Dissclaimer: Digimon no me pertenece, sino que es de Akiyoshi Hongo y de la Toei Animation :D
Capítulo Diez: La ex novia de mi mejor amigo.
Taichi miró a través de los ojos rojizos de Sora. La abrazó. Se sentía en las nubes, como si pudiera flotar. Estaban los dos… abrazados… juntos. Era como si pudieran volar. Flotaba en el aire con gran facilidad… Era tan surrealista…
La pelirroja lo miró a los ojos. Taichi sentía que el tiempo se detenía. Se miraban ambos como si no existiera nada más que ellos.
La abrazó con todas sus fuerzas. Pero aún así… Tenía la necesidad de sentirla…
Como si... quisiera…
Acercó su rostro al de ella. No había nadie más. Sólo ella y él.
… Sentir que ella…
Entonces, a pocos milímetros de la boca femenina, escuchó.
- Yamato… - susurró la chica, con los ojos cerrados, casi en trance por todo lo que la situación significaba.
… Era sólo de él…
Taichi la apartó de inmediato.
¿Qué se supone que significaba eso?
- ¿S-Sora…? – se atrevió a preguntar. Tragó saliva, nervioso.
- Yamato… ¿por qué te detienes? – preguntó Sora, con un tono casi infantil.
Entonces la chica abrió sus profundos ojos marrones. Y Taichi se asustó al ver su reflejo en ellos.
Su piel no estaba bronceada. Era completamente pálida. Su cabello no era castaño, sino que rubio. Y sus ojos… eran azules, profundamente, como el océano.
¿Pero qué mierda…?
- Yamato… Te amo. – susurró la pelirroja, mientras acortaba la distancia de ambos, casi saltando sobre él para darle un beso en la boca.
Entonces Taichi despertó gritando. Sus pupilas estaban dilatadas y su cuerpo sudado. Miró a su alrededor, asustado. Aún estaba oscuro. Se pasó una mano por los ya alborotados cabellos castaños. Su respiración aún estaba agitada, pero trató de tranquilizarla. Todo había sido una pesadilla. Pero había sido tan real…
Giró su cabeza hacia el costado izquierdo, donde estaba su velador. Irónicamente, un reloj despertador digital era la única luz a su costado y era irónico, pues a él nunca le había gustado levantarse temprano. Los grandes números en verde alumbraban levemente. Y Taichi, para su pesar, se fijó en la hora. Eran las tres de la mañana. Y según la película "El Exorcismo de Emily Rose", la cual fue a ver en su última cita doble, las tres de la mañana era la hora maldita… donde salían todos los demonios…
¡Por qué tenía que acordarse de eso!
Gruñó por lo bajo y notó que la hora había cambiado. Eran las tres con ya varios minutos de la madrugada. Al menos era sábado, así que no pasaba nada si no se podía volver a dormir.
Se tapó con las frazadas, hasta la cabeza. La lucecita verde del reloj le estaba molestando y ya le estaba volviendo a bajar el sueño. Al menos su respiración ya se había calmado. Así que, tratando de olvidarse de la imagen mental que aún conservaba de su pesadilla, terminó por quedarse dormido, nuevamente.
Y muchos sonidos se oyeron de pronto y el pobre castaño despertó de golpe. Refunfuñando por los ruidos que había sentido y que lo habían despertado. Generalmente su mamá no metía tanto ruido por las mañanas de los sábados, pues sabía que su primogénito odiaba despertarse temprano. Seguramente estaba apurada.
Se levantó, aún refunfuñando. Los ruidos seguían provocándose, casi armando un alboroto. Eran los típicos sonidos de cocina, como platos cayéndose, equipos eléctricos conectados y funcionando, esas cosas. Pero para Taichi eran una tortura. Miró su reloj digital, pasaban de las diez de la mañana.
Despeinándose más los desordenados cabellos castaños, abrió la puerta de su habitación y se encontró con que quien hacía todo ese alboroto era su hermanita menor.
- Hikari, ¿qué haces? – preguntó Taichi, de mal humor. Su hermanita había osado despertarlo, por ende, era común que la tratara así.
- Hola hermano… - saludó nerviosamente la chica, mientras batía algo que nadie quería saber qué era. Iba a agregar algo más, pero el bol donde batía se había deslizado de sus manos y finalmente había derramado su contenido sobre ella y el suelo. – ¡Argh! – masculló ella, ante la mirada divertida de su hermano mayor, quien celebraba al karma.
- Mal día, ¿eh? – Hikari ni siquiera lo tomó en cuenta, sólo limpió su desastre. El hermano mayor se acercó hasta ella. – Déjame ayudarte con eso.
- Gracias.
Así los dos castaños limpiaron rápidamente. Entonces, Hikari volvió a sacar los ingredientes para hacer su masa extraña.
- ¿Qué haces Hika? – preguntó él, curioso. Estaba más despierto y aunque seguía de mal humor, ya no tenía un problema personal con su hermana.
- Hot Cakes.
- ¡Qué rico!
- Mamá salió, así que aproveché de hacerlos para el desayuno. ¿Quieres unos pocos?
- Eso no se pregunta. – Ambos soltaron unas carcajadas. Los hermanos Yagami adoraban el dulce y, a veces, cuando se encontraban solos, decidían hacer cosas deliciosas en la cocina para compartir. Era su momento de hermandad, como lo llamaban ellos.
Hikari comenzó a freír los Hot Cakes, mientras Taichi ponía los cubiertos en la mesa de la cocina. Su hermana, entonces, le comentó que sus papás habían salido temprano en la mañana para comprar víveres. Taichi se quejó, pues Hikari no los había acompañado y la salsa de chocolate se estaba acabando.
La chica sirvió los platos y ambos se sentaron a la mesa con toda la intención de comer.
- Oye Hika, ¿vas a salir? – preguntó el castaño, antes de echarse un pedazo gigante de un hot cake a la boca.
- S-s-sí. ¿Por qué lo dices?
- Estás vestida a esta hora de la mañana. – respondió simplistamente, el chico.
Luego, algo en su mente hizo clic. Se levantó de la mesa, tan rápidamente, que Hikari no alcanzó a preguntarle lo que le ocurría. El castaño corrió hasta su habitación y tomó la cámara digital rosada de su hermana, sonriendo. Era el momento del chantaje. La prendió y comenzó a buscar en la galería de fotos hasta encontrar la que él buscaba. Luego, regresó al comedor corriendo.
- ¿Qué ocurre hermano? – preguntó extrañada, pero luego notó lo que su hermanito traía entre las manos. - ¡Esa es mi cámara! – exclamó, molesta, porque no se la había pedido.
