Dissclaimer: Digimon no me pertenece, sino que a Toei Animation y a Akiyoshi Hongo. Y yo no me hago millonaria al escribir esto T_T
Capítulo Ocho: Aires de Festival Escolar.
Mimi despertó en su habitación. Recordó que ayer en la noche Yamato la había dejado en su casa y no se quería ir hasta saber qué le había pasado…
Ti-ti-ti-ti
¿Qué demonios?
Miró el despertador que estaba sobre su velador, el cual estaba al costado izquierdo de su cama. La alarma de éste estaba aún emitiendo sonido. Lo tomó con una mano y se fijó en qué hora era.
Las siete y media de la mañana de un día lunes…
Y ella tenía clases a las ocho de esa misma mañana…
- ¡MAMÁ! ¡ME QUEDÉ DORMIDA! – gritó, mientras, como podía, se levantaba de su cama, tomaba su uniforme limpio y planchado, trataba de quitarse el pijama y al mismo tiempo colocarse su uniforme.
La señora Tachikawa sólo sonrió. Ella estaba haciendo "pulpitos" con arroz para que su hija almorzara ese día.
En menos de cinco minutos, Mimi Tachikawa apareció tan glamorosa que nadie podría decir que intentó vestirse en menos de cinco minutos y verse tan natural. Sólo algunas gotitas de sudor en su frente podrían delatarla. Pero la castaña se encargaría de retirarlas después.
La mamá de Mimi la miró y le pasó su obentou.
- ¿Vas a desayunar hija o prefieres comprar algo por el camino? – preguntó la señora, casi de forma natural.
La castaña pensó por un momento. Su mamá ya estaba tostando algunas rebanadas de pan. Mejor sería que se llevara algunas para no morirse de hambre durante la primera hora. Así que tomó algunas tostadas ya listas y se marchó, mientras ya se echaba una a la boca y se despedía de su mamá.
La señora Tachikawa siguió tostando pan, pensando en si las tostadas con mantequilla sabrían mejor con crema y frambuesas o no…
Mimi salió corriendo, con las tostadas en la boca, con dirección al metro. Esta era una de las mañanas donde maldecía el vivir tan lejos de su instituto. Sin embargo, prefería estudiar allí a estudiar en otro lugar, porque si no, estaría sola.
Cuando divisó la estación y ya se había tragado su última tostada. Se tranquilizó un poco, para tener una buena digestión. Además, debía buscar la tarjeta con la que compraba el boleto del metro.
Buscó y buscó en su mochila, pero no encontró la dichosa tarjetita… ¿Dónde la dejó…?
- ¡Seguramente se me quedó en el abrigo que usé ayer! – chilló, con desesperación.
Y con mayor angustia notó que la estación estaba cerca… ¡Necesitaba dinero!
Comenzó a buscar en su mochila, pero no encontró nada de dinero…
- ¿Por qué a mí? – gritó, en medio de la estación, con desesperación.
- ¿M-Mimi? – Le llamó una voz sonando algo incrédula, pero que era bastante conocida por ella.
- ¿Superior Joe? – La castaña se dio vuelta y miró al joven de cabellos azulados, quien le sonrió sincero.
- ¿Te ocurrió algo Mimi? – preguntó el muchacho, preocupado.
- ¡Superior! ¡Se me quedó mi tarjeta en la casa! ¡Y no puedo pagar el metro ni ir al instituto! – exclamó, ya con el llanto recorriendo su cara.
- No te preocupes, yo te pagaré. – dijo el chico de lentes, con una sonrisa sincera.
Jou y Mimi partieron a la boletería para comprarle un boleto a la última. Luego de haberlo comprado, Kido fue el encargado de pasar el boleto por el torniquete, para que la castaña pudiera tener acceso al andén. Luego, él entregó su ticket también y acompañó a Tachikawa.
- Y ¿para dónde vas?
- Al instituto Odaiba. – dijo la chica, mientras caminaba hacia un andén.
- Entonces me voy contigo.
- ¿También va para el instituto, Superior? – preguntó la chica, curiosa.
- No… Es sólo que mi universidad queda dos estaciones más allá de la del instituto.
- ¿En serio? – preguntó Mimi, emocionada.
- Sí.
- Entonces… iré a visitarlo un día.
Jou simplemente sonrió. Y el vagón de metro se detuvo frente a los dos chicos y a la gran multitud de gente que tomaba el metro en hora punta.
Los dos jóvenes subieron al vagón y esperaron a que se llenara.
- ¿Superior?
- ¿Qué ocurre Mimi?
- ¿No que su casa queda cerca de la Todai? – preguntó Mimi, suspicaz.
Kido se sonrojó. Y el tren se puso en marcha.
- Eh… Eh… Eh… - Trató de hilar una frase, pero no podía. – P-pu-pues… Vengo de la casa de…. Una amiga. – dijo, apenado y agachó la cabeza.
- ¿En serio? – gritó Mimi. - ¡No sabía que tenía novia! – exclamó.
- N-No… ¡No es mi novia! – reclamó, el de cabello azul, con vergüenza.
- Sí, claaaroo. – canturreó la castaña, mientras lo miraba como queriéndole decir que no le creía absolutamente nada de lo que había dicho.
- ¡Qué es verdad! – gritó Jou. – Me quedé en su casa, estudiando…
Y el tren se detuvo en una estación. Mimi se fijó que le faltaba otra estación todavía para bajarse y sonrió con malicia.
- Y…. ¿cómo han estado los chicos? – preguntó, el mayor, para que Mimi olvidara que se quedó a dormir en la casa de una compañera.
- Pues… - Esa pregunta la tomó por sorpresa. - Koushirou está bien. Estamos en el mismo salón, ¿sabe?
- ¡Oh! ¡Qué bueno que estén juntos! – exclamó. – Mándale mis saludos… Y ¿sabes algo de Sora, Yamato y Taichi? – preguntó el chico, con curiosidad.
- Eh… Sora terminó con Yama.
- ¡QUÉ! – gritó Kido, con sorpresa. Y el metro se puso a andar.
- ¿No se enteró? – preguntó Mimi con inocencia. El joven negó con la cabeza, aún sin poder creerlo. – Pues, hace un par de semanas Yamato decidió terminar… - Hizo una pausa larga, sin saber si comentar algo o no. - Y Sora, a lo mejor, está enamorada de Taichi. Aunque todavía no sabemos. Pero Taichi está enamorado de Sora desde hace ya mucho tiempo. Y Yama… Pues Yama… Fue Yama quien cortó con Sora, porque… le gusta otra chica… - Comenzó a explicar, rápidamente.
Jou no pudo hacer nada más que quedarse perplejo. ¿Sora y Yamato habían terminado? ¿Así tan de la nada? ¡Dios! ¡El mundo se iba a acabar!
La castaña ni siquiera notó que su amigo estaba tan sorprendido que había perdido el habla. Pero sí notó cuando el tren estaba bajando la velocidad para pronto detenerse en la estación donde ella debía bajarse.
- Mimi… - Le llamó Jou, quien aún estaba en estado de zombi.
- Dígame superior.
- Trata de no perder tu tarjeta del metro, por favor… - rogó el chico. Y el tren se detuvo.
