Hola chicos y chicas! =D Un gusto verlos nuevamente. Disculpen el retraso, pero he tenido mucho que hacer en ese nuevo semestre de universidad T_T No los aburro más y los dejo con este nuevo capítulo. Recuerden que Digimon no es mío, sino de Akiyoshi Hongo y de la Toei, así que no es culpa mía que arruinaran el final con su Sorato ¬¬ En fin, que lo disfruten!

Capítulo Cinco: ¿Celoso(a), yo?

Mimi despertó de pronto. Miró a un costado, donde estaba su reloj despertador para fijarse dónde estaban las manecillas. Eran las seis de la mañana de un hermoso domingo. La chiquilla suspiró, ni su mamá se levantaba tan temprano los domingos.

Pero al parecer ella sí. Notó que no tenía sueño, así que se sentó en la cama, pero permaneció arropada. Paseó la vista por su nueva habitación. Era rosada, como el de una princesa, con muchos muñecos de peluche, un tocador blanco con numerosos productos de belleza y un gran armario lleno de ropa de moda. Sin embargo, no tenía idea porqué ahora eso no le importaba.

Su mente estaba aún en el día de ayer. Luego de que se tomara su helado de fresa, Taichi se ofreció a acompañarla a casa. Y hasta ahí no había nada fuera de lo normal: Yagami se fue apenas ella puso un pie dentro de su apartamento y nada más ocurrió entre ellos. Pero, lo que él no supo, es que una de sus preguntas caló dentro de ella. Y ahora daba vueltas en su cabeza, como un remolino. Inevitablemente no podía dejar de pensar en eso.

¿Qué hay entre tú y Matt?

La castaña sintió un escalofrío.

Nada. No había absolutamente nada.

¡Ah!, pensé que sí.

¡Ah! ¿Sí?, Pues Taichi pensó mal. Ella no podía enamorarse de Yamato. Él era un gran chico, pero… eran completamente…

- ¿Por qué estoy pensando en esto? – Se enojó consigo misma y se gritó. Luego se llevó las manos hasta su boca, para callarse. Esperaba que su mamá no se hubiese despertado.

Porque se verían bien juntos…

Era la voz de Taichi la que le respondió… ¡Maldito Taichi! ¡Mil veces maldito!

Mimi siempre había sido una chica decidida, hacía todo lo que ella se proponía. Y si ella se había dicho que iba a juntar a Sora y a Yamato para finales de año, lo iba a hacer, así se le fuera la vida en ello.

Sin embargo, ahora estaba considerando el retractarse. Lo que Yagami le dijo la tarde de ayer la dejó completamente helada. Lo referente a Takenouchi, claro, pues cuando eran más pequeños, Mimi sí había notado que Taichi y Sora se llevaban bien, demasiado bien. Había que ser un imbécil para no darse cuenta que ellos se querían más que como mejores amigos.

Pero, cuando fueron creciendo, llegó un minuto en el cual Sora ya no miraba a Taichi como antes.

¿Qué pasó ahí?

Era una gran pregunta para comenzar. ¿Por qué Sora comenzó a fijarse en Yamato de pronto…?

¿Y por qué a ella le importaba tanto?

Mimi sacudió su cabeza. Necesitaba dejar de pensar en eso o se volvería loca. Taichi le había comentado todo eso para que ella supiera que sus razones para ayudarla eran buenas. Pero… y si su plan de juntar a Sora y a Matt funcionaba, ¿qué pasaría después con Tai?

La chiquilla se mordió el labio. ¿Desde cuándo todo se volvió aún más complicado? Porque, si recopilamos, tenemos que Taichi ama a Sora, pero Sora quiere a Yamato y Yama quería a…

- ¿Nadie? – Mimi no supo cómo responder eso. Y no le hubiese importado, pero era clave para seguir. – Yamato… ¿quién te gusta? – preguntó en voz alta, como si el rubio estuviese ahí con ella.

Yamato despertó esa mañana de mal humor, nuevamente. Se levantó y se dirigió al baño. Una vez ahí, se miró al espejo, mientras se lavaba los dientes. Aún usaba el pijama de patitas de perrito, pero ya no le incomodaba usarlo.

Cuando terminó, se dirigió a la cocina. Supuestamente a su hermano menor le tocaba hacer el desayuno, pero cuando llegó ahí, no vio a nadie.

Gruñó y se dirigió corriendo hacia la habitación de su hermano.

- ¡Takeru! – gritó enfadado, mientras golpeaba, con el puño, la puerta de su hermano. – ¡Takeru Takaishi, Respóndeme!

Continuó golpeando, hasta que un adormilado rubio le abrió. Aún en pijama, Takaishi salió de su cuarto, tallándose un ojo con la mano. Cualquiera que lo hubiera visto, le habría dado pena haberlo despertado así.

Pero Yamato no pensaba lo mismo.

- Takeru, quiero mi desayuno.

El hermano menor se lo quedó mirando, aún adormilado.

- Yamato, son las seis de la mañana del domingo. ¿Por qué no cocinas tú?

- He cocinado yo toda la semana, hermanito. – Hasta Yamato se había cansado de cocinar. – Deberías dejar de jugar videojuegos. – sugirió, ya más tranquilo.

Ishida no quería ser un mal hermano mayor, pero estaba notando que la adicción de Takeru por la Play Station ya era demasiada.

El hermano menor bostezó.

- Está bien. Iré a hacer el desayuno. – Y con paso lento, comenzó a dirigirse a la cocina.

Matt lo siguió con los brazos cruzados. Pero se encontraba un poco arrepentido de haber despertado a su hermano de golpe. Aún así, prefería que él cocinara.

Cuando ambos rubios llegaron a la cocina, Takeru buscó en el refrigerador algo para calentar, mientras daba otro bostezo. Suspiró al no encontrar nada, así que debía cocinar. Así que sacó un par de huevos para comenzar a freír.

- ¿Te ayudo en algo? – Yamato estaba parado en el marco de la puerta de la cocina, observando cómo su hermano hacía algo sin quedarse dormido en el intento.

- Bueno. – respondió Takaishi, tranquilamente. - ¿Puedes calentar el agua para el té?

Yamato no le respondió. Sin embargo, tomó el hervidor eléctrico para poder calentar agua.

- ¿Estás bien? – preguntó Takaishi de pronto. Mientras revolvía los huevos.

- Sí.

- ¿Seguro?

Ishida miró a su hermano sin saber qué responderle.

- ¿Por qué la pregunta?

- Pareces molesto, desde anoche. Ayer llegaste y me desconectaste la luz y después te fuiste a tu habitación y comenzaste a golpear los muebles. Y hoy me gritaste para despertar. De verdad Matt, ¿estás bien?

- Si.

Algo que Takeru aprendió de Matt era que si él no quería responder a una de tus preguntas, era porque le estaba pasando algo. De hecho, había que acorralarlo para que respondiera.

- ¿Pasó algo con Tai?

Yamato gruñó y quiso desconectar el hervidor para que su hermano cocinara solo.

- No.

- ¿Seguro?

Takaishi odiaba cuando su hermano se ponía mañoso y lo trataba mal. Era frustrante, porque si el asunto no era de vida o muerte, él no abriría su boca para decir lo que le molestaba.

- ¿Estás enojado porque he jugado videojuegos y tú has cocinado por mí?

- No. – Su respuesta se lo confirmó: Su voz no sonaba enojada por eso. Por descarte, debía ser lo de Taichi.

- ¿Y entonces?

El hermano mayor se quedó pensando. Ni él sabía por qué estaba enojado. Ni si quiera sabía que estaba enojado. Y no se acordaba de haber cortado la luz. Trató de hacer memoria y…

Mimi bailaba con Taichi un vals como si se estuviesen casando. Y ahí estaba él viendo toda esa escena llena de felicidad, pero que no le agradaba en lo más mínimo.