- ¿En serio? – preguntó Taichi, cínicamente. – La tomé sin permiso, espero no te moleste.
- Pues, sí me molesta que la revises sin MI permiso. – gruñó la pequeña Yagami.
- ¡Discúlpame hermanita! No volverá a ocurrir, lo prometo. – dijo Taichi, solemnemente. Pero Hikari sabía que estaba mintiendo.
- ¡Para de revisar la cámara! – gruñó la menor, levantándose de su asiento.
- No. Quiero que mires esto.- dijo y mostró la foto de su hermanita besándose con Takeru.
La pequeña perdió el habla y se sonrojó completamente. Quedó inmovilizada en su lugar, sin saber qué hacer, comenzando a hiperventilar, nerviosamente.
- ¡Devuélveme la cámara! – atinó a gritar la joven Yagami, toda roja.
- No. – respondió Taichi, de buen humor, al ver el sonrojo de su hermana. – Al menos no hasta que limpies mi habitación y tomes mis tareas domésticas por un mes.
- ¡Qué! ¡Oye! Tú no tienes derecho a eso. ¡ES MI CÁMARA! – chilló Hikari, desesperada.
- Si lo sé. Pero a papá le resultará interesante saber que… existe una enfermedad que se transmite por los besos.
- ¡Eso es mentira! – replicó Hikari, enfadada.
- No es mentira. Mimi me contó sobre ella. Se llama "Mononucleosis infecciosa" y a papá no le gustaría saber que te puedes contagiar con ella por tener un novio.
Hikari miró a su hermano, quien sonreía abiertamente, mientras apuntaba la foto que ella se había sacado con su novio. ¿Por qué no le hizo caso a Takeru y borró la foto? Aún enfadada consigo misma, trató de pensar en cómo quitarle la cámara a su hermano.
Lo miró decidida. Le iba a quitar esa cámara.
Taichi le devolvió la mirada con una sonrisa de victoria. Estaba todo contento porque no tendría que hacer ninguna tarea doméstica por lo menos un mes. Hasta que su hermanita les dijera a sus padres que tenía novio.
- Hermano. ¿Y qué hay de ti? – preguntó Hikari, de pronto, poniéndose seria y tomando asiento. Taichi la analizó por un momento, al parecer se había rendido en su intento de conseguir su cámara. Así que, confiado, se sentó también.
- ¿A qué te refieres? – preguntó el chico, mientras sostenía fuertemente la cámara de su hermana.
- Ya sabes, lo del asunto de Mimi y Sora.
- Ah, eso. – respondió, sin ninguna gana de explicarlo realmente.
- Sí, eso. – murmuró ella de mal humor. Necesitaba conseguir esa cámara.
- ¿Qué quieres saber?
- Takeru me dijo que a Yamato le gustaba Mimi.
¡Qué gran novedad! Se dijo para sí Taichi, quien ya había notado los sentimientos de su mejor amigo por su amiga castaña. Yamato sí que era obvio con sus sentimientos. A pesar de que Mimi no parecía notarlo.
- Sí, ya lo sabía.
- ¿Y? ¿No te afecta? Es decir… a ti… - No sabía si decir lo siguiente o no. – Te gusta…
- Corrección: Me gustaba. – La interrumpió Taichi, seriamente.
- ¿Eh? ¿En serio? ¿Y qué hay de Sora? – preguntó las tres cosas rápidamente.
Taichi guardó silencio. Apretó fuertemente el aparato para que Hikari supiera que todo el asunto de él, Sora y Mimi no haría que bajara la guardia. La menor se decepcionó al notar que todavía no podría quitarle la cámara a su hermano, así que soltó un suspiro y se dedicó a esperar la respuesta del mayor.
- Esas son cosas que no te incumben… - dijo solemnemente Taichi. – Seguramente estás tan feliz con Takeru que ya no te importa tu pobre hermano mayor.
- Claro, por eso me quitaste la cámara, ¿verdad? – preguntó enfadada Hikari. – Para que me acordara de "mi pobre hermano mayor" – dijo, imitando las comillas con los dedos.
- Sep.
- Idiota.
- Hikari, ¡me decepcionas! ¡Yo nunca he hecho…!
- ¡Si lo has hecho! ¡Me quitaste mi cámara! ¡Y tú sabes que esas son mis cosas privadas! – exclamó enfadada la chica.
- En realidad, te la pedí prestada para tomarle unas fotos a Mimi y vendérselas a Yamato.
What the Hell?
Hikari se quedó pasmada, aún atando cabos sueltos. ¿A quién, demonios, quería su hermano? ¿Y cómo era posible que aún hiciera cosas por Yamato, cuando este le había jugado tan chueco en el amor?
- Hermano… ¿estás bien? – preguntó la menor, dudando perfectamente de las facultades mentales de su hermano mayor.
- Mejor que nunca. – respondió Taichi, mientras bebía un sorbo de café con leche.
- ¿Y entonces?
- Entonces ¿qué?
- ¿Se puede saber qué ocurre contigo? – preguntó ya exasperada la castaña.
Taichi dudó un poco en comentarle a su hermana lo que ocurrió la noche del festival o no. O de contarle sobre su pesadilla también. Esas cosas generalmente se las contaba a Agumon, quien era un poco más paranoico que él y lo ayudaba a tranquilizarse. Pero él y los demás compañeros digimon de sus amigos estaban de lo mejor tomándose unas vacaciones en el Digimundo y el castaño no tenía tiempo de ir a buscar a Agumon para hablar sobre estas cosas.
El muchacho soltó un suspiro y se pasó una mano por sus desordenados cabellos castaños, con desesperación. Y volvió a suspirar.
- Besé a Sora. – soltó, sin más.
- ¡QUÉ! – Hikari alcanzó a exclamar eso, para luego volverse pálida y mirar al techo en busca de una señal.
¿Qué Taichi hizo qué…?
- Eso, besé a Sora. – reiteró el mayor, como si estuviera adivinando los pensamientos de su hermanita.
- Sí-ya-lo-sé. – dijo la castaña, aún sin salir de su impresión. - ¿Pero-por-qué?
- Porque me gusta, porque la amo, porque es mi mejor amiga y me enamoré de ella. ¡No lo sé! Simplemente estábamos ahí, bailando el vals del festival de otoño y de repente va ella y me besa… o la besé yo… ¡No lo sé! ¡Simplemente lo hice! ¿y qué? – Taichi comenzaba a hablar cada vez más rápido como si con eso evitara hiperventilar.
Hikari se golpeó una cachetada mental y trató de pensar seriamente. Recordaba que el año pasado habían tenido, con su hermano, una conversación parecida a esta. Taichi se sentía como el peor mejor amigo de la vida por haber bailado con Sora en un vals cuando le correspondía bailarlo con Yamato.
