2. Aire – Fuego – ganas de vivir = Brisa helada, sin intensidad.

Un año perdido y tirado al tacho de la basura. Lo sabe. Tanto como se lo recuerdan, pero tampoco hay nada que pueda –o quiera– hacer para remediarlo. Ya no tiene ganas de excusarse.

Fue al menos un mes creyendo que estaba soñando. Un mes donde, analgésicos más Kurama intentando hacer el papel de buen compañero por primera vez en mucho tiempo hicieron que Naruto tuviese el sopor suficiente como para no entender la situación. No lo suficiente como para parecer un paciente mental más de todos los ninjas que hay en esa ala del hospital de Konoha pero si como para encontrarse recluido en las cuatro paredes de su departamento, como si fuese un fin de semana cualquiera.

Y cuando había perdido la noción del tiempo lo suficiente, vino todo de golpe.

Se perdió en sus pensamientos más de lo que está dispuesto a aceptar. A pensar, a culparse. A considerar que, después de todo, él obligó a Sasuke a caer en esa solución. Porque sabía que estaba desesperadamente intentando retenerlo. Sacar, a la fuerza, a quien no quería ser sacado de la oscuridad. El anhelo de traerlo de vuelta, de sentir al Sasuke real junto a él se había puesto por todo lo demás, sin realmente ver a quien tenía al lado. A aceptar al Sasuke real, al residuo de tanto odio, rencor y venganzas en las que se vieron envueltos sin querer y en lo que el ninja se había convertido. De dejarse arrastrar por los vientos huracanados del oriente. El recuerdo de Sasuke sobre el piso de madera y con residuos de sangre y sudor le hacía incluso sentirse peor. ¿Violación? No. Pero lo había forzado, lo sabía. Lo había sentido, muy en el fondo de todo. Y eran ninjas, si, Sasuke no era una virgencita como para pensar que no resistiría, pero fue mucho más profundo que dos cuerpos jadeando de placer en la oscuridad. Mucho peor.

Compenetración. Uno. Sasuke y él.

Y se encerró, mucho más en su departamento. Sin Ramen.

Durante los siguientes dos meses fue la sombra del hombre que una vez quiso ser Hokage. La única persona de la aldea que parecía entender su desolación fue Sakura. Porque ambos, se habían encerrado en sus recuerdos y aún esperaban que Sasuke volviera. A veces despertaba creyendo que toda esta pesadilla en la que se había sumido era eso, un sueño y se precipitaba a la puerta, queriendo traer su trasero de vuelta a la aldea en medio de blasfemias y golpes. No alcanzaba a girar la perilla para recordar que no había trasero al cual traer de vuelta.

Le habría gustado beber, pero sería aún más degradante. Y el sake le recordaba demasiado a Sasuke como para atreverse a tomar una botella.

Le hubiese gustado decir que después fue mucho más fácil. Que, asimilándolo, que después de que hasta la Hokage en persona desfilara por su residencia y casi lo matara a golpes Naruto entendió que debía vivir por los dos. Pero aquellas palabras le parecieron tan condescendientes que, solo y para que le dejaran en paz se limitó a asentir. Era fácil, estaba acostumbrado a aparentar que todo estaba bien. Que con el tiempo él lo estaría a pesar de saber que aquello no estaba si no que totalmente alejado de la realidad.

Él nunca estaría bien. Nunca más.

Pero como cualquier ninja corriente que debía superar la perdida a golpes, Naruto no fue menos que eso. Le tomó un mes más el reponerse, el volver a ser un Naruto apto para el público –y creíble– antes de que volvieran a encomendarle misiones que le hicieran pensar solamente eso. Era una forma de escape absurda el exponer su vida gratuitamente, el entregarse a una misión sin importarle si su vida corría peligro. Irresponsable, sobre todo, pero así es como se sentía. Ni siquiera Kurama pudo hacer algo para detener la idea estúpida a la que se había condicionado.

Pelear, morir peleando. Morir sabiendo que, ese bastardo estaría al otro lado. Y que le golpearía por ello.

Meses les siguieron a esos donde Naruto fue el autómata que había planeado ser. Donde su fuego cada vez brillaba menos y él no hacía nada por parar eso. Se consumía a sí mismo, lo sabía, y por primera vez en mucho tiempo pudo entender una parte de lo que Sasuke había vivido. Saber que, por mucho que él insistiera, que estuviese ahí, en ningún momento logró traspasar el vitral que Sasuke había construido. Sólo una vez, esa vez, durante unos segundos. No podía dejar de darle vueltas a aquello a pesar de ya no servía de nada. Naruto lo sabía. Y sabía también que no había nadie más que aquel que se consumió a si mismo que pudiese hacer algo por él.

Y por lo mismo, cuando Tsunade les encomendó una misión más –A Suna, rango S. Criminal que se le escapó a Gaara.– el shinobi no dudó en aceptar. Ni siquiera fue consciente que, sus compañeros comenzaban a pagar los platos rotos de su decisiones. Que Kakashi lo sabía todo y solo estaba dejándole ser hasta el momento oportuno, por ejemplo. O que Iruka también lo sospechaba, que Sakura estaba casi tan perdida como Naruto creía estarlo. Personas importantes para él, pero que en aquel momento se encontraban al otro lado de la muralla que él había construido. A esas instancias, ni siquiera sabía de la mujer con la que iba a casarse y cuyo matrimonio simplemente no había resultado. Ahora mismo, de poder tener otra oportunidad jamás habría abandonado a esa casa, ni a Sasuke. Pero sabía, que por mucho que esos sentimientos se arremolinaran en su mente, ya no había vuelta atrás.

Sasuke estaba muerto.

Muerto.

Y él, apenas podía respirar.