CAPITULO 4
EL NÚMERO 1500
Últimamente se cuestionaba constantemente todo lo que estaba pasando ¡No tenía ni la menor idea que las cosas terminarían de esa forma! O más bien que empezarían, porque en realidad, aquello apenas era la punta del iceberg. Siempre creyó ciegamente en lo que le habían enseñado, en los valores que supuestamente debía defender y ahora todas esas creencias se estaban desmoronando frente a sus propios ojos. Era como despertar de una fantasía, nada era como le habían dicho que sería… nada había mejorado, por el contrario a su alrededor sólo alcanzaba a ver dolor, terror, desgracia, tristeza, crueldad … se tenía que ser muy insensible o de plano muy bruto para no notarlo. Desafortunadamente había muchos mortífagos que caían en estas dos últimas categorías.
Cómo hijo de Lucius cargaba una gran responsabilidad sobre sus hombros, se esperaba mucho de él, más ahora que su padre había quedado en una posición comprometida, claro, sería justo decir que en esos días todos estaban en una posición comprometida. Nadie tenía seguro su futuro, no se trataba de pensar que si hacías bien esto o aquello o que si mantenías un bajo perfil estarías a salvo. No, definitivamente las cosas ya no funcionaban de esa forma. El Sr. Tenebroso era un dictador paranoico, obsesionado y temperamental y sus seguidores más allegados simplemente seguían el patrón trazado compitiendo por quedar bien.
Un día antes fue testigo de cómo Crabbe había muerto de la peor forma, y tan sólo porque a juicio de Bellatrix el chico se tardaba demasiado en contestar. Lo había matado sin previo aviso y después, mientras su cuerpo desmembrado aún permanecía en el suelo, ella y Voldemort se habían sentado como si tal cosa a tomar el té.
Pero que se le iba a hacer, así era la situación y nadie se atrevía ni siquiera a levantar la voz, pobre del que lo hiciera. Todo el mundo se andaba con mucho cuidado. Así que cuando a Draco le asignaron la deprimente tarea de checar diariamente a los prisioneros del ala Norte, no tuvo más remedio que acatar órdenes sin protestar. El no le encontraba sentido ¿Acaso creían que alguien podía escapar de ahí espontáneamente y sin magia? Azkaban era un fuerte impenetrable.
Draco revisó con ojos cansados la lista, se encontraba frente a la celda del prisionero número 300, un tal Elphias Doge, todavía faltaban 2000 prisioneros más. El rubio suspiro, se asomó por la mirilla y comprobó que el prisionero 300 permaneciera en su celda. Estaba por continuar cuando la voz estúpida de Goyle sonó a sus espaldas diciendo:
- Voy a entrar- y uniendo la palabra a la acción abrió la celda y entró acercándose al prisionero que permanecía en el suelo, jaló su cabello para ver su rostro, después dijo sonriendo –Este tipo tiene cara de alce, deberíamos ponerle Doge el alce.
Draco exasperado respondió con fastidio–Vamos deja de hacer eso, sólo nos retrasas- Le chocaba la actitud de Goyle, era evidente que disfrutaba mucho de todo eso mientras que a él se le revolvía el estómago y le daban ganas de vomitar.
Cuando llegaron al prisionero 1500, Draco se detuvo en seco delante de la pesada puerta dudando. Leyó la lista no una sino varias veces, no podía creer el nombre que estaba escrito, no quería asomarse por la mirilla y decidió que lo mejor sería pasar de largo, pero Goyle no lo dejó, simplemente cuestionó con su voz lenta como la melaza.
-Que pasa?, sucede algo?
-No, no pasa nada- respondió Draco titubeando un poco
-Pero no lo has verificado.
-Ya lo hice, sigamos adelante- protestó Draco con voz firme, no quería que el enorme chico advirtiera su conflicto.
-No es cierto, vamos, muévete, voy a entrar.