Era como los libros de cuentos que su mamá le leía cuando pequeño. Nunca le habían gustado, porque los autores no sabían que sus padres se iban a terminar separando, en comparación a los finales felices de sus historias.

Y ahora ver a la princesa Mimi en brazos del príncipe Taichi era… repugnante.

Gruñó y quiso golpear la pared.

Takeru, quien se había concentrado en sus huevos, levantó la vista y la dirigió hacia su hermano. Yamato estaba de mal humor, su gruñido se lo confirmaba.

- ¿Qué ocurrió con Taichi? – Prefirió ser directo. Su hermano funcionaba mejor cuando se sentía acorralado.

El pitido que anunciaba que el agua ya estaba caliente se oyó. Yamato desconectó el hervidor y preparó el té. Luego lo sirvió y preparó la mesa, para que los dos desayunaran tranquilos. Takeru sirvió los huevos y ambos se sentaron a comer.

- Al parecer, era una trampa. – respondió Ishida, aún sin probar bocado.

- ¿Qué cosa?

- Lo de Taichi, era una trampa. – explicó, enojado.

- ¿A qué te refieres?

- A que de pronto nos encontramos con Sora y… Mimi.

Takaishi quedó anonadado.

- Entonces Sora volvió a gritarte estupideces… - concluyó, mientras tomaba un poco de té.

- No. De hecho se quedó callada. Después de que salimos, pude hablar con ella y no pasó nada. – Eso sorprendió a su hermano menor.

- Entonces, ¿cuál era la trampa?

Ishida miró a su hermano fríamente. No pensaba hablar de eso, pero Takeru ignoró su mirada como si no fuese importante. Yamato se rindió, su hermano conocía bien cómo hacerlo hablar.

- Al parecer era para que Mimi y Taichi tuvieran una cita.

Takaishi estuvo a punto de escupir su té. ¿Mimi y Taichi estaban saliendo?

- ¿Mimi y Taichi?

- Sí, los mismos.

- Pero… ¿por qué dices eso? ¿Los viste abrazarse? – Yamato negó con su cabeza. - ¿Se dijeron algo meloso? – Volvió a negar. - ¿Se besaron? – De pronto, se colocó tenso. - ¿De verdad se besaron?

- ¡No!

Y que Dios lo librara de verlos besándose.

- Y… ¿entonces? – Takaishi no entendía el punto.

- Bailaron un vals.

- ¿Mimi y Taichi bailaron un vals? – Repitió extrañado, casi incrédulo. Sonaba como a un cuento de hadas o un baile de graduación. Miró a su hermano quien tenía un humor de perros. Aún no entendía todo lo que le estaba tratando de decir. – Oye antes de que me digas algo, déjame decirte que Mimi y Taichi se parecen bastante a ti y a Sora.

- ¿De qué hablas? – Yamato se enfadó con la comparación.

- A que ninguno de nosotros habría podido pronosticar que se quedarían juntos… - Yamato volvió a gruñir. - ¡Oh, vamos! Tú sabes bien qué era lo que opinaba cuando me dijiste que te gustaba Sora.

El rubio trató de recordar, pero no.

- No, no me acuerdo. – dijo extremadamente sincero.

El menor suspiró de cansancio.

- A que eran la pareja más rara que haya conocido. Mira, sé que es tu ex ahora y todo ese cuento, pero se veían muy extraños juntos. No sé, siempre pensé que Sora estaba enamorada de Taichi y de hecho, cuando me dijiste que te le ibas a declarar, pensé que no te iba a ir bien.

Menudo apoyo que tenía por ese entonces. Yamato volvió a gruñir.

- Pero eso da igual, porque me equivoqué. Ya lo sé. Pero ese no es el punto.

- Pues dime cuál es tu punto.

- Mi punto es que Mimi y Taichi son como ustedes. Si estuvieran saliendo, no creo que duren mucho, porque… bueno, ¡no sé! Yo sigo pensando que Taichi debería estar con Sora.

- ¿Y Mimi con quién se quedaría? – Se atrevió a preguntar. Luego tomó un sorbo de té. No tenía idea de por qué, pero sentía una extraña sensación de impaciencia. Su hermano parecía meditarlo bien.

- No lo sé… con su amigo de Estados Unidos, Michael.

Ishida se atragantó con el sorbo que había bebido antes de que su hermano le respondiera. Comenzó a toser, mientras buscaba una servilleta para limpiarse la boca.

¿Mimi y… cómo se llamaba?

- ¿Y él quién es? – sonó enojado, casi iracundo y… ¿decepcionado?

Ahí parece que fue el momento donde Takeru comenzó a sospechar.

- ¿No te conté? Un tipo rubio de ojos celestes que es estadounidense y nos pagó la cuenta en el restaurante de Digitamamon.

Su hermano se tensó al escuchar el lugar. Le traía malos recuerdos… Pero prefería obviar eso. Takeru le acababa de decir que Mimi iba a comenzar un noviazgo con un estadounidense llamado...

- ¿Cómo se llamaba él?

- Michael

- Ah. – Ni siquiera le importaba su nombre.

De pronto notó algo. Ni siquiera sabía si Mimi tenía una relación con ¿Mike? ¿Mickey Mouse? ¡El rubio ése! Y por ende no debía preocuparle…

De hecho, no debería ni importarle qué hacía Tachikawa con su vida privada…

- ¿Le pusiste algo al té? – preguntó Ishida confundido.

- Matt. – Takeru tomó algo de aire. – Tú lo preparaste. – señaló lo obvio.

Algo muy malo estaba ocurriendo…

- Pero… ¿Mimi y Taichi están saliendo? – El menor volvió al tema principal.

- No lo sé. Ayer bailaron un vals y luego bebieron del mismo refresco y después Taichi le invitó un helado.

Takaishi se quedó callado un momento. Ya tenía una idea de lo que estaba ocurriendo, pero no quería arriesgarse. Miró a su hermano mayor. Yamato siempre había tenido una vida amorosa mucho más caótica que la de Takeru. Además de que su carácter era mucho más complicado que el del menor y eso llevó a Takaishi a convertirse en casi un sicólogo, o mejor dicho un consejero, para su hermano mayor. Siempre tenía algo para decirle. Pero ahora, en esta situación tan extraña, no tenía idea de qué diablos aconsejarle.

- No entiendo cuál es el problema contigo Yamato. – Prefirió esperar a ver la reacción de su hermano con sus palabras. – Es decir, ¿qué tiene de malo que dos de nuestros amigos sean novios?

Yamato no supo qué contestarle. Su hermano había dado en el blanco. ¿Qué tenía de malo que Taichi y Mimi estuviesen saliendo? Nada malo. Entonces, ¿por qué a él le molestaba tanto?

- Oye, mi papá encontró el pastel de Mimi anoche y se lo comió. – Takaishi cambió radicalmente de tema, al ver que Ishida se había perdido en la infinidad de sus pensamientos.

Matt ni siquiera lo escuchó, pues aún seguía dentro de sus cavilaciones. Había algo que lo estaba molestando.

- Matt, ¿me escuchaste?

No.

- ¡Yamato! – Takeru era mucho más paciente que su hermano, pero estaba molesto con él por haberlo despertado tan bruscamente.

- ¿Qué quieres? – Aún continuaba de mal humor.

- No escuchaste nada de lo que te dije, ¿verdad?

Exacto.

- Yamato, escucha, insisto en que no hay nada de malo en que Taichi y Mimi estén saliendo. Es la segunda pareja más rara que he visto, pero habrá que esperar. Así que no tienes que estar celoso por eso. – Sonó tan tranquilo, que realmente parecía que hablara sobre el clima.

Pero para Yamato no era así. Nuevamente se atragantó con su té y se sintió acorralado, de pronto.

Es decir, Yamato Ishida ¿celoso? Takeru debió haberle colocado algo al té. Alguna droga o algo. Sí, eso debía ser…

O así debería ser si es que Takeru hubiese preparado el té en primer lugar.

- Diiiooos – Alargó la palabra en un suspiró, mientras se revolvía los rubios cabellos con sus manos.

