Alastor recibió el libro que Luna le daba y lo abrió por el último capítulo.
-El hombre con dos caras -leyó el auror.
-¿El hombre con dos caras? -repitió Emily, confusa.
-Debe ser bipolar, como tú -dijo Will.
-¡Yo no soy bipolar! -gritó su hermana.
-Sí lo eres -replicó el chico.
-Puede que un poco -reconoció Emily, sonrojándose.
-Jóvenes -pidió Dumbledore-. ¿Podemos continuar?
Los hermanos Black se sonrojaron y dijeron que sí.
Era Quirrell.
-¡Tienes que leer Historia de Hogwarts, Canuto! -exclamó Remus, apuntando al animago.
-Aún no sabemos si Quirrell es el ladrón -dijo Sirius-. A lo mejor está...
Pero no pudo continuar, ya que un pesado libro le cayó encima, seguido por una nota.
Querido Canuto:
Te dejamos este ejemplar de Historia de Hogwarts.
Con cariño,
A.S.P S.H.M R.J.W & compañía.
-Creo que te toca leer el libro, Sirius -dijo Harry burlón.
Sirius hizo un puchero.
—¡Usted! —exclamó Harry.
-¡Él! -gritó Will-. ¡Auch! No me pegues, Emily.
-Pues deja de hacer el idiota -dijo la chica.
Quirrell sonrió. Su rostro no tenía ni sombra del tic.
Todos gruñeron
—Yo —dijo con calma— me preguntaba si me iba a encontrar contigo aquí, Potter.
—Pero yo pensé... Snape...
-Eso mismo -dijo Sirius, aún con el puchero.
—¿Severus? —Quirrell rió, y no fue con su habitual sonido tembloroso y entrecortado, sino con una risa fría y aguda
-Cabrón -murmuró Ron.
—. Sí, Severus parecía ser el indicado, ¿no? Fue muy útil tenerlo dando vueltas como un murciélago enorme.
-Vale, tiene un punto a mi favor -dijo Sirius.
Al lado de él ¿quién iba a sospechar del po-pobre tar-tamudo p-profesor Quirrell?
-Remus -dijo Tonks con orgullo, sonrojando al lobo.
Harry no podía aceptarlo. Aquello no podía ser verdad, no podía ser.
-Era verdad -dijo Harry, apretando la mano de Ginny.
— ¡Pero Snape trató de matarme!
—No, no, no. Yo traté de matarte.
-Y acaba de perder el punto -dijo Sirius, frunciendo el ceño.
Tu amiga, la señorita Granger, accidentalmente me atropelló cuando corría a prenderle fuego a Snape, en ese partido de quidditch. Y rompió el contacto visual que yo tenía contigo. Unos segundos más y te habría hecho caer de esa escoba. Y ya lo habría conseguido, si Snape no hubiera estado murmurando un contramaleficio, tratando de salvarte.
-¿Qué? -dijo toda la sala incrédula.
—¿Snape trataba de salvarme a mí?
-Eso parece -dijo Neville asombrado.
—Por supuesto —dijo fríamente Quirrell—. ¿Por qué crees que quiso ser árbitro en el siguiente partido? Estaba tratando de asegurarse de que yo no pudiera hacerlo otra vez. Gracioso, en realidad... no necesitaba molestarse. No podía hacer nada con Dumbledore mirando. Todos los otros profesores creyeron que Snape trataba de impedir que Gryffindor ganase, se ha hecho muy impopular... Y qué pérdida de tiempo cuando, después de todo eso, voy a matarte esta noche.
-Ni se te ocurra -gruñeron Sirius y Sally.
Un cuadro de Quirrell apareció en la sala, y al minuto había sido reducido a cenizas, obra de Sirius y Sally.
Quirrell chasqueó los dedos. Unas sogas cayeron del aire y se enroscaron en el cuerpo de Harry, sujetándolo con fuerza.
El cuadro volvió a reducirse a cenizas.
—Eres demasiado molesto para vivir, Potter. Deslizándote por el colegio, como en Halloween, porque me descubriste cuando iba a ver qué era lo que vigilaba la Piedra.
— ¿Usted fue el que dejó entrar al trol?
—Claro. Yo tengo un don especial con esos monstruos. ¿No viste lo que le hice al que estaba en la otra habitación?
-¿Desde cuando es un don dejar inconsciente a un trol? -preguntó Luna.
-Desde que él lo dice -respondió Ginny.
Desgraciadamente, cuando todos andaban corriendo por ahí para buscarte, Snape, que ya sospechaba de mí, fue directamente al tercer piso para ganarme de mano, y no sólo hizo que mi monstruo no pudiera matarte, sino que ese perro de tres cabezas no mordió la pierna de Snape de la manera en que debería haberlo hecho...
Hizo una pausa:
—Ahora, espera tranquilo, Potter. Necesito examinar este interesante espejo.
De pronto, Harry vio lo que estaba detrás de Quirrell. Era el espejo de Oesed.
-¿Qué hace ahí? -preguntó Charlie, confuso.
-Debe de ser la protección de Dumbledore -respondió Percy.
—Este espejo es la llave para poder encontrar la Piedra —murmuró Quirrell, dando golpecitos alrededor del marco—. Era de esperar que Dumbledore hiciera algo así...pero él está en Londres... Cuando pueda volver, yo ya estaré muy lejos.
-Creo que no -dijo Bill. Dumbledore le sonrío.
Lo único que se le ocurrió a Harry fue tratar de que Quirrell siguiera hablando y dejara de concentrarse en el espejo.
-Buen plan -admitió Tonks, sonriendole a Harry.
—Lo vi a usted y a Snape en el bosque... —dijo de golpe.
—Sí —dijo Quirrell, sin darle importancia, paseando alrededor del espejo para ver la parte posterior—. Me estaba siguiendo, tratando de averiguar hasta dónde había llegado. Siempre había sospechado de mí. Trató de asustarme... Como si pudiera, cuando yo tengo a lord Voldemort de mi lado...
Cuando se leyó el nombre de Voldemort, los Weasley (menos Ginny), Neville, Luna y Hermione se estremecieron, mientras que el resto de la sala rodaba los ojos.
-Un momento -dijo Emily-. Quirrell lo ha llamado por su nombre, no Señor Tenebroso, que es como le llaman sus seguidores.
