Capítulo 22:
Pagando el precio...
No, no lo quiero hacer más si no me dices que pretendes- protestó Neville casi al punto de la histeria. No entendía porque Harry insistía en esos "experimentos" como él les llamaba, realmente odiaba lastimarlo.
-Tranquilo- dijo Harry en tono apaciguador- te juro que estoy bien y aún no te puedo explicar porque apenas estoy tratando de entenderlo.
-Pero te estoy lastimando… por favor no más.
-Una última vez Neville y habremos terminado por el día de hoy, lo prometo
Longbottom puso cara de sufrimiento pero apuntó su varita al moreno conjurando la maldición "cruciatus".
Harry cayó de espaldas retorciéndose, parecía que todas sus terminales nerviosas hubieran recibido una descarga, por Merlín aquello sí que era terrible pero era necesario, estaba siguiendo su instinto, algo que casi había olvidado por la falta de práctica, tal vez estuviera un poco enmohecido pero casi podía jurar que ahí había algo, probablemente el secreto de una posible salvación para todos.
Justo cuando pensó que no lo podría soportar Neville se detuvo. Nuevamente nada, ninguna reacción, dio un golpe en el piso con el puño y se quedó tirado tratando de reponerse ¿Por qué no funcionaba? ¿Dónde estaba el error? La respuesta le evadía y no podía detenerse hasta encontrarla, así que estaba por pedirle a Neville que lo repitiera cuando unos rizos castaños asomaron por la puerta anunciando.
–Draco llegará en media hora- dijo Cedric mirando con ojos curiosos la extraña escena.
-Ufff que bueno- gritó Neville bastante aliviado mientras salía corriendo de la sala, Harry abrió la boca para detenerle pero se quedó a la mitad de la intención, al final sólo murmuro –Cobarde…
Potter esperaba al fondo del largo pasillo que daba a la sala del Consejo, sabía que arribaría por la escalera norte, como era costumbre le traerían vendado para evitar que conociera la ubicación de la madriguera. Malfoy fue encantado para olvidar el lugar donde se encontraba la ciudad subterránea, una mínima precaución que podía salvar vidas. Tampoco se le informaba cuáles eran los planes para derrotar a Voldemort, ni que se hacía con la información que les proporcionaba. Harry estaba de acuerdo con todo esto pero por razones muy distintas a las del consejo, sospechaba que entre más supiera el rubio, mayor sería su traición y por supuesto se aceleraría el avance de su hechizo. Por mucho Draco demostró durante esos meses que su intención de ayudar era sincera, aún a costa de su propio bienestar y semejante sacrificio no podía ser ignorado ni siquiera por él. Pese a sus prejuicios, le fue imposible no percibir diferente a Malfoy, al final los sentimientos de resentimiento se hicieron ligeramente a un lado para dar paso a un tipo de extraña camaradería.
Era difícil describir cómo evolucionó su relación en esos días, pero sus destinos de cierta forma paralelos, los hicieron cómplices no sólo en la lucha sino también en el pensamiento, muchas veces Harry iniciaba una frase expresando una idea que había surgido en su cabeza y Draco la terminaba. Independientemente de sus comienzos, Potter estaba aprendiendo a pasos acelerados una lección de incalculable valor: el perdón.
Por supuesto, la mayoría no aceptó ni aceptaría nunca al rubio como un igual y Harry se encontraba en un conflicto constante para evitar que los nervios de algunos miembros del Consejo terminaran en tragedia. El prejuicio hacia los mortífagos era enorme y aunque Malfoy ya no formaba parte de ese grupo, su pasado le marcaba. Sin embargo, el asunto no quedaba ahí, Harry intuía que la situación estaba siendo usada como una excusa para frenar la resurrección.
Eso definitivamente resultaba una completa estupidez, sobre todo ahora que las cosas se encontraban en movimiento, y de ¡qué forma! El consejo subestimó la fortaleza que tenían los habitantes subterráneos.
