TIC-TAC
Disclaimer: HP y sus personajes pertenecen a Rowling.
Ted Remus Lupin apenas si se inmutó ante el grito de su prometida, su atención estaba centrada en todos y cada uno de los presentes en aquella pequeña cocina que tan bien podía pasar por la de la familia Weasley. Eso si, tenía que reconocer por mucho que le pesara que aquellos impostores habían acertado bastante con la reproducción del escenario. ¡Era casi idéntica a la original!, ¡Por un momento hasta podrían haberle engañado!, sin embargo para el ojo bien entrenado de quien había pasado allí muchísimas tardes de su vida era evidente que había detalles que faltaban y que hacían que aquella casa pareciera incompleta.
Por ejemplo faltaba una abolladura en la pared junto a la puerta que conectaba al patio, Ted recordaba como si fuera ayer como la había agujereado Fred II con la cabeza al estrellarse durante el estreno de su primera escoba voladora. Nunca olvidaría el susto que le dieron a la abuela Weasley y como tras muchos tirones de piernas, que más tarde Fred diría que le estiraron veinte centímetros de altura, lograron sacarlo mediante el hechizo Waddiwasi.
También faltaba aquella gran diana que los dos hijos de Ron Weasley habían pintado con ceras mágicas sobre el culo de una gigantesca olla de latón y que finalmente la madre de ellos, harta ya de encontrarse en medio de las trayectorias de los proyectiles que variaban desde trozos de zanahorias hasta gnomos despistados, había secuestrado y colocado en lo más alto de unos de los armarios lejos de su alcance hasta que todos los niños en un acto de improvisada organización militar la lograron recuperar y la devolvieron a su legítimo lugar, es decir colgando del techo, en una de las esquinas de la habitación como una bandera al orgullo de la revolución preadolescente.
Y, ahora que lo pensaba, había algo también en el techo que no encajaba...esa lámpara...tenía algo de sospechoso, se parecía mucho a la que el recordaba pero a la vez no. Sacudió la cabeza. No era momento de empezar a divagar sobre tonterías. Agarró con fuerza la muñeca de Victoire y la ocultó tras él.
Alzó un poco más la varita y rechinó los dientes al notar todas aquellas caras familiares mirándole con una mezcla de confusión y alerta, con las varitas desenfundadas apuntándoles como si ellos fueran el enemigo. Que aquellos jodidos desgraciados estuvieran ahí usando aquellos rostros tan impunemente le hacía hervir la sangre como si la ofensa fuera hacía él mismo.
Le dirigió una enfadada mirada de reojo a Victoire, ¡No podía creer que hubiera sido tan descuidada ante tan obvio engaño! Se sintió culpable por haberse dejado superar por la impresión y desmayarse, ¡Podrían haberle hecho daño a Victoire mientras tanto!.
Alguien se aclaró la garganta y Ted lo miró de reojo
-¿Weasley?¿Has dicho que ella es Victoire Weasley?-repitieron los gemelos al unísono, incrédulos. El chico permaneció en silencio un momento antes de reírse despectivamente
-¡La verdad es que esto es ridículo! hacerse pasar por nuestra familia y fallar en algo tan obvio. Me avergüenza haberme dejado engañar antes.- dijo sin alzar ni un poco la voz.-Si ibais a suplantarlos deberíais haberos preparado mejor, hasta un niño lo habría hecho mil veces mejor...¡Já! Si además hasta habéis tomando la apariencia que tenían de jóvenes y...-con un aspecto algo más consternado, como si hubiera deseado callarse lo que iba a decir, grito-...¡sin respetar la memoria de los muertos!¡¿Que pretendéis?!
-Teddy creo que...-El chico la cortó con un gruñido animal.
-¡Saca la varita Victoire, ellos no son nuestra familia! ¿¡En que estabas pensando!?
Entonces se armó el pandemónium. Harry había visto la oportunidad de desarmarlo en ese momento mientras estaba más atento a la chica que a ellos pero en cuanto levantó la varita, algo situado a su izquierda estalló en medio de una nube de chispas rojas. Las maldiciones y hechizos no tardaron en empezar a volar tras aquello y una lluvia de luces de colores similares a fuegos artificiales inundaron la cocina de los Weasley rebotando sonoramente graciosas sobre las ollas y cucharones de latón que estaban colgados en el aire, sujetas al techo por una serie de ganchos.