-Eso demuestra que no es un seguidor suyo, sino sólo un ansioso de poder -dijo Will.
-Correcto, señor Black -dijo Dumbledore, y Will sonrío con arrogancia.
Quirrell salió de detrás del espejo y se miró en él con enfado.
—Veo la Piedra... se la presento a mi maestro... pero ¿dónde está?
"Jamás la conseguirás" pensó Dumbledore.
Harry luchó con las sogas qué lo ataban, pero no se aflojaron. Tenía que evitar que Quirrell centrara toda su atención en el espejo.
—Pero Snape siempre pareció odiarme mucho.
-Corrección -dijo Harry-, Snape me odia mucho.
Ginny le apretó la mano.
—Oh, sí—dijo Quirrell, con aire casual— claro que sí. Estaba en Hogwarts con tu padre, ¿no lo sabías? Se detestaban. Pero nunca quiso que estuvieras muerto.
-De eso no estoy tan seguro -susurró Sirius, únicamente Remus le oyó.
—Pero hace unos días yo lo oí a usted, llorando... Pensé que Snape lo estaba amenazando...
Por primera vez, un espasmo de miedo cruzó el rostro de Quirrell.
-Eso es... -dijo Fred.
-Bueno -acabó George.
—Algunas veces —dijo— me resulta difícil seguir las instrucciones de mi maestro... Él es un gran mago y yo soy débil...
—¿Quiere decir que él estaba en el aula con usted? —preguntó Harry.
Todo el mundo en la sala se quedó pálido ante la idea de Voldemort en Hogwarts.
—Él está conmigo donde quiera que vaya —dijo con calma Quirrell—. Lo conocí cuando viajaba por el mundo.
-Podía haberse quedado viajando -gruñó Neville.
Yo era un joven tonto, lleno de ridículas ideas sobre el mal y el bien.
-No son ridículas ideas -dijo Remus.
Lord Voldemort me demostró lo equivocado que estaba. No hay ni mal ni bien, sólo hay poder y personas demasiado débiles para buscarlo...
-Imbécil -dijo Bill.
Desde entonces le he servido fielmente, aunque muchas veces le he fallado. Tuvo que ser muy severo conmigo. —Quirrell se estremeció súbitamente—. No perdona fácilmente los errores. Cuando fracasé en robar esa Piedra de Gringotts, se disgustó mucho. Me castigó... decidió que tenía que vigilarme muy de cerca...
-Demasiado cerca -murmuró Harry; Ginny se acercó a él.
La voz de Quirrell se apagó. Harry recordó su viaje al callejón Diagon... ¿Cómo había podido ser tan estúpido? Había visto a Quirrell aquel mismo día y se habían estrechado las manos en el Caldero Chorreante.
Quirrell maldijo entre dientes.
—No comprendo... ¿La Piedra está dentro del espejo? ¿Tengo que romperlo?
-Hazlo -suplicó Will, tenía la impresión de que si lo hacía, no conseguiría la Piedra. El resto de la sala parecía estar pensando lo mismo.
La mente de Harry funcionaba a toda máquina.
«Lo que más deseo en el mundo en este momento —pensó— es encontrar la Piedra antes de que lo haga Quirrell. Entonces, si miro en el espejo, podría verme encontrándola...
Dumbledore asintió. Él sabía que Harry era uno de los pocos que podría sacar la Piedra del espejo.
¡Lo que quiere decir que veré dónde está escondida! Pero ¿cómo puedo mirar sin que Quirrell se de cuenta de lo que quiero hacer?
Trató de torcerse hacia la izquierda, para ponerse frente al espejo sin que Quirrell lo notara, pero las sogas que tenía alrededor de los tobillos estaban tan tensas que lo hicieron caer.
Todos en la sala soltaron gruñidos de frustración.
Quirrell no le prestó atención. Seguía hablando para sí mismo.
—¿Qué hace este espejo? ¿Cómo funciona? ¡Ayúdame, Maestro!
Y para el horror de Harry, una voz le respondió, una voz que parecía salir del mismo Quirrell.
—Utiliza al muchacho... Utiliza al muchacho...
Remus se quedó pálido.
-El hombre con dos caras -susurró con horror, rezando para estar equivocado.
Quirrell se volvió hacia Harry.
—Sí... Potter... ven aquí.
Hizo sonar las manos una vez y las sogas cayeron. Harry se puso lentamente de pie.
—Ven aquí —repitió Quirrell—. Mira en el espejo y dime lo que ves.
Harry se aproximó.
«Tengo que mentir —pensó, desesperado—, tengo que mirar y mentir sobre lo que veo, eso es todo.»
Dumbledore pensó que ese era un buen plan. Pero había un fallo, Voldemort sabía legeremancia.
Quirrell se le acercó por detrás. Harry respiró el extraño olor que parecía salir del turbante de Quirrell. Cerró los ojos, se detuvo frente al espejo y los volvió a abrir.
Se vio reflejado, muy pálido y con cara de asustado.
Ginny no pudo evitar sonreír con ternura al imaginarse a un Harry de once años asustado. Le parecía realmente adorable. Le daban ganas de meterse dentro del libro y abrazarlo. Luego sé acordó de que tenía a Harry al lado, así que lo abrazó.
Pero un momento más tarde, su reflejo le sonrió.
Toda la sala se mostró confusa.
Puso la mano en el bolsillo y sacó una piedra de color sangre. Le guiñó un ojo y volvió a guardar la Piedra en el bolsillo y, cuando lo hacía, Harry sintió que algo pesado caía en su bolsillo real. De alguna manera (era algo increíble) había conseguido la Piedra.
-¿Qué? -exclamó toda la sala sorprendida, mientras que Dumbledore reía por lo bajo.
—¿Bien? —dijo Quirrell con impaciencia—. ¿Qué es lo que ves?
Harry, haciendo de tripas corazón, contestó:
—Me veo con Dumbledore, estrechándonos las manos —inventó—. Yo... he ganado la copa de la casa para Gryffindor.
-Buena mentira -sé burló Ron.
-¿Qué sé te habría ocurrido a ti? -le preguntó Harry molesto.
-Ni se os ocurra poneros a discutir -los cortó Hermione.