- ¡Qué pesado es Superior! – Se quejó la castaña y luego le dio un beso en la mejilla a su amigo. – Me tengo que ir. ¡Muchas gracias por el boleto! ¡Otro día iré a visitarlo a la universidad! – Y la chica se bajó del vagón.
El joven no supo si reír o llorar. ¡Y sólo se había ausentado en un mes! ¡Ni quería enterarse qué ocurría la próxima semana con ese grupo!
Mimi, en cambio, salió de la estación con una sonrisa. Eran cinco para las ocho de la mañana y ella iba a llegar temprano a pesar de haber tenido muchas cosas en contra. ¡Qué suerte la de ella de haberse encontrado con Jou! Después le compraría algo delicioso para que no se muriera de hambre en la universidad. Y con una sonrisa llegó a su instituto, se cambió los zapatos y subió hasta el tercer piso, donde estaba su salón.
De un golpe abrió la puerta y sonrió al notar que el profesor Tanaka todavía no había llegado.
- ¿Me permite pasar, señorita Tachikawa? – Mimi se volteó y vio a su profesor, quien sostenía algunas carpetas y la miraba burlescamente.
La castaña rió con nerviosismo y entró al salón. El profesor la siguió y luego cerró la puerta. Mimi se dirigió directamente a su asiento, mientras miraba a Koushirou, quien estaba apagando su computadora portátil y le sonreía.
- Se te pegaron las sábanas. – dijo con gracia y sacó un cuaderno.
- No te burles. – Le respondió Mimi y miró al profesor, quien comenzaba a escribir algo en la pizarra.
Festival de Otoño. El profesor Tanaka había escrito eso en el pizarrón. Luego, se dio la vuelta y apoyando sus brazos en su mesón, encaró a todo su curso.
Como ya pudieron notar, estamos a mediados de octubre, lo que significa que el festival de equinoccio de otoño está por celebrarse. Como saben, esta es una celebración no sólo propia del instituto, sino que de todo Japón. Por lo tanto y como es costumbre, nos tocó como grupo de segundo año, organizar el festival. Y, por lo mismo, desde mañana, no tendrán clases para dedicarse al festival.
Todo el curso comenzó a hablar entre sí para ver qué podrían comenzar a hacer. Este festival era bastante especial dentro del instituto, pues incluso contaba con una vieja leyenda romántica.
Antes de que se entusiasmen más, debo aclararles que este festival no lo harán solos. Sus compañeros de segundo año de los otros salones también los ayudarán. De hecho, como curso nos ha tocado organizar un puesto para el desayuno de ese día y organizar un pequeño acto a la hora de almuerzo. – aclaró el profesor. Luego, miró a la presidenta de la clase, la cual era, casualmente, la chica que se sentaba delante de Mimi. – Señorita Aizawa, necesito su ayuda para organizar esto.
Aizawa Sakura se levantó de su asiento y se acercó hasta donde estaba el profesor. Él le explicó que debía dirigirse al curso para ponerse de acuerdo en qué podrían hacer para el desayuno y que luego se repartieran lo que debía hacer cada uno.
La chica, entonces, se dirigió a su curso.
- ¡Chicos! – llamó en voz alta. De a poco, todos volvieron a quedarse en silencio. – Necesitamos ver qué haremos para el desayuno. ¿Alguno tiene una idea del puesto que pondremos o de la comida que haremos? – preguntó.
Algunos levantaron la mano y dieron sus sugerencias. El profesor hizo una tabla en el pizarrón, donde anotaba las ideas que surgían para la comida que venderían y el tipo de lugar que sería. En eso, uno de los chicos más popular del curso sugirió la idea de hacer un maid café.
- ¡Es que estás loco! – Le gritó la presidenta, con desagrado.
La sugerencia causó revuelo entre el curso. La gran mayoría de las chicas estaban bastante enfadadas, pues se preocupaban por si algunos de sus babosos compañeros se pasaran de la raya con ellas o que las dejaran sirviendo y ellos no hicieran absolutamente nada.
Mimi, en cambio, miró a Koushirou.
- ¿Qué es un maid café? – Le preguntó, discretamente.
- Es un café donde atienden chicas disfrazadas de sirvientas. – explicó, el pelirrojo, tranquilamente.
- ¿Y cuál es el problema? – preguntó, nuevamente, la castaña. La idea no parecía tan mala.
- Lo que pasa, es que últimamente, han acosado a varias chicas que trabajan en esos cafés. Como están vestidas como sirvientas, tú sabes cómo son los pervertidos aquí en Japón, Mimi, se han propasado, les han pedido sus números de teléfono, les han sacado fotos sin su autorización y muchas cosas más. Incluso, en las noticias salió que un cliente siguió a su maid favorita hasta su casa. Aunque, al final no hizo más que eso, igual lo procesaron por acoso.
La castaña se quedó callada. En Estados Unidos no se veían esa clase de cosas, por lo tanto, sería muy divertido participar en eso. Además, sino mal recordaba, en "CardCaptor Sakura" hubo un capítulo en que la protagonista hizo exactamente la idea del maid café en la escuela y no le ocurrió absolutamente nada. También, tanto el manga como la serie le traía buenos recuerdos, porque cuando Palmon estaba junto a ella en el Digimundo, a veces la castaña le contaba sobre qué estaba ocurriendo en el manga y en el anime. Y, aunque Palmon no le entendiera muchas veces de qué le estaba hablando, cuando volvieron a Japón para el asunto de Myotismon, aprovechó de mostrarle en la televisión la serie. Realmente eran bonitos recuerdos…
Así que se decidió por levantar la mano y opinar sobre el tema. Aizawa, ya molesta por el asunto del maid café, le cedió la palabra a su amiga castaña, esperando que ella le diera un buen argumento de por qué no podían hacer el dichoso café.
- Pues… ¿Alguno se acuerda de "CardCaptor Sakura"? – preguntó Mimi y muchos, tanto chicas como chicos, sonrieron y se alegraron con la mención del anime. Algunos comenzaron a cuchichear acerca del final del manga que fue muy distinto al anime, o que sus padres los acompañaban a ver la serie por televisión y muchos recuerdos más. Mimi también sonrió al acordarse de los llantos de Palmon, cuando vio que Syaoran consoló a Sakura, luego de que Yukito la hubiese rechazado, a pesar de haberlo hecho tan amablemente. – No sé si se acuerdan del capítulo del manga cuando Sakura decide confesarle su amor a Yukito. – Una gran exclamación nació de todas las chicas y de varios chicos presentes. Ese capítulo era increíblemente hermoso para todo amante de la pareja de Sakura y Syaoran. – Pues… si se acuerdan bien, en ese capítulo, Sakura hizo un maid café. Y Syaoran participó también. – dijo, mirando a los varones de su curso. - ¡Incluso Eriol! – exclamó, pues algunos la miraban incrédulos. – Sé que es una historia para niños de primaria, pero, ¿por qué no hacerle un pequeño homenaje? Todos crecimos con Sakura y ella hizo un maid café y no le pasó absolutamente nada. Aparte que la vestimenta que usó no fue para nada atrevida. Podríamos hacerla tal cual como en el manga o en el anime y ¡sería muy lindo! – exclamó.
