Hola chicos y chicas! aquí traigo el tercer capítulo de este fanfic. Ojalá les guste! Déjenme recordarles que Digimon no es mío D: y que por eso mismo, tomo los personajes prestados para hacer esta historia. En fin... Enjoy it!
Capítulo Tres: Cuando los mejores amigos decidieron entrometerse.
Cuando los chicos terminaron de comer, Takeru se apresuró a retirar los platos sucios. Quería dejar limpio rápidamente.
Mimi y Yamato se miraron al encontrarse solos.
La chica notó que su amigo volvía a ser Yamato Matt Ishida, el joven más frío e indiferente de Odaiba, de a poco.
- Mimi. – la voz del rubio la desconcentró. - ¿Por qué estabas ahí ayer? - No la estaba encarando, pero sonó como si lo estuviese haciendo.
Ambos sabían a qué se refería el rubio. Mimi se mordió el labio inferior. La verdad es que quería hablar con Sora primero. Sentía que si le respondía, la estaba traicionando o algo así.
Tragó saliva levemente nerviosa.
- No quería que terminaras con Sora. – Bueno, era lo único que podía decirle. Y era la verdad. – No… Creo que no debiste hacerlo.
Bueno, ahí estaba. Le dijo lo que quiso decirle ayer en la tarde, si hubiese tenido más autocontrol. Y no le hubiese pegado la cachetada…
O quizás trataba de explicar esa bofetada.
Yamato se sorprendió. No lograba entender a esa chiquilla. Claro, siempre pensaba que actuaba y decía cosas sin pensar. Y en ese minuto sus teorías fueron aprobadas. ¿Qué sabía Mimi sobre sus sentimientos? Al parecer nada. Ni tampoco pensaba en ellos. Sólo pensaba en los de Sora. Extrañamente, se sintió dolido. Pero no se lo hizo ver, obvio. No necesitaba su preocupación ahora.
Tachikawa no sabía qué decir. Cuando Yamato se ponía serio, no sabía, ni nunca supo, qué hacer con él. La ponía incómoda. Y se notaba. Comenzó a jugar con sus manos, nerviosa. Y bajó su mirada al suelo. Sentía la mirada azul del joven como si la quemase. Como si fuese una hormiga que era incinerada con una lupa.
Matt decidió calmarse y apartó la vista de ella. Miró por la ventana.
- Yo no estoy arrepentido de lo que hice. Y espero seguir así. – Sólo quería aclarar las cosas. Que ella dejara de pensar en Sora como la gran víctima aquí. – Y también espero que Sora esté de acuerdo conmigo… más adelante.
Mimi levantó la cabeza y nuevamente se encontró con los ojos azules de Matt. Su mirada ahora la estaba congelando en nervios. Parecía que la quería pegar a la silla con la vista. Y ella no pudo apartar sus ojos de los de él. Así notó que no estaba mintiendo. Y eso le apenó mucho más. Por Sora.
Continuó jugando con sus manos. Mientras Ishida miraba por la ventana. Un silencio incómodo se instaló en la habitación.
De pronto, Mimi se levantó de su asiento. Visiblemente tensa, se acercó hasta el marco de la puerta. Y se quedó ahí, cómo si no supiese a dónde dirigirse. Yamato sólo la miró curioso.
- Voy a ver si Takeru necesita ayuda. – Salió de la habitación, pero se encontró con el otro rubio.
- No es necesario Mimi.
El hermano menor le sonrió y se dirigió hacia la habitación de Matt con Mimi, quien sorprendida y asustada, lo siguió. Takaishi miró su reloj de pulsera. Ya era tarde.
Yamato continuaba mirando por la ventana. Estaba oscuro. Mimi miró por la ventana que tenía al frente suyo, notó exactamente lo mismo. Su madre la mataría.
- ¿Qué hora es? – preguntó la muchacha, preocupada. Se estaba tragando todos sus nervios a lo más hondo de su ser.
- Las nueve. – respondió Takaishi.
- ¿Qué? – chilló. Bueno, no podía aguantarse tanto.
Ishida los miró preocupado. Se levantó de su cama y se acercó a los dos chicos.
- Matt no deberías levantarte. Podrías recaer. – sugirió Mimi.
Pero sólo lo dijo casi por compromiso. Porque la imagen de Yamato en pijama de patitas de perrito ya no parecía adorable. Sin embargo, sintió que la dejaba sin aliento.
Tragó saliva.
- Takeru, ve a dejar a Mimi a su casa. Yo estaré bien. – ordenó Ishida, sin hacer reparos en el comentario de la muchacha.
- Está bien, hermano.
- Pero Matt… – quiso replicar Tachikawa, no obstante Matt no la dejó.
- Tranquila Mimi, estaré bien. Además, mañana nos veremos en la escuela.
No era una sugerencia, era una afirmación. Yamato le sonrió, como si estuviera alardeando. Mimi, algo incómoda, le devolvió el gesto. Al parecer iba a penarla por el resto de su vida por su reciente conversación.
El rubio se despidió de la chica y los fue a dejar hasta la puerta. Takeru y Mimi marcharon en medio de una noche muy fría y oscura.
Taichi miró el reloj que estaba en una pared de la habitación de Sora. Decidió irse. Era tarde y Sora ya estaba bien. Además, parecía que el pastel de chocolate le había devuelto el ánimo.
- Sora, debo irme.
Takenouchi miró a su amigo.
- Está bien, ya es tarde.
Yagami sonrió gustoso.
- ¿Irás mañana al colegio? - preguntó el castaño, por saber.
- Sí. Ya me siento mejor. Muchas gracias por venir, Tai. – El rostro de Sora se iluminó en agradecimiento.
El chico se sonrojó levemente. Pero agradeció que Sora no se diera cuenta. Se levantó del piso e hizo un gesto de despedida con su mano, su amiga lo imitó. Luego, se giró y caminó hasta la sala de estar, donde estaba la madre de Sora, le anunció que iba marchando y se despidió. Se abrigó bien y comenzó a caminar hasta su casa.
