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El timbre sonó, liberando a Bree de las clases, esta se sintió aliviada, no había podido dormir en toda la noche, recordando lo que había pasado la noche anterior, aquel hombre había sido lo que Bree consideraba súper horriblemente grosero, ¿Cómo se había atrevido a hacerle eso?

Y te encanto que te lo hiciera Le recrimino la pequeña y malvada voz de la cabeza de Bree.

Esta frunció el ceño frustrada mientras se sentaba en el asiento del copiloto del auto de Tom.

-¿Qué te pasa Bree?-le pregunto Tom con preocupación-te he visto muy desconcentrada hoy.

-Lo siento-dijo Bree y suspiro-es que no pude dormir nada ayer.

-¿Por qué?

-noche dura-respondió Bree encogiéndose de hombros.

Si que había sido una noche difícil para ella, un extraño había llegado al restaurante y le había hablado como ningún chico le había hablado antes, le había mordido la delicada piel del hombro y le había dejado un moretón. Por culpa de ese idiota ahora tenia que usar esta camisa cuello de tortuga que tanto le molestaba, y era del color rosa mas femenino que pudiese haber, por suerte ya estaba comenzando el invierno y así nadie la tacharía de loca.

-adivinen amigos-dijo Emily saltando a la parte trasera del auto.

-¿Qué?-corearon Tom y Bree, empleando el mismo tono que Emily.

-acabo de añadir a Mike a la lista de posibles-parejas-para-el-baile-dijo ella riendo de la felicidad-¿no es un amor?

Tom parecía confundido y Bree también lo estaba, por lo que se giro para verla.

-¿Cuántos chicos llevas en esa lista?-pregunto Bree

-unos treinta nada mas-dijo Emily encogiéndose de hombros- ¿Cuándo nos vamos Tommy?

-enseguida señorita-dijo Tom arrancando el auto y poniéndolo en marcha.

-¿treinta? ¿Hablas en serio?-le pregunto Bree a la rubia.

Emily puso los ojos en blanco y luego poso sus ojos azules en ella.

-¿Qué onda con tu cuello de tortuga, abuelita?-le pregunto.

Tom rio aun con su atención en el camino.

-eso no te interesa-respondió Bree enojada.

-deberías agradecer tener una amiga como yo-dijo ella metiendo la mano en su bolso y buscando una blusa roja de tirantes, demasiado escota y se la lanzo a Bree-toma ahora que lleguemos te la pones.

-no, gracias Emily…-empezó a negar Bree

-oh, sigue mi consejo, créeme con ese cuello de tortuga pareces la anciana con el cuello ortopédico que vive a un lado mío.

Bree puso los ojos en blanco y tomo a la fuerza la blusa.


-AHHH! NO LO PUEDO CREER-estaba diciendo Emily pon decima vez-¿Quién te hizo eso?

-shhh-le susurro Bree llevándose un dedo a los labios-no quiero que todo el mundo se entere.

Emily rio por lo bajo, Bree se miro al espejo del baño donde la había llevado Emily apenas bajaron del auto, y miro el moretón que se veía claramente sobre su piel, en la unión del cuello y el hombro. Bree frunció el ceño.

-¿Quién fue?-exigió saber Emily cruzándose de brazos.

-ya te dije que ayer limpiando mi cuarto me tropecé y me golpee-mintió Bree.

-Si claro-dijo Emily poniendo los ojos en blanco-voy a fingir que te creo, pero luego espero que me digas la verdad, ahora ven vamos a trabajar.

Emily abrió la puerta y salió y Bree salió justo después de ella y se dirigió hasta el mostrador, miro el reloj de pared marcaban las ocho y cuarenta de la noche, por suerte era lunes y cerrarían temprano, así podría ir antes a la biblioteca de la universidad a investigar un poco para el examen de leyes del comercio. Bree suspiro mirando a los clientes hoy todos ellos parecían estar felices, eso se debía evidentemente a los panecillos de la señora Fray y Bree era la única que no tenia porque le había cedido sus cuatro panecillos a un cliente muy atrevido que después dejo muy en claro sus intenciones con ella. La mano de Bree se crispo en un puño.