El hermano menor continuó desayunando tranquilamente.

- No estoy celoso. – dijo luego de unos minutos con la cabeza gacha. Luego cayó en la cuenta de que siempre se decía eso cuando uno estaba celoso.

- Negación. – murmuró Takaishi, dándole la razón.

- Sí, ya sé que sonó a como si estuviera en la etapa de la negación. Pero no lo estoy. – Su hermano enarcó una ceja, en un gesto de incredulidad absoluta para con él. – En realidad, estoy molesto. – O eso creía.

- Sí, ya lo noté. – respondió sarcástico, el menor.

- Me molestó que Taichi, siendo mi mejor amigo, no me hubiese dicho nada al respecto de que le gustaba Mimi.

- Ajá. – Aunque le diera mil y una excusas, aún así su hermano menor no le creería.

- ¡De verdad! Taichi no me ha dicho nada.

- Al igual que tú no le dijiste nada cuando le pediste noviazgo a Sora.

¿De qué lado estaba Takeru? Yamato volvió a gruñir.

- ¿Y qué tiene eso que ver?

- Pues, seguramente te está devolviendo la mano. – Su hermano menor le estaba siguiendo el juego.

El mayor se quedó callado. Bueno, lo había acorralado. Pero insistía en que él no estaba celoso. ¿O sí?

De pronto se levantó de la mesa. Fue el turno de Takeru de gruñir, pues su hermano no había probado bocado, lo único que bebió fue su té.

Esperaba que se diese cuenta de que estaba celoso. Después de todo, siempre había creído que Mimi y Yamato se verían bien juntos.

Decidió comerse la parte de su hermano. Esperaba que su padre no llegara a esa hora, pues debería hacerle el desayuno a él también. Y sinceramente, prefería romper su récord en el Samurai Shodown.

Se levantó de la mesa y limpió los trastes. Luego se fue a la sala de estar a jugar Play Station.

Yamato cerró la puerta de su cuarto con pestillo. No quería que nadie lo molestara. Luego se acercó a su cama y se acostó, arropándose hasta la cabeza.

Todo lo que le dijo su hermano tenía sentido, pero aún no le creía. Pues Takeru no vio como Mimi y Taichi se veían al bailar vals. Eran la pareja perfecta de cuentos de hadas. De hecho, le pareció ver el vestido de novia de la castaña. Y era tan… repugnante. De pronto se sintió mareado. Se dio varias vueltas en la cama, sin saber qué más podía hacer.

La señora Tachikawa ya se había despertado. Mimi escuchaba el sonido del agua correr desde su habitación. Pero no le importó. En realidad, no quería que ella se enterara de que estaba despierta y… que pensaba en Matt.

Ósea, en realidad no pensaba en él. No. Pensaba en a quién le gustaba. No es que estuviese interesada, pero… seguía pensando en él. O sea, en la chica a la que le gustaba Matt. Si, pensaba en eso. No en Yamato. En la chica que le gustaba a él.

Se le escapó un suspiro.

Se ven bien juntos…

La voz de Taichi resonaba por toda su habitación.

Una cita. Tú y Yamato… Juntos.

Si él pensaba eso, no debía influir en ella. Porque por muy guapo que fuese Yamato, ella nunca se podría fijar en él. ¡Era el Ex Novio de su Mejor Amiga! ¡Por Dios! ¡Hacía dos semanas que habían terminado! Aunque las posibilidades existían, Yamato no se fijaría en ella.

- De hecho, no tiene porqué fijarse en mí. Y no me importaría que se fijara en mí. – Se dijo en voz alta.

Pero, no le importaría, ¿cierto?

Tragó saliva.

¿Por qué pensaba en todo eso? ¿Seguía sintiéndose culpable por hacer que Sora y Yamato terminaran? Taichi le había dicho que no era su culpa. Y cuando los vio ayer en la tarde, se convenció a sí misma que ella no era la aprovechada, que nada de eso era su culpa como había pensado hacía un par de semanas atrás. Porque no lo era. Pero… ¿por qué quería verlos juntos de nuevo?

What the Hell!

¿Por qué tenía que pensar en eso?

Yamato se destapó. Y se sentó en su cama. No podía dejar de pensar en la conversación que tuvo con Takeru en la mañana. Agitó su cabeza, como si con esa acción pudiera despejar su mente. Se revolvió los cabellos rubios. Quería darse de cabezazos contra la pared.

Quería dejar de pensar en Mimi y Taichi.

Paseó su vista por su habitación. Al frente de su cama, estaba apoyada su mejor amiga: su guitarra. La que lo había visto volverse loco por Sora. La testigo de las canciones de amor que le dedicó solamente a la pelirroja. La que lo acompañó en su decisión de terminar con su primera novia. Y la que estaba ahí cuando se dio cuenta de que estaba celoso de su mejor amigo.

Gruñó. Él no estaba celoso de su mejor amigo.

Se acercó hasta su guitarra, olvidando todo lo que estaba pensando y la sacó de su funda. La tomó como si fuese a tocar una canción. Probó un punteo sencillo, para saber si estaba desafinada. Gracias a Dios, no lo estaba. Se sentó en su cama y comenzó a tocar. Era una melodía muy triste, que nunca había escuchado ni tocado antes. A veces pensaba que la guitarra sabía cómo hacer que su corazón se abriese. La melodía que tocaba no tenía acordes duros, sólo parecía expresar tristeza.

Recordó cuando Mimi estuvo en su habitación y él le preguntó porqué había estado en el parque cuando rompió con Sora. No debiste romper con Sora, le contestó. Yamato no estaba de acuerdo con Tachikawa. Pero aún no sabía por qué. En realidad, si lo sabía: Era porque entre él y Sora ya no ocurría nada, no había chispa. Pero, había algo más. Y no sabía qué demonios era…

Su melodía resonaba por las paredes de su habitación. Comenzó a tararear. Tenía ganas de cantar algo. ¡Lo que fuese!

De pronto recordó que le debía una disculpa a Mimi. A pesar de lo metiche que era esa chiquilla, aún así le había tocado lo peor de la situación. Yamato quería disculparse, decirle que para la próxima no le iba a fallar y que de ser posible, la protegería.

Simplemente adaptó su voz al mensaje que quería dar. Buscó su cuaderno y comenzó a anotar la melodía y la letra. Quería mostrarle esa canción a esa chiquilla.

Y así se le pasó el día volando…

A la mañana siguiente, Yamato despertó de mal humor, pues nuevamente Takeru había olvidado hacer el desayuno y debían salir en cinco minutos. Gruñó, mientras su hermanito hacía lo que podía por levantarse de su cama. Su papá ni se había preocupado por la comida, porque le tocaba llegar a las seis de la mañana a su trabajo.

Decidió ver qué podían desayunar. Revisó el refrigerador, seguramente habría algo para comer…

Gruñó al encontrarse con un miserable frasco de yogur descompuesto. Cerró la puerta del refrigerador y miró la puerta de la nevera. Había una nota de su padre pidiéndole a Takeru que comprara comida para la semana. Tenía fecha para ayer.

- ¡TAKERU TAKAISHI TE VOY A MATAR! - El grito de furia del Ishida se escuchó por todo el vecindario.

Mimi despertó la mañana de ese lunes mucho más soñolienta de lo normal. A decir verdad, ni la noche del sábado ni la del domingo pudo tener un descanso como Dios mandaba. Pero ya no podía hacer mucho, sólo quejarse. Porque era San Lunes y, aunque odiara mucho ese maldito día, se iniciaba su hermosa semana.

Se levantó de su cama, aún con pereza y buscó su uniforme. ¿Les dije que Mimi amaba su uniforme? Bueno, si fuese ella me encargaría de repetírselos todo el día, hasta que encuentre otro tema de conversación, claro.

