Hola chicos y chicas! Un enorme abrazo les doy a todos ustedes! Aquí llego con el segundo capítulo de este Mimato, espero que lo disfruten.

La verdad, me dí cuenta que en el primer capítulo no puse que Digimon no era mío... Lo cual no significa que sea mío, sino que NO LO ES. Digimon no me pertenece (cuack!) Bueno, será mejor que lean...

Capítulo Dos: Un pastel de fresa y un pastel de chocolate.

La verdad los hará libres…

Pero Yamato no podía estar más en desacuerdo con ello. Es decir, al tratar de ser sincero con sus sentimientos y con los de Sora, se ganó a una chiquilla intrusa que le saboteó todo su plan y más encima una cachetada. A veces se preguntaba si en verdad había un Dios.

Pero prefería pensar eso después, ya había estado mucho tiempo fuera de casa. Era mejor regresar.

Mimi entró en su casa levemente empapada. Su madre llegó con una toalla rosa gigante y comenzó a secarle su cabello, aunque no estuviese mojado, mientras le decía todas las razones por las que no debió haber salido.

Se le olvidó mencionar que no debía inmiscuirse en problemas de parejas.

Claro, porque la castaña ni caso le habría hecho y la señora Tachikawa no tenía idea de lo que su hija había vivido aquella tarde.

La joven partió a su habitación, cabizbaja. Su madre había preparado la tina para que se diese un baño, pero ella no tenía ni un ápice de humor.

Dios… ¿por qué siempre meto la pata en todo lo que hago? La frase revoloteó buen rato por su mente.

TK le acercó los pañuelos desechables a su papá, mientras esperaba a que Yamato llegase. El señor Ishida había cogido un resfriado, nada complicado, pero con este tiempo se podía agravar… Aún así, su padre estaba empeñado con salir a trabajar con esa tormenta. El hermano menor rodó los ojos. Ya sabían a quién había salido Matt.

El señor Ishida se levantó de su sillón y se preparó para salir. Dejó algunas instrucciones típicas de padre a Takeru y cuando abrió la puerta de su apartamento, se encontró con su primogénito con una cara peor a la de él. Tenía las mejillas arreboladas que hacían un fuerte contraste en comparación a su tez pálida, más de lo normal. Además, destilaba agua por su cabello y ropas, no tenía idea de cómo habían llegado a parar las ojeras bajo sus ojos azules y la mirada de cansancio hacían que él tuviese la necesidad de tomar vacaciones… por su hijo.

- Yamato… ¿Te encuentras bien? – preguntó preocupado. Todos los ánimos que se hizo para salir a trabajar, de pronto, se esfumaron.

Su hijo ni siquiera respondió. Sólo vio desde su altura, como sus pupilas lo apuntaban, seguramente mirándolo, pero no del todo convencido: tenía la mirada perdida. Matt todavía no pegaba el último estirón que se pronosticaba a fines de la adolescencia, pero según los médicos iba a alcanzar su propia altura. Takeru, en cambio, iba a ser un poco más bajo, por los genes de su madre.

- Hijo. – el señor Ishida tomó ambos hombros de su hijo y lo obligó a mirarlo. – Necesito que no te enfermes ahora. Toma las medicinas que me recetaron a mí y ayuda a TK con el aseo del departamento. Nos vemos.

Por mucho que quisiese quedarse en casa, el señor Ishida no podía, había que ganarse el pan. Sólo esperaba que sus hijos estuviesen bien. Y marchó.

Matt no escuchó nada de lo que su papá le dijo. Le zumbaban los oídos y se sentía mareado. ¡Hacía tanto calor!

Takeru sintió la puerta cerrarse de pronto, seguramente su padre ya había salido. Esperaba que su hermano volviese pronto para comenzar las tareas domésticas y poder acostarse tranquilo. Pero un golpe lo distrajo de sus planes.

Impresionado por la fuerza del impacto, se dirigió hasta la puerta de su casa, encontrándose con el cuerpo de su propio hermano, quien se había desmayado por la fiebre.

Cuando Sora llegó a su casa, su madre la recibió, y con preocupación notó como su hija dejaba una enorme posa en el recibidor y ¿cómo no? Si destilaba agua por sus ropas y cabello. Pero lo que más le preocupó fue notar como su temperatura corporal había subido mucho: su hija tenía fiebre.

Había amanecido, pero el cielo no estaba azul. Seguía gris, pues continuaba lloviendo. A Mimi no le gustaba la lluvia, la deprimía, le traía malos recuerdos y también malos presentimientos. La joven se irguió en su cama, mientras observaba por la ventana como las gotas de agua caían. Había dormido muy mal esa noche, estaba preocupada por Sora y decepcionada de Matt. Y no sabía bien qué debía hacer en ese minuto. O en su vida.

Taichi despertó porque el sonido de su celular comenzó a sonar. Maldito aparato, su madre se lo había comprado pero él lo odiaba pues generalmente olvidaba apagarlo por la noche y terminaban despertándolo temprano gracias al sonidito estúpido.

- ¿Tai? Soy yo, Takeru. – anunció la voz del otro lado. Yagami se sorprendió, el número era el de Yamato.

- Hola Takeru. – saludó, medio adormilado. - ¿Ocurre algo?

Bueno, los hermanos Ishida sabían que a él le encantaba dormir y que odiaba que lo despertaran con su celular…

O creía que lo sabían.

- Ssi… - respondió el rubio. – Yamato está con fiebre y necesito ayuda para cuidarlo… ¿podrías ayudarme?

¿Matt con fiebre? Seguramente al muy idiota se le ocurrió salir con el feroz temporal de ayer. ¿Por qué tenía un amigo con síntomas de depresión? A veces no encontraba respuesta a esa pregunta. Y hoy era una de esas veces.

