¡Hellow aguein! Aquí vuelvo, escribiendo el fic más Asakiku y destroza UsUk de la historia de Fanfiction…Megushta.

En fin, escribo esto desde el PC del instituto, soy unah rebeldeh. O sea.

Advertencia: Los personajes, sus rulos y su sensualidad no son míos aún. Estoy en proceso de planificación del rapto a Hidekaz Hiramuya. Violencia hacia cierto japonés, y cagadas en la madre que parió a América por cosas que me costará escribir.

Ah, y la historia avanza un porrón de tiempo más delante de golpe, espero que me perdonéis. Intentaré que todo se entienda.~

-Con respecto a lo que sucede en Notre Dame, nunca estuve allí, así que no sé cómo es. Perdonadme. ;A;-

¡Dentro capítulo!:


[4 de octubre de XXXX]

¡¿C-Cómo se atreve?!

Lo voy a matar.

Voy a matar a ese jodido galo.

Y su muerte va a ser lenta y muy, muy dolorosa…

-¿Inglaterra?-murmuró Japón detrás de él, al ver su expresión enojada.- ¿Qué es esa carta?

Su pareja no respondió. El nipón se puso de puntillas para mirar por encima de su hombro, y leyó el papel, rosa claro con florituras varias y una letra elegante:

Francis Bonnefoy, representante de la República Francesa, y Matthew Williams, representante de Canadá, se congratulan en invitarles a su unión matrimonial el 20 de diciembre en la iglesia de Notre Dame de París.

Esperamos que vengan a la velada y disfruten del banquete y la exquisita decoración al estilo de la época victoriana francesa, elegida expresamente por el novio, y les deseen una larga unión a los recién casados.

Japón sonrió levemente. Por eso su querido inglés estaba tan enfadado, ¡Francis finalmente iba a casarse con Matthew! No recordaba bien quién era, pero seguía siendo una buena noticia.

-Arthur, ¿por qué estás así? ¡Es una noticia genial!

-Ese maldito francés son of a bitch…-Japón frunció el ceño, enojado.-Lo siento, Kiku. Pero sabes que no me gustaba que Matti saliera con ese pervertido, y ahora encima van, y me mandan una invitación a su boda. Serán caraduras…

El japonés lo abrazó por detrás dulcemente, apoyando su mejilla en el hombro del inglés y sacándole una pequeña sonrisa. Tras cuatro meses viviendo juntos, había aprendido formas de hacer sonreír al siempre malhumorado inglés, que entrelazó los dedos que su mano restante con las de Kiku.

Este le miró, con una expresión suplicante en sus ojos negros. No hacía falta que formulara la pregunta con palabras.

-…Vale, iremos.


En ese mismo momento, en la otra punta del mundo, el hermano gemelo de la "novia" leía exactamente las mismas palabras que Inglaterra, entrando también en un estado de shock. Principalmente porque no conseguía recordar quién demonios era "Matthew Williams".

-Mmmm…Me suena un montón-dijo Emily, que estaba sentada a su lado en el McDonalds. Comía un McFlurry a modo de postre tras una gran hamburguesa con bacon.

-Que te suene no me sirve mucho-rió. Una carcajada un poco hueca, pero al fin y al cabo era una risa. - Well, ver al pervertido de Francis comprometiéndose a ser fiel es un espectáculo digno de ver.

Los dos rieron ruidosamente, acaparando las miradas molestas de algunos clientes del recinto. Pero no les importó, como todas las veces que lo habían hecho.

De repente, el semblante de Emily cambió a uno mucho más inseguro. Bajó la mirada y se sonrojó un poco.

-Hey, Alfred…

-Tell me-cogió una coca-cola, de la que aún quedaba media botella.

-¿Podría ir yo contigo a la boda de tu amigo?

Escupió la coca-cola de repente, tosiendo. La mirada entristecida de Emily le partió el alma. Era una chica genial: se habían vuelto colegas inseparables, tenían casi todo en común-ir de compras no entraba en ese todo, que conste-y siempre conseguía animarle tras pasarse días encerrado en casa…

Ah, y creía en los aliens, cosa que otra cierta persona no hacía.

