Disclaimer: Digimon no me pertence. Pertenece a la Toei y a Akiyoshi Hongo. Y yo no escribo esto con fines de lucro.

Capítulo Seis: La cita en el cine

Taichi y Sora se separaron en un cruce. Apenas vio que su amiga le había dado la espalda, el joven soltó un suspiro. Realmente todo el camino hacia su casa había estado tenso. Algo bastante extraño, considerando que él nunca se había sentido incómodo estando al lado de la pelirroja.

El joven siguió su camino hasta llegar al edificio donde vivía. Cuando llegó, saludó al portero, quien se prestaba a beber un sorbo de café para mantenerse despierto. Taichi continuó caminando por un largo pasillo blanco, pues al final de éste se encontraban los ascensores. Pero al divisarlos, notó que iban a ser utilizados por unas ancianitas, así que decidió subir las escaleras. Después de todo, vivía en el cuarto piso y él, gracias al fútbol, tenía una buena resistencia aeróbica.

Subió lentamente los escalones, pero finalmente llegó hasta su piso. Luego caminó por otro pasillo hasta llegar a la puerta del departamento donde vivía, sacó las llaves de su bolsillo y la encajó en la cerradura, logrando abrir la puerta. Dejó sus zapatos en el compartimiento donde debía guardarlos y se calzó las pantuflas. Saludó a su mamá, mientras se dirigía a su habitación.

Y, cuando llegó hasta su pieza, cerró la puerta de golpe. Lanzó su maletín hacia cualquier sitio y se echó sobre la cama de abajo del camarote, suspirando.

- Hola Taichi. – Le saludó su hermanita menor, desde la cama de arriba.

- ¿Qué haces aquí, Hikari? – preguntó, él, con sorpresa. Miró hacia arriba y se encontró con la cara de su hermana, mirándolo con una sonrisa burlesca.

- Tengo examen de matemáticas mañana y necesito estudiar.

- Para eso está tu cuarto. – señaló lo obvio el joven.

- Sí, pero la ampolleta se quemó y papá todavía no llega para cambiarla. Así que, mamá me dio permiso para estudiar aquí. Espero que no te moleste.

- Sí, como sea. – respondió, como si realmente no le importara.

Porque no era así. Necesitaba estar solo ahora más que nunca. Soltó un suspiro y se recostó nuevamente en la cama de abajo del camarote, mientras miraba el colchón que estaba encima de él.

¿Debería salir con Sora en esa cita doble?

- ¡Hermano! – Le llamó la castaña.

- ¿Qué quieres Hikari? – contestó de mal humor, luego de que ella hubiera interrumpido sus pensamientos.

- ¿Me puedes explicar lo que hizo el profesor de matemáticas aquí?

Entonces, Hikari bajó de la cama, junto a un cuaderno, para mostrárselo a Taichi. El joven tomó la libreta de mala gana y comenzó a examinar los números que su hermana había escrito en ella.

Luego de un par de minutos, soltó un suspiro.

- No entiendo qué hizo.

- Y yo no entiendo cómo pudiste llegar a Preparatoria.

- ¡Oye! – gritó el castaño y se dio la vuelta, para mirar hacia la pared con los brazos cruzados.

¿Quién se creía esa mocosa?

- Mejor le preguntaré a Takeru mañana en la mañana. – Se dijo más para sí misma la chiquilla, mientras volvía a encaramarse en el camarote.

Taichi parecía mirar la pared con total atención, pero en realidad, se había perdido en sus pensamientos. Sora había aceptado ir a una cita con él. Una cita doble, donde lo más probable era que se terminara acercando a Yamato, pero una cita al fin y al cabo. Sin embargo, no tenía idea de si seguir con todo ese estúpido plan que ideó Mimi o simplemente hacerse el desentendido y desear que las cosas se arreglen solas, como debió haber hecho en un principio.

¿Qué demonios intentaba hacer? Si, después de todo, Sora no estaba enamorada de él. Nunca lo estuvo y nunca lo estará. Además de que estaba Mimi…

- Hermano… - Le llamó Hikari.

Mimi Tachikawa, la chica rosadita que se había vuelto de Estados Unidos. La joven que nunca pensó que le iba a gustar.

- ¡Hermano! – Volvió a llamarle, la menor.

Sí, dijo gustar. Porque al parecer era Mimi a quién él debía empezar a conquistar y no Sora, como había pensado en un principio… Es decir, ahora más que nunca necesitaba que alguien le sacara a la pelirroja de la cabeza y, como dicen por ahí, "un clavo saca a otro clavo". Tal vez, y sólo tal vez…

- ¡HERMANO! – Esta vez gritó la castaña.

- ¿Qué quieres Hikari? – contestó de mal humor Taichi.

La joven Yagami se extrañó por el mal humor de su hermano. Es decir, Taichi era un cabeza hueca de lo peor, pero siempre la trataba bien y no le gritaba muy seguido. No como ahora.

- ¿Qué tienes? – Hikari bajó del camarote y se sentó a un costado de su hermano.

El muchacho continuó mirando la pared, con los brazos cruzados. La joven se preocupó y trató de hacer que se diera vuelta para poder mirarlo, pero él ni siquiera se movió.

- Taichi… - Soltó el nombre de él en un susurro.

- Ándate, Hikari. – Le ordenó y cerró los ojos con fuerza.

- Pero…

- ¡ÁNDATE!

La joven no tuvo mayor opción que tomar su cuaderno y salir de la habitación de su hermano. Preocupada, se dirigió al sofá y se sentó, pensando en que él había estado bastante raro todas esas semanas. Desde que Sora rompió con Yamato…

Pero, supuestamente debería estar feliz por ello…

Tragó saliva, mientras trataba de pensar en qué diablos le pasaba. Odiaba cuando su hermano estaba mal, porque eso hacía que ella también se pusiera triste al no poder ayudarlo. Taichi había sido un gran hermano con ella, especialmente cuando eran más chicos y él había aceptado la tarea de cuidarla por ser tan enfermiza. ¿Por qué ahora ella no podía hacer lo mismo por él?

Taichi salió de su habitación con la peor cara del mundo. Hikari simplemente lo miró.

- ¿Podemos hablar? – Le dijo él, arrepentido.

- Sí, hermano. – Le respondió, aún apenada.

Entonces, Taichi, se sentó al lado de su hermanita, miró hacia el techo por un minuto mientras soltaba un suspiro.

- Hikari… - Taichi, de pronto, se encontró con que no tenía idea de qué decirle. Sólo que cometió la estupidez del siglo. - Le pedí una cita a Sora.

- ¿En serio? – La chica nunca pensó en oír eso. - ¿Y…? – preguntó, emocionada.

- ¿Y qué?

- ¿Qué te dijo?

- Que sí.

- ¡Felicidades, Tai! – Y la chica saltó encima de su hermano para abrazarlo.

- ¡Es que tú no lo entiendes Hikari! – respondió, el muchacho, mientras se liberaba del abrazo de su hermana. Parecía tenso.

- ¿Qué cosa, Taichi?

Él se quedó callado. ¿Qué se supone que debía decirle? ¿Qué era un imbécil masoquista por querer que Sora vuelva a ser novia de Yamato y por eso le pidió una cita? ¿Qué por eso había aceptado el maldito trato con Mimi? ¿O qué se había dado cuenta que, a lo mejor, era Mimi con quién debía estar?

- Taichi… - Lo llamó su hermanita, preocupada.

- Es que… quiero que ella sea feliz.

- ¿Quién?

- Sora.

- ¿Y qué tiene que ver eso con la cita? – preguntó la joven castaña, sintiendo que se perdió algo en la conversación.

- Porque la invité a esa estúpida cita para que vuelva con Yamato.

