Advertencia: Sigo sin ser Hidekaz Hiramuya. ;u; Los personajes siguen sin ser míos. ;u; Creo que tomaré una caja entera de trufas…

Ah, algo de crueldad por parte de cierto estadounidense. No odio a USA, ni Inglaterra, ni ningún personaje de Hetalia…Tal vez un poco a Seychelles. Pero aparte no odio a ninguno. :'D


Todo parecía como si lo hubieran sacado de un sueño, y algún hada lo hubiera hecho realidad. Japón yacía entre sus brazos, con una expresión similar a la de un ángel, tapado hasta los hombros con una manta. Un viento cálido, propio de julio, se deslizó por la ventana estremeciendo el cuerpo del nipón en sueños.

-So cute…-murmuró, apretándose más contra él. Se acercó a su oído y le susurró.- I love you, Japan.

Recordó que la primera vez que le había dicho eso a América había sido tres meses después de iniciar su relación. El americano había necesitado tres meses para que abriera su corazón, el dulce nipón, poco más de una semana. ¿De dónde sacaría ese encanto?

El corazón le golpeó el pecho, recordando las manos suaves y frías de Japón agarradas a su espalda. En ese momento había podido olvidarlo todo, excepto a Kiku.

Lo besó en la frente, y decidió dejarlo descansar.

Buscó en la habitación de invitados algo de su ropa, la que le habían traído sus hadas de casa. Encontró una camiseta con su preciada bandera y un pantalón negro totalmente limpio.

-Perfect-murmuró. Se cambió rápidamente, y luego fue al baño para peinarse un poco y afeitarse. ¡Un caballero británico siempre debía estar presentable! Y más si era invitado tan amablemente a una casa ajena.

Salió del baño, con una sonrisa de oreja a oreja, que desapareció al posar sus ojos en un objeto rojo tirado en el suelo. La caja de dulces estaban aplastados en el suelo. Si no fuera por lo que significaban esos dulces, los recogería por hacerle un favor Japón. Pero significaban mucho más que unos bombones deliciosos.


[Flashback]

Inglaterra había finalizado su baño diario. Se sentía mucho mejor ahora, después de su enésima llorera por ese estúpido gringo. La casa de Japón tenía algo que le hacía sentir en paz.

-¡Hey, Kiku! Ya estoy. ¡Siento lo de antes! Yo…-se calló al llegar al salón. El asiático sostenía entre sus brazos la caja de bombones de América, y no parecía precisamente alegre. Al ver a Inglaterra, intentó ocultar la caja y sonreír, sin éxito.

-E-Esto…Me alegro mucho, señor Inglaterra.

-¿Qué hacías con eso, Kiku?

-¿E-Eh?-apretó el cartón, mordiéndose el labio inferior.-Yo…Yo…Go-Gomennasai

Inglaterra se acercó a él y le acarició la mejilla con dulzura, casi obligándole a cerrar lentamente los ojos.

-¿En qué pensabas, Kiku?

-Yo…No quiero ser utilizado…-el británico parpadeó, entendiendo solo a medias.-No quiero…que me utilice para olvidar al señor América…-unas lágrimas brillantes se formaron en esos profundos ojos negros-Y luego me deje tirado…

-Oh…Así que era eso.

-Pero yo…Yo creo que…estoy realmente enamorado del señor Inglaterra…

El inglés sintió que se derretía por dentro. Le levantó el mentón, calibrando si besarle o no. Si lo hacía en ese mismo momento, estaría renunciando para siempre a América. Si no, renunciaría a Japón.

"I'm sorry, America."

Los bombones cayeron con un crujido al suelo. Las manos de Japón esta vez agarraban la camisa del inglés. Sus brazos le rodearon, ofreciéndole su protección, y la lengua experta de Inglaterra se abrió paso por su boca.

Al intentar retroceder, pisó uno de los dulces, con otro crujido. Cada uno de esos crujidos significaba para el inglés un recuerdo de su relación con América que olvidaba.

No estaría contento hasta aplastarlos todos. Hasta olvidarlo todo.

[Fin flashback]


Francia no estaba contento en absoluto. El cejudo estaba encerrado en su nidito de amor con Japón, mientras América agonizaba sentimentalmente en su casa con su querido Canadá completamente pendiente de él. España estaba centrado en su nuevo esposo, ese italiano con mala leche desde que había salido del vientre materno, y Prusia solo quería salir para follarse a alguna tipa borracha que no distinguiera ni a su reflejo en el espejo. Y por primera vez en mucho tiempo, sí le importaba poner los cuernos.