Draco tenía razón, hubiera sido mejor seguir de largo, la vista de aquello era demasiado perturbadora. Ahí estaba Potter o por lo menos lo quedaba de él, se le veía muy pequeño, casi insignificante, en su cuerpo pálido como la cera había toda clase de heridas sangrantes, moretones, llagas y quemaduras, se encontraba apretujado en el rincón de la mazmorra, sin moverse, su rostro permanecía oculto por un largo mechón de cabello. Malfoy se sintió sumamente incómodo, no pudo soportar esa imagen y desvió la mirada. Digo, no es que Potter fuera su gran amigo ni nada por el estilo, de hecho siempre lo había odiado, pero ahora no sentía ninguna satisfacción al verle de esa forma, no señor, de que servía hacer leña del árbol caído.
Goyle por supuesto no opinaba igual, este atravesó la puerta emitiendo un silbido y con tono burlón empezó -Mira Malfoy, mira a quién tenemos aquí, pero si es el GRAN POTTER en persona – después volteando hacia el chico, le dijo despectivamente – Vamos pedazo de imbécil muévete, a ver ahora que tienes que decir, no se supone que eras muy bueno… ehhh?, vamos quiero ver el gran mago que eres – mientras con el pie le azuzaba, empujándolo.
Harry permanecía inmóvil, tan sólo se había apretado más contra la pared abrazándose las piernas.
Draco aún parado en la puerta, dejo que eso continuara hasta que el grado de incomodidad que sentía fue tal que tuvo que intervenir, con impaciencia le ordenó a Goyle – Basta, ya déjalo en paz.
- Oh vamos, que no te quieres divertir un rato – rezongó Goyle pateando el costado de Harry.
Malfoy puso cara de repulsión, cómo si acabara de probar algo de muy mal sabor, realmente odiaba la malicia del otro y sin pensarlo sacó su varita. Acto seguido el pesado cuerpo de Goyle atravesó volando por celda hasta que se estrelló contra la pared. Por supuesto, el chico, se incorporó furioso y protestando -Qué te pasa?, estás loco o qué?
Draco ni siquiera se inmuto tan solo dijo con voz tranquila -No Goyle, no estoy loco, sólo sigo órdenes. No te han autorizado para que toques a nadie, sólo debes contar a los prisioneros. El Sr. Oscuro tiene otros planes para Potter y no creo que te agradezca que lo mates a golpes.
Los dos se miraron, Goyle había adoptado una posición retadora pero Draco se adelantó y se plantó entre el chico y Harry, no estaba bromeando, sus ojos se encontraban encendidos en furia y tenía su varita fuertemente apretada en el puño.
- En serio quieres continuar con esto porque no voy a discutirlo contigo, te di una orden- concluyó Draco en tono amenazador.
Goyle sabía que no le convenía ponerse en contra de alguien como Malfoy, simplemente no estaba a su altura, así que se retiró a regañadientes –Solo me divertía un poco, no tienes porqué ponerte así.
- Tu concepto de diversión es completamente infantil, mejor vete a hacer algo productivo, inspecciona las celdas del piso de abajo, no tiene caso que ambos vayamos juntos, es una pérdida de tiempo.
-Cómo quieras – gruño de mala gana Goyle y salió de la mazmorra cerrando la puerta.
Draco se quedó ahí parado indeciso y sin saber exactamente que hacer o decir. Miró nuevamente hacia donde se encontraba Harry y una profunda aprensión en el pecho le asaltó. Un cuenco con agua turbia se encontraba en el piso y junto a el un pan mohoso sin consumir.
Tratando de parecer casual y quitarle importancia al asunto, dijo lo primero que se le ocurrió –Lo siento, ya sabes que tiene aserrín en el cerebro.
Malfoy dio un paso para acercarse más y continuó hablando – No quiero decir que te lo dije, pero si te lo dije. Te dije que el regresaría y no habría nadie que pudiera detenerlo.
