CAPITULO 9

ENTRE NOSOTROS

Fue difícil, muy difícil. Draco tuvo que hacer acopio de toda la paciencia que tenía, aunque en ocasiones realmente la perdía. Continuamente se frustraba por la falta de avances, las mil ideas y esperanzas que tenía al principio se estaban desvaneciendo rápidamente y era justo decir que había llegado a un punto donde se encontraba más que perdido. En esos momentos de desesperanza, maldijo una y mil veces el día en que su camino se cruzó con el de Harry. Si hubiera hecho caso a sus instintos seguramente que en ese instante estaría tranquilo en la Mansión Malfoy disfrutando del buen asado de los elfos domésticos. Por supuesto sabía que esos pensamientos no eran del todo ciertos pero igual le consolaba un poco hacer el papel de víctima para variar.

¿Porque las cosas tenían que ser tan tremendamente lentas?, todo con Harry tenía que ser así y de no tener evidencia de su estado, juraría que el moreno lo hacía a propósito. En ocasiones avanzaban un paso para luego retroceder dos. Ciertos días Harry amanecía muy atento, con una mirada casi lucida, pero otros días simplemente permanecía en un estado de duermevela con la mirada tan perdida que el rubio tenía que levantarse a comprobar que en efecto seguía respirando.

La soledad en ese lugar olvidado era avasallante y si a eso se le sumaba su aislamiento voluntario, la cosa se tornaba un poco más dramática. De vez en cuando Malfoy salía de la cabaña, caminaba hasta la orilla del mar y le gritaba a las olas que se callaran tan solo para comprobar que aún tenía voz y para desquitarse con algo.

No es que todo fuera tan malo, paulatinamente y poco a poco con sus cuidados fue logrando alguna estabilidad en el comportamiento de Harry, por lo menos física.

Por ejemplo, el asunto de la comida había mejorado excepcionalmente, ahora no era necesario que Draco funcionara como el masticador oficial de Harry. Este último se alimentaba de maravilla siempre y cuando alguien acercara algo comestible a su boca. El baño también resultó ser una agradable sorpresa, a Harry le gustaba demasiado y si Draco no le obligaba a salir el primero podía permanecer todo el día en la tina, hasta que se volvía pasita. Su posición también mejoro, el moreno ya no se quedaba encogido todo el tiempo cerca de un rincón o hecho un ovillo en el piso. Se dejaba dirigir dócilmente a cualquier lugar, se sentaba donde le colocaban y permanecía ahí, siempre que no hubiera sonidos fuertes o algo que le alterara.

Pero fuera de lo anterior Draco descubrió con gran decepción que su estado mental no mejoraba. Sus ojos no develaban ningún señal de reconocimiento o de encontrarse más cerca de hacerlo.

El rubio se obsesionó con la idea de encontrar el estímulo adecuado que milagrosamente lo sacaría de su mutismo y probó todo lo imaginable y también lo inimaginable, incluso recreo la imagen de sus mejores amigos, de Dumbledore, de Ron, de Hermione y de muchos otros. Pero por más que trató de provocarle con cosas agradables no obtuvo la más mínima respuesta.

El tiempo se cobró la cuota con creces y fue transcurriendo inexorable, los días se hicieron semanas y las semanas meses. Desesperado, Draco pensó que si Harry no reaccionaba con cosas agradables tal vez lo haría con algo desagradable, principalmente si era algo que le hubiese impresionado mucho cuando estaba aquí, por ejemplo el día que le apresaron, el día que le violaron ….Dudo, pero se decidió, si eso le daba alguna posibilidad de regresar a Harry de donde estuviera, valía la pena intentarlo. Fue una serie de conjuros y hechizos muy complicados, pero se las ingenió de maravilla para que los sonidos fueran lo más cercanos a la realidad, se asombró de la cantidad de detalles que recordaba…. Para su mala suerte recordaba muy bien como habían sucedido las cosas.