Tachikawa se cambió y bajó a tomar desayuno. Su madre la recibía con una sonrisa y un desayuno para nada común en la típica mesa japonesa. Era muy extraño estar sola con ella más de una semana, pero debía acostumbrarse, pues su papá aún estaba en Estados Unidos tramitando su cambio de trabajo.

Bueno, había que desayunar. Y así hizo, mientras la señora Tachikawa tratada de ponerle caritas felices a las onigiri que preparaba para su hija, con tanto amor. A veces su mamá la empalagaba con su propia dulzura de madre, pero prefería no pensar mucho en eso. Después de todo, seguramente cuando ella sea mamá sería igual de melosa.

Apenas terminó de comer, se levantó de su asiento y se preparó para su salida. Su madre la acompañó hasta la puerta y la despidió. Seguramente echaba de menos a su papá…

Mimi se dirigió a la estación de metro con paso tranquilo. Agradecía a Dios tener un buen set de maquillaje para ocultar sus ojeras enormes y feas. Agradecía también los consejos de Carmindy (la maquilladora de What not to Wear) para hacer que el maquillaje fuese más natural, porque sino ¡en su instituto la matarían!

Se rió un momento, mientras compraba el pasaje para ir a su escuela. Se dirigió al andén y esperó el carro de metro que la dejaría cerca de su colegio. Se alisó las tablas de la falda con una mano, mientras con la otra se agarraba de un barandal para evitar caerse. El tren se puso en movimiento y ella simplemente se limitó a ver por la ventana, esperando que llegara la estación donde debía bajarse.

Yamato y Takeru salieron corriendo del apartamento del primero, esperando que al menos no llegaran tarde a clases.

El mayor ya podía sentir como sus tripas rugían por comida. Miró nuevamente a su hermanito, quien ni se veía afectado por no comer. Le iba a quitar la Play Station, porque no era posible que pasara horas y horas jugando. Gruñó.

Takeru miró a su hermano, pensando que continuaba igual de irritable todo ese fin de semana. Suspiró, esperando que admitiera que estaba celoso. Takaishi divisó la esquina donde debía separarse de su hermano, así que se despidió y dobló por ahí, para llegar a su escuela.

Ishida continuó su camino hacia el instituto. Al menos no iba a llegar tarde, pero esperaba que Sora o Taichi llevaran algo para comer en la mochila.

Mimi bajó del metro y salió de la estación. Le quedaban dos cuadras para llegar a su escuela. Suspiró, mientras miraba el cielo. Estaba azul, hermosamente azul, como los ojos de Yamato… De pronto quiso golpearse contra la muralla. ¡Maldito rubio! No dejó de pensar en él todo el maldito fin de semana. Y gracias a él, estaba muerta de sueño… Bueno, en realidad no era culpa del Ishida, era culpa de Taichi. ¡Iba a matar a ese castaño! ¡Podía jurarlo!

Suspiró y divisó las rejas de su instituto. Se apresuró por cruzarlas, para poder ir a matar a Taichi, pero se encontró con cierto chico rubio…

Era Yamato.

Nuestro rubio favorito cruzó las puertas de su colegio con la peor cara del mundo. ¡Necesitaba comer o se desmayaría ahí mismo!

Cuando cruzó las rejas, miró hacia su costado derecho y se encontró con Mimi.

¡Ella tenía comida!

- Hola Yamato. – saludó la castaña, algo perturbada por todos sus pensamientos con respecto a ella y él.

- Hola Mimi. – Devolvió el saludo, el rubio, mientras su vista se dirigía al obentou que cargaba su amiga.

De pronto, Tachikawa notó con horror, como su amigo comenzaba a palidecer.

- ¿Yama, te encuentras bien? – preguntó con preocupación.

La castaña, de pronto, olvidó todos sus pensamientos que tuvo en el fin de semana. No supo porqué, pero la cercanía del rubio la perturbaba… y mucho. Tragó saliva. Yamato se acercaba a ella con cara de zombi.

¿Y ahora qué, demonios, hacía?

- Mimi, ¿tienes algo para comer? – dijo, reuniendo todo su autocontrol para no saltar encima del obentou de Mimi.

Con que era eso…

- ¡Claro! Mi mamá me mandó unas onigiris. Te puedo dar, si quieres. – ofreció la chica, con dulzura.

Luego tomó la mano del rubio y se acercaron hasta la fuente que había a la entrada. Mimi y Yamato se sentaron en el borde. La chica comenzó a desatar el nudo del pañuelo que cubría su obentou y sacó dos onigiris con caritas felices, luego buscó una servilleta y las envolvió para Yamato y se las extendió, con una sonrisa.

El rubio se sonrojó, pero aceptó el paquete gustoso para luego abrirlo. Tomó una onigiri y la empezó a comer. Mimi se sintió algo tonta por habérselas envuelto, pero prefirió ver como comía su amigo.

- Gracias, estaba buena. – dijo el rubio, ya habiendo tragado el arroz.

- Qué bueno que te gustó.

- Gracias Mimi. De verdad, me habría muerto de hambre durante toda la mañana.

Mimi se rió ante el comentario. Yamato guardó la onigiri que le quedó en su maletín, pues se la comería más tarde.

- Te acompaño a tu salón. – Se ofreció el rubio, ahora ya más calmado.

- De acuerdo. – La castaña sonrió de gusto.

Los dos se levantaron y caminaron hacia las escaleras del instituto. Primero pasaron por los casilleros, donde se cambiaron de zapatos. Yamato nuevamente encontró varias cartas de amor de sus admiradoras, mientras Mimi lo observaba divertida. El rubio tomó los sobres y los guardó en su maletín.

- No pensé que leyeras esas cartas. – soltó, de pronto, Mimi.

El rubio sólo la miró, luego se dirigió hacia las escaleras.

- Si se molestaron en escribirlas, creo que es lo mínimo que puedo hacer. – respondió. Claro que no le iba a decir que después las botaba a la basura.

Tachikawa sonrió mientras lo seguía. Estaba segura de que Yamato era muy tierno por naturaleza, aunque nunca lo mostrara.

De pronto se sorprendió de lo que estaba pensando. Se mordió el labio inferior, llevaba semanas pensando lo mismo. Miró a su amigo, quien parecía concentrado en mirar los escalones, seguramente para evitar caerse. Ella debería seguir su ejemplo o terminaría rodando escaleras abajo.

Suspiró.

- Y… ¿qué tal todo con Taichi? – De todos los temas que podía iniciar, tenía que empezar con ese. De pronto sintió ganas de darse golpes contra la pared.

- Pues… bien. – dudó al responder, pero Ishida no lo notó.

Supuestamente ¿qué tenía que responder? Es decir, ella nunca estuvo mal con Taichi. Soltó un suspiro que Yamato logró escuchar.

- Es muy despistado, ¿no lo crees?

- ¿Quién?

- Taichi, pero tú no te quedas atrás. Harían buena pareja.

Mimi se quedó parada en medio de la escalera. Yamato, en cambio, continuaba subiendo los escalones, reprochándose mentalmente por decir tantas estupideces juntas en tan poco tiempo.

- Yo y Taichi no somos novios. – Ya era hora que lo aclarara. Si este malentendido iba a seguir, sería algo más problemático y como había dicho, la castaña odiaba las cosas complicadas.

El rubio se detuvo unos segundos y se dio vuelta para ver a la joven que quedó atrás suyo. Quedó sorprendido, pero no se lo hizo notar. Seguramente, al ser tan despistada, no había notado que su amigo tenía sentimientos por ella.

La chiquilla lo alcanzó subiendo los escalones rápidamente. Prefería dejar ese asunto bien claro, antes que…

De pronto miró a Yamato, quien subía las escaleras calmadamente. Seguramente a él no le importaba en lo más mínimo que ella estuviera saliendo con Yagami. Se mordió el labio, realmente parecía estar paranoica. Soltó nuevamente un suspiro y continuó subiendo las escaleras.

Ishida la observó de reojo. No había parado de suspirar desde que le había tocado ése tema. Se arrepintió de haberlo tocado, pero parecía que no estaba pensando bien esa mañana. En realidad, no pensaba con claridad desde aquel vals.

