Disclaimer: Digimon no me pertence. En realidad es de Akiyoshi Hongo y de la Toei Animation. (Y a ellos deben culpar por el final xD no a mí =D).
La canción "True to Me" tampoco me pertenece D: es cantada por Metro Station ^^
Y la canción "The Only exception" tampoco es mía DD: Fue compuesta e interpretada por Paramore
Recomendación: Tengan ambas canciones a mano, que saldrán en el orden en que fueron nombradas aquí :)
Capítulo Nueve: El Festival de Otoño.
El festival de otoño tenía una regla de oro, pues al coincidir con el Obon, la eternidad del amor ya no se vuelve algo tan etéreo, si no que se vive en cosas tan simples como un baile con esa persona especial, el amor de toda tu vida. Por eso, el primer vals era tan importante.
Porque si logras bailarlo con esa persona especial, lograrás estar con ella para toda la eternidad…
Era viernes en la mañana. Específicamente, las siete y media a.m. Y en el salón 2-d, el salón de Mimi y Koushirou, reinaba… el caos.
- ¿Cómo que no encuentras el delantal? – gritaba una histérica chica a otra, mientras buscaban frenéticamente dicha prenda.
- ¡Necesito más azúcar! – gritaba un muchacho, quien tenía la tarea de rellenar los azucareros.
- ¿Dónde dejaron los panes para los sándwiches? – preguntaba un joven, quien debía comenzar a armar los emparedados.
Y miles de gritos se oían de un extremo a otro. Algunos adolescentes gritaban y se movían frenéticamente, buscando cosas, armando otras, organizando las mesas y sillas para recibir a la clientela, terminando de adornar el salón. ¡En fin! Terminando todo para que se viera perfecto.
Eran los que ofrecerían desayuno a toda la escuela, desde las ocho hasta las diez y media de la mañana. Y, por ende, todo debía estar en perfecto orden.
Mimi, a pesar de todo el caos, se encontraba sentada tranquilamente sobre una mesa, mientras Koushirou y otro chico la movían de posición.
- Creo que se ve bien cerca de la ventana. – dijo la castaña, a modo de sugerencia.
- Mimi, bájate. ¡Pesas! – se quejaba el pelirrojo, mientras seguía moviendo la mesa hacia donde la chica quería.
- ¡Oye! – gruñó la joven. - ¡Qué grosero! ¡Estoy en mi peso justo! – dijo y comenzó a replicar con toda su rutina de ejercicios imaginaria para, más que nada, auto convencerse de que no había subido de peso.
- Olvídalo, Tachikawa. – se quejó el otro chico que sostenía la mesa. No sabía qué era peor, llevar una mesa con su compañera encima o soportar sus replicas algo chillonas sobre su peso.
El profesor Tanaka y la presidenta de la clase supervisaban los últimos detalles con alegría y algo de nerviosismo. ¡Dios! Cuando Aizawa miró el reloj, los detuvo a todos. Faltaban quince minutos para las ocho y los chicos estaban por terminar. Así que se subió al mesón donde estaría la caja registradora y chifló para que los demás detuvieran sus acciones. Cuando obtuvo la atención de todos, sonrió.
- Chicos, ha llegado la hora de presentar lo que hemos hecho durante esta semana. – Comenzó con su discurso motivador. – Recuerden que este festival está dedicado fundamentalmente a los sempai de tercer año, quienes se gradúan pronto. Por lo que deben hacer que este día sea un lindo recuerdo para ellos. ¡Y ojalá disfrutemos juntos el festival! – gritó, emocionada.
Mimi no pudo estar más de acuerdo con ella. La castaña sí que iba a disfrutar este festival.
- ¡Ah! – dijo Aizawa, antes de bajarse del mesón donde se encontraba aún parada. – Y no olviden de tratar a los clientes como "Amo" o "Ama". – dijo y luego bajó de su lugar de un salto.
- ¡QUÉ! – gritó Mimi, sorprendida. - ¡Koushirou! – chilló y miró a su amigo.
- ¿Qué no te lo dije? – preguntó el chico, algo confundido. La chica negó, completamente desesperada. – Las maid deben tratar de "Amo" o "Ama" a los clientes, según corresponda. Es… algo así como una ley. Por eso es que las acosan. – dijo simplistamente. Como si no tuviese nada de importante.
WHAT THE HELL?
Yamato se encontró con Taichi y Sora en la entrada del instituto. Sus dos amigos estaban emocionados, a pesar de que la entrada de su escuela aún estaba cerrada.
- ¡Hola Yama! – le saludó entusiasta su ex, mientras sonreía divertida, seguramente por alguna cosa que había dicho Taichi antes de que llegara él.
- ¡Buenas! – Siguió, Yagami, sonriente. - ¡Mira esto! – exclamó, mientras le mostraba una cámara fotográfica.
- ¿Para qué me muestras una cámara digital? – preguntó, el chico, con algo de escepticismo.
El castaño silbó, esperando esa pregunta.
- ¿Tu hermano no te lo contó? – preguntó, misteriosamente.
- ¿Qué cosa? – preguntó Yamato, aún sin captar la idea de lo que tramaba su amigo.
- ¡De esto! – dijo Taichi y le mostró una foto, que era muy… peculiar.
Yamato le arrebató el aparato al castaño y se fijó bien en lo que estaba viendo. Nada en particular, eran Takeru y Hikari besándose en el centro comercial… ¡Esperen! ¿Hikari y Takeru besándose en el centro comercial?
- ¿A qué no lo crees? – preguntó la ex novia del cantante, con una sonrisa. – La verdad es que pillamos la foto de mera casualidad. – explicó. – Pero es un alivio saber que esos dos están en buenos pasos.
Pero Ishida no respondió. Estaba más preocupado de otra cosa. Su maldito hermano menor lo había molestado por semanas enteras con el asunto de que le gustaba Mimi y cuando le tocaba desquitarse, ni siquiera… ¿se enteró? ¡Argh! ¡Qué demonios…! Esta noche llegaría a su casa y molestaría a Takeru de por vida…
Sí, señor. Como buen hermano mayor que era, lo torturaría. Pues, la venganza es un plato que se disfruta mejor frío, ya vería ese Takeru. Ahora tenía material para sobornarlo…
Se iba a guardar la cámara, cuando Taichi le agarró la mano.
- ¡Hey! – exclamó el rubio, enfadado. ¿Qué demonios se creía que hacía Taichi?
- Olvídalo, viejo, esa foto es mi pase para no hacer mis quehaceres del hogar por meses. ¡MESES! ¿Entiendes lo que digo? – Era una pregunta hipotética.
- Sí, lo entiendo… - dijo Yamato, fingiendo comprensión. - Pero Takeru tiene que pagarme algunas cuentas… - dijo como si el asunto fuera de vida o muerte. - ¡Así que suelta esa cámara!
- ¡No! ¡Suéltala tú! – gritó Taichi, ya enfadándose.
- ¡No! ¡Tú! – gruñó Yamato, ya de mal humor.
Sora soltó un suspiro. ¿Por qué esos dos no podían simplemente madurar? Aparte… ya estaban hablando de sobornos y chantajes varios. ¿Qué clase de hermanos mayores eran?
¡Dios! ¡Dale paciencia a la pelirroja que tiene que soportarlos!
- ¡Ya cállense! – gritó Sora, mientras les arrebataba la cámara digital y entraba al instituto.
Bien, había que mantener la calma. Además… ¡Mimi tenía que enterarse de las buenas nuevas!
- ¡Espéranos, Sora! – gritaron los dos chicos, en el instante en que se dieron cuenta que la cámara no estaba con ellos.
En el salón del maid café, Mimi ya no podía disimular su estado de histérica... El maldito de Koushirou no le había dicho que las maid debían tratar a sus clientes de "Amo". ¿A quién, mierda, se le ocurría tratar a la gente así? Y el muy simplista de Koushirou, lo hablaba de forma tan banal, que casi no tenía importancia…
Pero ella sabía que tenía importancia.
- ¡Pero Mimi! – replicó Aizawa, de mal humor. - ¡Todo esto del maid café fue tu idea!
- ¡Sí! ¡Pero no tenía idea de que debía tratar a la gente así! – chilló la aludida. – ¡No haré nada de eso! – advirtió. - ¡Me rehúso!
- Pero así no será un maid café… - replicó Koushirou, seriamente.
- ¡Pero todo esto es tu culpa! – chilló Mimi, en respuesta. - ¡Hace mil años que no vivo en Japón! ¡Obviamente no iba a saber que las maid trataban a la gente de amo! – gritó, histéricamente.