Harry permaneció sentado en medio de aquellas figuras transparentes que le amenazaban y el ruido ensordecedor de los gritos de los mortífagos insultándole. Una y otra vez apareció la imagen torturada del pelirrojo y la cara de extrañas facciones de Voldemort. Fenrir se acercó amenazadoramente a Harry, todo fue lo más real posible hasta que el propio Draco no lo soportó más y se detuvo. Nada paso, aparentemente Potter ni siquiera había parpadeado, era Draco quien estaba más que impresionado. Más tarde comprobaría que aquello si había tenido un efecto aunque no fuera el que esperaba. Harry retrocedió a los primeros días, dejó de comer, se arrinconó por las esquinas y permaneció casi inmóvil.

Por supuesto se sintió muy mal, el no pretendía torturar al moreno de esa forma y se pasó acariciando su cabello y susurrándole en tono de disculpa- Lo siento, no más, prometo que no volverás a ver esto, ya todo paso. Le tomó casi un mes volver avanzar y juró que de ahí en adelante Harry solo tendría experiencias positivas. Había sido un estúpido al pensar que su cuerpo no percibía el entorno, ahora quedaba claro que no era así.

Con el paso de los días, la tranquilidad de Potter fue afectando a Draco. La calma y pasividad de Harry influyó en el rubio y poco a poco fue sedándolo. En ese estado el chico fue más perceptivo a muchas cosas que hasta el momento le habían pasado desapercibidas.

Por ejemplo, fue descubriendo pequeñas reacciones en los movimientos del moreno, le parecía adivinar lo que quería tan solo con mirar sus ojos esmeraldas. El rubio se preguntaba si realmente lo percibía o eran figuraciones suyas provocadas por los grandes deseos que tenía de que fuera así.

También aprendió a detectar las sutilezas en el cambio de su expresión intuyendo las cosas que eran del agrado de Potter. Por ejemplo, con las donas de chocolate Harry comía ávidamente mientras que con el repollo y el brócoli se tardaba años en masticar. Una tarde de forma inesperada y sin previo aviso Harry había escupido un pedazo de brócoli y Draco le miro estupefacto. Lo intento varias veces, no es que hubiera decidido ponerse a torturar a Harry con el vegetal, simplemente se trataba de querer comprobar que en efecto el moreno tenía algún tipo de reacción hacia algo. Así que después de ver por lo menos diez veces como el brócoli salía volando hasta la mesa, Draco le dijo sonriente.

-Eso está muy bien Harry, ya entendí, no más brócoli.

Si Potter percibía los sabores sería bueno estimularle de esa forma. Así que no hubo un solo día en que Draco no intentara nuevas recetas y formas de cocinar los alimentos, por supuesto tuvo que aprender. Ese tipo de faenas nunca las había hecho, de eso se encargaban los elfos domésticos. El primer día que lo intentó estuvo a punto de chamuscar la cocina y al final logró obtener una cena a base de carne semicarbonizada y un dulce de calabaza demasiado duro y pastoso. Harry había escupido la carne semicarbonizada y también el dulce de calabaza. Draco terminó dándole un sándwich de mermelada no sin antes reclamarle algo ofendido -Deberías de cometértelo, sería lo educado.

Tal vez fue en ese momento en que Malfoy comenzó a percibir todo de una forma diferente, en lugar de obsesionarse en forzar las cosas, se concentró en dejar que fluyeran y tomaran su propio cauce.

Inició una hortaliza en el jardín lateral para diversificar sus actividades, claro usaba la magia todo el tiempo pero eso no le quitaba el mérito. Nunca había sembrado ni visto crecer nada en su vida, fue toda una sorpresa que de aquellas cositas tan chiquitas llamadas semillas saliera algo como un jitomate. Draco se dio cuenta que estaban rodeados de vida y retomó sus largas platicas con su silencioso oyente, con los cangrejos, con las gaviotas e incluso hasta con las plantas del jardín.

También resultó que los libros le proporcionaron solaz manteniendo su mente alejada de sus constantes cavilaciones. Leyó vorazmente los grandes volúmenes de hojas exquisitamente empastadas, había de todos los temas, pero sus predilectos eran los dedicados a la poesía. Le parecía increíble que los muggles tuvieran ese tipo de expresión escrita. Las palabras fluían como la miel y expresaban de una forma precisa y bella sus propios sentimientos e incluso, le ayudaron a entender lo que anidaba en su corazón.