Pero aún así, no se veía yendo a una boda con ella. Los tratarían como pareja, cosa que no eran en absoluto. Aunque más de una persona lo hubiera pensado ya, no se sentía con fuerzas para…Algo así.

Sin embargo, no estaba hablando de salir con ella. Solo sería ir a una fiesta para celebrar que Francis por fin estaba más o menos enderezado.

-Sí, claro que puedes.

-Si no puede ser no pasa nada, Alfie.

-No, sí que iremos-sonrió, decidido.- ¡Así verás que el zopenco decorando es Francis, y no yo!

Rió. Otra risa algo falsa, pero era algo.


Llegaron bastante tarde, cuando la gran parte de la ceremonia ya había tenido lugar. América tuvo que admitir que el zopenco era él, por una vez. Francia había hecho maravillas con su querida iglesia. Rosas rojas, blancas, azules…Y hojas de maple.

-… ¡Ah! ¡Ya recuerdo!-gritó, asustando a Emily.- ¡Matthew Williams is my brother! Hahaha, lo olvidé otra vez~-su tono era cantarín y despreocupado, acorde con la fiesta. Su compañera se alegró de verlo tan feliz.

-¿Tienes un brother y no te acuerdas de su nombre?-América asintió.- ¡Anda, como yo! Tengo una hermana melliza, pero nunca recuerdo cómo se llama.

Los dos rieron, y sus carcajadas atrajeron varias miradas de molestia. Justo como en el McDonalds, no les importó en absoluto.

-¡Alfred, Emily, mes amies!-Francia surgió de entre la multitud, atraído por las risotadas de la pareja de americanos. Sonreía, por primera vez se alegraba de ver a Alfred.- ¿Estáis disfrutando de la fiesta?

-Sí, todo es muy guay…But no hay hamburguesas-protestó Emily, frunciendo el ceño.-No sé cómo has atraído tanta gente si no hay hamburguers

-Con mi encanto, mademoiselle. Y el de mi querido Matthew…-miró rápidamente a la multitud, buscando a su futuro marido.- ¡Mattie!-Emily y América miraron en esa dirección, la primera sin ver absolutamente a nadie más que a dos hombres que hablaban con el aire.

Poco a poco distinguió una silueta casi imperceptible, que se acercaba a ellos con paso torpe. Un chiquillo rubio de ojos azules, con un cierto parecido a Alfred y que estaba vestido de gala.

-¿Ves, cariño? Te dije que el gringo-codazo del canadiense-vendría. ¡Y con una preciosa mujer!

-Hola, maple…

Francia los presentó a ambos, sonriente. Emily empezó a hacer preguntas, como cuándo se habían conocido o cómo le había pedido la mano. Las típicas preguntas que hacían las mujeres.

En cambio, América no dijo una sola palabra. Sus ojos se habían quedado clavados en el sitio donde había estado Matthew hablando con unos invitados.

No eran unos invitados cualquiera.

Inglaterra tenía el brazo rodeando la cintura de Japón, y ambos sonreían sumergidos en un aura de felicidad. El americano sintió que le habían dado una patada en el estómago. Bueno, una no, varias. Su intestino se revolvió, y sentía como la comida le subía por la garganta y le picaban los ojos.

¿Así era el desengaño?

Se fue a paso ligero a algún sitio, cualquiera donde pudiera estar lejos de esa maldita pareja. Hasta el mismo infierno estaba bien para él.


Japón nunca se había sentido bien rodeado de mucha gente. Durante su etapa de aislamiento, se había acostumbrado a estar solo, tal vez en compañía de Holanda algunos minutos, pero nada más. Desde entonces había estado intentando superar esa época, pero era complicado.

-Kiku, ¿are you OK?-le preguntó Inglaterra, preocupado.-Estás un poco pálido.

-Eh…Sí, perdona. Solo estoy algo agobiado…

-Mejor sal un poco, ¿vale? Yo estaré esperando aquí.

Japón sonrió, agradecido. ¡Arthur podía ser tan lindo y caballeroso cuando quería!

Salió de la Notre Dame apretujándose contra la gente. Por suerte, se habían quedado cerca de la salida.

