He aquí con la cuarta entrega de este humilde fic. Gracias por leerlo y darle seguimiento, me hace feliz.
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ALGUNAS ACLARACIONES:
Sé que ya lo mencioné en el episodio anterior, pero es importante que lo tomen en cuenta para leer la parte VI y VII: Misaki huyó del pueblo seis años atrás, es decir un año antes de que Takahiro muriera. Sin embargo hasta ahora no he mencionado hace cuánto él murió. Nana murió diez años atrás, es decir, cuatro años antes de que Misaki huyera. Nowaki apenas tiene ocho meses de fallecido y Shinobu tres años.
Por otra parte, a partir de éste capítulo el fic va a centrarse en los personajes y aunque no por eso dejaré de lado la tradición, la retomaré hasta el capítulo final. Por este motivo en esta ocasión no encontrarán notas de autor.
Por cierto, la pareja Terrorista quedó algo O.o.C, pero recuerden que lo advertí al principio.
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Disclaymer: Los personajes de Junjou Romantica son de su creadora Shungiku Nakamura
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VI.-
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"¿Qué significa esto?" Se decía con asombro el peliplata "¿No hace un momento dijo que no murió físicamente? ¿Por qué dice entonces que él es…?"
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No sabía qué era más perturbador, el que Xóchitl poseyera el cuerpo del hermanito de su amor, o la belleza intacta de éste, como si en lugar de estar muerto sólo estuviese en un sueño del que despertaría en cualquier momento.
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–No –susurró, incrédulo– No puede ser él… esto tiene que ser una broma… él no puede estar muerto… además… no se parecen en nada
–Por supuesto que no –le respondió Xóchitl con parsimonia– El uno era la viva imagen de su padre, y el otro lo era de su madre
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Eso sí lo recordaba. En sus años de estudiante Takahiro le había mostrado una fotografía de sus padres, y evidentemente él tenía los rasgos de su padre, mientras aquel cuerpo poseía los de la madre, pero faltaba algo por ver.
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–Los ojos –musitó, dispuesto a descubrirle los párpados
–¡No lo toque! –replicó Xóchitl dándole un manotazo y halándolo hacia atrás– Si lo hace podría matarlo
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Tres semanas atrás Xóchitl acarreaba agua en el río cuando encontró el cuerpo entre las malezas, a la orilla. Lo llevó cargando hasta su casa, y apenas si pudo colocarlo sobre la cama de piedra antes de caer en la inconsciencia por casi un día entero. Agradecía enormemente que la piedra color esmeralda que colgaba de su cuello la hubiera protegido, o de lo contrario estaría en el Mundo de los Muertos.
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–Espere un momento… ¿Me está diciendo que podría estar hechizado?
–Sí, Akihiko-kun
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En la casa de Hiroki, éste era consolado por su abuela y su esposo.
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–¿Cómo? ¿Cómo es que puedo verles y oírles? ¿Por qué ahora?
–La verdad no tengo idea, pero me alegra que sea así –expresó el peliazul
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Chibi-tan observaba la escena con nostalgia, sin poder evitar sentirse excluido. Si bien era cierto que no era la primera vez que acompañaba a un ánima a las fiestas de Día de Muertos, sí era la primera vez que presenciaba una verdadera convivencia entre vivos y muertos.
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"Así debería ser siempre"
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–Ya no llores, Hiro-chan ¿O es que pretendes pasar así todo el día?
–¡Por supuesto que no! –gruñó el castaño, apegado al regazo de su abuela y esposo
–Eres tan lindo como siempre, Hiro-san
–¡No digas esas cosas delante de mi abuela!
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Chibi-tan jugueteaba con un brazalete hecho de semillas de café notando que se le cayeron dos. No le dio importancia y siguió observando.
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"Me pregunto cómo la estará pasando Shinobu"
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–La he visto antes –musitó el rubio mientras tomaba la fotografía del altar
–Pero ¿Cómo? –Miyagi no cabía en sí de cada sorpresa que le daba el menor– Ella murió antes de que tú…
–Naciera, sí, sí, sí… –siseó el muchacho– El año pasado venía en la misma barca que yo… ella fue quien me dijo varias de las cosas de las que ya te he hablado… –luego se puso en pose pensativa– ¿Cuánto tiempo dijo que llevaba en el Mundo de los Muertos? Hmm… ¿veinte años, tal vez? –Miyagi asintió– Es bueno que no la hayas olvidado en todo ese tiempo
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Eso descolocó un poco al mayor. A decir verdad era la primera persona que no le echaba en cara el hecho de aferrarse al recuerdo de su sensei, contrario a Risako y a quienes le conocían. Por otra parte todavía no terminaba de asimilar varias cosas, como la forma en la que murió el muchacho y el hecho de que pudiera verle y oírle.