- ¿Por qué a Yamato se le ocurrió salir con este temporal? – preguntó Tai de mal humor. ¡Odiaba que lo despertaran! ¿Qué esperaban? - ¿Quería hacer sopa de Ishida? ¿Olvidó darse su baño anual? – preguntó ácido.

Takaishi no sabía cómo responder a esas preguntas. Olvidó que a Yagami había que molestarlo más tarde que temprano, es decir, había llamado en mal momento.

- Nno… - titubeó. No era bueno decir estas cosas, pero su hermano había delirado mucho esa noche… - Al parecer, terminó con Sora… - Hizo una pausa. No sabía si continuar o colgar. Debió haber llamado a Kari… - Pero si es mal momento… - se apresuró a decir.

Pero Tai ya no escuchaba nada.

¿QUÉ MATT HIZO QUÉ?

De pronto sintió esas ganas de golpearlo hasta la inconsciencia. Si quería terminar con Sora, por lo menos que lo hiciese bajo techo. Bastardo antisocial…

El castaño suspiró, pero Takaishi ni siquiera lo escuchó pues continuaba hablando acerca del mal momento que había elegido para llamar. El mayor volvió a suspirar, de cansancio. Él debió haber obtenido el emblema de la amistad e Ishida debió haber obtenido el de tacto, pensó ácidamente. Despertar temprano no le hacía bien.

- Iré para allá. – dijo cansado, interrumpiendo a Takeru con su monólogo de mea culpa.

- ¿Eh? – Si el rubio hubiese estado ahí con él, se le habrían salido los ojos. - ¿Hablas en serio Tai?

- Si… - respondió cansado. – Dentro de un par de horas, estaré por ahí.

Y colgó, dejando a TK con las palabras en la boca. Se quedó mirando su celular un momento, pues recién estaba captando toda la información… Matt terminó con Sora… ¿Cómo se encontrará ella? Es decir, si Yamato pescó un resfriado, seguramente su amiga también…

- Cuando te recuperes, te moleré a golpes Ishida.

Mimi encendió su computador y vio que su amiga había vuelto a subir What not to Wear a Youtube. Bueno, el programa lo daban todos los días por televisión nacional, así que habría muchos capítulos online después de algún tiempo.

Pero eso no le importó.

- No veré más What not to wear, hasta que arregle las cosas con Sora y Yamato. – Se prometió a sí misma en voz alta.

Y decidida se levantó a llamar a Sora, para saber cómo había amanecido. Si tenía suerte, a lo mejor seguiría enojada con Yamato, pero esperaba que con ella ya no.

Tomó su teléfono, pero al comenzar a marcar, descubrió que su madre hablaba con su abuela. ¡Uy, cómo chismorreaban ellas dos! Bueno, siempre le quedaba el celular. Marcó el número y esperó.

- ¿Aló? – Una voz, parecida a la de Sora contestó.

- ¿Aló, Sora?

Hubo un silencio.

- Disculpe, ¿con quién habló?

WHAT THE HELL!

¡Sora estaba tan enojada que iba a hacer como si no existiese!

¡Nooooooooooooooooooo!

- ¿Aló? ¿Hay alguien ahí?

De pronto, se dio cuenta de algo. La voz era parecida… sí. Pero no idéntica.

- ¿Aló? Habla con Mimi Tachikawa. – ¡Ah!, lo dijo al revés. Como vivió en América, ahí se decía primero el nombre y luego el apellido. En cambio, en Japón era al revés. – Tachikawa Mimi. – corrigió. – Una amiga de Sora. Y yo… ¿hablo con…?

- Hola, Mimi. Hablas con la madre de Sora.

¡Gracias al Cielo!

- ¿Llamé en mal momento? – preguntó Mimi, después de pensar sobre QUIÉN le había contestado. – Sora… ¿está bien? – Seguramente, estaría llorando, muerta de depresión…

- Pues… Ayer a la tarde, Sora salió… Y pues, me imagino que viste cómo estaba lloviendo…

¡Uy, ni lo diga señora! Yo estuve ahí en primera fila… Pensó a modo de respuesta.

- Sora pescó un resfriado. Como comprenderás, no puede salir… - le avisó la mamá de su amiga, mientras trataba de cortarla pronto.

- ¿Qué? – Mimi no se lo podía creer.

- Sí, mi hija está con fiebre. Me gustaría quedarme a charlar, pero…

- ¿Puedo ir a verla? – Soltó de pronto. Se sentía extremadamente culpable. – Hoy, en un rato más.

- Cla… Claro.

- Muchísimas gracias.

- Ssi… No hay por qué darlas.

Y colgaron. Luego de despedirse, claro.

Mimi se sintió fatal de pronto. De las incontables veces en las que había metido la pata, hoy era la peor de todas.

- ¡Mimi, ya puedes ocupar el teléfono! – le gritó su madre, pero ella ya no escuchó.

¿Qué iba a hacer?

Se recostó en su cama, aún en pijama. Ahora no tenía idea qué iba a hacer… Quería perderse en alguna isla desierta, con una suscripción a Cosmopolitan, claro. Aunque con la suscripción, Sora la encontraría. Más fácil era ir al gobierno de Japón y decir que es una espía de los Estados Unidos… La harían desaparecer de la faz de la Tierra en segundos.

WHAT THE HELL!

- Y recuerden, un delicioso pastel es una gran cura para las penas de amor. Por eso, vengan a la pastelería …

La televisión estaba prendida… Su mamá veía un comercial, seguramente estaban dando esos programas de cocina y una pastelería había aprovechado el segmento para dar su anuncio.

- Hum… Con que los pasteles son buena cura para las penas de amor, ¿eh?

Era como si Dios le hubiese mandado una señal o algo así.

- ¡Mamá! – salió corriendo de su habitación. - ¿Cómo se hacen los pasteles?

Cuando Tai salió del baño, ya vestido, se encontró con su hermana, aún en su pijama rosa con ositos de peluche. Pero él no le prestó atención.

- Tai, me llamó Takeru.

Malditos rubios.