- ¿Te das cuenta que ya hablamos algo parecido a esto el año pasado? – le preguntó la castaña, apoyando su cara con una de sus manos, por sobre la mesa, para adoptar un gesto pensativo.
- ¿De qué hablas?
- De que el año pasado bailaste con Sora y te sentiste fatal porque ella debió bailar con Yamato y no contigo.
Taichi gruñó un poco. No quería acordarse de lo que ocurrió hacía tres años atrás. Todo ese tiempo lo pasó tan deprimido que, aunque lo intentara, había muchas cosas que no recordaba muy bien. Ni siquiera había hablado con Sora decentemente, hablaba de cosas triviales con Yamato y a la hora de almuerzo, tanto Koushirou como Jou lo miraban con cierta preocupación y algo de pena. Y eso era el resumen de tres años de su vida…
Que habían acabado con tan solo la llegada de su amiga, Mimi. Porque, aunque seguramente ella no tuvo nunca nada que ver, Yamato y Sora terminaron su relación, una relación que se veía inquebrantable, casi como si fuera una oda a la leyenda del "hilo rojo del destino".
- ¡Taichi! – exclamó Hikari, llamando la atención de su hermano, quien se había perdido en sus pensamientos.
- D-dime Hikari… - titubeó, él, algo confundido por haberse quedado pensando en tantas cosas.
- Te preguntaba si sabías si Sora sentía lo mismo por ti o no. – dijo la menor y luego se llevó un sorbo de té a la boca.
Y Taichi volvió a perderse en sus pensamientos. Y es que esa era la pregunta del millón: ¿Sora lo amaba a él? Y si era así… ¿lo amaba más o menos que él? O ¿alguna vez lo amó? O quizás solo estaba inventándose excusas y en realidad la pelirroja nunca estaría con él.
- No… No lo sé… - soltó en un suspiró, el muchacho, quien ya se veía algo afligido.
Hikari bajó la mirada. Su hermano no merecía todo lo que le estaba pasando. Recordó que cuando Sora y Yamato comenzaron su noviazgo el año pasado, Taichi estuvo todo un año actuando como si hubiera activado el piloto automático. Todos sus amigos se dieron cuenta, a excepción de tres personas: Mimi, quien no se encontraba en Japón (pero de haberlo estado, lo habría notado de inmediato); y Sora y Yamato, quienes ni siquiera notaron los cambios de su hermano, por estar viviendo su "feliz amor".
Para cuando la "feliz pareja" cumplió un año de noviazgo, Taichi tocaba fondo saliendo con cuanta chica se cruzara en su camino y, mientras todos estaban preocupados por ello, Sora y Yamato se declaraban su amor por facebook, se dedicaban canciones románticas y hacían cosas típicas de pareja. Pero de la amistad con Taichi ni siquiera se acordaron.
Unos meses antes del segundo año de noviazgo, ocurrió el festival de otoño, donde Taichi bailó el famoso vals con Sora. Claro, al parecer, Yamato fue acosado por sus fans y no apareció por la fogata. Así que Taichi, como buen mejor amigo, bailó con la pelirroja, hasta que el novio oficial se dignara a aparecer. Luego de eso, Hikari vio cómo su hermano se emborrachaba con cerveza y ella lo cubría de sus padres. Y Yamato y Sora nunca se enteraron de eso.
Y finalmente, para el aniversario número tres, cuando su hermano decidió seguir adelante, a los muy bastardos se les ocurrió terminar un par de meses después. Durante ese período, Mimi llegó a Japón.
Hikari levantó la vista y miró como su hermano cortaba un pedazo de su hot cake, con el tenedor. Esos tres años habían sido los más desastrosos para Taichi. Y, por lo mismo, su relación con Takeru demoró tanto, porque ella no podía estar teniendo algo con una persona sin dejar de pensar en su hermano, aparte de que no podía perdonar que Yamato viviera su amor, olvidando completamente lo que su hermano sentía por Sora.
Y Takeru la entendió. Porque sabía que Yamato no había respetado los sentimientos de Taichi y sabía que Hikari no podía perdonar al rubio mayor por eso.
La castaña no pudo ni quiso ver cerca a Yamato por mucho tiempo, aunque esa sensación terminó cuando la "feliz pareja" terminó.
- ¡Hijos, ya llegamos! – gritó la señora Yagami, mientras abría la puerta.
- ¡Hijos! ¿pueden ayudarnos con las bolsas? – gritó y saludó el señor Yagami, mientras cargaba varias bolsas del supermercado.
Taichi de inmediato se puso de pie para ayudar a sus padres. Hikari, en cambio, se quedó sentada, aún sin saber qué decirle a su hermano.
¿Qué se supone que iba a ocurrir ahora? La pregunta rondaba por la mente de ambos.
Hikari, sin querer, descubrió su cámara fotográfica encima de la mesa, al lado del plato de hot cakes a medio comer de Taichi. Bien, era su oportunidad para no hacer ninguna tarea doméstica por su hermano mayor. Así que rápidamente tomó el aparato y lo mantuvo junto a sí.
El joven Yagami cargaba bolsas hasta la cocina cuando su hermana lo llamó y le mostró que la cámara fotográfica estaba en posesión de ella. Aunque, claro, Taichi ni se inmutó. Pues, calmadamente, sacó su celular y le mostró su fondo de pantalla: La misma foto de su hermana besando a Takeru.
Hikari gruñó, pero aún así mantuvo la cámara junto a sí. De hecho, aprovechó de revisarla para ver cómo había estado el festival de otoño.
Y estaba en eso cuando encontró una foto de Mimi y Yamato muy juntos, a distancia de beso. Aunque, claro, estaba algo borrosa. Como si tuviera líneas de movimiento.
¿Qué significaba todo eso?
- ¿Tai? – llamó la menor, algo dudosa.
- Dime Hikari.
- ¿Por qué hay una foto borrosa de Mimi y Yamato a punto de darse un beso? – preguntó la menor, aún confundida en sí había visto bien la foto.
Taichi dejó lo que estaba haciendo y se dirigió hacia su hermana, dando grandes zancadas. Luego, le arrebató la cámara para ver bien de lo que Hikari estaba hablando. Y en efecto, en la foto aparecían Yamato y Mimi, juntos, con líneas de movimiento. De hecho, el cabello rubio terminaba por mezclarse con los bucles de la castaña, casi como si hasta el cabello de ambos quisiera besarse. Pero, lo más sorprendente era que, bueno, dos cosas: la primera era que él no recordaba haber tomado esa foto y tampoco recordaba haberle entregado la cámara a Yamato; y, segundo, que esta foto valía oro. Después de todo, hacía tiempo que quería comprarse un buen manga de fútbol.