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–¿Sabes? No tengo ni la menor idea de cómo puedes verme y hablar conmigo, pero me alegra que así sea –continuó, un poco sonrojado. Luego de eso se llevó a la boca otra cucharada de calabaza en tacha– Hmmm… me hubiera gustado aprender a cocinar algo así
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"Pobre chico… no merecía esa muerte tan horrenda siendo tan joven"
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Guiado por sus impulsos, Miyagi se acercó al pequeño y rodeó su cuerpo con ambos brazos para atraerlo contra sí. El menor se tensó en cuanto sintió el contacto, pues no sólo podía ser visto y escuchado por ese hombre, sino también palpado. El pelinegro iba a soltarlo, creyendo que aquello le recordaba al menor el ultraje que sufrió justo antes de morir, pero desistió en cuanto el rubio dejó a un lado el plato de calabaza para recargar su cabeza sobre su hombro y rodearle con ambas manos.
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Tres, dos, uno… Chibi-tan salía corriendo de la casa de Hiroki hasta llegar a la orilla del río, donde se dejó caer de rodillas y rompió a llorar a lágrima viva mientras los brazaletes en sus tobillos y muñecas se tornaban de un color amarillo rojizo y le iban quemando la piel. El dolor pronto se hizo insoportable, pero algunos minutos más tarde volvieron a su color original.
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–No debí quedarme demasiado con la familia de Kusama-san –suspiró mientras veía las cicatrices que le quedaron– ni con ellos ni con nadie…
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No podía volver, pues la atmósfera familiar que se había desarrollado en la casa Kusama-Kamijou y lo ocurrido hace unos minutos era una insinuación clara de que su presencia estaba de más. Sin embargo pronto llegó una interrogante a su cabeza.
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"¿Cómo? ¿Por qué Kamijou-san pudo vernos a los tres? En otros años los muertos no podíamos ser vistos por los vivos y mucho menos hablar con ellos… eso sólo podía lograrlo un chamán ¿Qué sucedió ahora? ¿Será que Dios al fin ha permitido que los muertos y los vivos podamos interrelacionarnos físicamente?... no, de ser así todas las ánimas habrían sido vistas por los vivos y se hubiera desatado el caos… entonces ¿Qué es? ¿Por qué Kamijou-san pudo verme a mí? Se supone que ningún vivo debe verme y mucho menos recordarme… ese era el objeto de llevar estos brazaletes"
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VII.-
Akihiko Usami cada vez entendía menos. Aunque él era un escritor reconocido dentro y fuera del país, no creía en cosas como la magia y la brujería, y por ello jamás los plasmaba en sus escritos. Sin embargo, oír tales palabras de Xóchitl lo hacían dudar. Asimismo varias preguntas llenaban su mente, a decir verdad eso era demasiada información en un solo día, y no uno cualquiera, sino precisamente el día en que –según la creencia– los muertos visitaban a los vivos para pasar un buen rato.
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–Lamentablemente no tengo mucho conocimiento de estas cosas y no podría decirle la clase de hechizo que tiene, mucho menos con qué propósito fue hecho –prosiguió la anciana– Pero lo que sí le puedo decir, Akihiko-kun, es que está vinculado de alguna forma con el olvido de Kyoukou-kun y el resto del pueblo
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Eso sonaba descabellado y lógico a la vez: eso explicaría por qué en sus visitas anuales al pueblo nunca oyó que la gente se compadeciera del hermanito de Takahiro Takahashi, sino solamente de Manami, o el por qué no había una tumba en el panteón con el nombre de Misaki, o lo conservado que se encontraba éste como para haber muerto ya hace tiempo. Sin embargo todavía quedaba pendiente el por qué el pequeño huyó del pueblo y no se presentó al funeral de su hermano.
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–Lo que sea que haya pasado hace seis años, debió ser demasiado malo como para obligarlo a huir así
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Se escucharon unos golpecitos sobre una de las paredes de la casita. Un adelante fue todo lo que Xóchitl pronunció sin siquiera voltear a ver, para instar así a sus visitas a entrar.