Cuando eran exactamente las siete de la mañana, Mimi despertó. Un rayo de sol se coló por su ventana y le iluminó la cara, despertándola. Se desperezó y se levantó a correr las cortinas, viendo un hermoso e imponente sol ante ella.
Porque después de una tormenta siempre sale el sol.
La chica sonrió. Y buscó su uniforme para ir a la escuela. Luego de colocárselo, fue hasta la cocina para desayunar. Saludó a su madre, quien ya le tenía hasta su almuerzo preparado, pues Mimi odiaba la comida de la cafetería del instituto.
Al terminar de comer, se despidió de su madre y partió hacia su colegio.
Durante el camino, recordó que ayer Taichi no la había llamado. Seguramente Sora aún no quería hablar con ella. Rogaba al cielo de que no fuese así.
- Tengo que hablar con Sora, hoy. – dijo en voz alta, a sí misma.
Divisó la estación de metro. Su nuevo apartamento quedaba algo alejado del centro, al igual que el de muchos alumnos de su escuela, pues cerca de ese lugar, veía a muchos jóvenes con su mismo uniforme, el cual era para los varones: un saco verde, con pantalones grises, una camisa blanca y una corbata negra. Y para las mujeres: una chaqueta verde, con falda del mismo color, una blusa blanca y corbata negra.
Mimi agradecía que el uniforme de la escuela no fuese el típico de marinera. Después de todo, pasó mayor parte de la secundaria en Estados Unidos, donde los chicos no utilizaban uniformes, a menos que fuese una academia privada.
Pagó el pasaje del metro y caminó hasta el andén. Debía bajarse en dos estaciones más y caminar. Nada complicado, pues sabía que podría perderse. El vagón iba lleno, así que se fue de pie, sujetándose a una manilla, mirando por la ventana. El sol seguía resplandeciente, como nunca, y ninguna nube gris amenazaba con acercarse. Amaba esos días.
Le tocó bajarse. Así hizo y salió del andén, junto con un gran grupo de chicos que iban a su instituto. Algunos iban a segundo año, otros iban en último año y muy pocos eran de primero. Mimi sonrió, los chicos de primero eran conocidos por ser bastante flojos e impuntuales.
Caminó por la calle hasta encontrarse con el enorme edificio de su escuela. Era amarillo ocre, de cuatro pisos, con rejas blancas. Tenía un gran patio, con áreas verdes y al frente una pileta. Por atrás estaban las canchas de fútbol, basquetbol, tenis y muchos deportes más. Mimi lo sabía bien, porque cada vez que iba para atrás de la escuela se convertía en imán para pelotas de distinto tipo.
Entró a su instituto y subió hasta el cuarto piso. Donde estaban dos salones para los de segundo año y las tres salas para los de tercero. Buscó la sala 2-d, la cual estaba al lado de la escalera, corrió la puerta y entró. Ya había algo de movimiento, con la vista buscó a Koushirou Izzy Izumi, su compañero de clases y banco.
Tuvo suerte de que llegó al mismo salón que al de Izzy.
Pues ahí estaba el pelirrojo, con su computadora portátil encendida, haciendo quién sabe qué cosas. Mimi sonrió, él nunca cambiaría. Se dirigió hacia él y se sentó en el banco que estaba a su lado. Izzy no era de los chicos que se sentaban en la ventana, sino que lo hacía al lado de la muralla, justo atrás de la segunda salida de la sala.
- Hola Mimi. – murmuró el chico, aún con los ojos en la pantalla de su notebook.
- Hola Izzy. ¿Cómo estás? – A Mimi le encantaba hacer conversación.
Koushirou supo que ya no podría prestarle atención a su computador, así que decidió apagarlo y darse vuelta, para ver a Mimi.
- Pues, bien gracias. ¿Y tú?
- ¡Bien! ¡Al fin dejó de llover! – Tachikawa parecía contenta.
Izzy se rió. Ella era muy entusiasta.
- La lluvia no es tan mala. – dijo aguantándose la risa. - ¿Y qué tal tu fin de semana?
Su amiga hizo una mueca. Soportar a Yamato y a Sora todo ese fin de semana fue de locos. ¿En qué se había metido?
- No quiero hablar de eso ahora. – respondió la chica, mirando hacia otro lado.
No es que no confiara en Izzy, pero prefería hablar con Sora. Esta vez sí lo haría, lo juraba por su mamá.
- ¡Oh! Bueno… - Izzy ya sabía que con una Mimi triste o enojada había que cambiar los temas de conversación rápidamente. – Pues, yo fui al cine, a ver "El Exorcismo de Emily Rose" con Aizawa.
- ¿Con Sakura? – El chico sonrió, su amiga era muy buena para chismorrear. - ¿Nuestra compañera?
Aizawa Sakura fue la primera chica que le habló a Mimi cuando llegó al colegio. Y era amiga también de Koushirou.
- Ella misma. Al parecer iba a ver la película con un primo, pero él se enfermó por la lluvia. Me la encontré cuando pasé por el cine, porque debía ir a comprar unas cosas. Así que me invitó.
- ¡Uy! En seriiiioooo… - Mimi miró pícaramente a Izzy. No sabía que a él le gustara su compañera de clases.
- ¡Mimi, no me mires así!
- Así ¿cómo? – Se hizo la inocente. Pero era divertido molestar a Koushirou.
Izumi dio vuelta la cabeza, pues se había sonrojado. ¿Por qué le contó eso? Se le olvidaba que Mimi nunca preguntaba por la película, sino por la acompañante.
Justo en ese minuto una chica de cabello y ojos negros se sentó delante de Izzy. Era, precisamente, Aizawa Sakura. Llevaba una coleta alta y era de tez clara.
- Hola chicos. – saludó, dándose la vuelta en su asiento, con una sonrisa.
- Hola Sakura. – respondió Mimi, riéndose aún de Izzy. - ¿Qué tal la película? – preguntó, más para burlarse de su amigo que por interés.
- ¡Era muy buena! Tú sabes que a mí me gustan las películas de terror. – Mimi asintió. – Deberías verla, ¿cierto Izumi?
