¡Hola chicos y chicas! Un abrazo para todos ustedes, pues aquí les dejo este nuevo capítulo. Acuérdense que Digimon no es mío, que sólo tomo los personajes prestados. ¡Ah! Y que la canción que se hace aquí mención, es "I Like It" y es de Enrique Iglesias, feat. Pitbull. Un abrazo para todos ustedes.
Capítulo Cuatro: De valses, celos y otras curiosidades.
- Y… ¿Cómo empezamos? – Mimi preguntó entusiasta.
Taichi sintió que se iba a desmayar nuevamente. Al parecer Tachikawa estaba muy entusiasmada con la idea pero ni siquiera sabía qué hacer. Así que le tocaba el papel de líder, otra vez.
Suspiró. Él sí sabía que debían hacer primero, pero no sabía cómo se lo tomaría la chiquilla ahí frente a él.
- Creo… - Él hizo una pausa, buscando las palabras correctas. Mimi lo miró atenta. – Creo que debemos… debes hablar con Sora primero. – corrigió.
Tachikawa hizo una mueca que demostraba toda su incomodidad respecto al tema. Claro, como a Taichi no lo acusaron de ser infiel con Yamato… Bueno, ahora que lo pensaba, esperaba nunca tener que escuchar esa frase. No es que fuese homofóbica ni nada, pero sería extraño ver a sus amigos… así.
La chica pasó saliva. Se obligó a concentrarse: Debía hablar con Sora.
Bueno, ellas tenían una conversación pendiente. Ahora más que nunca debían hacerlo y en persona. Mimi quería explicarle todo a su amiga, para que las dos estuviesen más tranquilas. Sinceramente le daba lo mismo si después le gritoneaba al rubio y se sacaban las mechas. Pero lo que no podía soportar, era que la metieran como si ella fuese una oportunista de la situación o algo así.
Mimi se había prometido a sí misma que NUNCA iba a ser una persona así.
Luego de bastante tiempo en silencio. Taichi comenzó a golpear el piso levemente con su pie. No había mucho qué hacer, mientras Mimi saliera del camino. Luego podrían planear esas cosas divertidas que ella esperaba, aunque él estaba esperanzado que para ése entonces, estarían graduándose y no tendría que soportar ese tipo de cosas.
- Está bien. – respondió en un suspiro la castaña. A Yagami, su respuesta, lo tomó por sorpresa.
Sí, estaba seguro que diría que sí, pero tampoco la estaba obligando a hacerlo ahora mismo. De hecho, mientras más tiempo se demorara en hacerlo, mejor. Para él, claro.
- Hablaré con Sora y le diré lo mismo que te dije a ti. – Parecía que Mimi estaba tratando de aprenderse lo que tenía que hacer de memoria.
Taichi sólo asintió a modo de respuesta.
- Y… ¿luego qué?
El chico no sabía nada después de eso.
- No lo sé.
La chica tomó aire. Iba a gritarle, de seguro…
- Esa parte la pensaré yo luego de hablar con Sora.
Eso le decía que no se libraría del embrollo en mucho, mucho, mucho tiempo.
- Mimi, debo irme. Estoy cansado y mañana seguramente vendrán más peleas.
En realidad, a Taichi le dolía la cabeza. Parecía que tenía jaqueca ya, porque, por Dios, que molestaban esos dos. O esos tres, incluyendo a Mimi.
- Está bien. Descansa Tai. – Mimi se giró para buscar sus llaves y entrar a su casa. Pero, de pronto se volvió a dar la vuelta y miró a su amigo quien con paso extremadamente lento aún no comenzaba a partir. - ¡Ah! Muchas gracias Tai.
- ¿Por…? – Taichi ya hablaba con voz adormilada.
- Por ayudarme.
Eso le sorprendió, pero gratamente. Le sonrió a modo de despedida y se fue a su casa, con las manos en los bolsillos del pantalón del uniforme y su mochila a sus espaldas.
Mimi se lo quedó mirando como caminaba. Parecía que no le importara nada, pues iba andando bastante lento. Le sonrió aunque sabía que él no la estaría viendo. Ella creía saber por qué él estaba haciendo esto.
Y ésa razón no tenía nada que ver con que ella se lo hubiese pedido.
Yamato llegó a su apartamento enojado, casi iracundo y con ganas de botar una muralla a golpes. Ese día había sido el peor de su vida, gracias a que la señorita "Deja de engañarme con Mimi" no paró de armarle escándalos todo el maldito día.
Seguía pensando en cuándo fue el día que se enamoró de ella. Si lograba encontrarlo en el calendario, se convertiría en presidente para vetarlo.
Gruñó al entrar a la cocina. Le tocaba hacer la cena.
Takeru estaba en la sala de estar, jugando videojuegos. Se le veía entretenido, pues ni siquiera le devolvió el saludo cuando lo vio.
Matt continuó gruñendo hasta que abrió el refrigerador y se encontró con el pastel que Mimi le hizo.
Pobrecita. Sora la trató pésimo en el almuerzo. Seguramente él también, pero no se acordaba muy bien de lo que le dijo. Suspiró, pensando que ahora tendría a dos personas con las cuales disculparse.
Al rubio se le formaron varios nudos en el estómago. Esperaba que Mimi estuviese mejor. Cuando se la volvieron a encontrar, después de clases, se veía muy incómoda. Parecía un corderito a punto de degollar. Como si supiera que la iban a quemar viva por aparecer en ese estúpido parque el estúpido sábado. No era una buena razón para mandarla a la hoguera.
Sacó el pastel del refrigerador y se sintió peor… Quedaba la mitad del dulce. Pasó saliva varias veces. Tenía, ahora, algo en la garganta que no lo dejaba respirar bien. Continuaba tenso.
Volvió a suspirar, dejó el pastel en un estante y tomó algo de agua. La chica se había molestado en ir a verlo, a pesar que su mejor amiga estaba peor que él, sentimentalmente claro, porque no tuvo idea si Sora se enfermó también o no. Seguramente sí, porque bueno, fueron novios y generalmente cuando uno de los dos se enfermaba, el otro caía también, después o al mismo tiempo.
¡Daba igual! El punto era que debía hablar con Mimi. Ella no tenía nada que ver en todo este embrollo, aunque Sora se negara a verlo.
Suspiró y volvió a echarle un vistazo al refrigerador. Aún tenía que hacer la cena.
Sora llegó a su casa aún enfadada, pero, sobre todo, cansada. Ella nunca pensó que su relación con Yamato iba a terminar así de mal. Seguía dolida por todo lo que había pasado. Pero lo que más le molestaba eran esos malditos rumores y bromas que todas sus compañeras le encaraban, haciendo que le enrostraran su término de relación con Yamato.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y se desplomó en el suelo, luego de cerrar la puerta de su habitación. Cuando escuchó a las bobas de sus compañeras hablar como si ella fuese una prostituta, le dolió muchísimo y cuando notó como Yamato había entrado, como si no le importase nada, la lastimó tanto. Porque habían compartido tanto en esos casi cuatro años de relación y él lo botó todo al drenaje por quién sabe qué razón.
Eso era lo que más le dolía: No ver cuál era la razón por la cual Matt la dejó.
Continuó llorando en silencio. Su habitación estaba a oscuras ya y su madre se había demorado en ir a comprar, así que estaba sola. No sólo en su casa, sino que también en su vida.
Y sus llantos se volvieron cada vez más fuertes.
Taichi despertó esa mañana de mal humor. El dolor de cabeza no se le había pasado desde anoche. Ni siquiera había podido dormir bien, pues sus dos mejores amigos fueron a visitarlo a sus peores pesadillas de esa noche. Gruñó y se levantó de golpe de su cama. Aún tenía que buscar su uniforme que dejó botado por el piso de su habitación. Continuó gruñendo. Le dolía tanto la cabeza que sentía que le iba a explotar. Cuando logró reunir su uniforme, se lo colocó. Entró al baño, antes de que su hermana se lo ganara y se quedara por una hora mirándose al espejo. Se puso desodorante, se lavó los dientes, se echó algo de colonia y se peinó el cabello con la mano. Luego salió del baño y se sentó a la mesa, donde su mamá ya le tenía el desayuno, el cual devoró, luego tomó su mochila y se fue de su casa rápidamente.