No supieron cómo, pero se acabaron las escaleras de pronto. Habían llegado al cuarto piso y al costado derecho estaba el salón de Mimi. La castaña se despidió de su amigo, con un beso en la mejilla y entró a su sala. Yamato sólo se quedó mirando cómo ella entraba y luego se dirigió hacia su salón, ignorando todos sus pensamientos con respecto a ella.

Breves minutos después el timbre sonó, indicando el inicio de clases.

El rubio se encontró con Sora y Taichi sentados juntos. No le importó mucho, parecían conversar sobre fútbol. Los saludó a ambos y se sentó en su banco, cruzó sus brazos por encima de la mesa y recostó su cabeza. Esperaba dormir en la primera clase.

Pero su profesor no estaba muy de acuerdo, porque lo despertó a penas entró y anunció al curso que debían dirigirse al auditorio de la escuela, pues tenía una charla vocacional.

A regañadientes se levantó y siguió a sus amigos, quienes lo esperaban sin mayor prisa.

El auditorio del colegio estaba en el segundo piso, así que debían tomar las escaleras. Se encontraron con el otro curso de tercer año, así que bajaron todos juntos. El auditorio era espacioso, podía recibir a toda la población escolar, además de tener asientos para los profesores y las autoridades de la escuela. Al frente había un podio y un escenario. Todo estaba decorado con tonos rojizos.

Yamato buscó un asiento que estuviera cerca de una muralla para poder acurrucarse y seguir durmiendo. Sora se sentó a su lado y Taichi la imitó. Los dos últimos continuaron conversando sobre el partido de fútbol de la tarde del domingo. El rubio sólo esperaba que hablaran más bajo para dormir un rato.

Pero no pudo concentrarse debido al ruido que todos sus compañeros hacían. Así que decidió revisar el lugar, esperando que todos se callasen. Fue cuando la vio. A esa chiquilla, que lo estaba volviendo loco, aún sin saber porqué exactamente. Mimi y Koushirou habían entrado al auditorio, divisaron a sus amigos de tercero y notaron, con alivio, que había asientos vacíos al costado de Taichi. Así que se dirigieron hacia dicha hilera y Mimi se sentó al costado derecho del castaño. Koushirou se sentó al lado de ella.

Sora notó que de pronto Taichi se había olvidado de ella y había comenzado a hablar con Mimi. Parecía más entusiasmado charlando con su amiga que con ella. Y eso la hizo sentirse fatal. Bajó la mirada apenada, ante la atenta mirada del rubio, quien sentía exactamente lo mismo al ver como Taichi y Mimi hablaban sobre quién sabe qué cosas. Y aunque Koushirou también se había integrado a la conversación, no era lo mismo.

Tachikawa prefirió no comentarle a su amigo que Yamato los había confundido como si fuesen pareja. Estaba segura que Sora había pensado algo parecido, pero esperaba que ahora todo el asunto estuviese arreglado. Además debían pensar en la siguiente cita doble.

- Taichi, tenemos algo que hablar. – dijo Mimi, de pronto.

El joven ya sabía a qué se refería, así que sólo asintió. Koushirou, en cambio, le llamó mucho la atención aquella frase. ¿Qué tramarían esos dos? Era realmente sospechoso.

Los profesores entraron al auditorio e hicieron callar a cada muchacho que osara interrumpirlos. Pero Mimi y Taichi continuaban charlando.

- Señorita Tachikawa, señor Yagami, pueden dejar de cuchichear y prestar atención. – Los aludidos miraron al profesor que dio la orden y se callaron. El docente iba a decir un comentario relacionado a una supuesta relación, pero prefirió dejarlo pasar al ver como todos los adolescentes comenzaban a canturrear canciones con respecto a la situación.

Yamato y Sora escucharon los canturreos sobre dicha pareja casi con rabia. Taichi se sonrojó, pero prefirió no hablar nada y Mimi decidió no prestarles atención. Después de todo, no había nada entre ellos dos.

Los profesores comenzaron su exposición. Yamato miraba de reojo a Mimi, quien seguía cuchicheando con Taichi y a veces con Koushirou. Tragó saliva, aún pensando en lo despistada que era ella. Se notaba a leguas que ella quería a su mejor amigo y viceversa. No entendía por qué se esforzaba en negarlo. Y no entendía por qué él se sentía tan molesto con el tema.

Fijó su mirada en Sora, quien miraba distraída la presentación sobre las distintas carreras que había para elegir. La pelirroja parecía eludir a todos ahí presentes y de pronto el rubio se sintió muy mal por ella. Yamato pudo notar los celos que Sora sentía por Mimi y se sorprendió. Recordó lo que Takeru le había dicho: Siempre pensé que Sora estaba enamorada de Taichi. Ahora sí le encontraba algo de sentido a esa discusión de la mañana del domingo.

Pero, todavía se molestaba al ver a Taichi y a Mimi cuchicheando, a pesar de que ella le dijese esta misma mañana que no tenía nada con el castaño. Gruñó, llamando la atención de Sora. La pelirroja lo miró, extrañada, pero el joven decidió acurrucarse en la muralla y dormitar un rato.

La presentación por las diferentes carreras parecía muy aburrida. Mimi seguía conversando con Taichi, ahora el castaño hablaba sobre un video gracioso que había visto en Youtube, mientras Koushirou le daba una lista de otros tantos videos para ver. La castaña echó la cabeza hacia atrás, mientras trataba de aguantarse la vista, cuando su vista se dirigió hacia donde estaba Yamato. Al parecer dormía, acurrucado a la pared. Ella miró hacia el techo y cerró los ojos. Toda su conversación con Taichi se le vino a la cabeza, de golpe. Las preguntas de ese diálogo iban y venían, como si alguien le hubiera puesto la tecla "repetir". ¡Maldito diálogo! Se acordó que debía pegarle a Taichi, así que reunió fuerzas y le pegó un combo en el brazo al chiquillo, a pesar de que no fue fuerte, el joven la miró incrédulo.

- ¿Qué ocurre, Mimi? – preguntó él, sin entender.

Pero la joven ni siquiera le respondió. Así que el castaño decidió tomar cartas en el asunto. Aprovechando que la chica miraba hacia el techo, decidió hacerle cosquillas en el estómago. Las risas de Mimi se escucharon por toda la sala, despertando a Yamato y llamando la atención de Sora. Koushirou negaba, como si estuviese pensando que esos dos no tenían remedio.

- Al matrimonio Yagami, ¿me permiten continuar mi clase? – preguntó, ya de mal humor, el profesor.

Las burlas y canturreos no se hicieron esperar pero esta vez, tanto Mimi como Taichi se sonrojaron. Los habían tratado como pareja amorosa. Taichi miró disimuladamente a su amiga y se sorprendió al notar que esa idea no le desagradó del todo. Luego dirigió su vista a Sora, esperando que ella demostrara algo sobre la idea, esperaba alguna señal o algo, pero la pelirroja seguía mirando la presentación. El castaño se desilusionó, recordándose que él y Sora nunca serían nada más que amigos, porque así lo había querido ella.

Pero Taichi no tenía cómo saber que en ese minuto, Sora se sentía la peor chica del universo por pensar en el novio de su mejor amiga.

Yamato volvió a gruñir y se acurrucó nuevamente contra la pared. Mimi le había mentido, esa era la única conclusión que podía sacar al respecto. Y eso le dolía mucho. Pero prefería no pensar en eso. Se obligó a seguir durmiendo, esperanzado en que así no tendría que ver a ese par.

Mimi continuó mirando hacia el techo, mordiéndose el labio inferior. Todavía no entendía cómo es que la emparejaban con Taichi como si fuese absolutamente normal. Prefirió prestarle atención a la charla vocacional, justamente el profesor estaba hablando de "Diseño de Vestuario", así que prefirió pensar en eso. Después de todo, no valía la pena darle tantas vueltas al asunto.

