XVII.
-Lily.
La chica abrió los ojos con paciencia y vio el rostro de Scorpius.
-¡AH!
Scorpius le tapó la boca para que no despertara a sus compañeras. Cuando se calmó, retiró sus manos.
-¿Qué haces aquí? – le preguntó Lily saliendo de su cama.
-Necesitaba hablar contigo.
-¿Otra vez? ¿Para qué? Yo no quiero hablar contigo.
-Venga, no seas orgullosa…
-Vete a la mierda.
Lily se tapó con la sábana hasta el cuello y se giró para no mirarle. Scorpius ahogó un grito enfadado que le habría ayudado a desahogarse. El chico se metió en la cama empujándola levemente.
-Fuera de aquí, Scorpius.
-Si esta es la única forma posible para hablar contigo, no me queda otra que…
Pero Lily no lo dejó acabar, ya que lo empujó y Scorpius cayó al suelo. El chico no podía creer que a esas alturas ambos siguieran comportándose así. Se levantó y cogió a Lily con fuerza hasta que se la puso en el hombro.
-¡Suéltame! – gritó Lily. Las compañeras se removieron en sus camas. Scorpius salió del dormitorio y bajó las escaleras hasta llegar a la sala común. Lily pataleaba sin parar. Scorpius la dejó caer en el sofá. Lily lo miró con indiferencia y se levantó para largarse de allí, pero el chico se lo impidió extendiendo los brazos. La chica le dio una rápida patada en la parte que a un chico más le puede doler, ya me entendéis. Scorpius cerró los ojos y se dejó caer al suelo. – A la próxima vez te lo pensarás mejor.
Lily estaba a punto de irse, pero Scorpius la agarró del tobillo y la chica tropezó cayendo al suelo. Scorpius se arrastró y se le subió encima.
-Será mejor que no hagas eso la próxima vez – recalcó el chico imitándola. – O se acabarán nuestras noches moviditas.
-Eres un guarro. Mejor controla a tu amiguito porque me figuro que no volverá a salir de su cueva en lo que a mí respecta. Pero seguro que a tu amiga la enfermera le encantará consolarlo.
-Ya basta, Lily.
A Lily le sorprendió el tono serio de su voz. Desvió la mirada permaneciendo callada. Scorpius tomó aire y relajó los hombros.
-¿No te das cuenta de que me costó mucho recuperarte y que no te perdería otra vez? Bastante difícil eres tú como para convencerte. Además, que a ti y a mí aún nos quedan muchas cosas por hacer, ¿no?
-¿Cómo qué? – le preguntó Lily, calmándose ella también.
-Ya sabes. Casarnos, vivir juntos… Ir a por el primero…
Scorpius le acarició el muslo con descaro y una sonrisa pícara en los labios. Lily le dio un manotazo y él hizo una mueca.
-Joder, Lily. Qué arisca estás. Supongo que entonces se acabaron las noches como la del día de la boda, ¿no?
-Supones bien.
Lily se lo quitó de encima y se puso de pie.
-¿Qué tal la reunión? – le preguntó, sentándose en el sofá.
-Nada interesante. – El chico la imitó y se sentó a su lado. La rodeó con su brazo y jugueteó con el tirante de su camisón. - ¿Qué tal con Lysander?
-Corté con él hace más de una semana. Lo habrías sabido si en vez de tontear tanto con la enfermera me hubieras hecho un poco de caso.
-No sabes cómo me alegra oírte decir eso, Lils.
-Tampoco ha cambiado nada. Tú eres profesor y se supone que no puedes tocarme ni un pelo. ¿O se te ha olvidado?
-Pero nadie tiene por qué enterarse de eso, pelirroja…
El chico le mordió el lóbulo de la oreja con una mirada salvaje y una sonrisa juguetona.
-Oye Lils, ya que no le dimos buen uso a este camisón cuando te abalanzaste sobre mí como una leona el día de la tercera prueba en las mazmorras, podríamos recuperar el tiempo perdido ahora…
El chico metió la mano por debajo del camisón y le acarició el vientre mientras le mordía el cuello. Luego alzó la cabeza y miró a Lily. La chica cedió y le besó en los labios con ternura.
-Scorpius, no me gusta verte con ella. – le dijo la chica frunciendo el ceño.
-Yo no soy el que se acerca a ella, Lils. Ya te dije que solo somos buenos amigos.
-Pero ella no te ve precisamente solo como un amigo, ¿o es que estás ciego?
-Yo no puedo evitar mi gran encanto, pelirroja.
-¿No te basta con tu club de fans? El otro día una de ellas me amenazó con decirle a McGonagall lo que estaba haciendo. Al parecer nos vio en la biblioteca. Ya te dije que la gente nos podía ver.
-Pero, ¿se lo va a decir?
-No creo. Esas chicas tienen menos cerebro que tú, que ya es decir.
-Vaya, gracias.