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Miyagi y Shinobu seguían abrazados, pero ahora el mayor acariciaba suavemente sus cabellos dorados. Se preguntaba si sería correcto decirle la verdad a Risako y a su familia, aun cuando el muchacho había depositado su confianza en él. Por alguna razón no quería traicionarlo, pero aquello era demasiado importante como para callarlo.
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En esos pensamientos estaba que apenas si se percató de que el muchacho se separaba lentamente de él para mirarle directo a los ojos.
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–Por favor no me olvides –soltó sin titubear, pero con un tierno sonrojo
–¿Ah?
–Sensei decía que la forma más cruel en la que uno puede morir es el olvido… y yo le creo, aun cuando la forma en que morí no fue precisamente la mejor. Verás, hace poco conocí a un ánima olvidada… sin nombre, sin familia ni amigos, sin hogar ni rumbo fijo… debe ser horrible que nadie te recuerde cuando tú sí lo haces, incluso después de muerto –sus ojos grises se empezaban a empañar– por eso, por favor no me olvides
–No lo haré –el pelinegro le dedicó una sonrisa y depositó un beso sobre su frente
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Nana, Nowaki y Hiroki estaban sentados sobre el petate junto al altar, hablando de los buenos tiempos.
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–¿A dónde fue el chico? –inquirió el castaño refiriéndose a Chibi-tan
–Qué raro… hace unos minutos estaba aquí –musitó el peliazul
–Yo voy a buscarlo –espetó Nana levantándose de su lugar– No puede andar muy lejos
–Demo, Nana-sama…
–Aun puedo caminar. Además ustedes tienen mucho de qué hablar –dijo ella guiñándoles un ojo y luego de eso se fue
–Algo está tramando –habló Hiroki, suspicaz– algo se trae, yo lo sé
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Los labios de su esposo se posaron sobre los suyos, impidiéndole formular cualquier teoría. Le sorprendió de sobremanera la calidez que emanaba, pues tenía entendido que las almas del más allá no podían ser palpadas. Al principio se quedó estático pero luego correspondió el gesto, mientras instintivamente llevaba los brazos tras la nuca del más alto. Asimismo Nowaki colocaba las manos sobre la cintura del mayor y lo atraía contra sí. Cuando fue necesario respirar, ambos se separaron lentamente y se miraron a los ojos.
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–Te eché tanto de menos, Hiro-san
–Yo… también –farfulló el castaño
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Se quedaron abrazados por un buen rato sin decir una sola palabra, no era necesario.
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–Nowaki… yo… t-tengo frío
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El menor captó el mensaje oculto tras esas palabras, por lo que tomó su mano y lo condujo a la habitación en que compartieron tantas noches.
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En tanto Nana deambulaba por el pueblo buscando al pequeño y no tardó mucho en encontrarlo. Vio que estaba a la orilla del río, hecho bolita.
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–Takahashi Misaki
–¿Eh? –el pequeño estaba anonadado
–Tu nombre es Takahashi Misaki y eres hermano menor de Takahashi Takahiro
–¿C-cómo lo s-sabe?
–Vamos, pequeño… yo los vi nacer a ambos, además, estuviste presente en mi funeral
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"Nana-sama… ¿Cómo puede recordarme ella? ¡Es cierto! Ella murió mucho antes de lo que pasó hace seis años…"
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–Si no dije nada fue porque no quería confundir a Nowaki-kun y Hiro-chan… –continuó Nana– al parecer ellos no se acuerdan de ti –se agachó al nivel del menor y revolvió suavemente sus cabellos– Vamos a curarte esas heridas –el chico le miró, interrogante– Me di cuenta porque no dejabas de mirarte las muñecas y jugar con las pulseras… vamos, conozco a alguien que puede ayudarnos
–H-hai
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Chibi-tan se levantó del pasto y siguió a Nana hasta una chocita cuyo interior emanaba una tenue luz naranja. Nana tocó la madera un par de veces y luego de que adentro respondieran con un adelante, entró junto al castañito, sin darse cuenta que se le caía una tercera semilla de café de su brazalete. Apenas se abrió la puerta, una incrédula mirada color violeta recayó sobre ellos.
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–No… no puede ser –decía, atónito– no… ustedes…
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"¿Quién es él?" se preguntaba el pequeño "Lo he visto de algún lado, lo sé… wow, tiene unos bonitos ojos, y ese porte tan elegante, seguro debe ser alguien de fuera… ¡Un momento! ¡¿Me está mirando?!"
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CONTINUARÁ…