- ¿Sí? – preguntó indiferente. - No te invitó a salir, ¿verdad?

Una de las cosas que más amaba en la vida, era ver la cara sonrojada de su hermana cada vez que él la molestaba con el hermano de Matt. ¡Ese rostro no tenía precio!

- Nno… - dudó. - ¡ÉSE NO ES EL PUNTO! – le gritó enfadada.

Taichi la miró curioso.

- Y… ¿entonces?

- Quería… saber… Si tú, ibas a ir a casa de Yamato o no… - le dijo más tranquila, mirando hacia otro lado. Pero las pintitas rosadas continuaban sobre su cara.

¡Dios, qué risa! Y al principio, ni siquiera quería tener una hermanita. ¡Qué bobo!

Pero ni molestar a su hermana lo haría olvidar en el meollo en el que se metió. La verdad es que no podía evitar sentirse enojado con Matt, porque si él hubiese estado en su lugar, no habría roto con Sora en plena lluvia.

Ni siquiera se le habría pasado por la cabeza romper con ella.

- Hermano, ¿estás bien? – preguntó Hikari, al ver a su hermano mayor sonrojado, de pronto.

Su hermanita lo distrajo de su ensoñación.

- Ssi…

- Tai – El susodicho la miró atento. – Takeru me contó que Sora y Yamato terminaron… - No sabía que decir, era como si estuviese esperando a que su hermano continuara la conversación, pero el chico ni siquiera pareció sentirse aludido. - ¡Taichi! – Su hermano la observó, serio. - ¿Qué harás?

- Lo dices como si debiese hacer algo por ellos.

- ¡Taichi!

A veces no sabía que debía hacer cuando la gente esperaba algo de él. Sentía que debía hacer algo por la parejita del año, pero simplemente no le importaba. Eran sus amigos, sí. Se veían felices juntos, claro que sí. Sin embargo, si ellos decidieron terminar, él no debía inmiscuirse.

- ¿Qué quieres que haga, Hikari? Yo no tengo flechas de Cupido para hacer que ellos vuelvan. – le recriminó.

La menor de los Yagami se sintió muy frustrada en ese minuto. A veces su hermano mayor era un cabeza hueca de lo peor…

- Tai, no me refiero a qué harás para juntarlos… Me refiero a cómo te sientes al respecto.

- ¿Qué?

- Sora te gustaba, ¿no?

Su hermana no era tonta. No como él. Pero prefirió callar. Sí, Sora le gustaba, Le gustó, mejor dicho. Pero ella prefirió a Yamato y bueno, él respetó su decisión y la dejó tranquila. Fue Sora la que escogió que ellos fuesen simplemente amigos. No él.

- Me gustó. Ahora sólo somos amigos.

- Sí, pero…

- Pero nada Kari. – Tai hizo una mueca de disgusto, pero luego se le pasó. – Escucha, yo ahora soy el mejor amigo del ex novio de mi mejor amiga y quedamos ahí.

Ni siquiera él lo entendió bien, pero daba igual.

- Taichi…

- Hermana, tranquila. – Tai no tenía idea de a qué vino esa conversación. – No haré nada que… bueno, nada malo.

- Lo dices como si fueses a hacer algo malo… - Su hermano la miró confundido. – Como golpear a Matt. Tus maldiciones se escuchaban hasta mi habitación.

O mejor, las habitaciones de ambos se encontraban frente al baño y a Tai se le olvidó que no debía hablar fuerte en el baño.

- Trataré de no hacerlo.

- ¡Taichi!

El joven miró a su hermana menor. Tenía los brazos apoyados en sus caderas y lo miraba enfadada. Todavía no entendía que debía hacer.

- ¿Qué quieres Hikari?

- Sólo quiero que estés bien.

Él se sorprendió mucho de escuchar una confesión como esa. Su mirada se destensó de pronto y miró a su hermana con mucho amor fraternal. Se pasó la mano por el cabello y suspiró.

- Tranquila. No soy del tipo de personas que se inmiscuyen en las relaciones de pareja. Y no lo haré ahora.

Kari miró a su hermano sorprendida.

- No voy a hacer nada de lo que después pueda arrepentirme. Dejaré que las cosas fluyan solas. – Terminó de decir y se dio media vuelta. – Así que dile a Takeru que iré a cuidar al enfermo de su hermano, aunque me arrepienta mucho después.

Taichi no lo vio, pero Hikari le sonrió dulcemente. Su hermano era un tonto, pero un tonto amable y bueno.

Mimi, envolvió el pastel en una cajita, para que no se mojase. Ya no llovía de forma torrencial, sólo llovía. La tormenta estaba por pasar, y esperaba que la suya también.

Había decidido hacer pastel de fresas con merengue. Era todo lo que había en su refrigerador y a Sora le gustaban. Ojalá se encuentre mejor de su fiebre.

En fin, la chica partió hacia casa de su amiga, con una sonrisa. Había que animar a la pelirroja, después de todo, ¿no?

Tai salió de su casa, confundido. Realmente no sabía que debía hacer. Primero sus dos mejores amigos comienzan una relación casi de la nada, porque él nunca se enteró de que Sora amaba a Yamato y viceversa, después a ellos se les ocurre terminar y todos esperan, bueno no todos, sólo Hikari y Takeru, que él haga algo al respecto.

¿Algo como qué? Si él nunca se atrevió a confesarle a Sora lo que sintió por ella.

Odiaba que estas cosas pasaran, porque ahora venía un obstáculo que nadie podía ver y que el mismísimo Taichi Yagami no se podía imaginar: la división. Generalmente ocurre que cuando dos miembros de un grupo de amigos comienzan una relación amorosa, son todos felices. Pero cuando esas dos personas terminan, viene la división del grupo para encontrar cuál de los dos tenía mejores razones para cortar.

Él no quería ver a nadie discutiendo por qué Sora y Yamato se separaron. Sería horrendo. Porque a él también le tocaría elegir un bando.

