XIV.
Los rayos de luz entraron por la ventana anunciando el comienzo de un nuevo día. Scorpius abrió los ojos y vio a Lily durmiendo con la cabeza apoyada encima de su torso. Agradeció que lo de anoche no hubiera sido solo un sueño y sonrió al verla tan natural, completamente despeinada y sin pizca de maquillaje. Paseó su mano por el cabello de la chica deseando que ese momento no se acabara nunca. Lily abrió los ojos con dificultad y observó que su mano izquierda estaba unida a la derecha del chico. Alzó la mirada y se encontró con la de Scorpius. El chico le sonrió.
-No sabes cuánto tiempo he estado esperando este momento, Lily. No sabes cuánto.
-Y… ¿Ha sido como esperabas? – le preguntó sonrojada.
-Ha sido aún mejor.
Scorpius la besó en los labios.
-Lily, ambos sabemos que esto no puede continuar así.
-¿Así cómo?
-Tú y yo nos queremos, nunca hemos dejado de hacerlo. No puedo soportar un día más alejado de ti. Necesito que estés conmigo de nuevo, como antes.
-Fuiste tú el que me dejaste.
-Lo sé, pero fue porque Albus me contaba en sus cartas que te veía mal y triste, Lily. Yo solo quería que… no estuvieras mal por mi culpa.
-¿Por eso o porque tus padres no me quieren ver ni en pintura?
-¿Tú crees que a mí me importa lo que piensen mis padres de ti? Si me fui a Francia era para no tener que aguantar las quejas de mi padre. Tenía pensado volver por Navidad aquel año, pero Draco movió alguno de sus hilos para no permitirme el regreso a Inglaterra.
-¿Qué?
-Y dejé de escribirte porque interceptó mis cartas. ¿De verdad creías que yo iba a dejarte sola sin al menos darte una explicación? Te expliqué en una carta que esperáramos a mi regreso para hablar y comentar lo que estaba ocurriendo, pero esa carta nunca llegó a tus manos.
-¿Y por qué le seguías enviando cartas a Albus? ¿Por qué no le escribiste eso a él para que me lo dijera a mí?
-Draco no rompía mis cartas para Albus, pero sí las comprobaba antes de dejar que llegaran a su destino.
-Voy a matar a tu padre.
Scorpius sonrió.
-No merece la pena. Es mi padre, en realidad lo comprendo por una parte, pero…
-¿Que lo comprendes? No sé qué hay que comprender.
-Es mi padre, Lily, y está resentido por lo que ocurrió hace años. Que me relacionara sentimentalmente con una Potter no es que le hiciera mucha gracia.
-Ni que fuéramos a casarnos para que se pusiera así.
-Lo cierto es que… Me armó un escándalo y me apoyó en lo del viaje a Francia porque por un descuido mío se enteró de que tenía pensado proponerte matrimonio el año siguiente.
Lily se quedó inmóvil y callada, sin saber qué contestar a eso.
-¿No dices nada? – le preguntó el rubio.
-¿Qué esperas que diga?
-No sé, algo. Si habrías contestado que sí o que no.
-Sabes perfectamente cuál habría sido mi respuesta de habérmelo pedido.
Scorpius sonrió levemente.
-Lily, deja a Scamander. Volvamos a estar juntos. Te prometo que Draco no se interpondrá esta vez.
-Eso no puedes asegurarlo.
-Hablé con él y le dije que o aceptaba lo que sentía por ti o que me perdería de vista para siempre.
-¿Y aceptó?
-Después de muchas discusiones, enfrentamientos y peleas.
-Vaya. Entonces, ¿cuándo me llevarás a presentarme a tu familia? – le preguntó Lily. Scorpius la miró como si hubiera perdido el juicio. – Era una broma.
-Por lo que veo has recuperado tu sentido del humor. ¿Qué es lo que ha hecho que estés tan contenta? – le preguntó conociendo perfectamente la respuesta. Lily se sonrojó pero adoptó su postura de siempre.
-No te creas el centro del mundo, Scorpius.
-En realidad no puedo reprocharte nada. Pasar una noche conmigo es como si te tocara la lotería o ganaras al bingo.
Lily puso los ojos en blanco y miró el reloj sobre la mesilla.
-Mis padres van a llegar en cualquier momento. Tenemos que vestirnos.
-Pero, ¿entonces no vamos a seguir dándole uso a la cama para empezar a procrear mini Lilys y Scorpius pequeños que corran por el jardín?
-No seas idiota.
Lily se incorporó y se puso el camisón mientras Scorpius observaba los lunares de su espalda. Resopló y se colocó los calzoncillos. Se metió al baño y se lavó los dientes rápidamente.
-¿Te estás lavando los dientes con mi cepillo? – gritó Lily detrás de la puerta. Esta se abrió y Scorpius salió con el albornoz de Lily puesto y un montón de pinzas en el pelo.
-Debemos empezar a acostumbrarnos a la vida de casados. Y los casados comparten el cepillo. Nunca he entendido por qué las mujeres sois tan complicadas con estas cosas – dijo señalando a las horquillas y pinzas. - ¿Me queda bien tu albornoz? – El albornoz le llegaba por el trasero y recalcaba sus músculos.
-Quítate eso antes de que alguien pueda verte, anda.