Draco quería compartir todo lo hermoso de aquellas palabras con Harry, así que se sentaba y le leía en voz alta por horas, no sabía si el moreno escuchaba algo pero intuía que por lo menos no le desagradaba ya que permanecía atento con la cabeza ligeramente inclinada hacia donde el se encontraba.

También daban largos paseos todos los días, caminaban casi hasta el embarcadero y de regreso, era importante que el cuerpo de Harry hiciera ejercicio. Le tomaba de la mano y el moreno le seguía sin resistirse. Harry entrecerraba los ojos sintiendo los últimos rayos del sol en el rostro mientras el atardecer llegaba a su fin. Había momentos en los que se detenía y miraba al horizonte largo rato, el rubio se mantenía a su lado también observando. Un día, un pelícano aterrizó y caminó hacia ellos balanceándose como una boya, a Draco le causó tanta risa la extraña ave que le tiró un pedazo de pan que traía en el saco. A partir de ese instante el ave les esperaba a la misma hora para acompañarlos en su caminata. El rubio pensaba que debían verse muy raros los dos tomados de la mano mientras un pelícano les seguía como si fuera un perrito faldero. Hasta en eso eran "diferentes", acaso era mucho pedir una mascota "normal".

Y así fueron sucediendo las cosas, el día iniciaba y terminaba apaciblemente, en un paraíso perdido apartado de todos los horrores de la realidad. Draco tuvo que reconocer que después de odiarlo ahora disfrutaba cada minuto que pasaba con Harry en esa vida simple.

Se bañaban, alimentaban, caminaban, leían y a veces hasta observaban el atardecer sentados en la arena dejando que polito (su pelícano mascota), brincoteara a su alrededor como celebrando la vida.

Le gustaba el cabello de Harry revuelto por el aire y el cielo anaranjado y rosa del atardecer iluminando su cara. Los dos admiraban aquel espectáculo de colores y las olas juguetonas les traían conchas de mar y espuma blanca hasta la orilla. También adoraba los sutiles cambios de expresión del moreno, así como su cara cuando escuchaba las poesías que le leía, pero sobre todo Draco amaba sentir a Harry en sus brazos durante la noche. El rubio enterraba su nariz en el pelo de Harry, percibiendo ese olor que lo hacía desfallecer. Disfrutaba de ese momento intimo sintiendo como su cuerpo del moreno se apretaba muy fuerte a el.

El otoño tocaba a su puerta y cuando el rubio revisó su diario se dio cuenta que había transcurrido casi un año desde su llegada a ese remoto lugar, Por todos los santos, pensó, tan rápido había pasado el tiempo?, parecía que apenas ayer habían escapado de Voldemort.

Tal vez al inicio aquello le hubiera afectado demasiado, pero ahora el paso del tiempo ya no significaba nada. Para bien o para mal ahí estaban y eso lo tenían que celebrar. Draco corrió a la cocina, era momento de preparar una cena especial. Al anochecer en una mesa elegantemente preparada a la luz de los candelabros, dos figuras permanecían silenciosas sentadas una frente a la otra mientras el fuego de la chimenea ardían perezosamente.

A Draco le hubiera gustado que Harry dijera algo, que compartiera con el como un igual, pero sabía que eso no pasaría, existía la remota posibilidad de que Harry reaccionará algún día pero siendo realistas lo más probable es que jamás lo hiciera…No era el futuro que tenía soñado y nadie le culparía si desaparecía, pero el tiempo en que pudo haber escapado de todo aquello había pasado, y lo supo desde el día en que tomó la determinación de alimentarlo, ahora su necesidad de protegerle no lo dejaría huir de ahí… Pero para Draco ya no se trataba solo de eso, ya no se trataba de que Harry reaccionara o no…él le amaba, le costó mucho tiempo reconocer sus sentimientos, pero ahora lo sabía, le amaba y por tanto su destino estaba ligado para siempre al de Harry, aceptar eso era probablemente lo más trágico de todo…

Draco levantó su copa y acercándose al moreno le dio un beso en la frente diciéndole - Feliz aniversario, amor¡