Dónde estaban los otros?
Por fin, un ruido de pisadas crujientes les anunció el regreso de Hagrid. Malfoy, Neville y Fang estaban con él. Hagrid estaba furioso. Malfoy se había escondido detrás de Neville y, en broma, lo había cogido. Neville se aterró y envió las chispas.
-Será anormal -dijo Emily, echando chispas por los ojos.
—Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, después del alboroto que habéis hecho. Bueno, ahora voy a cambiar los grupos... Neville, tú te quedas conmigo y Hermione. Harry, tú vas con Fang y este idiota.
-Bien dicho -dijo Sirius, con una sonrisa.
Lo siento —añadió en un susurro dirigiéndose a Harry— pero a él le va a costar mucho asustarte y tenemos que terminar con esto.
Así que Harry se internó en el corazón del bosque, con Malfoy y Fang. Anduvieron cerca de media hora, internándose cada vez más profundamente, hasta que el sendero se volvió casi imposible de seguir, porque los árboles eran muy gruesos. Harry pensó que la sangre también parecía más espesa. Había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre criatura se hubiera arrastrado en su dolor.
Las mujeres de la sala se estremecieron.
Harry pudo ver un claro, más adelante, a través de las enmarañadas ramas de un viejo roble.
—Mira... —murmuró, levantando un brazo para detener a Malfoy
Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más.
-Dime que no es el unicornio -suplico Ginny a Harry, con los ojos brillantes por las lágrimas.
-Lo siento -susurró Harry, abrazando a Ginny. No sabía porque razón le dolía ver a Ginny triste.
Sí, era el unicornio y estaba muerto. Harry nunca había visto nada tan hermoso y tan triste. Sus largas patas delgadas estaban dobladas en ángulos extraños por su caída y su melena color blanco perla se desparramaba sobre las hojas oscuras.
Las chicas sollozaban en voz baja abrazadas a alguien. Ginny a Harry, Hermione a Ron, Luna a Neville, Sally a Sirius, Molly a Arthur y Tonks a Remus.
Harry había dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto que estaba en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho. Harry, Malfoy y Fang permanecieron paralizados.
La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre.
-Eso es asqueroso -dijo Will, haciendo una mueca, al igual que el resto de la sala.
—¡AAAAAAAAAAAAAH!
Malfoy dejó escapar un terrible grito y huyó... lo mismo que Fang.
-Y Harry se ha quedado sólo -dijo Emily, mirando a su "primo" con preocupación.
La figura encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del unicornio le chorreaba por el pecho.
Se puso de pie y se acercó rápidamente hacia él... Harry estaba paralizado de miedo.
-¡Muévete! -gritó la sala, histérica.
Entonces, un dolor le perforó la cabeza, algo que nunca había sentido, como si la cicatriz estuviera incendiándose.
Todos miraron al libro, sorprendidos.
Casi sin poder ver, retrocedió. Oyó cascos galopando a sus espaldas, y algo saltó limpiamente y atacó a la figura. El dolor de cabeza era tan fuerte que Harry cayó de rodillas. Pasaron unos minutos antes de que se calmara. Cuando levantó la vista, la figura se había ido. Un centauro estaba ante él.
Sally apuntó mentalmente que tenía que agradecer al centauro por salvar a su ahijado.
No era ni Ronan ni Bane: éste parecía más joven, tenía cabello rubio muy claro, cuerpo pardo y cola blanca.
—¿Estás bien? —dijo el centauro, ayudándolo a ponerse de pie.
—Sí... gracias... ¿qué ha sido eso?
El centauro no contestó. Tenía ojos asombrosamente azules, como pálidos zafiros.
Observó a Harry con cuidado, fijando la mirada en la cicatriz que se veía amoratada en la frente de Harry.
—Tú eres el chico Potter —dijo—. Es mejor que regreses con Hagrid. El bosque no es seguro en esta época, en especial para ti. ¿Puedes cabalgar? Así será más rápido... Mi nombre es Firenze —añadió, mientras bajaba sus patas delanteras, para que Harry pudiera montar en su lomo.
-Que un centauro lleve a un humano sobre su lomo, se considera tabú en su pueblo -comentó Bill, mirando a Harry con respeto.
Del otro lado del claro llegó un súbito ruido de cascos al galope. Ronan y Bane aparecieron velozmente entre los árboles, resoplando y con los flancos sudados.