-Despierta Cenicienta-dijo Tiffanie, haciendo a Bree volver a la realidad.

-¿Qué quieres ahora Tiffanie?-dijo Bree enfurecida recordando lo muy difícil que Tiffanie le hacia la vida.

-¿Qué ahora no puedo venir a un restaurante?-pregunto ella, con su molesto tono de niña mimada.

Bree la miro de arriba abajo, traía una mini falda color rosa chillón, una blusa que no le llegaba ni al ombligo y ofrecía una vista mas que generosa de su escote y unos tacones de aguja tan delgados que a Bree le dolían los pies solo de verla.

Para ahorrarle toda respuesta a Bree, llego Emily con un cartel donde se leía escrito con un rotulador negro: NO SE PERMITEN PERRAS AQUÍ (APLICA TAMBIEN PARA ZORRAS).

Emily le lanzo una mirada cargada de odio, Emily solo se encogió de hombros y se fue.

-¿Qué no puedes controlar a tu perra?-dijo Tiffanie alzando la voz a propósito para que Emily y el resto del restaurante la escucharan.

-Yo solo veo una perra aquí, y esa eres tu-dijo Bree imitando la patética voz de Tiffanie-¿Quieres que te controle?

Antes de Bree pudiese parpadear Tiffanie le cruzo el rostro en una bofetada.

-Oh no debiste haber hecho eso estúpida-dijo Bree lanzándose por encima del mostrador hacia ella.


-No puedo creer lo que hiciste Bree, estoy muy decepcionada-le dijo la señora Fray

-pero ella empezó…-empezó a contar Bree.

-sin excusas Bree-le dijo la señora Fray llevándose los jean bañados en soda de Bree que habían sido remplazados por unos pantalones demasiado cortos y demasiado ajustados-sabes que no puedes tratar así a los clientes, y menos frente a los demás, sabes que tanto poder tiene esa niña rica, puede decirle a sus padres que cierren este restaurante.

-Lo siento señora Fray-dijo Bree agachando la cabeza

La señora Fray suspiro

-esta bien, linda-dijo y luego hablo con voz triste-pero sabes sobre mi política de acción y consecuencia.

-Si lo se-dijo Bree asintiendo-¿Cuál será mi castigo señora Fray?

-Cerraras el restaurante todas las noches a partir de ahora, por un mes-dijo la señora Fray.

Tom y Emily le dieron una mirada de tristeza, Bree les sonrió tratando de animarlos, pero no parecía ser suficiente porque los tres se fueron sin decir nada, poniendo el letrero de cerrado.

Bree empezó a acomodar la sillas encima de las mesas, sintiéndose muy culpable, no por Tiffanie si no mas bien por la señora Fray, ella siempre había sido muy buena y Bree la había decepcionado, la señora Fray era muy perfeccionista y era difícil ganarse su confianza, Bree se la había ganado con el paso de los años, una confianza que ahora temía perder.

El sonido de la puerta la saco de sus pensamientos, pero fue la imagen que vio lo que hizo que su pulso se acelerara.

Harry.

-Hola Bree-dijo el sonriéndole y quitándose el abrigo para dejarlo sobre una de las sillas que Bree aun no había acomodado-¿Cómo ha estado tu día?

-¿Qué haces aquí?-pregunto Bree tratando de calmar su pánico interno- llamare a la policía.

-No, no lo harás-dijo el acercándose a ella- y para responder tu primera pregunta, vine a comer, justo como hice ayer.

-Claro porque comer fue todo lo que hiciste-dijo ella sin poder evitar que el comentario sarcástico saliera de su boca.

El sonrió y se acerca tanto a ella que sus respiraciones se mezclaban, la tomo por las caderas, y le dio una mirada demasiado no disimulada a su escote.

