Autoria original en español: SUKESEJME

Yo solo comparto su historia ^^


CAPITULO 19
"Orbis serpentis"

El haberlo imaginado era muy diferente a vivirlo, pensó que sería difícil, pero aquello estaba fuera de cualquier predicción. Ni por un momento había pasado por su cabeza que las cosas se fueran a salir totalmente de dimensión.

Ya había estado una vez en el centro del huracán cuando huyó y se llevó a Harry con él, pero las reglas habían cambiado y de qué forma, al grado de que su intención inicial fue puesta a prueba, dejó de preocuparse por colocarse en una buena posición y empezó seriamente a preocuparse por sobrevivir. Nadie compartió nada con él, ni nadie tuvo el más mínimo gesto de amabilidad, por el contrario el ambiente era simplemente brutal. Así que Draco tuvo que recurrir a toda su habilidad para aprender a marchas forzadas y poco a poco descubrió algunas reglas de "oro" que asumió le mantendrían relativamente alejado del peligro. Las escribió en un letrero bien grande que colocó en el techo justo debajo de su cama para tenerlas siempre presentes. Desde el suave y mullido colchón todas las noches leía:

1. Si preguntas te mueres.
2. Preferible que no regreses a que regreses sin haber cumplido la misión.
3. Porque hechizarlos si puedes matarlos.

Estas reglas le quedaron claras por los ejemplos "prácticos" tan instructivos que recibió. Recordó que tan sólo en su primer día, un mortífago alto de pelo pajizo llamado Blumer le ordenó junto con otros tres principiantes, salir a cazar duendes de jardín. Malfoy estaba por abrir la boca para decir algo pero afortunadamente para él, un muchacho altivo que no tendría más de 17 años le arrebató la palabra y cuestionó cuál era objetivo de aquello, apenas terminó de pronunciar la frase cuando ya se encontraba en el piso muerto. Después Blumer indagó si alguien tenía algo más que decir, por supuesto todos salieron en fila sin decir nada mientras el cuerpo del muchacho se quedaba ahí tirado. Así eran las cosas.

En su tercera misión Draco había vivido en carne propia las consecuencias de equivocarse. En esa ocasión les encomendaron la tarea de conseguir determinada información del propio Palacio de Westminster en la Inglaterra muggle. La operación fue perfecta, entraron y salieron de una forma limpia y eficiente. No hubo muertos, el rubio hechizó a los vigilantes nocturnos y estos durmieron plácidamente sin enterarse de nada, en unas horas despertarían sin recordar gran cosa.

La información llego rápidamente a las manos del Sr. Oscuro pero pese a esto, Voldemort no estaba complacido, no entendía porque a esos muggles se les había permitido vivir. Todos los dedos acusadores apuntaron a Draco quién era el que había sugerido el plan completo de la operación y por supuesto, el responsable de aquel error.

El rubio no lo negó, aceptó las consecuencias. Afortunadamente no le mataron, pero el castigo no se hizo esperar. Dos filas de magos oscuros se formaron a lo largo de la estancia y Draco tuvo que pasar por en medio soportando cualquier conjuro, hechizo o maldición que le mandaran. Todo estaba permitido, salvo la maldición asesina. Corrió lo más rápido que pudo pero hubo momentos en que el dolor era tan fuerte que caía de bruces, sólo el instinto de supervivencia y su gran persistencia fueron los que le mantuvieron en movimiento, si se hubiera quedado ahí tirado le habrían matado sin piedad. Nunca más cometió ese error, la lección había sido asimilada.

Otra cosa que descubrió al paso de los días fue que aquel reducido mundo estaba dividido por clases. Por supuesto, se encontraban, los que como él, se les denominaba "principiantes". Eran la última manzana del tonel y estaban obligados a cumplir cualquier orden que les dieran los demás por idiota que fuera. El no acatarlas, podía significar la muerte dependiendo del humor del Sr. Oscuro. No había reglas para eso, en ocasiones un simple error podía desatar una furia sin precedentes y en otras no, cuestión de suerte. Los principiantes eran el grupo más vulnerable, morían como moscas, por eso a Voldemort no le importaba aceptar continuamente nueva sangre, pero era un elitista, siempre buscaba a sus principiantes entre lo más exclusivo de las familias pudientes de sangre pura. Pocos principiantes llegaban a soportar el maltrato y muchos menos lograban escalar a otra posición. El Sr. Oscuro no tenía empacho en despachar hasta a los vástagos de los más famosos políticos del Ministerio. En eso era condenadamente democrático el muy maldito.