La clase terminó y los chicos comenzaron a levantarse de su asiento. Cuando se prendieron las luces, Yamato refunfuñó aún dormido, pero Sora hizo todo lo posible para que despertara. El rubio la miró y se estiró, bostezando, mientras la pelirroja ya iba siguiendo a Taichi. Mimi y Koushirou se habían adelantado, pues unos amigos de su curso los habían llamado para conversar.

Sora, Yamato y Taichi se dirigieron a su salón, los tres en silencio. La pelirroja caminaba con la cabeza gacha, pensando en la nueva pareja feliz. Consideraba que Mimi era muy afortunada al ser la chica que Yagami quería. Miró al castaño, quien caminaba con las manos en los bolsillos de su pantalón, con aire despreocupado. Se veía adorable, sin embargo no quería pensar en él así. Es decir, siempre lo había considerado guapo y varonil, pero su corazón había elegido a Yamato. Lástima que se equivocó, pero ahora Taichi estaba con Mimi y debía respetar eso.

El rubio miró a Sora. Le recordó a un gatito hambriento que suplicaba por leche fresca. Desde que hicieron mención del "Matrimonio Yagami", había estado mirando a Taichi como si esperase alguna señal que le refutara todo el asunto. Yamato pasó saliva y cruzó los brazos. Él había esperado esa señal, también. Sin embargo, todo le gritaba que no era así. Y eso lo hacía sentirse enojado. "Estás celoso", eso le habría dicho su hermano menor. Pero no era así. No. Era porque Mimi no aceptaba sus sentimientos. Y porque Taichi no le había comentado nada.

Aceleró el paso, hasta llegar a su salón y sentarse en su banco. Luego, tomó su maletín y buscó la onigiri que Mimi le regaló, la desenvolvió con cuidado y la bola de arroz quedó intacta en su mano derecha, con su carita sonriente mirándolo. Yamato quiso deshacer esa sonrisa, que parecía burlarse de él, como si esa onigiri supiera algo que él no. Prefirió comerse esa bolita antes que esa sonrisa lo volviera loco, así que de un bocado la desarmó.

Taichi y Sora continuaron subiendo escaleras, en silencio. Mimi miró hacia arriba y se los encontró. Al parecer Taichi ya se había rendido con ella, porque ni siquiera comenzaba una conversación. Suspiró, pensando en qué debía hacer para ayudar a su amigo. Ella sí había notado la mirada esperanzada que él le envió a Sora, esperando por alguna señal de celos. Tragó saliva y decidió alcanzarlos. Los llamó y corrió hasta llegar al escalón donde iban. Ahí, Tachikawa los abrazó a ambos y se colocó al otro lado de Taichi. El muchacho decidió prestarle atención a su amiga recién llegada y Sora notó que ella estaba sobrando en el cuadro. Así que con cuidado, trató de desaparecer de la escena.

Ni Mimi, ni Taichi notaron cuando la pelirroja adelantó el paso y los dejó solos. Ambos sólo hablaban sobre la nueva cita a la cuál pensaban llevar a la pareja feliz.

Sora llegó a su salón y se encontró a Matt, quien esbozaba una sonrisa mientras masticaba un poco de arroz. La pelirroja notó que había estado comienzo una onigiri.

El rubio la miró y supo que estaba triste.

- ¿Ocurre algo? – preguntó de pronto. No había visto triste a Sora en mucho tiempo y más que mal, era su ex novia. Así que aún tenía derecho a preocuparse, aunque fuese un poco.

La joven sólo desvió la mirada y se sentó al costado de su ex.

- Pareces celosa. – dijo, con cuidado. Recordó cuando la chica le hizo una escena pensando que su vecina lo miraba con otros ojos. Después de que le gritó, se había quedado callada y lo miraba tristemente como si todo se hubiese acabado. Luego el rubio la tranquilizó, explicándole que todo era un malentendido.

Sora se sorprendió ante tal comentario, pero sólo por un momento. Después de todo, Yamato había sido uno de los chicos que más la había conocido en todo ese tiempo. Y así lo entendió todo: estaba celosa de Mimi.

La joven pensó bien en qué responderle. Pero se decidió a no decir nada.

Yagami, entonces, hizo acto de presencia, aún con su aire despreocupado. Miró a la parejita feliz, pero luego se sentó en su asiento. Al parecer eso era lo que necesitaban, que los dejaran solos. Con amargura, pensó que debía avisarle a Mimi que debían dejarlos solos para notar algunos avances. Con suerte, serían novios a finales de año.

Y la campana sonó. Indicando una nueva hora de clases.

Koushirou miró a Mimi, mientras ella sacaba su cuaderno para la siguiente materia. La chica notó la mirada curiosa de su amigo, pero no entendía el motivo.

- ¿Ocurre algo? – preguntó de pronto. A Izumi, la pregunta lo tomó por sorpresa, pero se tranquilizó un poco.

- Tú y Taichi, ¿se gustan?

¡Wow! Eso había sido muy directo.

- Yo sólo lo quiero como amigo.

Mimi se sorprendió al dar la misma respuesta dos veces en la misma mañana. Meditó un poco, recordando las actitudes de Taichi, pero no le llamaban la atención, como para afirmar que él sentía algo más por ella.

Koushirou prefirió no decir nada más. Le creía a Mimi, pero si Taichi le diese la diese la misma respuesta, no le creería. Al parecer algo ocurría con ellos dos. Sonrió pensando que Mimi era muy despistada como para darse cuenta.

Cuando llegó la hora de almuerzo, Mimi tomó su bentou y se dirigió, junto con Koushirou, al comedor para buscar una mesa desocupada. Cuando la encontró, se instaló en ella y abrió el pañuelo que cubría a la cajita roja. Y esperó a que uno de sus amigos se dignase a aparecer.

Gracias a Dios, Taichi se acercó con su bandeja.

- Hola Mimi. – saludó, con una sonrisa.

- Hola Tai. – respondió ella. - ¿Sabes? Deberíamos ir al cine.

Al castaño, esa proposición, lo tomó por sorpresa. Se preguntó si Mimi quería que fueran ellos solos o con Sora y Yamato.

- ¿Qué dices?

- ¿Qué pasa? – preguntó Koushirou con su bandeja. Se sentó al lado de Mimi y al frente de Taichi.

- Con Tai pensábamos ir al cine. – respondió la única chica.

- ¿Y qué quieren ir a ver?

- "El exorcismo de Emily Rose" – respondió emocionado el joven. Realmente deseaba ver esa película.

- ¡Ah! ¡Es muy buena! ¡Véanla! – recomendó el pelirrojo y se echó un bocado a la boca.

- Pero… es de terror. – replicó Mimi. Odiaba las películas de terror.

- ¡Oh! ¡Vamos, Mimi! No es nada para tenerle miedo. – respondió el castaño, muy animado.

- Pero… está basada en un hecho real. – informó Koushirou, serio.

Y un escalofrío recorrió a Mimi. En ese minuto llegaron Sora y Yamato, cada uno con su bandeja. El rubio se fijó en el bentou de su amiga y notó a las cuatro onigiris que tenían esa sonrisa burlesca para con él.

Sacudió la cabeza. Se estaba volviendo paranoico. Se sentó al lado de Taichi y Sora al lado de Mimi.

- ¿De qué hablan? – preguntó la pelirroja, con inocencia.

- De una película. – respondió Taichi.

El propio castaño se sorprendió por la indiferencia con la que trató a Takenouchi, pero prefería saber bien si iban a invitarlos al cine o no. Mimi también se sorprendió al ver cómo Yagami trataba a su mejor amiga, miró a Sora, quien parecía no darse cuenta de nada.

Pero no era así. La pelirroja supo de inmediato que Taichi trataba de alejarla del tema de conversación. Así que prefirió probar su comida y no volver a hablar.

