Hey, hola! ...Okay, no, no tengo perdón; pero de verdad que no sabía cómo sacar a flote el capítulo. Sí, excusas excusas. Pero bueno, ya está aquí así que, por favor, disfruten. Igual, si gustan, dejen un review :) Me gusta/ría saber cómo voy llevando esto y qué tanto les va gustando!
Disclaimer: Los personajes aquí mencionados de The Legend of Zelda no son de mi autoría puesto que pertenecen a Nintendo. No recibo ninguna remuneración económica a cambio. El resto de los personajes que no pertenecen a Nintendo son de mi completa autoría. Hago esto con fines de entretenimiento y diversión.
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Lilia tiene una hermana, Loraine.
Ambas son las Guardianas de los hijos de una reencarnación del Señor de las Tinieblas, de quien no pudo conquistar La Trifuerza alguna vez. Ganondorf era su nombre, y según los rumores llevados por viento, Dragmire era su apellido. El Héroe del Tiempo había sido su perdición, tanto en un futuro que nunca llegó, como en el presente que arruinó; pues al llevarse el Héroe la parte del Valor, él no pudo consolidar el poder de La Trifuerza. Por ello, huyó de Hyrule, prometiendo su venganza. Nadie sabe qué pasó con exactitud en ese entonces, pero un niño nació, al darle a luz y entregando su vida la madre. El primer hijo Dragmire, aquél que nació con el cabello obscuro tan parecido a la noche y los ojos rojos como la sangre misma. Aquél que fue hecho a un lado, por no parecerse al padre. No obstante, dos años después, llegó el tan ansiado heredero a un trono que no era tal. Sus ojos dorados y sus cabellos rojos revivieron el orgullo en un padre desdichado. Su madre, no quería que su hijo cumpliera tal destino, sin embargo.
Cuando el mayor tenía cuatro años y el menor apenas dos, el trato con un mercader quedó arreglado y llegósen a la casa dos niñas, ambas gemelas que perdidas fueron encontradas en el Desierto. Ganondorf ordenó a las pequeñas cuidar de sus hijos, pagando con sus vidas si algo llegara a pasarles. Ellas tenían los cabellos grisáceos y los ojos verdosos, sus ropas estaban desgastadas. Según las Abuelas, Kotake y Koume, venían de familia de hechiceros, así que no era para sorprenderse si de un día para otro hacían magia. Fue en ese entonces, que el bebé dijo «mamá» y el destino juntó casualidades. De las niñas hechiceras y los niños herederos.
Lilia tiene una hermana mayor, su gemela Loraine.
Años después, cuando el heredero legítimo cumplía seis años, la madre tomó a su hijo y a su hermano. Huyendo lejos del dominio de alguien que no poseía más que desdicha, aunque esperanza. Pronto se perdieron en el Desierto, porque sin importar que la madre fuera una Gerudo y hubiese sido la Sabia del Espíritu, seguía estando aterrada de Ganondorf. Nabooru temía por su vida y por la de sus hijos; que aún si uno no lo era biológicamente, lo amaba como tal. Sabía que las chicas podían salvarse de la furia del hombre, pues su magia era poderosa y podían controlarla. Sin embargo, cuando la tercera noche cayó y, Kotake y Koume estaban pisándoles los talones, se arrodilló frente a su hijo, besándole la cabeza y murmurando palabras dulces. Al mayor le dio indicaciones precisas sobre la casa de un hechicero que podía ayudarles y se despidió de la misma forma. Les dijo que siguieran su camino, que ella estaría bien.
El pelirrojo comenzó a llorar por su madre cuando supo que realmente no estaba siguiéndoles. Su llanto cesó hasta que un Guay se apareció frente a ellos, el niño dijo «Lilia» y corrió a su encuentro. En cambio, su hermano mayor estaba aterrado, ¿qué si ellas no venían para protegerlos, sino para llevarlos de regreso a dónde su padre? No obstante, cuando un Keese voló a su alrededor, no lo pensó más y, tomando la mano de su hermano, continuó el viaje con las chicas a su lado.