El segundo nivel estaba conformado por seres oscuros útiles para la causa pero que no gozaban de voz, voto, ni de muchos privilegios, eran por así decirlo la "fuerza" bruta de Voldemort. Les seguían los mortífagos que tenían el privilegio de portar la marca tenebrosa por sus sobresalientes habilidades mágicas oscuras. Pero el grupo más interesante era sin duda el que se encontraba rodeando a Voldemort. Eran los líderes detrás de cualquier operación. Este grupo lo sabía todo o por lo menos, casi todo. Se hablaba mucho de sus miembros y existían un sin número de historias que a Draco se le antojaban más un mito que una realidad. La verdad era que nadie tenía información confiable sobre esta clase de seres oscuros de elite, los cuales nunca se mezclaban con los miembros de otras clases salvo para aspectos estrictamente de trabajo y tal vez algunas de placer.

Malfoy sabía que lo mejor para sus propósitos era formar parte del grupo líder, sin embargo no era fácil, solo existían dos caminos y ninguno de ellos parecía muy prometedor. El primero era haciendo algo excepcional en las misiones asignadas y el segundo en duelo. Oh si, era casi como un deporte obligado retar a otros. No se te permitía mantener un bajo perfil, siempre había alguien que quería medirse contigo y entonces se desataba la encarnizada lucha por la supervivencia. Generalmente el duelo finalizaba con la muerte de alguno de los combatientes, pero si por casualidad no era así, el que perdía era rematado por el entusiasta público presente, rara vez se le perdonaba la vida a alguien. La recompensa, el vencedor podía ascender a la posición del derrotado, sin embargo si el nivel del perdedor era igual o menor, el ganador únicamente disfrutaba de la satisfacción de su triunfo y por supuesto reafirmaba su poder ante los demás. Una forma bestial pero increíblemente efectiva. Mantenía a todos muy atentos y en forma ya que nadie tenía su posición asegurada. Pero el que más disfrutaba con esa competencia era el propio Voldemort, se sentaba a observar los combates mientras los dos agujeros en medio de su cara que hacían las veces de nariz se expandían y contraían presa de una gran excitación.

Para Draco era obvio que no podría pasar de ser un aprendiz sino mejoraba sus habilidades en combate, así que el mismo se impuso la tarea de practicar y aprender cualquier suerte de magia oscura o lo que fuera necesario para defenderse. Todos los mortífagos de niveles superiores vigilaban atentamente a los principiantes y ante la más mínima sospecha de amenaza preferían matar a la semilla en cimientes que arriesgarse. Claro, siempre existían las alianzas y no era raro que un mortífago mayor "apadrinara" a un principiante para protegerlo. Sin embargo, esa protección tenía siempre un repugnante precio y el pobre chico o chica que había confiado en la buena voluntad de su salvador, se encontraba un día sexualmente atacado por su amable protector. En ocasiones los gritos de la primera vez se escuchaban por todo el gran comedor mientras los demás lo ignoraban y continuaban ocupándose de sus asuntos. Algunos principiantes lo superaban, muy pocos se rebelaban, la mayoría desertaban o morían en el intento.

