CAPITULO 3
FUGA
Los días pasaron y nada de aquello parecía mejorar, solo entendía el mundo por los esporádicos descansos que le permitían sus celadores. Fue visitado un millón de veces por toda clase de personajes y siempre era lo mismo. Hacían un mohín de asco y aversión y después se tomaban fotos junto a él, se había convertido en el prisionero más famoso, un mero artículo de moda para todos los mortífagos de alta sociedad ansiosos por lograr una buena posición y ganarse las preferencias del Sr. Oscuro.
Claro, cuando era el gusto de Voldemort, nuevamente era torturado para su placer, poco a poco perdió la capacidad de sentir, el dolor se transformó en algo lejano. Para empeorar las cosas, ahora ni siquiera tenía la compañía de su inseparable amigo, trataba de no pensar mucho en él pero lo extrañaba increíblemente. Era la primera vez en su vida que se encontraba completamente sólo, reconocer eso era probablemente lo peor de todo.
Su energía fue menguando y Harry intuyo que la vida se le estaba escapando. Todas las noches desnudo y herido se arrastraba hacía la única pequeña ventana que daba al exterior observando aquel pedazo de cielo, recibir aquella bocanada de aire nocturno le hacía sentirse ligeramente mejor. Se desvanecía entre las sombras de la noche y entonces su mente viajaba a través del firmamento y Harry se podía liberar de sus cadenas y salir volando por la ventana, ingrávido y maravillosamente libre, lejos muy lejos de ahí hasta que se cansaba y caía en la hierba fresca para quedarse dormido.
Pero al día siguiente se despertaba para descubrir que los pesados grilletes que apresaban sus muñecas y tobillos permanecían firmes. En algún momento de todo eso dejó de comer, no es que hubiera decidido matarse de hambre, era simplemente que no tenía la fuerza suficiente para masticar, así que se contentaba con sorber algunos traguitos de agua.
Y así al fin llegó el momento, Harry lo supo desde que sus ojos se abrieron esa mañana, fue casi como una revelación, estaba seguro que ese día moriría, era extraño pero se sentía extraordinariamente tranquilo como si algún tipo de velo protector le hubiera cobijado. Se acercó a la ventana, quería que lo último que vieran sus ojos fuera el cielo detrás de aquellos barrotes. Ese día nadie le molesto, no hubo golpes, ni gritos, ni burlas. Eso era bueno, debía ser una señal. El atardecer llegó rápidamente y después la noche, el aire tenía incluso un olor dulzón, le pareció percibir los primeros botones de la primavera abriéndose paso a través de la nieve que se derretía.
Todo estaba tranquilo, ni siquiera los sonidos de la mazmorra perturbaban el silencio, tan solo a lo lejos como un murmullo, se escuchaba un insistente retumbar hueco que se fue elevando de volumen. Alguien se acercaba por el pasillo, había aprendido a captarlo. El pesado cerrojo de su celda rechinó en sus goznes, sonrío para sí mismo, no tenía ninguna relevancia, quién quiera que fuera había elegido el peor de los momentos. La puerta se abrió y una luz deslumbrante inundó la celda.
Harry estaba preparado, permaneció inmóvil, esperaba los acostumbrados empujones y jalones que le llevarían fuera de la mazmorra, pero no pasó nada de eso, en su lugar algo muy suave rozó su cabeza, acariciándola, una voz increíblemente dulce susurró su nombre.
-Harry, Harry, me escuchas?
El chico fijo la mirada en aquel haz de luz que bajo su intensidad, tras ese esplendor pudo distinguir una figura, al inicio no la reconoció, pero después de un momento sus ojos no dieron crédito a lo que veían, era el rostro de Hermione que estaba frente a él.
