XVIII.
-¿A dónde vas con tanta prisa y con el albornoz puesto? – le preguntó Mary desde su cama. – Y a estas horas… Son las once de la noche, Lily.
-He quedado con Scorpius. ¡Dice que me va a enseñar el baño de los profesores!
-Vaya… Qué divertido – contestó la morena con ironía.
-Tranquila, Mary, ya le diré a Scorpius que te invite algún día.
-Bah.
Lily salió de la Sala Común y se dirigió hacia el punto de encuentro. Scorpius ya se encontraba en la puerta del despacho con el bañador puesto. Lily se aclaró la garganta al ver el torso desnudo del chico. Los años no pasaban por él, eso sin duda. En cuanto la vio, Scorpius le besó en la frente y le cogió de la mano. A Lily se le hacía raro caminar por el castillo de la mano de Scorpius cuando siempre debían esconderse de las miradas y no podían pasear juntos a sus anchas. Por primera vez sintió que estaban juntos, como una pareja normal y corriente. Scorpius la guió hasta una puerta a la que hasta entonces la chica no le había prestado atención. Ambos entraron al baño, completamente desierto. Lily no podía negar que los profesores sabían cómo montárselo bien, pues el baño era enorme, parecido al de los prefectos, pero a dimensiones colosales.
-¿No te quejabas de que nunca hacíamos nada juntos? Pues ahora disfrutaremos solos de un baño.
Lily se desabrochó el albornoz y lo dejó en el suelo mientras Scorpius la miraba fijamente sin tapujos.
-Qué bien te queda el negro, pelirroja.
Scorpius rodeó su cintura con los brazos y la arrastró hasta la piscina. Lily intentó resistirse pero no podía hacer nada contra la fuerza del chico. Scorpius se tiró y, para sorpresa de Lily, el agua estaba templada, en su punto. El rubio la salpicó y Lily le lanzó una mirada asesina mientras se apoyaba en la pared. El chico nadó hasta ella y la acorraló. Posó las manos en sus caderas, y luego toqueteó el nudo de la parte de arriba del biquini de la chica. Lily le lanzó una mirada amenazadora pero Scorpius le soltó el lazo con picardía notable en sus ojos. La chica se lo sostuvo antes de que cayera.
-Venga, Lils… - susurró el chico mientras besaba su mentón. - ¿No crees que nos merecemos un premio por tanta espera? Echo de menos tocarte…
-Eres un depravado. ¿No piensas en otra cosa? – le preguntó Lily intentando contener una sonrisa.
-Contigo es imposible pensar en otra cosa. Vamos, sé que tienes tantas ganas como yo.
Scorpius le lamió con la lengua su labio inferior mientras Lily empezaba a acalorarse aunque estuviera metida en el agua. Rodeó la cintura del chico con sus piernas bajo el agua, así como su cuello con los brazos y lo atrajo hacia sí. Atacó sus labios mientras el chico acariciaba su espalda y la estrechaba en sus brazos. Sin embargo, el picaporte de la puerta se giró y Lily lo empujó al escucharlo.
-¿Qué pasa? – preguntó Scorpius.
-Alguien ha entrado.
-Lo cierto es que sí, señorita, echamos de menos a su tía, pero necesitaba ese descanso tan merecido después de tantos años.
Lily y Scorpius se miraron con temor al escuchar la voz de McGonagall. Lily se tapó como pudo con la parte de arriba del biquini y los dos salieron de la piscina como si les siguiera un dragón que escupía fuego. Con cuidado, se escondieron detrás de una columna lo bastante gruesa y alta como para tapar a los dos.
-¿No te excita esto, Lils? – le preguntó el chico con una sonrisa traviesa e intentando a agarrar a Lily. La pelirroja le detuvo y se ató el biquini ante la mirada decepcionada y la mueca de Scorpius. – No sabía que McGonagall venía por las noches. Qué moderna es esta mujer.
-Yo también la echo de menos, profesora. He vivido prácticamente toda mi vida con ella.
Lily dio un respingo al escuchar esa voz. Scorpius tragó saliva y miró a Lily con cierto temor. Era Bryanna. El rubio se asomó por el borde de la columna y vio a las dos mujeres metiéndose a la piscina. Lily le dio una colleja en la nuca. El chico ahogó un quejido y miró a Lily con el ceño fruncido.
-¿Qué? ¿Quieres quedarte a verla? Entonces ve a bañarte con ella.
-No digas tonterías, Lils. Solo he mirado para ver si estaban ellas dos solas.
-Ya, y ya de paso le echabas una ojeada a Bryanna en bañador.
-Mira, hay una puerta trasera – le dijo Scorpius ignorando su último comentario.
Lily salió por la puerta silenciosamente seguida de Scorpius.
-¿Ese albornoz es suyo, profesora? – le preguntó Bryanna señalando el albornoz de Lily. McGonagall negó con la cabeza mientras cerraba los ojos y se relajaba.
Scorpius y Lily caminaron hacia la sala común en silencio. Scorpius la miraba por el rabillo del ojo de vez en cuando y se percató de que la chica no estaba enfadada, pero tenía la mirada perdida.
-Nos vemos mañana, ¿no? – le preguntó el chico delante del retrato de la Dama Gorda. Lily asintió con la cabeza y entró sin decirle nada más.