Esperaba que Harry se parara furioso insultándole o mandándole al diablo cómo siempre hacía, o por lo menos que bufara para enfatizar que no se encontraba de acuerdo o que diera cualquier señal. Eso le habría tranquilizado. Pero nada de eso paso, no hubo ni el más mínimo murmullo o movimiento. La aprensión que sentía Draco se hizo todavía más grande. Nuevamente dio varios pasos hasta colocarse a un palmo de Harry. Sentía la imperiosa necesidad de estirar la mano y retirar el mechón de cabello que tapaba su rostro. Su mano tembló ligeramente y se detuvo a unos cuantos centímetros, no quería hacerlo pero era más fuerte el impulso que tenía. Sus dedos rozaron los cabellos del chico haciéndolos a un lado. Ahí estaban aquellos grandes ojos color esmeralda que tan bien recordaba, pero Draco lo advirtió inmediatamente, no eran los mismos, era como si les hubieran robado el espíritu, ahora parecían dos cuencos vacíos.
Malfoy se retiró tan rápido que tropezó y cayó de espaldas en el piso, gateo hacía atrás alejándose de ahí sin quitarle la vista a aquellos ojos que le miraban sin verle. Estaba tan impresionado que salió disparado de la mazmorra jurándose a sí mismo que no volvería a entrar a ese lugar. Le encargaría a Goyle que hiciera la ronda de ese piso, no tenía ninguna necesidad de volver a ver aquello.
Pero no fue tan sencillo como esperaba, trató de borrar de su mente aquel incidente, pero esos ojos sin vida le persiguieron en sus sueños y fuera de ellos, hiciera lo que hiciera, estuviera donde estuviera, no podía evitar terminar pensando en Potter pudriéndose en Azkaban.
Durante varios días evadió el lugar hasta que no pudo soportarlo más, un sentimiento de intranquilidad se había apoderado de él atormentándole continuamente y sin proponérselo, al cuarto día después de lo sucedido se sorprendió nuevamente en el piso diez recorriendo los pasillos camino al prisionero número 1500.
En esta ocasión cuando llegó se pasó más de 15 minutos dando vueltas afuera de la mazmorra, dudando en entrar, se dijo que era un tarado por comportarse de esa forma, nadie le iba a reclamar nada y menos Potter. Entonces, ¿porqué estaba tan nervioso?
Haciendo acopio de valor finalmente lo hizo y al abrir la puerta se encontró al mismo Harry macilento recostado en una esquina con el mismo cuenco de agua y el pan ahora ennegrecido junto a el.
El rubio se aproximó lentamente pero se detuvo a cierta distancia colocándose en cuclillas, el cuerpo de Harry sintió la proximidad y automáticamente se encogió haciéndose un ovillo, Draco dijo con voz tranquila -No te voy a hacer nada Potter.
Después se quedó en silencio, escuchando los sonidos de Azkaban, mirando como escurría el agua por las paredes de piedra mohosas por la humedad, en verdad que era un lugar terrible, aquello podría llevar al límite a cualquiera.
Al final su atención se centró nuevamente en Harry y cómo si su interlocutor pudiera responderle, Malfoy preguntó -Siempre me he preguntado porque lo hacías, porque luchabas en contra de todo aunque fuera una causa perdida. Porqué seguro lo sabías ¿verdad?, él es indestructible, no había forma de que ganaras esa batalla. Que fue lo que te impulso, orgullo, poder….era más sencillo que capitularas, pero no lo hiciste, ni siquiera al final cuando te apresaron y te torturaron, ni siquiera en ese momento. Ahora mírate, eres un desastre y todo para qué.
La celda permanecía silenciosa, no hubo ninguna respuesta, pero tampoco la esperaba.
Los ojos de Malfoy recorrieron el cuerpo semidesnudo de Harry y pensó que probablemente debía estar aterido de frío. Saco su varita y sin pensarlo dos veces hizo aparecer una frazada, después con mucho cuidado la acomodó sobre el frío cuerpo del chico.
Arrepintiéndose inmediatamente de su acción, Draco frunció el ceño moviendo la cabeza en actitud desaprobatoria, ¿Qué demonios estaba haciendo?….estuvo a punto de retirarla y salir corriendo de ahí, pero al escuchar la respiración suave de Harry dormido, Draco se detuvo, después se sentó en el piso sin hacer ningún ruido … le dejaría descansar solo unos minutos – se dijo- que daño podía hacer aquello..