-mira, Bree-dijo con su voz profunda-o me das de comer, o te como yo a ti ¿Qué prefieres?

-Ya vuelo-dijo Bree tragando con dificultad y soltándose de su agarre camino hasta la cocina.

Bree respiro hondo tratando de relajarse y tomo su teléfono del bolsillo frontal de los pantalones y empezó a marcar el numero de la policía pero se detuvo.

¿Y ahora que mierda haces, Aubrey? Le dijo su sentido común.

Cosa que Bree ignoro por completo, sintió la extraña necesidad de saber que mas pasaba, quería… seguir con esto, seguir jugando. Era un juego muy peligroso.

Y a ella le encantaba.

Haciéndole caso a toda la estupidez acumulada que llevaba adentro, preparo la misma orden del día anterior y se la llevo hasta la mesa. El levanto su vista del periódico y la miro de arriba abajo, tomándose tiempo en contemplar su escote, con una ligera sonrisa se paro y acerco su cuerpo al de ella, agachando la cabeza para que sus rostros quedaran a la misma altura.

-¿Cuántos años tienes Bree?-le pregunto el con voz seductora, y con cada movimiento que hicieron sus labios al hablar rozo los de ella.

-veinticuatro-contesto Bree tratando de que sus labios no se rozaran tanto, pero fue inútil- ¿y tu?

-veintiséis-respondió el acercándose aun mas.

¿Cómo es que el podía hacer que un numero sonase tan sensual?

-¿de donde eres?-le pregunto ella sin poder contenerse.

-soy de aquí de Inglaterra-respondió el con voz ronca-pero llevo toda mi vida viviendo entre Alemania y Rusia.

-¿Por qué?-pregunto ella.

-eso mi joven dama es algo que no tienes que saber-dijo el y finalmente la beso.

La beso lento primero y tranquilo, pero luego el movimiento de sus labios era con mas urgencia, Bree no podía pensar, no con la lengua de el recorriendo sus labios o sus manos bajándole por lo largo de la espalda, antes de que ella pudiese hacer algo ya le había lanzado las manos al cuello, y las de el habían llegado hasta los bolsillos traseros de su pantalón, luego bajo aun mas y la tomo por las piernas, levantándola para que estuviesen a la misma altura, ella le rodeo las caderas con las piernas, mientras el la sentaba sombre el mostrador, y se pegaba aun mas a ella, recorrió con sus manos su espalda metiendo sus manos en la blusa de ella y aparto su boca de la de ella para besarle el cuello, fue bajando lentamente hasta que llego a la curva de sus pechos y los beso, Bree se mordió el labio de placer, nunca nadie la había besado ahí, el hizo que ella se acostara sobre el mostrador para luego subiese el encima de ella, su boca volvió a encontrarse con la de ella y la manos de el le recorrían el cuerpo y las piernas mientras ella se concentraba y su suave cabello y su espalda, el metió las manos en su blusa y la subió lentamente delineando la forma de su estomago hasta donde su mano se encontró con una de las copas del sostén.

Mas por favor era lo único que podía pensar Bree.

Entonces el se aparto y se bajo de la mostrador, y con una sonrisa cínica le dijo.

-llámame, ¿si?-hablo con voz ronca-si para las siete de la noche no me has llamado, desearas no haberme conocido, piénsalo bien, con cualquiera de las dos opciones te hare gritar, tu decides- la miro fijamente con aquellos fríos ojos verdes-si de placer o de dolor.

Dejo una tarjeta en la mesa junto a Bree y se fue, sin decir nada mas, dejando a Bree mas confundida de lo que antes hubiese estado.

Bree se levanto y se acomodo la ropa y pensó irónicamente.

Quería jugar y perdí la primera batalla, ya no hay marcha atrás.

Pero ganare la segunda.

Sonrió maliciosamente, si el creía que eso era todo, no sabia lo que le esperaba.

Te conseguiste la peor rival Harry Styles.