El chico se sonrojó un poco, pero asintió. Podía sentir la mirada de burla de la castaña. ¡Qué bochornoso!
De pronto, alguien entró al salón y todos se quedaron callados. Era el profesor Tanaka, un hombre joven, que usaba gafas de marco negro, tenía el cabello y los ojos negros y era un poco más alto que el común de los japoneses. Todos los chicos se quedaron callados. El profesor saludó y todos respondieron.
- Chicos, la primera hora la tendrán para estudiar. Todos los profesores tenemos reunión ahora. Estudien, porque a la siguiente hora tendremos una interrogación.
Y luego el hombre salió, hecho un bólido. Al parecer había ocurrido algo malo.
Algunos muchachos comenzaron a levantarse de sus asientos. Sakura los imitó y fue a hablar con algunas chicas que estaban reunidas comentando una revista de moda. Mimi e Izzy se quedaron sentados.
- Así que una película con Sakura, ¿eh?
- ¡Mimi! – replicó Izumi avergonzado. – Sólo me la encontré, no es para tanto. No fue una cita ni nada de eso.
- ¿Ah no?
- ¡Mimi! – El chico se limitó a soltar el aire que tenía retenido. Iba a vengarse, pero descubrió que Tachikawa tenía la vista pendiente en otra cosa. - ¿Qué ocurre?
Tachikawa se dio vuelta y le indicó que se callase. Luego miró hacia su izquierda, donde unas cuatro chicas parecían cuchichear. Izumi las reconoció, eran unas grandes fanáticas de los Teenage Wolves, la banda de Yamato. De hecho eran fans de Ishida. A veces se las había topado en los conciertos de su amigo. Pero eso no importaba, claro. Mimi parecía concentrada en la conversación que ellas tenían.
- Chicas ¿lo vieron? – una pelirroja parecía hablar como si el mundo se fuese a acabar. – Yamato no llegó junto con su novia.
- ¿Esa tonta? – preguntó otra. Los dos digielegidos se enfadaron ante tal calificativo, pero no iban a reclamar nada, no les correspondía pues estaban husmeando en la conversación.
- ¿Qué habrá pasado? – Ahora una rubia preguntó. Parecía preocupada.
- Al parecer, discutieron. – respondió la pelirroja, con aires de autosuficiencia. – Según Jun-sama, la bruta le fue infiel a nuestro querido y amado Yamato.
- ¡Ay, no! – Las tres chicas restantes suspiraron. Y comenzaron a discutir quién debía consolar al pobre de Yamato-kun, como le decían.
Izzy miró a Mimi, preocupado. Tachikawa le devolvió la mirada.
- ¿Sora y Matt pelearon? – preguntó el joven, incrédulo.
La chica se acercó a él, lo suficiente para poder hablar tranquilos, sin que nadie los escuchara. Y habló en susurros.
- Sora y Yamato terminaron. – Koushirou no lo podía creer. – Terminaron el sábado por la tarde.
- ¿Y por qué?
¡Bingo! Con tanto caos, nadie se detuvo a pensarlo.
- No tengo idea. – respondió Mimi sinceramente. – Pero terminaron.
Insisto, Izumi no lo podía creer. Miró hacia donde estaban las cuatro fans de Yamato, quienes seguían chismorreando. Si ellas ya estaban sacando conclusiones… ¿Cómo estaría el ambiente en el salón de los de tercer año?
Taichi llegó primero que Sora y Yamato a su sala de clases, algo muy poco común. Ellos ya estaban en último año y continuaban en el mismo salón. Era muy anecdótico. Se sentó en su banco y uno de sus amigos del club de fútbol se sentó a su lado, a jugar tres en línea, mientras llegaba el profesor.
Sora llegó después y se encontró con Taichi jugando con un compañero. Suspiró, el asiento al lado de Tai pasaba generalmente vacío, pues el dueño de ese asiento, se retiró del colegio antes de terminar el primer semestre.
Takenouchi se acercó a su propia butaca, justo detrás de Yagami y… al lado de Yamato. Claro, a principios de curso nunca pensó que iban a terminar.
La pelirroja saludó al chico castaño y se sentó. Sacó el cuaderno de su primera materia y esperó a que el rubio de su ex novio se dignara a aparecer.
Hasta que escuchó como las chicas de su clase murmuraban cosas a su alrededor, sobre ella y Matt. Las reconocía. Eran seguidoras de su ex novio. Fanáticas que siempre la miraban con envidia, cada vez que se las encontraba y no parecían entender que él no las iba a tomar en cuenta más allá de la relación artista-fan.
Ahora ellas parecían felices, expandiendo chismes y bromas a costa suya. Al parecer ella le fue infiel a Yamato con cincuenta tipos que ni siquiera conocía y el pobre Ishida tenía una enfermedad terminal. Miró hacia el suelo, tratando de evitar las lágrimas. ¿Por qué era Yamato la víctima aquí?
Cuando su profesor entró, notó que tenía los puños completamente apretados y se estaba enterrando las uñas en la palma de la mano.
- Jóvenes, tienen la primera hora para estudiar en silencio. Los profesores tenemos una reunión. Las clases… - Alguien abrió la puerta de pronto. Era Yamato, con su típica pose de rebelde. – Vaya, señor Ishida. ¿Qué le pasó? ¿Se le quedaron pegadas las sábanas? – El profesor se permitió molestarlo. El chiquillo podía ser bastante insolente cuando quería. – Siéntese.
El rubio le hizo caso y ante la mirada de todos sus compañeros, se sentó al lado de… Sora.
- Como iba diciendo, tienen esta hora para estudiar. Tendrán interrogación a la segunda hora. ¿Señor Fujiwara, puede sentarse en su lugar? - Era una orden para el chico que estaba sentado al lado de Tai. – Nos vemos a la segunda hora.
Y el hombre partió rápidamente de la sala.
Taichi continuó jugando tres en línea, a pesar de que su amigo se había cambiado de puesto. Después de todo, era su turno. Sin ser consciente de la gran batalla de voluntades atrás suyo.
