IV.
El partido del sábado fue difícil de ganar, pero finalmente Gryffindor se hizo con la victoria. Lily le sacó la lengua a Lysander mientras el chico se cruzaba de brazos decepcionado. Ambos equipos se dirigieron hacia los vestuarios para ducharse y cambiarse. Mary esperaba a su amiga en el banco que se encontraba junto a estos. Scorpius apareció con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón.
-Lily sigue siendo tan buena jugadora como siempre – dijo el chico, sentándose junto a Mary.
-El Quidditch ocupa todos sus pensamientos cuando juega. ¿Te vas con ella a Hogsmeade?
-¿Qué?
-Tengo entendido que va a ir a un pub, pero me ha dicho que intentará escabullirse para hacer unos encargos para la boda. ¿No lo sabías?
-¿Cómo iba a saberlo? Lily me dejó bien claro que no me metiera, pero está equivocada si cree que me voy a quedar con los brazos cruzados.
Scorpius se levantó y Mary lo imitó comprendiendo que había metido la pata.
-Scorpius, por favor. Si no te ha avisado para que vayáis juntos es mejor que no vayas. Ambos tenéis mucho carácter y cuando os peleáis, perdéis la cabeza.
-Sosiégate, Mary. Los dos nos ocuparemos de los preparativos como que me llamo Scorpius Malfoy.
El rubio se alejó justo cuando Lysander salió del vestuario y, quince minutos después, Lily.
-Pareces enfadado, Lysander – le dijo la chica con una sonrisa de oreja a oreja.
-La próxima la ganará Ravenclaw, pelirroja, no sonrías tanto.
-¿Os vais ya? – preguntó Mary.
-¿Seguro que no quieres venir, Mary? – le preguntó Lily, implorándole con la mirada. Pero la chica negó con la cabeza.
-Tengo cosas que hacer, pero pasadlo bien.
Lysander y Lily emprendieron camino hacia Hogsmeade. El chico le contó lo que había hecho junto a su familia el último verano y relató todos los detalles de su viaje a Portugal. Lily intentaba seguir el hilo de la conversación y no perderse en sus pensamientos para ofenderle, pero reconocía que le resultaba difícil cuando en realidad tenía ganas de estar sola y poder pensar con claridad.
-Aquí es. Vamos, Thomas y Peter nos están esperando.
Los dos entraron a un pub en el que había juegos extraños que pertenecían al mundo de los Muggles. Lily saludó a los amigos de Lysander mientras los tres chicos se saludaban dándose puñetazos en el brazo entre ellos y Thomas y Peter sonreían maliciosamente al ver cómo Lysander había traído a Lily como si se tratara de su novia.
-¿Sabes jugar, Lily? – le preguntó Thomas.
-La verdad es que no. A mi primo Hugo le encantan estas cosas y me habló un poco de ellas, pero nunca he tenido oportunidad de jugar.
-No es muy difícil – intervino Peter. – Si quieres puedo enseñarte.
-Mantente alejado, Peter – le previno Lysander. Peter soltó una carcajada mientras Lily los observaba y se daba cuenta de que Lysander la trataba como si fueran pareja. Lo cierto es que todo aquello le parecía raro. Muy a su pesar, Lysander se trataba de un chico que aún no había madurado. Su físico decía todo lo contrario, pero solo al haber visto cómo se comportaba con sus amigos, se había dado cuenta de que era el típico chulito. No es que fuera una mala persona o no le agradara, sino que Lysander era esa persona despreocupada que quería comerse el mundo y conseguir todo lo que se propusiera. Ella, por el contrario, había estado acostumbrada a la presencia de Scorpius, que a sus diecisiete años se había jactado de todo lo relacionado a él, echándose flores y también mostrándose como un chulo, pero siempre sin perder su imagen y esencia de hombre más mayor que ella. No podía evitarlo, prefería a chicos más mayores y, aunque le avergonzaba reconocerlo, lo que había tenido con Scorpius era algo demasiado grande para poderlo tapar con una relación fingida con Lysander. Se mordió el labio mientras observaba cómo jugaba y colaba todas las bolas a las que golpeaba. No se merecía que ninguna chica le despreciara como ella lo estaba haciendo, merecía a una chica que pudiese corresponderlo.
-¿Ves, Lils? No es tan difícil. Anda, prueba.
-La verdad es que… Me gustaría ir a hacer unos recados, si no te importa.
-¿Necesitas que te acompañe? – le preguntó Lysander soltando el palo y decidido a hacerlo.
-No te preocupes. Son cosas de la boda de Mary y solo te aburrirías, créeme. ¿Quedamos en la plaza dentro de una hora?
-Claro.
Lily abandonó el local y respiró aire puro. Por fin podía estar sola. Se dirigió a una de las tiendas en la que tenía que hacer su primer encargo. Miró por el escaparate y rio al ver todos los disparates que se vendían para las despedidas de solteros. Alzó la cabeza y su sonrisa desapareció cuando vio el reflejo de Scorpius. La chica se volvió y miró a Scorpius de frente mientras cerraba los puños enfadada.
-Creo que te dejé bastante claro que no te acercaras a mí, Malfoy.
-Y yo te dije que nos encargaríamos de esto los dos. A petición de tu hermano, claro, no creas que lo hago por ti.
Lily estaba dispuesta a marcharse pero Scorpius la detuvo cogiéndola de la manga del suéter. Lily se soltó de inmediato y lo miró desafiante.
-Será mejor que zanjemos esto cuanto antes. Cuanto más discutamos, menos preparativos organizaremos. Te aseguro que solo nos trataremos para los preparativos y, una vez celebrada la boda, te dejaré en paz.