Cuando se difundió la noticia que se planeaba la batalla y se solicitaron voluntarios, no hubo adulto, joven, elfo, duende o semi gigante que no respondiera con entusiasmo al reto. Existía un potencial tan enorme de energía y valor acumulado que a Harry le pareció que si el Consejo se hubiera tardado un poco más, los habitantes se habrían rebelado para provocar el cambio. Era lógico, no se les podía negar la oportunidad de defender su hogar, de tener por lo menos la posibilidad de salvar sus vidas, pero sobre todo su derecho a forjarse un futuro, sólo necesitaban un ligero empujón y la guía adecuada para el entrenamiento.
Unos pasos apresurados bajando por la escalera hicieron que Harry regresara de sus cavilaciones. Por el recodo aparecieron dos chicos altos llamados Dan y Ted escoltando a Draco. Potter notó casi de inmediato que algo no andaba bien con tan sólo echarle un vistazo, Malfoy caminaba muy lento y se le veía extraordinariamente pálido y demacrado, casi sin poder evitarlo se acercó preocupado cuestionando.
-¿Estás bien?
Draco pensó que era la pregunta más estúpida que había escuchado salir de los labios de Harry, ¿cómo demonios esperaba que estuviera bien? ¿Acaso era normal andar por ahí caminando con la piel podrida a punto de caerse a pedazos? Cada nueva información había significado una nueva traición y la marca estaba cobrando su precio, al inicio lento pero últimamente más rápido. El tormento se convirtió en su acompañante permanente y lo estaba volviendo realmente loco, así que cuando alguien le preguntaba si se encontraba bien, le daban ganas de caerle a patadas. Por supuesto, no lo hizo, por toda respuesta contestó un –Fantástico- en tono cortante.
-Tal vez es mejor que descanses antes de ver al Consejo.- insistió Harry
-Te dije que estoy bien…- recalcó Draco molesto- acabemos con la maldita cosa- se sentía como una fiera y quería descargar en alguien su enojo, así que más le valía a Potter que no se le acercara demasiado. Harry sabía que el rubio mentía y casi pudo percibir el dolor en su voz pero prefirió dejar el asunto zanjado por el momento.
Recorrieron en silencio el corto trecho que los separaba de la puerta de entrada a la sala del consejo y entraron. Malfoy sabía que Harry le observaba detenidamente pensando sabe Merlín en que cosa, pero no le importó, el trataba de concentrarse para lo que vendría, sería una experiencia que por supuesto no disfrutaría.
Lentamente, Draco dio a conocer la ubicación de los principales líderes oscuros en todo el mundo y de los más importantes personajes que les rodeaban, con cada palabra que decía el escozor de sus heridas se incrementaba extendiéndose a través de su espalda para llegar al otro lado de donde se había iniciado. Se encontraba sudando por el escalofrío que le causaban esas punzadas que parecían clavos penetrándole, pero tenía que continuar, si se detenía en ese instante capitularía, simplemente se tiraría en el piso clamando piedad. Sólo un poco más se dijo animándose, si lo soportaba, después de algunas horas el dolor remitiría para hacerse medianamente soportable. Por lo menos, en las ocasiones anteriores así había sucedido, se preguntó cuánto tiempo faltaría para que llegue a un umbral de dolor que le matara.
Fue una suerte poder finalizar sin desmoronarse ante los miembros del Consejo, eso era un gran logro en sí, demostrar debilidad ante ellos, hubiera firmado su sentencia de muerte inmediata. Se recargó disimuladamente en la mesa mientras escuchaba las voces de los que le rodeaban comentando, esperaba que todos se esfumaran rápidamente, necesitaba salir de ahí inmediatamente. Por fin, la reunión se dio por terminada y Malfoy salió apresurado sin despedirse de nadie.
Sus oídos se sentían sordos y le pareció que todo a su alrededor dejaba de existir, lo único palpable era el insistente golpeteo que le atravesaba como si alguien le estuviera cincelando en carne viva. Hasta que llegó a su habitación no se dio cuenta que Harry le seguía.
-Déjame ver - ordenó Potter cuando entraron.