-Sí, mamá -dijeron los dos chicos, gananadose un golpe; Ron por parte de Hermione y Harry por parte de Ginny.
Quirrell maldijo otra vez.
—Quítate de ahí —dijo. Cuando Harry se hizo a un lado, sintió la Piedra Filosofal contra su pierna. ¿Se atrevería a escapar?
-Sí -le dijo Ginny en voz baja.
Pero no había dado cinco pasos cuando una voz aguda habló, aunque Quirrell no movía los labios.
—Él miente... él miente...
-Mierda -dijo Sirius.
—¡Potter, vuelve aquí! —gritó Quirrell—. ¡Dime la verdad! ¿Qué es lo que has visto?
La voz aguda se oyó otra vez.
—Déjame hablar con él... cara a cara...
Remus se quedó más pálido aún.
—¡Maestro, no está lo bastante fuerte todavía!
—Tengo fuerza suficiente... para esto.
Harry sintió como si el Lazo del Diablo lo hubiera clavado en el suelo. No podía mover ni un músculo. Petrificado, observó a Quirrell, que empezaba a desenvolver su turbante.
-Esto no me gusta -dijo Tonks.
¿Qué iba a suceder? El turbante cayó. La cabeza de Quirrell parecía extrañamente pequeña sin él. Entonces, Quirrell se dio la vuelta lentamente.
Harry hubiera querido gritar, pero no podía dejar salir ningún sonido. Donde tendría que haber estado la nuca de Quirrell, había un rostro,
-¡¿Qué?! -gritó toda la sala.
la cara más terrible que Harry hubiera visto en su vida. Era de color blanco tiza, con brillantes ojos rojos y ranuras en vez de fosas nasales, como las serpientes.
-Voldemort -susurró Bill. Toda la sala lo miró sorprendida-. ¿Qué?
-Qué has pronunciado el nombre de Quién-tu-ya-sabes -respondió Charlie.
-¿Y? Es un nombre -replicó Bill.
—Harry Potter... —susurró.
-Voldemort -susurró Will con burla, relajando un poco el ambiente.
Harry trató de retroceder, pero sus piernas no le respondían.
—¿Ves en lo que me he convertido? —dijo la cara—. No más que en sombra y quimera... Tengo forma sólo cuando puedo compartir el cuerpo de otro...
-Cómo el parásito que es -dijo Sirius con odio.
Pero siempre ha habido seres deseosos de dejarme entrar en sus corazones y en sus mentes... La sangre de unicornio me ha dado fuerza en estas semanas pasadas... tú viste al leal Quirrell bebiéndola para mí en el bosque... y una vez que tenga el Elixir de la Vida seré capaz de crear un cuerpo para mí... Ahora... ¿por qué no me entregas la Piedra que tienes en el bolsillo?
-Lo sabe -susurró Neville.
Entonces él lo sabía.
-Es legeremantico -susurró Dumbledore.
La idea hizo que de pronto las piernas de Harry se tambalearan.
—No seas tonto —se burló el rostro—. Mejor que salves tu propia vida y te unas a mí... o tendrás el mismo final que tus padres... Murieron pidiéndome misericordia...
-¡MENTIRA! -gritaron Sirius, Remus y Sally.
—¡MENTIRA! —gritó de pronto Harry.
Sirius, Remus y Sally miraron a Harry con una sonrisa.
Quirrell andaba hacia atrás, para que Voldemort pudiera mirarlo. La cara maligna sonreía.
-No es una imagen agradable -dijo Fred, fingiendo un escalofrío.
—Qué conmovedor —dijo—. Siempre consideré la valentía... Sí, muchacho, tus padres eran valientes... Maté primero a tu padre y luchó con valor... Pero tu madre no tenía que morir... ella trataba de protegerte...
Sirius miró el libro, confuso. Lily era hija de muggles; Voldemort tendría que haberla matado sin ningún tipo de reparo.
Ahora, dame esa Piedra, a menos que quieras que tu madre haya muerto en vano.
—¡NUNCA!
-¡Eso es! -gritó la sala como si fueran uno sólo.
Harry se movió hacia la puerta en llamas, pero Voldemort gritó: ¡ATRÁPALO! y, al momento siguiente, Harry sintió la mano de Quirrell sujetando su muñeca.
El cuadro de Quirrell volvió a convertirse en cenizas.
De inmediato, un dolor agudo atravesó su cicatriz y sintió como si la cabeza fuera a partírsele en dos. Gritó, luchando con todas sus fuerzas y, para su sorpresa, Quirrell lo soltó.
-¿Qué pasa? -preguntó Molly.
El dolor en la cabeza amainó...
Miró alrededor para ver dónde estaba Quirrell y lo vio doblado de dolor, mirándose los dedos, que se ampollaban ante sus ojos.
Toda la sala se quedó sorprendida.
—¡ATRÁPALO! ¡Atrápalo! —rugía otra vez Voldemort, y Quirrell arremetió contra Harry, haciéndolo caer al suelo y apretándole el cuello con las dos manos...
La cicatriz de Harry casi lo enceguecía de dolor y, sin embargo, pudo ver a Quirrell chillando desesperado.
—Maestro, no puedo sujetarlo... ¡Mis manos... mis manos!
Y Quirrell, aunque mantenía sujeto a Harry aplastándolo con las rodillas, le soltó el cuello y contempló, aterrorizado, sus manos. Harry vio que estaban quemadas, en carne viva, con ampollas rojas y brillantes.
-¡Eso es malditamente brillante! -exclamó Will.
—¡Entonces mátalo, idiota, y termina de una vez! —exclamó Voldemort.
Quirrell levantó la mano para lanzar un maleficio mortal, pero Harry, instintivamente, se incorporó y se aferró a la cara de Quirrell.
—¡AAAAAAH!
Quirrell se apartó, con el rostro también quemado, y entonces Harry se dio cuenta:
Quirrell no podía tocar su piel sin sufrir un dolor terrible.
-Has tardado en darte cuenta -dijo Ginny con una sonrisa. Harry se sonrojo.
Su única oportunidad era sujetar a Quirrell, que sintiera tanto dolor como para impedir que hiciera el maleficio...