A Draco le llovieron ofertas, pero el no había llegado ahí para ser la perra de nadie o por lo menos no de cualquiera. Esa decisión fue muy arriesgada y tal vez utópica porque la respuesta no se hizo esperar. La primera semana fue retado por lo menos una docena de veces por principiantes a las órdenes de los mortífagos desairados. No tardó en despacharlos, pero no fue cosa sencilla, en ocasiones regresaba molido a la Mansión y Lucius le esperaba ansioso para "arreglarle" y dejarle listo para el siguiente round. En su expresión había reproche e inconformidad por esa locura, pero permanecía extrañamente callado y resignado, atendiéndole con tanta dedicación que no lo podía creer. Las cosas fueron subiendo de proporciones y por un momento no estuvo seguro de poder seguir aguantando aquel ritmo, cada vez eran más los retadores y la presión se magnifico para doblegarle. Por una extraña suerte (o desgracia?), antes de que finalizara el mes los retos cesaron y Draco pudo tomar un respiro, no se le escapó que aquello era posiblemente obra de alguien con poder y espero pacientemente a que el redentor exigiera su precio. Pero nada pasó y Malfoy disfrutó de un relativo descanso, sin embargo intensificó sus entrenamientos, tenía que proteger su pálido trasero literalmente hablando.

Es justo decir que lo que tuvo que hacer esos días para sobrevivir fue despiadado, si antes sentía que sus pecados necesitaban pagarse con sacrificio lo que ahora estaba haciendo tal vez no podría alcanzar algún tipo perdón. Le atormentaba la idea de no saber si al final las cuentas le saldrían, ¿Se equilibraría la balanza? Le hubiera gustado que Severus estuviera ahí para ayudarlo a dirimir su conflicto, quería saber cómo había soportado durante años esa dualidad, cómo podía hacer lo que tenía que hacer y después irse a dormir.

También confirmó lo que ya sospechaba, aún y cuando lograra formar parte del grupo elite, quedaban muchos asuntos por resolver. El Sr. Tenebroso aún seguiría en el epítome de su poder y el grupo que le rodeaba formado a lo largo de esos años a punta de varita también.

Eso le desanimaba realmente y nuevamente su sentido común le decía que todo era un gran desperdicio de energía, aún así y por las razones que fueran ahí estaba participando en la locura colectiva, sabía que era mejor luchar conociendo al enemigo que ignorando todo de él.

Las cosas siguieron su curso y a finales de Noviembre un hecho lamentable cambió la situación acelerando los inevitables eventos. Ese día, como siempre que se aparecía por el comedor, los mortífagos no tardaron en molestarle para imponerle alguna fastidiosa tarea. En esta ocasión se trataba de limpiar una de las salas comunes de la presencia de duendecillos, las condenadas criaturitas de color azul eléctrico se habían apoderado del lugar convirtiéndose en una verdadera plaga. Draco con un suspiro de resignación se dirigió al ala norte del castillo para cumplir con su tarea y se entretuvo gran parte de la tarde reventando duendecillos como si fueran pompas de jabón, sólo se escuchaba paf paf y las pobres criaturas desaparecían para siempre. Cuando estaba por terminar, alguien más se unió al espectáculo haciendo su aparición en la puerta del salón:

-Vaya Malfoy, parece que te has estado divirtiendo- dijo un hombre de pelo muy negro con una sonrisa en los labios, Draco lo identificó inmediatamente, era una de las caras más conocidas en esos días, Amycus Carrow.

No contestó, no era necesario, se trataba de algo de humor ácido al estilo mortífago. Carrow caminó dando la vuelta por la gran habitación.

-Sabes?- continuó- si quisieras las cosas podrían ser mucho más fáciles para ti.

Draco sonrió, lo sabía, sabía que en cualquier momento alguien reclamaría aquel derecho. Amycus ahora pertenecía al grupo selecto de Voldemort y gozaba de una buena fama de sádico. Era pendenciero, vengativo y completamente neurótico, pero se murmura que perdía la razón cuando de jóvenes lindos se trataba, el tipo de aliado que podría ser valioso para sus fines. A esas alturas Malfoy no se cuestionaba si le joderían, lo único importante era quién lo haría. Afortunadamente su naturaleza nunca había sido reprimida, él era una persona esencialmente sexual que había disfrutado de muchos placeres hasta que su destino compartido con Harry le había llevado a la abstinencia forzada. No sería la primera ni la última vez que usaría su atractivo como herramienta para manipular y seducir a alguien en beneficio propio.

Draco barrió con la mirada a Carrow diciendo maliciosamente.

-Es un ofrecimiento?