Pues, tanto Sora como Yamato habían puesto sus ojos en el asiento continuo a Tai…
El rubio miró a su ex novia y supo que estaban pensando en lo mismo. Uno de los dos debería cambiarse de puesto. Era obvio, no iban a estar juntos desde ahora.
- Sora, tenemos que hablar… - Comenzó el rubio, en un susurro.
- ¿Qué pasa? – La pelirroja trató de sonar lo más fría que pudo. - ¿Por qué no estás gritando? ¿Acaso no necesitas que todos se enteren de que terminamos? – Lo provocó.
- ¿Qué? – preguntó extrañado el rubio.
- Eso Yamato. ¿No necesitas un testigo para que sepan que te fui infiel con cincuenta tipos? ¿No te suena conocido eso?
- ¿De qué hablas Sora?
- Eso mismo te quiero preguntar Ishida. ¿Por qué dices que yo te fui infiel? ¿No es una forma de esconder lo que tú hiciste? ¿Me fuiste infiel Ishida? – preguntó Sora, con rabia.
Yamato estaba más perdido que nunca. No tenía idea de qué diablos hablaba Takenouchi.
- ¿Qué quieres decir?
- Lo que dije Ishida. ¿Me fuiste infiel? ¿Por eso necesitaste un testigo para terminar conmigo? – La voz de Sora parecía sonar cada vez más fuerte. Y Yamato no quería que ninguna de sus fans se enterasen que estaba soltero. – O… ¿Es que acaso es Mimi con la que me engañaste todo este tiempo?
What the Hell!
- ¡Es que estás loca! – Yamato estaba perdiendo los estribos. Con pesar notó que Sora no se molestó en conocerlo ni un ápice en sus casi cuatro años de relación. – Sora, yo nunca te engañé.
- ¿Ah, sí? Pruébalo Ishida. Porque la manera en la que terminamos no fue normal. Con una testigo entre medio. ¿Es que acaso necesitabas correr el rumor? ¿O era Mimi la que necesitaba saber que terminamos?
Yamato se indignó. Taichi, escuchó, incrédulo. En la mente de ambos muchachos estaba la misma pregunta: ¿Por qué estaba Mimi en esa conversación?
- ¡No metas a Mimi en esto! ¡Ella no tiene nada que ver!
- ¡Es que no lo entiendo Ishida! Ni siquiera tuviste el valor de decirme por qué terminamos. Sólo te dignaste a trapear el piso conmigo frente a mi mejor amiga.
- ¿Acaso querías que te lo dijera frente a Mimi? - preguntó el rubio a punto de perder la paciencia. Dentro de poco iban a comenzar a gritarse y eso sería horrendo.
Taichi escuchaba toda la discusión en vivo y en directo, casi asustado. Se preguntaba si sus demás compañeros podían oír a la feliz pareja discutir. Tragó saliva. Necesitaba detener esa pelea ahora mismo, o si no quedaría la grande… ¡Sería como esas discusiones de las telenovelas que su mamá veía al almuerzo!
- No lo sé. Después de que me cortaste al frente de ella, ¿no se te ocurrió? – La ironía brotaba de la pelirroja como si hubiese nacido con ella.
Yamato trató de respirar. Trató de tranquilizarse. Porque no podía ponerse a gritarle a su ex ahí en medio de un salón de clases. Aunque Sora le daba grandes motivos para reprochar un millón de cosas que en esos cuatro años se tragó por su "amor" hacia ella. Si no fuese mujer, le habría dado un buen puñetazo.
- No lo sé ¿Es que no se te ocurre una mejor manera de encararme el cómo terminé contigo? – Matt también podía jugar a ese juego.
Yagami se estaba hartando. Faltaba que Sora estuviese embarazada y reclamara que el bebé no era de Matt o algo así. Miró su cuaderno, con el tres en raya. Era lo único que podía hacer.
- Chiiicos. – Extendió la palabra lo más que pudo, como si con ello representara una bandera blanca de paz. - ¿No quieren jugar? - ¿Por qué mierda se le había ocurrido decir eso? ¡Ah, sí! Necesitaba distraerlos.
La pareja feliz miró a Taichi, ambos de la misma forma, como si quisiesen matarlo con la mirada. Varios escalofríos recorrieron la espalda de Tai en menos de un segundo.
- ¡CÁLLATE TAICHI! – gritaron al unísono. Y todo el salón se dio vuelta a verlos.
Sora y Yamato se quedaron mirando muy feo, mientras Yagami se daba la vuelta. Taichi no supo cómo, pero su profesor apareció, explicando que ya estaban en la segunda hora y… que no habría recreo.
¡Qué larga iba a ser su mañana! Pensó, mientras se hundía en su pupitre.
Cuando tocaron el timbre del recreo, Mimi e Izzy se levantaron de sus asientos y se dirigieron a la cafetería. Habían tomado la costumbre de almorzar junto a sus amigos digielegidos en el casino. Aunque la única que llevaba almuerzo era Tachikawa.
Como los profesores decidieron que no habría recreo para nadie, la mañana había sido muy larga para todos. Pero gracias al Cielo ya había terminado y era hora de almorzar.
Izzy se separó de Mimi, para hacer la cola para conseguir su almuerzo. Tachikawa era la encargada de encontrar una mesa para los cinco. Tuvo suerte esa vez y encontró una limpia y cerca de la salida. Se sentó en uno de los asientos y esperó.
Luego de unos minutos, Koushirou llegó con su bandeja y un par de minutos más llegó Taichi. Los dos de segundo se extrañaron, Sora y Yamato no se veían por ninguna parte.
Ishida tomó su bandeja y se sirvió el menú del día. No se fijó que Takenouchi iba justo detrás de él. Ambos se acercaron a la mesa y sin querer se sentaron de frente. Quedando Sora al lado de Tai por un lado y Matt, Mimi e Izzy por el otro.
- Hola chicos… - saludaron los dos menores, visiblemente tensos, al ver que la pareja feliz quedó sentada frente a frente.