- Diioos… - estiró la palabra en un suspiro. – ¿En qué me he metido?

El chico del cabello castaño, continuó caminando, con las manos en los bolsillos de su abrigo azul, mientras se mojaba con la débil lluvia que aún caía sobre Odaiba, hasta que pasó por el costado de una pastelería…

Descubrió que iba por el camino para llegar a la casa de Sora, no a la de Matt.

Pensó en devolverse, pero esa pastelería volvió a llamarle la atención. Había un pastel pequeño de chocolate con frambuesa que parecía hablarle. Bueno, salió sin desayunar… Tal vez, si encontraba el dinero suficiente para comprarlo y servírselo en la casa de Sora antes de visitar al rubio, no habría ningún problema.

O así lo veía él. Así que entró y compró su pastel.

Mimi subió las escaleras hasta el piso donde se encontraba el apartamento de Sora. Pero grande fue su sorpresa de ver a Taichi Yagami frente a la puerta del departamento. Con una caja en sus brazos cuidadosamente envuelta.

¿Ya se habrá enterado sobre lo de Sora y Yamato?

- ¡Tai! – le llamó entusiasta. Genial, tendría a alguien que la protegería si a Sora se le ocurría asesinarla.

El joven de cabellos castaños y ojos chocolate se dio media vuelta, encontrándose con su amiga Mimi, con una caja en sus brazos cuidadosamente envuelta. Como la suya.

- Mimi – le respondió él a su llamado. Más calmado, claro. - ¿Qué te trae por aquí?

Tachikawa lo miró perpleja. ¿Qué clase de pregunta era esa? En fin…

- Vengo a ver a Sora. Su madre me dijo que estaba con fiebre… - Prefirió dejarlo hasta ahí, no quería meter más la pata por hablar de más.

Así que Sora estaba con fiebre.

- Maldito Ishida. – masculló por lo bajo el castaño. Pero la chica lo alcanzó a escuchar.

Bueno, ésa era su señal.

- ¡Oh! – exclamó. – Ya te enteraste…

- ¿Ya lo sabías? – preguntó curioso.

Mimi no supo qué respuesta dar…

- Eh… - La chica no sabía cómo explicarle algo así a su amigo. – Digamos que… estuve en primera fila.

- ¿Qué estás diciendo? – Tai parecía incrédulo. Demasiado…

- No quiero hablar sobre eso Tai… - hizo una pausa, para suspirar. – Pero todo este asunto es mi culpa… - Y miró hacia otro lado, avergonzada.

Taichi no entendía absolutamente nada. ¿Cómo rayos era todo culpa de Mimi si fue Matt al que se le ocurrió terminar con Sora? ¡Dios, qué confuso era todo ahora!

- ¿Disculpa?

- Eso…

- ¿Qué cosa?

- Todo es culpa mía…

- Pero… ¿a qué te refieres con eso?

Mimi miró a su amigo, confundida. No sabía qué respuesta dar.

- Sólo… Yo… - gruñó, sin saber que decir. – Estuve ahí cuando terminaron.

- ¿Qué?

Tachikawa vió como las pupilas de su amigo se dilataron por la impresión. Eso le asustó mucho.

- Qué estuve ahí y no hice nada para evitarlo. Yamato terminó con Sora frente a mí y no pude frenarlo. Y Sora me dijo que ella presintió eso y yo no le hice caso y… y… - Mimi sentía la garganta arder de tristeza. Aunque no debería sentirse así, pues a ella no la habían cortado. – Y todo es culpa mía. – Y lloró desconsoladamente.

Tai se sintió incómodo. Agradecía a Dios de que no hubiese llamado al timbre. Miró a su amiga. Se veía muy linda con su faldita de color marrón larga y botas, además de tener encima una capa de color verde pistacho con capucha, dejando al descubierto dos mechones a ambos costados de su rostro, ahora triste. Mimi siempre le recordaba a un cachorrito en la lluvia, así que la abrazó.

- Mimi, creo que debes tranquilizarte. – le sugirió Tai. – Nada de esto es tu culpa. – Continuó y le tomó la cara con ambas manos y la obligó a mirarlo. - ¡Hey, deja de llorar como Magdalena! – Y le sonrió. Luego tomó su distancia y aún con la sonrisa en los labios, agregó. – Escucha, después hablaremos de esto. Primero, vamos a ver cómo está Sora y luego veremos qué podemos hacer, ¿Ok?

- Pero… Tai. – quiso replicar, pero el chico no se lo permitió.

- Mimi, tranquilízate. A lo mejor Sora está bien y tú te sientes fatal por algo que fue bueno… Sólo debes estar tranquila e ir a ver a Sora ahora. – la chica lo miró asustada.

- La verdad es que no sé si Sora quiera verme. Le dije a su mamá que vendría, pero no me parece buena idea. – El chico la miró confundido. – Ayer me gritó cosas muy feas, no sé si quiera verme. – declaró con lágrimas en sus ojos.

Taichi la miró sin saber qué decirle. Miró su reloj distraído, se estaba demorando mucho y ya le había dicho a Takeru que iba a ir a su casa a ver a Yamato…

- ¡Ya sé! – se dijo Yagami a sí mismo, en voz alta. Mimi lo miró interrogante. – Mimi… ¿por qué no vas a casa de Yamato?

- ¡QUÉ! – Mimi gritó hasta la estratosfera. - ¿Cómo se te ocurre? ¿Acaso crees que soy una tonta? ¡Yo no iré a casa de ese traidor, insensible y antisocial! – y continuó con cada vez más y más descalificativos para el pobre rubio.

Yagami estaba impresionado por todo lo que su amiga decía del ex de Takenouchi.