- ¡QUÉ! – No gritó, pero si estaba molesta. Y, por sobre todo, confundida. - ¿Por qué hiciste eso?

- Por Mimi.

- ¿Mimi Tachikawa? – preguntó para asegurarse. El muchacho sólo asintió, mirando apenado hacia otro lado. - ¿Qué tiene que ver Mimi con todo esto?

Taichi sólo soltó un suspiro. Ésa era una muy buena pregunta para comenzar, pero él ya intuía la respuesta: Le gustaba Mimi y sólo por eso, estaba tratando de impresionarla para que lo ayudara a olvidar a Sora.

- Hermano… - Hikari lo miraba completamente apenada.

- ¡Que ella me gusta! – soltó de la nada.

La joven pareció haberse quedado en estado de shock. Todo lo que su hermano le dijo parecía tan irreal…

Miró a su hermano, quien parecía achicarse por cada minuto que pasaba. Parecía que tuviese un aura negra alrededor de él, como si tuviese depresión. Lo miró, apenada.

- ¿Desde cuándo? – Hikari sólo atinó a preguntar eso.

- No lo sé. Un día conversamos sobre mis sentimientos por Sora y al otro ya me gustaba…

- ¿Es decir que te gustan las dos…? – preguntó, para ver si había captado la idea.

El muchacho simplemente asintió, mientras su vista se perdía al infinito. La joven Yagami se levantó del sillón y se dirigió a la cocina para traerle un vaso de agua a su hermano. En este minuto, consideraba que no podía hacer mucho más que eso. Porque ella también estaba confundida por todo lo que estaba pasando.

Yamato llegó a su casa con un humor de perros que ni él mismo podría soportar. Abrió la puerta del departamento y con la primera imagen que se encontró fue con Takeru jugando videojuegos. Sólo atinó a gruñir.

- Hola hermano. – Le saludó el rubio menor, aún concentrado en los gráficos de la televisión.

Pero el hermano mayor ni siquiera respondió. Se acercó hasta la cocina y abrió el refrigerador para buscar el pedazo de pastel que Mimi le había hecho, pero no lo encontró.

- ¡Takeru! ¡Qué pasó con mi pastel! – gritó, de mal humor, mientras cerraba el refrigerador de golpe y se interponía entre su hermano y la televisión.

Takaishi lo miró con aire cansado, puso su juego en pausa y miró a su hermano.

- Te dije que papá se lo comió.

- No mientas, hermanito… - Eso sonaba a amenaza.

- Te digo la verdad. Papá se lo comió el sábado, te lo dije ayer en la mañana y no me escuchaste porque estabas muy ocupado pensando quién sabe qué cosas. – dijo, ya aburrido del tema. – Mira Yama, yo sé que tú eres muy orgulloso y blah, blah, blah, pero deberías aceptar que estás celoso de Taichi y que tú amas a Mimi y todos seremos felices…

- ¡No estoy celoso de Taichi! – respondió, enfadado. - ¡Y no me gusta Mimi! – volvió a gritar, pero esta vez ya no estaba tan convencido como antes…

- Ajá, lo que tú digas… - dijo, irónicamente, el menor.

Yamato se quedó callado. De pronto se le fue su enojo y no supo qué responderle a su hermano menor. Sólo atinó a sentarse en un sillón y pensar un poco. Apoyó su cabeza en su mano derecha y miró fijamente a la pantalla, pero no prestó atención al juego de su hermano.

Takeru, viendo que ya no tendría más interrupciones, le quitó la pausa al juego y comenzó a matar a unos samurái para llegar con el jefe de la etapa.

El rubio mayor no podía parar de pensar en dos cosas: una, en Taichi, por ser un idiota que se le aparecía hasta en la sopa, porque siempre Mimi hablaba de él; y dos, en Mimi, porque siempre parecía ser la única afectada, pero luego volvía a hacer niñerías que lo hacían perder la cabeza, pero que tanto le gustaban…

¡Esperen! Él no dijo gustar, ¿ok?

Soltó un nuevo gruñido, mientras prestaba atención a la televisión. Takeru debía matar a un ninja para ganar esa etapa. Y eso estaba haciendo, pero en realidad, apretaba los botones del control casi automáticamente. Porque estaba pensando en su hermano: nunca hubiera creído que era así de terco. Era mucho más fácil admitir que le gustaba Mimi y que estaba celoso de Taichi y se podría hacer algo al respecto. Es decir, estuvo en una situación muy parecida hace tres años atrás y, al final, él se quedó con la chica.

- Si tanto te molesta, puedo preguntarle a Hikari si Taichi tiene una relación con Mimi. – sugirió, luego de matar al ninja.

El joven Ishida se quedó mirando a su hermano menor. La idea era buena, pero Mimi ya le había asegurado que no estaban saliendo… Aunque después vino lo de la cita doble.

- En realidad, no me importa mucho… - dijo, tratando de parecer indiferente.

- Sí, claro… - soltó, irónicamente, Takaishi. – Yama, no hay preguntas tontas.

- Mimi me dijo que no estaban saliendo, pero en la tarde me invitó a una cita con Taichi. ¿Cómo quieres que interprete eso?

- Que te gusta y estás celoso

- ¡No me refería a eso! – gritó, enojado.

Takeru simplemente se limitó a reírse de él un buen rato.

- Takeru… - Nuevamente, el tono de amenaza estaba presente en la voz de Yamato.

- Le preguntaré a Hikari mañana. No tienes nada que perder.

Si se lo decía el chico con el emblema de la esperanza, era porque tendría razón, ¿no?

- Está bien. ¡Pero que no se te olvide!

- Admítelo, te gusta.

- ¡Cállate! – gritó, mientras volteaba la cara, para esconder su sonrojo.

Y Takeru se volvió a reír. Mientras que Yamato se iba a la cocina a preparar la cena.

Sora abrió la puerta de su casa y se encontró con su mamá, quien estaba esperándola. Pero verla ahí, no la calmó. Trató de aguantarse las lágrimas y enfrentarla.

- Hola mamá.

- Hija, te estaba esperando para cenar.

- Sí, lo sé.

- ¿Te ocurre algo?

¿Qué si le ocurría algo? El muy idiota de Taichi la invitó al cine pero para ir con Mimi y que ella fuera de chaperona o algo así. Y era extremadamente deprimente pensar que esos dos se llevaban de maravillas en apenas tres o cuatro semanas.

Sintió de pronto que su garganta comenzaba a picar y que sus ojos se aguaron. No pudo aguantarlo más y se puso a llorar.

Su madre se acercó hasta ella y la abrazó, consolándola.

- Hijita, sé que tu quiebre con Yamato duele, pero hay muchos más chicos…

- ¡No es eso, mamá! – gritó la pelirroja, mientras continuaba llorando.

La señora Takenouchi se preocupó. Había notado que su hija no había estado bien, lo asoció a su término con Yamato, pero ahora…

- Hijita… - Sólo atinó a abrazarla más fuerte, esperando a que Sora sólo pudiera dejar de llorar.

La pelirroja lloró y lloró hasta que comenzó a hipar. Estaba temblorosa y triste, así que su madre se acercó a la cocina y le trajo un vaso de agua con azúcar, para que pudiera calmarse. Sora se bebió el contenido lentamente, mientras aún sollozaba. Y su madre le acercó un pañuelo, para que se pudiera limpiar la cara.

- ¿Qué está pasando? – preguntó, casi como una orden.

La madre de Sora miró a su hija. Aún parecía afectada por el llanto, así que trajo otro vaso con agua con azúcar. Se lo pasó a la muchacha, quien no tenía intenciones de bebérselo tan rápidamente como el vaso anterior.

