El lobo cerró los ojos y siguió lamiendo la pata herida. Stiles arrancó el coche otra vez, y dio media vuelta, hacia su casa. Donde curaría al lobo y mañana seguramente lo devuelva al bosque.

El viaje no duró más de cinco minutos en los que Stiles se puso a discutir, sí, discutir, con el lobo, porque cada vez que le decía algo, este le gruñía, cosa que al muchacho no le hacía gracia alguna ya que estaba siendo amable con él. Sin contar el hecho de que Stiles no puede estar callado ni debajo del agua.

-Te he dicho que no me rechistes. Te curaré la pata quieras o no, estás herido ¡No puedo dejarte con la pata herida, no soy tan mala persona! -aparcó el Jeep en frente del porche de su casa, salió de él y fue a abrirle la puerta al lobo.
Esperó a que este saliera pero solo recibió un gruñido, otra vez.

-No empecemos. Venga sal que tengo que cerrar el coche...- suspiró echándose el pelo hacia atrás. Sigue pensando que tiene que cortarlo. Se aparta cuando el lobo sale, no sin gruñir un poco por la pata, entonces Stiles piensa que es mejor llevarlo en brazos.

-Espera, que te cojo y así no fuerzas la pata - se agachó y cogió al lobo en sus brazos, no sin un difícil esfuerzo y sin recibir un gruñido de desagrado del can. ¡Ese lobo pesaba un quintal! O más, se iba a quedar sin espalda.

Llega al porche y sube las tres escaleritas que hay, saca las llaves del bolsillo sin que se le caiga el lobo de los brazos y abre la puerta empujándola con el pie. Entra en casa cerrando la puerta tras él, de una patadita.

-Bien...ahora te dejaré en el sofá y no quiero que te muevas, mientras, yo voy a preparar la bañera, necesitas bañarte, así te limpio la pata y la puedo curar mejor...¿vale? - El lobo solo asintió soltando un leve quejido mientras era dejado en el sofá, con sumo cuidado. Stiles no quería hacerle daño en la pata.

Mientras el muchacho subía las escaleras hacia el piso superior donde se encontraba el baño, el can miraba a su alrededor, inspeccionando dónde estaba, la casa era amplia y acogedora, además el sofá era blandito y muy cómodo, olía fuertemente al joven que le había dejado allí. También le venía un fuerte olor a alcohol, seguramente el chico había bebido horas antes, o se le había derramado algo de alcohol en el asiento.

Afinó sus sentidos, especialmente el oído, escuchó cómo el muchacho maldecía por lo bajo a algo que estaba utilizando, después escuchó el sonido del agua caer en una superficie plana, que empezó a llenarse, también se oía el burbujear de seguramente la espuma. Un fuerte olor a gel de baño le inundó las fosas nasales al animal, que sacudió la cabeza con desagrado.
Siguió mirando todo lo que le rodeaba, había fotos en lo alto de una estantería.
En ellas había un niño pequeño al que le faltaba uno de los dientes, quedando un pequeño orificio entre diente y diente. Ese niño sonreía felizmente al lado de una mujer, de cabellos ondulados, castaños, y por encima de los hombros, las dos personas tenían un lunar idéntico. Seguramente aquella mujer sería su madre, y el niño pequeño adorable que se veía en la foto, era el que ahora le acababa de recoger del bosque, con la pata herida.

Siguió observando, en la mesita que había delante del sofá, había un plato con medio sandwich de pavo con mayonesa, según lo que su olfato detectaba, y un vaso con algo que olía a cafeína.
Al poco rato escuchó los pasos torpes del chico bajando las escaleras. El lobo desvió la mirada hacia las escaleras donde apareció el muchacho, con unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes, listo para bañarlo.

-Bien, ya está todo listo. ¡Al agua patos!...Eh...lobo.- Se corrigió el solo, rascándose tras el cuello. Stiles se acercó al sofá y con sumo cuidado levantó al can en sus brazos. ¡Ese lobo cada vez pesaba más!
Cuando ya lo tenía bien sujeto, volvió a las escaleras, empezó a subir con cautela de no caer por el peso del lobo.

Ya en el piso superior, se dirigió al baño.
Notó como el pecho del lobo temblaba por el gruñido de desagrado que estaba soltando.
-No gruñas, tengo que bañarte.- Añadió el muchacho metiendo al can lentamente en la tina llena de agua tibia y una ligera capa de espuma.
El lobo se removió en el agua incómodo salpicando a Stiles, que se cubrió con los brazo para evitar mojarse aunque no le sirvió para nada.
-¡Tío! Me has empapado…- Bufó, echándose el pelo hacia atrás mientras con la alcachofa de la ducha mojaba la cabeza del lobo, que le miraba como si se lo fuera a comer ahí mismo por lo que hacía.

Tras unos arduos minutos de enjabonar al lobo, mientras éste se sacudía llenándolo todo de espuma, Stiles por fin había terminado de lavarlo.
El muchacho bufó secándose el sudor de la frente con el antebrazo y colocó ambas manos en la cintura.
-Ya estás limpito. Aunque el estropicio que has hecho…- Miró a su alrededor, donde todo estaba salpicado de espuma y agua. Moriría limpiando todo eso mañana, porque ahora no se iba a poner a limpiar, ya era de noche y como que no.
Agarró un par de toallas con las que envolvió al can, para sacarlo de la bañera.

Con mucho cuidado de no resbalar ni que el lobo resbalara de sus brazos, cargó con él hasta su habitación, donde le dejó a los pies de la cama.
-Espera aquí, voy a por más toallas que con una no podré secarte entero.- Stiles dio media vuelta hacia el baño, cogió una de las toallas grandes y volvió a su cuarto.

Tras media hora secando el pelo del lobo con las toallas recogió todo y barrió la casa. ¿Por qué? Bueno….POR QUE ESTABA LLENA DE PELOS. Pelos negros de lobo.
Cuando Stiles hubo terminado por fin de limpiar todo, se echó en su cama boca arriba, con el lobo al lado observándolo.

-No te irás a quejar. Te he duchado y ahora estás desparasitado y bien limpio.- Dijo con voz cansada. Bostezó perezosamente mientras se estiraba, pensando en que podría hacer para cenar, ya que tenía un ''invitado''. -No se si me entenderás, pero no se que hacer de cenar y tampoco se que te gusta. Oh...y no tengo ganas de cocinar.-Añadió mirando al can acariciándole tras la oreja, el lobo se dejó ya que también se le veía bastante agotado. El lobo dejó caer la cabeza en el pecho del joven para que siguiera las caricias a lo que Stiles rió levemente. -Ves… ¿Esto si te gusta no?- Cerró los ojos dejando la cabeza en la almohada suspirando pesadamente.

El can escuchaba los latidos del muchacho que ahora eran tranquilos y serenos, no como cuando le subió al Jeep, que parecía que fuera a salirle el corazón del pecho. El lobo cerró los ojos y se dejó llevar por el cansancio, quedando dormido encima del joven.
Al final Stiles también cayó rendido ante los brazos de Morfeo y ambos se quedaron dormidos.

Eran las 4:00 de la mañana y Stiles se despertó al oír un ruido en la cocina….