- ¡Hey! – Trató de parar toda la sarta de palabrotas. - ¡Mimi, tranquila! – De pronto sintió un escalofrío por la espalda, debido a la mirada asesina de su amiga. – Mimi, escúchame, yo… iba a ir a casa de Yamato primero. No debería estar aquí, pero estoy preocupado. – se sinceró. – Creo que será mejor que tú vayas a casa de Matt y veas como está. Él también está enfermo y él es tu amigo, al igual que Sora. Además de que Sora puede que no esté en condiciones de verte aún, por lo que me has dicho… - le hizo entrar en razón.

Aún así, Tachikawa aún pensaba que el rubio era el peor hombre en la faz de la Tierra.

- Taichi… - iba a empezar a replicar.

- Mimi, mira, yo veré cómo está Sora y te iré a buscar a casa de Matt para que la veas… Te lo prometo.

La chica de cabello castaño se quedó pensando en la oferta de su amigo. Taichi parecía de confianza, así que no lo pensó dos veces y aceptó.

- Pero deberás avisarme cuando Sora quiera hablar conmigo de nuevo. – le advirtió la chiquilla antes de darse media vuelta y dirigirse a la casa del ex novio de su mejor amiga.

- No te preocupes, lo haré. – le prometió su amigo y se dio media vuelta para tocar el timbre.

Y así ambos se dividieron en caminos opuestos…

La señora Takenouchi estaba preocupada por su hija, así que cuando sintió el timbre, se sorprendió un poco. Seguramente era la chiquilla que había llamado en la mañana, pero al abrir la puerta se encontró con Taichi y su gran sonrisa.

- Hola, señora Takenouchi. He venido a ver a Sora.

Ver al chico de cabello castaño le alegró. Aunque se preguntaba dónde estaba Yamato en estos minutos…

Mimi no estaba muy segura si Yamato se había cambiado de casa, así que sus manos sudaron un poco después de tocar el timbre. Y cuando Takeru le abrió la puerta, tiritó pensando en que se había equivocado de casa.

- Hola Mimi. – Takeru le sonrió a pesar de sonar cansado. La chica notó que tenía ojeras debajo de los ojos.

- Hola Takeru. – le saludó sonriente. – Disculpa, ¿te desperté? – preguntó, señalando su cara.

El chico no tenía idea sobre lo que ella estaba hablando.

- No… - respondió inseguro. De pronto recordó sus modales y agregó. – Disculpa, ¿quieres pasar?

- Bueno... – Mimi estaba algo insegura.

Una vez que ella entró, el rubio notó la cajita que su amiga tenía en sus brazos. Y Tachikawa notó el extremo desorden que había en esa casa.

- Takeru. – El chico la miró intrigado. – No sé como preguntarte esto, pero… ¿está es tu casa? – prefirió ir directo al grano. Recordaba que TK vivía con su mamá, pero no esperaba que su madre fuese tan desordenada. Parecía que había pasado un huracán por la sala de estar, la cocina y el comedor.

- No… - respondió Takaishi, aguantándose la risa. – Es la de Yamato y Papá.

¡Yupi, no se equivocó de casa!

- Ah… - ¡Dios! Necesitaban una compañía de limpieza urgente. Tembló un poco pensando en toda la cantidad de bichos que debería haber por ahí. – Y… ¿cómo está Yamato? – preguntó rápidamente antes de ponerse a pensar en gérmenes.

Al chico le sorprendió la pregunta. Dudó en responder.

- Está con fiebre. No es mucha ahora, pero todavía no se mejora del todo bien. – respondió el rubio algo entristecido.

Mimi notó con preocupación que Taichi le dijo la verdad y se sintió fatal por decir todas esas cosas malas sobre Matt.

- ¿Puedo ir a verlo? – preguntó inquietada.

- Claro. – respondió Takeru con una sonrisa, que la hizo sentir peor. – Dame la caja, para que estés más cómoda. La habitación de Yamato es la que está a la izquierda, al frente de un mueble con libros.

La chica le entregó el pastel y se dirigió hacia donde le habían indicado. Ahí estaba el mueble, de madera de pino, impecablemente ordenado. Seguramente no leían mucho en la casa. Hizo una mueca y se dirigió hacia la puerta, la cual se encontraba cerrada. Primero golpeó despacito, aunque sabía que no iba a escuchar una respuesta. Entonces, tomó la manilla y la giró despacio, hasta que logró abrir la puerta.

El olor de Matt la golpeó suavemente. De pronto se sintió embelesada, mientras aspiraba el aroma distraída. La habitación era pequeña, de color blanco, con algunos poster pegados a las paredes. Al frente de Mimi había una ventana amplia, con cortinas azules, al costado derecho había un armario blanco pegado a la muralla y al costado izquierdo, estaba la cama con sábanas azules y un Yamato dormido, levemente pálido, que respiraba con dificultad. Mimi notó que junto al velador, había una silla.

Seguramente Takeru se sentó ahí a cuidar a su hermano. – se dijo en voz alta.

Decidió sentarse en dicha silla. Notó que el rubio tenía una toalla blanca pequeña sobre la frente y en el velador había un recipiente con agua fría. Tomó la toalla ya tibia y la apartó de su lugar, luego con una mano trató de verificar el estado del chico, mientras se tocaba con la otra mano su frente.

¡Yamato ardía en fiebre!

El chico abrió levemente los ojos ante el contacto. Mimi vio como los hermosos ojos azules del muchacho se veían apagados. Le entristeció verlo así. Matt giró la cabeza para verla.

- ¿Sora? – preguntó, mirándola.

Tachikawa se sorprendió. Estaba llamando a su amiga en delirios.

Parpadeó un poco, sin saber qué decir.

- No, Matt, soy Mimi. – le dijo.

Pero el Ishida no hizo caso.

- ¿Sora? – Volvió a llamarla.

- Ha estado así toda la noche. – le explicó Takeru preocupado, desde el marco de la puerta.

Mimi pegó un respingo y se giró para ver de dónde provenía la voz. ¡Dios, la había asustado! La chiquilla se volvió, para ver al hermano mayor aún con los ojos opacos, Matt trataba de tomarle la mano, cosa que la enterneció mucho.