Harry se lanzó al suelo de inmediato arrastrando a Ron con él antes de que un rayo azul atravesara el lugar donde habían estado antes y chocara contra la ventana, que estalló en mil pedazos. Por arte de magia, y nunca mejor dicho, el aire se lleno de una inmensa humareda y se saturó con los ruidos de una pelea violenta y concentrada.
Agachado y con las gafas torcidas apuntó por debajo de la mesa y esquivando las patas de las sillas intentó averiguar cual de las tantas piernas que se movían en medio de aquel caos eran las de los intrusos. Vio unas sandalias negras con plataforma y tacones pasar corriendo junto a unas zapatillas de deporte.
-¡Desmaius!-gritó
No llegó a saber si había dado en el blanco pues, justo en ese momento, sobre su cabeza la mesa de los Weasley que durante tantos años había soportado las diabluras y golpes de los siete hijos de la familia pareció no soportar más y con un estruendoso rugido se partió en dos sobre sus cabezas. De inmediato Ron empujó una de las mitades tumbándola de lado y los dos se escondieron detrás, utilizándolo como escudo.
-¡Hermione!- llamó Ron buscando con la vista entre la humareda polvorienta que se había levantado. Hubo un estallido azulado, varios gritos y tanto Hermione como Ginny cayeron al suelo junto a ellos.
-¡Harry, Ron!¿Estáis bien? -preguntó la primera chica apartándose el pelo de la cara, la trenza se le había desecho por completo.
-Si, tan solo con unas cuantas astillas clavadas...-contestó Ron sin quitarle la vista de encima. Ginny gateó sobre la alfombra y se acercó a Harry quien le hizo un sitio junto al improvisado parapeto y ella le sonrió, con la cara un poco tiznada bajo sus ojos castaños levantó el dedo pulgar derecho con entusiasmo.
-¿Estáis bien? ¿Sabéis donde están los demás?-pregunto Harry. Tanto Hermione como Ginny negaron con la cabeza.
-Ni idea pero la última vez que vi a esos dos extraños estaban corriendo hacia el salón con papá, el profesor Lupin y Tonks detrás.
-¿¡Entonces por que sigue habiendo lucha aquí!?- exclamó Ron. Un rayo morado cruzó como un obús sobre sus cabezas y les despeinó. Hermione jadeó. Harry asomó la varita por el borde de la mesa y tras echar una rápida ojeada lanzó un hechizo paralizante
-Hubo un momento de confusión cuando Fred y George confundieron a Fleur con la chica y atacaron y, bueno, Bill...-no acabó la frase
-¿¡Me estas diciendo que se están atacando unos a otros!?
-¡Petrificus totalus!, sabéis pensaba que al ser nosotros tantos y ellos solo dos sería muy fácil detenerlos...- opinó la menor de los Weasley-...pero, ¡no hay quien vea nada con este caos!
Un nuevo estruendo surgió en el piso de arriba y algo se rompió dejando caer una nube de polvo blanquecino de el techo. Harry oyó que Ron murmuraba algo como "para que tener hermanos si son idiotas". Harry suspiró. Estaban en una guerra. En una casa que supuestamente había sido protegida con los mejores hechizos, entre ellos el fidelio. Ellos eran doce, sus enemigos dos. Estaban luchando en una casa en la que se suponía que actuaban con ventaja. ¿Como se habían torcido tanto las cosas? ¿Así se suponía que iban a vencer a Voldemort?¿Luchando entre ellos? Se enfureció. No, de ninguna manera. No iba a permitirlo. Los Weasley eran como su familia. No iba a permitirlo.
-Bueno, salgamos ahí y...vayamos a ayudar al profesor Lupin.
Victoire tropezó y rodó por el suelo, la mano fuerte de su novio se cerro sobre su brazo y la ayudó a arrastrarse tras un armario gigantesco junto al marco de la puerta.
-¡Fumos!-gritó el chico. Una nube de humo gigantesca y grisácea empezó a salir de su varita. Por el rabillo del ojo vio como su novia se quitaba las sandalias de plataforma negra con unos tacones de infarto que estilizaban de muy buena forma sus piernas y su trasero pero que eran totalmente inadecuadas para correr y se incorporaba a su lado alzando la varita.
-¡Petrificus totalus!-chilló cubriéndole mientras su varita aún desprendía las últimas volutas de humareda.-¡Expelliarmus!
Una ráfaga de luces rojas chocaron contra el armario que los cubría rompiéndolo y derribandolo delante de ellos, habían estado a unos centímetros de alcanzarles
-Vamos- le susurró rápidamente Victoire agarrándole del antebrazo y retrocediendo de espaldas.