Y muchos compañeros, tanto mujeres como hombres la escudaron. Aizawa, aún no convencida con el asunto del maid café, le preguntó a su profesor si se estaba de acuerdo con el asunto. El señor Tanaka se rascó un poco la nuca y se acordó que cuando estudiaba para ser profesor, también había visto la serie y recordó al profesor Terada, quien era un modelo de docente para él. Entonces, en honor a ese personaje, con algo de vergüenza, aceptó estar de acuerdo con la idea del maid café. Sin embargo, advirtió que iba a estar rondando, por si algún compañero trataba de sobrepasarse o algo así, para que no ocurriera nada fuera de lo común.
Koushirou miró a Mimi, quien sonrió felizmente ante la idea del maid café. La presidenta suspiró y preguntó a todo el curso si había alguien que se opusiera a la idea. Pero, todos estaban tan fascinados, que no hubo nadie que pudiera rechazarla. Así que ese día, harían un maid café, servirían café, té y jugo, con pasteles y sándwiches. Mimi se ofreció a hacer los moldes de las vestimentas, tanto para las chicas, como para los chicos. Y luego, comenzaron a ver, por sorteo, quién debía ser camarero o camarera, encargarse del dinero, de la decoración, de la comida y de la limpieza. Así, tanto a Koushirou como a Mimi les tocó hacer de camareros.
La mañana de Taichi, Sora y Yamato, por el contrario, fue lo suficientemente tranquila, como para ni siquiera acordarse del famoso festival. Ellos ya lo habían organizado el año pasado, por lo tanto, ya lo habían olvidado.
Taichi trató de no dormirse, mientras su profesor de matemáticas explicaba algo que parecía que debía ser importante. Sin embargo, no podía, porque… estaba usando su bufanda nueva. Si bien, ya no conservaba el olor de Sora tan fuertemente, aún así sentía la esencia a vainilla y eso lo relajaba bastante. Al punto de darle sueño, aunque su profesor de matemáticas no era tan divertido que digamos.
La pelirroja, en cambio, anotaba todo lo importante en su libreta. Tanto Taichi como Yamato, estaban lo suficientemente distraídos, como para no escribir nada. El problema era que tendrían un examen en dos semanas más, lo que significaba que ella debía entender esta materia muy bien para explicarles a esos dos cabezas de pollo. Cuando miró hacia el pizarrón, su vista se topó con Taichi y su cuello cubierto por su bufanda azul. Ya lo habían regañado por usar ese color, pues el uniforme era de color verde, pero el castaño ni siquiera se había dignado a quitársela. ¡Se veía tan bien!
Yamato, por último, notó como su ex novia se sonrojó al mirar a su mejor amigo. Se acordó que Mimi le había comentado que la pelirroja le había hecho una bufanda a mano al castaño y sonrió. Esos dos se merecían esa segunda oportunidad, especialmente cuando él se había entrometido entre ellos, durante tres años. Seguramente, debería pedirle disculpas a Taichi un día de estos… Pero ahora, lo importante era Mimi: ¡Esa chiquilla estaba loca! Nadie le quitaba eso de la cabeza, especialmente por lo ocurrido ayer. Después de haberla dejado en su casa, toda temblorosa y paliducha. Le hizo prometer que lo llamaría, pero, al parecer estaba tan mal que seguramente lo había olvidado. ¿Por qué esa muchachita estaba tan loca? Soltó un suspiro y recostó su cabeza sobre sus brazos. ¿Qué estaría haciendo ahora Mimi? ¿En quién estaría pensando…?
La joven Tachikawa, por su lado, sintió sus orejas algo calientes. Se lo comentó a Izumi, quien, a modo de broma, le dijo:
- Alguien debe estar pensando en ti. – Y le sacó la lengua.
Recién habían terminado de organizar lo del maid café. Ahora, supuestamente, iban a un recreo. Pero el profesor Tanaka les dijo que no saldrían para aprovechar el tiempo organizando el asunto del festival, pues tenían clases con él durante toda la mañana. Ya después de almuerzo volverían a tener clases normales. Hasta mañana, claro.
Ahora estaban pensando sobre qué debería ser ese acto a la hora de almuerzo. Sus compañeros habían propuesto de todo: "un baile", "una casa encantada", "una cámara de besos", "la continuación del maid café" (y Aizawa casi le sacó los ojos al chico que lo propuso). Koushirou, por su lado, propuso que lo que sea que fuese, que lo planearan en el patio de la escuela y que él podría encargarse de la amplificación y del sonido en general.
En eso, las chicas del club de fans de Yamato levantaron la mano. La presidenta les cedió la palabra, mientras hacía callar a sus compañeros varones, quienes se quejaban de no poder hacer la continuación del maid café.
- ¡Cállense pervertidos! – Les gritó la chica rubia que había pedido su turno para hablar. – Lo que nosotras opinamos – Y señaló a su grupo de amigas. – Es que hagamos un concierto… ¡Con el grupo de Yamato Ishida! – Y chilló como si se encontrara en un concierto, mientras se sonrojaba.
La gran mayoría de la población femenina dentro del aula chilló en acompañamiento. Algunas comenzaron a hablar sobre lo guapo que era Yamato o cuál de los miembros de la banda era su favorito. El profesor Tanaka ya conocía esa reacción, así que no hizo nada por acallarla y simplemente anotó la idea como una posibilidad. Pero a penas terminó de escribir, le pidió el turno a Aizawa para hablar. La presidenta se lo cedió con gusto, mientras hacía callar a sus compañeras.
- Chicas, me parece muy bien que se tomen tan a pecho esto de la organización del festival e incluyan a un grupo musical que les guste mucho. – Se escucharon chillidos. – Pero… recuerden que tanto Ishida-san como su banda ya van en tercer año y eso quiere decir que el festival va destinado a ellos.
- ¡Pero Yamato-kun está soltero! – reclamó la rubia que había hablado al comienzo.
- Sí, pero aún así él tiene derecho a disfrutar del festival. Seamos solidarios con los chicos que son… - Iba a decir "famosos" pero se preguntó internamente si el asunto de la banda "Teenage Wolves" iba a durar tanto tiempo.
- El profesor Tanaka tiene razón. – Le escudó la presidenta. – Por mucho que nos guste Yamato-sempai, él va en tercer año y también debe disfrutar este festival. Recuerden que los "Teenage Wolves" ensayan mucho para cada presentación y eso puede hacer que los miembros se cansen. La idea es que este festival sea divertido para ellos, pues pronto se graduarán.
- Además. – siguió otro compañero que no pidió la palabra. – Ninguno de nosotros puede contactarlos para hacer algo así. ¿Cómo les vas a ir a pedir que toquen en el festival si ni siquiera hablas con ellos en el receso? – Le preguntó.
- Yo no hablo con ellos, pero Tachikawa e Izumi sí. – replicó la rubia. Y todo el curso se dirigió a los susodichos.
Mimi y Koushirou, en realidad, no estaban hablando sobre el tema. El pelirrojo estaba recibiendo los saludos que la castaña había oído de Jou. Y, dicho sea de paso, comenzaron a conversar sobre si su amigo tenía o no novia. Por lo que la mirada de todo su curso sobre ellos, fue algo que no se esperaron.
- ¿Sucede algo? – preguntó Mimi, completamente ausente del tema principal que todos sus compañeros conversaban.