Dieron un par de bocados y el castaño comenzó nuevamente a hacer conversación. Continuó hablando sobre videos graciosos de Youtube, mientras Koushirou lo secundaba, al pasar tanto tiempo frente a la pantalla de su notebook. Mimi sólo se reía y también nombraba un par de videos que había visto, que sus amigos de Estados Unidos le recomendaron.

Cuando terminaron de comer, Taichi acompañó a Izumi y a Tachikawa a su salón, ahora conversando de un grupo musical nuevo que se estaba haciendo conocido por MySpace. Pero, el pelirrojo debió devolverse a buscar algo a la mesa y dejó a la pareja de castaños solos.

Sora y Yamato vieron como esos dos se iban riendo de lo mejor, dirigiéndose a la azotea. Koushirou lo miró y sonrió.

- Se ven bien juntos, ¿no creen? – preguntó inocentemente.

Pero la parejita feliz no lo creía así. La joven sólo se limitó a jugar con las arvejas de su plato, mientras que el rubio sólo lo miró fríamente. Así que el pelirrojo prefirió apartarse antes de que lo terminaran matando.

Mimi y Taichi llegaron a la azotea. El viento corría fuerte y jugaba con el cabello de ambos. La muchacha sonrió, era un día soleado y no hacía tanto frío. El joven guardó sus manos en los bolsillos de su pantalón y cerró los ojos. Pensó en Sora por un momento, esperando que ella estuviese ahí con él, aunque sabía que eso era imposible en ese minuto.

Tachikawa ya estaba viendo la hermosa vista de la ciudad de Odaiba. Y Yagami se acercó hasta ella.

- Mimi, sobre lo del cine… - No sabía qué decirle. De pronto sintió tantas ganas de ir con ella, los dos solos a ver esa película.

- Estaba pensando que fuéramos con Yamato y Sora. – respondió, contenta la chica.

Adiós a la oportunidad de estar solos.

Taichi miró hacia el suelo, apenado. Había algo que le atraía de Mimi. A lo mejor, con ella podía ser él mismo, como antes pasaba con Sora. Pero no tenía idea si era eso o no. Tal vez sólo estaba proyectando sus sentimientos a ella, porque se había rendido con la pelirroja, pero igual se sentía tan bien.

- ¿Otra cita doble? – preguntó, algo hastiado.

Pero Mimi no se dio cuenta.

- Claro. – respondió.

La joven estaba pensando si realmente valía la pena seguir con este juego. Bueno, ya no se sentía culpable por el rompimiento de Sora y Yamato y por lo tanto, ya no debía inmiscuirse pero seguía haciéndolo. Entonces… ¿Valía la pena hacer todo esto…?

Miró a Taichi, quien estaba con la cabeza gacha. Seguramente él ya no quería seguir viendo a Sora en brazos de otro. Se mordió el labio inferior. Si su amigo estaba sufriendo, no se lo perdonaría nunca. Porque sus intenciones eran muy buenas.

- Pero ahora invitémoslos. Para que no se enojen como la otra vez. – sugirió la chiquilla.

El joven sólo se limitó a asentir. Y tocaron el timbre que anunciaba el fin de la hora de almuerzo. Así que cada uno se dirigió a su salón.

La tarde pasó rápidamente. Cuando acabaron las clases, Taichi y Sora tomaron sus cosas y se dirigieron a sus clubes. Yamato sólo los despidió y guardó sus cosas tranquilamente. Supuestamente tenía ensayo con la banda, pero el baterista se enfermó y no podían ensayar.

Koushirou fue llamado por el club de ajedrez, pues le habían pedido ayuda para una competencia. Así que Mimi se quedó sola, guardando sus cosas. Además debía hacer la limpieza del salón.

El rubio pasó por el salón 2-d y miró a través de la puerta, que estaba abierta. Se encontró con Mimi, quien ordenaba las mesas.

- ¿Te ayudo? – Se ofreció.

La chica lo miró, estaba tan concentrada ordenando, que se sorprendió cuando Yamato le habló. Le sonrió por respuesta y el joven entró a la sala, dejó su maletín encima de la mesa del profesor y comenzó a ordenar.

Por lo menos no había mucho que limpiar, así que terminaron rápidamente. Luego tomaron sus cosas y se dirigieron a la salida en completo silencio.

Mimi miraba a Yamato de reojo, preguntándose si debería invitarlo ahora al cine o lo haría Taichi.

Cuando llegaron al primer piso, la joven iba a cambiarse de zapatos, cuando el rubio la tomó de un brazo y la arrastró hasta la sala de música.

- ¿Tienes tiempo? – preguntó el rubio, mientras tomaba una guitarra eléctrica parecida a la suya.

La chica parpadeó.

- Sí.

El joven sonrío para sí mismo, con altanería. Luego se sentó en una mesa y acomodó la guitarra para poder tocarla. La muchacha lo imitó, sentándose a su lado, con una sonrisa.

- Mimi… - La susodicha lo miró fijamente. - Te escribí esta canción porque…

La chica se asustó pensando que a lo mejor Yamato estaba enamorado de ella.

- Porque quiero disculparme por todo lo mal que te tratamos yo y Sora.

What the Hell!

- Matt, ustedes no me han tratado mal. Tú no, por lo menos.

El rubio la miró fríamente. Luego cerró los ojos y contó hasta diez. Luego se acomodó la guitarra y comenzó a tocar.

La melodía era hermosa pero sumamente triste. De pronto Yamato comenzó a cantar, diciéndole que lamentaba el no haberla protegido pero que ahora él estaría con ella siempre. Que le pedía perdón por no estar con ella cuando más lo necesitaba pero que siempre podía contar con él.

Mimi sonrió, le recordaba al Matt del Digimundo. El que era amistoso y siempre los cuidaba, especialmente a Takeru. Cerró los ojos, sintiendo la melodía, dejándose llevar por el momento. El joven era un gran cantante y su lírica la dejó anonadada porque nunca pensó que él se sintiera así por ella.

Cuando terminó, la chiquilla aplaudió con ganas y él sólo le sonrió.

- Discúlpame Mimi, porque todo lo que te pasó en las semanas anteriores, en parte es por mi culpa.

La joven se mordió el labio nuevamente. Ella no estaba enojada con Ishida. Y menos ahora que le había dedicado una canción a ella. Miró a su amigo, quien sólo tenía ojos para ella en ese momento.

- Te disculpo, Mattie. – Se limitó a decir. Aún con esa paz que le transmitió la canción. De pronto se sonrojó, pensando en que Yamato no le dedicaba canciones a cada chica que conocía. Eso la hacía especial para él.

- Vamos a casa.

Y ambos comenzaron a caminar, ya más tranquilos. Yamato guardó la guitarra y tomó a Mimi de la mano y la condujo hasta los casilleros. Ahí se cambiaron de zapatos y se dirigieron hasta la estación de trenes, en un silencio para nada incómodo.

Al salir, Mimi se quedó parada un rato y Yamato se dio la vuelta, pues la había adelantado.

- Mattie, yo no estaba enojada contigo. – le dijo nuevamente. Era la verdad y a pesar del bonito gesto que su amigo había tenido con ella, prefería ser honesta y decírselo.

Pero esta vez, el chico no se enfadó. Sólo miró hacia un costado y se sonrojó levemente.

Mimi no se dio cuenta y lo alcanzó. Yamato la siguió.

Caminaban tranquilos, como si nada los apurara. La joven iba contenta como si estuviera flotando. De pronto miró a Yamato, quien caminaba impasible a su lado, completamente relajado, con las manos en los bolsillos. Él se dio cuenta que lo estaba mirando, así que le sonrió. Tenía un aire despreocupado, pero siempre tenía una palabra para ella. Parecía como si no pudiera verla mal.

De pronto recordó su plan de la cita doble al cine. Ahora no estaba muy segura si invitar a Yamato. Ahora ya no sabía si debía seguir con ese plan de juntarlos nuevamente.