- Hikari, ¿me prestas tu cámara? – preguntó el chico, ya emocionado por todo el asunto.
La menor bufó, pero el hermano mayo no le hizo mucho caso.
- Ahora me la pides. – respondió ella, con sarcasmo. Aunque Taichi lo interpretó como un sí.
Así que el hermano mayor, tomó su celular y se dispuso a marcar el número de celular de Mimi. De todas formas necesitaba hablar con ella. Y esa foto bien podría ser un inicio de conversación. Mimi, algo adormilada aún, le contestó, luego de eso, intercambiaron breves palabras de cortesía y Taichi finalmente le pidió que se vieran para almorzar juntos. La castaña simplemente aceptó. Y él colgó, mientras Hikari aún continuaba observando todo, con curiosidad. Los señores Yagami tomaban asiento a la mesa del comedor, luego de dejar todas las bolsas en la cocina.
Y estaban en eso, cuando tocaron el timbre. Hikari pasó saliva, pues sabía que era Takeru quién llamaba y sabía que su hermano también sabía quién estaba llamando a la puerta. Miró a Taichi y se dio cuenta que él la miraba pícaramente, luego echó un vistazo fugaz a sus padres. Yuuko y Susumu Yagami habían decidido levantarse para ver quién tocaba la puerta, ignorando lo que sus hijos hacían.
- ¡Voy a ver quién es! – exclamó Hikari, completamente nerviosa, mientras salía corriendo a abrir la puerta antes de que sus padres le ganaran.
- ¿No será tu novio? – preguntó Taichi, casi al mismo tiempo que su hermana.
- ¿Novio? – preguntó Yuuko, mientras acomodaba su largo cabello castaño, con curiosidad.
- ¿Qué novio? – gruñó Susumu, al pensar que un maldito engendro estaba tocando a SU hijita.
Hikari abrió la puerta y salió casi de inmediato, simplemente gritó que iba a salir. Taichi estalló en carcajadas, ante la mirada curiosa de sus padres. Luego de eso, avisó que él también iba a salir, pues tenía algo que hacer.
Takeru no podía estar más ansioso. Es decir, era ya su segunda semana como novio de Hikari y realmente eso lo tenía expectante por lo que ocurriría cada día. Era increíble cómo (¡al fin!) su amiga de infancia lo había aceptado y estaban juntos.
El rubio le tomó la mano. Ella lo miró y él le dedicó una sonrisa. Ella también le sonrió. El amor era tan hermoso…
Aunque Takeru sabía que no había que ser cursi. Especialmente, porque había notado como su novia había salido algo apresurada de su casa y desde entonces se había quedado callada.
Algo estaba pasando…
- ¿Hika…? – calló a último minuto. Realmente, Takeru, era alguien que confiaba tanto en su novia, que prefería esperar a que ella hablara primero cuando ocurría algo.
- ¿Qué pasa Takeru? – preguntó la chica, mirándolo confundida.
El rubio miró al cielo y siguió caminando, mientras sus manos se escondían en los bolsillos de sus jeans. Hikari sonrió. Su novio parecía despreocupado a simple vista. Pero, en realidad él parecía saber que algo le pasaba. Y no es que ella pareciera obsesiva al leer su lenguaje corporal, pero realmente se habían comenzado a leer así desde que Daisuke se había vuelto más celoso con ellos, entrada a la secundaria.
- Te invito a un helado. – preguntó él, aún como si no ocurriera nada.
- Buenu. – respondió ella, sonriente.
A pesar de todo lo que pudiera ocurrir, Takeru la alegraba, la animaba a seguir adelante y eso era… una de las cosas que más amaba de él.
Así que la pareja comenzó a caminar tranquilamente por las calles de Odaiba. Ella se colgó a uno de los brazos de él, mientras se dirigían a una heladería
Taichi, por su lado, ya se encontraba duchado, vestido, afeitado y preparado para salir. El chico suspiró delante de la puerta de su casa. Revisó su celular, como si la foto de Mimi y Yamato se fuera a borrar casi mágicamente si no revisaba que se encontrara en la galería. Todavía estaba ahí. Y él sólo quería reírse.
Yamato no había hecho nada para esconder su gusto por Mimi. NADA. Lo cual era bastante extraño, considerando que Yamato seguía siendo igual de reservado que cuando niño. Quizás era lo único que el Digimundo no había podido cambiar de él.
El castaño anunció que se iba, mientras su mamá refunfuñaba porque aún no limpiaba su habitación. Pero Taichi sonrió. Después, Hikari la ordenaría.
Cerró la puerta tras de sí y caminó con paso lento. Cuando pensó en su amigo, no pudo evitar pensar en su ex novia. Bueno, él no tenía tantos problemas para asumirlo como Mimi. Quizás se debía a que él ya besó a Sora…
Ese beso fue… quizás, lo último que habría estado esperando en su vida. No porque no lo quisiera. Sino porque pensaba que Sora nunca habría accedido. Especialmente cuando, hacía un par de meses atrás, tanto ella como Yamato se juraban amor eterno…
Quizás por eso, soñó lo que soñó esa madrugada. En sí era bastante extraño que, a un mes aproximadamente, Sora lo estuviera viendo con otros ojos a él.
O quizás su autoestima había estado realmente baja…
Cuando Sora eligió a Yamato… aquella navidad, si se lo preguntaban, él no recordaba muy bien qué ocurrió durante esos tres años…
Él amó a Sora por mucho tiempo… No recordaba muy bien cómo comenzó a darse cuenta de ello. Pero sí, en algún minuto después de las aventuras con ella y los chicos, entendió que la quería mucho más que a una mejor amiga.
Pero nunca hizo nada por dar el siguiente paso. En realidad, el broche para el cabello no contaba. Nadie le avisó que había que hacer un siguiente movimiento. Y, al parecer, a Sora le gustaban los chicos decididos. Casi como él. Porque, si se hubiera atrevido antes, quizás ahora, esta historia de tres años y un poco más no se habría contado.
El quizás ni el hubiera ya no existen. Taichi lo aprendió de mala manera. Luego de esos tres años tocando fondo, descubrió que, arrepentirse ya no valía la pena. Y, mientras veía como Yamato y Sora se dedicaban canciones y se posteaban palabras bonitas por facebook, entendió que él no iba a recuperarla. A porrazos lo hizo, pero lo logró.
"La feliz pareja", como los llamaban todos los digielegidos, siempre iba a ser eso: una feliz pareja, que no veía nada a su alrededor. Y Taichi nunca les pidió que no lo hicieran. Hikari fue la única que realmente se enfadó por eso.