Taichi los miró y suspiró. Había olvidado que ellos almorzaban juntos. Estaba hastiado, pues toda esa mañana Yamato trataba de hacer conversación ante una despechada pelirroja que le sacaba en cara todo el quiebre de su relación. Fue la mañana más desagradable de su vida y estúpidamente NADIE se dio cuenta que algo ocurría, pues los muy bastardos del Sorato parecían discutir en susurros que solamente él podía oír.
- Diiioooos… - suspiró Tai. Estaba cansado de oír la misma conversación.
- Izzy, ¿y cómo era la película? – Mimi notó que Yagami parecía cansado de ver a la parejita del año, así que decidió hacer conversación. Izumi se le quedó mirando confundido. Pero prefirió responder. Había notado como la atmósfera se volvió tensa.
- Bien, ¡tenía unos efectos especiales muy buenos!
- ¿Qué película fuiste a ver? – preguntó el castaño.
- "El Exorcismo de Emily Rose"
- ¡En serio! Yo quiero ir a verla…
Los tres chicos comenzaron una conversación referente a la película. Pero ni Sora ni Yamato parecían interesados en participar. Estaban muy ocupados comiendo.
O por lo menos así estaba la pelirroja. Porque el rubio miró a sus amigos. Estaban entretenidos en su conversación de la película. Miró al frente suyo, su ex comía tranquilamente un poco de arroz con carne. Matt no podía probar bocado. Todas las discusiones con Sora lo dejaron tenso, pero tenía que aclarar las cosas o a este paso iría directo al manicomio.
- Sora… - susurró el rubio, pensando en no aguarle el almuerzo a sus amigos.
- ¿Qué quieres? – preguntó la chica, fríamente.
Y aquí vamos…
- Tenemos que hablar…
- No me vengas con tu diálogo de película porno barata…
¿Qué mierda…?
- No tenemos nada que hablar. – Sora había sido clara. O trataba de serlo. No quería tener ningún contacto con el rubio hasta la graduación. O hasta el fin del mundo.
Yamato miró al techo, como si pidiese paciencia. ¿Cómo la aguantó con ese humor de perros que ella tenía?
- ¿No querías saber por qué terminamos? – Continuó Ishida, como si no hubiese escuchado nada.
- ¡Ah! ¡Ya entiendo! Taichi te parecía poca cosa como testigo, ¿no? - ¿Por qué mierda salía con lo del testigo? – O… ¿es por qué está Mimi?
- ¡Mimi no tiene nada que ver con esto!
- ¿O Izzy? – preguntó con fingida inocencia, sin tomar en cuenta la réplica anterior de Matt. Estaba burlándose de él. Entre líneas estaba acusando una supuesta homosexualidad.
Tanto Taichi, como Mimi y Koushirou se quedaron callados. Habían escuchado el último diálogo de susurros. Todos los hombres en esa mesa se mostraron incómodos. Mimi dejó sus palillos para comer encima de su bentou y miró hacia el suelo.
Sora no iba a hablar con ella nunca… Pensaba que ella era amante de Yamato…
Trató de aguantarse las lágrimas… Ése era un tema delicado…
- ¿Sora puedes dejar de hablar del puto testigo? – Yamato estaba perdiendo toda su divina paciencia…
- ¡No Ishida! ¡No lo voy a olvidar! Porque yo ni siquiera pedí que Mimi estuviera ahí cuando tú me cortaste. ¡Y aún así lo hiciste al frente de ella, como si ni siquiera te importara lo que yo pensara! – Lentamente el volumen de la voz de la pelirroja fue en aumento. Hasta llegar a los gritos. - ¡Yo ni siquiera quería que mis amigos se enteraran! ¡Y con qué me encuentro! ¡Con que Taichi, Hikari, Takeru y ahora Koushirou lo saben! ¿Qué quieres que piense entonces Ishida? ¡A ti te convenía que esto se supiera!
Sora y Yamato ni siquiera se daban cuenta de que sus amigos estaban escuchando toda su discusión.
Taichi agradecía a Dios que a esa hora estaban todos gritando y nadie escuchaba ese escándalo.
- ¡Admítelo, tú me engañaste con Mimi!
La aludida se levantó de su asiento. ¡No podía aguantar todo eso! Tanto Taichi como Koushirou se la quedaron viendo, comprensivos. Se notaba a leguas que iba a llorar a mares en ese minuto. Y la feliz parejita ni si quiera se daba cuenta.
- Mimi… - susurró Tai preocupado. E Izumi le tomó la mano, para hacer que se volviera a sentar.
- ¡Ni siquiera te engañé con mi vecina, esa de la que estabas tan celosa porque según tú me miraba con otros ojos! ¿Cómo lo voy a hacer con Mimi? – encaró Yamato, ya hastiado. ¿Dónde estaba el botón de apagado de la boca de Sora?
- ¡Entonces ella conoce a esa maldita bastarda! – gritó Takenouchi ya con la cara deformada de la rabia.
- ¡No! ¡No la conozco! – respondió Mimi, ya harta. Mientras se trataba de tragar todas las lágrimas.
Tanto Sora como Yamato se sorprendieron de ver a Tachikawa levantada de su silla, con la cara llena de lágrimas pero con una mirada llena de ira y… ¿rencor?
- ¡Sora, entiendo que estés despechada! – Comenzó la castaña, cruzándose de brazos. - ¡Pero si vas a hacer una acusación como ésa, al menos dame tus pruebas! – Tomó aire, para no colocarse a llorar ahí mismo. - ¡Por qué lo que estás diciendo es muy grave!
Takenouchi miró a su amiga muy enojada, pero eso no la movió de su posición.
- ¡Y qué si las consigo! – preguntó desafiante la pelirroja.
¡Ok! ¡Eso era suficiente! Pensó Ishida.
- ¡Preséntalas entonces! – El lado más arrogante de Yamato salió a la luz.
- Entonces… - Mimi iba a sugerir algo, pero Taichi la interrumpió.
- ¡CÁLLENSE DE UNA MALDITA VEZ! – gritó Yagami, ya harto.
Todos ahí miraron a Taichi. Parecía que el grito le había salido del alma.