Ted asintió y se dio la vuelta, a su espalda oyó el grito de una mujer pero no se giró, no en cambio así lo hizo Victoire quien miró sobre su hombro con una extraña expresión en la cara, por lo que no vio la enorme sombra que se abalanzó sobre ellos en el salón. Hagrid quien no había podido entrar en la cocina debido a su enorme tamaño, se echó sobre ellos con sus brazos grandes como los troncos de un árbol haciendo aspavientos y bramando intentando bloquearles la salida.
Ted empujo a Victoire al suelo para que pasara por debajo del brazo del semigigante y por eso ese mismo brazo apunto estuvo de golpearle en toda la cara y así habría sido de no ser porque por pura suerte el tobillo derecho se le torció entre tantos malabares y su altura disminuyó súbitamente. Aterrizaron dolorosamente en el suelo y cojeando el y dolorida ella se incorporaron como pudieron y se arrastraron hacia delante con la cabezas gachas para evitar los maleficios volantes. Las sinuosas escaleras aparecieron en la oscura esquina al otro la de la habitación como una vía de escape.
-¡Las escaleras!- le gritó a Victoire al oído empujándola por la espalda poniéndola delante de el. La hermosa cortina de pelo dorado azotó el aire delante de su cara pero le dolía demasiado el pie como para maravillarse ante tanta belleza. Evitó no pensar en lo idiota que parecía cojeando por ahí tras ella y se dio la vuelta para cubrir a Victoire mientras subía por un rellano demasiado a la vista.
Debido al impulso el que se hacía pasar por Hagrid se había tropezado contra la pared al no agarrarlos pero sus padr...los que se hacía pasar por sus padres y por el señor Weasley ya lo estaban sorteando y comenzaban a alzar las varitas.
-Oppugno.-grito la Victoire por encima de él en la escalera y los sofás de la sala se alzaron y se dirigieron veloces hacia sus atacantes, la gran alfombra del suelo también se alzó sobre su canto ocultándolos como una pantalla. El hijo de Remus y Nymphadora lanzó un encantamiento para endurecer la alfombra al grito de Victoire de-¡Sube Ted!
No había hecho falta que se lo dijeran dos veces y él ya estaba gateando por las escaleras confiando en que la barandilla lo protegiera de algo. Su novia estaba cubriéndose con la pared del interior de la escalera pero se separó unos pasos para ir a su encuentro. Ted había alcanzado a Victoire en lo alto cuando un rayo de color púrpura paso bajo su brazo y alcanzó a la chica en el costado derecho. Victoire abrió los ojos desmesuradamente y cayó hacia atrás resbalando por los escalones. El se abalanzó sobre ella con un grito en el momento en que ella se llevaba la mano a la herida y una gran mancha de sangre comenzó a teñir su camisa de color blanco.
La agarró de las axilas e intentó levantarla, Victoire gimió de dolor pero aún estaba consciente, había que agradecer que no se golpeara la cabeza contra las escaleras.
Se giró hirviendo en la ira, su padrino siempre le recordaba que debía mantenerse tranquilo pero no podía quitarse de la cabeza la expresión del rostro de Victoire al ser alcanzada. Estaba enfurecido y mortificado a partes iguales y eso no era una buena combinación en momentos de estrés.
La alfombra había desaparecido pero los sofás aún seguían encantados y se movían velozmente por la sala como si no pesaran nada. Vio una figura medio escondida tras un tabique. Alzó la varita.
-¡Reducto!
El tabique y la pared explotaron y media casa se hundió por aquella esquina con un crujido bestial, el aire se llenó de una neblina blanca lo cual no le dejaba ver nada y los oídos empezaron a pitarle.
-!Joder!-masculló cuando todo aquel polvo suspendido se le metió en los ojos, tosiendo se cubrió la cara con el antebrazo y se giró hacia donde había dejado a Victoire apoyada, pero Victoire ya no estaba allí; se había levantado y con una mano en el costado herido apuntaba con la otra a las escaleras
-¡Aqua eructo!
Un chorro violento de agua inundó las escaleras. El torrente de agua descendió por ellas con la fuerza de una riada y seguro que viéndolo desde abajo con la espuma blanca y brillante y el rugido del agua al caer sobre ellos a los impostores les parecía una catarata.