- Es que… es Taichi…

- ¿Taichi? – De todos los nombres masculinos que la señora Takenouchi esperaba, ése era el último que quería escuchar. - ¿Te peleaste con Taichi, Sora?

- No… - La chica soltó un suspiro y bebió algo de agua. – Es sólo que… me invitó al cine…

- ¿En serio? - Su mamá preguntó emocionada. - ¡Qué bueno hija! Así podrás distraerte un rato…

- ¡No es eso mamá! – chilló y trató de aguantar las futuras lágrimas que sabía que se avecinaban. – Es que… Taichi me invitó porque… quiere que vaya Mimi…

Celos. La mujer supo de inmediato que se trataba de eso. Y nunca lo esperó… Bueno, en realidad, sí: Siempre soñó con que su hija fuera a comenzar una relación con el joven Yagami, no es que Yamato no le gustó como novio para su hija, sino que era mucho más natural que Sora fuese novia de Tai que de Matt.

- Y a ti te molesta que Tai prefiera a Mimi, ¿verdad?

- Sí… - dijo, apenada.

Sora no quería parecer una niña de cinco años que se sentía celosa porque le quitaban a su mejor amigo, pero… esto era completamente distinto.

- Sora, a ti… ¿te gusta Taichi?

La pelirroja se extrañó con la pregunta. ¿Qué si le gustaba Taichi? ¡Por supuesto que no! Es decir, el chico era lindo, guapo, tenía buen cuerpo, le gustaban los deportes (como a ella), compartían los mismos gustos musicales, iban a los mismos partidos, era un gran amigo y todo eso. Pero de ahí a gustarle…

- No lo creo… - respondió, extrañada.

Su madre quiso soltar una risita, pero no lo hizo. Su hija recién se estaba comenzando a dar cuenta de sus sentimientos por su mejor amigo, así que era mejor no intervenir.

- Y… ¿entonces? – preguntó. - ¿Qué tiene de malo que salgan tú, Taichi y Mimi?

- Y Yamato, él también irá, creo…

- Sí, pero ¿qué tiene de malo que Taichi salga con Mimi?

- Creo que… Tai se irá de mi lado. – Miró a su mamá, quien la observaba, extrañada. – Es que… cuando estuve saliendo con Yamato, siento que… lo dejé de lado. Que ahora lo veo y siento que… cambió tanto.

- Que no es el mismo chico que viste antes, ¿verdad?

- ¡SÍ! ¡Eso mismo!

- Y eso… ¿te molesta?

- No, pero quería estar ahí cuando él cambió. Y ahora, si se va con Mimi, ya no podré verlo cambiar de nuevo…

- Y… ¿no has pensado en decírselo?

- ¿Decirle qué?

- Lo que me estás diciendo.

- Es que se ve tan emocionado al lado de Mimi, que siento que estoy siendo egoísta…

- Aún así, deberías decírselo. – dijo, de pronto, su madre. – Es tu amigo. Además, debiste haberlo visto el día que te resfriaste, cuando te trajo ese pastel de chocolate. Parecía tan preocupado como tú lo estás ahora. Habla con él. Seguramente, te escuchará.

Sora se quedó pensando sobre ese día. Pero no recordaba muy bien las veces que habló con Taichi. Aún así, debía agradecerle ese pastel de chocolate y que la hubiera venido a ver, porque, perfectamente, pudo haber ido a ver a Yamato.

La chica miró a su mamá, quien se estaba dirigiendo a la cocina para servir la cena.

- ¡Mamá! – La mujer se dio vuelta para mirar a su hija. – Quiero regalarle algo a Tai…

- ¿Algo como qué?

- Un pastel… - respondió, dudosa.

- Sabes que terminaré haciéndolo yo, ¿verdad? – respondió la señora, risueñamente. Su hija aún no aprendía a cocinar.

- ¿Eh…? ¿Y qué puedo hacerle?

- Por qué no una bufanda. Especialmente ahora que está haciendo frío en las mañanas.

Los ojos de Sora se iluminaron de alegría.

- ¡Gracias mamá! – gritó y se dirigió a su habitación, para contar sus ahorros y ver así cuánta lana podría comprar mañana.

La señora Takenouchi sonrió y se metió a la cocina. Esperaba que ahora sí las cosas podrían estar más tranquilas.

Mimi llegó a su casa, pensativa. Es decir, luego de ponerse a llorar frente a Yamato y sacar de la nada esa invitación al cine, realmente se puso incómoda. No es que el rubio fuese mala compañía, pero se preguntaba si realmente debían ir los cuatro a ese cine.

Yamato había sido un chico muy tierno en acompañarla hasta su casa, se había preocupado tanto por ella…

- Mimi, hija, ¡al fin llegas! – La recibió su mamá. – Tu padre me llamó de Estados Unidos. – La muchacha pareció ver corazones salir de su madre. – Me dijo que ya le están tramitando la transferencia… ¿no es genial? Ahora, ve a lavarte las manos para cenar. A propósito, me quedaron onigiris, así que eso cenaremos.

La joven miró como su madre parloteaba y parloteaba, pero ya no escuchaba nada de lo que le decía. Decidió hacerle caso (en lo de lavarse las manos), porque si trataba de hablar con ella, inevitablemente terminarían hablando de la señora Tachikawa y no de Mimi. Lo cual no era malo, porque, de hecho, ya se había acostumbrado. Pero, en este minuto no tenía ganas de escuchar los problemas que tuvo su mamá para limpiar la cocina.

Dejó su maleta en su habitación y entró al baño para lavarse las manos. Una vez que se aseara, revisó su reflejo en el espejo. Aún tenía los ojos un poco rojos, pero su mamá ni siquiera se había dado cuenta.

El nombre de Yamato se le escapó de los labios. Y es que no podía evitarlo, porque consideraba que él era un buen chico y realmente se veía bien sin estar al lado de Sora, porque, después de todo, ella lo había visto terminar con su amiga en primera fila.

Aún así, estaba confundida… ¿Debía seguir su plan de Cupido o no?

- Mimi, a lo mejor, estás haciendo muchas estupideces en tan poco tiempo. – Se dijo, y salió del baño.

Su mamá la llamó para cenar y la chica se dirigió hasta el comedor, donde la señora Tachikawa veía televisión, mientras parloteaba sobre la voz varonil del señor Tachikawa. Y Mimi se perdía en sus pensamientos, pensando en el ex novio de su mejor amiga.

A la mañana siguiente, Taichi simplemente despertó. Su conversación con Hikari no le había devuelto la tranquilidad que él pensó que iba a recuperar, pero al menos no se sentía tan mal como hacía un par de semanas atrás.

Suspiró, pensando en que era martes y eso significaba que faltaban cinco días para que llegara esa dichosa cita doble en el cine.

Se levantó de su cama y se vistió lentamente. Luego, su mamá le gritó porque, según ella, llegaría tarde. El joven salió de su habitación y se encontró con su hermana, quien simplemente lo miró aún confundida por su conversación en la noche anterior.

Pero la señora Yagami ya estaba perdiendo la paciencia, así que le entregó un par de tostadas a su primogénito y lo obligó a salir corriendo de su casa. Taichi, en el camino del pasillo hasta la puerta, tomó su maletín y corrió antes que su mamá lo persiguiera con una olla para, según ella, "no llegar tarde".

El castaño simplemente se limitó a caminar hasta su instituto, con una de las tostadas en la boca y cargando su maletín, con aire despreocupado. No se había arreglado el cabello (como de costumbre), ni tampoco la camisa. Se le había quedado la corbata y un par de cuadernos.

Sora lo vio pasar y sonrió. Taichi siempre seguiría siendo el mismo chico despreocupado. Decidió alcanzarlo. Su mamá le había aclarado muchas de sus dudas, así que todo parecía ir bien. De hecho, hasta era un bonito día.