- Tachikawa, Izumi. – Les llamó la niña rubia fan de Yamato. – Nos preguntamos si ustedes saben si Yamato-kun podría ayudarnos dando un concierto a la hora de almuerzo… - No fue una pregunta, fue casi una orden…
Los susodichos se miraron. Ninguno tenía idea de cómo Yamato y su banda planificaban sus conciertos. O si en realidad estaba en condiciones de hacer un concierto. El pelirrojo sabía que si se lo pedían, su amigo aceptaría sin mayores dramas. Pero…
- ¿Pero no que Yamato es de tercer año? – preguntó Koushirou, algo dudoso.
- ¡Eso es exactamente lo que yo dije! – replicó la presidenta, mientras el profesor Tanaka asentía, apoyándola.
- ¡P-p-pero Profesor! – replicaron las fanáticas, casi lloriqueando.
- Y-yo, yo creo que podemos pedirle ese favor a Yama. – dijo Mimi, algo insegura. – Pero, ¿no se puede hacer otra cosa? Es decir, ¿cómo tan poco originales? ¡Hay muchas otras ideas que hacer! ¡No sólo un concierto de los Teen…! – Pero se calló, al no recordar el nombre de la banda de su amigo. - ¿Cómo se llamaba el grupo de Yama? – Le preguntó a Izumi.
- ¡Teenage Wolves! - replicaron todas las féminas de su curso. Mirándola como si le dijeran: "¿Cómo no sabes esa información tan trascendental, estúpida?".
La presidenta aprovechó el comentario de Mimi para hablar.
- Como dijo Tachikawa, debemos tomar una decisión. ¡Levante la mano quien quiere que nuestro acto de la hora de almuerzo sea un concierto de los Teenage Wolves! – Pidió.
En menos de cinco segundos, más de la mitad del curso (en su gran mayoría chicas) levantaron la mano como si estuvieran poseídos o algo así. El profesor contó los votos y ratificó que eran más de la mitad, por lo tanto, el concierto se debía realizar.
La chica rubia miró con aires de autosuficiencia a Mimi. Pero ésta no le hizo el menor caso.
- Izumi, Tachikawa, ¿pueden hablar con Ishida-san y pedirles ese favor? – pidió la presidenta.
- ¿Qué ocurrirá si dice que no? – preguntó Koushirou, sabiendo que era imposible, pero valía la pena averiguar.
- ¡Oblíguenlo! – chilló una chica que estaba al otro extremo del salón. Pero todos hicieron como que ignoraron el comentario medio psicótico de su parte.
- Ahí veremos que hacemos… - respondió la presidenta, ya con una enorme jaqueca.
Yamato, por su lado, miró a su ex novia: Sora, quien al principio de la mañana, había estado sumamente preocupada en anotar lo que el profesor de matemáticas estaba diciendo. Incluso, escribía todo frenéticamente, como si su cuaderno fuese una mágica grabadora que registraba hasta si una hormiga caminaba por la ventana. Pero, luego de que su Ex mirara a Taichi y su nueva bufanda exageradamente larga y gruesa, dejó de anotar y miraba embobada el cuello de su mejor amigo. Definitivamente, Sora daba miedo…
- Y así la hembra se fija en el macho, pues es temporada de celo… - susurró el rubio, imaginándose que estaba narrando un documental.
Sora alcanzó a escuchar algo sobre… ¿temporada de celo?
- ¿Dijiste algo Yamato? – preguntó, la pelirroja, saliendo de su ensoñación sobre ella y Taichi casándose.
- Nooo… - alargó la palabra tanto como el aire en sus pulmones se lo permitió. – Nadaaa… - Volvió a alargar la palabra. Dándole a entender a Sora, que sí había dicho algo.
- Yamato… - gruñó la pelirroja, al punto de querer darle un puñetazo. ¿Qué demonios había dicho? Seguramente estaba hablando sobre ella. Gruñó de nuevo.
Taichi alcanzó a oír el gruñido y se despertó casi mágicamente y completamente horrorizado.
- ¡Es que van a pelear de nuevo! – preguntó, gritando y dándose vuelta para mirar a Sora y a Yamato.
Sus amigos lo miraron sorprendidos. Luego, pasaron la vista ante su enojado profesor de matemáticas, quien había roto una tiza de pura rabia.
- ¡SALGAN DE MI CLASE! – gritó enfurecido y casi les tira las demás tizas por la cabeza a los tres chicos.
Sora casi se pone a llorar mientras Yamato la tomaba del uniforme y la arrastraba hasta la salida, junto con Taichi, quien medio adormilado, no entendía por qué los habían sacado de la sala si la parejita del año estaba a punto de pelear y él los había detenido.
La pelirroja estaba en shock. ¡De los tres, ella era la alumna ejemplar! Nunca la habían sacado de una clase. ¡NUNCA! Siempre echaban a Taichi y a Yamato. Pero, ¡Nunca a ella! ¡Esto no podía estar ocurriendo!
Yamato suspiró. Es que sus dos mejores amigos estaban completamente locos. O posiblemente era el amor lo que los tenía así. La dichosa bufanda azul tuvo toda la culpa de que los echaran, sep.
Lo que el profesor de matemáticas de tercer año no planeó, era que faltaban menos de cinco minutos para que su clase terminara. Por lo que, cuando los tres chicos que había echado ya se encontraban cerrando la puerta, tocaron el timbre para salir a recreo. Así que el pobre docente gruñó, tomó todas sus cosas y se fue.
Y Sora saltó de alegría, mientras Taichi veía si tenía dinero para comprarse un café en la cafetería de la escuela. Y Yamato sonrió mientras iba en busca de cierta castaña para saber si estaba bien o no…
… Y grande fue su sorpresa al ver que su salón no se había abierto para el recreo. ¿Es que acaso el profesor Tanaka estaba demente? ¡Cómo era posible que no les diera tiempo para el receso! El rubio gruñó y gruñó, pero la puerta no se abrió. Así que decidió quedarse a un costado, esperando a que abriera, mientras sus compañeros de tercero se dirigían a la escalera que se encontraba cerca de la puerta del salón de Mimi. Pero la puerta nunca abrió.
Taichi, quien finalmente había conseguido algo para engullir con sus fans de tercer año, pasó por el frente del rubio y le notó la cara de tres metros.
- ¿Ocurre algo? – preguntó el castaño, ya algo más activo.
- Los de segundo no salen. – respondió el rubio, enfadado. - ¡Qué clase de profesor no deja que los estudiante salgan! – exclamó, con tono de pregunta. Yagami lo miró, mientras le ofrecía una barrita de chocolate. - ¿Y eso?
- El chocolate anima a la gente. Tú no debes ser la excepción. – dijo, mientras se encogía de hombros. Y se la entregó.
- Gracias. – respondió el rubio y miró la barrita como si fuese la octava maravilla del mundo. Luego, subió su vista hacia donde debía estar Taichi, quien ya se había marchado.
¿Qué clase de mejor amigo era Taichi si se marchaba dejándole un miserable chocolate? Yamato siguió gruñendo, pero no se movió ni un centímetro de la puerta del salón de la castaña. Estaba seguro que Mimi pronto saldría para el recreo. Y así podrían conversar sobre lo que ocurrió anoche…
Sora masticaba un emparedado que su mamá le había preparado en la mañana. Generalmente no le daba cosas para comer durante el día, sólo le pasaba dinero. Pero este día fue la excepción.