Malfoy le dedicó a Harry una mirada que esperaba fuera más que elocuente, deseaba que desapareciera y le dejara sólo, quería tirarse ahí mismo donde estaba y gritar como demente, tener que permanecer calmo fingiendo que nada pasaba sólo empeoraba el asunto. Pero el condenado de Potter no se movió, por el contrario continuó haciéndole preguntas y pidiéndole que le dejara ver sus heridas, él sabía muy bien porqué estaba ahí y no le agrado nada.
- Ya te dije que no… hazme un maldito favor y lárgate de aquí- le grito furioso. Por supuesto no le hizo caso y Draco le detestó por ello, algo en su interior se revolvió y surgió en él un gran deseo de hacerle daño, quería que Potter se sintiera tan mal como él se sentía.
El otro chico, ajeno a sus intenciones, se acercó poniendo una mano en su hombro mientras decía en tono conciliador –Dime qué puedo hacer por ti, cómo puedo ayudarte.
¿Así que lo quería ayudar? Vaya, eso sería interesante. El rubio caminó de frente haciéndole retroceder hasta acorralarle en una esquina. Antes que el moreno pudiera hacer o decir nada, se apretujo contra su cuerpo, sus rostros quedaron a un par de centímetros. Potter se quedó quieto, tenía el ceño fruncido y colocó las manos enfrente reteniéndole ligeramente. Pero Draco era como lava a punto de estallar así que tomó sus muñecas y las retiro sosteniéndolas sobre su cabeza. Al fin se encontraba donde siempre había querido estar, entre aquellas piernas sintiendo la respiración de Harry en su rostro y el calor de su piel abrazándole.
Los increíbles ojos esmeralda de Potter tenían una expresión intrigante y sus labios se movieron para decir–Tranquilo Draco.
Malfoy le ignoró y con malicia le murmuro al oído- ¿En serio quieres ayudarme? ¿Sabes que me haría sentir muy bien en este momento? Por qué no te pones de rodillas y me das placer, ¿sabes hacerlo, no? Se lo hiciste a Yaxley, a Greyback y a un montón de mortífagos más- esperaba que el moreno explotara en reproches, pero la expresión de Harry no cambió, tan sólo le dijo…
-Te vas a lastimar… por qué no te calmas….
Eso definitivamente le sacó de quicio, el maldito mártir de siempre, ese carácter tan consecuente le tenía harto, si no fuera por esa forma de ser, las cosas podrían haber sido muy diferentes.
-Ya se - continuo- porque mejor no te bajas los pantalones para que pueda hacértelo… sé que te gusta aunque digas lo contrario… ¿quieres sudar un poco conmigo?- Esas palabras debieron hacer impacto en la psique de Potter, pero para su asombro su rostro continuaba inconmovible. Draco no entendía por qué diantres no hablaba ni decía nada, porque se le quedaba viendo como un completo estúpido, el poco control que le quedaba se desvaneció. Una parte de su cerebro, le advertía que aquello estaba mal, mientras que la otra, abotargada por una mezcla de dolor y deseo, le incitaba a hacer cosas despreciables.
Draco pasó su muslo derecho entre las piernas de Potter obligándole a abrirlas más.
- ¿De verás no lo deseas? ¿Aunque sea un poco? – preguntó el rubio mordiendo la oreja del otro.
Pero Harry contestó con un firme y simple –No.
-Vaya no quieres ni pensarlo un poquito, lo dices muy seguro…
El rubio bajó rápidamente su mano izquierda metiéndola en los pantalones del otro mientras escuchaba la respiración entrecortada de Potter probablemente por la sorpresa.
-Veamos la evidencia -dijo- a mí me parece que estas mintiendo- Draco posó su mano sobre el vello púbico de Harry, apretándolo ligeramente y sintiendo su pene escurridizo en sus dedos, lo tocó lascivamente con la intención de continuar hasta sus últimas consecuencias pero se dio cuenta que ahí no había ningún tipo de erección ni nada y eso le plantó en la realidad, hubiera querido decirle -Para alguien que no lo desea, estás completamente duro Harry- pero no era así, Potter no se encontraba ni medianamente excitado.
