VI.
Lily dejó caer la cuchara sobre su tazón de cereales y cerró los ojos.
-¿Qué ocurre, Lily? No estarás así porque no conseguiste la dichosa bolsa, ¿verdad?
-No, no es por eso. Ojalá lo fuera.
-¿Entonces?
La pelirroja la miró con cierto reparo. Luego miró a la mesa de los profesores, donde Scorpius charlaba con el profesor de Encantamientos mientras desayunaba, y luego volvió a mirar a Mary.
-Ayer, cuando entré a su despacho para recuperar la bolsa… Me pilló.
-Por eso tardaste tanto.
-Sí.
-¿Y? ¿Se enfadó porque entraste o…?
-Al contrario, la situación parecía divertirle. Me pidió que le devolviera la bolsa y… bueno, todo acabó con Scorpius y yo sobre la cama.
Mary se atragantó con la leche.
-Vaya. ¿Y qué pasó?
-Pasó que me besó, maldita sea. Y yo no opuse resistencia. Y además… creo que la cosa podría haber ido a más si no llega a ser por McGonagall.
-¿McGonagall os pilló?
-No, pero estuvo a punto de hacerlo.
-Podríais haber continuado aunque McGonagall estuviera detrás de la puerta. Así habría sido más morboso, ¿no crees?
Mary rio y Lily le dio un codazo.
-Yo aún no me he acostado con nadie, Mary. – dijo Lily avergonzada.
-¿Qué? Pero… Scorpius y tú, cuando estuvisteis juntos… Yo pensé que…
-No pasó nada aquel verano. Él no quería presionarme y yo no me sentía preparada. Eso es todo.
-Vaya.
-Pero independientemente de eso, lo peor de todo esto es que he dejado que Scorpius me besara, y es volver a la misma espiral de siempre.
-Lily, tan solo ha sido un beso, no le des más vueltas, no es para tanto.
-Sí que lo es, ¿ahora qué? Va a creer que…
-Buenos días chicas. – Lysander las interrumpió y se sentó entre ellas, como de costumbre. – Lily, preciosa, ¿me das un poco de tus cereales?
-¿Es que tú no tienes tu mesa para desayunar, o qué?
-No seas tan arisca, pelirroja. Anda, dame.
Lysander le arrebató el tazón y se comió los cereales de la chica.
-¿De qué hablabais? – preguntó.
-De que pronto son las vacaciones de Navidad – contestó Mary. - ¿Qué haréis?
-Esperaba que Lily me invitara a su casa, la verdad.
Lily miró a Lysander como si hubiera perdido el juicio.
-¿A qué se debe esa mirada? ¿Acaso no somos amigos? Les diré a mis padres que nos pasemos por tu casa aunque sea un par de días.
-No sé si es buena idea – dijo Lily. – Estarán Ted, mis hermanos, mis primos y Mary. La casa es grande pero no tanto.
-Entonces seré yo quien os invite a vosotros. Asunto zanjado.
A Lily no se le ocurría qué más podía decir o inventarse para negarse, así que decidió aceptar aunque no le gustara nada la idea. Mary miró a su amiga por el rabillo del ojo y esta negó con la cabeza.
Por la tarde, las dos se fueron a la biblioteca y se sentaron en su mesa de siempre. Lily resoplaba ruidosamente cada dos por tres, por lo que Mary no conseguía concentrarse.
-¿Se puede saber qué te pasa ahora? – le preguntó, dejando la pluma sobre el pergamino.
-Echo de menos a Scorpius, Mary. – le contestó avergonzada. Mary la miró con compasión y la abrazó.
-Ya verás que todo va bien, Lily. Solo tienes que tener un poco de paciencia.
-No puedo cuando está bajo el mismo techo que yo ni cuando es el padrino de tu boda y debo encargarme con él de todo. Parece que el destino se empeña en que me cruce con él.
-El destino nunca se equivoca, pero si quieres evitarlo, hazlo y punto. Pero no te comas más la cabeza.
Lily suspiró y entonces lo vio hablando con la señora Pince. Se levantó de la mesa.
-¿A dónde vas? – le preguntó Mary.
-Está ahí. Tengo que hablar con él.
Lily se alejó mientras Mary ponía los ojos en blanco.
-¿Tienes un segundo? – le preguntó cuando lo alcanzó.
-Em… Sí, pero mejor salgamos de la biblioteca.
Los dos salieron de esta y se alejaron del resto de la gente.
-¿Qué ocurre? – le preguntó Scorpius.
-Pues… - la chica no podía creer que hiciera como si no hubiera pasado nada. Se habían besado y estaba más fresco que una lechuga. – Quería hablar de lo que tienes escondido en tu despacho.
-¿Te refieres a la bolsa o a…?
-No, me refiero al cachorro. ¿Qué hace ahí?
-Lo encontré perdido y herido en el bosque y decidí traerlo para curarlo.
-¿Eso no está prohibido?
-¿Tan cruel eres como para dejar a un cachorro herido en mitad del bosque? – le preguntó el rubio.
-Sabes perfectamente que no – le contestó ella sintiéndose ofendida. – Solo lo decía porque… si quieres puedo echarte una mano con él. Necesita alimentarse y algo de compañía, y eso es difícil si tú estás la mayor parte del tiempo fuera.
-Creo que… es mejor que mantengamos las distancias. Aunque solo sea dentro del castillo. Hay muchas ojos y personas que podrían pensar que…
-Pero, ¿tú qué te has creído? No creas que hago esto para estar contigo, lo hago por el cachorro. Contigo no desperdiciaría mi tiempo.
Scorpius la miró en silencio.
-Yo me encargaré de él, Lily. No tienes de qué preocuparte.
El chico se alejó muy a su pesar mientras Lily lo miraba confundida ante tal repentino cambio de opinión.