Harry se puso de pie de un salto, cogió a Quirrell de un brazo y lo apretó con fuerza. Quirrell gritó y trató de empujar a Harry. El dolor de cabeza de éste aumentaba y el muchacho no podía ver, solamente podía oír los terribles gemidos de Quirrell y los aullidos de Voldemort: ¡MÁTALO! ¡MÁTALO!, y otras voces, tal vez sólo en su cabeza, gritando: «¡Harry! ¡Harry!».
"Llegué a tiempo" pensó Dumbledore.
Sintió que el brazo de Quirrell se iba soltando, supo que estaba perdido, sintió que todo se oscurecía y que caía... caía... caía...
Toda la sala estaba en tensión.
Algo dorado brillaba justo encima de él. ¡La snitch!
-¿Qué? -dijo toda la sala confusa.
Trató de atraparla, pero sus brazos eran muy pesados. Pestañeó. No era la snitch. Eran un par de gafas.
Ahora la sala se mostró más confusa.
Qué raro. Pestañeó otra vez. El rostro sonriente de Albus Dumbledore se agitaba ante él.
Todos suspiraron aliviados de que Dumbledore estuviera con Harry.
—Buenas tardes, Harry —dijo Dumbledore.
Harry lo miró asombrado. Entonces recordó.
—¡Señor! ¡La Piedra! ¡Era Quirrell! ¡Él tiene la Piedra! Señor, rápido...
-Cálmate, colega. Que te va a dar un ataque -dijo Will, divertido.
—Cálmate, querido muchacho, estás un poco atrasado —dijo Dumbledore—. Quirrell no tiene la Piedra.
—¿Entonces quién la tiene? Señor, yo...
—Harry, por favor, cálmate, o la señora Pomfrey me echará de aquí.
Harry tragó y miró alrededor. Se dio cuenta de que debía de estar en la enfermería.
-¿La señora Pomfrey puede echarlo de la enfermería? -preguntó Ginny con curiosidad.
-Sí -respondió Dumbledore con una risita-. Yo seré el director, pero Poppy es la señora y dueña de la enfermería.
Estaba acostado en una cama, con sábanas blancas de hilo, y cerca había una mesa, con una enorme cantidad de paquetes, que parecían la mitad de la tienda de golosinas.
—Regalos de tus amigos y admiradores —dijo Dumbledore, radiante—. Lo que sucedió en las mazmorras entre tú y el profesor Quirrell es completamente secreto, así que, naturalmente, todo el colegio lo sabe.
-Por lo visto, la palabra secreto no existe en Hogwarts -susurró Emily, con diversión.
Creo que tus amigos, los señores Fred y George Weasley, son responsables de tratar de enviarte un inodoro.
Ginny golpeó a Harry.
-Me debes un inodoro -le dijo.
-Para tu cumpleaños te regalo uno -le dijo Harry en broma.
-Más te vale -secundó la pelirroja también en broma.
No dudo que pensaron que eso te divertiría. Sin embargo, la señora Pomfrey consideró que no era muy higiénico y lo confiscó.
Fred y George hicieron un puchero.
—¿Cuánto tiempo hace que estoy aquí?
—Tres días. El señor Ronald Weasley y la señorita Granger estarán muy aliviados al saber que has recuperado el conocimiento. Han estado sumamente preocupados.
-Lo estábamos -afirmaron los dos chicos.
—Pero señor, la Piedra...
-¿Aún sigues con eso? -preguntó Charlie.
—Veo que no quieres que te distraiga. Muy bien, la Piedra. El profesor Quirrell no te la pudo quitar. Yo llegué a tiempo para evitarlo, aunque debo decir que lo estabas haciendo muy bien.
—¿Usted llegó? ¿Recibió la lechuza que envió Hermione?
—Nos debimos cruzar en el aire. En cuanto llegué a Londres, me di cuenta de que el lugar en donde debía estar era el que había dejado. Llegué justo a tiempo para quitarte a Quirrell de encima...
—Fue usted.
—Tuve miedo de haber llegado demasiado tarde.
—Casi fue así, no habría podido aguantar mucho más sin que me quitara la Piedra...
-No lo dice por la Piedra -le dijo Sally.
—No por la Piedra, muchacho, por ti... El esfuerzo casi te mata. Durante un terrible momento tuve miedo de que fuera así. En lo que se refiere a la Piedra, fue destruida.
—¿Destruida? —dijo Harry sin entender
Lo mismo pasaba en la sala.
—. Pero su amigo... Nicolás Flamel...
—¡Oh, sabes lo de Nicolás! —dijo contento Dumbledore—. Hiciste bien los deberes, ¿no es cierto?
-Muy bien -dijo Sirius con orgullo.
Bien, Nicolás y yo tuvimos una pequeña charla y estuvimos de acuerdo en que era lo mejor.
—Pero eso significa que él y su mujer van a morir, ¿no?
—Tienen suficiente Elixir guardado para poner sus asuntos en orden y luego, sí, van a morir.
Dumbledore sonrió ante la expresión de desconcierto que se veía en el rostro de Harry.
Lo mismo sucedía en la sala. Sólo que Dumbledore se reía de las expresiones de toda la sala.
—Para alguien tan joven como tú, estoy seguro de que parecerá increíble, pero para Nicolás y Perenela será realmente como irse a la cama, después de un día muy, muy largo. Después de todo, para una mente bien organizada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura. Sabes, la Piedra no era realmente algo tan maravilloso. ¡Todo el dinero y la vida que uno pueda desear! Las dos cosas que la mayor parte de los seres humanos elegirían... El problema es que los humanos tienen el don de elegir precisamente las cosas que son peores para ellos.
-Cierto -dijo Luna.
Harry yacía allí, sin saber qué decir. Dumbledore canturreó durante un minuto y después sonrió hacia el techo.
—¿Señor? —dijo Harry—. Estuve pensando... Señor, aunque la Piedra ya no esté, Vol... quiero decir Quién-usted-sabe...
—Llámalo Voldemort, Harry. Utiliza siempre el nombre correcto de las cosas. El miedo a un nombre aumenta el miedo a la cosa que se nombra.
—Sí, señor. Bien, Voldemort intentará volver de nuevo, ¿no? Quiero decir... No se ha ido, ¿verdad?
-Por desgracia no -dijo Sirius.