No quería hablar con nadie. Intuía que su hermana ya sabía que él se iba a meter de lleno en la relación de Sora y Matt. Taichi sabía muy bien que si Hikari se enteraba, desataría la tercera guerra mundial, pues ella parecía estar dispuesta a devolverle la mano en cuidarlo, como él lo hizo con ella cuando pequeños, aún antes de lo que ocurrió en el Digimundo.
¿Por qué ahora no podía llamar Takeru?
Gruñó mientras corría para llegar a la escuela. Llegaría temprano de nuevo y eso le fastidió. Divisó la entrada de su escuela cuando eran las siete con treinta minutos de la mañana. Su escuela quedaba bastante cerca de su departamento, pero siempre llegaba tarde, confiado en la distancia que debía recorrer para llegar.
Cruzó las rejas blancas corriendo, éstas estaban abiertas de par en par. Estaba tan concentrado en ver la entrada que chocó con alguien, logrando que cayera al suelo.
- ¡Oye, fíjate! – gritó fastidiado y levantó la vista.
La persona con la que chocó era Mimi.
- Al parecer alguien se levantó de mal humor, - Tachikawa podía ser bien ácida cuando se lo proponía.
Aunque, generalmente, esas ocasiones no eran muy seguidas.
- Lo siento Mimi, dormí mal anoche y me duele la cabeza. – Taichi se levantó y ayudó a pararse a su amiga. Entonces continuaron caminando por el patio principal del Instituto Odaiba.
- No te preocupes Tai… - Mimi le sonrió y él miró hacia adelante. Había mucha gente a pesar de la hora.
La chiquilla lo imitó. Muchos jóvenes caminaban hacia la entrada para dirigirse a sus respectivos salones de clase. La vista de ambos fue dirigida a un grupo de jóvenes que se aglomeraban en la entrada del instituto, antes de llegar a los casilleros. Al parecer este grupo, de puras féminas cabe destacar, cuchicheaban.
Mimi y Taichi mantuvieron su distancia, no obstante, podían escuchar lo que ellas hablaban.
- Jun-sama me ha contado todos los detalles… - habló una pelirroja que Mimi reconoció como una compañera de su salón.
¡Era la pelirroja que habló de Sora en la primera hora de ayer!
- ¿Jun-sama? – Mimi preguntó a Taichi.
El castaño gruñó un poco.
- La presidenta del club de fans de Yamato. – dijo con voz cansada. – Y es la hermana mayor de Daisuke. – mencionó como si no fuese importante.
Mimi no recordaba que Motomiya tuviera una hermana. Seguramente la vio en algún momento pero no lograba acordarse de su cara.
- Y ¿cuáles son? ¡Cuéntanos! – preguntó una.
- ¡Sí, cuéntanos! – Varias chicas dijeron a coro la petición.
La pelirroja se quedó callada. Tachikawa y Yagami se encontraban expectantes. Las demás chicas, también.
- Pues, "la bruta"… - Y siguieron más descalificativos para Sora.
- ¿Bruta? – Taichi sonaba enfadado. Y seguía gruñendo.
Mimi no supo qué decirle para que se tranquilizase.
- Se peleó con Yamato-kun por que se metió con cincuenta tipos de nuestra escuela y de hecho Fujiwara-san me confirmó que le pago por sus "servicios", mientras nuestro pobre Yama-kun…
Taichi no pudo escuchar nada más. Estaba decidido a ir a golpear a esas chicas por hablar mal de Sora.
Sin embargo, antes de que pudiese moverse un centímetro, Sora lo adelantó, con la cabeza gacha y corriendo a más no poder. Seguramente había escuchado todo y sin soportarlo fue a encararlas.
Mimi sorprendida, siguió a su amiga con la mirada. Pasó por el costado del grupo de chismosas y entró al instituto. La castaña sintió pena y miró a su amigo, quién parecía sorprendido.
Y ¿cómo no podría estarlo? Si una de las lágrimas de Sora había caído en su mejilla, sorprendiéndolo.
Iba a matar a Yamato con el método de la "Gota China". Estaba decidido.
El grupo de chicas se quedaron calladas al ver pasar a la pelirroja de la que tanto hablaban. En ese instante, llegó Ishida.
El rubio caminaba con paso despreocupado, con su maletín por sobre el hombro. Con el uniforme desarreglado, la camisa fuera del pantalón y la corbata a medio anudar. Y llevaba el cabello más desordenado de lo común.
Sus fans lo vieron pisar adentro del recinto y chillaron. Mimi y Taichi se voltearon a ver. El recién llegado se instaló al costado izquierdo de Tachikawa, tranquilamente. Parecía como si en cualquier momento fuera a sacar un cigarrillo del bolsillo y se iba a poner a fumar. Como si le importara un pepino toda la escena anterior.
Porque, claro, él no la vio.
A Yagami, esa actitud lo apestó. Su cabeza ya ardía de rabia y sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre el rubio, antes de que sus linda fans lo fuesen a socorrer.
Tanto fue su impulso, que tiró a Mimi fuera de su camino, botándola al suelo de un manotazo.
Se arrojó sobre Yamato, con el puño derecho listo para el primer puñetazo que no tardó en llegar. Ishida quedó agachado sujetándose la mejilla que fue golpeada. Eso no se lo esperaba. Miró a su agresor, desde el suelo. Taichi parecía más enfadado que nunca. Pero eso no lo asustó.
Se levantó para devolverle el golpe, lo más rápidamente posible.
- ¡Ay! – Se quejó Tachikawa, aún tumbada en el suelo.
Y ambos muchachos se voltearon a verla. Taichi se sintió culpable. Ahí estaba su amiga, sentada sobre el suelo, con las piernas dobladas apoyadas en la tierra y su cabello estaba desordenado. También, estaba llena de polvo.
Parecía que le tocó la peor parte.
Mimi se levantó. Notó que sus piernas flaqueaban un poco, por la posición. Miró a sus dos amigos, que le devolvían la mirada sorprendidos. ¡Dios! ¿Qué había pasado? Parecía como si la hubiese botado una manada de elefantes o algo así.
Ishida se acercó hasta ella, para terminar de ayudarla a reincorporarse del suelo. Yagami también se le aproximó, pero mantuvo un poco más la distancia, aún sorprendido por ver a la castaña botada en el suelo.
- ¡Mira lo que hiciste, Taichi! – Le acusó el rubio, irritado por el golpe en su mejilla.
A Mimi esa escena se le hizo conocida. Era muy parecida a las discusiones que esos dos tenían en el Digimundo, cuando tenían once años.
Tragó saliva, ahora no vendría Sora a frenarlos.
- ¡Eres un insensible de lo peor! – Continuó gritando Ishida.
- ¡Si, un insensible! – corearon las fanáticas de Yamato, que se empezaron a acumular, rodeando a los tres.
- ¿Insensible yo? – Taichi gritó su pregunta. - ¿Y qué hay de Sora, Ishida?
Mimi, de pronto se encontraba mareada. Yagami tenía razón ayer en la tarde: iban a continuar las peleas.
Soltó aire, y se separó un poco del rubio, quien ni siquiera la sintió alejarse. Miró a sus dos amigos que pronto iban a saltarse encima, mientras las chicas del club de fans, parecían animar más aún la pelea, a favor de Yamato.
Reunió fuerzas y gritó.
- ¡Ya Basta! – Su voz le había salido algo chillona, como en el Digimundo.