- Buenos días, Tai. – Le saludó la pelirroja, alcanzando al castaño.

- Hola Sora. – respondió él y luego se llevó la otra tostada a la boca.

La pelirroja prefirió dejar que su amigo comiera tranquilo. Tendría todo el día para conversar con él.

Taichi, en cambio, estaba algo contrariado. Seguramente, al muy maldito destino se le había ocurrido que estuviera con Sora para que él siguiera con su confusión. ¡Dios Santo! La única esperanza que le quedaba era que pronto llegaría la graduación...

- Tai, oye…

La pelirroja le había hablado. El joven reprimió un suspiro.

- Dime, Sora. – Su tono de voz no parecía el de una persona molesta, así que la chica sonrió. ¡Este sería un grandioso día!

- Quería preguntarte.

¿Quieres ser mi novio? Si Takenouchi decía eso, era oficial: El destino encontró un juguete nuevo llamado Yagami Taichi.

Aunque la pregunta no sonaba del todo mala… Con un poco de suerte, tal vez…

- ¿Qué cosa Sora? – La animó el chico. De un momento a otro se sentía ansioso.

- Que… ¿cuál película vamos a ver? – Soltó la joven, algo risueña.

El destino era un estúpido y ojalá se muriera. Pensó con rencor, Yagami.

- No lo sé. Tenemos que hablar con Mimi y con Yamato. – respondió, como quien no quiere la cosa.

¿Mimi? ¿Por qué tenía que aparecer ella en la conversación? Gritaba Sora en sus adentros. Pero decidió respirar varias veces y tranquilizarse. Esta era SU mañana con Taichi y debía aprovecharla.

- Err… Bueno.

¿Sólo eso? ¿ERA SU MAÑANA CON TAICHI Y SE LE OCURRÍA DECIR "BUENO"? La joven ardía en llamas para sus adentros. Y, si hubiera podido, se habría desdoblado para patearse un par de veces.

Ambos jóvenes divisaron la reja de su instituto. Justo en ese minuto, venía llegando Mimi Tachikawa, aún algo adormilada y sin ninguna gana de entrar.

- ¡Mimi! – Le llamó Taichi.

Sora se entristeció al pensar que Taichi había llamado a Mimi porque le gustaba. Soltó un suspiro, pero decidió seguir a su amigo y saludar a la chica.

Tachikawa, en cambio, se encontraba feliz por Taichi, porque al fin se había decidido a hablar con Sora. Con un poco de suerte, a lo mejor, esa cita al cine sería la última y el chico tendría el camino libre con la pelirroja.

- Buenos días, chicos. – saludó la castaña con espontaneidad.

- Hola Mimi. – Le devolvió el saludo, el joven.

- ¿Tan temprano en pie Taichi? ¡Se acabará el mundo! – exclamó, con burla la chiquilla.

- ¡Oye!

- Debes admitir que Mimi tiene razón Tai. – Le sugirió la pelirroja, a modo de broma.

- ¡EH! ¿Tú también Sora?

Ambas muchachas se rieron a costa del pobre Yagami. Sora, que no era muy dada a eso, se sintió un poco culpable, pero la pelirroja sabía muy bien que Taichi tendía a ignorarla cuando se encontraban con Mimi, así que era hora de involucrarse más en la conversación

Mimi, en cambio, era burlesca desde su paso por la secundaria de Estados Unidos, así que realmente este era uno de sus grandes pasatiempos.

Y Taichi sentía que no podía estar mejor entre las dos chicas que le gustaban.

- Vaya que es extraño verlos juntos a esta hora de la mañana. Especialmente a ti Taichi. – dijo un rubio, con un tono de voz que rallaba en lo indiferente.

Los tres chicos se dieron vuelta y lo vieron. Era Yamato, con el cabello rubio rebeldemente despeinado, su camisa afuera del pantalón y la corbata levemente anudada.

Mimi se fijó en los ojos azules del rubio, denotaban cansancio y… algo más… que no supo distinguir bien.

- Buenos días Yamato. – Le saludó Sora, más por cortesía que por otra cosa.

- ¿A qué te refieres con que verme a esta hora es extraño Ishida? – preguntó Taichi bastante enojado.

- A que es la verdad. – respondió, irónico, el rubio.

- ¡Ya basta! ¡No quiero que empiecen a pelear a esta hora de la mañana! – gritó la pelirroja, enfadada.

Tachikawa miraba la escena casi con nostalgia, pues se parecía a una de las tantas peleas de niñez que tenían esos dos. Soltó una risita y todos se la quedaron viendo.

- Aprovechemos que estamos todos aquí y decidamos qué película vamos a ver. – dijo la castaña con una sonrisa.

Y tanto Yamato como Taichi se sonrojaron.

En cambio, Sora se entristeció al ver las mejillas rosadas de su amigo.

Y Mimi, bueno, ella no se dio cuenta de nada.

- Qué tal si vemos una película de terror. – sugirió Taichi, con una sonrisa.

La pelirroja sabía perfectamente porqué había escogido ese tipo de películas. De hecho, ya podía ver a Mimi gritando por una escena que le había asustado y a Taichi abrazándola para tranquilizarla.

- Eh… no… gracias… - dijo Mimi, con voz temblorosa. - ¿Qué tal una película romántica?

El rubio pudo ver claramente como Taichi y Mimi intentaban imitar la escena del beso final de la película, mientras él y Sora sobraban claramente en esa estúpida situación. Estuvo a punto de gruñir, pero decidió apresurarse y pensar bien su jugada.

- ¿Te dan miedo las películas de terror, prin-ce-sa? – preguntó Ishida, con una voz sarcástica y mirando fijamente a los ojos a la chica de cabello castaño.

Taichi estuvo a punto de gruñir pensando en que Ishida iba a abrazar a Mimi si ella se asustaba en una escena de terror.

- ¡No me dan miedo! – chilló Tachikawa con furia. - ¿Quieres apostar, Ishida?

El rubio pareció hacer como que meditaba algo.

- Entonces veamos una película de terror. – dijo y miró directamente a la chiquilla que tenía enfrente. Podía ver claramente los ojos miel llenos de rencor y miedo al mismo tiempo.

- A Mimi no le dan miedo las películas de terror, pero a mí sí, Yamato. – dijo Sora, más calmada.

- Pero eso es distinto Sora. – respondió el rubio, como quien no quiere la cosa.

A decir verdad, a él tampoco le gustaban las películas de terror, no porque le dieran miedo, sino porque encontraba que su contenido era bastante repetitivo. Y, de hecho, nunca llevó a Sora a ver una de esas películas porque sabía que a ella no le agradaban.

Mimi suspiró con alivio, pensando en que Yamato no podría negarle nada a su ex novia.

- Pero Sora… - Se limitó a hablar Taichi. – Tienes que pensar que es ficción. No dan mucho miedo.

Ahora, Sora se imaginaba que era ella a quien Taichi abrazaba mientras ella chillaba por la escena de terror. Decidió quitarse esa idea de la cabeza, porque, ese era el chico que le gustaba a su mejor amiga.

- Está bien, veamos una película de terror. Pero que no sea muy tarde. – pidió la pelirroja, aún algo asustada.

Es que no pudo negarse a la mirada de perrito abandonado que le mandó Taichi.

- Bueno, está decidido, veremos una película de terror. – cerró la conversación el rubio, mientras miraba a Mimi por el costado, viendo como temblaba ligeramente. - ¿Por qué tiemblas Mimi?

La castaña hizo como que ignoraba ese comentario y trató de tranquilizarse.

- Tiemblo de emoción, Ishida.

- Si tu lo dices… - respondió irónico, el rubio.

Sora miraba atentamente a su ex novio. Nunca lo había visto comportarse así con una chica. Realmente le llamaba la atención toda esa situación.