- Tranquilo Matt, todo estará bien. – Trató de imitar el tono de voz de Takenouchi, pero no lo logró. Takaishi la miró confundido. Tachikawa le tomó la mano al rubio y le acarició la cabeza, mientras el hermano menor volvía a mojar la toalla, en un intento de bajarle la temperatura.

- ¿Sora? – hizo una pausa. - ¿Eres tú?

Mimi quería reírse. Si hubiese estado sano, ni siquiera se le habría pasado por la cabeza que esa imitación era la voz de Sora. Decidió responderle.

- Sí, soy yo…

- ¿Mimi? – TK le habló en susurro. - ¿Qué haces?

- Creo que quiere hablar con Sora. – le dijo ella, como si fuese algo muy obvio.

- Pero… - Takeru trató de replicar.

- Lo lamento… - soltó el Ishida, de una. – Por todo.

Los dos chicos se miraron sorprendidos. Yamato volvió a cerrar los ojos y a quedarse dormido. Pero su mano aún estaba atrapada entre las de Mimi.

Taichi le tomó la mano a Sora. La mamá de ésta, estaba haciendo el almuerzo, mientras se preguntaba cuándo vendría la chiquilla que llamó por teléfono.

El joven miró a su mejor amiga. Se entristeció mucho al verla pálida y le asustó al notar que la mano de ella ardía, al igual que todo su cuerpo.

- ¿Tai? – Takenouchi abrió los ojos y miró a su amigo. Le dolía todo y hacía mucho calor.

Yagami miró a su amiga sorprendido.

- Hola Sora. – le saludó enternecido. Quiso sonreírle, pero no pudo.

- Hola. – le respondió ella y cerró sus ojos por un momento. Luego abrió nuevamente sus ojos con dificultad y miró al techo. El muchacho se fijó en el bonito estampado del futon de Sora. - Y… ¿Yamato? – preguntó ella, aún observando el techo.

El joven tragó saliva. No sabía qué responderle. Hasta que entró la mamá de la chica, con una bandeja con dos platos de sopa.

Salvado por la campana…

Mimi aún tenía tomada la mano de Yamato cuando Takeru llegó nuevamente con dos tazones de sopa instantánea recién hecha. Él le pasó un plato y una cuchara, luego se sentó en el suelo a lo indio. La chica miró su sopa humeante, mientras el rubio menor ya se disponía a probar la suya.

- ¿No te gusta? – le preguntó el chico, luego de tragar su primera cucharada.

- No es eso. – le dijo. – Me pregunto… ¿qué comerá Yamato?

- Papá dejó algo de dinero, iré a comprar más tarde. – le respondió el rubio. – Papá fue el que se enfermó primero. Matt lo estaba cuidando cuando llegué.

- Pensé que estabas con tu mamá. – se sinceró la joven.

- Mamá tuvo que ir a Francia. – respondió sonriendo. – le salió un trabajo por allí y de paso fue a visitar al abuelo.

- Ah.

Mimi entonces tomó su cuchara y probó la sopa. Estaba buena y tenía gusto a camarón. Su sabor favorito. Aunque su mamá compraba otra marca.

- Takeru. – El chico la miró, con la cuchara en la boca. Ambos rieron. - ¿Tienes que limpiar la casa también? – Él asintió. – Si quieres, te ayudo a hacer el aseo, mientras tú vas de compras.

- ¡Muchas gracias Mimi! – contestó él. – La verdad es que llamé a Taichi para que me ayudara a cuidar a mi hermano. Aún no ha venido. Seguramente tenía algo que hacer ahora y vendrá a la tarde, pero… - suspiró. – Espero que llegue para no tener que obligarte a quedar hasta muy tarde.

Ella se sorprendió. Luego se levantó de su asiento y lo abrazó.

- Tú eres un hermano menor muy bueno, Takeru. – El rubio se sonrojó. – No te preocupes, si Tai no viene, no dejaré solo a Matt. Lo prometo. – y lo miró a los ojos, entonces los dos sonrieron.

- Gracias Mimi.

Entonces continuaron comiendo su sopa, en silencio.

Una vez que la mamá de Sora se llevó los platos de sopa, la chica se incorporó de su futon. Tai se sorprendió de verla ojerosa y pálida, pero le volvió a tomar la mano.

- Tai… - su nombre salió a través de un suspiro.

- Tranquila, todo va a estar bien. – le dijo, mientras seguía notando la calidez que provenía del cuerpo de ella.

- No, Tai… - Sora quería llorar. Yagami vio sus ojos cristalinos. – Yamato...

- Terminó contigo, lo sé. – Él cerró los ojos, pero estaba muy tranquilo.

- ¿Cómo lo sabes?

- Takeru me contó. – La miró a los ojos. – Si quieres, puedo ir a golpearlo. – ambos sonrieron.

- No, Tai. Pero, me encantaría poder estar delirando en este momento.

- ¡No digas esas cosas! – le recriminó. Luego la tomó de los hombros y la empujó suavemente, para que se volviera a recostar. – Tienes que estar bien para hacer que se enamore de ti, nuevamente. – la animó.

- Siento que estés aquí Tai, cuando podrías estar haciendo…

- ¡Hey! Yo elegí estar aquí. Así que no te preocupes. Ahora… descansa.

Y la chica así hizo. Musitó un "gracias" y se volvió a dormir.

Mimi se levantó de su asiento y echó un vistazo en la cocina. Estaba horriblemente desordenada, pero prefirió no hacer mucho caso. Su mamá tenía una extraña manía con la limpieza y una fobia a los gérmenes increíble, y aunque Tachikawa era muy floja con los deberes de la casa, por desgracia, su mamá le pegó dicha aversión.

Gruñó un poco. Esto era mucho peor que ser holgazana. Así que decidió por lavar los trastes y cambiar las bolsas de basura. Había harto que hacer.