¿Cómo tuvo Sora la determinación para detener esas discusiones? Porque los dos chiquillos ahora la veían como si la debían golpear a ella.
Tragó saliva.
- Taichi, Yamato no tiene la culpa de lo que sus fans digan de Sora. ¡Así que no debes golpearlo! Y Yamato, tienes que hablar con Sora, ahora, antes que sea yo la que te golpee.
Todos ahí estaban impresionados. Especialmente los dos chicos que se encontraban ahí. Mimi les recordó a Sora en los viejos tiempos en el Digimundo.
La castaña empezó a correr a los mirones y al club de fans. Las chicas no parecían muy felices al ver que su ídolo había sido golpeado por otro chico, pero eso a Tachikawa ni le importó.
Cuando ya quedaron los tres ahí en el patio, mientras otros estudiantes seguían circulando sin sospechar lo ocurrido, Taichi logró reaccionar y miró hacia el suelo, apenado.
¡Había golpeado a Mimi! Y ella no tenía nada que ver. Suspiró, musitó un "lo siento" lo suficientemente bajo como para que nadie lo escuchase, excepto los otros dos y salió corriendo a su salón.
Tachikawa no le contentó su actitud, pero era lo mejor que lograría sacarle. Pues, recordaba que Taichi a veces era muy testarudo. Se quedó mirando al rubio, quien seguía al castaño con la mirada, aún disgustado con él.
Ishida no quería ver a Mimi. A ella le estaba tocando la peor parte de todo y lo hacía sentirse peor. Había despertado bien esa mañana, pero ahora todo se había vuelto un caos. Y ya estaba cansado. Cansado de que Sora le gritase, que Taichi tuviese intenciones homicidas para con él y de las miradas de comprensión, que a veces confundía con pena, por parte de Tachikawa.
Suspiró y se obligó a mirarla.
Ahí estaba ella, con su cabello lleno de polvo, al igual que su uniforme. Pero su sonrisa continuaba ahí. Haciéndolo sentir peor. Soltó un suspiro de cansancio.
- Matt, ¿te encuentras bien? – Había olvidado cuándo fue la última vez que había escuchado esa pregunta con preocupación genuina.
- Sí, fue sólo un golpe. – Hizo una pausa. Mimi estaba sacudiéndose la falda. - ¿Estás bien?
- Sí, aunque alguien me botó.
Él quiso reírse, pero no le salió la voz. ¿Cómo es que ella era tan despistada como para no notar que fue Taichi quien la botó al suelo? Gruñó al recordar lo ocurrido. Mimi no se merecía nada de lo que le estaba pasando, supuso.
- Matt, creo que deberías hablar con Sora. – Mimi no se iba a quedar callada. No ahora, pues había escuchado todo lo que sus fans habían dicho. – O por lo menos, habla con tus fans, porque están esparciendo rumores sobre tu término.
- ¿Qué? – La pregunta que estaba pensando fue expresada de manera abrupta. - ¿Rumores de qué?
- Están diciendo que Sora es una prostituta que te engañó con no sé cuántos chicos de la escuela.
Ahora lo entendía todo. Por eso Takenouchi parecía insistir con lo del testigo, la infidelidad y todas esas estupideces que le encaraba y él no entendía.
- ¿Quién fue? – Ishida apretó los puños y miró a Mimi como si ella fuese la culpable de los rumores.
La chica pasó saliva nerviosa.
- Una chica de mi salón, una pelirroja. Pero no sé cómo se llama… - Más bien, no lo recordaba. Seguramente Aizawa se lo diría. – Y… ¿Jun? La hermana de Daisuke.
El rubio hizo una mueca de disgusto. ¿Por qué se le tenía que aparecer Jun cada vez que algo ocurría entre él y Sora?
Suspiró.
- Vamos, Mimi. – Se acercó hacia ella y aprovechó de oler el perfume de su cabello. Olía a fresas. – Te acompañaré a tu salón.
Ella asintió. Y comenzó a caminar con Yamato a su lado. Él aún parecía enfadado y ella no sabía bien qué debía hacer. De pronto deseó ser Sora, pues ella siempre sabía qué había que hacer cuando las cosas se complicaban.
Entraron al edificio, juntos. Ishida la ayudaba a subir las escaleras, a pesar de que Mimi reclamaba por sentirse bien. Seguramente creía que había quedado inválida o algo así. Suspiró cansada. Su mañana había empezado tan bonita y ahora era un completo caos.
Cuando llegaron al salón 2-d, la joven tomó su maletín y se dirigió hacia la puerta de su salón. Pronto iban a comenzar las clases.
- Matt, por favor, habla con tus fans. – pidió, con los ojos brillantes.
El rubio tragó saliva.
- Lo haré. – dijo. La mirada de Mimi logró convencerlo tan fácil que la extrañó.
Ella se dio media vuelta para entrar, pero él se le adelantó al ingresar a la sala. Buscó a alguien con la mirada y caminó hacia un puesto en la ventana. Mimi miró todo desde la puerta, Ishida encaró a la pelirroja por todo lo que había estado diciendo de él y Sora.
Cuando hubo terminado, salió por donde mismo entró, topándose con una impresionada Tachikawa que lo miraba algo asustada. Nunca pensó que Yamato sería tan precipitado para hacer las cosas.
- Debo irme Mimi. – Le sonrió arrogante. Se había quitado un problema de encima.
Y caminó por el pasillo, hasta llegar a su sala. Tachikawa lo siguió con la mirada, aún confundida.
¿Qué había sido eso? Miró a su compañera, quien ahora estaba hecha un manojo de nervios. Bueno, se lo merecía. Pero qué forma más extraña de hacer las cosas.
- Señorita Tachikawa ¿me va a dejar pasar? – habló el profesor Tanaka de forma seria.
Mimi entró al salón, seguida de su profesor. Se sentó al lado de Izzy, como de costumbre y comenzó la clase. Sin embargo, ella no prestó atención.
Yamato la sorprendió mucho al encarar a esa pelirroja por Sora. De pronto comenzó a sonreír.
A pesar de sus métodos, algo bruscos si le preguntaban, Matt era muy tierno.
Ishida entró a su salón, el 3-a, y buscó a Taichi con la mirada. Él tenía los brazos cruzados sobre su mesa y su cabeza apoyada en ellos. Parecía estar durmiendo, así que no lo molestó. Se sentó en su silla y notó que las cosas de su ex novia estaban colocadas en su banco, pero ella no estaba en la sala.
Su profesor entró y ni siquiera notó que Sora no se encontraba en el salón. Taichi no despegaba su cabeza de sus brazos, seguramente continuaba durmiendo. Pero al profesor tampoco eso le importó. Continuó su clase como si no hubiese ocurrido nada.
Ishida apenas podía, daba un vistazo al asiento de Takenouchi.
Sora estaba en el baño de chicas, llorando mientras veía su reflejo en el espejo de la pared. Tenía los ojos hinchados y rojos. Pero seguían brotando las lágrimas.
Nunca pensó que sus compañeras de clase la tildarían de prostituta por terminar con Matt. O más bien, porque Matt terminó con ella. No lo entendía y eso la enfurecía más. ¡Ella no les había hecho nada! Con suerte las saludaba por la mañana, pues habían dejado en claro que nunca serían amigas. Buscó un poco de papel higiénico para limpiarse las lágrimas y sonarse. Había leído por ahí que si uno se sonaba, podía dejar de llorar. Y así hizo, pero no funcionó.
¡Matt era un estúpido de lo peor!
¡Porque a él se le ocurrió terminar con ella y era a ella a la que la tildaron de prostituta!
Sus llantos se volvieron a hacer más fuertes.
Cuando sonó el timbre para el primer recreo, Mimi no se levantó de su asiento. Koushirou tampoco lo hizo, quedándose ambos sentados.
- Mimi, ¿Por qué Yamato entró a nuestro salón a hablar con nuestra compañera? – Izzy siempre sería curioso.