—¡Firenze! —rugió Bane—. ¿Qué estás haciendo? Tienes un humano sobre el lomo! ¿No te da vergüenza? ¿Es que eres una mula ordinaria?
—¿Te das cuenta de quién es? —dijo Firenze—. Es el chico Potter. Mientras más rápido se vaya del bosque, mejor.
-Estoy de acuerdo con Firenze -dijo Sirius.
—¿Qué le has estado diciendo? —gruñó Bane—. Recuerda, Firenze, juramos no oponernos a los cielos. ¿No has leído en el movimiento de los planetas lo que sucederá?
Ronan dio una patada en el suelo con nerviosismo.
—Estoy seguro de que Firenze pensó que estaba obrando lo mejor posible —dijo, con voz sombría.
También Bane dio una patada, enfadado.
—¡Lo mejor posible! ¿Qué tiene eso que ver con nosotros? ¡Los centauros debemos ocuparnos de lo que está vaticinado! ¡No es asunto nuestro el andar como burros buscando humanos extraviados en nuestro bosque!
-Suena cómo sino quisiese que Harry fuera salvado -comentó Tonks, frunciendo el ceño.
-Pues más vale que no fuera eso -gruñó Sally.
De pronto, Firenze levantó las patas con furia y Harry tuvo que aferrarse para no caer.
—¿No has visto ese unicornio? —preguntó Firenze a Bane—. ¿No comprendes por qué lo mataron? ¿O los planetas no te han dejado saber ese secreto? Yo me lanzaré contra el que está al acecho en este bosque, con humanos sobre mi lomo si tengo que hacerlo.
-Este centauro me cae genial -comentó Sirius, con una sonrisa.
Y Firenze partió rápidamente, con Harry sujetándose lo mejor que podía, y dejó atrás a Ronan y Bane, que se internaron entre los árboles.
Harry no entendía lo sucedido.
-Es fácil -respondió Ron-. Un centauro te ha salvado la vida, pero otro centauro dice que tenías que haber muerto.
-Vaya, Ron. Me sorprendes -dijo Ginny, asombrada-. Tienes un cerebro.
La sala se río, mientras Ron fulminaba a Ginny con la mirada.
—¿Por qué Bane está tan enfadado? —preguntó—. Y a propósito, ¿qué era esa cosa de la que me salvaste?
Firenze redujo el paso y previno a Harry que tuviera la cabeza agachada, a causa de las ramas, pero no contestó. Siguieron andando entre los árboles y en silencio, durante tanto tiempo que Harry creyó que Firenze no volvería a hablarle. Sin embargo, cuando llegaron a un lugar particularmente tupido, Firenze se detuvo.
—Harry Potter, ¿sabes para qué se utiliza la sangre de unicornio?
-No, pero seguro que es para algo malo -respondió Emily.
—No —dijo Harry, asombrado por la extraña pregunta—. En la clase de Pociones solamente utilizamos los cuernos y el pelo de la cola de unicornio.
—Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso
Todos asintieron.
—dijo Firenze—. Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios.
-Eso es horrible -dijo Fred, haciendo una mueca.
Harry clavó la mirada en la nuca de Firenze, que parecía de plata a la luz de la luna.
—Pero ¿quién estaría tan desesperado? —se preguntó en voz alta—. Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no?
-En efecto -dijo toda la sala. Y Dumbledore miró a todos con orgullo.
—Es así —dijo Firenze— a menos que lo único que necesites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Harry Potter, sabes qué está escondido en el colegio en este preciso momento?
—¡La Piedra Filosofal! ¡Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo quién...
-¿En serio que no se te ocurre quién? -preguntó Will.
-En ese momento no -admitió Harry.
—¿No puedes pensar en nadie que haya esperado muchos años para regresar al poder, que esté aferrado a la vida, esperando su oportunidad?
Fue como si un puño de hierro cayera súbitamente sobre la cabeza de Harry. Por encima del ruido del follaje, le pareció oír una vez más lo que Hagrid le había dicho la noche en que se conocieron: «Algunos dicen que murió. En mi opinión, son tonterías. No creo que le quede lo suficiente de humano como para morir».
—¿Quieres decir —dijo con voz ronca Harry— que era Vol...?
—¡Harry! Harry, ¿estás bien?