- ¡Estoy harto! ¡Si van a encararse, mejor háganlo en privado porque no tengo tiempo de escuchar su estúpido diálogo de telenovela barata! – El castaño se notaba irritado. - ¡Sora! Si no quieres que tus amigos se enteren, me importa un soberano pepino, porque yo les diré igual. Así que acostúmbrate a la idea de que se van a terminar enterando todos. – Taichi bajó levemente el volumen de su voz. - ¡Matt! Deja de aclarar las cosas con Sora, porque está horriblemente despechada y por si no lo has notado, no llegarán a ningún arreglo por esto. – El rubio miró hacia otro lado. - ¡Ahora cállense, que quiero comer tranquilo! – dicho esto, tomó sus palillos y comenzó a comer. Luego miró a Mimi, quien aún estaba de pie, aguantándose las ganas de llorar. – Mimi, será mejor que te sientes… - sugirió ya más calmado.
Tachikawa le hizo caso. Sin embargo, apenas se sentó, tanto Sora, como Yamato se levantaron de sus asientos y aludieron que iban a comer con otras personas. Y se marcharon por caminos opuestos.
- Mimi, toma. – Koushirou le acercó una servilleta y un vaso de jugo. La chica necesitaba azúcar ahora o iba a terminar explotando en llanto.
A Tachikawa le corrieron varias lágrimas por las mejillas. Pero seguía aguantándose el llanto. Se limpió los ojos con la servilleta que le pasó Izzy y bebió algo de jugo.
Los dos chicos la miraron aún tensos por lo que pasó.
- Tranquila Mimi – Comenzó Taichi. – Creo que deberías hablar con Sora más tarde.
- Sora me odia, Tai… - Mimi parecía ida.
- Pero no entiendo ¿por qué te metían a la conversación? – Fue Izumi quien habló.
- Yo estuve ahí cuando Sora y Matt terminaron. – Mimi miró al suelo y continuó llorando, en silencio.
El pelirrojo se quedó sorprendido. Pero no dijo nada. No valía la pena.
- Vamos a tener que hablar de eso después… - dijo el castaño, restándole importancia al asunto.
O trató de hacerlo, porque esa conversación era clave… Pero no quería asustar a Mimi con sus palabras.
- Tai, ¿tienes mucha hambre? – preguntó la única chica ahí.
Ella sabía que él único que comía de más ahí era Yagami.
- Si. – respondió sonrojado el aludido.
- Te doy mi almuerzo. – Se levantó de su asiento. – Voy a ir al baño. Izzy, nos vemos en clases.
Mimi parecía ida. La discusión la había afectado mucho. Tanto Izzy como Tai se quedaron mirando el bentou lleno de arroz con camarones, perfectamente decorado y casi intacto. Luego se miraron preocupados. Ambos esperaban que no se reunieran todos los digielegidos ese día.
Cuando terminaron de almorzar, Taichi le pasó el bentou de su amiga a Izumi y se fue a las canchas a jugar fútbol. Izzy tomó la cajita de madera roja de Mimi y se fue a su salón a jugar con su computadora. Necesitaban desestresarse.
Ya por la tarde, las clases continuaron normalmente. En el salón de Taichi, al menos las discusiones en susurros habían terminado. Pero él sentía el ambiente de hielo puro que se encontraba atrás. Estaba a punto de sugerir que uno de ellos se sentara al lado suyo, pero ni loco se bancaba una pelea sobre cuál de los dos era su mejor amigo(a).
Y apenas tocaron el timbre que anunciaba el fin de clases, se dirigió a las canchas de fútbol, pues tenía práctica hoy. Ni siquiera se despidió.
Sora también se fue. Tenía práctica con el club de tenis.
Y Yamato los siguió. Aún ensayaba con su banda en la escuela.
Pero grande fue su sorpresa de que no se podían quedar en el instituto después de clases. Al parecer, habían descubierto a dos chicos de primero peleando, el viernes de la noche anterior y los profesores decidieron retirar las actividades extraprogramáticas esa semana. Así que tanto Tai, como Matt y Sora se encontraron en la salida.
Se fueron juntos, con Yagami al medio de ambos para evitar peleas.
¿Es que acaso tenía un mal karma? Se preguntaba Taichi al sentir el enorme cubo de hielo que era la atmósfera en ese minuto.
Lo único que pedía era no tener que escuchar el "Sora, tenemos que hablar" de Yamato nuevamente.
- Sora, tenemos que hablar.
Dios se burlaba de él, de eso estaba seguro. Se reía constantemente de él desde algún lado del cielo.
Decidió dar un par de pasos más adelante. Si se agarraban de las mechas, ya no sería su culpa.
- ¡Deja de hablarme Ishida! – Ahora Sora no se molestaba en hablar en susurros.
Y empezaron… Los "por qué me engañaste" y los "para de hablar estupideces" no se hicieron esperar. Yagami soñaba con que su casa se apareciera de la nada y pudiese entrar para dejar de escucharlos.
¿Acaso Yamato era idiota? En el almuerzo le dijo que hablara con Sora más rato. Y el muy imbécil tomó su consejo literalmente.
Miró a los alrededores, agriamente… Necesitaba librarse de esa parejita o los golpearía. A ambos.
Mimi e Izzy se separaron en la salida. Iban por caminos distintos. Koushirou notó con preocupación que su amiga aún continuaba afectada por la discusión del almuerzo, pero no podía acompañarla hasta su casa, pues tenía que acompañar a su mamá con unos trámites.
Esperaba que se encontrase bien.
Tachikawa caminó lentamente. Muchos de sus compañeros la adelantaron, sin notar su presencia. Iba cabizbaja, andando como si estuviese ida. Hasta que pasó por al lado de una tienda de accesorios. A veces iba con sus compañeras de clase y se probaban cosas.
Suspiró. Prefirió revisar algo. A lo mejor encontraba algo lindo y se lo compraría, para subirse el ánimo.
Taichi continuaba mirando por los alrededores, buscando algo que lo librase de la ya acalorada discusión que sus dos mejores amigos protagonizaban.