Su pensamiento lógico regresó y Draco dijo en tono más que vehemente -Pídeme que te deje en paz- Su piel dolía como el mismo diablo, le quito las manos de encima y se quedó recargado en el con su rostro pegado mejilla con mejilla. Malfoy oculto su cara, después se hizo a un lado invitándole a salir.
-Vete de aquí… por favor –susurró.
La habitación comenzó a dar vueltas y sin poder evitarlo cayó al suelo frunciendo el rostro en un rictus de dolor mientras gruñía y maldecía, ya no tenía fuerzas para seguir fingiendo que todo estaba bien. Alguien le sostuvo y Draco no tuvo más remedio que recargar su cabeza dejando que las lágrimas corrieran copiosamente por sus mejillas mientras se retorcía y su cuerpo temblaba como si estuviera aterido por un frío intenso. Aquella terrible experiencia duro por varias horas, era la crisis más larga y más dolorosa que había sufrido desde que todo empezó. Aún con su mente obnubilada por el sufrimiento Malfoy sabía que las cosas habían llegado a su fin y deseo profundamente que no fuera así, de verdad que no quería morir. Después de esos momentos que parecieron interminables, el dolor remitió, lo peor había pasado, lástima que eso ya no sirviera de nada. Los brazos de Harry continuaban rodeándolo y cuando por fin se calmó un poco, escucho la voz tranquila del moreno en sus oídos diciendo -Ven, necesitamos enjuagar esas heridas.
Harry le levantó y lo colocó de lado en la cama de la forma más delicada que pudo, aun así Draco grito respirando pesadamente. El contacto con las superficies duras era un suplicio.
Las manos gentiles de Harry recorrieron su cuerpo untándolo mientras lo refrescaban con agua fría haciendo que las heridas abiertas y sangrantes dejaran de escocer por lo menos un poco, no había poción, ni hechizo alguno que las pudiera sanar pero le hizo sentir bien, sabía que aquello no tenía ningún objeto, pero aun así agradeció en lo profundo de su corazón ese detalle. Claro, era el sello indiscutible de Harry, hasta en los últimos momentos se portaba como todo un caballero. El moreno continuaría tratando de que estuviera lo más cómodo posible, teniéndole las mayores de las consideraciones hasta que se durmiera, después cumpliría la promesa que le había hecho al Consejo. Ambos sabían que ya no podía continuar, sus heridas eran demasiado graves y volver con Voldemort sería muy arriesgado para todos. Los miembros del Consejo lo dejaron muy claro, una de las condiciones para permitir que Draco les ayudara, era que Harry vigilara el avance del hechizo, si este se salía de control, el moreno debía ponerle fin. Por supuesto Malfoy estuvo de acuerdo, tampoco quería llegar a un punto en que pareciera un muerto viviente o que el dolor fuera tal que le hiciera imposible la existencia.
Pues bien, habían llegado a ese punto y aunque no se lo esperaba tan rápido, tuvo que reconocer que así era.
Malfoy sospechaba que Potter le extrañaría y eso le causo un cierto placer secreto, definitivamente no se trataba de amor, por lo menos no en el sentido en que él le amaba, pero tampoco era indiferencia u obligación, después de todo lo que habían pasado, sentía que las ofensas cometidas tal vez no completamente perdonadas, pero si lo suficiente, ahora finalmente podían ser amigos y eso era más de lo que podía pedir…
No tenía caso resistirse, así que Draco se dejó llevar y cerró los ojos sintiendo las manos cálidas del moreno recorrerlo, era una extraña sensación mezcla de dolor y placer. Harry continuó su paseo delicado con el paño, limpiando las heridas de su costado y también las de su espalda para finalizar recorriendo las que estaban apareciendo en su pecho. El agua fría sobre sus tetillas hizo que estas se erizaran y pusieran duras. No sabía si Harry se daba cuenta del efecto que le causaba aquello, pero el moreno continuaba su tarea con la mayor dedicación posible aparentemente ajeno a otra cosa.
La sangre había escurrido por su cintura hasta su vientre bajo y Potter, con la mayor naturalidad comenzó a desabrochar los botones de su pantalón para limpiarla, por supuesto el rubio se revolvió algo inquieto;
-¿Te duele mucho?- preguntó Harry sorprendiéndole.