- A lo mejor llegará tarde hoy y se sintió algo culpable… - susurró en voz baja y suspiró.
Recorrió su salón con la mirada. Algunas chicas conversaban sobre alguna revista para adolescentes o sobre el próximo concierto de Yamato. La pelirroja suspiró nuevamente. Yamato hacía tiempo que no daba un concierto con su banda. Desde que… terminaron…
Miró su sándwich con algo de tristeza. Aún le quedaba la mitad y estaba sola durante el recreo, no tenía con quién conversar. Suspiró. Seguramente esos cambios de humor eran porque le había llegado su período ayer en la tarde.
Taichi se sintió feliz al comerse los alimentos que sus fans le dieron. ¡Esas chicas eran unos ángeles! Si las veía en un torneo importante de fútbol, les dedicaría un gol… El castaño se acercó más calmado a su salón, encontrándose con algunos de sus compañeros de equipo, quienes estaban conversando algo sobre sus novias. Se saludaron, pero Yagami siguió de largo y entró a su sala de clases, la cual estaba casi vacía. Sólo algunas chicas conversaban sobre quién sabe qué cosas y Sora…
Sora estaba… ¿sola?
Apresuró el paso y se sentó en el pupitre perteneciente a Yamato. Miró a la pelirroja, quien miraba un pedazo de sándwich.
- ¿Pasa algo Sora? – preguntó, el castaño, preocupado.
- Es que… - Meditó un poco en lo que le iba a decir. No es que no confiara en Taichi, pero, era mejor no decirle lo de su período. - … me siento mal. – Y se le aguaron los ojos.
La pelirroja se sentía la chica más tonta y llorona del mundo. Odiaba esos momentos de sensibilidad.
En cambio, Taichi no tenía idea de qué hacer realmente.
- Eh… ¿Quieres que me quede un rato contigo?
Takenouchi miró a su amigo, quien sacaba dos barritas de chocolate, le entregó una a ella y se quedó con la otra. Y sonrió. Taichi siempre sabía cómo hacerla sentir mejor. Pensó, mientras su amigo mordisqueaba el chocolate.
En ese minuto llegó Yamato refunfuñando y masticando otra barrita de chocolate igualita a la que tenía Taichi.
- Los de segundo están planeando el festival de otoño. Me lo dijo uno de mis compañeros de fútbol, quien tiene una novia que está en segundo año. – Le dijo, el castaño, cuando el rubio se sentó delante de ellos y se dio la vuelta para conversar.
- Con que el festival de otoño… pensó Yamato. ¿Sabrá Mimi sobre la leyenda del festival?
Y Mimi siguió sintiendo sus orejas calientes. Koushirou, en cambio, prendió su computadora portátil, con algo de aburrimiento. Este tipo de cosas siempre las dirigían las chicas y no eran grandes los aportes que podía hacer él. Ahora, de hecho, estaban viendo qué materiales debía traer cada uno para comenzar con la preparación del maid café y del concierto. Además, que debían tomar en cuenta que los otros cursos de segundo año debían preparar otros lugares para comer y entre todos organizar la parte final del festival. Esa donde las parejas bailaban alrededor de una fogata, siendo una tradición típicamente japonesa, aunque lo que hacía único el festival en el instituto era que en vez de bailar una canción tradicional nipona, bailaban un vals.
- Tal vez debamos invitar al superior Jou. – Le susurró la castaña, mientras comenzaba a dejar de prestar atención a lo que sus compañeros estaban discutiendo.
- Puede ser… - respondió el pelirrojo, mirándola. – Pero… ¿tú crees que vendrá? El superior siempre está ocupado, no creo que tenga mucho tiempo para un festival escolar.
- Bueno, no perdemos nada con invitarlo. – dijo Mimi, sonriente.
Y tocaron el timbre que indicaba el término del recreo.
Los chicos de tercer año estaban ahora en clase de inglés. Yamato garabateaba el costado de su libro, aburridamente. Lo único que esperaba era la hora de almuerzo. Atrás, Sora y Taichi conversaban de la vida misma, mientras el profesor de inglés gritaba y refunfuñaba por hacerlos callar.
Mimi y Koushirou seguían enfrascados en la discusión de cómo se iba a organizar el festival. El profesor Tanaka había avisado al curso que el festival era el mismo viernes, por ende, tenían menos de una semana para organizar muchas cosas. La idea era que su curso no siguiera detenido en el mismo tema como por media hora, para que mañana todos trajesen los elementos necesarios para comenzar a trabajar.
Así se pasó la mañana, lo que dio inicio al horario de almuerzo. Todos los alumnos, sin excepción, salieron a comer, algunos a los patios, a pesar del frío. Y otros, como Mimi y Koushirou, fueron a la cafetería, a pesar de que la castaña llevara su propia comida.
La joven guardó un puesto, mientras el pelirrojo hacía la fila para servirse su comida y almorzar. Un rato después, llegó Koushirou, junto a Taichi, Sora y Yamato.
- Hola chicos. – les saludó Mimi, mientras se echaba un pulpito a la boca.
- ¿Por qué tú siempre traes comida adorable? – le preguntó Taichi, luego de sentarse y saludarla, claro.
Todos rieron ante el comentario y luego comenzaron a comer.
- Chicos. – les llamó Sora. - ¿Es verdad que están planeando el festival de Otoño?
- Sí. Nos tocó organizar algo para el desayuno y después un acto para el almuerzo. – explicó el pelirrojo, antes de echarse un pedazo de carne a la boca.
- ¿En serio? ¿Y qué harán de comer? – preguntó Taichi entusiasmado. Hablar de comida lo ponía de buen humor.
Mimi y Koushirou se miraron y respondieron al mismo tiempo.
- Un maid café, serviremos café, té, galletas y sándwiches. Y ambos seremos camareros.
Cuando Yamato escuchó lo de que Mimi iba a ser camarera de un maid café por un día, para él, casi se sonroja completamente al imaginarse a la castaña en su traje de maid. Pero logró controlarse (Dios sabe cómo) y mantenerse como el frío rubio indiferente de siempre.
Pero una cosa sí era segura para el rubio: El festival de otoño nunca sería tan divertido como este que se venía.
Sora se mostró encantada con la idea cuando Mimi le comentó qué dijo para que aceptaran la idea del dichoso café. La pelirroja no pudo evitar acordarse de que en el Digimundo, a veces, Mimi no paraba de quejarse de que se estaba perdiendo sus series de anime favoritas. O de la vez que ella misma le mostró a Piyomon una de las series que veía. Sin dudas, eran lindos recuerdos.
Y Taichi estaba extrañado con la idea. ¿Realmente la princesa iba a atenderlos por una mañana? Trató de hacer una nota mental para llevar su cámara ese día. No iba a perderse esa ocasión.
Koushirou aprovechó de dar los saludos que Jou les mandó a todos. La castaña entonces, comenzó a contar que se lo había encontrado en el metro. Taichi esperó a que Tachikawa terminara de hablar, para mostrarles la bufanda que le había hecho la pelirroja. Y así comenzaron a charlar amenamente, mientras almorzaban.
El rubio se mantuvo algo ajeno a la conversación. Había pasado de la alegría extrema a la preocupación y luego al enojo. Porque, después de todo, estuvo la mañana entera preocupada por la castaña delante suyo y ella se veía de lo más tranquila. ¿Es que acaso estaba loca?