Una capa cálida cubrió sus hombros y los finos brazos de la chica lo rodearon en un abrazo protector y cariñoso. Harry correspondió aferrándose a Hermione casi con desesperación, se quedó ahí, no la querían soltar. Recordó algo vagamente lejano que lo confundió, pero lo desechó inmediatamente, lo cierto es que Hermione estaba junto a él y lo demás no tenía ninguna importancia. Hasta ese momento no se había dado cuenta que no estaban solos, al fondo de la celda se encontraba una figura enorme que permanecía inmóvil, pego un brinco de alarma pero la chica lo tranquilizó
–Calma Harry, tranquilo, es Hagrid- le dijo
El gran hombre se acercó y prácticamente levantó a Harry en peso. Seguro que se encontraba muy mal porque la expresión de dolor que pusieron sus amigos fue demasiado explicita. Hagrid lo abrazo delicadamente cargándolo, sosteniéndolo como un muñeco de trapo, no lo lastimó, solo lo acunó como si se tratara de un niño pequeño.
-No te preocupes Harry, te sacaremos de aquí- decía Hagrid con sus ojos anegados en lágrimas - Nadie te hará daño, nadie, lo juró.
Harry al fin se sentía a salvo, no importaba que estuvieran en el mismo centro de Azkaban rodeados por un millón de mortífagos.
-Vamos, Hagrid- intervino Hermione- no debemos perder tiempo, salgamos de aquí.
Las puertas de la mazmorra fueron abiertas por Hermione y todos atravesaron rápidamente el pasillo subiendo y bajando por innumerables corredores hacia la salida, en algunos momentos se agazapaban y en otros corrían lo más rápido posible, por supuesto Hermione iba adelante dirigiendo la operación mientras el era sostenido por su gran amigo. El corazón se les paralizaba cuando escuchaban que algún guardián pasaba cerca de ahí. La travesía le pareció increíblemente larga, solo Merlín sabía dónde diablos se encontraban.
Hicieron todo lo posible para pasar desapercibidos, pero fue inevitable, el lugar estaba muy bien vigilado, en algún momento tropezaron con un grupo de guardianes y los hechizos volaron por el aire. El ruido atrajo a más, Hagrid, lo bajo para enfrentar al grupo de mortífagos que apareció por las escaleras, eran muchos, pero el gigante parecía no tener problema para controlarles de un golpe o con el simple impulso les sacaba de combate.
-Corre Harry, vamos continúa adelante, corre más rápido- Le decía Hermione mientras que sus piernas se negaban a hacerle caso, cayó más de tres veces, pero la chica lo jalaba y casi a rastras lo levantaba, trastrabillando Harry trataba de seguir el paso. Al fin, llegaron a una esquina de la torre principal, un piso más abajo estaba una de las salidas hacia el jardín en donde se podrían desaparecer, dentro de la prisión no era posible hacerlo. Las maldiciones y hechizos les pasaban rosando mientras se agachaban y seguían corriendo. Se oían los alaridos de Hagrid, nunca había visto a su amigo de aquella forma, daba realmente miedo, repartía golpes a diestra y siniestra mientras que impedía con su gran cuerpo que las maldiciones los alcanzaran. Que combatiente tan fabuloso era, por supuesto Hermione no se quedaba atrás.
Pero aquel jaleo iba en aumento y no tardarían en estar ahí miles de mortífagos y el propio Voldemort. Sentía como se acercaba de forma peligrosa gritando que los detuvieran, sabía perfectamente que si los alcanzaba no saldrían de ahí nunca.
Casi en la puerta los acorralaron, pero Hagrid arremetió contra los mortífagos que estaban a sus espaldas, con todas sus fuerzas gritando como un demente, la mayoría salieron corriendo, nadie quería ser atropellado por una mole de una tonelada y los pocos que fueron demasiado lentos o estúpidos para no moverse de ahí, terminaron aplastados contra la entrada. Hermione sostuvo el combate del otro lado desplegando una burbuja protectora, Hagrid abrió la puerta y empujo a Harry hacia afuera para después jalar a Hermione y cerrar la puerta tras de sí sellándola.