-No – respondió en un hilo de voz, mientras aquellas manos restregaron el paño al borde de donde empezaba su vello púbico. El rubio sin poderlo evitar emitió un gemido.
-Perdón- dijo Harry- te estoy lastimando.
-No- respondió el rubio enfáticamente, si el otro chico paraba entonces si se moriría- por favor continúa…
En esos momentos Draco pudo percibir a Harry en toda su magnitud y cayó en la cuenta de algunas cosas que le pasaron inadvertidas. Pese a todo, Harry era muy inocente. El que le hubieran violado y torturado de la peor forma, no significaba que fuera más experimentado en lo que se refería a una relación de pareja, ni a la sexualidad, por el contrario eso sólo freno su natural desarrollo. Potter jamás había experimentado la intimidad con un hombre por amor, ni por supuesto se permitió sentirlo. Los eventos de su pasado malograron todo eso, pero aun así Harry mantenía una pureza de alma que resultaba realmente fantástica, casi le pareció ver al niño interior que yacía en el: fuerte, desafiante, inconmovible, pero a la vez tierno y sin malicia. El con gusto le hubiera ayudado a traspasar la frontera, desafortunadamente ya no tenía tiempo ni energías para ello. Era una verdadera lástima que nunca hubiera tenido una oportunidad real, tal vez en su próxima vida. Lentamente las caricias del moreno hicieron efecto y sus ojos se sintieron pesados, no quería cerrarlos aún y se resistió todo lo que pudo, deseaba alargar ese último instante lo más posible, pero al final se quedó profundamente dormido.
Harry contempló largo rato el rostro apacible de Malfoy, durante meses estuvo claro que llegarían a ese punto, el rubio estaba muriendo y no le quedaba mucho tiempo. Si le dejaba regresar con Voldemort le expondría a un final todavía más terrible. Draco ya no podría fingir mucho ante los mortífagos y la ropa que cubría sus heridas, por más abundante que fuera, no sería suficiente para protegerle, tarde o temprano le descubrirían y las preguntas no se harían esperar, definitivamente no podía dejarlo pasar por alto. Lo más sensato y piadoso sería terminar con aquello de una vez…
El problema era que Potter había pasado muchas horas pensando, dándole vueltas al asunto y entre más lo meditó se convenció de que aquello sería un gran error. No podía aún explicar la complejidad del porqué, indiscutiblemente estaba el hecho de que necesitaban al rubio tal vez más que desesperadamente, no es que fuera la solución a todos los problemas pero tener a alguien junto a Voldemort les daba una ventaja de incalculable valor. Por el otro lado se encontraba el aspecto humano, le parecía inconcebible desecharle como si fuera un trasto viejo, Draco se había vuelto uno de los suyos y se merecía toda la consideración que pudieran tenerle. Así que estuvo empleando gran parte de sus energías en averiguar cómo podía evitarlo y la conclusión a la que llegó, aunque lógica, resultaba demasiado temeraria e impredecible. La razón le dijo que no podía implementarla pero su instinto le conminaba a hacerlo. Libró una gran batalla, pero ahora que se acercaba el gran final, tenía que reconocer que su decisión estaba tomada hace tiempo y era consciente que esta marcaría el rumbo de los acontecimientos futuros, para bien o para mal.
Había llegado el momento de sacudir las cosas, había llegado el instante de probar si sus teorías eran ciertas. Al Sr. Oscuro le caería, por así decirlo, cierta información sobre la existencia de un grupo disidente surgido de las cenizas de la derrota "El Ejercito del Phoenix" y Draco sería esencial para eso.
La noche estaba tocando a su fin, Harry contempló como se extinguía el fuego del hogar. Cuando el amanecer tocaba a la puerta, el rubio abrió los ojos y Harry pudo observar en aquellas pupilas fijas perdidas en ese mar plata una expresión sorprendida. Si se equivocaba en sus apreciaciones, habría condenado a muerte a más de uno. La terrible duda le atenazó y se preguntó si su decisión había sido por razones esencialmente puras… no estaba seguro de ello…