- ¿Y cuál es el problema con eso? – preguntó la rubia, fanática de Yamato. - ¡Tratar a Yama-kun de "amo" es el sueño de toda Wolve-girl! – Se escucharon chillidos por todo el salón.
Y ése era, precisamente, el problema. ¡Uno de sus clientes era Yamato! ¡Por el amor a Dios!
Si trataba de "amo" a Yamato, frente a Sora, sería obvio que su amiga pensaría mal. Después de todo, Yamato es el ex novio de su mejor amiga y parecer arrastrada con él no estaba dentro de sus planes. ¡No, señor! ¡Levantarle el novio a una amiga era lo peor en su código de amistad! ¡Y Mimi Tachikawa no era una roba-novios!
Sora ya la había recriminado de amante de Yamato. Y, aunque después le había ofrecido sus disculpas, el daño seguía hecho. Y Mimi era de las personas que no olvidaban fácilmente cuando la herían…
Además que no quería tener problemas con Sora…
¡Fin de la discusión!
- ¡No seré maid! – advirtió, ya gruñendo.
- ¡Oh! ¡Vamos Mimi! – Intentó hacerla recapacitar, Koushirou. - ¡Ya estamos por empezar!
Y, en efecto, los alumnos de tercer año ya estaban entrando al salón. Y eran los únicos que ofrecerían comida, hasta al menos las diez de la mañana, por lo que necesitarían toda la ayuda posible.
Por lo que, a la castaña, no le quedó de otra que asumir su destino de llamar "Amo" a Yamato, hasta nuevo aviso.
Ojalá comiera y se fuera rápido…
Así que con su mejor sonrisa, se acomodó el delantal y olvidó todo el alboroto que había hecho minutos antes.
Taichi salió corriendo tras de Sora, cuando descubrió que la pelirroja tenía la preciada cámara de su hermana. Yamato lo imitó, pues ahí se encontraba el pase para molestar a Takeru de por vida.
Pero la chica, por jugar al tenis, era bastante rápida y llegó de las primeras al tercer piso, mientras un cansado castaño le seguía el paso tranquilamente. El rubio se encontraba todavía en el segundo piso. ¡Ni loco subía toda esa gran cantidad de escalones corriendo!
Sora se metió en el salón de Mimi, el salón 2-d, luego de tomar algo de aire. El maid café estaba abierto y ella necesitaba un escondite. Y gracias a Dios, esa sala estaba a un costado de las escaleras. Así que entró, antes que Taichi la alcanzara.
- Buenos días ama. – le saludó alguien. Una… ¿chica?
La pelirroja se fijó y era… ¿Mimi?
- ¿Mimi? – preguntó la chica, al notarla con su traje de maid.
- Sí, Sora, soy yo… - respondió la castaña, con pesadez.
- ¡Mimi, recuerda que se dice Ama! – se oyó a una chica que le gritaba a la castaña desde alguna parte del maid café.
- ¿Puedes creerlo? – exclamó Mimi, enfadada. - ¡Koushirou nunca me dijo que se trataba de "amo" en un maid café! ¿Tú sabías?
- Pues… Sí. Es algo como… ¿cultura general? – dudó un poco la pelirroja al notar la mirada de perros que le dedicaba su mejor amiga. – Olvídalo. Koushirou es un malvado y merece morir. – dijo la chica, como si estuviera convencida de eso.
Aunque no era así. Cada vez que Mimi se enojaba y se quería desquitar con alguien, siempre era bueno ponerse de su lado, si es que no querías terminar muerto.
- ¡Sora! – se escuchó fuera del salón. Era Taichi.
- ¡Ay! ¡Mimi! ¿Puedes esconder esto? – chilló la pelirroja, completamente asustada, mientras le extendía la cámara de Hikari.
Mimi tomó el aparato y justo en ese momento entró Taichi.
- ¿Mimi? – respondió, aún jadeante.
- ¡Buenos días Amo Taichi! – saludó la castaña, aún con la cámara en la mano.
- ¿Amo? – preguntó algo extrañado, pero sus ojos achocolatados se posaron en el aparato. - ¿Me puedes pasar la cámara Maid Mimi?
- Bueno. – dijo la castaña, extendiéndosela.
- ¡No, Mimi! – exclamó Sora, mientras la tomaba.
- ¡Ay! ¡No entiendo! – chilló la castaña. - ¿Puede alguien explicarme lo de la cámara?
Taichi se iba a lanzar sobre la pelirroja para quitarle la cámara, cuando entró Yamato, aún más calmado.
- ¿Es que no pueden subir hasta el tercer piso como dos personas normales? – preguntó el rubio de mal humor.
Después de todo, subir tres pisos corriendo sí que era agotador. Yamato no era atleta y no tenía intenciones de serlo, por lo que prefirió subir como la gente normal.
- Hola… Amo – Aunque la palabra "Amo" no fue pronunciada correctamente. – Yamato. – saludó secamente, la maid.
- Hola… ¿Mimi? – preguntó el rubio, impresionado de verla en su traje de maid.
Y ¿cómo no? Si se veía bien bonita. Era un vestido que se ceñía a la pequeña cintura de la castaña, con mangas largas, aunque se ensanchaban a medida que llegaban a las muñecas de la muchacha. La falda del vestido caía con gran vuelo hasta las rodillas de la chica y era de un color rosado chicle. Pero, estaba demás, el delantal de color blanco, que sus amarras pasaban por la cintura de la chica y terminaban en un lindo moño por la espalda. Y tenía unos tirantes con vuelo que pasaban por los hombros. Además que Mimi tenía unas medias blancas que le llegaban hasta la mitad del muslo y unos zapatitos de charol negros.
Yamato no pudo evitar silbar. Parecía una muñeca, pues estaba maquillada con sombras rosadas, rímel, rubor y un brillo labial rosa, haciendo que su boca sea llena y hermosa.
El rubio tragó saliva. Se veía hermosa.
- ¿Vas a dejar de mirarme? – preguntó Mimi, de mal humor.
- ¡Tachikawa! – le regañó otra mesera, vestida completamente igual a Mimi.
- ¿Quieren sentarse, Amos? – Aunque nuevamente la palabra "Amo" fue pronunciada casi entre dientes.
Los tres chicos fueron guiados por la maid, hasta una mesa cerca de la ventana. Había cuatro sillas, pero después podrían invitar a Koushirou o a Mimi a sentarse.
Mimi les pasó la carta y se despidió rápidamente, pues la estaban llamando de otra mesa.
Sora aprovechó de revisar el lugar. ¡Era una monada! Estaba decorado con listones rosas, las cortinas habían sido cambiadas por otras de color marrón chocolate, con cintas rosa chicle para mantenerlas fijas en su lugar. Las mesas tenían manteles blancos con encaje y en el centro de cada una había floreros con rosas rosadas. El servicio se veía realmente fino.
- ¡Uy! ¿Por qué no hicimos esto el año pasado? – preguntó la pelirroja, maravillada con lo que veía.
- Porque hicimos el concierto de Yamato. – respondió Taichi, pesadamente.
- Y porque tú quisiste que vistiéramos kimono y vendiéramos ohagi. – le siguió Yamato, con el mismo tono.
- No les pasaré la cámara. ¡No pueden chantajear a sus hermanos! – exclamó la pelirroja, ya enfadada.
- ¡Pero Sora! ¡Tú no lo entiendes porque eres hija única! – exclamó Taichi, mientras extendía sus brazos hacia la pelirroja para poder quitarle la cámara. - ¡Las tareas que mi mamá me encarga son inhumanas!
- ¡Con mayor razón no las puede hacer tu hermana sola! – se defendió Sora, pensando en la pobre Hikari.
- ¡Sí, Taichi, eres mal hermano! – replicó Yamato, burlándose de él. – Pero Takeru merece todo lo que haré porque me ha molestado por semanas con el asunto de Mimi… - Y gruñó, mientras también extendía los brazos para alcanzar la dichosa cámara.
Sora hacía lo que podía para que no pudieran obtener el aparato. Pero los chicos cada vez acercaban sus manos hacia la cámara.
- ¿Ya decidieron qué quieren, Amos? – preguntó, un chico.
Los tres se dieron vuelta y vieron a Koushirou. Él se veía muy elegante con un traje de dos piezas de color gris oscuro. El pantalón era sujetado por un cinturón de cuero negro, además de llevar sus zapatos de la escuela, negros. Y arriba llevaba una camisa blanca de manga larga y el gilet de color gris oscuro, junto a una cinta rosa chicle alrededor del cuello de la camisa, amarrada a modo de moño, como si fuese una especie de corbata.
