XX.
Al cabo de unos días, Lily ya había recuperado su color de piel por completo. Mary no podía evitar reírse de vez en cuando al recordar el suceso de las manchas de piel. Faltaba tan solo una semana para despedir el curso y acabar los exámenes, por lo que el castillo se encontraba en estado de ebullición.
Scorpius estaba sentado y corrigiendo algunos exámenes en su escritorio, mientras que Lily estaba sentada en el sofá jugueteando con Canela. El chico alzó la mirada y la observó durante unos segundos, de lo que Lily se dio cuenta.
-¿Qué pasa? – le preguntó.
-Es solo que con Canela pareces tener un cierto instinto maternal. – contestó. Lily soltó una carcajada.
-Scorpius, no es instinto maternal. No empieces a idear planes disparatados en tu cabeza, que nos conocemos.
El chico dejó la pluma sobre el pergamino y se abalanzó sobre Lily en el sofá. Canela saltó al suelo y comenzó a mover la cola y a ladrar.
-¡Para! – exclamó Lily intentando quitárselo de encima.
-¿Por qué? ¿Te da miedo que esté tan cerca de ti?
-Cómo si no te me pegaras todo el tiempo…
Alguien llamó a la puerta. Los dos miraron hacia esta con una mueca.
-¿Scorpius?
Lily se quedó de piedra, al igual que Scorpius. ¿Qué hacía Draco allí? Lily se puso rígida y Scorpius se dirigió hacia la puerta. Lily lo detuvo antes de que la abriera llamándolo.
-Quizá debería esconderme.
-No, Lily.
Scorpius abrió la puerta y Draco entró. Saludó a Lily con un gesto de cabeza, aunque al principio le sorprendió encontrarla allí.
-Llegó este paquete a casa – le dijo Draco teniéndole un pequeño paquete envuelto. Scorpius hizo ademán de cogerlo, pero su padre lo impidió. – Creo que primero merezco saber de qué se trata, pues algo me imagino ya.
Scorpius se rascó la nuca y miró de reojo a Lily. La chica frunció el ceño y se puso en pie.
-Quizá deberías irte, Potter. Mi hijo y yo queremos hablar a solas.
-Ella no se va, papá. – intervino Scorpius.
-Estoy seguro de que es mejor que lo haga, ya la pondrás al tanto luego.
-¿Usted no se cansa de fastidiar? – preguntó Lily. Scorpius se aclaró la garganta y Draco se volvió para mirar a Lily.
-Ya veo que estáis juntos de nuevo. – Se volvió hacia Scorpius. – Te recuerdo que estás aquí como profesor, Scorpius.
-Lo sé.
-Entonces también deberías saber que Potter es una alumna, y que ese tipo de relaciones aquí están prohibidas. No puedo permitir ninguna de las dos cosas.
Lily no comprendía nada e intentó centrarse.
-Te equivocas, papá. Si hago eso – dijo señalando al paquete -, dará igual que ella sea una alumna. Además, solo queda una semana para que el curso acabe.
-Entonces, ¿qué necesidad hay de hacerlo? – preguntó su padre.
-Ya te lo dije hace tiempo, si tú no me escuchaste es culpa tuya.
Draco dejó el paquete sobre el escritorio.
-Tengo que informar de esto, Scorpius. No puedo permitir que nuestro apellido se vea envuelto en un posible escándalo si os pillan.
-Usted siempre tan comprensivo… - murmuró Lily. Scorpius le dio un codazo disimuladamente. Draco salió del despacho algo airado, dispuesto a informar a McGonagall. Lily iba a ir tras él, pero Scorpius la cogió del brazo a tiempo. – Suéltame, ¡se lo va a contar!
-Da igual.
-¿Cómo que da igual? – preguntó Lily sin comprenderlo. – ¡Te van a echar! Y a mí posiblemente también.
-No lo van a hacer.
-Scorpius, ¿se te ha ido la olla?
Scorpius se dirigió hacia su escritorio y desenvolvió con rapidez el pequeño paquete. Lo abrió, cogió lo que había en su interior y lo puso en el interior de su mano. Se volvió y miró a Lily algo azorado.
-Me habría gustado haber hecho esto de una forma diferente…
El chico se acercó a ella y le mostró la palma extendida. Lily observó un anillo que resplandecía. La chica tragó saliva preguntándose mentalmente si Scorpius había perdido el juicio.