Días después, llegaron a su destino. En el transcurso del camino, aprendieron cosas nuevas de cada uno, se inventaron nombres clave y trazaron un plan. El mayor sería "Nathan" y el menor quiso "Leonard", el primero seguiría siendo Dragmire mientras el segundo cambiaría a Spirit. Las chicas serían "Rain" y "Lia", ambas del apellido de su protegido. Se quedarían con el hombre hasta poder hacer algo por su cuenta e irían a salvar a Nabooru.
Grande sería su sorpresa, cuando al abrir la puerta del lugar, Leonard quien entraba primero, descubrió que también era hechicero. Había esquivado un ataque directo del hombre dentro de la casa. Los otros tres entraron de golpe, dispuestos a cobrar venganza. Sin embargo, el 'padre' expuso sus razones y terminó por convencerlos. Él entrenaría al pelirrojo y las chicas en el arte de la hechicería, mientras que instruiría a Nathan con sus mejores técnicas sobre el manejo de espada.
Cuando el menor cumplió diez años, él y las niñas ya ejercían un completo control sobre su magia. El hermano mayor era un maestro de las armas. Y el hombre cumplió su cometido entonces, con el consentimiento de los muchachos. Les fundió en un Sueño Eterno, sellándolos dentro de una daga, la que al primer roce contra piel, les despertaría.
Quién diría que muchos años después, un hombre alcanzaría a recogerla de entre la arena antes de su ejecución. Incluso, que la guardaría entre su ropa, dejándola cuidadosamente sobre su pecho. Tal vez podría salvarle la vida.
Y cuando el Sabio del Agua hizo su trabajo, la Espada de los Sabios provocó el roce de la daga con la piel del hombre, despertando a aquellos que dormían. Sin embargo, sus vidas fueron transportadas al otro lado del Espejo, al igual que el nuevo portador de la Trifuerza del Poder. La reencarnación del Señor de las Tinieblas.
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Al derrotar al primer monstruo no les dio tiempo de festejar. Porque apenas Lia iba a quejarse sobre terminar cubierta de sangre, cuando se apareció otro, seguido de otro, y otro más. Pronto se vieron rodeados de "esas inmundicias", según la chica. Leo y Link, espalda a espalda, no le veían salida al asunto, pues se acercaba el mediodía y ninguno de los dos se creía capaz de resistirlo.
La Piedra de la Energía en sus dos partes, era la que -al portarla- le permitía a un ser de las sombras mostrarse durante el día sin temor; sin embargo, la otra parte debía ser llevada por un ser de la luz para transferir esa vitalidad a la otra mitad. Fue el obsequio que la Princesa Zelda dio al Príncipe. Por obvias razones, Leonard portaba la parte que recibía, mientras Link llevaba la que tomaba su fuerza. A causa, el Héroe tendía a agotarse mucho más rápido, dificultando las cosas para ambos. También, el Twili gastaba más al realizar un hechizo. Y a este paso, podrían estar acabados.
El rubio se secó el sudor por enésima vez antes de casi caer, agotado. Casi, porque el Príncipe le sostuvo a tiempo, tomándole por el brazo. Se miraron, expresando su consternación en muecas. Lia volvió a su forma espíritu, protegiéndoles del ataque de aguijón de las bestias. Leo suspiró y se separó de Link al soltarle, ordenó a la chica crear un escudo mágico que les rodeará y mantenerlo por un tiempo.
—¿Cuánto? –preguntó la espíritu mientras lo creaba. Link observaba desde el suelo, donde yacía sentado al no poder moverse más. En ese momento notó que la chica lucía traslúcida, aunque también podía ser de un color azul muy claro; no se le veían las piernas, y podía hacer magia. Esos dos eran una caja de sorpresas. Se fijó en Leonard.