Al hombre le brillaron los ojos de deseo y el rubio dejó que hiciera el primer movimiento. Amycus no tardó, ansioso, se abalanzó aprisionándole contra la pared mientras sus manos abrían su camisa de un jalón desprendiendo todos los botones. Pero Draco también sabía jugar aquel juego, así que rápidamente se revolvió y dio una vuelta cambiando de posición dejando al otro de espaldas al muro. El también rasgo la ropa de Carrow dedicándose a recorrer con su boca su pecho para mordisquear sus tetillas. El mortífago cerró los ojos, gemía levemente y Draco le observó concentrado en sus reacciones como si se tratará de un experimento, era tan predecible que no le costó trabajo apretar los botones indicados.

Después se alejó del hombre mientras caminaba hacia atrás desabrochando uno a uno los botones de sus vaqueros. Llegó hasta una tumbona y se recostó ligeramente, acariciando con su mano su abdomen sobando su sexo aún dormido. Amycus le siguió y no tuvo ningún reparo en ponerse de rodillas para masturbarlo con su boca. Era tosco, impaciente y realmente malo pero le dejó ser, estaba cansado de hacerlo solo en la regadera pensando en el moreno de sus amores que jamás le correspondería, necesitaba algo más tangible, algo más real, necesitaba que alguien le tocara. No era lo que le hubiera gustado, pero que se le iba hacer, si lograba el objetivo podía matar dos pájaros de un tiro. Aquello no duró mucho, Carrow quería seguir adelante, la complacencia no era su estilo. Así que tomó a Draco por la cintura y lo giró de espaldas, el hombre se recostó prácticamente sobre el mientras mordía su cuello y jalaba su cabello hacia atrás.

Malfoy se relajó, quería perderse en la experiencia para minimizar el dolor y su mente se llenó con los recuerdos de unos ojos color esmeralda y el aroma de la piel de Harry. Sin embargo, era difícil evadirse cuando el tipo a su espalda se empeñaba tanto en infligir dolor. Aún así se concentró imaginándose que era Harry el que le estaba haciendo esas cosas y entonces si se excitó.

Desafortunadamente el imbécil de Amycus volvió a abrir la boca y el encanto se rompió -Vamos a ver si haces honor a tu apellido – dijo con voz entrecortada por la agitación.

Draco regresó ligeramente de sus sueños sin captar a que se refería el otro.

-Que dices?- preguntó en un murmullo

-Quiero ver si tu culo es tan apetecible como el de tu madre, quiero oírte chillar igual que Narcisa.

Fue como si alguien le hubiera tirado una cubetada de agua fría, Draco miró por el hombro el rostro del hombre, no sabía si se trataba de un juego o tan solo de una bravuconada.

-De que hablas?- cuestionó

-Shhhh, ya cállate y no te muevas, aquí vamos…

Pero Draco había perdido la inspiración y no estaba para bromas. Carrow no se lo esperaba, se encontraba tan acostumbrado a la sumisión de los demás y su cerebro estaba tan obnubilado por el deseo que no concibió que aquel joven que parecía tan delicado e inocente lo fuera a atacar. Lo único que alcanzó a sentir fue su cuerpo levitando por la habitación hasta que se estrelló contra una columna y en unos segundos quedó inmóvil fuertemente amarrado por las largas cuerdas doradas de las cortinas.

El rubio hizo un conjuro sellador en las puertas de acceso para evitar interrupciones y después se acercó apuntando su varita mientras cuestionaba nuevamente:

-Dime que le hiciste…

-Maldita sea mocoso suéltame ahora mismo o te va a pesar- gruñó Amycus con una expresión colérica en el rostro.

-Tienes acaso algo con que respaldar esa amenaza? No te has dado cuenta de que estas a mi merced. Te conviene decirme que sucedió con mi madre, tú le mataste?

Su pregunta fue respondida con tan sólo un "Vete al diablo". Carrow no estaba dispuesto a contestar preguntas de un condenado principiante, así que comenzó a despotricar insultándole y amenazándole, se encontraba tan rabioso que la espuma brotó por su boca mientras se retorcía para soltarse. Pero el rubio ni siquiera se inmutó, en su mente estaba fija una idea y no se iría de ahí sin obtener algunas respuestas, así que levantó su varita y sin decir nada crucio al hombre hasta que este puso los ojos en blanco.