-Si te casas conmigo dará igual que seamos un profesor y una alumna y no podrán echarnos a ninguno de los dos, ya que es un compromiso oficial y los dos somos mayores de edad. Además, mi padre no podrá intentar impedirnos nada más. Y, bueno… Aparte de todo eso, ya sabes las demás razones por las que quiero hacerlo.
Lily lo miró sin saber qué decir. En ese momento se sentía muy joven y mayor a la vez. Scorpius la miraba nervioso esperando a que dijera algo.
-Scorpius, yo…
-Vamos, Lily, esto lo llevamos planeando desde incluso antes de que saliéramos juntos. Acuérdate de todas las veces que hablamos de nuestro futuro juntos, matrimonio, hijos…
-Tú hablaste de eso, no yo.
-Entonces, ¿no quieres?
Lily se dio cuenta del tono de temor en la voz del chico. Sonrió con ternura.
-Deberías darte prisa y tomar una decisión. Primero porque mi padre va a llegar en cualquier momento con McGonagall y corremos el riesgo de ser expulsados, y segundo porque me va a dar un infarto como no me des ya una respuesta. Sé que has estado con otros chicos… Yankelevich, Scamander…
-No estuve con Yankelevich.
-Ya, bueno, pero te miró el escote en quinto.
Lily y Scorpius se quedaron callados dándose cuenta de que los dos estaban diciendo cosas sin sentido.
-No te aseguro que vaya a ser fácil, y más sabiendo cómo somos los dos, pero… Si Albus y Mary lo han conseguido, digo yo que nosotros también.
-¿Quién nos asegura que Draco no vaya a hacer de las suyas y consiga algo que pueda separarnos definitivamente?
-Bueno, tenía pensado que nos fuéramos a algún lugar después de casarnos. Solos. Donde nadie pueda venir a molestarnos, no sé. Eso sí, debe haber una cama, aún tenemos mucho uso que darle.
Lily seguía sin decir nada, y Scorpius comenzaba a impacientarse.
-Tú ya sabes cuánto te quiero, Lily. Sorprendentemente cambiaste todo lo que había a mi alrededor cuando te conocí. Conseguiste lo imposible haciéndome cambiar y haciéndome sentar la cabeza. Yo no sé estar sin ti y eso que lo intenté, y creo que tú tampoco. Quiero decir, aunque a veces no podamos estar juntos por nuestras discusiones y peleas, pero mucho menos podemos estar separados. Y yo ya he sentido lo que es verte con otro, y si lo llegara a ver de nuevo en cualquier otra ocasión, posiblemente me daría un ataque. Y eso a mi edad no es normal. – Scorpius calló al darse cuenta de que no paraba de hablar. - ¿Lily?
-Cállate ya.
Lily se lanzó contra él y lo besó sin poder controlarse. Scorpius, desprevenido, tropezó hacia atrás mientras la chica se aferraba a él, pero pudo estabilizarse a tiempo y devolverle aquel beso tan desesperado. Mordió sus labios con ganas mientras se oía la risa de Lily en lo hondo de su garganta. Después de unos segundos, Lily lo soltó sintiéndose un poco mareada.
-Me encanta cuando te pones salvaje – murmuró el chico con la voz quebrada. - ¿Eso es un sí?
-¿Tú qué crees?
Scorpius sonrió y dejó caer el anillo por su dedo anular. La abrazó con fuerza enterrando su rostro en su cuello.
-Scorpius, me estás estrangulando…
-Perdona, es que…
McGonagall entró en el despacho con Draco a sus espaldas. Scorpius soltó a la chica y se volvió hacia la directora.
-Ya le previne de esto, Malfoy.
-Lo sé, profesora, pero ya no somos profesor y alumna.
-¿Qué? – preguntó Draco.
Scorpius alzó sus manos cogidas y le mostró el anillo en el dedo de Lily. La chica se sonrojó un poco ante la mirada de McGonagall.
-Vaya, no tenía ni idea. – dijo la mujer.
-Siento no habérselo comentado antes, profesora.
-Bueno, entonces no hay nada que decir. ¿Para esto me hace perder el tiempo, señor Malfoy?
-Pe-pero…
McGonagall se retiró y Scorpius miró con una sonrisa de autosuficiencia a su padre. Draco hizo una mueca y se retiró.
-¡Pronto te llegará la invitación, papá! – exclamó Scorpius para que lo oyera. – Bueno, como ya te dije y auguré hace dos años, esto acabaría ocurriendo. Me he salido con la mía – dijo Scorpius hinchando el pecho.