Taichi siempre pensó que Yamato hacía feliz a Sora. Más de lo que él mismo podría hacerlo. Y por eso nunca reprochó nada, por eso eligió olvidar todo ese tiempo en vez de hacer algo más.
Divisó, de pronto, el enorme parque al que se dirigía para juntarse con Mimi. Miró el reloj de su celular, al parecer, la castaña llegaría algo tarde. Se sentó sobre una banca que estaba cerca de donde se encontraba y observó el cielo. Se estaba nublando. Ya pronto se vendría el otoño.
Taichi se preguntó que tenía que hacer ahora que todo se estaba arreglando casi mágicamente. Se acomodó mejor la bufanda azul que Sora le había hecho, pues algo de brisa le estaba helando el cuello.
¿Era normal todo lo que estaba pasando? Vale decir, que todo se arreglara al punto que él quería que sucediera. Después de tres años que no recordaba muy bien y, en los cuales, nunca encontró a nadie que lo pudiera ayudar a olvidar a la pelirroja.
Sonrió para sí. Sora era inolvidable.
- ¡Tai! – gritó una voz que él ya conocía bastante bien. Aunque para su pesar, no era Sora.
Miró hacia dónde él creía que provenía el grito. A lo lejos, Mimi le saludaba, seguramente sonriendo y caminaba hacia él, con paso lento.
Bueno, a ella no le gustaba correr.
Taichi se levantó de la banca y miró al cielo. Él sabía que, ahora que las cosas estaban funcionando de maravillas, tenía aún cosas por hacer. Miró a Mimi, quien ya estaba cada vez más cerca de él.
Así que, él, de ahora en adelante, iba a hacer las cosas bien.
Hikari comía de su helado de vainilla, con toda la tranquilidad del mundo. Takeru, por su lado, la miraba expectante, mientras saboreaba su helado de chocolate. Pero ella no tenía muchas ganas de hablar.
- ¿Estás enfadada? – preguntó él, más por azar que otra cosa.
No era culpa suya que su novia estuviera tan enigmática esa mañana. Ya se lo había preguntado. Y luego, comenzó con un interrogatorio mientras comían helado. Y ya iban por el tercero… El rubio suspiró, pensando en que a este paso sus ahorros para la nueva Wii que iban a sacar se irían en helado para Hikari.
Lo único bueno de esto era que había descubierto varios sabores de helado deliciosos. Como el helado de mango o el de limón.
Hikari dejó de comer su helado y miró a su novio.
- No lo sé realmente. – Finalmente respondió.
- Ya lo noté. – le siguió Takeru, suspirando.
Y eso que se consideraba con experiencia como para tratar a personas que se encerraban en sí mismas. Aunque, la única persona que él conocía con esa descripción era Yamato, su hermano mayor. Esa característica era una de las pocas cosas que el Digimundo no le pudo cambiar. Aunque ahora hablara más y fuera algo burlesco, Yamato aún tenía problemas para abrirse a toda la gente. Y por eso, costaba mucho conocerlo realmente.
Aunque, bueno, no estaban hablando de Yamato, sino de Hikari.
Takeru nunca pensó que las mujeres fueran realmente complicadas. Ken se lo advirtió cuando Miyako le contó que Hikari y él estaban saliendo. Ichijouji le había dicho: "a veces, las chicas se encierran y sienten que no les pasa nada cuando no es así y eso es… extremadamente complicado". Aunque Takeru no le hizo mucho caso porque Ken había sacado esa conclusión con su novia Miyako y Hikari no se parecía mucho a Miyako.
A su lado, su novia comía helado como si no hubiera un mañana.
- Hika… te puede dar enfriamiento si sigues comiendo helado… - dijo el rubio, con la esperanza de que así dejara de comer y pudiera salvar algo de ahorros para su futura Wii. Además, Hikari tenía aún la tendencia a ser enfermiza y lo que menos quería era que se enfermara y tener a un Taichi con un cuchillo detrás de él, culpándolo por la enfermedad de su hermanita.
- Takeru. – Le llamó la chica, algo nerviosa. Él la miró, expectante. - ¿Yamao aún ama a Sora?
- ¿Qué? – preguntó Takeru, realmente confundido.
- Eso. Si tú crees que Yamato aún ama a Sora.
- Pero Hikari… ¿no te acuerdas? ¡Yo te avisé que mi hermano terminó con Sora! ¡Yo! Aunque fue para que Taichi me ayudar a cuidar a mi hermano, porque se enfermó después. ¿No te acuerdas?
Hikari hizo memoria.
- Sí, ya lo recuerdo.
Y nuevamente quedaron en silencio. Takeru comía su helado, cuando sintió que su novia tuvo un escalofrío. Seguramente porque estaban comiendo mucho helado en un día frío. Pasó un brazo por sus hombros, como para darle algo más de calor, cuando ella volvió a dejar de comer.
- ¿Y Sora? – preguntó ella, de pronto.
- ¿Qué pasa con ella? – Le devolvió la pregunta, él, extrañado.
- ¿Aún querrá a Yamato?
A Takeru le dieron ganas de responder algo como "Y yo que sé". Pero, prefirió callarse. Hikari estaba extraña. Y era su novia. Así que había que rogar para que no se enojara con él.
- No lo sé. – respondió él, simplista.
Ella lo miró. Y él se mordió la lengua al pensar en que si sonó al "Y yo que sé". Así que desvió la mirada hacia su helado de chocolate. Ahí fue cuando notó hacia dónde iba toda esa conversación.
- Hikari, ¿todavía estás enfadada con mi hermano por ser novio de Sora?
- Takeru, ya aclaramos eso.
- Sí lo sé. Pero estás haciendo las mismas preguntas que esa vez. ¿Qué ocurre?
- Mi hermano… - soltó ella, preocupada.
- ¿Qué pasa con Tai? – preguntó el rubio, preocupado.
- Besó a Sora. – dijo, mirándolo a los ojos.
Takeru notó la preocupación en esos ojos achocolatados. Tragó saliva. Más porque ella parecía preocupada, porque a él le daba igual. A él le importaban dos cosas en este minuto: que estaba con Hikari y que a Yamato le gustaba Mimi.
- Pues… felicítalo de mi parte – dijo medio en broma y medio en serio.
- ¡Takeru! – le regañó ella.
- Pero si eso fue lo que siempre quiso, ¿o no? – respondió él. Ella bajó la mirada. – Hikari, mírame. – dijo y ella lo miró, entre asustada y confundida. Takeru se enterneció, parecía una cachorrita. – Escucha, sé que le debes mucho a tu hermano porque él te ha cuidado mucho y qué sé yo… - Tomó algo de aire. – Pero… él es grande ya. No puedes estar al pendiente de todo lo que él hace con su vida, porque no te corresponde y… porque él tiene que salir adelante.