Se oían gritos por todos lados demasiado cerca y apenas tuvieron tiempo de tomarse de la mano para desaparecer, lo último que alcanzó a ver Harry fue el rostro descompuesto de Voldemort que abría mucho la boca para gritar algo. Una sensación de remolino y en un minuto el paisaje cambió completamente. Habían llegado a su destino, Harry sintió como sus piernas cedían bajo su peso, cayó sobre algo suave, la fresca hierba le hizo cosquillas en el rostro y antes de perder la conciencia le pareció distinguir varios rostros que le rodeaban.
Que sensación tan agradable el contacto con el suave colchón, sabía que estaba recostado en una cama cubierto por frazadas calientes. No tenía ninguna urgencia por abrir los ojos, pero lo hizo, deseaba platicar con Hermione y Hagrid, saber cómo diablos habían escapado y cómo le encontraron, pero sobre todas las cosas deseaba estar junto a ellos. Descubrir que estaban vivos era algo increíble… aún se lo cuestionaba por momentos…estaba seguro que los había visto caer … pero bueno, siempre podía estar equivocado, no tenía caso seguir insistiendo en eso.
Su sorpresa fue aún mayor cuando se dio cuenta quien velaba su sueño, a lado de la cama estaba sentado Dumbledore. Harry no pudo reprimirse, cuando le descubrió se incorporó y le echó los brazos alrededor del cuerpo. Albus lo sostuvo y su mirada dulce se empañó, con voz quebrada por la emoción le dijo –Lo lamento Harry, no sabes cómo lo lamento.
El chico quería decirle todo lo que afligía su corazón, pero como siempre Dumbledore anticipándose a sus sentimientos le consoló con las palabras precisas, con su actitud protectora y paternal. Todo se resolvería, no había porque preocuparse, Albus se encontraba ahí… Ahora él tenía que recuperar sus fuerzas y sanar sus heridas y no debía pensar en nada- le dijo Dumbledore.
Y cómo convocado por los mismos Dioses, en ese momento entró por la puerta una gran charola con toda clase de alimentos, tostadas con mantequilla, pudín de calabaza, salchichas asadas, panquecas con miel, cocoa caliente… pero aquello no fue todo, Harry se quedó boqueabierto cuando descubrió quien era el portador de esas delicias... la Señora Weasley apareció sonriéndole cariñosamente… por un momento una alarma se prendió en algún lugar de su mente, pero no le hizo caso, en su lugar se concentró en el dulce sabor de la miel en su boca.
Se sentó a masticar a dos carrillos, mientras picaba aquí y allá probando de todo.
- Despacio Harry – le dijo la Sra. Weasley- te aseguro que la comida no irá a ningún lado.
Dumbledore sonrió mientras caminaba la puerta murmurando distraídamente – Si me disculpas Harry, tengo que avisar a los demás que has despertado, Sirius no me lo perdonaría, estaba ansioso por verte.
Nuevamente una alarma se prendió en su mente y cuestionó casi automáticamente – Sirius? Sirius está aquí?... pero Sirius está muerto….
- Por todos los Santos Harry, que dices, estás confundido, Sirius está aquí y te quiere ver, así que voy a buscarlo- interrumpió Dumbledore mirando con extrañeza al chico, después sin esperar respuesta salió del cuarto.
Algo andaba mal se dijo Harry, algo no encajaba con todo aquello, la punzada de alarma en su cabeza se hizo realmente insistente y los recuerdos empezaron a regresar como un torrente, la bandeja de comida se esfumó como si estuviera hecha de humo, la habitación también comenzó a parecer una mancha multicolor de sombras, por un momento volvió a encontrase en aquella húmeda mazmorra, rodeado de la oscuridad, el horror y el frío, pero Harry alejo eso de su mente y no lo permitió, se aferró a lo que para él era la única y verdadera realidad…había encontrado la forma de fugarse de aquel infierno y no pensaba volver…Molly, Dumbledore, Sirius y Hermione le sonreían desde el otro lado de la habitación y era todo lo que el necesitaba… Harry también les sonrió, después le dio otra buena mordida al panque que sostenía en su mano… era realmente delicioso…