No chismoso, sólo curioso.
- Ella continuó diciendo cosas sobre Sora y… la encaró.
- Eso significa que a lo mejor aún la quiere. – Koushirou parecía sacar sus propias conclusiones.
Mimi no tenía idea si darle la razón o no. Ishida siempre era un misterio para ella. Pero de lo que siempre estaría segura, era que él ayudaría a quien se encontrara en problemas. A lo mejor sus métodos eran poco ortodoxos, pero ayudaría a quien fuese. Y eso no significaba que él quisiera a esa persona.
Y eso hablaba muy bien de él.
Ella, en cambio, no sabía si sería así con todo el mundo. Ella era muy distinta a Yamato, casi polos opuestos. Nunca se había detenido a pensarlo, pues a pesar de las diferencias, habían logrado tener una especie de relación basada en hablarse cuando él otro lo hiciese o algo así. Pero ahora sentía que esos contrastes eran demasiados como para ignorarlos. A veces, se sentía celosa de Sora porque parecía comprenderlo mucho más…
¡Paren ahí!
Stop!
Wait a minute?
¿Qué estaba pensando? Era ya la segunda vez que Mimi se sentía insegura con respecto a cómo era. Y estaba segura que sería la última.
¿Cómo era posible que estuviese deseando ser como Sora? La misma pregunta anterior lo decía, ¡era imposible! E impensado e inaudito.
Dios, ¿en qué estaba pensando? Seguramente este embrollo, la estaba volviendo loca.
Se levantó de su asiento rápidamente, de pronto se acordó que debía hablar con Sora.
Koushirou se la quedó viendo raro. ¿Qué le estará pasando?
Sora salió del baño al sentir el timbre. Aún tenía los ojos rojos y rastro de lágrimas por sus mejillas, pero debía ir a clases. Llegó a su salón y los ignoró a todos. Miró a Taichi quien no despegaba la cabeza de sus brazos, parecía dormir. Luego miró a Yamato quien estaba concentrado en un libro que debían leer para una prueba.
¿Desde cuándo el rubio era tan responsable?
No tenía idea y no quería hablar del tema.
La pelirroja se sentó y fingió como si nada hubiese ocurrido nunca. Yamato la miró de soslayo, había estado llorando y aún se veía incómoda. Prefirió hablar con ella después, algunas semanas más adelante.
- ¡Sora! – Los tres chicos sintieron un grito provenir desde la puerta de su salón. Era Mimi. - ¡Sora! – Volvió a gritar y se aproximó hacia el banco de Yamato rápidamente. – Matt, ¿puedes sentarte al lado de Tai un momento?
¿Es qué estaba loca? Los dos varones ahí se preguntaron lo mismo. Pero Matt no podía negarse con Mimi, pues parecía desesperada. Así que a regañadientes, se levantó de su silla, tomó su libro y se sentó al lado de Taichi, quien había levantado su cabeza y miraba al rubio como si hubiese salido del video de "Thriller" de Michael Jackson con disfraz y todo.
Mimi estaba contenta y se sentó al lado de Sora, quien la miraba impactada. ¿Qué hacía ella ahí?
- ¿Ocurre algo Mimi? – La pelirroja parecía extrañada.
Tachikawa notó los ojos rojos de su amiga. Estuvo llorando. Soltó un suspiro y la miró. ¡Era ahora o nunca!
- Sora… ¿podemos hablar? – Mimi parecía estar achicándose. La pelirroja asintió, aún sin salir de su asombro.
Yagami escuchó eso y palideció. Iba a hablar con Sora y luego vendría su estúpido plan para juntar a Sora y a Yamato.
¡Dios, haz algo!
Ishida miró a su amigo palidecer, pero no murmuró palabra. Aún le dolía su mejilla y no pensaba en decir nada. No, no y no.
Se concentró en su libro. O trató de hacerlo.
- Sora, sé que no quieres verme ni en pintura después de lo de ayer. - Mimi se refería a la discusión del almuerzo. – Pero. – Bajó su cabeza, apenada. – Quería disculparme.
¿Por qué ella tenía que disculparse? Los ex novios se preguntaron lo mismo.
Taichi, en cambio, notó con horror que Dios no haría nada bueno por él esa mañana.
- Lamento que cuando me llamaste el viernes yo no te dije nada para calmarte. Te mentí, Sora. Debí haberte dicho que en realidad tú y Yamato no parecían pareja y que lo más probable es que tenías razón al decirme que él había cambiado.
A Yagami, ese discurso se le hizo conocido. Mimi aún se sentía culpable por algo que no hizo y era extraño, porque si le hubiese dicho algo a Sora, la situación en la cual se encontrarían ese martes, sería una muy parecida.
- También lamento haber estado ahí cuando Yamato terminó contigo. Debí haberte dicho que nos fuéramos y haberlo dejado plantado o… ¡No sé! Debí haberte sacado de ahí y no lo hice. Seguramente me encuentras una mala amiga Sora, ¡pero no sabía qué hacer! Yo sólo quise ayudarte, pero metí la pata hasta el fondo y tú ahora estás con depresión post-termino …
Mimi comenzó a divagar. ¿No era la depresión post-parto? Pero a Sora no le importó. Se rió suavemente. Ella sabía que Tachikawa era muy exagerada al hacer y pensar las cosas, pero nunca creyó que pensaba que tendría depresión por lo de Yamato.
Miró a su amiga y le tomó la mano, haciendo que se callara.
- - ¿Sora?
- Está bien Mimi. Lamento mucho haberte dicho todas esas cosas que te dije al almuerzo. Tú no eres una aprovechada, ni una metiche, ni mucho menos la amante de Yamato. Eres mi mejor amiga.
- Sora… ¡Lo siento! – Parecía que pronto se echarían a llorar, pero ninguna de las dos botó lágrima alguna. – Pero… si algún día me comentas un presentimiento tuyo con respecto a tus novios, mejor no me lo cuentes…
La pelirroja se rió un buen rato. La castaña la acompañó. Bueno, tenía razón, no estuvo bien que la llamara por eso, pues Mimi había llegado recién hacía una semana de Estados Unidos y nunca le habría dado la razón completamente. Pero, daba lo mismo eso ahora. Ambas se abrazaron y prefirieron olvidar completamente el tema. No valía la pena recordar ese tipo de cosas.
- Está bien, no te diré nada a menos que me des la razón. – Acordaron, sonrientes. - ¿Amigas de nuevo? – preguntó la pelirroja, ya más calmada.
- Amigas. – Mimi y Sora se abrazaron.
- Chicos, saquen sus libros y ábranlos en la página ciento setenta y cinco.
¿Qué hora era?
Mimi notó con horror que se encontraba en medio de una clase de tercer año y no tenía oportunidad de escaparse. Ni siquiera había escuchado el timbre.
¿Qué iba a hacer ahora?
Sora la miró sin saber qué hacer. Taichi y Yamato se voltearon a verlas, horrorizados. ¿Cómo iban a sacar a Mimi de su clase?
- Lea la página señorita… ¿Tachikawa? – El profesor la descubrió en un instante. - ¿Qué hace aquí?
- Eh… - Mimi no sabía qué responder. – Me… equivoqué de… salón.
Todos los chicos se rieron un buen rato, mientras el profesor trataba de hacerlos callar.
- Señorita Tachikawa váyase rápidamente a su salón, ¡Ahora! – ordenó.
Mimi se levantó de su silla, apenada. Miró a sus tres amigos y comenzó a caminar a paso seguro. Los varones del salón pudieron apreciar cada curva de la joven y parecían gustosos con la vista. De hecho, algunos parecieron silbar.
Yamato se dio cuenta que al estar sentado uno podía apreciar las perfectas piernas de Mimi Tachikawa a pesar de que su falda no era tan corta como se veía. Miró a su costado, Taichi también parecía haberse dado cuenta, pues tenía una cara de baboso de lo peor. Gruñó un poco y se obligó a concentrarse en su libro de clases.