Victoire de pie con el pelo alborotado, la camisa ensangrentada y dirigiendo aquella fuerza de la naturaleza con solo su pequeña varita estaba impresionante. Ted la miró con la boca abierta olvidándose momentáneamente de donde estaban. Ella miró por encima del hombro hacia Ted pidiéndole algo con la mirada, el chico tuvo que sacudir la cabeza para reordenar sus pensamientos pero aún le costaba, a Victoire siempre le habían dado bien los encantamientos pero aquello había sido una pasada hasta para ella.
Se acercó a ella para ayudarla a sostenerse en pie y puntó al torrente con su varita.
-¡Duro!.-El sonido se volvió aún más abrumador, como estar sumergido en un mar furioso.-¡Glacius!
La catarata de agua se congelo rápidamente desde el suelo hasta el techo y selló con un muro translúcido y frío el hueco de la escalera y lo que hubiera estado detrás en ese momento, humanos incluido.
Se miraron a los ojos y en silencio comenzaron a subir la escaleras.
Cuando la señora Weasley entro al salón después de poner orden mediante un Sonorus y de repartir las merecidas collejas en la cocina, chilló. Luego cerró los ojos, los abrió y siguió chillando.
Su precioso y acogedor salón que tantos años se había esforzado para que fuera cálido y hogareño estaba hecho un total desastre:
Había hielo cubriendo la mitad del suelo y la parte baja de los muebles que estaban desperdigados por el sitio como si una avalancha de animales salvajes hubiera pasado por allí, su alfombra herencia de los padres de Arthur estaba quemada y empapada en un rincón, los sillones granates oscuros estaban contra la pared, había marcas de maldiciones por todas las superficies y en una esquina un tabique había desaparecido por completo y el techo estaba hundido...y lo más extraño hasta ahora era el enorme iceberg blanco que estaba empotrado e incrustado donde antes había una escalera.
Por detrás de ella, los chicos también entraron en la sala con la boca abierta. Los pies de la señora Weasley reaccionaron impulsándola hacia delante.
-¡Arthur!¡Cielos Arthur!¿Qué ha pasado?-preguntó con preocupación a su marido quien estaba apoyado contra una de las paredes desconcertado. El hombre la miró con los ojos exorbitantes y su esposa se pregunto con preocupación si había recibido un Confundus. Arthur negó repetidamente con la cabeza y con un dedo tembloroso señalo a la zona derruida, se pasó la otra mano por la calva sudorosa y farfullo: han estado a punto de volarme la cabeza.
Harry, Ron y Hermione cruzaron por su lado y se acercaron a Remus Lupin cuya ropa estaba empapada y parecía tener diminutas estalactitas colgando de los bordes. Estaba agachado junto a las piernas de Tonks el ambiente alrededor de ellos era silencioso, triste y solemne.
-Profesor Lupin, ¿Qué ha pasado?-preguntaron. El profesor alzo la vista durante un instante pero luego la bajo sin decir nada. Tonks les dirigió una sonrisa triste.
-Voy a tener que unirme al club de los patas de palo como Alastor.-bromeó si gracia
Su pierna derecha esta atrapada hasta la mitad del muslo dentro de un enorme bloque de hielo que la unía al suelo.
Hola ^^
Ya se que ha pasado mucho tiempo desde que actualicé pero nunca hago nada en verano, el tiempo se me escurre totalmente de las manos y el mes de septiembre he estado un poco liada porque hasta hace una semana en el centro no tenían todavía los sobres de matriculación. Bueno más vale tarde que nunca se suele decir y espero que os guste porque nunca he escrito una escena de batalla, así que espero vuestros comentarios. De verdad que quiero saber que pensáis sobre ello. Si me da tiempo entre hoy y mañana o pasado, como muy tarde, subiré la segunda parte de la batalla.
No estoy muy convencida de la escena de la cocina, es posible que Fred y George se equivocaran pero Bill es un adulto que rompe maldiciones para Gringotts y que devolviera el ataque sin darse cuenta de que son sus hermanos no sé pero no me acaba de convencer, sin embargo había mucha gente en un solo espacio y tenía que librarme temporalmente de algunos personajes para que Ted y Victoire subieran por las escaleras.
Quizá algunos se pregunten el porque de la pelea, pero pienso que si de pronto aparece alguien en tu casa que no conoces y que crees que te esta mintiendo descaradamente no vas a tranquilamente invitarle a unas pastitas y a un té, lo mismo va para el otro caso, si ves a un montón de gente que conoces con la edad equivocada además de a tres personas que se suponen que están muertas es normal que pienses que hay gato encerrado. He leído muchos fics de este tipo en los que enseguida todos confían en todos, y aunque me gustaron mucho, no me pareció muy realista.