- Hola Koushirou. – le saludó la pelirroja, con una sonrisa. - ¡Te ves tan lindo! – exclamó, toda feliz.
El pelirrojo soltó una risita.
- Todo esto es obra de Mimi. Hay que darle el crédito por el traje. – explicó, algo avergonzado, al recordar las ideas tan extravagantes de su amiga.
Taichi y Yamato chocaron las manos con él y luego, el chico tomó lápiz y papel y esperó el pedido.
- La verdad es que no hemos decidido todavía. – respondió Sora, algo apenada.
- ¿Ya se decidieron…? – habló Mimi, caminando hasta la mesa de sus amigos, pero luego notó a Koushirou. - ¡Oh, Kou! No te vi, disculpa… - dijo la castaña, apenada.
- No te preocupes. En todo caso aún no se deciden. Y les contaba que los trajes habían sido diseñados por ti. – le explicó el chico, sonriendo.
- ¿De verdad Mimi? – preguntó la pelirroja, completamente interesada.
- ¡Pues, sí! Estuve cosiendo toda la semana estos trajes. A los camareros durante la semana les tocaba trabajar en sus disfraces y como Koushirou tuvo que trabajar en lo del concierto, me tocó coser su traje también.
- ¡Pues te quedaron muy lindos! – exclamó Sora, toda feliz.
- Sí, muy bonito, pero… ¿Qué podemos comer? ¿Alguna sugerencia? – preguntó Taichi.
Él tenía hambre y quería comer algo delicioso por la mañana, pues no había desayunado.
- ¿Por qué están tan pesados hoy? – preguntó Mimi, apenada.
- Por esto. – dijo la pelirroja y mostró una cámara digital rosa.
- ¿No es esa la cámara de Hikari? – preguntó el pelirrojo, con algo de dudas.
- Sep. – respondió Taichi, con los ojos cerrados.
- ¿Y para qué la trajiste? – preguntó nuevamente Izumi, con curiosidad.
- A decir verdad para tomarles fotos y chantajearlos en un futuro cercano. – respondió el moreno con sinceridad. Mimi bufó, pero el chico ni la tomó en cuenta. – Pero… ¡Descubrí algo mejor que eso! – exclamó con alegría, extendiendo el brazo para lograr quitarle la cámara a Sora, cosa que logró. Así que prendió el aparato y buscó por la biblioteca hasta pillar la fotografía que lo ponía tan contento. - ¡Miren! – exclamó y les extendió la cámara a los camareros.
Mimi tomó la cámara y se la mostró a Koushirou. El chico silbó de la impresión, mientras la castaña se sonrojaba. ¡Eran Hikari y Takeru dándose un beso!
Se veía que el fondo era el centro comercial de Odaiba. Hikari era la que tenía la cámara con el brazo izquierdo, mientras besaba a Takeru, quien estaba sin su gorro y pasaba un brazo por los hombros de la chica.
- ¡Se ven adorables! – chilló Mimi, emocionada.
- Es verdad. – admitió el pelirrojo, con honestidad. – Pero… ¿Eso quiere decir que ya son novios? – preguntó el chico.
- No lo sé. No me interesa realmente. Ya acepté a Takeru como cuñado hace ya varios años. – admitió Taichi. – Lo que me interesa es que con esto me libraré de hacer los quehaceres de la casa por ¡meses!
- Qué flojo eres, Amo Taichi… - dijo con honestidad, Koushirou.
Aunque luego fue llamado por otra mesa, así que tuvo que dirigirse a tomar un pedido.
Mimi se quedó hurgueteando la cámara en busca de algo que dijera si Takeru y Hikari eran novios oficiales o no.
- ¡Mimi! – le regañó la pelirroja. - ¡No hurguetees en la cámara de Hikari! ¡Son cosas privadas!
- Sí, tranquila. – respondió la castaña, mientras seguía apretando los botones para revisar las fotos.
- Y este es Takeru, todo sonrojado luego de nuestro primer beso… - dijo una Hikari toda divertida por ver a su, ahora, novio sonrojado por el beso.
Mimi sonrió. Era una grabación que Hikari había hecho.
- ¿Qué es eso? – preguntó Yamato, curioso.
- Un video. – respondió Mimi, mientras veía la pantalla de la cámara.
- ¡Hikari! ¡A-Amor! – titubeó el Takeru de la grabación. - ¡No grabes eso!
- Pero sí te ves tan tieeernoooo. – Se oyeron risas.
- ¿Te imaginas si Daisuke ve este video?
- Pues, que lo vea. Él sabe desde hace tiempo que nos gustamos.
- Sí lo sé, pero igual…
- Ya, saluda para la cámara.
- ¿Y para qué?
- No lo sé, ¡a lo mejor se lo mostraré a nuestros nietos algún día! – chilló Hikari, con felicidad.
- ¡Hikari! – exclamó Takeru y luego le quitó la cámara, la apagó (Y calló a su novia con un beso)
- ¡Uy! ¡Entonces si son novios! – exclamó Mimi, con toda la intención de sentarse en la mesa y comenzar a recabar información.
- ¡Tachikawa, atiende a los clientes! – le regañó un mesero que pasaba por la mesa.
- ¡Uy! ¡Qué pesado! – se quejó la castaña. - ¿Y bien? ¿Qué desean comer? ¿Amos? – preguntó, aunque la palabra "Amos", nuevamente fue dicha de forma que no se entendió muy bien.
Realmente tenía un problema personal con esa palabra.
- Todavía no sabemos que hay. – respondió Taichi, mientras le arrebata la cámara a la castaña.
- ¿Y no vieron la carta? – preguntó la mesera, con toda la mala actitud del mundo.
- Pero tú trabajas aquí, ¿o no? Tienes que saber qué ofrecen. – respondió Yamato, molestando a la chica.
Mimi bufó, pero a regañadientes respondió que había sándwiches y pasteles, aparte del café y el té. Además de explicar los precios y dónde pagar.
Los chicos decidieron ordenar entonces. Mimi anotó los pedidos y se marchó, para luego aparecer unos minutos después con la comida que habían solicitado. Entonces los dejó solos.
Taichi y Yamato se pelearon por quién se quedaba con el video y quién con la fotografía, mientras Sora sólo suspiraba, pensando en los pobres de Takeru y Hikari, quienes no se merecían la clase de hermanos mayores que les había tocado.
Finalmente, el rubio se quedó con el video, pues Hikari había estado molestando a su hermano, así que le debía una a su cuñada. Y el castaño se quedaría con la fotografía por ser más fácil de mostrar en el celular.
Así que le pidieron la computadora portátil a Koushirou para pasar la información a sus celulares, mientras Sora sólo bebía su té, pensando en sus amigos.
Yamato llamó a su amigo pelirrojo, pero Mimi llegó pensando en que se les antojaba algo más. El rubio no pudo decirle que no la quería ahí. Realmente se veía hermosa. Y quería que Yagami le sacara pronto una foto para robársela y ponerla en su celular.
Tragó saliva. ¿Mimi haría algo de fanservice para él?
¡Yamato! ¡En qué estás pensando! ¡Pervertido!
Pero es que la chica se veía adorable en su traje de maid. Llevaba pasteles de un lado para otro del salón con tanta naturalidad, que era casi increíble. Aparte que ese traje mostraba toda su hermosura y sí que lo traía loco aquel trajecito de sirvienta.
¿Acaso lo había hecho a propósito?
Sora y Taichi notaron que Yamato ni siquiera había terminado de tomarse su café. Aparte que su pastel estaba a medio comer. Y ya se estaban anunciando más actividades para el festival. Y Sora estaba toda emocionada por ir a ver que el castaño no le podía decir que no. Así que, discretamente le dijo a Yamato que lo dejarían solo por un momento para ir a ver los juegos tradicionales que estaban en las canchas del instituto.
El rubio ni siquiera le prestó atención, pues estaba más concentrado en ver a Mimi. Pero Taichi no se hizo drama y prefirió acompañar a Sora al patio.
La mirada de Yamato la estaba poniendo nerviosa. La veía cuando iba a la cocina, cuando volvía, cuando atendía a un cliente. ¡La veía siempre! ¿Acaso tenía algo pegado en la cara o qué?
Aparte que cada vez que quería ir a echarlo, notaba que todavía le quedaba café y pastel. Y ahora, para peor, llevaba una orden de parte de una cocinera que se había enterado que Yamato de los Teenage Wolves estaba en el maid café.