-Aún queda mucho por hacer – dijo Lily.
-Tienes razón, pero… - Scorpius cerró la puerta y puso el pestillo. – Mejor olvidémonos de eso y ahorremos tiempo, futura señora de Malfoy.
-Mira que eres idiota.
Scorpius empujó a Lily hasta el sofá y se subió encima de ella con una sonrisa juguetona.
-Puede que a la cama no, pero a este sofá le daremos tal uso que tendremos que cambiarlo dentro de unos días.
Lily negó con la cabeza sonriendo. Scorpius presionó sus labios con fuerza.
-Ahora sí que te vas a enterar de lo mucho que puedes disfrutar con un Malfoy. – le dijo el chico mientras le arrebataba la camisa de un tirón.
5 años después…
-¿Qué haces aquí tan pronto? – preguntó Lily saliendo del baño.
-¿Qué pasa? ¿Estás escondiendo a alguien?
-No seas idiota.
Scorpius se sentó en el sofá y extendió los brazos para coger a Lily de la cintura y colocarla sobre sus piernas.
-¿Por qué no hacemos otra escapada como la de hace cinco años? Pasamos mucho tiempo separados…
-Pero si nos vemos todas las tardes.
-¿Y eso te parece mucho? Lily, tenemos que aprovechar el tiempo que tenemos y dedicarle más a nuestras actividades carnales.
Lily dejó escapar una carcajada mientras el chico metía su mano por debajo de la camisa y le acariciaba el vientre.
-Vaya. No pretendo ofenderte, Lils, pero has engordado un poco. Tendrías que dejar de comerte todos los bollos que tu madre nos envía cada mes.
La chica carraspeó y se aclaró la garganta.
-¿Me estás llamando gorda?
-No, si a mí me gustas de todas las maneras, pero… Como sigas así no vas a caber por la puerta, o en la cama, y eso sí que no.
-Scorpius, no estoy gorda por comerme tantos bollos.
-Lils, no lo niegues, si no pasa nada.
-Que no es eso, Scorpius.
El chico la miró con el ceño fruncido y Lily se mordió el labio inferior.
-Oh, oh. Cada vez que haces eso me da miedo. ¿Qué has hecho ahora? – preguntó poniéndose en guardia.
-Más bien qué me has hecho tú.
Scorpius no comprendía nada de lo que Lily decía y temió que hubiera perdido el juicio por completo. Lily negó con la cabeza armándose de paciencia por la lentitud de Scorpius para comprender las cosas. La chica le cogió la mano y se la colocó de nuevo sobre su vientre. Lo miró y ladeó la cabeza, esperando su reacción. El chico curvó los labios formando una sonrisa.
-Ah, ya entiendo… Tú quieres que te lleve a la cama ya y que no esperemos hasta esta noche…
Scorpius la agarró y, tomándola en brazos, se dirigió hacia las escaleras.
-¡Scorpius, que no!
-¿No quieres que te quite la ropa como la otra noche o no quieres que lo hagamos en la cama? – preguntó Scorpius dejándola en el suelo.
-¿Pero cómo puedes ser tan corto de mente?
-De acuerdo, Lily, si no quieres en la cama, vayamos a la ducha…
Lily se dio un manotazo en la frente. Ese chico no tenía remedio.
-Scorpius, no voy a trabajar los próximos siete meses.
-Vaya, ¿y eso por qué? – preguntó. Lily lo miró boquiabierta.
-Mira, déjalo. No tienes ni pizca de imaginación.
Lily iba a subir las escaleras, pero Scorpius la detuvo cogiéndola de las caderas.
-Eh, eh, eh… ¿A dónde te crees que vas?
-A escribirle a mi madre para decirle que estoy embarazada, ya que tú no te enteras ni de la mitad.
La chica esperó a ver si Scorpius reaccionaba. El rubio se quedó completamente quieto mientras la miraba con gesto curioso. Luego observó su vientre y por fin lo comprendió todo.
-¡Por eso has engordado!
-Muy bien, campeón. – ironizó la chica.
Scorpius la abrazó por la cintura y la arrastró hacia sí. Scorpius la besó frenéticamente en los labios sin concederle a Lily tiempo para respirar.
-No me lo puedo creer, ¡por fin! No será por no haberlo intentado…
Lily sacudió la cabeza y Scorpius acarició su vientre con ternura.
-Este será el primero de muchos.
-No te pases.
-Es más, creo que deberíamos aprovechar y ponernos manos a la obra con el segundo.
FIN