Canadá se había vuelto aún más especial que Juana…

Suspiró, recordando viejos tiempos, cuando el canadiense llegó a casa.

-¡Ya estoy de vuelta, maple!-su dulce voz llegó hasta oídos de Francis, que sonrió. Su amoreux llevaba una camiseta blanca, con una enorme hoja de arce dibujada, que combinaba con su chándal también rojo y blanco.

Kumajiro fue el primero en salir para recibirlo.

-¡Canadá!-lo abrazó, alegre.- ¿Has traído lo que te pedí?

-¿Cómo iba a olvidarlo, Kumajiro?-el canadiense sonrió dulcemente, y le dio un pote de miel de maple al oso.- ¿Francia? ¿Estás ahí, maple?

-¡Oui! ¿Qué tal te ha ido con tu hermanito gringo?

-¿Cuántas veces te tengo que decir que no le llames así, maple?-Dios, Francia adoraba la carita de fastidio de Canadá. Más bien, adoraba todas sus caras.

-Está bien, está bien…-se levantó del sofá y lo abrazó. Su compañero se dejó abrazar cariñosamente.- ¿Qué tal en casa de América? ¿Sigue queriendo ser abducido por alienígenas?

-Sigue muy mal…Dice que es imposible para él comprender cómo han llegado a esto, maple.

-Hombre, realmente es muy fácil saber cómo-sonrió Francia. Canadá le dio un puñetazo, que aunque resultó indoloro, convenció al francés de callarse.

-Francia…

-Dime, mon amour.

-¿Qué puedo hacer por mi hermano? Él es poderoso, pero yo…Yo no soy nada comparado con él, maple…

Francia suspiró, y ambos se sentaron en el sofá. El galo se aseguró de que ese molesto oso polar seguía en la cocina, devorando su miel de maple, para empezar a hablar en "modo serio".

-Canadá, eres su hermano pequeño-murmuró, acariciando aquel suave pelo rubio.-Tienes mucha influencia sobre él, aunque no lo parezca o a veces te ignore, siempre se le queda algo de lo que has dicho en ese diminuto cerebro suyo de adicto a las hamburguesas.

-¿Tú crees? Da la impresión de que todo lo que le digo para consolarle le entra por un oído y le sale por el otro, maple…

-Venga, Matthew-le besó el pelo, haciendo sonreír levemente al canadiense. Siempre sonreía cuando le llamaba por su nombre humano.-Créeme. Os conozco desde que erais enanos. América es trés estupide, pero estoy seguro de que te hará caso y saldrá de esta.

Se besaron, un beso dulce, inocente y corto. Canadá abrió la boca para decir algo más, pero Kumajiro irrumpió en la sala con el bote vacío.

-¡Eh! ¿Has traído más miel de maple?

-¿Ya te la has acabado, Kumajiro?-su rizo se movió graciosamente sobre uno de sus ojos.- ¡No te voy a comprar más hasta mañana, maple!

-¡Jo!-Canadá se arrodilló al lado del oso, sacó un pañuelo y le limpió el morro, como si fuera un niño. Por alguna razón, ver aquella escena le creó un sentimiento extraño a Francia, como una idea vaga no perfilada del todo…

Siguió con esa sensación hasta que llegó la hora de dormir. Canadá llevaba su pijama favorito, uno blanco con hojas de maple rojas. Ma mère, sí que le gustaba esa guisa, pensó el francés.

-Buenas noches, Francia-murmuró, con voz somnolienta. Hoy ninguno de los dos-increíblemente, Francis tampoco-tenía ganas de sexo.

-Bonne nuit, mon cher Matthew-le dio un delicado beso, y le deseó que soñara con cosas hermosas.

Y de repente, en plena madrugada, esa idea, esa magnífica idea surgió en su mente.


Ay…A saber qué estará preparando este Francis. Algo pervertido seguro, daze. xD

Buano, me da que es la primera vez en mucho tiempo que nuestro galo está tan enamorado que no necesita sexo todas las noches. Lo cual espero que sea una buena noticia, maple. :'D

Si me he equivocado con el francés, el inglés, el checoslovaquio, o lo que sea…Lo siento muchísimo, daze. ;u;

Hasta pronto~