¿Es que acaso Dios no existe?
Estaba viendo cómo tomar la bandeja llena de pasteles, cuando una rubia se le acercó.
- Tranquila Tachikawa, yo le entrego esto a Yama-sempai. – dijo la chica, toda sonrojada.
Seguramente era fan de los Teenage Wolves.
Bien por ella, que así la dejaban tranquila y en paz.
La castaña fue a atender una mesa cercana a la que estaba Yamato, pero no pudo evitar escuchar el diálogo entre su compañera y su amigo.
- Hola Amo Yamato… - habló la maid, con toda coquetería. – Esto es para usted.
- Yo no encargué eso. – replicó el rubio, algo enfadado.
¡Eran demasiados pasteles! ¿Qué querían? ¿Qué le diera un coma diabético?
- Eh… Lo manda una cocinera que es fan tuya… - Comenzó a explicar la chica, algo nerviosa.
- Sí, está bien… Pero tú no me estás atendiendo… - respondió, consciente de que estaba siendo escuchado por Mimi.
- ¡Sí, pero estoy ocupada! – reclamó, Mimi, enojada.
- Pero entonces te perderás del diez por ciento de propina.
- ¡Métete tu diez por ciento…! – chilló la castaña.
- ¡Tachikawa! – le regañó e interrumpió la rubia, enfadada por ser desprestigiada por esa chica altanera y sin modales para con Yamato.
Luego, la rubia le pasó la bandeja con pasteles a la castaña y salió corriendo a atender otra mesa.
- Y se dice "Amo Yamato" – dijo, mientras iba hacia la cocina.
Mimi rodó los ojos y trató de imitar el tono de la rubia de mala forma, como burlándose de ella. Mientras Yamato se reía de las morisquetas que hacía la castaña.
- Toma… Amo Yamato. – dijo Tachikawa, mientras le plantaba la bandeja llena de pasteles en la mesa y ponía ambas manos en sus caderas.
- Gracias, Maid Mimi… - le respondió Yamato, burlesco.
Y una que otra vez soltaba una risita. Molestar a Mimi era lo mejor del mundo.
La castaña bufó y se dio media vuelta para ir a atender otra mesa.
En eso llegaron Sora y Taichi. La pelirroja portaba un globo de agua de color rojo que le había regalado el chico, en un acto de galantería. Se lo iba a mostrar a Yamato, cuando notó la gran cantidad de pasteles que había encima de la mesa.
- ¿Tú pediste todos esos pasteles? – preguntó la chica, confundida.
¿Desde cuándo a su ex le gustaba tanto el dulce?
- Me los mandaron de la cocina. – respondió de mal humor, el rubio.
- ¿De la cocina? ¿Y por qué? – preguntó Taichi.
- No lo sé. Según una chica era porque hay una cocinera que es fanática mía y me los mandó. Son por cuenta de la casa.
Ambos chicos se quedaron mirando, confundidos.
- ¿Pueden sentarse?. Me siento como si estuviera dándoles un espectáculo aquí. – se quejó el rubio, mientras comía un pastel con crema.
- Bueno. – respondió Taichi, sentándose al frente de Yamato. Sora lo imitó, aunque se sentó al lado de su ex.
- Si quieren, saquen. - dijo el rubio, refiriéndose a los pasteles.
Los chicos iban a responder, cuando llegó Mimi con otra gran cantidad de pasteles sobre una bandeja. Los dejó con delicadeza en la mesa, luego puso sus manos sobre las caderas y miró a Yamato.
- Amo Yamato, esto viene de la cocina. ¡Qué lo disfrute! – exclamó ante un escéptico rubio quien miraba la gran cantidad de pasteles como si fueran un unicornio con tres ojos.
- ¡QUÉ! – gritó, de mal humor. - ¡NO PUEDO COMERME TODO ESO! – replicó.
- Sí lo sé, pero la cocinera no lo quiere entender. Aparte, el dulce haría que se te quitaría ese carácter tan simpático – ironizó. – que tienes. – dijo y pestañeó coquetamente. - ¿No cree, Amo Yamato?
Entonces, soltando una risita burlona, se marchó pavoneando a través del café.
Taichi y Sora no pudieron evitar soltar una carcajada.
- No puedes decir que no tiene razón, Yama. – le dijo Sora, luego de sentir la mirada de perros que le enviaba el rubio.
- Amo Yamato. – se rió, de buena gana. - ¡Hey, viejo! ¡Amo a esa mujer, por Dios! – gritó Taichi, totalmente feliz.
Mimi lo hacía reír tanto. ¿Por qué nunca tenía una cámara para grabarla? ¡Esperen! ¡Sí la tenía! ¡Y a mano!
Sacó la cámara de Hikari, la prendió y enfocó la cara de tres metros que tenía Yamato frente a tanto dulce.
- Esta va para facebook. – dijo el castaño, mientras el flash alertaba a Yamato que pronto iba a ser etiquetado.
¡Demonios!
- ¡Pásame esa cámara! – gritó Yamato, de mal humor.
- ¡Nop! – respondió Taichi, con tono juguetón. Luego, enfocó a Sora, quien estaba comiéndose un pastel disimuladamente. Tenía algo de crema en la nariz. - ¡Sora, sonríe!
La pelirroja miró a su amigo y sintió el flash que le molestó en los ojos.
- ¡Taichi! – protestó la chica, cuando tragó el pedazo de pastel que se había estado comiendo.
Mimi volvió, enojada.
- Taichi, no se permiten las cámaras en los maid café. – replicó la castaña, enfadada.
- ¡Como si te fuera a acosar! – respondió el chico, de mala gana. Entonces enfocó la cara de tres metros de la muchacha. - ¡Mira, si hasta te pareces a Yamato!
Mimi se sonrojó y sintió el flash golpearle en la cara. Se talló los ojos, por lo molesto de la luz. Entonces, llegó el profesor Tanaka.
- ¡Yagami! – le regañó. – Las fotos están prohibidas. – aclaró, enfadado. – Si sigue, le quitaré la cámara. – dijo y se marchó.
Mimi bufó. ¿Acaso su profesor no podía quedarse?
Taichi comenzó a sacarle fotos a la castaña, mientras esta gruñía y gruñía. Aunque ni Sora ni Yamato se salvaron del ataque loco y fotógrafo del moreno.
Incluso Koushirou fue fotografiado, a pesar de estar conversando con Aizawa, un par de metros más allá.
El profesor Tanaka volvió a regañar a Taichi, pero este escondió la cámara. Cuando el docente se marchó, el chico olvidó la cámara y se dispuso a comer pasteles. Pues aún quedaban muchos.
Yamato agarró el aparato y le sacó miles de fotos a su mejor amigo, en venganza.
El profesor Tanaka volvió, para ya quitarle esa maldita cámara a ese grupito. Aparte que Mimi se había sentado cómodamente en la mesa con los chicos, mientras comía pasteles, cuando debía atender las otras mesas. ¡Estos adolescentes de hoy en día! Finalmente se marchó, ya con la advertencia hecha.
Mimi se tuvo que levantar de su asiento, mientras Taichi se estiraba para quitarle la cámara.
El resto, pasó tan rápido, que nadie se dio cuenta.
Taichi, al estirarse sobre la mesa, estiró su pierna derecha. Mimi, quien estaba sentada a su lado, se levantó, pero no notó la pierna del moreno en su camino, así que se tropezó. Yamato, quien vio caer a la chica, se abalanzó para no dejarla caer tan fuerte. Taichi, quien tenía la cámara, apretó el botón para sacar la foto, más por inercia que por otra cosa. Y Sora comía un pastel de fresa.
El resultado: Una foto de Mimi y Yamato completamente juntos, mirándose a los ojos, tan cerca como si se fueran a dar un beso, segundos antes de que ambos cayeran al suelo.
- Yamato… ¡Quítate! – se quejó la chica, al sentir el cuerpo del rubio encima de sus piernas.
- Lo siento. – respondió el cantante, mientras rápidamente se quitaba del lugar, se levantaba y la ayudaba a pararse.
Mimi se sacudió el polvo, mientras Sora preguntaba si se encontraban bien. El rubio y la castaña se miraron por un segundo, examinándose en busca de alguna herida, golpe o algo. Pero a simple vista no había pasado nada grave.
Finalmente, la castaña fue a atender a otra mesa, mientras Yamato se quedaba mirándola aún algo embobado.