Se detuvo un momento, mientras se ponía algo pálida. Yamato se dio vuelta, al notar que la chiquilla no caminaba a su costado. Así que se acercó hasta ella, quien parecía ida. La llamó varias veces, pero no respondía.

Tachikawa comenzó a soltar unas lágrimas. Estaba confundida. Había perdido la razón por la que creó todo su plan. Se sentía como la peor manipuladora del mundo. Se sentía fatal y quería puro llorar.

El rubio se asustó y la acercó hacia él. La abrazó fuertemente, mientras le tarareaba la canción que le había cantado anteriormente. Así, comenzó a notar que su amiga ya se comenzaba a tranquilizar. La soltó un poco y la vio, con sus hermosos ojos miel, ahora rojos por el llanto. Se enterneció y la volvió a abrazar. Tragó saliva y miró a ambos lados. No tenía idea de qué hacer para animarla. De pronto sus ojos se toparon con un cartel que promocionaba una película.

- Mimi… ¿quieres ir al cine?

La joven se sorprendió por la invitación. Supuestamente ella debía preguntar eso. Se sintió fatal y no supo qué responder.

- Yo… iré con Taichi. – soltó de pronto. Miró al joven, quien aún la tenía abrazada. Eso la sonrojó.

Pero Yamato, en un acto reflejo, la soltó. ¿Por qué, mierda, salía Taichi en esa conversación? ¿Dónde estaba él ahora que ella estaba mal?

Gruñó.

- ¿Quieres… venir… con nosotros? – ofreció ella, con la cabeza gacha. Aún podía sentir el aroma varonil de Yamato y eso le hacía sonrojar.

¿Y ser el mal tercio? No, gracias. Pensó el rubio, con rabia.

Pero miró nuevamente a la chica parada frente a él. Sus ojitos brillaban por las pocas lágrimas que había derramado. Extrañamente le hacían recordar la mirada del Gato con Botas de Shreck. Gruñó, nuevamente. No podía negarse.

- Está bien. – dijo de mal humor, mirando hacia otro lado.

Y Mimi no supo porqué, pero esa respuesta la alegró muchísimo.

Taichi esperaba a Sora, apoyado en las rejas del instituto, con los brazos cruzados. Su profesor no había tenido tregua con el equipo por la semana en la que perdieron las prácticas. Suspiró de cansancio y miró hacia el cielo. Estaba oscureciendo más temprano, pues se acercaba el otoño. Pronto deberían preparar el festival del equinoccio de otoño, así que nuevamente se cancelarían los clubes extra programáticos.

Sora divisó el cabello desordenado de Taichi, pero trató de controlarse. El muchacho no le había dirigido la palabra en toda la tarde y ella no quería parecer desesperada. Deseó ser Mimi en ese minuto, si se pareciera a ella, a lo mejor, Taichi le prestaría mucha más atención. Soltó un suspiró y se dio cuenta que quedó frente a frente con su amigo.

- Hola Sora. – Le saludó Tai, como si no hubiese ocurrido nada entre ellos.

- Hola Taichi.

- Te acompaño a casa. – Sora no tenía idea de qué tenía la sonrisa de Tai, que siempre hacía que se sintiera mejor.

Le daba rabia porque nunca podía enojarse por mucho tiempo con él.

- Y… ¿qué tal las prácticas? – Taichi hablaba casi por compromiso. Sólo quería invitarla a la dichosa cita doble y largarse. No es que no quisiera estar con Sora, pero realmente le hacía mal pensar que pronto ella sería novia de Yamato y él nuevamente no estaría con ella.

- Bien. Aunque no hicimos mucho. Sólo practicamos un par de saques.

Se quedaron en silencio.

- Y… ¿qué tal todo con Yamato? – Odiaba sacar ese tema de conversación. - ¿Estás mejor?

Sora miró a su amigo. Se refería a lo de su término.

- Pues… sí. O sea, estoy más tranquila. Ambos acordamos que era algo que debía pasar en algún minuto y… eso.

Nuevamente el silencio los invadió. Taichi recordó que aún tenía ganas de pegarle a Yamato por terminar con Sora. Pero ya no valía la pena, porque él no pelearía por ella. Miró hacia el suelo.

La pelirroja miró a su amigo. Seguramente pensaba en que si Mimi estuviera con él, ahora estarían hablando de esos videos de Youtube. ¿Desde cuándo Tachikawa se llevaba tan bien con Taichi? De pronto sintió ganas de llorar. Sentía que se había perdido tantas cosas siendo la novia de Yamato, entre ellas a su mejor amigo.

- Y… - Sintió que se le formó un nudo en la garganta. - Tú y Mimi, ¿están saliendo?

Si a Sora le hubieran dicho que le tendría que hacer esa pregunta a Taichi en algún momento de su vida, se habría reído bastante del imbécil que se lo hubiera dicho. Pero ahora, sólo tenía ganas de llorar.

- No. – respondió, seco.

No estaban saliendo. Pero a veces ella lo confundía. Todavía odiaba el maldito día en el que aceptó ese estúpido trato con ella, pero ahora estaba metido hasta el cuello y lo único que podía hacer era…

¡Dios! ¡La invitación al cine! ¡Lo había olvidado!

- Sora… ¿quieres ir al cine el sábado?

- ¿Solos? – preguntó ella, guardando la esperanza de que así fuese.

- No, con Mimi y Yamato.

Nuevamente sintió el nudo en su garganta. Quería llorar. Taichi y Mimi los estaban utilizando como excusa para salir juntos. Pero… ¿Debía decir que no? Es decir, no era necesario que los entrometieran a ambos. ¿Mimi ya se lo habrá pedido a Yamato? Ojalá él fuera para no ser el mal tercio.

- Bueno. – respondió ella.

- ¡Genial! Después nos ponemos de acuerdo con la hora y todo eso. – dijo Taichi con una sonrisa.

Sora no pudo evitar verlo. Parecía que Mimi lo alegraba mucho. Suspiró.

- Ojalá Yamato fuera para no hacer de mal tercio. – susurró, pero Taichi no logró escucharla.

oxoxoxoxoxoxoxoxoxo

Antes de empezar quiero hacer un minuto de silencio por todo lo que ha ocurrido en Japón. No puedo creer como la naturaleza se ensañó con ellos, al igual que con Nueva Zelanda. ¡Dios! Son tan horribles esas imágenes, me han emocionado mucho. Y es de admirar su postura de respeto hacia el otro, a pesar de todo. Ojalá pudiera enviarle fuerzas a través de este escrito. ¡Mucha Fuerza Japón!

Ahorta sí: Hola Chicas y Chicos =D Estoy segura que ahora querrán matarme T_T Antes de que me persigan o algo así, insisto que este fic es un Mimato, aunque parezca todo lo contrario XD Pero como les dije a varios de ustedes, sólo quiero que se den cuenta de sus sentimientos, especialmente Matt y Sora, que son los que se "equivocaron" al ser novios. Además, recuerden que Mimi llegó a Japón, a penas tres semanas antes, osea no se puede enamorar tan fácilmente de Yama, sería muy extraño.

Así que les pido paciencia por favor! Por lo menos, ya hemos visto los primeros celos de parte de nuestra parejita feliz XD Además ya comenzamos a ver algo de Mimato y Taiora n-n

Quiero agradecer a Mega, The Chronicles of Cissy Black y a Bloody-Rose-Sayo-Yuuki. Muchas gracias chicas por sus comentarios! Ojalá les guste este nuevo capítulo!

En el próximo capítulo tendremos la cita en el cine. A decir verdad, este capítulo la iba a incluir, pero me habría demorado más en actualizar. Lo siento, pero por un tema de tiempo, o acortaba el capítulo o actualizaba no sé cuando T_T No me maten! Pero he tenido mucho que hacer en la universidad y ni siquiera han comenzado mis exámenes (empiezan el miércoles D:)

Muchas gracias por su atención y nos leemos en... no sé cuándo T_T quiero incendiar mi universidad XD Bueno, besitos a todos! =D