—El suficiente. –Contestó el Twili. Chispas rojizas comenzaron a brotar de sus manos, las cuales mantenía a los costados de su cuerpo. El rubio se quedó atento, pendiente de cada detalle. Entonces, Leo levantó y cruzó los brazos hasta la altura de los codos; a partir de ese movimiento, fue bajándolos, hasta que sus manos se cruzaron. El Héroe presto más atención. De pronto, las chispas se juntaron, creando una esfera pequeña color negro con un anillo carmesí alrededor. Link quedó maravillado, y no pudo contener su emoción cuando el Príncipe estrelló su creación contra la arena y de ahí se abrió un portal, tan parecido a esos que Midna usaba, pero pareciese más a los de Zant. Igual, no tuvo tiempo de pensarlo más, pues el Twili les arrastró a Lia y a él dentro.
Se estrellaron de lleno contra el suelo, provocando las risas de la espíritu al instante. El portal se cerró segundos más tarde. Leo fue el primero en levantarse, limpiándose un poco y yendo a ayudar a Link, el cual estaba acabado, no literalmente al menos. Pese a las burlas de Lia, el Príncipe no se molestó en frenarle, mejor se dedicó a investigar dónde habían caído. Por lo menos estaba obscuro, así no tenía que seguir hostigando al chico. Ordenó a la chica quedarse con el Héroe.
El Twili caminó por un estrecho pasillo, que se le antojó demasiado largo. Sentía que llevaba horas caminando. De pronto, escuchó el sonido de sus pasos en el agua. Se detuvo, creando una pequeña llama de su mano, la que iluminó el lugar. Se encontraba en una habitación, que precisamente tenía agua, justo como un gran charco. Por un momento no supo qué hacía ahí, ni siquiera pudo pensar en nada. Justo cuando un suspiro abandonó sus labios, una pequeña chispa iluminó al centro del lugar. Una ráfaga de viento, que quién sabe de dónde salió, terminó por apagar su llamita al tiempo que otra chispa iluminaba. Retrocedió un poco, asustado por lo repentino de las cosas. Las chispas fueron aumentando, apareciendo en diferentes lugares de la habitación. No creyó soportar tanta luz, y disculpándose mentalmente con Link, hizo uso de la energía almacenada en la piedra. Exacto en el momento, pues el lugar se iluminó por completo. Cerró los ojos y se cubrió la cara con las manos, estaba aterrado.
Leo descubrió su cara y abrió los ojos con lentitud. Apenas pudo ver, parpadeó varias veces. Frente a él, de pie y luciendo tan magnífica, estaba una Gran Hada. Le sonreía con la cabeza ladeada, sus manos descansaban a sus costados, su cabello era largo y compensaba la falta de ropaje que llevaba consigo. Sus alas eran largas y anchas, se movían de vez en vez. Su tez era tan clara y limpia, sus ojos eran verdosos y brillantes. Se sintió maravillado, y a la vez idiota. Ella era tan bella, y él era un intento de Twili, su ropa estaba raída y tenía la cabeza cubierta con una larga manta. Sintiéndose tan avergonzado, arrodillóse frente a ella, agachando la cabeza y le dijo:
—Mi señora, no soy quién para pedirle ayuda, pero le ruego sanar las heridas en mi amigo.
—¿En verdad es el Héroe tu amigo? –preguntó una voz grave, que sonaba suave, sin embargo. El Príncipe supuso sería la Gran Hada.
—Aún si no lo fuera, mi señora, le ruego sanar sus heridas.
—¿Entonces no lo es, Príncipe de las Tinieblas? –preguntó la misma voz. Leo levantó la cabeza entonces, encontrándose con la mirada fija y una mueca severa por parte del Hada. Tragó saliva tan de repente que le dolió.
—Mi señora, si fuera o no fuera mi amigo, ¿le negaría su ayuda? –volvió a agazaparse, temeroso.