Taichi y Sora decidieron dejar de preocuparse y guardar los pasteles que quedaban. El rubio se terminó su café y se dispuso a pagar todo lo que había consumido. Aunque finalmente no le cobraron nada, porque creyeron que todo había sido regalado por la cocinera.
Y, cuando el rubio decidió voltearse a ver a su maid favorita, la chica estaba atendiendo a otra mesa, así que no pudo despedirse de ella.
Pero no supo que la castaña estaba viéndolo por el rabillo del ojo ni que se estaba sonrojando por cómo Yamato la estaba mirando.
Minutos más tarde, el maid café cerró. Mimi con algo de tristeza, tuvo que aceptar que no tenía una cámara para sacarle una fotografía a la decoración, pero sí tenía un gran recuerdo en su corazón.
Así que con algo de pena, se dejó arrastrar por sus compañeras hasta el baño de chicas, para que pudieran sacarse los trajes de maid y ponerse sus uniformes, tranquilamente.
Apenas salió cambiada, tuvieron que reunirse como curso, para preparar el escenario para el concierto de Yamato.
En las canchas de atrás del instituto, Koushirou ya tenía instalados los dispositivos de sonido, los cuales estaban conectados a su computadora. Yamato y su banda, estaban supervisando las instalaciones, con sus instrumentos a mano (a excepción del baterista).
Estaba todo casi listo. Yamato sólo tenía que hacer una prueba de sonido. Aparte que los estudiantes y profesores ya se estaban acumulando alrededor del escenario.
Mimi se encontró con Taichi y Sora, quienes pasaban por ahí, aún comiendo dulces del maid café. Le ofrecieron un pastelito a la recién llegada y se quedaron conversando acerca del festival.
Se escucharon las pruebas de sonido y ya todo el público estaba gritando el nombre de la banda. Y Mimi pudo notar cómo Yamato sonreía ante eso.
- Presumido… - bufó. Pero sabía que no era así. El rubio estaba contento de agradar a tanta gente con ese concierto.
La chica le dio un mordisco a su pastel y la primera canción comenzó a sonar.
Todas las fanáticas chillaron al reconocer la melodía. Y pronto empezaron a corear a Yamato. Mimi miraba que Sora y Taichi también coreaban, felices. Y el rubio estaba de lo mejor cantando, con una sonrisa en su cara. Seguramente estar en ese escenario sería grandioso. La sensación de que a la gente le gusta lo que tocas, debe ser magnífico. Mimi sonrió. Estaba feliz por Yamato.
Cuando terminó la canción, Yamato se puso a hablar acerca de lo feliz que lo hacían los festivales. Luego, el baterista le lanzó una broma y todos rieron.
Mimi miró a sus amigos, quienes parecían haberse olvidado que ella se encontraba con ellos y se estaban secreteando algo al oído. Bueno, bien por Taichi, que se ponía tan contento cuando Sora estaba así de cercana con él.
La siguiente canción comenzó y ya estaban varias chicas chillando, tratando de alcanzar la mano de Yamato o de alguno de los chicos de los Teenage Wolves. Los profesores aplaudían y hablaban entre ellos, seguramente comentando acerca de los exámenes que se venían para la otra semana, o cualquier otra cosa.
Yamato era muy bueno cantando. Todas las chicas del instituto lo amaban y lo animaban a seguir cantando. Y Mimi no podía estar más feliz. No sólo su amigo cantaba de maravilla, sino que todos los miembros de su banda lo hacían igual de bien. Con razón los Teenage Wolves eran tan populares.
Así tocaron varias canciones más, pasando por sus éxitos más famosos, que muchos no dudaban en corear. Algunos más románticos, otros más movidos. Y la castaña no podía evitar acordarse de sus días de ensayo. Haber visto esos ensayos no tenía precio, porque los chicos sí que cambiaban arriba de un escenario.
Ya para la última canción, Yamato tomó el micrófono y buscó a Mimi entre la multitud. Cuando la encontró, la miró a los ojos, fijamente.
- Durante la preparación de este concierto… - Comenzó a decir. Las chicas chillaron al escuchar ya la ronca voz del cantante. – Una chica nos ayudó bastante. Y… a modo de agradecimiento, le dedicamos esta canción. – Mimi miró a Yamato y se sonrojó. Nunca creyó que él fuera a hacer eso. Siempre pensó que eso de la canción dedicada era broma. – Todavía no está terminada, nos dispusimos a componerla durante esta semana y… no alcanzamos a acabarla, pero esperamos que le guste. – dijo y comenzaron a tocar.
La guitarra comenzó a sonar. Yamato pensó que esa canción, algún día, tendría un lindo final, algo así como que Mimi y él terminarían juntos. Lo podía jurar.
Y comenzó a cantar.
She turned me on, but now I'm shaking
She shoots it in, and I keep taking
But they don't see, she's down with me
Tonight
(It's time to push off)
Todas las chicas chillaban, pensando en que eran ellas a las que les dedicaban la canción.
Pero Yamato sólo tenía los ojos puestos sobre Mimi. Era tiempo del coro…
She's such a rush, she's such a crush
She's one in a million
She's such a rush, can't get enough
She's pumping through my veins
She's too fun to be, so gone with me
She's too good to be true, to me
Mimi se sonrojó. Rompió el contacto visual con el cantante y miró a sus amigos, quienes disfrutaban de la canción, como si no tuvieran idea de que Yamato se la estaba dedicando a ella.
She's such a rush, she's such a crush
She's one in a million
She's such a rush, can't get enough
She's pumping through my veins
She's too fun to be, so gone with me
She's too good to be true, to me
Sonó nuevamente el coro y Mimi ya no podía estar más roja. Se cubrió la cara con la mano, para que Yamato no viera su sonrojo, pero el chico sólo sonreía mientras cantaba. Seguramente ya se había dado cuenta.
¡Los Teenage Wolves eran unos pesados!
La castaña escuchó los gritos de las chicas. Realmente era una linda canción. Pero…
Too good to be true, to me
Too good to be true, to me
… Se preguntó si ¿en verdad era para ella?
Los gritos de las fanáticas se escuchaban a lo lejos. Yamato y su banda agradecía el recibimiento y se marchaban del escenario.
Taichi y Sora estaban abrazados mientras seguían saltando. Los demás también saltaban, pidiendo por otra canción.
Pero para la castaña el tiempo se detuvo en ese mismo instante.
¿Esa canción era para ella? ¿Y sólo para ella?
De pronto sintió curiosidad en cómo terminaría.
Y pensó si era así como Yamato se sentía con ella. Y si era así… Entonces… ¿qué le respondería ella? ¿Qué le iba a decir? Si ahora sería la roba-novios… Si ahora le tocara a ella… hacer eso que nunca imaginó…
- ¡Gran concierto! ¿No, Mimi? – le gritó Taichi. Aún estaban algo sordos por todo el ruido.
- S-sí… - titubeó ella al responder.
- ¿Qué tienes? – le entre gritó y preguntó Sora, algo preocupada. - ¡Estás pálida!
La castaña sólo negó con la cabeza. No quería preocupar a nadie. Ni tampoco preocuparse por cosas que no tenían sentido. No, ahora. Porque el festival seguía… Y ella tenía que seguir divirtiéndose. No valía la pena pensar en esas cosas.
- ¡Iré al baño! – gritó y salió corriendo.
No tenía idea de por qué, pero lágrimas iban a correr por sus ojos, antes de que ella hiciera algo al respecto.
Llegó hasta el baño y se vio en el espejo. Sus ojos estaban vidriosos. ¡Qué demonios estaba pasando con ella! ¡Ella no era así!
¡No era como Yamato la describió!
¡Maldita canción!
La tenía pegada en la cabeza.
Ella no era tan genial como la pintaba… No era la una en un millón… Era sólo Mimi Tachikawa. Era una chica que vivió en Estados Unidos un par de tiempo y volvió. ¡Eso era todo! No tenía grandes maravillas. Era sólo ella…
Se echó agua a la cara. Y esta escurrió por sus mejillas, corriendo levemente el rímel. Al menos, entre sus cosas había algo de maquillaje, así que después podría preocuparse por eso.
¡Maldita canción!
Pero… deseó que… alguna vez… Yamato la mirara como la pintó en esa canción…
Yamato guardó su guitarra en su salón, junto a los instrumentos de su banda. Ya después podrían moverlos al salón de música. Aún se escuchaban los gritos de las fanáticas, pero él ya había tocado la última canción del día y era hora de disfrutar el festival. Después de todo, era hora de almuerzo.