Mimi volvió a sentir sus orejas calentarse. Pero siguió la conversación que mantenían sus amigos con suprema atención, mientras se comía sus pulpitos que con tanto amor le hizo su mamá.
Cuando tocaron para entrar a clases, los cinco chicos se separaron y cada grupo se dirigió a su respectivo salón. Tanto la castaña como el pelirrojo, al poner un pie en su sala de clases, cayeron en la cuenta de que no le preguntaron a Yamato si podía tocar en el festival junto a su banda, pero como ya era tarde para consultarle, prefirieron hacerlo después.
La tarde pasó rápidamente para todos. Los alumnos de segundo año estaban entusiasmados, pues cuando terminara este día podrían comenzar a perder clases preparando el festival. Este festival era realmente importante para la escuela, pues era una forma de comenzar a despedir a los alumnos de tercer año que se aproximaban a rendir los exámenes para quedar en una buena universidad y que ya se graduarían de la escuela media. Por lo tanto, era tradición que se organizaban cosas bonitas para que ellos recordaran su último año de escuela con ilusión y esperanza. De hecho, con ese propósito se creó la leyenda del festival.
Mimi había escuchado algo sobre la leyenda, pero realmente no le interesaban en lo más mínimo esas cosas. Ella estaba más emocionada en hacer los moldes de su traje de maid. De hecho, en vez de prestar atención a las clases, su puso a dibujar, toda la hora, disfraces de sirvienta para poder decidirse, mientras Koushirou suspiraba y tomaba notas por ella. Pronto se aproximaban los exámenes y había que estar preparado.
Cuando la castaña se decidió finalmente por un disfraz, comenzó a dibujar uno para hombres. En ese momento, su amigo pelirrojo decidió meter su cuchara al ver que los disfraces que Mimi hacía para los chicos incluían hasta orejas de gatos y cosas bastante extrañas, si se lo preguntaban. Así que entre los dos, terminaron de elegir el traje de maid para los chicos de la clase.
Finalmente, las clases terminaron. A la castaña le tocó hacer la limpieza del salón, así que Koushirou se despidió de ella y se marchó a casa.
Mimi no tenía muchas ganas de limpiar, sólo quería llegar a su casa y comenzar a hacer los moldes para los trajes. Es que no podía evitarlo, ¡estaba tan entusiasmada! Así que trató de hacer la limpieza lo más rápidamente posible para irse a su casa a crear los moldes.
Yamato, por su lado, estaba en su salón de clases junto a su banda. Hoy les tocaba ensayo y seguramente eran los únicos en toda la escuela. Sus amigos de la banda estaban afinando sus instrumentos, mientras él pensaba en esa castaña, amiga suya, quien era una despistada de lo peor y que lo tenía preocupado desde ayer.
Cuando los instrumentos estaban listos, comenzaron a tocar.
La joven Tachikawa caminaba contenta y tarareando una canción. Iba bajando las escaleras de su escuela, para llegar al primer piso, cuando escuchó algo de música fuerte. No pudo evitar pensar en Yamato.
¿Acaso era él quién estaba tocando?
Sí era así, ya entendía por qué sus compañeros querían que tocara en el festival. ¡Qué emocionante! Escucharía a Yamato cantar por primera vez en su vida. Nunca lo había hecho, a pesar de que el rubio intentaba hacer conciertos cuando ella los visitaba antes. Pero nunca se dio la ocasión para sentarse a escucharlo y gritarle cosas.
El festival escolar sería interesante, de eso no había dudas…
Dudó un poco en ir a preguntarle en ese mismo instante por lo del concierto o preguntarle mañana. Finalmente decidió consultarle mañana. No era un asunto de suma urgencia tampoco y prefería llegar a hacer los moldes de su vestimenta de maid. ¡Qué emoción! Estaba segura que si les contaba a sus amigas de Estados Unidos, se morirían de la envidia, porque a muchas de ellas les gustaba la animación japonesa e iban a convenciones y esas cosas.
Iba pensando en eso, mientras distraídamente buscaba su tarjeta para pagar el metro, pero no la encontró.
What the Hell?
¡- Olvidé que la dejé en casa y no tengo dinero para pagar el metro! – exclamó, en medio de la calle, que gracias a Dios estaba bien iluminada.
Y ahora… ¿Qué podría hacer? Se preguntó, desesperada… Pensó y pensó… ¿Y si se devolvía…? ¡No! ¡Es decir, Sí!
¡Claro, Yamato! ¡Él aún estaba en la escuela! Y seguramente tenía algo de dinero que le podría prestar.
Así que decidió devolverse. Al menos su instituto no estaba tan lejos de donde ella estaba. Sólo rogaba porque su amigo no se haya ido aún a su casa.
En la escuela, el vocalista de los Teenage Wolves terminaba de cantar un coro de una de las canciones que había compuesto. Estaba con los ojos cerrados, completamente concentrado en que su voz no se desafinara, que no se equivocara en una parte del coro en la que aún le costaba aprenderse el punteo y que sus amigos estuvieran listos para el solo de batería.
Y estaba tan concentrado, que no notó que sus amigos dejaron de tocar. Y de que alguien lo estaba abrazando…
Esperen… ¡Una chica lo estaba abrazando!
Miró hacia abajo y en efecto, ahí estaba una chica. Pero, no era cualquier chica… Era Mimi Tachikawa, su amiga castaña en la que no había dejado de pensar en todo el día.
- ¡Mimi! – exclamó el chico, aún sin salir de su estupefacción.
- Hola Yama. – le saludó ella, desde su altura. Aún abrazándolo.
- ¿Q-Q-qué haces aquí? – preguntó él, completamente nervioso. ¡Mimi lo estaba abrazando, maldición!
La chica comenzó a reír nerviosamente, mientras lo soltaba de su agarre. El joven esperaba que ese momento no se acabara nunca.
- Eh… ¡Olvidé mi tarjeta del metro! Y… ¡No tengo dinero para comprarme un pasaje! – exclamó, algo triste. - ¡Puedes prestarme dinero para poder irme a casa! – pidió, juntando sus dos manos frente a su cara y cerraba los ojos.
WHAT THE HELL?
Yamato quería llorar de la frustración.
- ¡Hey, Yama! – exclamó el baterista de su banda. – Preséntanos a tu nueva novia.
Y toda su banda se burló de él.
- ¡No soy su novia! – exclamó Mimi, enfadada.
- Mejor para nosotros, eres bien bonita. – le respondió el tecladista, feliz de encontrar a una chica soltera que no se ponía histérica al tenerlos cerca.
Los tres integrantes de la banda se acercaron a Mimi, dejando a Yamato olvidado, tras el micrófono.
- Nos das tu número de celular. – pidió el tecladista.
- Ten una cita conmigo. – le dijo el baterista.
- Eres bien bonita, ¿lo sabías? – preguntó el bajista.
Mimi pestañeó un par de veces, incrédula, ante tanta atención femenina. Luego se rió un poco, esos chicos eran muy divertidos.
- Lo siento chicos, no estoy disponible para citas por el momento. – dijo, algo nerviosa.
Los tres se desilusionaron y cabizbajos regresaron a sus puestos. Seguramente ella quería a Yamato. TODAS las chicas de la escuela lo querían. Esa preciosura no podía ser la excepción.