Taichi, en cambio, veía de mala manera ese acercamiento entre Mimi y Yamato. Sin embargo, si uno lo miraba bien, no parecía enojado por eso, a menos que se fijaran en sus puños, que estaban siendo apretados hasta que sus nudillos se pusieran blancos.

Y Mimi, bueno, ella esperaba no tener que gritar y salir corriendo en medio de la película.

- Entonces, juntémonos a la entrada del cine a las cuatro de la tarde y veamos qué película de terror hay. – sugirió el castaño, bastante serio.

- Yo sé que la única película que hay es la de ese exorcismo famoso... – respondió el rubio, mientras miraba a Mimi, de forma burlesca.

- Ge… ¡Genial! – La castaña decidió inspirarse valor e ir a ver esa estúpida película de exorcismos.

- Mientras salgamos como a las siete, está todo bien para mí. – Terminó por decir la pelirroja, aún algo asustada por esa película.

Y, justo en ese minuto, sonó la campana que indicaba el inicio de clases. Así que el grupo de cuatro amigos se fue corriendo hacia sus respectivos salones, antes de que los castigaran por llegar tarde.

El día pasó bastante rápido para los cuatro chicos. Taichi nuevamente tenía práctica con el equipo de fútbol, así que decidió marcharse rápidamente hacia las canchas. Yamato, debía ensayar con su banda, por lo que se despidió de Sora y salió corriendo. Y la pelirroja decidió irse para ir a comprar lana para la bufanda de su amigo castaño.

En la salida se encontró con Mimi, quien se dirigía a su casa con aires de despreocupación y cansancio.

- Hola Mimi. – Le saludó la pelirroja, por detrás.

- Hola Sora. ¿Ya te vas a casa? – preguntó la castaña, con interés.

- Sí, pero quiero ir a comprar unas cosas antes de irme a casa.

- ¿Cosas?

- Sí. ¿Quieres acompañarme?

- Bueno. – respondió la menor, de forma jovial.

Así que ambas chicas se dirigieron a una tienda donde vendían madejas de lana, palillos y muchas cosas para hacer manualidades, que se encontraba cerca de su instituto.

- Sora, ¿piensas hacer un regalo a mano? – preguntó Mimi, al ver la tienda donde se encontraban.

- Sí.

- ¿Y qué harás? – preguntó nuevamente, con curiosidad.

- Una bufanda.

La joven de ojos de color miel exclamó con alegría. Le encantaba ver como las chicas hacían manualidades. Especialmente cuando era para la persona que les gustaba…

Y se detuvo ahí. Sora era bastante femenina, pero no hacía este tipo de manualidades. Además, no tenía a quién regalárselas, porque su novio había terminado con ella.

Miró a su amiga, quien estaba eligiendo entre dos madejas: una de color azul y otra de color naranja. Mimi, sin querer, pensó en Yamato y en Taichi, según el color de la madeja.

- Sora… - Le llamó, inquieta.

La pelirroja dejó las madejas en el mostrador y se volteó para ver a su amiga.

- La bufanda… ¿para quién es? – preguntó, sin importarle si sonaba algo ruda.

Sora notó que Mimi se veía incómoda. Seguramente cree que la bufanda es para Taichi y se asustó. Se dijo, y decidió pensar. La pelirroja sabía que su amiga estaba enamorada de Yagami, pero aún así ella quería hacerle esa bufanda para agradecerle por todo lo que había hecho por ella.

Tragó saliva y dudó en si responder con la verdad o no.

- Para… Yamato. – mintió, mientras observaba la madeja naranja.

Mimi no tenía porqué enterarse que la bufanda era para Taichi.

Pero lo que Sora no sabía es que Mimi se sentía incómoda al ver que esa bufanda era para Yamato.

¿Qué te pasa? Si, después de todo, fueron novios. No debería molestarte algo como eso… O, quizás sí, porque Yamato no ha dado señales de que quiera volver con Sora y eso te molesta, ¿verdad, Mimi? Se repetía mentalmente la castaña, mientras trataba de sacar fuerzas para sonreírle y darle ánimos a su amiga.

- Entonces… ¡Ánimo, amiga! – Le deseó, con una sonrisa, forzada.

- ¿Ánimo? – repitió la pelirroja, extrañada. Y culpable, porque, después de todo, sabía que le había mentido a su amiga.

- Sí, ya verás como Yamato te corresponderá por la bufanda. – dijo, algo tensa.

- Si tú lo dices… - respondió, aún culpable. Luego, la pelirroja se fijó en las madejas, aún decidiendo entre la naranja o la azul.

Pero, simplemente, tomó la azul. Se había acordado que Taichi vestía mucho de azul, últimamente.

- Sora… - Le llamó Mimi, nuevamente.

- ¿Qué pasa? – preguntó la amiga, ya con la madeja en la mano.

- ¿No debería ser una bufanda negra? – preguntó, inocentemente, mientras apuntaba su madeja.

¡Claro! Mimi creía que la bufanda era para Yamato…

- No me gusta que Yamato se vista de negro.

¿Ok? Eso sonó como si Sora nunca hubiera terminado con Yamato. Mimi tragó saliva, incómoda.

¿Qué te pasa? ¿No era eso lo que querías? ¿Qué Sora y Yamato volvieran? Se preguntaba mentalmente, con ironía, la castaña.

Pero su amiga ni notó lo incómoda que se puso de pronto. Simplemente, tomó su madeja azul y la pagó. Esperando que le alcanzara para una bonita bufanda para Taichi. Y no para Yamato.

Mimi acompañó a su amiga hasta la salida y ambas se fueron hasta el metro. Luego, cada quien siguió su camino.

La semana pasó rápidamente. Y cuando llegó el sábado, los cuatro muchachos ni siquiera parecieron darse cuenta.

Sora se esforzó mucho en su bufanda para Taichi, de hecho, un par de noches no durmió muy bien, para poder terminarla a tiempo. Eran las tres de la tarde y se disponía a envolverla en un paquetito para que ninguno de sus amigos se diera cuenta de su regalo.

Yamato, en cambio, todavía estaba inquieto por haber aceptado ir a esa estúpida cita doble en el cine. Pero no le quedaba de otra. Y, si tenía suerte, a lo mejor Mimi se abrazaría a él cuando le dé miedo una escena de terror. Luego, desechó la idea, pensando en que a la castaña le gustaba su mejor amigo y que a él no le gustaba Mimi. No señor.

Taichi, por otro lado, seguía incómodo por la situación. No tenía idea de por qué, pero tenía la sensación de que hoy terminaría eligiendo con cuál chica se quedaría. Era Mimi o Sora. Tragó saliva, mientras salía de su casa. Hikari vio como su hermano se iba, con algo de tristeza.

Mimi, por último, seguía pensando en la bufanda que Sora le iba a regalar a Yamato. Tragó algo de saliva, nerviosa. Mientras pensaba en Taichi: si él se enteraba, se moriría de la depresión, por todo el amor que profesaba hacia la pelirroja. Ella bajó la cabeza, mientras tomaba el metro para ir al cine.

Los cuatro se encontraron en el cine a la hora acordada. Mimi miró de reojo el paquetito que llevaba Sora y tragó saliva. Seguramente era la bufanda para Yamato…

- Bueno… - Comenzó a decir Taichi. – Creo que Yamato y yo compraremos las entradas. Y ustedes, chicas, las palomitas y las gaseosas. ¿Está bien?

- ¿Por qué no, mejor, nos dividimos los gastos entre los dos? – preguntó Yamato, algo serio.

- No tienen porqué hacerlo. – replicó la castaña. – Seguramente existirán esas promociones para dos personas. Saldrá mucho más económico que comprar cuatro palomitas y cuatro sodas. – sugirió, tranquilamente.