- Pero Takeru… Tú no lo entiendes, mi hermano estuvo mal esos tres años…
- Si lo entiendo Hikari. Taichi es como un segundo hermano para mí. – Y la miró a los ojos. – Y todos notamos lo mal que se puso cuando Sora y mi hermano anunciaron que eran novios. ¡Pero eso ya pasó! Taichi está haciendo lo que debió haber hecho hace mucho tiempo. Aparte que si Sora lo dejó besarla, debió haber olvidado a mi hermano. Confía en él Hikari. Él también puede salir adelante, tal como tú lo hiciste.
- Pero, sólo quiero que esté bien…
Takeru se enterneció con esa confesión. Así que la abrazó con cuidado para que su helado no manchara la ropa de su novia.
- Lo sé. – confesó, sonriente. – Y lo estará. Confía en él. Si algo malo ocurre, al menos lo intentó. Y eso es mucho más importante para un hombre que haberse quedado callado y no haber hecho nada.
Takeru le dio un beso en el cabello a Hikari y luego la soltó para dejarla seguir comiendo. Pero ella, se aferró a él y le pidió si la podía abrazar un tiempo más. El rubio sonrió y volvió a estrecharla con sus brazos.
Mimi no había estado muy segura de juntarse con Taichi. No porque le cayera mal o algo así. Pero, la última vez que estuvieron juntos, Taichi parecía enamorado de Sora pero atraído a ella, en algún grado ínfimo, pero lo suficiente como para ahuyentarla.
Era extraño estar ahora frente a él. Especialmente cuando ella estaba evitando cualquier relación que se acercara a lo amoroso…
Pero aquí estaba. Bravo Mimi, que consecuente que eres. Se dijo y miró a Tai.
- ¿Ocurrió algo? – preguntó la castaña, con curiosidad.
El hecho de que Taichi se hubiera despertado temprano un sábado, significaba que algo había ocurrido. Como Mimi no era fatalista, prefería pensar que no había ocurrido nada malo. Pero de que estaban pasando cosas extrañas, sí estaban pasando.
Taichi enarcó una ceja.
- ¿Acaso tiene que pasar algo para verte, amiga querida del alma? – preguntó y respondió a la vez, Taichi, sonriendo.
Mimi se frustró. El castaño se estaba burlando de ella.
- Te invito un café. – Le ofreció el chico, mientras pasaba un brazo por los hombros y la encaminaba hacia una buena cafetería cerca del parque.
Mimi se dejó guiar, medio convencida, medio perturbada. Si Taichi tenía que hablar con ella, al menos aprovecharía para meter su cuchara y avisar de que… bueno… no quería nada con nadie. ¿Cuántas veces tendría que repetirlo?
La cafetería a la que fueron era realmente hermosa. Aunque, si se lo preguntaban, prefería a donde la había llevado Yamato la otra vez.
Yamato…
¡Mimi, reacciona!
- ¿Qué café quieres Mimi? – preguntó por enésima vez Taichi, quien ya estaba riéndose por notar que su amiga se había perdido en el espacio sideral.
- Un… mocha con sabor a chocolate… - murmuró ella.
Taichi se sorprendió. ¿A Mimi le gustaba el mismo café que a Yamato? ¡Qué increíble!
Mimi notó la cara de sorpresa de su amigo. Y cayó en la cuenta que pidió exactamente lo mismo que Yamato pidió cuando él la invitó a un café para hablar de porqué terminó con Sora…
Porque le gustaba alguien…
- ¡Mimi, despierta!
- Oye Mimi, no quiero preguntar pero… ¿te sucede algo?
- ¿Por qué lo dices?
- Porque estás más distraída de lo normal.
La castaña se quedó callada por un momento y luego negó con la cabeza. Taichi no le creyó, pero prefirió dejárselo pasar.
Ambos se sentaron en una mesita cerca de un ventanal. No había mucha gente, así que bien pudieron elegir cualquier lugar que les diera la gana. El chico notó que su acompañante se seguía perdiendo en el espacio sideral, así que prefirió cortar por lo sano y meter conversación de cualquier cosa para no perderla. Además, así la espera por sus cafés y sus pedazos de tarta no tardarían demasiado.
Así que partieron conversando del maid café. De la deliciosa comida que sirvió el curso de Mimi y ella simplemente se reía porque ese tema era tan típico de Tai. Ahí fue cuando llegaron sus cafés. Y cuando se pusieron serios.
Mimi sorbió su café y descubrió porqué a Yamato le gustaba tanto: ¡Era realmente delicioso!
- Tai… ¿por qué me citaste? – preguntó ella, mirándolo fijamente.
Taichi no supo qué decirle primero. Lo de la foto, lo del beso con Sora o lo de sus sentimientos por ella.
Soltó un suspiro y la miró fijamente también.
- Mimi… tú… me… gustaste. – soltó cada palabra, como si fuera su último aliento. Y luego, tomó aire, mientras se echaba hacia atrás de la silla, como si con haber dicho lo que dijo, se hubiera liberado de un gran peso de encima.
- ¿Qué? – preguntó Mimi, aún incrédula, mientras rogaba porque su taza de café no se le soltara de las manos y se le desparramara encima.
- Eso. – dijo, simplistamente, mientras comenzaba a reírse. – No te entusiasmes muñeca, descubrí que no eres mi tipo. Las prefiero pelirrojas.
- ¿Ah? – soltó Mimi, aún sin entender.
- ¡Oh, vamos, Mimi! ¿Tanto te afectó mi confesión? – preguntó, coquetamente, Taichi. Aunque en realidad, se lo estaba tomando con humor.
En eso, Mimi dejó su taza de café en su plato y miró a Taichi con fiereza.
- ¿Me estás diciendo que me estás cambiando por una pelirroja desteñida? – preguntó enfadada. Luego infló el pecho y con una sonrisa que denotaba que se estaba aguantando la risa. – La princesa Mimi del Digimundo no te lo perdonará nunca. – dijo y volteó la cabeza rápidamente, haciendo que sus bucles se movieran, lo que en su conjunto se vio como un gesto de desprecio.
- ¡Pero princesa, no eres tú, soy yo! – exclamó Taichi, ya sin poder aguantar más la risa.
Entonces Mimi, lo miró por el rabillo del ojo y comenzó a reírse. Taichi la secundó y después de un rato de varias carcajadas. El chico bebió algo de su capuchino y ella de su mocha de chocolate y se miraron mutuamente, ya con el aire menos denso.