Mimi se acercó a la puerta y desapareció por ahí.
- Pervertido. – susurró a Taichi. Pero también se lo decía a sí mismo.
- Señorita Takenouchi ¿puede leer la página ciento setenta y cinco? – Prosiguió el profesor, sin notar que sus alumnos varones parecían más entretenidos en seguir apreciando la anatomía de Mimi en su imaginación.
Sora, suspiró y se levantó para comenzar a leer.
Mimi entró a su clase y su profesor todavía no había llegado. ¡Gracias a Dios! Se dirigió a su asiento, donde estaba Izzy jugando con su notebook.
Unos minutos después, llegó su profesor de matemáticas. Pero no le importó, pues ya había conversado con Sora. Ahora debía iniciar la fase del plan donde Yamato y Sora se hablaran, para que así puedan ser novios y casarse y tener hijitos y nietos y bisnietos y ser felices. Se entretuvo pensando en eso toda la mañana.
Y llegó la hora de almuerzo. Mimi tomó su bentou y se dirigió con Koushirou a la cafetería que se encontraba en el segundo piso. Y como siempre, Tachikawa le tocaba buscar una mesa para los cinco.
Cuando encontró una que estaba limpia, se sentó. Y al rato después llegó Tai.
- Hola Taichi. – Mimi ni se acordaba que él fue quien la botó.
- Hola Mimi… - Tai sí que se acordaba. - ¿Estás mejor?
- ¿A qué te refieres?
- A cuando te boté al suelo… - Tai no quería que su amiga se enojara.
- ¡Fuiste tú!
Dios no iba a hacer nada bueno por él hasta que se gradúe.
- Sí. – respondió apenado.
A Mimi eso la enterneció.
- Bueno, no te preocupes. Ya estoy mejor. – Y le sonrió.
Con todo este embrollo había olvidado lo de la cita al sicólogo por lo de los cambios de humor. ¡Esperen! ¡Eso, el embrollo!
- Taiiiii – Mimi alargó el nombre de su amigo para llamar su atención. – Ya sé qué podemos hacer para que Sora y Yamato estén juntos.
¡Noooooooooo!
- ¿Ah sí? – Por alguna extraña razón, Taichi no parecía muy contento con el tema.
- ¡Sí! ¿No es genial?
No, no lo era.
- Claaro. – Insisto, Taichi no estaba feliz.
- Y… ¿No me vas a preguntar qué pensé?
- Sí, por supuesto. – respondió irónico. Pero Mimi no se dio cuenta.
- Pues, ¿qué tal si tenemos una cita doble con Yamato y Sora?
Taichi miró a su amiga, entre extrañado y asustado. "Cita Doble", esas dos palabras lo atemorizaron más que cualquier otra cosa en el mundo.
De pronto se le fue el apetito.
- ¿Y, qué dices?
Nada. No decía nada. Ni lo diría. Porque no sabía qué diablos decir.
- ¿A dónde? – preguntó por curiosidad.
- A un cine.
Mimi ni siquiera se detuvo a pensar que ellos debían hablarse primero y en un cine no se podía hablar. Bueno, podrían, pero los correrían por ruidosos. Y luego seguirían discutiendo en las afueras del cine. No gracias, prefería hacer las tareas de todo el semestre.
- O a una fuente de soda. – mencionó ella. Parecía que él tenía que elegir.
¿Era necesario responder ahora? ¿O Mimi podría esperarlo cuando él estuviese en la universidad?
- Vamos, Taichi, no es tan difícil. Sólo haremos que se hablen educadamente, ¿recuerdas?
¿En serio? Hacía unos pocos minutos eso no parecía un plan para que ellos hablasen. Más bien, era para que ellos se pudiesen casar para finales de año.
- La fuente de soda.
Y llegó Koushirou con su bandeja. Y minutos después Sora y Yamato aparecieron.
Taichi quería levantarse e ir a tirarse de la azotea de la escuela. No podía ser que esto le estuviera pasando. Debió haberle hecho caso a Hikari y no haberse entrometido. Debió haber ido a casa de Yamato, no a la de Sora. Y no debió haber hablado con Mimi. No debió entrometerse. Ése era el maldito punto.
Gruñó y se echó un bocado a la boca.
Y así pasó el día.
Taichi se marchó con Sora y Yamato. Necesitaba jugar fútbol o sino explotaría. Y para más remate, los dos ex novios ni siquiera hablaban, pues sabían que continuarían peleando.
A la salida se encontraron con Mimi, quien se estaba despidiendo de Izumi. Así que se decidieron a acompañarla a la estación de metro.
Así que de los cuatro, Mimi hacía conversación por los otros tres. Aunque de vez en cuando Sora intervenía también.
- ¿Sora, no tienes nada que hacer el sábado? – soltó de pronto Tachikawa.
Taichi quiso morirse ahí mismo. No sabía por qué seguía tan enojado si le había prometido a la castaña que la iba a ayudar en esto.
- No, nada.
- ¿Quieres salir conmigo? – preguntó. No iba a decir a dónde iban a ir, pues quería que se encontraran los cuatro de "sorpresa".
- ¿A dónde?
- Necesito comprar unos broches para el cabello.
La conversación no sugería nada. Taichi miró a Yamato, quien parecía interesado en los árboles de las calles. Tragó saliva, lo tomó de un brazo y se adelantó unos cuantos pasos.
- Taichi, ¿qué haces?
- Lo siento, Yama. – El castaño parecía cansado.
El rubio no sabía qué bicho lo había picado.
- ¿Estás bien?
No. Claro que no.
- Si, estupendamente, viejo. – Taichi tomó aire. – Oye, te invito unas cervezas.
Ishida lo miró interrogante. Yagami estaba extraño, primero en la mañana lo golpea como si tuviesen once años, luego lo ignora olímpicamente y ahora lo invita a unas cervezas como si no hubiese ocurrido nada entre ellos. Le estaba haciendo la competencia a Sora o qué demonios…
- Te traté mal en la mañana, ya lo sé. Sora también es mi amiga y me sentí molesto contigo. – Miró hacia otro lado, para evitar cualquier mirada por parte del rubio. – Pero, quiero compensarte – El rubio levantó una ceja. No le estaba creyendo ni una palabra. – También eres mi amigo y estás pasando por un quiebre y seguramente te sientes mal y quiero que estés bien porque eres mi amigo.
Yamato sentía que había una trampa en todo esto.
- Está bien, pero no quiero cerveza ahora.
- ¿Y el sábado?
Taichi se estaba arrepintiendo de decir eso.
- Sólo bebamos café. Tendrás entrenamiento el domingo, ¿no?
Tenía razón. Siempre que bebía cerveza después de las prácticas, su resaca era horrenda a la mañana siguiente. Nunca entendía por qué. Seguramente el alcohol se asimilaba más rápido por haber corrido y bueno, el resto era que deseaba morirse al día siguiente.
- Está bien, café.
Y ahora que los dos invitados de honor habían recibido su invitación al baile, Mimi y Taichi, nuestro dos Cupido, podían descansar tranquilos.
Bueno, Tachikawa si podría, porque era la más emocionada con todo este asunto. Yagami, en cambio, sentía que había cometido el peor error de su vida.
Y pasaron los días. Mimi estaba emocionada, porque al fin podría hacer de Cupido. Sora y Yamato seguían sin hablarse, a pesar de que los rumores se estaban apaciguando ya. Seguramente Takenouchi estaba esperando que Ishida le dijese por qué terminaron y luego podría pensar en hablarle o no.
La mañana del sábado fue bastante tranquila. Había algo de sol, aunque de repente se escondía por las nubes. Tiempo conocido como "nubosidad parcial". Pero daba igual, a Mimi no le importaba. Había acordado con Taichi, aparecerse por la fuente de sodas a eso de las cuatro con Sora. Así, de sorpresa.