Hermione corría hacia ellos por el sendero, con Hagrid resoplando detrás.
—Estoy bien —dijo Harry, casi sin saber lo que contestaba—. El unicornio está muerto, Hagrid, está en ese claro de atrás.
—Aquí es donde te dejo —murmuró Firenze, mientras Hagrid corría a examinar al unicornio—. Ya estás a salvo.
"Por ahora" pensó el azabache, acordándose de las pruebas de la Piedra.
Harry se deslizó de su lomo.
—Buena suerte, Harry Potter —dijo Firenze—. Los planetas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por centauros. Espero que ésta sea una de esas veces.
-Ojala que estén equivocados -suplicó Molly.
Se volvió y se internó en lo más profundo del bosque, dejando a Harry temblando.
Ron se había quedado dormido en la oscuridad de la sala común, esperando a que volvieran.
Harry y Hermione le sonrieron a Ron.
Sirius y Remus sonrieron con nostalgia, acordandose de las veces que Black y James se quedaban castigados y Remus les esperaba en la sala común.
Cuando Harry lo sacudió para despertarlo, gritó algo sobre una falta en quidditch.
Toda la sala río, mientras el pelirrojo enrojecía.
Sin embargo, en unos segundos estaba con los ojos muy abiertos, mientras Harry les contaba, a él y a Hermione, lo que había sucedido en el bosque.
Harry no podía sentarse. Se paseaba de un lado al otro, ante la chimenea. Todavía temblaba.
—Snape quiere la piedra para Voldemort... y Voldemort está esperando en el bosque... ¡Y todo el tiempo pensábamos que Snape sólo quería ser rico!
—¡Deja de decir el nombre! —dijo Ron, en un aterrorizado susurro,
-¿Cuál? ¿Snape? -preguntó Sirius con una sonrisa.
como si pensara que Voldemort pudiera oírlos.
Harry no lo escuchó.
—Firenze me salvó, pero no debía haberlo hecho... Bane estaba furioso... Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que sucederá... Deben decir que Voldemort ha vuelto... Bane piensa que Firenze debió dejar que Voldemort me matara. Supongo que eso también está escrito en las estrellas.
-Eso da igual -gruñó Sirius-. No voy a dejar que nadie te haga daño.
—¿Quieres dejar de repetir el nombre? —dijo Ron.
-No -respondió Harry, con una sonrisa burlona.
—Así que lo único que tengo que hacer es esperar que Snape robe la Piedra —continuó febrilmente Harry—.. Entonces Voldemort podrá venir y terminar conmigo... Bueno, supongo que Bane estará contento.
Hermione parecía muy asustada, pero tuvo una palabra de consuelo.
-Cómo siempre -dijeron Harry, Ron y Ginny.
—Harry, todos dicen que Dumbledore es al único al que Quien-tú-sabes siempre ha temido. Con Dumbledore por aquí, Quien-tú-sabes no te tocará. De todos modos, ¿quién puede decir que los centauros tienen razón? A mí me parecen adivinos y la profesora McGonagall dice que ésa es una rama de la magia muy inexacta.
Hermione asintió de acuerdo con su yo del libro.
El cielo ya estaba claro cuando terminaron de hablar.
Molly y Sally fruncieron el ceño. No les gustaba que el trío se pasara la noche despiertos.
Se fueron a la cama agotados, con las gargantas secas. Pero las sorpresas de aquella noche no habían terminado.
Cuando Harry abrió la cama encontró su capa invisible, cuidadosamente doblada.
-Bien -dijo Sirius.
Tenía sujeta una nota:
Por las dudas.
-Es el final -informó Neville.
-De acuerdo -dijo Dumbledore-. Cenaremos algo y luego leeremos dos capítulos más.
Hola gente,
decimoséptimo capítulo. Sólo me quedan dos capítulos y otra conversación de Sirius y Sally. Ahora un par de preguntas:
¿Por qué creéis que Harry y Hermione se dejaron la capa en la torre de Astronomía?
¿Creéis que Sally sabe sobre la licántropia de Remus?
¿Creéis que en las estrellas ponía que Harry morirá?
Y sobretodo, ¿Cómo sabía Dumbledore que la capa estaba en la torre?
Bueno gente, después de las preguntas, me despido.
Se despide,
Grytherin18