—No, Harry, no se ha ido. Está por ahí, en algún lugar, tal vez buscando otro cuerpo para compartir... Como no está realmente vivo, no se le puede matar.
Sirius frunció el ceño de nuevo. ¿Por qué se acordaba de la palabra Horrocrux? ¿Qué eran?
Él dejó morir a Quirrell, muestra tan poca misericordia con sus seguidores como con sus enemigos. De todos modos, Harry, tú tal vez has retrasado su regreso al poder. La próxima vez hará falta algún otro preparado para luchar y, si lo detienen otra vez y otra vez, bueno, puede ser que nunca vuelva al poder.
-Eso espero-dijo Harry, aunque tenía la impresión de que eso no ocurriría.
Harry asintió, pero se detuvo rápidamente, porque eso hacía que le doliera más la cabeza. Luego dijo:
—Señor, hay algunas cosas más que me gustaría saber, si me las puede decir... cosas sobre las que quiero saber la verdad...
—La verdad —Dumbledore suspiró—. Es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuidado. Sin embargo, contestaré tus preguntas a menos que tenga una muy buena razón para no hacerlo. Y en ese caso te pido que me perdones. Por supuesto, no voy a mentirte.
—Bien... Voldemort dijo que sólo mató a mi madre porque ella trató de evitar que me matara. Pero ¿por qué iba a querer matarme a mí en primer lugar?
Aquella vez, Dumbledore suspiró profundamente.
Dumbledore hizo lo mismo en la sala.
—Vaya, la primera cosa que me preguntas y no puedo contestarte. No hoy. No ahora. Lo sabrás, un día... Quítatelo de la cabeza por ahora, Harry. Cuando seas mayor... ya sé que eso es odioso... bueno, cuando estés listo, lo sabrás.
-Te prometo que te lo contare, Harry -le dijo Dumbledore, y Harry asintió.
Y Harry supo que no sería bueno discutir.
—¿Y por qué Quirrell no podía tocarme?
—Tu madre murió para salvarte. Si hay algo que Voldemort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre hacia ti deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible... Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja para siempre una protección. Eso está en tu piel. Quirrell, lleno de odio, codicia y ambición, compartiendo su alma con Voldemort, no podía tocarte por esa razón. Era una agonía el tocar a una persona marcada por algo tan bueno.
-Lo que no entiendo, es porque Quirrell pudo tocar a Harry en el Caldero Chorreante, pero no ahí -dijo Sirius.
-Creo que tiene que ver que en el Caldero Chorreante, Voldemort y Quirrell no compartían cuerpo, papá -respondió Will.
-Eso podría ser lo que paso -admitió Dumbledore.
Entonces Dumbledore se mostró muy interesado en un pájaro que estaba cerca de la cortina, lo que le dio tiempo a Harry para secarse los ojos con la sábana. Cuando pudo hablar de nuevo, Harry dijo:
—¿Y la capa invisible... sabe quién me la mandó?
—Ah... Resulta que tu padre me la había dejado y pensé que te gustaría tenerla.—Los ojos de Dumbledore brillaron—. Cosas útiles... Tu padre la utilizaba sobre todo para robar comida en la cocina, cuando estaba aquí.
-¿Sólo robar comida? -preguntaron Sirius y Remus, indignados.
—Y hay algo más...
—Dispara.
—Quirrell dijo que Snape...
—El profesor Snape, Harry
—Sí, él...
Sirius sonrío orgulloso.
Quirrell dijo que me odia, porque odiaba a mi padre. ¿Es verdad?
—Bueno, ellos se detestaban uno al otro. Como tú y el señor Malfoy. Y entonces, tu padre hizo algo que Snape nunca pudo perdonarle.
Sirius se removió incómodo en el asiento.
—¿Qué?
—Le salvó la vida.
-¿Qué?
—¿Qué?
—Sí... —dijo Dumbledore, con aire soñador—. Es curiosa la forma en que funciona la mente de la gente, ¿no es cierto? El profesor Snape no podía soportar estar en deuda con tu padre... Creo que se esforzó tanto para protegerte este año porque sentía que así estaría en paz con él. Así podría seguir odiando la memoria de tu padre, en paz...
Harry trató de entenderlo, pero le hacía doler la cabeza, así que lo dejó.
—Y señor, hay una cosa más...
—¿Sólo una?
—¿Cómo pude hacer que la Piedra saliera del espejo?
-Eso es lo que queremos saber -dijo Neville.
—Ah, bueno, me alegro de que me preguntes eso. Fue una de mis más brillantes ideas y, entre tú y yo, eso es decir mucho. Sabes, sólo alguien que quisiera encontrar la Piedra, encontrarla, pero no utilizarla, sería capaz de conseguirla. De otra forma, se verían haciendo oro o bebiendo el Elixir de la Vida.
La sala se quedó en silencio.
-¡Increíble! -exclamaron los gemelos.
Mi mente me sorprende hasta a mí mismo... Bueno, suficientes preguntas. Te sugiero que comiences a comer esas golosinas. Ah, las grageas de todos los sabores. En mi juventud tuve la mala suerte de encontrar una con gusto a vómito y, desde entonces, me temo que dejaron de gustarme. Pero creo que no tendré problema con esta bonita gragea, ¿no te parece?
Sonrió y se metió en la boca una gragea de color dorado.
-Mala gragea -dijeron los bromistas.
Luego se atragantó y dijo:
—¡Ay de mí! ¡Cera del oído!
-Lo dijimos.
La señora Pomfrey era una mujer buena, pero muy estricta.
Los jugadores de quidditch asintieron.
—Sólo cinco minutos —suplicó Harry
—Ni hablar.
—Usted dejó entrar al profesor Dumbledore...
—Bueno, por supuesto, es el director, es muy diferente. Necesitas descansar.
—Estoy descansando, mire, acostado y todo lo demás. Oh, vamos, señora Pomfrey..
—Oh, está bien —dijo—. Pero sólo cinco minutos.
Y dejó entrar a Ron y Hermione.
-¡Bien! -exclamaron los bromistas, mientras que la sala aplaudía. Ron y Hermione se sonrojaron.
—¡Harry!
Hermione parecía lista para lanzarse en sus brazos, pero Harry se alegró de que se contuviera, porque le dolía la cabeza.