El rubio sonrió con maldad. Eso les pasaba por ser tan desesperados. Pero se enfocó en Mimi. ¿A qué se refería con que no estaba disponible para citas? ¿Acaso… tenía novio en Estados Unidos?
- Yama… ¿tienes dinero que me prestes? – Volvió a preguntarle, ella, dudosa.
- Eh… sí. – respondió él.
- ¡Oye, pero es muy tarde! – exclamó el bajista.
- ¡Sí! – le siguió el tecladista.
- ¡Te puede ocurrir algo! – dijo el baterista, con preocupación. - ¡Yama, viejo! ¿Cómo puedes ser tan descarado de mandar a ese ángel sola a las calles tan peligrosas de Odaiba?
Mimi y Yamato se miraron perplejos. ¿Mimi un ángel?
Ambos soltaron una carcajada.
- ¡No sean exagerados! – exclamó la chica, divertida. Luego, se apartó una lagrimita que salió de sus ojos de tanto reír. – Aparte que me puedo ir sola, no hay problema con eso y el metro es seguro.
- Pero Mimi, tienen razón… - dijo Yamato, luego de haberse reído un buen rato. – Te acompañamos a casa. – se ofreció el chico.
La joven parpadeó, como una forma de expresar su incredulidad. Pero finalmente se encogió de hombros y decidió aceptar.
- Y… ¿puedo ver su ensayo? – preguntó la chica, mientras se sentaba sobre una mesa y miraba a la banda.
- Claro que sí. – respondió el baterista, todo contento porque ese ángel los acompañaría en su ensayo.
Yamato gruñó al notar cómo sus amigos miraban babosos a la única chica que se encontraba ahí, pero decidió dejárselos pasar. Así que comenzó a tocar acordes, comenzando una nueva canción. Sus amigos no tardaron en captar qué canción iban a ensayar, así que siguieron a su vocalista. Mimi notó que el rubio cerraba los ojos, como si se concentrara completamente para poder cantar.
No pudo evitar sentir un escalofrío al escuchar la ronca voz de su amigo. No era la primera vez que lo oía cantar. Pero, era la primera vez que sentía eso al escucharlo.
La canción trataba acerca del primer amor entre dos chicos en navidad. Mimi supuso que Yamato la escribió luego de que Sora le regalara las galletas en aquella navidad del 2002. Realmente era muy linda.
Cuando el rubio terminó de cantar, comenzó con otra. Y luego otra y otra.
Y Mimi no podía estar más emocionada. ¡Su amigo cantaba tan bien! De ahora iría a todos sus conciertos, no se perdería ninguno, porque realmente valía la pena escucharlo. Ya entendía porque sus compañeros de curso querían tenerlo en el festival…
¡Oh, por Dios! ¡El festival…!
Tenía que hacer los moldes en este mismo instante. Así que buscó en su mochila el cuaderno donde había dibujado su traje de maid. Luego, buscó una regla y comenzó a medirse el brazo, para así ver de qué tamaño contar la tela para hacer la manga.
Yamato, quien ensayaba nuevamente una canción sobre amor (la misma en la que le costaba realizar el punteo del coro), se giró para notar que Mimi no estaba ni siquiera interesada en su música.
Interrumpió pleno coro, pues le estaba dedicando esa canción a su amiga (aunque ella no tenía idea de que se la estaba dedicando).
- Mimi, ¿qué haces? – preguntó, el vocalista, algo decepcionado.
- Mido mi brazo. – dijo simplistamente la chica, mientras anotaba algo en un cuaderno. Seguramente la medida del largo de su brazo.
- Y… ¿para qué? – preguntó, nuevamente el rubio, con desesperación. Se estaba olvidando que estaban con más gente.
- Para mi traje de maid.
El maid café. ¡Lo había olvidado!
El joven Ishida se sonrojó al recordar a Mimi en su traje de sirvienta.
- ¿Traje de maid? – preguntó el bajista, extrañado.
- Sí, por el festival de otoño. Nos tocó hacer un maid café. – respondió la joven, mientras se medía las piernas.
- Y… ¿Te tocó hacer de sirvienta? – preguntó el tecladista, ya sonrojado ante la idea.
- Sí. – respondió la chica, mientras anotaba algo nuevamente en su cuaderno. - ¡A propósito! – exclamó, sonriente. - ¿Me pueden hacer un favor? – preguntó, tiernamente.
- ¡El que sea! – respondieron los tres miembros de la banda, ante un estupefacto y enfadado Yamato.
- ¿Pueden tocar en el festival antes del almuerzo para nosotros? – pidió la chica, sonriente.
- ¿Qué? – preguntó Yamato, sorprendido.
- Es que no sólo nos tocó hacer el desayuno, sino que nos tocó hacer un acto para el almuerzo y me preguntaron si les podía pedir que hicieran un pequeño concierto para la escuela. – dijo la chica, algo apenada.
- No te preocupes princesa. – respondió el tecladista, tomándole las manos a Mimi.
- Sí, no tenemos ningún problema en hacerlo. – dijo el bajista, mientras posaba sus manos sobre los hombros de Mimi y le realizaba un masaje.
- ¿De verdad? – preguntó la castaña, algo insegura. Y un poco incómoda ante tantos halagos y atenciones hacia su persona.
- Sí, no hay problema. – respondió el baterista. - ¿verdad, Yama?
Y todos miraron al rubio, esperando su aprobación.
- Está bien… - dijo en un suspiro.
Genial, ahora tendría que hacer un concierto el viernes. Y él quería disfrutar de su mañana en el café maid de Mimi… Pensó Yamato, con frustración.
- ¡Genial! – gritó la chica. – Les daré pasteles y cafés gratis en nuestro maid café. – prometió la joven, con una sonrisa.
Los chicos de la banda exclamaron de júbilo. Esa chica era un ángel, lástima que no quería tener una relación formal todavía.
Yamato les pidió a sus compañeros que siguieran ensayando, pues ahora tenían que dar un concierto. Así que todos, ya más animados, volvieron a tomar sus instrumentos y siguieron cantando.
Hasta que dieron las nueve de la noche y Mimi recibió la llamada histérica de su mamá, quien no sabía dónde estaba y se encontraba preocupada, pensando en que le había ocurrido algo. Así que Yamato decidió dejar el ensayo hasta esa hora y todos fueron a acompañar a Mimi al metro. Aunque el rubio aprovechó de fanfarronear, diciéndole a la chica que la acompañaría a casa.
Mimi no podía estar más contenta. Los amigos de Yama eran un amor, aunque se encontraban algo locos, pero le habían caído muy bien. Aparte que la habían invitado a cada ensayo durante la semana.
Así que, en los días siguientes, la castaña se preocupaba de organizar el festival junto a sus compañeros y por las tardes se encargaba de coordinar a los Teenage Wolves. A veces les daba ideas para algunas canciones, incluso les inventaba coreografías cuando algunas tonadas eran más movidas. Y a veces hacía duetos con Yamato.
Y la banda no podía estar más encantada. Mimi hacía que los ensayos se volvieran más relajados. Y ya tenían algo con qué molestar a Yamato, pues habían notado que a su amigo le gustaba esa chica. Así que, cuando se encontraban solos, lo molestaban, mientras el pobre rubio trataba de aguantarse las ganas de molerlos a golpes.