Se levantó, se colocó unos jeans ajustados ya camiseta de mangas largas rosa pálido y zapatillas rosadas con líneas blancas. Bajó a desayunar y esperó a que fuese la hora de salir.
¡Estaba tan emocionada!
Nunca pensó que tendría que hacer algo así al llegar de Estados Unidos. De hecho pensó que no haría nada emocionante en Japón.
Suspiró y se dirigió a su habitación. Encendió su computadora y se metió a Youtube. Notó que su amiga ya había subido varios videos de "What not to Wear". Si todo salía bien, podría verlos en algunas semanas.
¡Qué emoción!
Taichi despertó a la hora de almuerzo. Su mamá prácticamente lo arrastró de la cama a la mesa, para almorzar. Y pues, medio adormilado fue comiendo su almuerzo hasta terminarlo. Después su mamá lo empujó al baño, para que no se fuera a seguir durmiendo.
- ¡Taichi, por Dios, ya tienes diecisiete años! – gritó la señora Yagami, mientras cerraba la puerta del baño.
El chico salió una hora después de ahí, ya vestido y afeitado. En el instituto ya lo estaban molestando para que se afeitara. Llevaba puesto unos jeans azules, una playera roja y su abrigo azul. Su mamá lo miró enfadada.
- ¿Vas a salir?
- Si, mamá
- Tienes que limpiar tu cuarto. Es un desastre ahí dentro Taichi…
Su mamá no lo dejaría en paz si seguían así.
- Es un trabajo para el instituto, mamá. Debo ir. – mintió, y salió corriendo.
Pero al cerrar la puerta de su casa, se encontró con Yamato, quien se veía más pálido que de costumbre, pues estaba vestido completamente de negro. Llevaba puestos sus jeans negros, una playera negra y una casaca de cuero, negra, que le robó a su papá.
- ¿Se te quedó el delineador? – preguntó bromeando Taichi. – Porque Hikari tiene uno negro.
Yamato ni siquiera tomó en cuenta el comentario. Pero se dio media vuelta para ir al café. Ni siquiera entendía por qué había aceptado esta invitación, porque tenía que preparar un concierto pronto y por ende, ensayar. Resopló y esperó a que Taichi le dijera dónde era el lugar a donde debían ir a tomarse el café.
Mimi sintió el timbre de su casa sonar. Se dirigió corriendo a abrir la puerta y notó que quien llamaba era Sora. Le pidió que la esperara y salió rápidamente a buscar su abrigo verde. Le avisó a su mamá que iba a salir y se fue con su amiga.
Takenouchi sonrió y fueron a buscar la tienda donde vendían los famosos broches para el cabello que Tachikawa quería.
- ¡Sora, qué buena combinación has hecho! – le alabó Mimi, contenta.
Tenía razón. Ella vestía jeans azules, junto a una playera roja que no se veía puesto que estaba usando un abrigo rojo encima. Y un pañuelo rojo, también.
- Gracias Mimi. Tú también te ves muy bien. Parece que fueras a una cita.
¡Bingo!
La castaña se rió nerviosamente, pero la pelirroja no sospechó en ningún momento. Entonces Tachikawa vio la entrada de la tienda. No le gustaban mucho los broches que vendían ahí, pero escogió esa tienda pues tenían un hermoso reloj cucú cerca de la estantería. Y ella necesitaba ver la hora.
Cuando entraron, lo primero que vio la menor fue la hora. Le quedaba media hora. Seguramente Taichi y Yamato ya estaban ordenando.
Y en efecto, el castaño y el rubio se sentaron en una mesa de adentro y una mesera se les acercó, entregándoles la carta. Ambos chicos la revisaron, habían muchas cosas: café, diferentes tipos de té, una gran variedad de postres y sándwiches. A Yamato le entró el hambre, no había almorzado pues Takeru se envició con sus videojuegos y no preparó el almuerzo. Y él se quedó dormido.
La mesera se acercó nuevamente, para pedir la orden. Luego de que se marchó, Taichi miró su reloj de pulsera, quedaban veinte minutos.
Mimi no podía escoger entre dos broches. Sora, en cambio, estaba revisando unos que tenían unas rosas hechas con mostacilla. ¡Eran divinos! Así que decidió comprarlos. Además eran rojos, así que podría ocuparlos en su cabello hoy.
Suspiró, recordando que no iba a una cita con Yamato hoy. A veces quedaban en juntarse los sábados, pero ahora no era necesario. Porque no eran novios.
Mimi revisó el reloj. Quedaban quince minutos para partir. Prefirió comprar los dos, aunque no los necesitaba, pero eran bonitos. Uno tenía una mariposa rosada hecha con mostacilla y otro tenía una flor de color verde, así podría ocuparlo en el colegio.
Arrastró a Sora, luego de pagar. Estaba ansiosa por llevarla a la fuente de soda. Apenas pagaron su compra, la castaña tomó a su amiga del brazo y le dijo que fuesen a un café que conocía por ahí, pues le había dado sed. Takenouchi simplemente se dejó arrastrar.
Yamato presentía que algo malo estaba ocurriendo. Taichi se sentó al frente de él, dándole la espalda a la puerta, quitándole la visual de la misma al rubio.
Además que el castaño parecía hablarle de puras estupideces sin importancia.
Bebió un poco de su Moka. ¡Adoraba el Moka! Generalmente lo bebía sin azúcar, eso sí.
Estaba pensando en eso, cuando sintió que la puerta era abierta de golpe. Era… una ancianita.
- Estoy paranoico. – soltó de pronto, cortándole la conversación a su amigo, quien aprovechó de ver la hora.
Tachikawa arrastraba muy feliz a su amiga por la calle. Sora no entendía nada, pero le estaba extrañando todo ese asunto. Mimi traía algo entre manos, no había que ser genio para saberlo.
- Mimi, ¿por qué vas tan apurada? La cafetería no se va a mover de su sitio.
- No voy apurada, Sora. – mintió la castaña.
Bueno, no había nada que hacer.
Sora no tenía que saber que ella no quería que dos personas dentro de esa cafetería se movieran de ahí.
Cuando llegaron, Tachikawa abrió la puerta rápidamente y empujó a Sora hacia adentro. La pelirroja no entendió nada, hasta que el encandilamiento, que las luces de la cafetería le provocaron, fue desapareciendo. Ahí, en una mesa, pudo notar a un rubio vestido completamente de negro.
No había que ser genio para saber quién era.
- Yamato… - susurró incrédula.
Miró hacia atrás, pero Mimi no se encontraba ya en la entrada. ¿Qué era esto? ¿El programa de la cámara escondida?
Dirigió su vista a la mesa donde estaba Ishida y vio que su amiga ya arrastraba dos sillas para sentarse junto a él y a Taichi.
- ¡Sora, ven! – La llamó con una sonrisa su mejor amiga. Ahí se dio cuenta de todo.
Había caído en una vil trampa.
Yamato no lo podía creer. Ahí estaban, al frente suyo Taichi, a su costado derecho se encontraba Mimi y al lado izquierdo… Sora.
Maldito Taichi Yagami, iba a matarlo con el método de la "Gota China".
- Oigan, ¿qué hacen aquí? – preguntó el rubio, a las dos féminas, de mal humor.
- Pasábamos por aquí. – respondió Tachikawa. – Y nos dio sed. ¿Cierto, Sora?
Ni Sora se creía eso.
El rubio tomó su Moka y bebió un poco enfadado. Taichi sonreía como estúpido.
- ¡Qué coincidencia! – exclamó falsamente Yagami.
Estaba decidido a no creer en las coincidencias. O al menos no de las que le pasaban a Taichi y a Mimi.
- ¿Quieren algo? – Se acercó la mesera que los había atendido.