-Fue una suerte que no lo hiciera -dijo la castaña, sonriendo.
—Oh, Harry; estábamos seguros de que te...
-Vaya confianza -dijo Harry, y Hermione se sonrojo.
Dumbledore estaba tan preocupado...
—Todo el colegio habla de ello —dijo Ron—. ¿Qué es lo que realmente pasó?
Fue una de esas raras ocasiones en que la verdadera historia era aún más extraña y apasionante que los más extraños rumores.
Harry les contó todo: Quirrell, el espejo, la Piedra y Voldemort. Ron y Hermione eran muy buen público, jadeaban en los momentos apropiados y, cuando Harry les dijo lo que había debajo del turbante de Quirrell, Hermione gritó muy fuerte.
-Me sorprende que Pomfrey no os echara -dijo Harry.
-A mí también -dijo Ron.
—¿Entonces la Piedra no existe? —dijo por último Ron—. ¿Flamel morirá?
—Eso es lo que yo dije, pero Dumbledore piensa que... ¿cómo era? Ah, sí: «Para las mentes bien organizadas, la muerte es la siguiente gran aventura».
—Siempre dije que era un chiflado —dijo Ron, muy impresionado por lo loco que estaba su héroe.
-Lo siento, señor -se disculpó Ron.
-No importa, señor Weasley -dijo Dumbledore.
-Además, en el fondo todos estamos un poco locos -dijo Luna.
-Sobretodo Will -dijo Emily, ganándose una mala mirada de su gemelo.
—¿Y qué os pasó a vosotros dos? —preguntó Harry.
—Bueno, yo volví —dijo Hermione—, desperté a Ron (tardé un rato largo)
-Bienvenida a mi mundo -dijeron Harry y Molly, sonrojando al pelirrojo.
y, cuando íbamos a la lechucería para comunicarnos con Dumbledore, lo encontramos en el vestíbulo de entrada, y él ya lo sabía, porque nos dijo: «Harry se fue a buscarlo, ¿no?», y subió al tercer piso.
—¿Crees que él quería que lo hicieras? —dijo Ron—. ¿Enviándote la capa de tu padre y todo eso?
-Más vale que no -dijo Sally, fulminando a Dumbledore con la mirada.
-Te aseguro que esa no era mi idea -le dijo Dumbledore, un poco asustado.
—Bueno —estalló Hermione—. Si lo hizo... eso es terrible... te podían haber matado.
—No, no fue así —dijo Harry con aire pensativo—. Dumbledore es un hombre muy especial. Yo creo que quería darme una oportunidad. Creo que él sabe, más o menos, todo lo que sucede aquí.
-En efecto -dijeron los Merodeadores y los gemelos Weasley.
Acepto que debía de saber lo que íbamos a intentar y, en lugar de detenernos, nos enseñó lo suficiente para ayudarnos. No creo que fuera por accidente que me dejó encontrar el espejo y ver cómo funcionaba. Es casi como si él pensara que yo tenía derecho a enfrentarme a Voldemort, si podía...
—Bueno, sí, está bien —dijo Ron—. Escucha, debes estar levantado para mañana, es la fiesta de fin de curso. Ya están todos los puntos y Slytherin ganó, por supuesto.
-¡Noooooo! -gritó Sirius, dramáticamente.
Te perdiste el último partido de quidditch.
Harry hizo un gesto de dolor.
Sin ti, nos ganó Ravenclaw,
Fred y George bajaron la cabeza.
pero la comida será buena.
-Sólo Ron -dijeron Harry y Hermione, divertidos.
En aquel momento, entró la señora Pomfrey
—Ya habéis estado quince minutos, ahora FUERA—dijo con severidad.
Después de una buena noche de sueño, Harry se sintió casi bien.
Sally se mostró aliviada.
—Quiero ir a la fiesta —dijo a la señora Pomfrey, mientras ella le ordenaba todas las cajas de golosinas—. Podré ir, ¿verdad?
—El profesor Dumbledore dice que tienes permiso para ir —dijo con desdén, como si considerara que el profesor Dumbledore no se daba cuenta de lo peligrosas que eran las fiestas—. Y tienes otra visita.
—Oh, bien —dijo Harry—. ¿Quién es?
Mientras hablaba, entró Hagrid. Como siempre que estaba dentro de un lugar, Hagrid parecía demasiado grande.
Todos se rieron.
Se sentó cerca de Harry, lo miró y se puso a llorar.
-Oh, Hagrid -dijo Sally, negando con la cabeza.
—¡Todo... fue... por mi maldita culpa! —gimió, con la cara entre las manos—. Yo le dije al malvado cómo pasar ante Fluffy. ¡Se lo dije! ¡Podías haber muerto! ¡Todo por un huevo de dragón! ¡Nunca volveré a beber! ¡Deberían echarme y obligarme a vivir como un muggle!
-¡Hagrid! -dijeron todos.
—¡Hagrid! —dijo Harry, impresionado al ver la pena y el remordimiento de Hagrid, y las lágrimas que mojaban su barba—. Hagrid, lo habría descubierto igual, estamos hablando de Voldemort, lo habría sabido igual aunque no le dijeras nada.
—¡Podrías haber muerto! —sollozó Hagrid—. ¡Y no digas ese nombre!
—¡VOLDEMORT! —gritó Harry, y Hagrid se impresionó tanto que dejó de llorar
-Bien hecho, Harry -dijo Will con una sonrisa.
—. Me encontré con él y lo llamo por su nombre. Por favor, alégrate, Hagrid, salvamos la Piedra, ya no está, no la podrá usar. Toma una rana de chocolate, tengo muchísimas...
Hagrid se secó la nariz con el dorso de la mano y dijo:
—Eso me hace recordar... Te he traído un regalo.
—No será un bocadillo de comadreja, ¿verdad? —dijo preocupado Harry,
-Espero que no -dijo Charlie, preocupado.
y finalmente Hagrid se rió.
—No. Dumbledore me dio libre el día de ayer para hacerlo. Por supuesto tendría que haberme echado...
-Jamás te echaría, Hagrid -dijo Dumbledore.
Bueno, aquí tienes...
Parecía un libro con una hermosa cubierta de cuero. Harry lo abrió con curiosidad... Estaba lleno de fotos mágicas. Sonriéndole y saludándolo desde cada página, estaban su madre y su padre...