Dio las gracias a TK mentalmente, pues él había ordenado un poco el living y el comedor. Así que no debía limpiar mucho por ahí.

Cuando Takeru llegó de sus compras, encontró a Mimi limpiando el mueble de la cocina, ya con los trastes lavados, y el piso encerado.

- Te pareces a mi mamá. – le dijo con gracia, mientras ella se secaba el sudor con el brazo.

Ella le sonrió. Y el rubio guardó el contenido de las bolsas en las distintas gavetas o en el refrigerador, según fuera el caso. Luego, se dirigió al baño para limpiarlo, no sin antes ir a darle un vistazo a su hermano.

Tachikawa lo siguió con la mirada, contenta. ¿Hacía cuanto habría vivido una mujer en ese apartamento? Se preguntó. Porque hacía falta una. Especialmente cuando los dos habitantes de ese hogar se enfermaban.

Decidió seguir limpiando. Esos gérmenes no se mataban solos.

Taichi miró la ventana. El cielo continuaba gris, pero había parado de llover. A Sora le había bajado la fiebre, pero continuaba durmiendo. Y se veía bonita así, por lo tanto, prefería no despertarla para preguntarle por Mimi.

O lo mejor sería no decirle nada. No quería ir a casa de Yamato ahora. Le daría mucha rabia.

Matt despertó y miró por la ventana. El cielo tenía colores naranjos y lilas. Ya no había ninguna nube, ni llovía. Se preguntó cuánto habría dormido. Somnoliento aún, se incorporó en su cama y miró a su costado derecho. En dos sillas juntas, estaban Takeru y… ¿Mimi? Dormidos.

Perplejo y sorprendido, los miró por un segundo.

- ¡Oigan! ¡Despierten! – Ambos chicos se sobresaltaron, y comenzaron a desperezarse.

- ¿Matt? – Su hermano lo miró pasmado. - ¡Despertaste! – y corrió a abrazarlo.

- ¡Oye, Takeru! – A Matt nunca le gustaron mucho las demostraciones de afecto, en público.

Mimi veía la escena enternecida. Recién notó que el pijama de Yamato era negro y se rió internamente, pensando que el único color que él vestía era… el negro.

Cuando los dos hermanos se separaron, se quedaron viendo a la castaña, quien tenía una enorme sonrisa en sus labios y los ojos cerrados tiernamente. Takeru le devolvió el gesto, pero Matt simplemente la observó, era extraño verla en su casa.

- Hola Mimi. – le saludó. Aunque la chiquilla casi le saboteó su intento de terminar con Sora, no la odiaba. Y al parecer ella tampoco, porque no se encontraría ahí en ese minuto.

- Hola Matt. ¿Te encuentras mejor? – preguntó con preocupación.

- S… Sí… - titubeó en responder. Y cuando lo hizo miró hacia la ventana. No sabía por qué, pero se sonrojó al verla ahí.

- Hermano, deberías bañarte. – Takaishi le habló. – Debes cambiarte el pijama, sino puede que vuelvas a enfermarte y mañana ya no podré cuidarte.

Mañana sería lunes.

- Ni yo tampoco. – agregó Tachikawa divertida.

Matt se sonrojó aún más. Pero ninguno de ellos lo notó. El hermano menor se dirigió a preparar el baño de su hermano mayor. Y la chica decidió abrir el clóset del Ishida, para buscar un pijama. Prefirió buscar de abajo hacia arriba, para no encontrarse con el cajón de la ropa interior. Cuando encontró la gaveta de pijamas, se decepcionó al ver que todos eran negros.

Yamato se levantó y se colocó a su lado, preocupado porque era la primera vez que una chica le revisaba su ropero y no quería que encontrara el cajón de su ropa interior. Se ruborizó ante tal idea.

¡Qué bochornoso sería eso!

Tachikawa comenzó a escarbar el cajón de los pijamas, hasta que encontró uno de dos piezas, de color celeste con estampado de huellas de patitas de perro de color azul. Seguramente Matt se vería adorable con él y no como con esos pijamas negros feos que tenía.

A Mimi nunca le convenció el negro, aunque fuese un gran neutro.

La chica tomó el pijama y se lo extendió a Matt. Él se sonrojó y ella lo notó.

- ¿Ocurre algo? – preguntó confundida.

- Ese pijama… - No sabía si decirle o no. – me lo regaló Sora. – le dijo avergonzado y triste.

¿Es que no podía dejar de meter la pata?

- Oh – Mimi bajó la mirada hacia el suelo. Sentía que se empequeñecía. Decidió buscar otro pijama negro. Pero Matt se lo quitó de las manos. - ¿Pero qué…?

- ¡Hey! Tranquila. Me lo regaló antes de ser novios. – comenzó a explicárselo, aunque no tenía por qué hacerlo. – Además, no lo use mucho.

- ¿No te gustó? – preguntó algo desconfiada.

- ¡No! - ¿Por qué ella siempre trataba de hacer las cosas más difíciles? – Me daba pena ocupar algo que ella me regaló… no… no quería que se… gastara… - Terminó admitiendo, todo rojo, desviando la mirada por la vergüenza. ¿Por qué le decía estas cosas?

Mimi se rió. ¡Qué tierno era Matt! Se dijo feliz.

- Bueno. No creo que se vaya a enterar de eso ahora, así que no tienes de qué avergonzarte. – respondió ella, aún con la sonrisa en los labios.

Yamato se sonrojó más. Pero terminó tomando el pijama y darse vuelta para ir a bañarse. Tachikawa prefirió hacer un poco de aseo en la habitación del chico. Aunque no había mucho qué hacer, sólo cambiar las sábanas de la cama.

Abrió las ventanas para que la pieza se ventilara y matara algunos gérmenes. Rió maquiavélicamente dentro de su mente, mientras pensaba en criaturas viscosas moribundas y con ojitos en forma de cruz. Y le empezó a quitar las sábanas a la cama de Yamato, cuando llegó Takeru.