Lo que ella no notó, es que todos sus acompañantes se sonrojaron, al pensar con quién querían compartir las dichosas palomitas.

- Eh… - titubeó la pelirroja. – Está bien. Yo y Mimi compraremos ese pack y veremos quién comparte las palomitas con quién, ¿bueno? – dijo, algo sonrojada y nerviosa.

Los dos varones aceptaron y fueron a la fila donde se compraban los boletos. Y las chicas se dirigieron al puesto donde vendían las cosas para comer.

Una vez compradas las cosas, los cuatro se dirigieron hacia su respectiva sala, debido a que faltaban dos minutos para que su película comenzara. Habían decidido ver "El Exorcismo de Emily Rose", como habían acordado.

Yamato fue el primero en abrir la puerta y dejó que los demás pasaran. Luego entró con ellos y se encontraron con una sala completamente vacía.

- ¿Eh? – exclamó Taichi. – No creí que la película no llenaría salas.

- A lo mejor es mala y no vale la pena verla… - dijo Mimi, pensando en que a lo mejor sus amigos le daban la razón y decidían ver otra película.

- No lo creo. – Le respondió Yamato. – Ver películas de terror a la mitad del día no tiene chiste.

- Cállate Yamato. – susurró Sora, con nerviosismo, pensando en la clase de escenas que podrían asustarla.

- Bueno, mejor que tengamos la sala para nosotros solos. Es más divertido. – dijo Taichi, entusiasta y corrió para buscar un buen lugar.

Aunque daba lo mismo, porque perfectamente podrían cambiarse de asiento si no se veía bien.

Sora sonrió y decidió sentarse al costado izquierdo de Taichi, esperando tenerlo cerca si alguna escena horrible la asustaba.

Mimi y Yamato se miraron, casi retándose.

- Después de las damas. – Le retó el rubio, con ironía.

- Cállate Ishida. – bufó la chica y comenzó a caminar con sus palomitas.

Y la castaña se sentó al lado de derecho de Taichi. Y Yamato se sentó al lado derecho de Mimi, esperando poder compartir sus palomitas con ella.

Las luces se apagaron y comenzaron los típicos trailers de futuras películas. Algunas se veían bastante chistosas, pero otras… eran un completo aburrimiento.

Taichi comía palomitas del cubo de Sora, mientras observaba fijamente la pantalla. Sora, en cambio, miraba de reojo a su amigo, mientras bebía algo de soda. Se veía bastante apuesto, de perfil…

¡Sora, concéntrate en la película!

Mimi, en cambio, miraba fijamente los anuncios y luego las recomendaciones del cine por si ocurría alguna emergencia. Al igual que Yamato, quien parecía concentrado en la gran pantalla grande, pero, en realidad, se concentraba en el perfume de su amiga. Bebió algo de refresco y notó cómo comenzaba la dichosa película.

Estaban los personajes principales en un juicio, donde se debatía si el padre Richard Moore había dejado morir de inanición a una chica llamada Emily Rose, quien, en verdad había sido poseída por el demonio.

En el juicio, comenzaron unos flashback sobre la vida de Emily, especialmente cuando ella comenzó a darse cuenta que unos demonios la estaban poseyendo.

Yamato bebía su soda tranquilamente, mientras algunas cosas sobrenaturales le pasaban a esa chiquilla de la película. Y miraba de reojo, de vez en cuando, a Mimi, quien temblaba un poco, mientras trataba de comer algunas palomitas de maíz.

Taichi también comía palomitas tranquilamente, mientras veía cómo Emily miraba a sus compañeros de clase y sentía esas extrañas voces.

Y Sora sólo cerraba los ojos, esperando que todo terminara pronto.

Emily comenzó a ver a sus compañeros, mientras sentía algunas voces. Luego, miró a un costado, a uno de sus amigos que la estaba mirando y… de pronto… sus ojos se comenzaron a derretir…

- ¡AAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH! – gritó Mimi con terror puro, mientras tomaba las manos de Taichi y de Yamato.

Y Yamato la miró, sonrojado y sorprendido. Su mano aún seguía entre las de Mimi, aunque ella no se diera cuenta. La chiquilla hacía un esfuerzo sobrehumano por no salir corriendo del cine. Pero eso, en estos minutos, no importaba. Porque verla así, tan asustada, le enternecía.

Porque, después de todo, Mimi siempre hacía ese tipo de tonterías que a él le gustaban mucho…

- Tranquila Mimi. – dijo una voz más allá y que Yamato reconoció como Taichi.

Claro, el muy bastardo del castaño estaba acariciándole la cabeza a Mimi para que se tranquilizara. Y pudo notar en sus ojos un brillo especial…

¡Él tenía razón! Taichi estaba enamorado de Mimi…

Apretó sus puños, mientras inventaba mil y una formas de matar a ese maldito castaño que se hacía llamar su mejor amigo…

Sora, quien tenía las manos sobre los ojos para no ver la película, decidió mirar a su costado. Y ahí estaba la escena que tanto temió (mucho más que de la estúpida película que no estaban viendo). Mimi y Taichi, abrazados, porque la chica estaba asustada y él trataba de tranquilizarla…

De pronto… sintió ganas de llorar… Tomó fuertemente su soda y tragó con todas sus fuerzas, antes que sus ojos se aguaran…

Pero la imagen de Taichi y Mimi abrazados, no se le quitaba de la cabeza. Y quería llorar y llorar…

- Yo… eh… ¿podemos irnos? – preguntó, de pronto, la pelirroja, con ganas ya de llorar.

Taichi miró a su costado izquierdo y vio a Sora, a punto de llorar. Y, creyendo que eran lágrimas de terror, miró a Yamato, quien no hacía otra cosa más que mirar la pared, como si estuviera aburrido.

- Yamato…

- ¿Qué quieres? – preguntó, cortante.

- Las chicas no se sienten bien… - Comenzó a decir.

- ¿Y eso a mí qué…?

El castaño trató de hacerse de paciencia e intentar de nuevo con el rubio.

- Yamato…

- Tranquilo Tai. Yo puedo soportar esta película. – dijo Mimi, ya más tranquila.

Y esa fue la gota que colmó el vaso: Yamato se levantó de su asiento rápidamente y comenzó a salir de la sala. Porque prefería morirse a ver como Mimi se abrazaba de nuevo a Taichi…

Sora vio como su ex novio partía y sintió que la estaba abandonando con esa nueva parejita feliz… ¡Y ELLA NO QUERÍA SEGUIR SIENDO EL MAL TERCIO!

Más lágrimas se agolparon en los ojos castaños de Sora, mientras ella hacía lo posible para que sus amigos no notaran que estaba llorando.

- Yo… Voy en busca de Yamato. – dijo, con su flequillo tapando sus ojos. Taichi y Mimi la miraron, confundidos. Pero la chica ya había partido.

La pelirroja salió de la sala de cine y se encontró a su ex novio apoyado en la pared, con los brazos cruzados y mirando al suelo.

- Yama… - Lo llamó, pero no pudo soportarlo más y comenzó a llorar.

El rubio se sorprendió de ver a su ex novia ahí. Y decidió acercársele y tomarla de los hombros para dirigirla hasta el baño.

Mientras que en la sala, tanto Taichi, como Mimi seguían viendo la película. O eso intentaba, porque la castaña sabía perfectamente que su amiga estaba regalándole la bufanda a Yamato…

- Tai… - Le llamó.

- Dime. – El chico continuaba mirando la dichosa película. Porque él era el único que en realidad estaba interesado en verla.

- Sora le hizo una bufanda a Yamato. – soltó, con tristeza.

Y eso, a Tai, no le gustó.