Sirius le apretó la mano a Sally, quién le devolvió el apretón. Remus hizo lo mismo con Tonks.
—Envié lechuzas a todos los compañeros de colegio de tus padres, pidiéndoles fotos... Sabía que tú no tenías... ¿Te gusta?
Harry no podía hablar, pero Hagrid entendió.
Harry bajó solo a la fiesta de fin de curso de aquella noche. Lo había ayudado a levantarse la señora Pomfrey, insistiendo en examinarlo una vez más, así que, cuando llegó, el Gran Comedor ya estaba lleno. Estaba decorado con los colores de Slytherin, verde y plata, para celebrar el triunfo de aquella casa al ganar la copa durante siete años seguidos.
Los gemelos y Sirius fingieron que vomitaban.
Un gran estandarte, que cubría la pared detrás de la Mesa Alta, mostraba la serpiente de Slytherin.
-Asqueroso -dijo Bill.
Cuando Harry entró se produjo un súbito murmullo y todos comenzaron a hablar al mismo tiempo. Se deslizó en una silla, entre Ron y Hermione, en la mesa de Gryffindor, y trató de hacer caso omiso del hecho de que todos se ponían de pie para mirarlo. Por suerte, Dumbledore llegó unos momentos después. Las conversaciones cesaron.
—¡Otro año se va! —dijo alegremente Dumbledore—. Y voy a fastidiaros con la charla de un viejo, antes de que podáis empezar con los deliciosos manjares. ¡Qué año hemos tenido! Esperamos que vuestras cabezas estén un poquito más llenas que cuando llegasteis... Ahora tenéis todo el verano para dejarlas bonitas y vacías antes de que comience el próximo año... Bien, tengo entendido que hay que entregar la copa de la casa y los puntos ganados son: en cuarto lugar, Gryffindor, con trescientos doce puntos; en tercer lugar, Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos; Ravenclaw tiene cuatrocientos veintiséis, y Slytherin, cuatrocientos setenta y dos.
Sirius gruñó.
Una tormenta de vivas y aplausos estalló en la mesa de Slytherin. Harry pudo ver a Draco Malfoy golpeando la mesa con su copa. Era una visión repugnante.
-Asquerosamente repugnante -dijo Emily, mientras Will fingía que vomitaba.
—Sí, sí, bien hecho, Slytherin —dijo Dumbledore—. Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta.
Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slytherin se apagaron un poco.
En cambio, las de la sala aumentaron.
—Así que —dijo Dumbledore— tengo algunos puntos de última hora para agregar. Dejadme ver. Sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...
Ron se puso tan colorado que parecía un rábano con insolación.
-Harry -dijo Ron, mientras los gemelos se reían murmurando "rábano con insolación".
—... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos años, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.
La sala aplaudió.
Las hurras de Gryffindor llegaron hasta el techo encantado, y las estrellas parecieron estremecerse. Se oyó que Percy le decía a los otros prefectos: «Es mi hermano, ¿sabéis? ¡Mi hermano menor! ¡Consiguió pasar en el juego de ajedrez gigante de McGonagall!».
-Si que estabas orgulloso, Percy -dijo Ron, asombrado.
-Por supuesto -dijo Percy con orgullo, mirando a su hermano.
Por fin se hizo el silencio otra vez.
—Segundo... a la señorita Hermione Granger... por el uso de la fría lógica al enfrentarse con el fuego,
-Literalmente -dijo Ginny.
premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.
Hermione enterró la cara entre los brazos. Harry tuvo la casi seguridad de que estaba llorando. Los cambios en la tabla de puntuaciones pasaban ante ellos: Gryffindor estaba cien puntos más arriba.
—Tercero... al señor Harry Potter... —continuó Dumbledore. La sala estaba mortalmente silenciosa—... por todo su temple y sobresaliente valor, premio a la casa Gryffindor con sesenta puntos.
-No me merecía más puntos que ellos -susurró Harry.
-Si te los merecías -susurró Ginny de vuelta.
El estrépito fue total. Los que pudieron sumar, además de gritar y aplaudir, se dieron cuenta de que Gryffindor tenía los mismos puntos que Slytherin, cuatrocientos setenta y dos. Si Dumbledore le hubiera dado un punto más a Harry... Pero así no llegaban a ganar.
-¿Qué pasa en caso de empate? -preguntó Neville.
-Normalmente se suele dar a la casa que consiguió ser primero en la máxima puntuación -explicó Dumbledore.
-¿Y cómo se sabe?
-La Copa tiene un encantamiento que detecta que casa va ganando. El día de la entrega, el nombre de la casa ganadora aparecer grabado en la Copa.
Dumbledore levantó el brazo. La sala fue recuperando la calma.
—Hay muchos tipos de valentía —dijo sonriendo Dumbledore—. Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos al señor Neville Longbottom.
-¡Bien hecho! -gritaron los bromistas.
Neville se sonrojo, pero aún más cuando Luna le dio un beso en la mejilla.
Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Comedor habría creído que se había producido una explosión, tan fuertes eran los gritos que salieron de la mesa de Gryffindor. Harry, Ron y Hermione se pusieron de pie y vitorearon a Neville, que, blanco de la impresión, desapareció bajo la gente que lo abrazaba. Nunca había ganado más de un punto para Gryffindor.
-¿Ni en Herbología? -le preguntó Ginny.
-Era demasiado tímido -dijo el chico.
Harry, sin dejar de vitorear, dio un codazo a Ron y señaló a Malfoy, que no podía haber estado más atónito y horrorizado si le hubieran echado el maleficio de la Inmovilidad Total.
Los gemelos sonrieron ante la idea.
—Lo que significa —gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebrando la derrota de Slytherin—, que hay que hacer un cambio en la decoración.
Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron escarlata; los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneció para dar paso al león de Gryffindor.
Snape estrechaba la mano de la profesora McGonagall, con una horrible sonrisa forzada en su cara.
-La venganza en dulce -dijo Sirius.
Captó la mirada de Harry y el muchacho supo de inmediato que los sentimientos de Snape hacia él no habían cambiado en absoluto. Aquello no lo preocupaba. Parecía que la vida iba a volver a la normalidad en el año próximo, o a la normalidad típica de Hogwarts.