- Disculpa que te lo haya dicho así. – Comenzó a decir Taichi, ya más serio.
- En realidad… Yo me había dado cuenta. No soy taaan despistada. – dijo.
- Bueno, pero te lo estaba confirmando… - dijo Taichi, medio en broma, medio en serio.
- Sí, así veo… Y me alegra mucho que te hayas dado cuenta que yo no soy para ti.
- Lo sé. A las princesas no le gustan los plebeyos. – se burló el chico, mientras reía por lo bajo. – Pero… hablando en serio, no le digas desteñida a Sora nunca más por favor.
- ¡Taichi! – exclamó Mimi, mientras se tapaba la boca para no reír más. – No le puedo decir así, es mi amiga. Mi mejor amiga…
- Y mi futura novia. – le secundó él, sonriente y mirando al techo de la cafetería, como si estuviera decidido a ello.
- Tai… - soltó ella, emocionada.
- Mimi, yo… sé que antes te dije que estaba buscando a alguien que me ayudara a olvidar a Sora. Y… francamente… pensé en ti. Porque… bueno… pensé que era lo correcto en su minuto. Pero… luego de lo de anoche… - Mimi se alertó en esa parte y decidió esperar a que el chico terminara su idea para preguntar. – Yo… no puedo esperar más. Yo estoy enamorado de Sora. Y quizás ella también lo esté o al menos le gusto y eso ya es un gran paso para mí… Por eso te estoy diciendo esto. Porque quiero hacer las cosas bien con Sora.
La chica no pudo mirarlo más orgullosa que en ese momento. Se levantó de su asiento y se acercó al joven para abrazarlo fuertemente.
- Estoy orgullosa de ti, Tai. – Se separó de él y lo miró a los ojos. – Si tú me necesitas para algo, yo… sólo avísame y te ayudaré.
- Gracias Mimi. – respondió él y la volvió a abrazar.
Unos segundos después se separaron y Mimi volvió a tomar asiento. Taichi se dispuso a beber algo de su café, al igual que la chica.
- Tai… - El chico emitió un sonido, para hacerle entender que la estaba escuchando, a pesar de estar bebiendo café. - ¿Qué ocurrió anoche? – preguntó ella, mirándolo pícaramente.
El castaño se puso rojo y casi se atora con su bebida. Así que deja la taza en su plato y comienza a toser un poco. Mimi comenzó a reírse por la actitud de su amigo, pero prefirió dejarlo tranquilo hasta que él pudiera comentarle mejor.
- Eh… ¡Por qué lo preguntas! – exclamó, avergonzado.
- Lo dijiste solito. Y, a pesar de ser despistada, no lo soy tanto. – dijo, mientras cortaba un pedazo de tarta de frutilla con su tenedor y se lo echaba a la boca.
- Err… - El chico soltó un suspiro. – Durante el vals del festival…
- ¡Ay! ¡Bailaste con Sora! – exclamó Mimi, anticipándose.
- ¿Si…? – respondió Taichi, levantando una ceja, extrañado, pues aún faltaba lo bueno.
- ¡Ósea que la verás durante todo un año! – exclamó aún más emocionada la muchacha, mientras se imaginaba que ya Taichi tenía un año asegurado.
- En realidad… la besé. – Mimi chilló casi como si estuviera viendo el beso en un dorama. Pero Taichi prefirió ignorarlo, al escuchar lo que su amiga le había dicho. – Mimi… ¿tú conoces la leyenda del festival de otoño?
La chica lo miró, ofendida.
- ¡Por supuesto que sí, Tai! – exclamó. – Me la contó Yamato. – dijo, ya más calmada.
- ¡Oh! Y me imagino que bailaste con Yamato… - Prosiguió él, evitando burlarse de lo ingenua que era Mimi.
- S-s-sí… - respondió ella, ya comenzando a extrañarse.
- Y – Alargó el sonido de la "y", para darle algo de suspenso, como si estuviera hablando con una niña pequeña. - ¿Cómo es la leyenda del festival?
- Err… - La chica se llevó el dedo índice a la barbilla, en un gesto que decía que estaba recordando. – Que no nos separaríamos en un año al bailar el vals. O algo así.
Y el castaño comenzó a reírse de buena gana. Mimi lo miró, ofendida.
- Mimi… - soltó una carcajada. – No puedo creer lo crédula que eres… ¡De verdad! ¡Te pasas!
- ¿Q-q-qué? – La chica comenzó a ponerse pálida. - ¿P-p-o-por qué lo dices? – Ni siquiera notó que había comenzado a tartamudear.
- Porque… - Se escuchó otra carcajada. Mimi, comenzó a estrujar sus manos, debajo de la mesa. – Los que bailan el vals del festival de otoño… es porque están destinados a estar juntos por toda la eternidad. – dijo, mirándola ya más seriamente.
- ¿Q-q-qué? Ósea, pero no… ¿amorosamente? – Hizo una pausa, insegura de lo que iba a decir. - ¿V-v-verdad?
- Juntos como pareja, Mimi. – le aclaró el castaño, como si ella se tratase de una niña pequeña.
Entonces, Mimi palideció completamente y sólo murmuró un "oh". Taichi quedó preocupado, así que la instó a beber algo más de café, pensando que la palidez de la chica se debía a una baja de azúcar o algo así. Y, por lo mismo, prefirió no mostrarle la foto aún.
Siguieron hablando, pero el joven notó que algo en ella había cambiado. Para cuando ambos terminaron su café, la castaña ya no estaba pálida, pero sí más callada de costumbre. Después de eso, Mimi le pidió al castaño que la dejara irse al metro sola. Taichi prefería acompañarla hasta la casa, pues la había notado muy decaída al final de la velada, pero, al final, no supo cómo, lo convenció de dejarla sola.
Con que eso era, ¿verdad?
En realidad: Mimi necesitaba estar sola porque necesitaba pensar… Aunque era extraño, porque, mientras caminaba hacia el metro, no pudo evitar acordarse de lo que pasó anoche…
Ayer, por la noche, a su curso le tocó limpiar algunas cosas que quedaron del festival de otoño. Y ella pensaba que después de eso, tendría que correr sola hasta la estación de metro. Pero no fue así.
Yamato estuvo ahí, esperándola en las rejas de la escuela. Aún podía verlo. En la oscuridad de la noche de ayer, los faroles marcaban el rostro del rubio, quien estaba con una sonrisa traviesa, esperándola.
Era extraño ver a Yamato sonriendo. No en el sentido de que era inusual, sino que era algo molesto. Cada vez que sonreía, la molestaba por algo. Y Mimi, esa noche, pensó en eso mismo. Que la iba a ir molestando todo el camino. Especialmente porque hacía poco le había comentado que aún le tenía miedo a la oscuridad.