Yamato esperó afuera del baño de mujeres a que Sora terminara de asearse. Segundos después, vio como su ex salía del baño y lo miraba, aún con ojos tristes.

- ¿Te asustaste mucho? – Le preguntó, preocupado.

- No es eso. Me tapé los ojos desde que empezó. – respondió la chica, mientras miraba el suelo.

- Ah. – dijo, porque no sabía qué responderle. - ¿Y qué te pasó?

Sora quiso ponerse a llorar nuevamente. Yamato la miró, curioso.

Taichi, en cambio, miró a Mimi como si le hubiese dicho que era una anciana de ochenta años.

- ¿Qué dijiste? – Le preguntó, incrédulo.

- Eso. Que Sora le regalará una bufanda a Yamato. – Le dijo, tristemente.

En la pantalla, el padre Moore le decía a la abogada Erin Bruner que el demonio si existía. Y el castaño no pudo estar más de acuerdo con ese sacerdote.

- Y… ¿se la va a regalar ahora? – preguntó, aún esperanzado en que Sora podría amarlo.

- Sí. Tenía el paquetito cuando llegamos y ahora se lo llevó, cuando fue a buscarlo.

Yagami pudo notar esa misma sensación que tuvo cuando Sora le dijo que le había hecho galletas a Ishida en esa maldita navidad del 2002.

El rubio se acercó a su ex novia y trató de frotarle los hombros para que dejara de llorar.

- ¿Quieres que te acompañe a casa? – Se ofreció el chico, preocupado.

- Es que… ¡Tú no entiendes! – recriminó la pelirroja.

- ¿Eh?

- Mi mayor temor se hizo realidad… Ver a Taichi y a Mimi abrazados… fue tan… - Y la chica se interrumpió, porque comenzó a sollozar.

- Sora…

El chico de los hermosos ojos azules se quedó callado. Porque sentía esa maldita empatía con su ex. Ver a Mimi siendo consolada por ese imbécil fue tan… ¿cómo explicarlo?... Soltó un gruñido, mientras le daba un golpe a la pared.

- Yamato… - susurró la chica.

- ¿Qué? – preguntó él, de mal humor.

Tal vez Takeru si tenía razón. Y tal vez sí había dicho gustar todas esas veces que lo negó. Y quizás si Taichi estaba enamorado de Mimi y quizás él también.

- No, no quizás. – dijo, más para sí mismo.

- ¿Eh? – Su ex lo miró extrañado. Pero él ni siquiera la notó.

Me gusta Mimi… Pensó el rubio, con rabia. Le gustaba esa chiquilla rosadita, que era completamente opuesta a él, pero que siempre parecía estar preocupada por él. Que siempre parecía ser la víctima de todas las estupideces que había hecho en este año. Y que siempre estaba para él con esa sonrisa.

Y estoy celoso de Taichi. Porque el muy maldito siempre estaba con Mimi. Porque siempre la acompañaba a todas partes, compartían sus sodas, tenían conversaciones a solas, le compraba regalos. Como si fueran… como si fueran… novios…

Y si son novios… y están solos… en una sala oscura… Lo MÍNIMO que puede ocurrir es un… beso.

- Sora, vamos a esa maldita sala de cine. – dijo, gruñendo.

- ¿Qué? ¿Acaso te volviste loco?

- No, estoy más cuerdo que nunca. – Le respondió y sonrió. – Y, creo que tú también deberías volver conmigo.

- Yo no iré a torturarme viendo como Mimi y Taichi se abrazan. – soltó la chica.

- Te entiendo, pero yo no quiero verlos como novios. – respondió él, fríamente.

Sora meditó el significado de las palabras del rubio.

- Si te gusta Taichi, deberías pelear por él, aunque tengas que pelear contra tu mejor amiga. – Le dijo, a modo de consejo.

Después de todo, vivieron una situación muy parecida en la navidad del 2002.

Taichi quiso ir a darse de cabezazos contra la pared. Lo que Mimi le había dicho era muy grave y eran todos sus temores revividos dentro de una estúpida salita de cine.

La castaña suspiró y bebió algo de refresco. En la película, el exorcismo estaba comenzando, pero a nadie le importaba dentro de esa sala.

Antes de entrar, Sora alcanzó a Yamato.

- ¿Por qué dijiste que me gusta Taichi?

- Porque se te nota. Y, creo, que siempre te gustó. Incluso cuando estabas conmigo. – Le respondió, antes de empujar la puerta. Pero la chica se lo impidió.

- No sé si me gustaba cuando estaba contigo. Pero tienes razón. Me gusta. Y a ti, te gusta Mimi, ¿no es verdad?

El rubio, simplemente sonrió irónicamente. Después de todo, la chica en frente suyo había sido su ex novia, por ende, debía haberle conocido dentro de esos tres años.

- ¿Qué crees tú?

En lenguaje Ishida, eso significaba sí.

Ambos entraron y vieron como Mimi y Taichi veían la película. Sora se acercó hasta el asiento al costado izquierdo de su amigo y se sentó. Mientras que Yamato se sentó al lado de Mimi.

- ¿Qué nos perdimos? – preguntó, sarcásticamente el rubio, a la chiquilla que tenía a un costado.

- Pues… Que se descubrió que Emily estaba poseída y el padre Moore decidió hacer el exorcismo el 31 de octubre, para "burlarse" del demonio que poseyó a Emily. Pero no le salió bien. Y luego, en la vida real, la abogada Bruner recibió la cinta que grabó el padre Moore, cuando hizo el exorcismo y se comenzó a tocar sola a las tres de la mañana… - respondió la castaña, con voz temblorosa. - ¿cierto Taichi?

El castaño simplemente asintió.

Lo que alegró a Sora y a Yamato, porque eso significaba que se habían dedicado a ver la película, en vez de estarse besando.

Yagami cogió un puñado de palomitas de maíz y se las echó a la boca, de forma pensativa. Sora y Yamato se estaban volviendo más cercanos y él… él estaba con Mimi en esa maldita salita de cine, sin tratar de impedirlo.

¿Qué clase de hombre era?

Estaba cometiendo el maldito error dos veces…

Miró a Tachikawa de reojo, quien no parecía alterada porque sus amigos habían vuelto juntos. Aunque, claro, ella estaría emocionada que volvieran. Ya que era la única en esa sala que deseaba ver a ese par como novios, nuevamente.

¿Y si Sora y Yamato volvían…? ¿Qué ocurriría con él?

Volvió a mirar a Mimi de reojo. ¿Y si era ella con quién debía quedarse?

De pronto, la castaña comenzó a aplaudir. La película había terminado. Y ella había sido la que más tiempo había estado pegada a la pantalla. Los créditos comenzaron a aparecer un buen rato, mientras los cuatro amigos no tenían idea de si quedarse leyéndolos o simplemente irse.

Cuando se encendieron las luces. Mimi se levantó de su asiento y se estiró.

- ¡Al fin se terminó! – gritó, con alegría.

- ¿No te gustó la película? – preguntó el rubio, con ironía.

Pero Mimi lo ignoró olímpicamente. No iba a darle en el gusto de admitir que le daban miedo las películas de terror. Posó su vista en Sora, quién aún sostenía su paquetito y sin querer, sonrió. ¡Gracias al Cielo! Su amiga no le regaló la bufanda a Yamato.

Taichi también se levantó de su asiento, alegando que se le habían dormido las piernas. Y los dos chicos que quedaban se levantaron también. Y salieron juntos de la sala mientras discutían sobre la película.

- Pensé que me iba a dar más miedo. – dijo Mimi, con aires de autosuficiencia.

Claro, lo que en verdad la asustó, fue que Sora le entregara la bufanda a Yamato.

- Lo dice la señorita que se asustó y me tomó la mano, en plena película. – La molestó el rubio.