Lily lo miró con desconfianza y sin comprender su cambio de actitud, pero decidió que lo mejor era aceptar si quería que la boda de su hermano y amiga saliera bien.
-Limítate a mirar.
Lily entró en la tienda seguida por Scorpius. La pelirroja se acercó a la dependienta y le explicó lo que estaba buscando. Scorpius frunció el ceño.
-Estoy de acuerdo en que te encargues de la despedida de soltera de Mary pero, como padrino de Albus, yo me encargaré de la suya.
-Haz lo que te dé la gana.
La dependienta los miró un poco incómoda ante sus discusiones e insultos.
-¿A qué esperas? Ve a mirar lo que quieras pedir para Albus y déjame en paz.
-Un encanto, ¿verdad? – dijo Scorpius con una sonrisa dirigiéndose a la dependienta y refiriéndose a Lily. La chica le lanzó una mirada asesina mientras Scorpius se perdía entre las estanterías.
Al cabo de unos minutos, Scorpius volvió hacia el mostrador cargado de cosas. La dependienta le enseñaba unos diseños que Lily había encargado. El chico dejó caer los artículos sobre la mesa tapando los diseños. La pelirroja rechinó los dientes y se armó de paciencia.
-¿Qué es todo esto? – preguntó.
-Como buen experto, tengo que organizar la despedida de Albus debidamente. ¿Qué te parece esto? – Scorpius le mostró un tanga de hipogrifo para hombre. Lily se puso colorada de inmediato. – A mí me quedaría bien, ¿no crees? – el chico lo colocó sobre su cintura, enseñándoselo. La dependienta se aclaró la garganta y Lily le arrebató el tanga de las manos.
-Olvídate de eso. No voy a dejar que le regales esto a Albus, ya sabemos cómo os descontroláis cuando estáis juntos.
-Oh, vamos Lily. Sabes que Albus no engañaría a Mary aunque se pusiera eso y hubieran decenas de chicas bailando a su alrededor.
-Eso ya lo sé, pero por eso mismo no es necesario.
-Ya hemos dicho que de la despedida de Albus me encargaré yo, Lily. Así que, por favor… Póngame dos de estos y envíe todo lo demás a la siguiente dirección.
-¿Dos? ¿Para qué quieres dos? – preguntó Lily.
-Quiero otro para mí. Estoy seguro de que me va a quedar como anillo al dedo, ¡y nunca mejor dicho!
Lily comprobó que estaba perdiendo la poca paciencia que tanto le había costado reunir.
-Aquí tiene señorita – dijo Scorpius dándole una nota con la dirección de su casa. – Y esto envuélvalo para regalo.
-He dicho que no – intervino Lily agarrando las dos prendas antes de que la dependienta las cogiera.
Scorpius miró a Lily, también impaciente.
-¿Qué te da miedo? ¿Que se lo regale a Albus o que me compre uno para mí? – le preguntó el rubio sin tapujos. Lily frunció los labios mientras la dependienta volvía a aclararse la garganta.
-Eres imbécil.
Lily le tiró a la cara las prendas mientras el chico las pagaba. Lily se cruzó de brazos mientras le daba las últimas instrucciones a la dependienta para las cosas que había comprado. Después salió del local mientras Scorpius la seguía con su compra más contento que unas pascuas.
-Vamos, Lily, no te enfades. Es más para gastarle una broma que para otra cosa. Además, quizá quiera utilizarlo en la noche de bodas.
-¿Tú no tienes vergüenza? – le preguntó deteniéndose.
-A Albus le agradará, créeme.
-No si yo puedo evitarlo – murmuró la chica mirando a su alrededor.
-¿Qué?
-Nada.
Lily miró el reloj de la plaza algo nerviosa. Estaban casi a finales de octubre y empezaba a hacer frío.
-Espera aquí.
Scorpius se alejó a paso rápido mientras Lily lo seguía confundida con la mirada. Al cabo de dos minutos regresó con dos chocolates calientes que despedían humo.
-Toma. Esto te calentará.
Lily tomó con cierto reparo el chocolate y le dio un gran sorbo. Ambos se sentaron sobre la fuente que no echaba agua en aquella época del año. Scorpius no sabía qué hacer para entablar conversación con ella.
-Ya te puedes ir. No tengo nada más que hacer por hoy.
-No voy a dejar que regreses sola al castillo, Lily.
-Yo no…
-Espera – la interrumpió el chico con una sonrisa. – Tienes chocolate en el labio…
Scorpius la limpió con una servilleta mientras Lily se ponía aún más nerviosa. El rubio la miró embelesado.
-No he tenido oportunidad de decírtelo, Lily, pero estás preciosa.
Lily sintió el calor en la cara a pesar del frío. Se levantó con rapidez y miró hacia el reloj de nuevo.
-¿Lily?
Fue entonces cuando Lysander apareció. Justo en el momento adecuado, antes de que Scorpius pudiera cometer alguna locura y ella la permitiera.
-Perdona por retrasarme. El juego estaba interesante. – dijo acercándose a la pelirroja y mirando con el ceño fruncido a Scorpius. – Creía que estabas sola.
Scorpius miró a Lysander con cierto reparo.
-Y lo estaba. Pero me he encontrado al profesor Malfoy hace cinco minutos y ha decidido acompañarme mientras te esperaba.
-Ya veo. Bueno, ¿nos vamos? – preguntó el Ravenclaw. Lily asintió con la cabeza. - ¿Nos acompaña, profesor?
-No, tengo algunos asuntos que atender antes de volver a Hogwarts.
-De acuerdo. Hasta luego, profesor.
Lysander empujó levemente a Lily colocando la mano sobre sus riñones. Se alejaron unos metros y Lily volvió la cabeza, pero Scorpius ya había desaparecido.