—Te atreves a cuestionarme, niño. –El sonido de la voz le pareció tan severo como la expresión en su cara, por eso, Leo se encogió aún más–. He visto a través de ti, Príncipe de las Tinieblas, haz estado asustado desde que llegaste a este mundo –quiso replicar, pero el Hada continuó—. Por eso fuiste en busca del Elegido por las Diosas, para exigir su ayuda como el soberano de no eres. –Leo cerró los ojos, temblando–. Entonces, dime tú, Príncipe, ¿por qué debo ayudarte, curando a alguien a quien sólo estás utilizando?
Leonard volvió a tragar saliva, estaba asustado, realmente lo estaba. Si ella deseaba, podría acabarle con un certero haz de luz. —Yo... –se le quebró la voz. Tomó aire, e intento reunir valor de donde no tenía–. No soy quién para pedirlo, mi señora, pero tiene que curarlo. Es... es mi culpa que esté en esa condición... yo... –a este paso, estaba temblando de nuevo, y apretaba los párpados con fuerza–. Sólo... mi Princesa... ella–.
—Suficiente, Príncipe. —le cortó la Gran Hada, colocando una mano sobre su cabeza–. Tus sentimientos son sinceros, entiendo que no quisiste herir al Elegido –movió su mano, y agachóse un poco para alcanzar a tomar del mentón al Twili. Ejerció la fuerza suficiente para hacerle levantar la cabeza. Leo no se atrevió a abrir los ojos–. Y puedo ver que la Princesa del Crepúsculo hizo un gran sacrificio trayéndote aquí. –Entonces el chico abrió los ojos, sorprendido. La mujer rió, enternecida–. Tienes una gran corazón, Príncipe. –Le sonrió, acercando su rostro al de él–. Una valía que no es digna de un soberano de tan mala fama. –Sus caras tan cerca, como juntando sus narices–. Por eso te daré un regalo. –Agrandó su sonrisa, mostrando sus finos y bellos dientes. Pese al sonrojo completo del Príncipe.
Dicho esto, se alejó también. Tan rápido que Leo casi cae de frente sobre el agua.
Una vez que el Twili se recuperó de todo lo sucedido, y se avergonzó también, levantó la cabeza aún arrodillado. Observó a la mujer de pie, frente a él. Se fijó en que ella levantaba su mano hasta tenerla completamente extendida en su dirección. Dudoso, la tomó, correspondiendo el gesto. Sin embargo, quiso soltarse cuando la luz que irradió el Gran Hada se extendió hasta su propia mano, trepando cual obscuridad por todo su cuerpo. Después de disculparse "telepáticamente" con Link, de nuevo, cayó inconsciente.
Lo siguiente que recuerda, son las caras sorprendidas del Héroe y su Guardiana.
—¿Qué?
—¡Eres pelirrojo! –gritaron a la par, aunque un «de nuevo» escuchó de la chica.
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Guay: son enemigos recurrentes en la saga. Son pequeñas aves parecidas a un cuervo atacan si se invade la zona donde se encuentran.
Keese: son enemigos recurrentes en la saga. Son los murciélagos, por lo general de piel oscura, que atacan volando. Son criaturas ágiles. Con mayor frecuencia se encuentran en las cuevas y mazmorras, pero a veces se pueden encontrar en mundo abierto.
A Nanis4816: Me alegra tanto saber que te gusta *w* Gracias por interesarte xD Aquí va la continuación, espero tmb te guste. XD LeoxZelda, la verdad es que no había pensado en esa. Pero la contemplaré, ya que falta mucho para que Zelda aparezca como tal. Pero gracias :D
A Yue Hiwatari: Fueron como dos horas leyéndolo xDD okno. O no lo juegas o no lo terminas XD Sep, ya verás que sí lo lograrán(?) Gracias *-*
Gracias por leer
Se despide
-MsH-