Pero Taichi se detuvo un momento. ¿Qué Mimi le tomó la mano a Ishida? Tragó saliva, furioso. No iba a negar que su amigo fuera bastante popular con las chicas, pero ¿con Mimi?

El castaño gruñó durante toda la salida al cine. Mientras Sora lo observaba preocupada, aún con su paquete entre las manos y armándose de valor para entregarle la bufanda a Taichi.

Tachikawa abrió la puerta del cine y un viento levantó su falda. Así que soltó la puerta y se cruzó de brazos para darse calor.

- No creí que hiciera tanto frío. – dijo, en un susurro.

Yagami, quien alcanzó a escucharla, miró a su amigo, quien parecía conversar algo con Sora. Así que, sonriendo, se acercó hasta Mimi y le pasó su bufanda.

- Toma Mimi, para que no te dé frío. – dijo, con una sonrisa.

Taichi sabía que se estaba comportando como un niño pequeño, pero no podía evitarlo. Se sentía celoso de Yamato, porque él siempre era el que terminaba con las chicas que le gustaban.

¡Pero ya no más!

Miró a Mimi, quien aceptaba su bufanda algo contrariada. Luego, miró a Yamato, quien también lo miraba fijamente.

Era un reto.

Y esta vez, él no iba a perder.

Tomó la bufanda y le enrolló un extremo al cuello de Mimi y otro se la enrolló en su propio cuello.

- ¿Nunca has compartido bufanda, Mimi? – Le preguntó, de forma casual.

- No… nunca. – titubeó la chica.

Yagami había visto que a los días siguientes de esa navidad, Sora y Yamato compartían bufanda de ese modo, porque ya eran novios.

Dirigió una mirada hacia el rubio, quien lo miraba con rencor, puesto que había reconocido esa forma de compartir bufanda.

Pero ninguno se fijó en Sora, quien quería volver a llorar, mientras apretaba su paquete con mucha fuerza. Ella esperaba que Taichi se deshiciera de su propia bufanda para que aceptara la que ella le tejió. Pero, ahora…

Mimi no notó el ambiente pesado. Pero sí notó que Taichi la estaba acercando posesivamente hacia él. Como si fueran novios…

Miró a su amigo castaño y supo de inmediato lo que estaba ocurriendo… A Taichi, le estaba comenzando a gustar ella.

Tragó saliva y comenzó a maquinar algo para que esto terminara. Sabía perfectamente porqué Taichi estaba buscando a alguien a quien querer: porque quería olvidarse de Sora. Pero Mimi no tenía ninguna intención de convertirse en plato de segunda mesa y tampoco tenía intenciones de conseguirse un novio por un buen tiempo, así que decidió quitarse esa tonta bufanda.

Su amigo la miró, contrariado y sorprendido.

- Taichi, no es necesario que compartamos bufanda. Porque yo pensaba irme rápido hasta mi casa.

Sabía que lo que le estaba haciendo a su amigo era algo muy malo. Pero tenía que entender que a quién él realmente amaba era a Sora y no a ella. Y ahora sí comprendió esas miradas, esas situaciones y todas las preguntas que Yamato le hacía. Claro, en verdad a Taichi le gustaba. Y ella tan tonta que ni siquiera se había dado cuenta.

- Chicos… - Los tres la miraron, sorprendidos. – Debo irme, ya. – dijo apenada. – Nos vemos en el instituto.

El castaño y la pelirroja simplemente asintieron. Pero, Yamato sonrió gustoso. Mimi nunca le había mentido. Miró a su amigo y pasó por al lado de él, con paso firme. Iba a acompañar a la chica de ojos miel y darle una oportunidad a Sora de que se le declare.

Pero Yagami no lo entendió así… Era oficial, Yamato Ishida le estaba declarando la guerra.

Notas de Autora:

Seguramente quieren matarme por la tardanza... Antes de que lo hagan, dejen que me defienda, ¿si? Mi universidad me odia T_T Bueno, no, pero si hace que tenga muchos trabajos y exámenes y cosas feas que quitan tiempo (debí haberla quemado el día del joven combatiente, humm...) Así que ustedes comprenderán que tiempo no me sobra D: Además que tuve un gran bloqueo de inspiración, he escrito este capítulo como tres o cuatro veces... Realmente me gustaría saber que les gusto, porque yo todavía no estoy muy satisfecha con el resultado. Y una última excusa que les voy a decir es que mi mami se enfermó y pues, tuve varias semanas con ella en cama, así que alguien debía hacer las cosas y todo eso T_T Lo siento ;-; Aunque gracias a Dios ya está bien nn

En fin, a la historia... Seguramente me van a querer reclamar un par de cosas, así que antes que lo hagan, les daré mis debidas justificaciones. Este capítulo es una buena antesala para lo que ocurrirá después (son unas especies de spoilers, pero que no matarán a nadie si yo se los cuento): Taichi se DEBE dar cuenta que su encaprichamiento con Mimi es sólo eso, un capricho. Así que estamos ad puertas de la última escena Michi (que yo creo que pueden deducir de qué irá la cosa). Por lo demás, me gusta el Michi, pero realmente prefiero el Mimato, así que insisto en que la pareja no se cambiará.

Sobre la escena de Sora y Yamato, err, como son ex novios, creo sinceramente que se deben entender. Ahora, descarto de plano que algo ocurra entre ellos, porque ambos (AL FIN!) aceptaron sus sentimientos por Taichi y Mimi (respectivamente). Así que estoy contenta con el resultado.

Sobre la película, elegí "El Exorcismo de Emily Rose" por que es la única película de terror del 2005 que me acordé. Creo que di muchos spoilers sobre la película en sí (y ahora que lo pienso, no eran necesarios). Pero, la única escena que en realidad me interesa (y aparece en el trailer) es cuando Mimi grita y le toma las manos a Yamato y a Taichi. En realidad, al relatar la película, la idea era que no diera miedo (XD), porque en el fondo esto es casi una comedia romántica. Y aparte, porque tenía que poner celosos a Taichi y a Yama.

Sobre el asunto de Sora y su mamá: Yo tengo entendido que ellas no tienen una buena relación, pero creo que la mamá se Sora haría una excepción si la viera llorando. Puse ese plus Taiora, porque, bueno yo insisto que el Taiora es una pareja completamente natural en Digimon y que el Sorato es anti-natural. Así que yo, por lo menos, estoy contenta con el resultado.

Sobre Mimi, si ya sé que ella está DEMASIADO distraída. Pero, para mí es muy chistoso escribir sus escenas y sus sentimientos. Lo único que espero es que su distracción no le pase la cuenta. Pero eso se verá en los próximos capítulos.

Como ustedes sabrán, este capítulo fue uno aislado, así que me modificó muchas cosas de la historia original (T_T) Así que la historia se me alargó un poco. Pero ya, desde ahora, prometo las grandes escenas Mimato y Taiora, porque ahora ya puedo comenzar a trabajar más fácilmente (o eso creo...)

Por último, quiero decirles a todas las chicas que me escribieron que muchas gracias por sus lindos y hermosos reviews! Lamento no poder responderles (tengo que ir a almorzar). Pero les hago su mención honrosa y espero que puedan dejarme un comentario nn Y también a las demás personas que leen el fic. En fin! Gracias a: Bloody-Rose-SaYo-Yuuki, Puchisko, Sora Celes D'Rossette Tsubasa, , Adrit126, kirstty, MeemsIshida, krayteona, Mega, MimiDeIshida.

En fin chicas y chicos, un gusto de verlos. Ojalá tengan una linda semana. Yo espero poder actualizar más deprisa, al menos me queda un mes para salir de vacaciones, así que con suerte, todo puede pasar jajaja. Besitos para ustedes!