Cuando por fin pudo respirar el aire fresco y puro de París, se fijó en una sombra a la izquierda de la catedral, replegada sobre sí misma. Podría haberlo tomado por un mendigo, pero intuía quién era. Ese mechón anti-gravedad era bastante inconfundible.

-¿Señor América?

La sombra le miró, asustada. Sus ojos azules reflejaron odio al verle.

-Ah. Hola, Japón.

Algo le decía que saliera corriendo, y asimilaba a América como un lobo dispuesto a atacarle. Tragó saliva, algo nervioso.

-¿Q-Qué le ocurre?-"me está asustando" quiso decir. Y era verdad, en ese mismo momento América le daba casi tanto miedo como Rusia.

-¿Por qué tenías que entrometerte, eh? ¿Por qué le rescataste aquel día?-se acercó a Kiku lentamente, mientras que este sentía los pies de plomo. Lo agarró por el cuello del traje, alzándolo de tal manera que sus pies no tocaban ya el suelo.- ¿Por qué lo hiciste?

Japón se revolvió, intentando darle alguna patada al americano que le doliese lo suficiente para soltarle. Mientras, su contrincante siguió hablando.

-Todo estaba bien, solo habíamos tenido una pequeña riña, ¡y tú vas y le dices…lo que sea que le dijiste, joder!-lo zarandeó, sin molestarse en controlar su fuerza, y lo tiró al suelo.-Eres…Eres lo peor. ¡Lo peor!

Por fin, Kiku reunió el valor para enojarse e intentar responder.

-S-Señor América, no creo que tenga derecho a…

-¡Por supuesto que lo tengo! ¡Tú eres el que ha jodido mi existencia! ¡Todo es tu jodida culpa!

-¡Tal vez, si hubiera tratado mejor al señor Arthur, no se habría enamorado de otra persona!-espetó Japón, haciendo explotar cada palabra en los oídos de América. No había conseguido controlarse. La sarta de cosas absurdas que le decía el estadounidense había sido superior a su miedo y su paciencia juntos.

Sin embargo, apenas unos instantes después, se arrepintió.

El rubio lloraba, con una mezcla de tristeza, rabia, odio y rencor. Le miraba con todas esas emociones juntas, arremolinadas y transformadas en gotas saladas que escurrían lentamente por sus mejillas. Japón le oyó murmurar algo, pero no le entendió.

-¡Kiku! ¡Kiku!-la voz de Inglaterra sonaba lejana, pero estaba apenas a unos pocos metros de allí.

América se retiró rápidamente, camuflándose entre las sombras de la noche recién cerrada y dejando a un Japón tembloroso y extrañado. El americano no llegó a ver cómo el asiático le decía a Inglaterra que estaba bien, que solo era un pequeño ataque de ansiedad, y las arrugas de su traje eran pura casualidad. Ni llegó a ver cómo se besaban y se iban de la mano.

Ya había visto y oído cosas suficientes para un buen tiempo. Había sido realmente estúpido. Había pegado a Japón, había llorado delante de este, y ahora mismo su hermano le estaría buscando por todas partes, muerto de preocupación.

Realmente, no había sido el final feliz que le deseaba a un día de bodas.


;A; LO SIENTO, AMÉRICA. LO SIENTO. PERDÓNAMEEEEEEE. TE COMPRARÉ TODAS LAS HAMBURGUESAS QUE DESEES, PERO PERDÓNAME. POR DIOS, NO ME ODIES NI ME METAS EN GUANTÁNAMO, QUE YA TENGO SUFICIENTE CON EL INSTITUTO DE LOS CATAPLINES. ;A;

OK, tras todo este paripé…Estoy triste. Escribí este capítulo escuchando "Everybody hurts", la versión de Avril Lavigne, que le pega muchísimo al América de esta historia, y con la que me siento muy identificada últimamente. Y eso, junto con que mi gatito está ingresado en la veterinaria… Lloré como una posesa. T_T

JOÉ, ENTENDEDME, QUE A MÍ ME CAE BIEN EL AMERICANO GORDO.

Francia por fin ha sentado cabeza. :'D Con Matthew, como amo el Franada.~ ¡Regocijaos, porque por una vez, lo de ser fiel va a ser verdad! Honhonhonhon!

Vale, no tengo los ánimos muy altos. x3 Lo siento de veras.

Chau chau~