Así que apenas salió de su salón, bajó las escaleras, pues en las salas de clase de los de primer año, se encontraba un "restaurante" de comida japonesa. Y el rubio sí que tenía hambre. Entonces, partió, silbando su canción, con alegría. Había notado el sonrojo de Mimi cuando se la dedicó. Y eso no tenía precio.
Lo mejor sería buscarla para molestarla un poco. Quizás y sólo quizás, esa canción le había dejado en claro sus sentimientos hacia ella. Fue algo riesgoso, pero valía la pena. Mimi podía ser bien despistada cuando quería y él ya había aprendido que había que ser más que directo con ella para darse a entender.
Especialmente cuando casi se le declara enfrente y ni siquiera lo notó.
El rubio divisó el salón de comida y con una sonrisa se dispuso a caminar hasta allí, pero en el camino se topó con algunas fanáticas, a las cuales no podía simplemente ignorar. Por lo que tuvo que firmar algunos autógrafos (como si no le hubiera firmado uno ya a media escuela) y sacarse fotos. Incluso tuvo que soportar el llanto histérico de algunas chicas para saber quién era esa chica (no lo dijeron con esa palabra) a la cual los Teenage Wolves le dedicaron la canción.
Y así se le pasó el tiempo, pues a cada paso que daba, más y más fanáticas se le acercaban y pedían algo de su atención.
Taichi y Sora ya se encontraban sentados y comiendo algo de sushi. La pelirroja estaba aún algo preocupada por su amiga, pues desde que se marchó del concierto, no la habían vuelto a ver. Y, para peor, tuvieron que dejar su puesto en la cancha, luego de que las fanáticas de la banda de Yamato se volvieran más y más histéricas.
Ojalá Mimi se encontrara bien.
- Oye, Sora… - le llamó Taichi, mientras tomaba jugaba con uno de los rolls que había pedido.
- ¿Qué pasa Tai? – preguntó la chica, quien no había probado bocado alguno.
- ¿Tú sabes quién era esa chica a la que Yama le dedicó la canción?
Sora lo pensó un momento. Se hacía una idea de quién podía ser. Su ex era bastante obvio con sus sentimientos. Aparte que él mismo se los había confirmado en aquella cita en el cine…
Sintió un escalofrío, al recordar que en aquel entonces pensaban que Taichi y Mimi estaban emparejados. Pero gracias a Dios, no fue así.
- Debe ser Mimi. – respondió la chica, mientras tomaba sus palillos para comenzar a comer.
- Y eso… ¿no te molesta? – preguntó nuevamente su amigo.
Mimi era su mejor amiga y Yamato era su ex novio. Que tuvieran algo, sí que era extraño, pero…
- No, a mí me gusta… - Pero se interrumpió. - ¡Mejor comamos! – exclamó la joven, con fingida felicidad.
No quería declarársele a Taichi. Estaba consciente que durante esos tres años en los cuales ella estuvo con Yamato, su amigo sufrió mucho. Ahora que se estaba dando la oportunidad para volverse más cercana con él, quería hacer las cosas bien.
Taichi se alejó de a poco de ella, casi sin que se diera cuenta. Ahora se estaban acercando y no quería que por una estupidez de ella, se alejara de nuevo.
No, ella haría las cosas bien esta vez. Porque con Yamato nunca sintió lo que sentía por Taichi.
Miró a su amigo, quien comía feliz de la vida. Estaban solos. Koushirou se había ido a sentar con ellos, pero finalmente fue arrastrado por sus compañeros de clase. Mimi no llegaba y Yamato estaba ocupado con sus instrumentos, seguramente. O quizás estaba comiendo con sus amigos. Pero realmente no importaba mucho.
- Es mejor el sushi que hace mi mamá… - se quejó el castaño, mientras jugaba con las piezas. – El de ella está hecho con amor. Aunque nunca me haría un obentou como el de Mimi. – dijo, a modo de broma.
Sora se puso a reír. Era verdad, siempre le había gustado la comida de la señora Yuuko Yagami. Ojalá algún día le enseñara a cocinar. Su mamá nunca le tuvo la suficiente paciencia como para enseñarle.
- Algún día, cuando me case, mi esposa me recibirá todos los días con comida deliciosa. ¡Y seré el hombre más feliz del mundo! – exclamó el joven, con los ojos brillantes al imaginarse toda esa comida. Ignorando el hecho de que su amiga no tenía idea de cocina.
- ¿Y si no sabe cocinar? – preguntó la chica, completamente aterrada ante la idea que acababa de decir Taichi.
- Pues… La puedo esperar… Con tal, tenemos todo el tiempo del mundo para casarnos. – dijo, pensando en esa chica con la que se casaría.
Pero luego se dio cuenta que, indirectamente, le había pedido matrimonio a Sora. Así que se puso nervioso y la miró por el rabillo del ojo. Ella comía como si nada.
Sin embargo, él no notó que Sora sí estaba sonrojada pensando en casarse con Taichi. Prefirió no hacerse ilusiones todavía, aún tenía que aprender a cocinar. Así que, decidida, decidió comenzar con hacerle un buen par de galletas a Taichi. Después de todo, la última vez que las hizo, se consiguió un novio. Y Yamato le había dicho que le habían quedado buenas.
Tal vez Taichi también las hubiera encontrado buenas si se las hubiera entregado a él en aquella navidad…
¡Mejor era no pensar en esas cosas!
- ¡Hola chicos! – les saludó Yamato, algo exhausto, después de correr para no encontrarse a otra fanática suya por el camino.
- Hola Yama. – respondió Taichi. - ¿Ya comiste?
- No. Pensé que me iban a guardar algo… - dijo, pero observó la mesa. Estaba vacía.
Maldito Taichi. Se comió todo.
- Lo siento, con suerte agarramos estos sushi. – explicó Sora, casi diplomáticamente. – Koushirou dijo que habían sobrado algunos emparedados del maid café. Si lo encuentras, le puedes pedir.
- O esperar por la siguiente actividad con comida. – le sugirió Taichi, con una sonrisa burlesca.
- Olvídenlo. – Hizo una mueca. – No comeré. – Revisó la mesa, nuevamente, buscando a algo. O a alguien. - ¿Y Mimi?
- Se fue al baño. De ahí que no la hemos visto. – respondió Sora, preocupada.
- Iré a buscarla. – dijo Yamato, revisando su reloj.
Entonces salió corriendo. Sora y Taichi se quedaron mirando. Su amigo estaba muy extraño ese día. Pero no le dieron mucha importancia, pues seguramente ya se le iba a pasar.
Yamato buscó a Mimi por cada salón de su instituto. Pero la castaña parecía haberse esfumado de la tierra. Se preguntó si no era posible que se haya ido a su casa. Después de todo, sus actividades en el festival ya habían finalizado.
Se dirigió a la azotea del edificio, esperando que la castaña se encontrara ahí. Pero cuando llegó, no estaba.
Miró el reloj de su celular. Marcaba las seis de la tarde. Pasó todo el festival buscando a su chiquilla y ni siquiera logró encontrarla.
- ¡Prepárense, que ahora viene el baile del festival de otoño! – exclamó una chica, a través del altoparlante.
Era verdad, estaba comenzando a oscurecer. Yamato miró por la azotea hacia abajo. En el patio había instalada una gran fogata y ya varias parejas comenzaban a acercarse a ella con toda la disposición de bailar el vals del festival.
El rubio hizo una mueca. Nuevamente iba a pasar el baile solo…
Taichi comía algo de dango, acompañado de Sora, quien miraba algo nostálgicas a las parejas. La melodía del vals había comenzado a sonar por los altoparlantes. Era una canción que se había vuelto popular en Japón, a pesar de ser estadounidense.
- Sora… - le llamó Taichi, mientras comía una bolita de dango.
- ¿Qué ocurre?
- ¿No deberías bailar con Yamato? – preguntó el chico, algo dolido.
- No quiero bailar con él.
El chico simplemente soltó un suspiro de alivio. Luego, sus ojos achocolatados se posaron en la gran fogata delante de sus ojos.
- Es hermosa. – dijo, sonriente.
- Es verdad. Lástima que sea nuestro último año para verla. Me gusta mucho. – dijo la chica, melancólica.
- ¿Sabes? A mí también me gusta. – dijo el castaño, con sinceridad. – Me gustan mucho las fogatas. Algún día iré a ver el festival del fuego que hacen en Kioto para el final del Obon. – dijo más para sí mismo.
- ¿Por qué no vamos a verlo juntos? – preguntó ella, esperanzada.
- ¿Los dos solos? – preguntó Taichi, sonrojado.