Entonces Tachikawa pidió un refresco y Sora un jugo de naranja. Luego la pelirroja no volvió a dirigirle la palabra a ninguno. Yamato también se volcó a una huelga de silencio.
Y los castaños comenzaron a charlar animadamente, como si no notaran nada.
¡No era posible! Esto era una vil trampa en forma de cita doble. El rubio miró a su ex, ella parecía feliz mirando la decoración de la cafetería. Suspiró. Bueno, no iba a hablar con ella tampoco.
Mimi continuó conversando con Taichi sobre sus profesores. Era tan divertido hablar sobre ellos después de clases y Yagami hacía unas imitaciones sorprendentes. Cuando llegó su refresco, bebió un poco y notó que la parejita feliz no se hablaba ni un ápice.
¡No podía ser!
Su plan era perfecto, supuestamente ahora debían hablarse.
Suspiró cansada. Y Taichi bebió algo de café. Sabía que esto iba a ocurrir, pero prefirió no decirle nada a su amiga.
Después de todo, ella no quiso escucharlo.
Tachikawa tomó la pajita de su refresco y comenzó a beber tranquilamente. Yagami la miró compasivo. Ella estaba perdiendo todo su ánimo que había tenido durante la semana.
En la cafetería comenzó a sonar "I Like it" de Enrique Iglesias.
A Mimi le encantaba esa canción, hablaba de un chico y una chica que se conocían y aunque ambos tenían pareja, iniciaron un romance. Era algo así como un amor de verano.
Comenzó a tararearla, mientras bebía su refresco. Ese tarareo era el único sonido que se escuchaba en la mesa.
Taichi también se estaba hartando de toda la situación. Sora y Yamato no iban a hablar, se notaba a leguas que estaban furiosos con ellos por juntarlos a escondidas. Pero no le importó. Tenía que admitirlo, aunque Dios estuviera de su lado, nunca se quedaría con Sora.
Lo admitió y ¿qué pasó? Nada. Ahí estaban Sora y Yamato, enrostrándole que eran la pareja perfecta. A pesar de no hablarse. Pero, seguramente después volverán a hablar y se volverán a enamorar y volverán a ser novios. Y él lo vería, nuevamente, en primera fila, sin poder hacer absolutamente nada.
My girlfriend is out of city and I'am all alone
Sonó la segunda estrofa de la canción. Mimi continuó tarareando. Y Taichi de pronto se encontró tenso. Necesitaba hacer que el plan de su amiga funcionara, a lo mejor… si los dejaban solos.
Miró a Tachikawa, quien estaba concentrada en su refresco.
Your boyfriend is on vacation and he doesn't have to know
Bueno, había que intentar salir de ahí.
- Mimi, ¿quieres ir a bailar? – preguntó de pronto el castaño, muy sonriente.
Increíblemente, estaba contento, a pesar de ya haber renunciado a Sora.
- ¿Bailar? – El chico asintió. - ¿Aquí? – Continuó asintiendo. - ¿Ahora?
- ¡Sí! – Casi gritó en respuesta.
Ya daba lo mismo. Sora algún día hablaría con Yamato y a lo mejor terminarían volviendo. Él ya encontraría con quién estar para cuando llegue ese día.
Tomó la mano de Mimi y la ayudó a levantarse de la silla.
Luego se acomodaron, para que pudieran bailar la canción a modo de… ¿vals?
Mimi estaba confundida. Supuestamente la canción era del género del Pop y no se podía bailar como vals.
- Princesa, te ves muy linda. – susurró en su oído, contento.
Ya no tenía nada que perder. Comenzaron a bailar la canción como si fuese un vals, pero los tiempos eran mucho más rápidos que con ese tipo de música. Aún así, a Taichi ni siquiera le importó.
Sólo supo que dio una gran vuelta con Mimi, cuando sonó el coro.
Baby I like it!
The way you move on the floor
Baby I like it!
Come on and give me some more!
Oh yes I like it!
Screaming like never before
Baby I like it! I, I, I like it!
Tachikawa bailaba muy bien al vals. Ambos reían, mientras daban vueltas por la cafetería. Parecía que el tiempo se había detenido, mientras todos, clientes y camareras observaban como ellos bailaban como una princesa y su príncipe azul.
Incluyendo Sora y Yamato.
El rubio no lo podía creer. Esos castaños se veían muy bien juntos. Era como la escena de un cuento de hadas llevado a la realidad. Era grandiosamente irritante. A Yamato no le gustaron nunca los cuentos de hadas que su mamá le leía cuando pequeño, pues no podía comparar la felicidad de esos finales con el del matrimonio de sus padres. Pero ahora entendía qué querían decir con el "y vivieron felices para siempre". Sin embargo, le dolía mucho más que cuando tenía siete años y sus padres se estaban divorciando.
Miró a su costado y notó que Sora estaba mirándolos bailar también.
Takenouchi estaba sin habla. Tampoco lo podía creer. Era como si Mimi y Taichi se estuvieran casando en ese mismo instante y bailaban el vals que correspondía a dicha ceremonia, mientras ella era obligada a verlos, como si estuviese encadenada.
La mirada feliz de la castaña se notaba a leguas. Y la de su amigo de la infancia, también. Nunca lo había visto sonreír así, desde hacía mucho tiempo, ni tampoco pudo sacarle mucha información como para ayudarlo.
De pronto quiso ponerse a llorar. Quiso salir de ahí. Ya no quería ver ese espectáculo.
Al parecer, la canción estaba equivocada, pues los novios sí se enteraron del romance que surgió ese momento.
Mimi y Taichi continuaban girando. Él con una mano en la estrecha cintura de ella y con la otra agarrando una de las de ella. Nunca había notado que Mimi tenía la piel suave en las manos y que su cintura era mucho más estrecha que la de Sora. Y tenía una sonrisa mucho más bonita, también.
Ella estaba encantada. Hacía mucho tiempo que no bailaba un vals, y bailar uno con una de tus canciones favoritas de pop, era mucho más divertido.
La gente comenzó a sonreír gustosos por la pareja. Algunos comentaban que se veían muy bien juntos y algunas parejas, ya maduras, comentaban cómo había sido su propio vals de matrimonio al ver a los chicos bailar. Parecía que la cafetería se llenara de buenos deseos al tener un espectáculo como ése.
La canción terminó. Mimi y Taichi se separaron. Sorprendidos, se dieron cuenta que estaban siendo ovacionados. Y muchas personas les gritaban que fuesen muy felices como novios.
¡Qué loco!
Se acercaron a la mesa donde estaban sus amigos. La feliz pareja los miraba como si estuviesen en un funeral. Taichi le acercó la silla a Mimi para que se sentase. Luego él la imitó y comenzaron a reír. Eso había sido muy loco, pero divertido.
Ambos bebieron del refresco de Mimi. Y eso fue lo que más hartó a Matt.
- Si querían que los dejáramos solos, sólo tenían que pedirlo. – dijo cabreado e irónico. Luego se levantó de su silla. – Vámonos Sora.
Quería salir corriendo.
- Si querían tener una cita, no era necesario que nos restregaran su amor en la cara. – Ella también estaba cabreada.
Se levantó de su silla y siguió al rubio. Al fin encontraron una cosa en la cual estar de acuerdo.
Taichi se llevó las manos a la cabeza y se revolvió el cabello con furia. ¡Esos dos eran unos idiotas de lo peor!
Miró a Mimi, quien había bajado la cabeza. Ella estaba concentrada en ver cómo las burbujas de gas subían por su vaso.
- Mimi… - Quiso decirle algo, pero no sabía qué.
- ¿Por qué hicimos esto Taichi?
Ni siquiera Tachikawa sabía si se refería a la cita o al vals.
- Creo que somos unos ingenuos. Ellos hablaran cuando tengan ganas de hablarse.