-Como quieras, pero lo dices porque sabes que me queda mejor que a ti.
Lily puso los ojos en blanco. Scorpius se quitó el albornoz y las horquillas de la cabeza y abrazó a Lily con fuerza.
-Scorpius…
-¿Qué? No puedo aguantarme. Necesito tocarte. Eres como un imán. O un oso cariñoso.
-¿Qué te ha dado?
-Más bien qué me has dado tú, pelirroja.
-Anda, suelta – le dijo soltándose de sus brazos. – Vístete de una vez, Scorpius. ¿Quieres que James te fusile?
-Está bien, está bien…
Scorpius le dio un beso en los labios y salió de la habitación con una sonrisa de oreja a oreja. Lily sacudió la cabeza y se mordió el labio. Se miró en el espejo y se sintió distinta. Por primera vez se sentía una mujer.
Al cabo de media hora, Harry, Ginny, James y Teddy volvieron a la casa. Lily bajó a la cocina ya vestida y recogió los bártulos que quedaban.
-¿Alguien sabe dónde se ha metido Scorpius? Ayer no fue a la fiesta en casa de Albus – dijo Teddy mientras mordía una manzana lanzándole una mirada acusadora a Lily.
-Se fue anoche a su casa, creo. – contestó Lily algo acalorada.
-Ya…
Lily miró a sus padres y a su hermano y se percató de que ninguno de los tres se había enterado de nada. Estaban demasiado cansados y en cuanto comieron algo subieron a sus cuartos a dormir.
Pasaron unos días y el tercer y último trimestre del curso comenzó. Hogwarts fue invadido de nuevo por los alumnos de las cuatro casas y de todas las edades.
-¿Y a ti qué te pasa que estás tan contenta? – le preguntó Mary en el desayuno del viernes.
-¿A mí? ¿Qué me va a pasar? Es solo que quiero aprovechar los últimos dos meses que nos quedan de clase.
-¿Por eso o porque Lysander ha hecho algo de tu agrado?
A Lily se le borró la sonrisa de la cara y se aclaró la garganta.
-¿Lysander? La verdad es que no lo veo desde el día de la boda. Pero ahora que lo dices debería buscarlo. Voy a cortar con él.
-¿Por qué? – le preguntó Mary.
-No le quiero, Mary.
-Ya, bueno, pero eso lleva su tiempo.
-No puedo estar con alguien a quien no quiero, Mary. Y menos si se trata de Lysander. Él se ha comportado tan bien conmigo… y yo le estoy engañando.
Las dos chicas se encaminaron hacia el aula de Defensa preparadas para empezar el día. Lily y Mary se sentaron en el último pupitre, como de costumbre, y Lysander se volvió para saludar a Lily con una sonrisa. Ella se la devolvió, pero no era una sonrisa tan ancha como la del chico. Hablaría con él en cuanto acabara la clase, estaba decidido. Scorpius entró en el aula con su maletín de siempre y lo dejó sobre el escritorio. La clase comenzó, pero el chico no pudo evitar desconcentrarse más de una vez cuando miraba a Lily practicar con su varita o tomar apuntes. Lysander los observaba cuidadosamente y pudo comprobar que en más de una ocasión Scorpius la miraba tajantemente con una mirada pícara. Lily se sonrojaba y sonreía levemente algo azorada. El Ravenclaw apretó la mandíbula y miró con rabia al rubio. La clase terminó y los alumnos comenzaron a recoger sus cosas.
-Señorita Potter, ¿puedo hablar con usted un minuto? – le dijo Scorpius. Lysander se levantó de su asiento y espero a que todos salieran del aula. Lily hizo tiempo para esperar a que Lysander se fuera, pero no lo hizo.
-Lysander, ¿me esperas afuera? – le pidió Lily.
-No creo que sea necesario, ¿o es que el profesor te tiene que decir algo tan privado para que yo no pueda escucharlo?
-Scamander, por favor – intervino Scorpius. – Deje de comportarse así y retírese.
-Más bien, Malfoy, deja usted de mirarle el culo a Lily cada vez que se la cruza, de lanzarle sonrisas y miradas inapropiadas entre un profesor y una alumna. ¿No cree que tengo razón?
Lily miró estupefacta a Lysander.
-¿Cree que no me he dado cuenta de que la mira cada dos por tres con intenciones no buenas, precisamente? Ya le dije que se apartara de ella.
-Y yo le dije a usted que Lily sabe perfectamente defenderse sola.
En un abrir y cerrar de ojos, Lysander clavó sus nudillos en el mentón del rubio. Scorpius se tocó la mandíbula y miró al chico con rabia.
-Chicos, ¡por favor! – exclamó Lily.
Pero Scorpius la ignoró y le devolvió el golpe a Lysander. Mary se asomó por la puerta y vio todo el jaleo que se había montado. Llegó rápidamente e intentó frenarlos. Cogió a Scorpius de los brazos, mientras que Lily se colocaba frente a Lysander con los brazos extendidos.
-¡Deje a mi novia en paz! – gritó Lysander antes de salir del aula dándole una patada a uno de los pupitres. Lily miró a Scorpius y comprobó el moratón que tenía en la mandíbula. Acercó la mano a su rostro, pero el chico la detuvo y se marchó del aula muy enfadado.
-Es normal. – dijo Mary. – Algún día Lysander se enteraría.