- Sí, solos. Los dos. Hace tiempo que queríamos ir. – dijo la pelirroja, sonrojada también.
- Es verdad. Vayamos.
Ambos se quedaron viendo la gran fogata por un momento en silencio. Taichi se aventuró a tomarle la mano a Sora. Y ella sólo se dejó.
La introducción de la canción seguía tocando, pues aún había pocas parejas alrededor de la fogata.
- ¿Recuerdas que en anterior festival estábamos así mismo? – preguntó Sora, mirando la fogata.
- Sí. Y que al final bailamos juntos. – respondió Taichi, algo avergonzado.
Sora se sonrojó. Era verdad, el año pasado habían bailado el vals, pues Yamato se encontraba en otra parte de la escuela y no alcanzó a bailarlo con ella. Y Taichi, quien estaba cerca, comiendo un dango como ahora, se ofreció a bailar con ella.
Y recordó lo que le había dicho en aquel entonces…
"Haz cuenta que soy Yamato"
La pelirroja miró a su amigo. ¿Habrá sido por la leyenda que finalmente terminó con su ex?
Mimi abrió la puerta de la azotea, encontrándose con Yamato. Había ido allí, pensando en olvidarse de esa atmosfera romántica. No era que la odiara ni nada de eso. Pero no tenía ganas de ver a miles de parejas bailando. No en ese momento.
Pero, justo tuvo que encontrarse a quien menos quería ver. A Yamato.
Su canción la había dejado realmente mal. Especialmente cuando ella no quería ninguna relación amorosa por el momento. Tragó saliva. Yamato la estaba mirando fijamente.
- ¡Mimi! – exclamó, sorprendido.
La chica estuvo dispuesta a darse la vuelta para salir corriendo. Pero el rubio alcanzó a agarrarla del brazo y detenerla. La hizo darse la vuelta y encararlo. Mimi estaba perfectamente maquillada como en la mañana, pero Yamato notó que tenía los ojos rojos. Había estado llorando.
- ¿Qué te pasó? – preguntó con preocupación.
- N-nada. – respondió ella, apartando la vista.
Yamato hizo una mueca. Pero prefirió dejárselo pasar. ¿Acaso estaba así porque no quería nada con él?
Mimi se apartó de su lado y comenzó a caminar hacia el borde de la azotea. Miró hacia abajo y notó la gran fogata junto a las parejas que se estaban reuniendo para bailar.
- ¿Por qué bailan? – preguntó la chica, curiosa.
El joven no supo qué responder. ¿Realmente no se enteró en ningún momento de la leyenda del festival?
- ¿De verdad no lo sabes? – preguntó él, esta vez.
- No. No lo sé.
Yamato se mordió el labio, algo inseguro. Mimi no quería saber nada de amor en estos minutos. Ya se lo había dejado bastante en claro durante la semana. Quizás… si le mentía… Es decir, ella no tenía porqué enterarse de la leyenda…
- Es… - titubeó. ¿Qué le podía decir? – Una leyenda tonta. Realmente es mentira. – dijo, restándole importancia.
Pero a Mimi le dio curiosidad.
- Vamos, es importante. Si no, no habría tanta pareja reunida allá abajo. – contraatacó.
- Sí… - dijo vagamente. Luego soltó un suspiro y decidió decirle cualquier cosa que saliera de su mente. – Es… La leyenda dice que… sí tú bailas con alguien ese vals… err… entonces ibas a estar con esa persona durante todo un año. ¡No de estar romántico ni nada de eso! – replicó, antes que la castaña le pusiera mala cara. – Si no que estar juntos. Un año. Si no bailas con esa persona, lo más probable es que la termines olvidando…. Algo así era… - dijo, como dando a entender, que en realidad no creía en esas cosas.
Pero lo cierto era que el año pasado no bailó con su novia. Y antes de que se cumpliera el año para el siguiente festival, finalmente terminaron.
Mimi pareció estar meditando algo.
¿Un año sin Yamato?
Tragó saliva.
Después de todo, él es su amigo. Un gran y buen amigo. Lo miró enternecida. Realmente quería verlo durante el próximo año. No quería que se alejara de ella, como el superior Jou.
- Entonces… - susurró tan bajito, con vergüenza. - ¿Podemos bailar juntos? – preguntó la chica, tímidamente.
Yamato le sonrió.
- Está bien. – respondió.
Y la primera estrofa comenzó a sonar, cuando el rubio tomó la mano de la castaña, mientras guiaba la otra mano de ella a su cintura.
Una vez Sora le había enseñado a bailar vals. Recordó que esa vez Takeru se burló bastante de él, pero al final también terminó aprendiendo.
Ahora le agradecía esas clases, aunque nunca pudieron bailar así.
When I was younger I saw
My daddy cry and curse at the wind
He broke his own heart and
I watched as he tried to reassemble it
Yamato podía sentir que sus manos estaban sudando. Estaba nervioso. Mimi lo miraba a los ojos, más por seguir el baile que por otra cosa. Pero realmente era maravilloso tenerle entre sus brazos.
El problema era que… esa canción, extrañamente, le llegaba mucho…
And my momma swore that she would
Never let herself forget
And that was the day that I promised
I'd never sing of love if it does not exist
Mimi miró a su amigo. El rubio se veía algo incómodo. Seguramente estaba pensando en el divorcio de sus padres y ahora en su quiebre con Sora.
Yamato tragó saliva. Cuando comenzó a ver a Sora como algo más que una amiga, había creído en el amor por primera vez. Había vuelto a pensar que los cuentos de hadas eran lindos. Pero cuando descubrió que ya no la quería como antes… Reconfirmó todos sus miedos e inseguridades.
Como que él nunca podría amar a nadie. O nunca podría tener una familia.
Pero… Con Mimi a su lado… realmente podía volver a pensar en cosas grandes. No importaba si ella no quería una relación ahora. Quizás después. Si ella nunca lo querría a su lado. Él… estaría ahí… Lo podía intuir.
Taichi, por su lado, terminó su último dango y miró a Sora. Su amiga miraba extrañada a las tantas parejas que se encontraban ya bailando.
- Es extraño ver a tantas parejas juntas. – le repitió la chica, algo triste.
Seguramente estaba pensando en Yamato. Seguramente… lo echaba de menos, como novio.
- Sí… Pero te acostumbras. – respondió él, secamente.
En realidad él nunca se acostumbró a ver a Sora y a Yamato como novios. Aunque fueran sus mejores amigos. Nunca los pudo ver como algo más. No podía atreverse a verlos de esa forma. Su orgullo y su corazón nunca lo permitieron.
Ahora que Sora estaba sola… ¿Tendría él el valor de hacer lo que hace tres años no pudo?
Pasó saliva, nervioso.
- ¿Quieres bailar? – preguntó, tardíamente, pero lo hizo.
El coro ya había pasado. Pero a Sora ni le importó. Había estado esperando esa pregunta toda la tarde.
- Está bien. – respondió, contenta.
Taichi la tomó de la mano y nerviosamente, pensó en repetir la frase que había dicho el año pasado.
- Sólo… Sólo piensa que estás con…
- Con Taichi. Ya lo sé. – Le interrumpió Sora, mirándolo a los ojos. Y Taichi no pudo sentirse más feliz.
Maybe I know somewhere deep in my soul
That love never lasts
And we've got to find other ways
To make it alone or keep a straight face
La pelirroja parecía flotar entre los brazos de Taichi. Mientras daban una vuelta.
Cuando Yamato la dejó, se cuestionó mil cosas… Como si ella sería capaz de seguir adelante o si en verdad iba a encontrar a alguien a quién amar.
Pero realmente nunca había notado que ni siquiera tenía que mirar al frente. Pues Taichi siempre estaba a su lado.
Y se odió mil veces. Por haberlo tenido y ni siquiera haberse dado cuenta.
Especialmente, cuando creyó que su mejor amiga se había fijado en él.
Quizás, ahora le debía dar las gracias. Porque Taichi estaba a su lado, siendo Taichi.
And I've always lived like this
Keeping a comfortable distance
And up until now I had sworn to myself
That I'm content with loneliness,
Because none of it was ever worth the risk
Taichi, por su lado, no podía ser más feliz que ese día.
El año pasado, por estas mismas fechas, había bailado con la ex novia de su mejor amigo, más por compromiso que por real interés en levantársela.
Habían pasado tres largos años, en los que había estado apartándose de esos dos tan sigilosamente como le fue posible. Porque quería olvidarlo todo. Olvidar la primera pena de amor por la que sufrió.