¡Quería paz!
De pronto, sus ojos se toparon con Mimi revisando una tienda de accesorios para ropa que se encontraba al frente suyo, cruzando la calle. Miró hacia atrás, el rubio y la pelirroja continuaban encarándose cosas. Seguramente ni notarían que él no estaba con ellos.
Cruzó la calle y notó que Tachikawa estaba viendo unos aretes muy lindos con forma de flor de cerezo. No parecían costosos.
- Hola Mimi. – Taichi la saludó entusiasta. Como si nunca hubiesen protagonizado una escena de telenovela como la de Sora y Yamato.
- Ho… Hola Tai – Mimi aún continuaba algo tensa.
- ¿Estás mejor?
- S… Sí… - respondió insegura.
- ¿Izzy te pasó tu obentou?
- Sí.
Parecía que Mimi no tenía ganas de hablar. De pronto se preguntó qué habría comido. Porque apenas había tocado el arroz al almuerzo.
- Si quieres… te invito a comer algo…
Yamato y Sora continuaban discutiendo. Pero la pelirroja, en un intento por parar la situación, miró hacia el frente y se encontró con que Tai ya no estaba con ellos. Se sorprendió, ni siquiera se había dado cuenta. El rubio la miró expectante. Todavía no le respondía nada. Notó como la chica revisaba los alrededores, buscando algo. De pronto, ambos escucharon una risita que se les hacía familiar. Miraron al costado y descubrieron quiénes eran. Por la otra acera, estaban Mimi y Taichi mirando una tienda de accesorios femeninos.
¿Taichi y… Mimi?
What the Hell!
Los dos cruzaron, para saludar. Tanto Yagami como Tachikawa ni cuenta se habían dado de su presencia. Parecían entretenidos conversando sobre un par de aretes de flor y de una ida a comer a Mc Donalds.
Yamato carraspeó un poco.
Los dos chicos se voltearon y con horror notaron a la pareja del año: El Sorato.
Mimi tragó saliva, asustada. Y Taichi miró hacia otro lado.
- No sabía que estaban saliendo… - Yamato habló, a un modo de hacer conversación.
Los dos castaños se quedaron mirando raro… ¿Ellos… saliendo?
- No estamos saliendo… - Mimi habló.
La mirada de "no te creo nada" de Sora, pareció congelarla. Continuó pasando saliva.
Tai miró los aretes que Mimi estaba viendo. Bueno, al menos faltaba mucho para quedar en la banca rota, así que la tomó del brazo y se acercó un poco.
- Mimi, vamos a comprar esos aretes que te gustaron tanto.
Tachikawa se sorprendió. ¿Qué le estaba diciendo Tai?
- Pero…
- ¡Vamos! – Y Yagami la arrastró hacia el interior de la tienda. Una vez adentro, se cercioró que la otra pareja no los hubiese seguido y posteriormente dijo – Mimi, lo siento. Pero venía con Yamato y Sora y comenzaron a discutir y te vi y pensé que así no me encontrarían.
Con que era eso…
- No te preocupes Tai.
- Sí, pero… Te compraré esos aretes igual.
- ¡Pero Tai!
- ¿Te olvidas que aún te debo tu regalo de cumpleaños? – Yagami sonrió. – Y te invitaré a Mc Donalds. Seguramente tienes hambre.
- ¿Puedo ayudarlos? – La encargada de la tienda se acercó a ellos.
- Si, deme un par de esos aretes que tiene en vitrina. – pidió el moreno, feliz.
Mimi no estaba muy contenta. Pero los aceptó igual. Incluso soportó las bromas de la encargada, sobre lo tierno que era su novio.
Los chicos salieron de la tienda. Mimi llevaba un paquetito en su mano izquierda y Taichi parecía contento. Sora y Yamato los quedaron mirando, sorprendidos. Tachikawa se notaba tensa.
- Chicos, debemos irnos. – Taichi pasó un brazo por los hombros de Mimi. – Con Mimi vamos a ir a comer. ¡Nos vemos! – Y tomó la mano de la chica y salieron corriendo al Mc Donalds que estaba cerca.
Sora y Yamato olvidaron por completo su discusión. Parecían perplejos. Todavía no se la creían. Mimi y Taichi ¿juntos?
La pareja de castaños llegó al restaurante, ligeramente cansada. Mimi tenía mucha hambre y esperaba realmente que Taichi quisiera comer algo ahí.
- Si piensas que no voy a invitarte, estás equivocada. – dijo Yagami, como si hubiese adivinado sus pensamientos.
- Pero Taichi…
- ¡Oye! Yo te invito. Velo como una salida de amigos. – El joven sonrió. Y ella no pudo hacer más que devolverle el gesto. – Ordena lo que quieras.
Y así hicieron. Mimi eligió un combo normal, en cambio Yagami eligió como cinco. La chica lo miró divertida, parece que él tenía más hambre que ella. Buscaron una mesa desocupada y encontraron una cercana a la ventana. La vista daba hacia una esquina decorada con algunos arbustos muy lindos.
Dieron las gracias por la comida y Mimi aprovechó de probar su hamburguesa. Miró a Taichi quien jugueteaba con unas patatas fritas.
- ¿Ocurre algo? – Mimi parecía preocupada.
Tai miró por la ventana y se llevó una patata a la boca.
- Mimi… ¿Me puedes explicar por qué estabas ahí el sábado?
Bueno, lo soltó de una. Tachikawa no supo qué hacer. Dejó su hamburguesa en la bandeja y tomó algo de gaseosa. Luego suspiró y le contó a Taichi todo lo ocurrido. Partió comentándole la llamada que Sora le hizo el viernes en la noche y todos sus pensamientos después de esa conversación. Luego le explicó cómo se enteró de dónde Yamato iba a terminar con su amiga y lo que pasó cuando llegó. Yagami se rió buena parte cuando Mimi le dijo como se le había ocurrido interrumpir al rubio, pero su cara cambió a una mucho más seria, cuando Tachikawa le dijo que Ishida le frustró su plan y cortó con Sora. Y terminó contándole lo de la cachetada. Luego, ambos quedaron en silencio. Mimi continuó comiendo su hamburguesa. Nuevamente se le pasó el hambre, pero se obligó a comer algo, antes de que se desmayara o le ocurriera algo peor. Taichi continuó jugando con las patatas fritas y le robó una a Tachikawa, de broma. Mimi intentó salvar su papa, pero no lo logró. Así que le robó una hamburguesa a Yagami y le dio un mordisco.