Tenía razón. Y debió haber confiado en él antes de ponerse a pensar en planes sola.
- ¿Por qué me quisiste ayudar, Tai? – La pregunta de Mimi caló hondo en el castaño.
El joven le pidió a la camarera un refresco. Y cuando esta se lo trajo, decidió responder.
- Me gusta Sora. Siempre me gustó. Y cuando comenzó a ser novia de Yamato, fue… - No supo cómo definirlo. – Horrendo, supongo. No me acuerdo muy bien de esos meses.
- Entonces, ¿para qué me ayudaste? Si me hubieras dicho que no, ahora podrías estar con Sora en una cita.
Ella también tenía razón. Pero Taichi se había dado por vencido, justo ahora. Sora nunca lo vería como algo más que un amigo. Nunca lo hizo y nunca lo hará.
- Quiero que esté feliz. – De pronto miró por donde la pelirroja se había ido.
- Y ¿si no se queda con Matt?
- Pues, será feliz con alguien más… ¿no? – Parecía melancólico. – No me importa Matt. Yo sólo quiero que Sora sea feliz. Y si no es conmigo, no importa. Seguramente, para ése entonces, yo estaré con alguien que me ayude a olvidarla.
Eso en parte era muy egoísta, y en otra parte era muy generoso. Mimi de pronto deseó hacer algo por su amigo.
- No tienes que seguir en esto entonces Taichi. No quiero que sufras por culpa mía.
- No estoy sufriendo por culpa tuya, Mimi. – A ella, eso no la convenció. - ¿Sabes? Soy un tonto, por esperarla sabiendo que esto nunca iba a funcionar.
Mimi tragó algo de refresco y no miró más a su amigo. Cuando los hombres decidían esperar a la mujer que aman, era mucho más doloroso. Era casi tortuoso, pues la veían feliz en brazos de otro hombre y ellos parecían esperarla en una salita con un gran ventanal donde podían verla en los brazos de ese otro.
Era complicado. Y generalmente no decidían eso. Sólo trataban de olvidarla.
Mimi lo entendía, pero no podía concebir algo así. Ella nunca se había enamorado de alguien como para esperarlo eternamente.
- Y ¿qué hay de ti? – La chica lo miró confundida. - ¿De tú y Matt?
- ¿Yo y Matt? – Mimi no entendía nada. ¿Qué se supone que debía responder?
- ¿Te gusta?
- No. – Mimi sonó muy segura.
- Ah… - Taichi bebió algo de refresco. – Pensé que sí.
Tachikawa bebió algo de su refresco. Aún no lo entendía ¿Por qué le debía gustar Yamato?
- ¿Por qué la pregunta?
- Porque ahí sí podríamos hacer una cita doble. – Sonrió con tristeza. – Sería perfecto. Yo y Sora juntos. Y tú y Matt juntos. No se verían mal.
Taichi seguía mirando la puerta por donde se fue Sora.
Ambos terminaron su refresco y pagaron la cuenta. Al salir, Taichi la tomó del brazo.
- Te invito a un helado. No quería amargarte con mis problemas.
La castaña aceptó por compromiso. No sabía cómo animar a Yagami ahora.
Sora y Yamato se fueron juntos, pero no mencionaron una palabra hasta que llegaron a una heladería.
- ¿Quieres un helado? – Yamato sonó algo brusco.
- Está bien.
Eran las primeras palabras que mencionaba en la tarde. El rubio se dirigió a la caja y encargó dos helados. Luego los canceló y pidió dos conos uno con helado de vainilla, para Sora, y otro de helado de limón, para él. Cuando se los pasaron, se acercó a Sora y le entregó el suyo.
- Gracias Yama.
El chico se sorprendió, hacía mucho tiempo que ella no le gritaba en la cara.
- Sora, ¿podemos hablar? - La chica lo miró expectante. – Sobre nosotros… Sobre el término de nuestra relación.
- Sí, claro. – Ella parecía no estar muy interesada en el tema, pero no había mucho de qué hablar tampoco.
- Lo siento. No debí haber terminado contigo estando Mimi ahí presente. – Sora lo miró. No se esperaba eso.
- ¿Por qué terminaste conmigo?
- Sentía, que todo era tan… ¿rutinario? Como que ya se había perdido la chispa. Como si fuésemos dos amigos que se dan besos.
Sora también lo había pensado varias veces. Pero nunca quiso creerlo. No quería ver que el final se acercaba.
- Supongo que tienes razón. – Aceptó cansada. – Seguramente, fue lo mejor que pudimos hacer. Siento haberte gritado, tú fuiste un novio maravilloso y no tuve nunca un motivo por el cual quejarme.
- Si, te entiendo. Estabas despechada por terminar frente a tu mejor amiga. Supongo que si tú hubieras cortado conmigo frente a Taichi también me habría molestado.
- Sí, supongo que sí.
Sora siguió comiendo su helado. Yamato le iba a preguntar por lo de Taichi y Mimi, cuando los susodichos aparecieron, bastante tristes, en comparación a cómo se veían bailando.
En cuanto la pareja los vieron, palidecieron.
- Chicos, qué coincidencia. – dijo Yamato divertido.
Esa sí que era una coincidencia. Las de ellos no contaban.
- Hola Matt, Sora. – saludó Taichi, formal.
- ¿Qué hacen acá? – preguntó la pelirroja, también riéndose un poco de la situación.
- Venimos a comer un helado. – Le respondió Mimi, seria.
Ella no tenía hambre. Taichi tampoco.
- ¿Los invito? – ofreció el rubio ya más tranquilo. No había rencores en él, supongo.
- No te preocupes Matt. Yo invité a Mimi primero, así que yo pagaré lo que nos sirvamos. – dijo y partió a la caja a pedir sus helados.
La castaña se sentó, al lado de Sora.
- Yo… Lamento haberlos engañado, chicos. – dijo con la cabeza gacha. – No debimos haberlos juntado si ustedes no querían hablarse.
Iba a agregar algo más, pero prefirió quedarse callada. Ser Cupido era muy complicado y ella odiaba las cosas complicadas. Debió haberlo pensado antes.
- No te preocupes Mimi. Pero si ustedes quieren, pueden salir juntos. No tienen que embaucarnos para que puedan estar en una cita. – dijo Sora tranquila.
¿Por qué ellos creían que estaban en una cita?
Taichi llegó con un helado de fresa para ella y otro de chocolate para él. Mimi ahí recién lo notó, parecían una pareja de amigos que se gustaban.
Fue ahí cuando notó que esto iba a ser mucho más complicado de lo que realmente pensó que iba a ser.
oxoxoxoxoxo
¡Hola Chicos y Chicas! Y… ¿qué tal? Seguramente quieren matarme por lo que puse de Tai, pero lo que realmente espero es que Mimi logre convencerlo de que luche por Sora y tengamos ese Mimato y ese Taiora como Dios manda. Jejeje.
Quiero avisarles que mañana entro a clases. ¡Y no quiero entrar! Pero hay que estudiar y lalala. Igual, espero que me vaya muy bien este semestre, pues me cambié de carrera y es algo complicado. Aunque eso da igual, quería decirles que lo más probable es que ahora comience a demorarme en publicar. Así que pido disculpas adelantadas.
Quería agradecer a Mega por sus comentarios, ojalá esta continuación te guste. ¿Alguna vez han bailado vals con otras canciones que no son vals? ¡Es muy chistoso! Yo una vez bailé con mi novio una canción de bosanova? xD en forma de vals. Fue muuy loco xD Y también, vi a una pareja bailar vals, con la típica música de vals xD y mucha gente se le acercó. Para los que son de Santiago de Chile, bailaron en la Estación Central y no eran ambulantes, fue muy freak verlos. Y ese día me dije que tenía que poner algo así en algún fanfic jajaja
Ahora sí, un abrazo y pues que estén bien. Espero poder verlos en la próxima actualización.