Se arrepintió mil veces de no haber sido tan valiente como solía ser. A veces sentía la mirada de pena que le mandaban sus amigos, los que sabían cuáles eran sus reales sentimientos por la pelirroja.
Y cada vez que Sora estaba mal, él se guardaba todo lo que sentía y la reconfortaba. Haciendo como si en realidad fuera otra persona. Tratando de buscar a alguien que le ayudara a olvidarla.
Y apareció Mimi. Y Taichi realmente pensó que a lo mejor era la castaña en quién debía fijarse. Pero ocurrieron más cosas de las esperadas y… finalmente estaba aquí.
Ya no sentía nada por la castaña. Ya no necesitaba sentir nada por ella. Sólo tenía ojos para Sora. Y él mismo sabía que ella valía la pena.
But darling ... You are the only exception
Yamato y Mimi dieron otra vuelta. La castaña sentía que iba a comenzar a llorar. La canción pintaba demasiado romántica como para ser destinada a la leyenda que le dijo Yamato. Pero no importaba mucho. Porque confiaba en él.
Era extraño. Ella, que no quería ninguna relación amorosa, ya depositaba toda su confianza a un chico.
Y lo chistoso que ella siempre consideró que las relaciones amorosas comenzaban con el amor y la confianza…
Miró a Yamato. Quizás él era esa excepción, como lo decía la canción. Esa excepción para ella.
You are the only exception
Yamato pasó saliva. ¡Maldita canción! Mimi se iba a dar cuenta que todo era un embaucamiento.
¿Pero qué se le iba a hacer?
Él la quería. Y en el amor y en la guerra todo vale, ¿no?
Soltó un suspiro y dio un giro con ella, cerca del borde de la azotea. Y él sonrió. Ella parecía más contenta.
Una vez, cuando era pequeño y sus papás todavía no se habían divorciado, había pensado en cómo sería su princesa de cuentos de hadas. Nunca se lo había dicho a nadie, porque sonaba algo extraño. Pero en su inocencia de niño pequeño, siempre se imaginó a una chica a quien debía proteger de todo y amarla como nunca antes.
Ahora, con diecisiete años, cantaba algo parecido en sus canciones. Pero de una forma más cool. Pero el sentimiento era el mismo.
Y Mimi era mucho más que una princesa. Era… ella misma. Y… no tenía idea de por qué, pero a veces sentía, que solo la quería para él. Y le recordaba a esa princesa a la que quería salvar cuando era pequeño. Por eso… cuando le tocó componer la canción que le dedicarían como banda en la tarde, escribió que era "demasiado real para él".
Porque, cuando fue novio de Sora, no sintió ni un cuarto de lo que estaba sintiendo con Mimi ahora.
You are the only exception
Taichi bajó la Mirada y se encontró con la mirada de Sora. Y se vio reflejado en los ojos de ella.
Nunca creyó, luego de esos malditos tres años, que iba a verse así.
Ya antes había visto su reflejo en esos hermosos ojos. Pero, era la primera vez, que sentía que Sora también buscaba su reflejo en los ojos de él. Sonaba algo complicado. Pero, amaba la sensación.
El joven Yagami ya lo había decidido hacía mucho tiempo. Era Sora quien lo ponía bien. Era ella quien sacaba lo mejor de sí en cada momento. Era ella a quien… amaba.
Luego de esperarla por tres años, él ya lo sabía. Era ella el amor de su vida.
Con cuidado, bajó un poco la cabeza… aproximándose a sus labios.
You are the only exception
Sora se sonrojó, al notar lo que su amigo intentaba hacer… ¿Estaría bien hacer eso?
¿Besarlo?
Después de tanto tiempo… ¿Taichi la amaría de verdad? O ¿sólo se estaba dejando llevar por el momento?
¡Y a quién demonios le importaba!
La pelirroja, poniéndose de puntitas, acabó el espacio que el castaño estaba tratando de acortar, de a poco.
Fue a penas un roce. Taichi moría por ir un poco más allá. Al igual que Sora.
Así que, extrañamente, volvieron a besarse, aunque esta vez profundizaron más. Taichi ingresó a la boca de Sora, mientras la estrechaba fuertemente entre sus brazos, prometiéndose que nunca más la dejaría irse de su lado.
Y Sora, quien aceptaba gustosa el beso que Taichi le daba, entrelazó sus brazos por sobre el cuello del chico. Y se quedaron ahí, bajo la resplandeciente luz de la fogata y la tímida vigilancia de las primeras estrellas que estaban apareciendo.
You are the only exception
Notas de Autora:
¿A qué no son preciosos? ¿Taichi y Sora? *-* Jajaja. La verdad es que Mimi y Yamato también se iban a besar xD pero luego me arrepentí. Taichi ha esperado ese beso por... ¡TRES AÑOS! ¿Se lo imaginan? T-T Yo no podría hacer algo así ;-; Por ende, le di un regalo y le permití besar a Sora (?) XD Y, como esto es un fic Mimato, Yamato besará mil veces a Mimi, así que finalmente quien se merecía el beso era Taichi :) El resto, es historia XD
Pero... ¿Qué tal?
Me demoré en actualizar D: Tres horas más del domingo XD Pero ¡Terminé! A decir verdad iba a actualizar "Tú me encontraste" hoy xD Pero esa decisión duró hasta hace como tres días atrás (creo que tengo un problema con el número tres D:). El caso es que como el jueves me dije: "Misma, creo que mejor actualizas el ex-novio..." Y pues, dije, bueno, demás que termino de escribir el capítulo en cuatro días XD Y ¡SÍ! ¡Lo hice! Aunque para las seis de la tarde llevaba a penas cuatro hojas de word y casi todo eran esas típicas explicaciones de las situaciones que iba a escribir. Así que en total llevaba: NADA! Por ende, me maté escribiendo durante mmhh... ¿10 horas? Creo que fueron menos xD Es la primera y última vez que haré algo así D: Pero bien vale la pena, porque terminé con 21 hojas de word XD Lo que no es poco.
Así que tendrán que comentarme bien bonito, ¿me oyeron? òwó Nah! Mentira, yo no soy así xD
¿Qué puedo decir? ¡Estaba esperando este capítulo con ansias! Para serles sincera, este capi ha sido uno de los primeros que imaginé junto al inicio del fic (ya saben, cuando Sora termina con Yamato), el final y la primera cita doble entre el Taiora y el Mimato (aunque Mimi se empecinaba en que fuera Sorato y Michi indirecto D:). ¡Así que sí! ¡Lo hice! Aunque al principio ese vals era para Yama y Mimi xD Finalmente Sora y Taichi se lo terminaron robando xP Pero... insisto, se lo merecen XD
Aunque eso no quiere decir que ahora se pondrán las cosas fáciles ni nada de eso... Ya me han llamado maquiavélica antes y en este fic no será la excepción =D Les estoy dando ánimos. Aparte que necesito rellenar los siguientes capítulos. ¡Ya vamos por la mitad del fic! Soy tan feliz. Ya lo tengo decidido, serán 21 capítulos, más un epílogo. Osea, en total, 22 capítulos =D
Sobre los reviews... Disculpen, yo siempre acostumbro a responderlos antes de actualizar, pero por temas de tiempo, comenzaré a contestarlos a penas el capítulo esté arriba D: Aún así agradezco a quienes se han tomado el tiempo de leer el capítulo ocho ;_; ¡Las amo chicas!
¡Una última cosita! ¡El próximo fin de semana me iré de campamento! :B Así que, como verán, no tendré electricidad para escribir ni actualizar ;_; Aunque llevaré un cuaderno XD Así que podré escribir muchas cosas =D Igual quería actualizar "Tú me encontraste", trataré de hacerlo para el sábado (y espero no escribirlo en menos de un día xD) Pero si no alcanzo, sólo no se acuerden de mi abuelita? Por favor! ^^ Gracias, por eso las amo! (y los amo! Eventualmente, que yo sé que hay chicos leyendo xD)
Reviews sin cuenta:
Rouse malfoy: Hola Rouse, como ves, acabo de actualizar. ¡Me alegra que te hayan gustado los capítulos! ¡Un besote! ¡Muchas gracias por tu review! =D
Harukopalme: Hola Haruko! Mmh :/ Tú comentaste en el capítulo 1, pero como no te puedo responder ya, lo hago por aquí. Pues ya actualicé y realmente me animó bastante tu review! Muchas gracias! ^-^ Por comentar y por decir que escribo bien, de verdad lo aprecio mucho =D Ojalá sigas leyendo! Un besote! ^^