- Disculpa Mimi. No quiero ser indiscreto, pero… ¿Qué es esa caja que traías contigo esta mañana?

La chica sólo lo miró.

- Un pastel. – respondió con toda la tranquilidad del mundo.

Taichi se alegró al ver a Sora abrir los ojos nuevamente. Aún tenía su mano tomada, y descubrió feliz de que su temperatura había descendido.

- Hola Tai. – Volvió a saludarlo la pelirroja.

- Hola Sora. ¿Estás mejor?

- Sí. – Ella le sonrió. Y se reincorporó.

La mamá de la joven entró a la habitación, preocupada.

- Hija, ¿estás mejor?

- Sí, mamá.

- ¡Qué bueno! – exclamó con alegría la señora. – A propósito, una amiga tuya llamó en la mañana. – Yagami se sorprendió. Se había olvidado de Mimi.

- ¿Una amiga?

- Si. – respondió Tai. – Fue Mimi. Me la encontré afuera de la casa. – Tanto Sora como su mamá se sorprendieron. – Le dije que yo te vería primero y que después la iba a llamar cuando estuvieras mejor.

Sora se sorprendió, pero prefirió no decir nada. Su mamá no sabía que había terminado con Yamato y no quería hablar de eso ahora.

- Ya veo… - dijo la pelirroja sin saber qué decir realmente.

- Si quieres, la llamo y…

- No. Prefiero verla mañana. – Taichi miró a Sora y supo que no estaba enojada. ¡Qué bueno! Mimi estaría contenta.

- Está bien.

- Por cierto Tai… - habló la señora Takenouchi. – Esa caja que trajiste, ¿qué es?

Taichi olvidó que ese pastel era su desayuno. Tragó saliva.

- Un pastel… para Sora. – respondió nervioso.

- Entonces, ¡vamos a servirlo! – agregó entusiasta la señora y se dirigió a la cocina.

Minutos después llegó con una bandeja en la cual traía dos pedazos generosos de pastel y dos vasos con jugo de naranja.

Cuando le pasó su porción a Sora, ella notó con gusto que el pastel era de chocolate. El sabor ideal para pasar las penas de amor, pensó tristemente. Pero luego miró a Taichi, quien comía con unas ganas, que prefirió olvidar todo por esa tarde. Y decidió unírsele.

Cuando Yamato entró a su habitación nuevamente, vio como Mimi acolchaba las almohadas de su cama, para hacerlas parecer más mullidas.

Eso había que grabarlo. En el Digimundo nunca vio a Mimi hacer algo como eso. Sonrió.

Se fijó en su cama que se veía muy cómoda así. Las sábanas que había encontrado Mimi eran blancas con bordes celestes. Y la arregló como si la hubiese sacado de una revista de decoración. Además su pieza tenía olor a desodorante ambiental, con aroma a lavanda.

El desodorante ambiental mata gérmenes también. – dijo Mimi, cuando vio a Yamato tomar el frasco del desodorante.

El rubio asintió. Eso lo decía la etiqueta. La chica se apartó, para que él pudiese acostarse.

- Te pareces a mi mamá. – habló, de pronto. Como si no encontrase algo más que decir.

Ya eran dos veces que se lo decían. Mimi quiso decir algo, pero llegó Takeru con los trozos de pastel y un poco de té.

- Hermano, Mimi hizo este pastel para ti. – le dijo el chico, sonriendo.

Y los dos mayores se sonrojaron.

Si Yamato supiera que ese pastel era para Sora, quedaría la grande… Se dijo Mimi, divertida. Y aceptó su trozo, gustosa.

Matt tomó su pastel y dejó su té en el velador. A él no le gustaban mucho los pasteles, de hecho, no le gustaban las cosas dulces en general. Pero no importaba mucho ahora. Tenía hambre.

Ambos decidieron esperar a Takeru. Y cuando él llegó, con su porción, decidieron probarlo.

Tachikawa esperaba que no le hubiese quedado malo. Era la primera vez que cocinaba un pastel.

- ¡Está bueno! – exclamó Takaishi.

- Sí, pero la masa del bizcocho está un poco dura. – dijo más despacio Ishida.

- Bueno… es la primera vez que hago uno… - se excusó Tachikawa.

Ambos rubios se sorprendieron. Y el menor miró enojado a su hermano mayor.

- Aún así está bueno… - le dijo Matt.

- Muchas gracias.

- Mimi.

- ¿Sí, Takeru?

- ¿Por qué trajiste un pastel? – preguntó curioso Takaishi. – Digo, no es necesario.

Ambos rubios la miraron, expectantes.

- Pues… - Mimi hizo una pausa, para crear algo de ambiente. – Porque con un pastel se pasan las penas de amor. – respondió divertida.

Y los tres comenzaron a reír.

oxoxoxoxoxoxoxoxo

Hola chicos y chicas =D Antes de empezar, quiero agradecer a Mega y a Bloody-Rose-Sayo-Yuuki por sus comentarios n-n

¿Y? ¿Qué tal? La verdad, quiero comentarles una anécdota: en mi país se puso a llover torrencialmente igual que en este fanfic! Fue muy gracioso, porque estamos en pleno verano y están todos preocupados por el tiempo, pues granizó, hubo tormentas eléctricas y pues llovió torrencialmente, el miércoles y el jueves, y hoy un poco también. Y pues, yo también caí enferma, al igual que Sora y Yamato xD Fue muy anecdótico. Ahora estoy esperando que mi novio me venga a ver :3

Pero ahora sí, qué opinan? Estoy tratando de reivindicar la imagen de Matt, para que Mimi se pueda fijar en él. Y parece que no es tan difícil jajaja. Bueno chicos, yo me voy a acostar, ojalá que les agrade este nuevo capítulo y nos sigamos leyendo! Un beso! Arashi.