VII.

Era el último día del trimestre antes de comenzar las vacaciones de Navidad. Lily caminaba por uno de los pasillos cuando oyó un ladrido. Se giró y vio al cachorro corriendo a su antojo por el pasillo mientras algunos alumnos lo observaban y admiraban al pequeño. Lily se dirigió rápidamente hacia él y lo cogió en sus brazos.

-Pero, ¿tú qué haces aquí? Ya sabía yo que Scorpius era demasiado idiota como para saber protegerte bien.

Lily se dirigió hacia el despacho de Scorpius mientras el cachorro se removía en sus brazos e intentaba lamerle la cara. Llamó a la puerta y esperó. Al cabo de unos segundos la puerta se abrió.

-A la próxima vez deberías tener más cuidado – le dijo Lily dándole al cachorro.
-Vaya, pensaba que estaba en el dormitorio.

Scorpius miró hacia ambos lados del pasillo y le indicó con la cabeza que pasara. Lily cerró la puerta y observó cómo el cachorro se dirigía hacia su cama y mordía la manta que había.

Lily se agachó y lo acarició mientras el pequeño sacaba complacido la lengua. Scorpius la miró con ternura mientras metía en el baúl sus últimas cosas.

-¿Quieres quedártelo estas vacaciones? A mí no me importa.
-No, es mejor que lo cuides tú ya que va a ser tuyo. ¿Qué nombre le has puesto?
-Aún ninguno. No se me dan bien estas cosas. Es hembra.
-Bueno, Canela no está mal. Y le pega por el color de su pelo.

Scorpius se agachó junto a ella y acarició a Canela consiguiendo su propósito: que su mano chocara con la de Lily. La pelirroja lo miró mientras Scorpius entrelazaba los dedos con los suyos. El rubio miró hacia la puerta unos segundos y luego volvió a mirarla a ella. Se acercó a sus labios cerrando los ojos, pero Lily lo detuvo colocando la mano sobre su hombro.

-Por favor, no.
-Perdóname. No es algo que pueda controlar. Y perdóname también por lo del otro día. No era mi propósito tirarte a la cama y besarte, pero…
-Olvídalo, como yo lo he hecho.
-¿De veras?

Lily lo miró y soltó su mano. Asintió con la cabeza.

-Venga, Lily, no mientas. Te conozco suficiente y sé que querías que ocurriera tanto como yo. Es algo que no podemos evitar.
-Te he dicho que lo olvides. Además yo no quería que ocurriera. Sigo pensando lo mismo de siempre sobre ti.
-¿Y qué es lo que piensas? – le preguntó el rubio.

Lily se puso en pie, y Scorpius la imitó.

-Que eres un canalla que me dejó tirada, eso es lo que pienso.

La chica salió del despacho y cerró la puerta con fuerza. Alguien la observaba en el otro extremo del pasillo. Lysander la había visto salir enfadada.

Lily entró a su dormitorio y volvió a cerrar de un portazo, sobresaltando a todas sus compañeras, incluida Mary.

-¿Qué mosca te ha picado? No me lo digas. Vienes de hablar con Scorpius.
-Ese idiota no… No me deja tranquila, Mary.
-¿Estás segura de que es él? Porque tú también lo buscas todo el tiempo.
-Lo sé. Soy imbécil. No debería hacerlo pero no puedo evitarlo.
-Ten paciencia.

Lily se sentó sobre su cama recordando el momento en el que había descubierto la fotografía sobre la mesilla de su dormitorio.

-No sé si podré olvidarlo algún día. ¿Cómo me dejé embaucar por él?
-Tienes más opciones, Lily. Otra cosa es que no quieras verlas.
-¿Más opciones?
-Lysander. ¿Acaso no te has dado cuenta de que babea como un imbécil cada vez que te ve?
-Sí, pero… Estoy segura de que es solamente un encaprichamiento que enseguida se le irá y…
-¿Un encaprichamiento como el que decías que Scorpius tenía contigo? – preguntó Mary.
-Pues sí, porque al fin y al cabo Scorpius me dejó, así que no me querría tanto como él aseguraba. Y seguramente a Lysander le pase lo mismo. Además es muy…
-¿Muy qué?
-Muy niño. Yo quiero a alguien que…
-Tú quieres a alguien como Scorpius, Lily, y eso no volverá a ocurrir a menos que vuelvas con él. Si quieres mi opinión, quizá deberías cambiar de aires y precisamente probar con Lysander.