-Aún no se cómo es -dijo Harry.
-Ni nosotros -dijeron Ron y Hermione.
Aquélla fue la mejor noche de la vida de Harry, mejor que ganar un partido de quidditch, o que la Navidad, o que hacer que se desmayara el monstruo gigante...
Nunca, jamás, olvidaría aquella noche.
Harry sonrío. Desde luego, jamás la olvidaría.
Harry casi no recordaba ya que tenían que recibir los resultados de los exámenes, pero éstos llegaron.
-Todo llega en está vida -dijo Will, filosoficamente.
Para su gran sorpresa, tanto él como Ron pasaron con buenas notas. Hermione, por supuesto, fue la mejor del año. Hasta Neville pasó a duras penas, pues sus buenas notas en Herbología compensaron los desastres en Pociones. Ellos confiaban en que suspendieran a Goyle, que era casi tan estúpido como malo, pero él también aprobó. Era una lástima, pero como dijo Ron, no se puede tener todo en la vida.
-Por desgracia -dijo Remus.
Y de pronto, sus armarios se vaciaron, sus equipajes estuvieron listos, el sapo de Neville apareció en un rincón del cuarto de baño...
Harry, Ron y Neville hicieron gestos de dolor.
-¿Qué paso? -preguntó Luna.
-No fue muy agradable perseguir a Trevor por el cuarto del baño -respondió Neville.
-En serio, nos resbalábamos con el agua -dijo Ron.
-Al menos tu no te distes un golpe en la cabeza -replicó Harry, frotándose la nuca-. En serio, Seamus tiene la cabeza muy dura.
Todos los alumnos recibieron notas en las que los prevenían para que no utilizaran la magia durante las vacaciones («Siempre espero que se olviden de darnos esas notas», dijo con tristeza Fred Weasley).
-Me temo que nunca ocurrirá, señor Weasley -dijo Dumbledore, divertido.
Hagrid estaba allí para llevarlos en los botes que cruzaban el lago. Subieron al expreso de Hogwarts, charlando y riendo, mientras el paisaje campestre se volvía más verde y menos agreste. Comieron las grageas de todos los sabores, pasaron a toda velocidad por las ciudades de los muggles, se quitaron la ropa de magos y se pusieron camisas y abrigos... Y bajaron en el andén nueve y tres cuartos de la estación King Cross.
Algunos gruñeron, dándose cuenta de que Harry volvía con sus tíos.
Tardaron un poco en salir del andén. Un viejo y enjuto guarda estaba al otro lado de la taquilla, dejándolos pasar de dos en dos o de tres en tres, para que no llamaran la atención saliendo de golpe de una pared sólida, pues alarmarían a los muggles.
—Tenéis que venir y pasar el verano conmigo —dijo Ron—, los dos. Os enviaré una lechuza.
—Gracias —dijo Harry—. Voy a necesitar alguna perspectiva agradable.
La gente los empujaba mientras se movían hacia la estación, volviendo al mundo muggle. Algunos le decían.
—¡Adiós, Harry!
—¡Nos vemos, Potter!
—Sigues siendo famoso —dijo Ron, con sonrisa burlona.
—No allí adonde voy, eso te lo aseguro —respondió Harry.
Él, Ron y Hermione pasaron juntos a la estación.
—¡Allí está él, mamá, allí está, míralo!
Ginny se tapó la cara completamente sonrojada.
Era Ginny Weasley, la hermanita de Ron, pero no señalaba a su hermano.
—¡Harry Potter! —chilló—. ¡Mira, mamá! Puedo ver...
-¡Oh, no! -gimió la pelirroja.
—Tranquila, Ginny. Es de mala educación señalar con el dedo.
La señora Weasley les sonrió.
—¿Un año movido? —les preguntó.
-Mucho -dijo Will.
—Mucho —dijo Harry
Él y Will se miraron sorprendidos.
—. Muchas gracias por el jersey y el pastel, señora Weasley.
—Oh, no fue nada.
—¿Ya estás listo?
-Seguro que es la morsa -dijo Sirius, con odio.
Era tío Vernon, todavía con el rostro púrpura, todavía con bigotes y todavía con aire furioso ante la audacia de Harry, llevando una lechuza en una jaula, en una estación llena de gente común. Detrás, estaban tía Petunia y Dudley, con aire aterrorizado ante la sola presencia de Harry.
Todos se rieron.
—¡Usted debe de ser de la familia de Harry! —dijo la señora Weasley.
—Por decirlo así —dijo tío Vernon—. Date prisa, muchacho, no tenemos todo el día. —Dio la vuelta para ir hacia la puerta.
Harry esperó para despedirse de Ron y Hermione.
—Nos veremos durante el verano, entonces.
—Espero que... que tengas unas buenas vacaciones —dijo Hermione, mirando insegura a tío Vernon, impresionada de que alguien pudiera ser tan desagradable.
—Oh, lo serán —dijo Harry, y sus amigos vieron, con sorpresa, la sonrisa burlona que se extendía por su cara—. Ellos no saben que no nos permiten utilizar magia en casa. Voy a divertirme mucho este verano con Dudley.
-Bien dicho -dijo Sirius, orgulloso de que su ahijado sacara su lado merodeador.
-Aquí acaba el libro -anunció Alastor.
-Muy bien -dijo Dumbledore-. Vamos a dormir y mañana empezamos el segundo libro.
Todos se pusieron de pie, menos Sirius.
-Sirius, ¿no vienes? -le preguntó Remus.
-No -respondió el animago, enseñándole Historia de Hogwarts-. Voy a ver si leo un poco.
-De acuerdo. Buenas noches.
-Buenas noches, Lunático.
Sirius empezó a leer el libro, pero ni siquiera había llegado a la mitad de la primera página cuando se durmió.
Unas horas más tarde, despertó. Cuando alguien se sentó a su lado.
Hola gente,
decimonoveno capítulo.
¿Quién se ha sentado junto a Sirius?
¿Y que hora es? En serio, quiero saber que hora es en otros países. Aquí son las 18:23.
Bueno gente, el último capítulo del fic lo subiré, o bien está noche o mañana.
Así que espero que os haya gustado la lectura.
Se despide,
Grytherin18