-No seas idiota, mejor te vale contestar porque esto no va a terminar hasta que hables – amenazó Draco una y mil veces pero Amycus era un hueso duro de roer, nada le ablandó ni siquiera la amenaza de morir, el hombre bramó como una bestia durante una larga hora y aguantó todo el arsenal de Malfoy. Simplemente prefería morir a darle la satisfacción de decir nada. Casi al final cuando Carrow estaba enloquecido por el dolor, le gritó a Malfoy escupiendo las palabras con odio.

- Quieres saberlo, quieres saber que le paso a la perra de Narcisa?

-Dímelo ya – exigió el rubio, a punto de perder el control.

-De verás quieres saberlo?

-Déjate ya de estupideces, tú le mataste no es cierto? dilo, tú la violaste y la mataste, cuantos más participaron?, dame los nombres, te juró que si no me lo dices te voy a…

El hombre interrumpió y en tono sarcástico contestó disfrutando el impacto de cada una de sus palabras - No fui yo, pero de haber tenido la oportunidad no me hubiera importado hacerlo, todo el mundo sabe que los Malfoy son buenos solo para dos cosas "desertar y joder". ¿Porqué no le preguntas al cobarde de tu padre que pasó con Narcisa?-Amycus rió como un demente y fue lo último que hizo antes de que Draco atormentado por aquellas palabras le hiciera reventar como una pompa de jabón igual que a los duendecillos. Su sangre y entrañas se esparcieron por toda la habitación salpicando al rubio, este dejó que aquello le empapara como si fuera una lluvia refrescante de verano. Después salió de ahí apresurado, tenía que encontrar urgentemente a Lucius.

Como siempre, estaba en casa, lo encontró en el salón principal con la eterna copa de whisky en la mano y la mirada perdida en el hogar de la chimenea.

Malfoy padre, abrió mucho los ojos al ver a su vástago entrar de aquella forma bañado de sangre –Que te pas…-empezó a decir, pero antes de que pudiera siquiera asimilar lo que sucedía, el rubio ya le había tomado de la solapa del batín y arremetía contra el, el anciano cayó de espaldas en el piso con su adorado hijo encima.

- Que le paso a mi madre?- cuestionó Draco casi sin aliento por el esfuerzo que estaba haciendo para contenerse.

Lucius quiso hablar y decir algo pero las palabras se le atoraron en la garganta y no lo logró. Malfoy le zarandeaba interrogándole, pero el hombre no podía articular palabra, se limitaba a gorgorear frases ininteligibles, estaba a punto de cruciarlo, pero un último atisbo de pensamiento lógico en el fondo de su cerebro le contuvo y trató de formular una última pregunta. -Por todos los santos Lucius dímelo, ¿tú le mataste?- Lucius negó con la cabeza.

-Entonces, tú la entregaste para que la torturaran, compraste tu salvación?- El anciano cerró los ojos y unos gruesos lagrimones rodaron por sus mejillas mientras continuaba negando con la cabeza.

-Porqué no hablas? Respóndeme.- El hombre apretó fuertemente los labios señalando con su mano su boca - No puedes hablar? Te hechizaron?- Lucius movió afirmativamente la cabeza.

Malfoy se quedó silencioso, conocía la respuesta a su pregunta pero igual la formuló – Fue Voldemort? Él provocó la muerte de mi madre? - La mirada de terror que le dedicó Lucius fue más que explícita, no necesitaba más.

El anciano se aferró a su brazo intentando detenerlo, pero sus fuerzas no fueron suficientes, el rubio desapareció nuevamente de la Mansión con rumbo a su inevitable destino.