Ambos se rieron. ¡Parecían niños chicos! Se quedaron sin aliento y Mimi tomó algo de gaseosa nuevamente. Taichi aprovechó de hablar.
- Mimi, no creo que Sora y Yamato hayan terminado por tu culpa.
Tachikawa casi se atragantó con su gaseosa.
- No digas estupideces Tai – pidió la chica, algo molesta.
- Es que… Mira, Sora te llamó por ese sueño premonitorio que tuvo, ¿no? – Tachikawa asintió. – A lo mejor, ella inconscientemente se dio cuenta que la cosa no funcionaba y sólo quería tu ayuda. O algo así…
Tenía sentido. Pero Mimi continuaba sintiéndose culpable.
- Pero, si yo le hubiese dicho algo más que lo del agua con azúcar…
- Mimi, no es bueno pensar esas cosas. – recomendó Taichi. Él lo sabía por experiencia propia.
- Es que… pienso que si le hubiese dicho algo como… ¡No sé! Como, "Sora, a lo mejor tienes razón" O le hubiese dicho lo que yo veía cuando estaba con ellos, a lo mejor no habrían terminado.
- O quizás habrían terminado sin ti. Mimi, tú misma me dijiste que tú sentías que ellos no parecían enamorados. Y sinceramente, yo también estoy empezando a creer lo mismo. Así que no veo cuál es el problema.
- El problema es que yo no tuve que haber estado con ellos ahí.
- ¿Cómo lo sabes?
Mimi se sorprendió.
- ¿A qué te refieres?
- A lo mejor el destino te puso ahí. – Taichi adoptó un aire misterioso de pronto.
- No lo entiendo. ¿Para qué el destino me querría ver como testigo de una ruptura?
- No lo sé. – Taichi le dio un mordisco a su hamburguesa, quitándole todo el aire serio a la conversación. – Pregúntaselo a él.
Ambos rieron y continuaron comiendo. Cuando terminaron, Taichi se ofreció a acompañar a Mimi hasta su casa. Caminaron hasta la estación del metro y lo tomaron juntos. Viajaron las dos estaciones y luego continuaron caminando hasta el edificio donde vivía Tachikawa.
Cuando llegaron hasta la puerta del departamento, Mimi se atrevió a hablar, pues en todo el camino estuvieron en silencio.
- ¿Sabes Tai? – Tachikawa estaba seria. A Taichi eso le dio mala espina, pero lo ignoró y la miró atento. – Creo que ya sé porqué el destino me quería ahí.
- ¿Ah sí? – Nunca supuso que ella estaría pensando en eso. Él ya se había olvidado del asunto.
- Si.
- Y… ¿por qué sería…?
Algo le decía que eso no lo dejaría muy bien parado.
- Creo que debo hacer que Sora y Yamato se vuelvan a enamorar.
¿QUEEEEEÉ?
Taichi casi se desmayó ahí mismo.
- Ya… - Yagami parecía incrédulo. ¿Por qué no se encontró con Mimi hacía tres años atrás, antes de que el Sorato apareciera como pareja?
- ¡Sí, a lo mejor ésa es mi misión en la vida! – Mimi no paraba de hablar sobre lo emocionante que sería su objetivo de vida. – Sería una linda y gran Cupido. – Parecía hablar sola.
Yagami notó que aún tenía esa sensación de mala espina.
- Sí… - Parecía ido. – Pero… Yamato y Sora no se hablan.
Tachikawa se quedó callada. Reparando en ese gran detalle.
- Taichi… ¿podrías ayudarme?
WHAT THE HEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEELL!
- Pero… - Intentó replicar.
- ¡Claro! Tú eres el mejor amigo de Yamato, seguramente tú podrás ayudarme a convencerlo de que Sora es el amor de su vida. Y yo haré lo mismo con Sora. ¿No es genial? – Mimi continuaba parloteando. Taichi quería tirarse de un barranco. Le había prometido a su hermana hacer justamente lo contrario. Pero por otro lado Mimi estaba muy contenta hablando de ser Cupido y muchas cosas más.
- Diiiooos – Taichi estaba suspirando mucho. - ¿En qué me metiste?
Mimi lo escuchó y se quedó callada.
- ¿No quieres? – preguntó seria.
El chico miró a su amiga. No sabía qué respuesta darle.
- Creo que será mejor no inmiscuirse. – Tachikawa pareció quedarse callada por un par de minutos.
- Y… ¿si mejor hacemos que se vuelvan a hablar civilizadamente? – Bueno, eso era más realista.
Taichi asintió. Ya no tenía la sensación de estar fallándole a su hermana. Pero continuaba pensando que sería una mala idea. Y no tenía idea del porqué…
oxoxoxoxoxoxoxoxo
Antes de empezar, quiero agradecer a Mega y a Bloody-Rose-Sayo-Yuki, muchas gracias por sus comentarios chicas! Ahora sí...
Sí, ya sé que soy mala con Tai T_T Pero déjenme decirles que ahora empieza la parte buena, de hecho hay un pequeño adelanto justo en este capítulo. No diré nada más, para no embarrar mi sorpresa, jujuju
Y ¿Qué tal? Lamento haberme demorado, pero mi notebook murió D: y pues recién comencé a escribir el capítulo el sábado. De hecho iba a ser más largo, pero descubrí que iba a hacer dos capítulos en uno y eso me habría demorado más. Seguramente me deben odiar más ahora que se los dije... Espero tener el próximo capítulo para el fin de semana, a más tardar el lunes...
Bueno chicos y chicas! Un gusto que hayan leído y espero nos sigamos leyendo en la continuación! Un saludo!