Así pasaron los días, hasta que ya era jueves por la tarde. Y Mimi sonrió satisfecha. Como siempre, era la última en irse, pero quería dejar todo preparado para mañana.
El maid café era una hermosura de lugar. Los trajes ya estaban listos para ser usados mañana. Koushirou ya tenía listo el audio para el concierto de Yamato. ¡Y todo pintaba realmente bien!
¡Dios, ya quería que fuera mañana!
- ¡Mimi! – exclamó, cierta voz conocida para ella. – Ya es tarde, te acompaño a casa. – dijo Yamato, aproximándose a ella.
Mimi se dio la vuelta. Ahí estaba su amigo, quien le sonreía y tenía su guitarra con su funda, tras la espalda. Nunca se había dado cuenta, pero el uniforme del instituto se le veía muy bien.
Tragó saliva.
- ¿Qué miras tanto? – preguntó el chico, burlescamente.
- Mi festival. El primer festival de escuela al que asistiré luego de volver de Estados Unidos. – dijo ella, emocionada. - ¡No puedo esperar para que sea mañana! – exclamó.
Yamato no pudo estar más de acuerdo. Aunque los motivos por los que él quería que fuera mañana eran muy distintos a los de Mimi. Él quería bailar el vals con ella, mañana, a la noche. Como la tradición del instituto mandaba. ¡Y ni Taichi ni nadie iban a impedir que él bailara con ella mañana!
- Mis amigos dicen que te dedicaran una canción. – dijo Yamato, antes de que Mimi notara su sonrojo. – Te encuentran linda… - murmuró entre dientes. Malditos, ojalá a ellos no se les ocurra pedirle bailar el vals a Mimi.
La chica soltó una carcajada.
- Con que una canción… Pero… ¿tú la vas a cantar también?
- Sí… - respondió el joven, algo inseguro.
- Entonces… ¿eso quiere decir que también me encuentras linda? – preguntó Mimi, con toda la intención de molestar a Yamato.
Pero el chico no se lo tomó tan bien. Se sonrojó y no supo qué decir.
- Bueno… - titubeó. Bien, ¿y ahora qué le decía? – Eh… S-sí, ósea, eres una buena amiga… y… eh… eres… l-linda… - dijo, avergonzado y nervioso, mientras miraba hacia otra parte.
Mimi soltó otra carcajada. Había descubierto que era muy divertido molestar a Yamato de vez en cuando. Él tenía buen humor y no era tan duro como parecía. Era extraño, pero a lo largo de los ensayos que había visto, había conocido a un nuevo Yamato. Uno que difería bastante del que conoció en el Digimundo. Y uno muy distinto al que conoció cuando se fue a Estados Unidos. ¿Ese Yamato habrá sido obra de Sora? ¿O es que siempre Yamato fue así y nunca se dio cuenta?
Miró al chico delante de ella, quien miraba por la ventana. Ya era de noche y las estrellas estaban saliendo. Sin dudas era un espectáculo lindo como para observar con alguien a quien quieres. ¿No debería ser Sora quien esté en este minuto con Yamato?
Recordó esa conversación con Taichi, ese día cuando comieron juntos, cuando Yamato y Sora no podían verse sin discutir y a ella se le ocurrió el plan de ser Cupido.
"A lo mejor es el destino quien te puso ahí"
- Pero… ¿Por qué?
Miró nuevamente a Yamato, quien tomaba las mochilas de ambos y le sonreía.
- Te llevaré a casa. – dijo, simplistamente.
Y Mimi no tenía idea de por qué, pero le agradó saber que Yamato la iba a acompañar.
Notas de Autora:
¡Feliz Año Nuevo! Sí, lo sé, no debería haber escrito eso, sino que ¡Feliz Navidad! Pero el tiempo no me alcanzó como para haber subido antes ;_; Me ha pasado de todo, pero lo principal es que estuve enferma y no pude actualizar antes T_T Lo siento! ;_;
Pero... ¿A qué no se esperaban esto? ¡Sí! ¡Actualicé! ¡Y por partida doble! Jajaja, ¿y qué tal? Disculpen, he tenido un pequeño bloqueo con este capítulo, porque, de cierta forma es un relleno para el verdadero capítulo romántico, que será... ¡EL SIGUIENTE! Los festivales escolares japoneses son muy lindos y ya quiero escribir cómo la pasarán nuestro personajes ^-^
Mmh... ¿Qué puedo decir? ¡La verdad es que estoy emocionada! El festival del equinoccio de otoño si existe y es feriado en Japón xD Los japoneses tienen feriados por todo, me tocó averiguarlo para una tarea de inglés (?) y pues, el otoño es bonito ^-^ Aunque es extraño, porque los chicos se están ya muriendo de frío y yo tengo tanta calor por ser verano D:
¡Oh! Y la leyenda... será algo especial, sin dudas *-* La explicaré mejor en el próximo capítulo, aunque creo que deben tener una idea de qué se trata jujuju
Sobre el maid café xD Bueno, no he visto "Kaichou wa Maid-Sama", pero sí tomé la idea de ahí xD Mi mejor amiga lo vio y me contó algunas cosas que ocurren ahí, así que veré cómo irá eso, pero Yamato estará contento de ver a su maid Mimi jajajaja. Algo de fanservice no le hace mal a nadie, supongo jejeje. De hecho, los maid café son una moda aquí o.o Acabo de llegar de una convención de anime donde tenían uno... Es algo extraño de ver xD
Y averiguando bien, los maid café fueron creados alrededor del 2000 o.o y pues, ya que en el fic nos encontramos en el año 2005, me imagino que debieron tener algunos problemas y ser algo así como polémicos... Pero Mimi vio "Card Captor Sakura" (XD) así que no tuvo grandes problemas con eso. A decir verdad, me dí cuenta que Sakura fue creada por el '99, así que era más que probable que Mimi la hubiera visto por la tele. Pero de todas formas es chistoso xP
Una última cosa, en navidad recibí un regalo muy lindo que me gustaría compartir con ustedes! Recuerdan la escena donde Sora le regala la bufanda a Taichi? Pueees... mi mejor amiga (mi nee-chan querida del alma!) cosplayó de Sora, interpretando esa escena! *-* El problema es que el chico que cosplayeaba de Taichi estaba ocupado, así que no pudo participar de la escena :/ PERO, de todas formas, mi nee-chan cosplayó y soy feliz y se sacó muchas fotos como prueba! Jajaja! Aquí dejo la imagen: soracelesdrossettets. deviantart. com/art/A-Christmas-Present-276175248 quiten los espacios y podrán verlo ^-^ ¡Muchas Gracias Nee-chan! *-*
¡Muchas gracias chicas por sus comentarios! También a quienes leen, a quienes agregan a favoritos y a quienes agregan a sus alertas. De verdad, muchas gracias chicas! =D
Yo prometo actualizar los domingos, pero no estoy muy segura si será este fic o el otro mimato que tengo... Hum... Eso estará por verse, pero de que me verán los domingos, lo harán =D Así que nos vemos la próxima semana! ^-^
Review sin cuenta:
ofelia de ishida123: Muchas gracias por comentar! Qué bueno que te guste mi historia! Ojalá te siga viendo por aquí ^-^ Un besito grande! Nos estamos leyendo!