-o-

Draco solo pensaba en la venganza, las sienes le latían como si fueran a explotarle, estaba dispuesto a matarle o a morir en el intento, en ese momento de furia su mente racional se esfumó dejándole presa sólo de un sentimiento de odio. El comedor de Hogwarts estaba inusualmente silencioso, toda la actividad había cesado, los espectros de sus recuerdos le acompañaron por el largo salón. Caminó sigilosamente dirigiéndose al fondo, esperaba ver en cualquier comento el despreciable rostro de Voldemort para disparar su maldición, después nada importaría.

Desafortunadamente no tuvo la oportunidad, antes de poder localizarle una marea de mortífagos aparecidos de la nada se precipitaron sobre de él apresándole mientras lo empujaban hacia la tarima principal. Draco se debatió como demente pero eran demasiados. Seguro que el desastre que había dejado en la sala común del ala norte no había pasado inadvertido, hubiera sido más prudente esconder la evidencia, ahora era demasiado tarde. El rubio fue arrastrado hasta el centro del pódium, se encontraba en medio de una veintena de mortífagos todos pertenecientes a la clase elite. Draco se incorporó y dio lentamente la vuelta mirándoles desafiante mientras los rostros crueles de todos aquellos hombres y mujeres se sucedían uno tras otro observándole como si fuera un espécimen raro. Tenía su varita fuertemente apretada y estaba dispuesto a vender cara su vida, nadie se movió y Malfoy tuvo la impresión de que todo se movía en cámara lenta.

Una voz fuerte y profunda retumbo en el recinto, todos voltearon a mirarle incluyéndole a el. Yaxley apareció al fondo y empezó a hablar dirigiéndose a los presentes.

-Orbis serpentis- dijo en un tono solemne, casi religioso.

-Orbis serpentis- respondieron los demás.

Yaxley continuó- El Orbis serpentis no acepta debilidades, no acepta flaquezas, ni tampoco titubeos ni traiciones. Amycus Carrow fue un miembro destacado de nuestro grupo pero sucumbió a sus pasiones, fue desprevenido y al final este mago que ustedes ven aquí supo aprovechar esa debilidad. Ninguno de nosotros es importante en la individualidad pero si en la congregación. Cada uno de nosotros es un eslabón en la esencial cadena que protege y mantiene a este mundo pero sobre todo a lo más importante del mismo, nuestro líder. Un eslabón débil no es aceptable. Por eso la muerte de Carrow es afortunada, los eslabones defectuosos deben desaparecer.

Después dirigiéndose a él exclamó -Draco Malfoy has proporcionado un buen servicio eliminado a un miembro débil, de acuerdo a nuestras reglas podrías tener el derecho de ascender y formar parte del Orbis serpentis. El Sr. Oscuro ha dado su anuencia y ahora te pregunto Draco Malfoy, estás dispuesto a recibir la marca especial?

Al rubio le pareció que aquella pregunta era tan sólo una formalidad, se preguntó que pasaría si se negaba, no lo trato de averiguar, en su lugar se inclinó respetuosamente contestando:

-Por favor, será un honor.

-Perfecto- dijo la voz profunda de Yaxley.

Aquello no fue como la marca tenebrosa, ni tampoco como un cetro dándole golpecitos en el hombro, no aquello fue más intenso. La espalda de Draco fue descubierta y dos mortífagos le tomaron por los brazos deteniéndole mientras de un fuego brotó la forma de una serpiente cubierta por llamas. Esa serpiente de fuego voló hasta la espalda del rubio moviéndose ondulatoriamente a través de su piel imprimiendo la forma de la cabeza de Voldemort. La cicatriz que dejaría aquella herida permanecería con él para siempre.

Draco no sintió dolor, la adrenalina que corría por sus venas le ayudó, esperaba que en cualquier momento aquel rostro de horribles facciones ahora dibujado en su piel se apareciera, pero el discurso de Yaxley parecía interminable. Después de un rato, una voz sedosa y siseante interrumpió.

-Ya basta Yaxley, me tienes aburrido…

Todo el mundo se inclinó como si hubiera entrado en el recinto una divinidad. Voldemort apareció, había permanecido oculto todo ese tiempo favorecido por las sombras de la noche.

Draco no pudo evitar mirarle con desprecio, la marca en su espalda le escocia, por primera vez la notó.

