V.
-Por favor, Mary. Hazlo por mí – le pidió la pelirroja cuando salieron de la biblioteca.
-Pero, ¿qué interés tienes en entrar a su despacho?
-Tú solo hazlo. Créeme, es por tu bien.
-Está bien, está bien… Tú sabrás en lo que te estás metiendo, Lily. Esta tarde las tendrás.
Y así fue. Mary había ido al aula de Defensa justo cuando se acababa la clase y entretuvo a Scorpius con comentarios absurdos sobre Albus y la boda mientras cogía disimuladamente las llaves que se encontraban sobre la mesa.
Lily salía del Gran Comedor cuando se chocó con una azorada Mary que llegaba corriendo.
-¿Las tienes? – le preguntó.
-Aquí están. Será mejor que te des prisa antes de que se dé cuenta de que no las tiene.
-Gracias Mary, te debo una. ¡Te prepararé la mejor de las bodas!
La chica se alejó deprisa hasta que llegó al despacho de Scorpius. Metió tres llaves hasta que dio con la que era. Abrió la puerta y la cerró silenciosamente. Encendió una vela y un cachorro empezó a ladrar.
-Pero, ¿qué…?
Lily se acercó al pequeño perrito y lo acarició mientras el animal le lamía e intentaba jugar con ella. La pelirroja sonrió ante tal monería.
-¿Se puede saber qué haces tú aquí? Bueno, ahora tienes que estarte calladito, que Lily tiene asuntos que arreglar.
La chica abrió la puerta del dormitorio mientras el cachorro color canela le seguía. Solo había una cama de matrimonio, una mesilla junto a esta y un baúl. Lily abrió el baúl mientras el cachorro le olisqueaba las zapatillas. Buscó desordenando todo su interior, pero allí no se encontraba la bolsa con los tangas que Scorpius había comprado. Miró debajo de la cama y nada. El único lugar que quedaba era la mesilla. Se acercó a ella y se sentó sobre sus rodillas en el suelo. Lo que no esperaba era ver lo que tenía delante de sí. Sobre la mesilla, aparte de una pequeña lámpara, había una fotografía de ellos dos cuando se habían ido juntos a Brighton a pasar el día en la playa. Scorpius estaba sentado sobre la toalla y Lily le tapaba los ojos por detrás mientras sonreía a la cámara. Lily cogió el marco y lo observó con un nudo en la garganta. No sabía qué le dolía más, si ver aquella imagen o que Scorpius la hubiera colocado en su mesilla como si tal cosa. La volvió a colocar en su sitio y abrió los cajones de la mesilla intentando borrar de su pensamiento lo que acababa de ver. La bolsa se encontraba en el segundo cajón y, justo cuando la cogió…
-Lily.
La pelirroja se giró bruscamente mientras el cachorro iba corriendo al encuentro de Scorpius y brincaba a su alrededor.
-Yo…
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado? – le preguntó muy serio.
-Le pedí a Mary que robara las llaves de tu despacho y…
-¿Todo por dos prendas de ropa?
-¡No, todo por una guarrería que no quiero que Albus tenga!
Scorpius puso los ojos en blanco y le hizo caso al pequeño cachorro rascándole detrás de la oreja.
-Yo ya me voy.
Lily estaba decidida a atravesar la puerta pero Scorpius se interpuso cerrándole el paso.
-Lo siento, pero no puedo dejarte escapar hasta que me devuelvas eso.
-¡Y dale!
Scorpius intentó coger la bolsa pero Lily la escondió tras su espalda. El chico la rodeó con sus brazos y la agarró pero Lily no la soltaba de las manos. El cachorro comenzó a ladrarles y Lily cayó sobre la cama con Scorpius encima.
-Podrías hacer esto más fácil si simplemente me la devolvieras. – le dijo Scorpius muy cerca, mirándola a los ojos intensamente.
-Quítate de encima.
-Dame la bolsa.
-Que te quites de…
Scorpius presionó los labios sobre los de Lily con fuerza haciéndola callar. La pelirroja soltó la bolsa tras su espalda pero solo para empujar a Scorpius, algo que no logró. El chico extendió sus brazos sobre la cama sujetándola por las muñecas con fuerza. Scorpius introdujo la lengua en la boca de la pelirroja y la besó con intensidad y fiereza. Incluso no pudo evitar que un gemido se escapara de lo más hondo de su garganta. Dirigió sus manos hasta las caderas de la chica, acariciándolas como si no hubiera mañana. Lily posó sus manos sobre la nuca del chico, atrayéndolo más hacia sí mientras saboreaba el sabor que tanto había echado de menos.
-¿Señor Malfoy?
Era la voz de McGonagall tras la puerta del despacho. Ambos la habían escuchado, pero a Scorpius pareció darle igual y continuó mordiendo los labios de la pelirroja, pero Lily lo empujó para separarlo de ella y se aclaró la garganta.
-¿Señor Malfoy? – repitió la profesora.
-¡Enseguida voy!
Lily lo miró inexpresiva y se ajustó la falda y la camisa. Scorpius hizo lo mismo con su corbata y su cabello. Ambos salieron del dormitorio y cerraron la puerta para esconder al cachorro. Scorpius se dirigió hacia la puerta y la abrió.
-¿Tiene un minuto? – le preguntó McGonagall.
-Claro, pase.
La profesora entró y frunció el ceño al ver a Lily sentada en una de las sillas.
-Lily vino a hacerme unas cuestiones sobre el temario, pero ya se iba.
-Sí. Gracias por aclarar mis dudas, profesor.
Lily se puso en pie y salió del despacho mientras Scorpius la seguía con la mirada con un atisbo de deseo en sus ojos. McGonagall frunció los labios.
-Señor Malfoy, ¿sabe que le hice un favor concediéndole el puesto, no es cierto? – le preguntó la mujer.
-Y le estoy muy agradecido. ¿Por qué lo dice?
-Porque sé perfectamente que usted mantenía una relación que iba más allá de la amistad con la señorita Potter durante su último curso en Hogwarts, pero las relaciones sentimentales entre un profesor y una alumna no están permitidas por nada del mundo, y ambos serían sancionados si cometieran esa falta tan grave. ¿Lo entiende?
-Por supuesto, pero Lily solo vino a…
-La señorita Potter, Malfoy, la señorita Potter.
-Sí, bueno, la señorita Potter solo vino a preguntarme algunas dudas, eso es todo.
-Eso espero, eso espero.