Él le dijo que la iba a acompañar. Aunque ella bien pudo haberlo adivinado, pues la casa del rubio quedaba relativamente cerca del instituto y perfectamente pudo haberse ido, dejándola sola. Pero no lo hizo…
Sus compañeros de clase no notaron quién la había estado esperando. Simplemente se despidieron y se marcharon. Algunos formaban un grupo grande, que caminaba en dirección opuesta a la de ella. Otros marchaban solos. Mimi no les prestó mucha atención. Las únicas dos cosas que tenía en mente en ese momento fueron que, primero, Koushirou debía quedarse aún en la escuela y se iría junto a Aizawa; y segundo, que Yamato estaba delante de ella, con esa sonrisa traviesa, mientras le avisaba que iba a acompañarla esa noche para que llegara bien a su casa.
Mimi se puso contenta. Al menos no se iría sola. Y, después de aquel vals, sentía que su relación con Yamato no sería tan complicada.
Qué equivocada que estaba...
La castaña comenzó a caminar junto al rubio hasta el metro. Realmente ella creía que la iba a dejar hasta la estación. Pero nuevamente se volvió a equivocar.
Tomaron el metro, juntos. Yamato le iba hablando de cómo la pasó en el festival, de lo que ocurrió cuando la buscó por la tarde, de cómo sus fans lo acosaban. Y ella, bueno, ella simplemente se reía. Y comentaba de vez en cuando. Aunque quien más hablaba, extrañamente, era el rubio.
Mimi, en esos minutos, se acordaba que el festival estaba hecho para que los de tercer año se fueran con bonitos recuerdos al salir del instituto, así que realmente estaba contenta porque, al parecer, Yamato la había pasado bien en el festival.
Bajaron del vagón de metro y caminaron juntos hasta el departamento de la castaña. Mimi, a veces, miraba el reloj de pulsera que llevaba, algo impaciente por llegar a su casa a comer algo. Aunque Yamato trataba de hacerla olvidarse de la cena. El rubio estaba más que comunicador esa tarde y Mimi se la estaba pasando de maravillas. Aunque seguía teniendo hambre.
Cuando llegaron a la puerta del apartamento de la familia Tachikawa, Yamato pareció ponerse denso. Mimi lo notó y para aligerar el ambiente, contó una anécdota que le ocurrió en el maid café, en la cocina. Le contó al rubio que casi bota la segunda bandeja de pasteles que la cocinera le pidió entregarle. Y estaba en eso, cuando…
Realmente fue muy rápido. Si se lo preguntan, todo fue tan confuso. Aunque suene cliché. Pero, verlo delante, como si hubiese perdido la paciencia fue tan…
… Yamato la acorraló, haciéndola sentir tan…
¿Freak? Es decir, él era… ¡no se lo digan! El ex novio de su mejor amiga. Y… ella…
… Y comenzó a acercarse…
No tenía idea de cómo estirar esa excusa… Pero… ¡Debía alargarla! ¡Como fuese! No porque ella no quisiera a Yamato, ¿qué va? Era sólo que…
… Él había perdido la paciencia…
¡No quería ninguna relación! ¿Es que no lo entendía? No después de lo que pasó… No después de que huyó así como…
… Desesperado. Ansioso. Así se encontraba Yamato. Con Mimi entre sus brazos y expectante a lo que él decida hacer. La miró a los ojos. Pudo notar el miedo de ella… Pero, por sobre todo, estaba ansiosa… A lo que él fuera a hacer.
Mimi pasó saliva. Yamato acortó la distancia. Ella quería alargar el momento un poco más. Él quería que el tiempo se detuviera.
La castaña aún se ponía nerviosa de recordar la sensación de estar entre los brazos de Yamato. Aunque, en realidad, ponerse nerviosa quedaba corto a lo que realmente sintió ayer en la noche. Fue su piel, su cuerpo, ella entera reaccionaba a la corta cercanía que el rubio tuvo con ella, anoche.
Le temblaron las piernas, al recordar que… Bueno, dos cosas:
La primera… Fue que Yamato la había besado, en la entrada de su casa, acorralándola contra la pared. Con ternura y… ¿pasión? ¡Al diablo! ¡La besó! ¡Yamato Matt Ishida la besó!
Y La segunda… Bueno, tiene mucha relación con la primera, claro… Yamato Ishida la besó y a ella… Le gustó…
Notas de una Autora Arrepentida:
DISCULPEN LA DEMORAAA! DE VERDAD LO SIENTO MUCHOOO! T.T Pero, ¿qué puedo decirles? Aún tengo estoy en clases, ni siquiera he podido leer fics o dejar reviews en fics que me gustan mucho y he gastado todo este día feriado en actualizar, sabiendo que tengo prueba el jueves (Diversidad, cómo te odiioooo D:)
Si quieren golpearme, matarme, freírme o lo que sea, realmente las entiendo T.T
Pero aquí me encuentro, dando la cara (?) Bueno no, porque estoy refugiada tras mi computador xD Pero igual actualicé :D Algo es algo, ¿no?
¿Puedo quejarme? XD Es que este capítulo fue... ¡MUY DIFÍCIL DE ESCRIBIR! Especialmente porque es el primer capítulo en donde creo que los pensamientos de los personajes se mezclan mucho más con la narración y ¡sí que fue difícil escribir eso! Es casi como un "Mash-up de Personaje's POV" D: Pero originalmente estaba planeado para que Taichi contara su visión de los tres años de noviazgo Sorato que a nadie le gustaron HUM! òxó
Ahora... considerando a nuestra pareja principal, espero realmente que nadie lea estas notas de autora antes de leer el capi xD porque... ¡SÍ! ¡Yamato besó a Mimi! Después del festival, ¡PERO LO HIZO! Y jujuju, bueno, Mimi ya no está tan reacia al rubio. Tadá! :D La magia ocurrió! Cómo amo los festivales japoneses! *w*
¡Oh! Y he alcanzado los 100 reviews! *w* Muchas gracias a todas las chicas y chicos que hacen un esfuerzo extra en dejarme su comentario! Ya los contesté todos *W* Y me alegra mucho haber recibido hartos el capítulo anterior :D Muchas gracias de verdad chicos, me hacen muy feliz ^-^ les agradezco mucho ;O;
Por el momento será todo. De verdad muchas gracias chicos! Mucho éxito en todo! Y nos estamos leyendo en la próxima actualización de "Tú me Encontraste" :D Un besote wrande! :D
Próximo Capítulo: Amigos con Beneficios.