El Sr. Oscuro caminó sereno entre sus seguidores, mirando intensamente a Draco. El rubio esperaba impaciente a que el camino en su tiro estuviera despejado, si lograba su tarea no solo vengaría la muerte de su madre sino que resolvería el destino de otra persona a la que amaba profundamente. Era un impulso completamente irracional, pero sus entrañas se lo exigían. Por Merlín, como dolía la marca.

Voldemort continuó hablando pausadamente.

-Esa marca es un regalo – exclamó – cualquiera que la porte es digno de mi confianza absoluta.

Draco permanecía inclinado esperando la oportunidad, la mano le dolía por lo fuerte que sostenía su varita, pero el Sr. Oscuro seguía paseándose entre los mortífagos, todavía no, pensó, aguarda un momento más, necesitas un tiro limpio.

-Sabes porqué –continuó- la marca es diferente para cada quien pero sin importar que, impone fidelidad absoluta incluso a costa de su poseedor ¿Lo entiendes?

-Si mi señor – contestó Draco sin prestar mucha atención a lo que decía Voldemort, estaba casi hipnotizado, el Sr. Oscuro había finalizado su paseo y se había colocado frente a él, se preparó, un pequeño giro y sería suyo ¿moriría? No estaba seguro.

-Me parece que no lo entiendes completamente – declaró Voldemort- déjame enseñarte.

El rubio estaba listo, pero justo en ese instante un gran espejo apareció frente de el obstruyéndole…

Draco observó su propia imagen sorprendida. -Eres perfecto Draco, mírate –murmuro Voldemort – tu piel tan blanca y lisa, tu cuerpo joven y fuerte, y tu rostro tan agraciado… pero… que pasaría si me traicionaras.

El rubio seguía viendo su reflejo en el espejo, y su imagen se transformó rápidamente ante sus ojos, su piel empezó a hervir como si se tratará de un volcán en erupción, se le formaron grandes llagas que reventaron en pus y sangre, mientras se le desprendía a tajos la piel dejando al descubierto entrañas y huesos. Su rostro se transformó en una masa informe que se derritió lentamente, mientras uno de sus ojos se salía de su cuenca para quedar colgando fijo y sin vida. Draco instintivamente posó una mano en su rostro o por lo menos lo que quedaba de su mano, al tocarlo el resto de la piel y músculo adherido se cayó y su esqueleto le sonrió desde el espejo, era la imagen más repugnante que había visto. El rubio gimió levemente aterrorizado. Cuando creyó no poder soportarlo más, Voldemort levantó su varita y todo cesó, aquella terrible imagen del ser descarnado en que se convirtió fue una ilusión tan real y vívida que Draco permaneció en cuatro patas en el piso respirando agitadamente. Draco volvía a ser el mismo.

- Un castigo ejemplar y visible para todos los demás, no te parece joven Draco.-exclamó el Sr. Oscuro- La marca es diferente para cada quien, todo depende de los miedos personales y por supuesto de la gravedad de la falta. Así que como vez ya no tengo que preocuparme tanto por la fidelidad de mi círculo. Es algo que les nace desde lo profundo de su ser, pregúntale a tu padre. Él y Narcisa querían desertar, pensaron que no era una traición a mi persona. El resultado, tu madre perdió todos sus poderes volviéndose en una esclava muggle, que debo decir sirvió bien hasta que inevitablemente se suicidó. Tu padre orgulloso y altivo, se convirtió en el ser repulsivo que ahora vez, un viejo humillado, un pedazo del hombre que fue.

-Y tú, Malfoy, si me fallas te podrirás en vida. Espero grandes cosas de tí, sería una lástima destruir tanta belleza, no creen?

Voldemort se rió con una risa siniestra y terrible, mientras todos los mortífagos de elite a su alrededor le imitaban.

-Aprovéchala Draco, redime a tu estirpe o termina como tus padres.

Malfoy temblaba y seguía mirando con ojos de angustia el espejo, esperaba que en cualquier momento su piel empezara a hervir y ampularse mientras se caía a tajos. Nuevamente había obtenido lo que quería… y eso sí que resultaba una gran desgracia.