Capítulo 27:

En los confines del mundo

El tren le mecía apaciblemente y se dejó atrapar por el sopor de la tarde, en el ambiente flotaba un persistente olor a especias. Viajaba por algún lugar remoto al Norte de Europa aunque no sabía exactamente donde, últimamente las estaciones y las ciudades se confundían en su cabeza. Había viajado tanto que era difícil recordarlo. Desde aquel último día en Londres en que se subió al primer tren no paró, iba y venía a su antojo sin permanecer mucho tiempo en ningún sitio. Recorrió desde el continente Americano, hasta el Europeo de ida y vuelta y de regreso. Le gustaba esa permanente sensación de movimiento, se había declarado ciudadano abierto del mundo.

Aunque estaba famélico porque las últimas 24 horas saltó de tren en tren para alcanzar la ruta que quería, el asiento era demasiado cómodo y prefería que el hambre le siguiera atormentando por un rato más. Cuando fuera insoportable saldría corriendo a su lugar favorito, el comedor.

Oh si, definitivamente se había convertido en una gran afición, era obligado probar todo tipo de comida de las regiones por donde pasara, incluso en ocasiones pedía el menú completo, picando aquí y allá, un poco de puerco, pollo o lo que fuera. Por supuesto, entre más raro mejor, los sabores nuevos le apasionaban. Y si alguno en especial le conquistaba, usaba su encanto para colarse hasta la misma cocina. Después se dedicaba a hacer su propia versión. Aunque mejoró mucho algunas veces el resultado era incomible pero con una presentación impecable. Eso le hacía sentirse muy bien, casi normal, casi…

Por fin se decidió, estiro los brazos y piernas para desperezarse y se levantó de un brinco, en el apretado pasillo se encontró un remolino de viajeros, que como él, trataban pacientemente de atravesar hacia el otro lado del tren. Mientras se recreaba con el ambiente caótico y de excitación general, el micrófono anunció las siguientes estaciones;

-Dietrich, Monttruc, Norddelch y Narty- rezó la voz monótona.

No prestó demasiada atención, sabía que su destino se encontraba atravesando las montañas, a más de 12 horas de ahí. Alguien se apretujo muy fuerte a sus espaldas, cuando volteó se encontró a una simpática chica que le sonreía pícaramente, él también le sonrió, adoraba el contacto humano, aunque a veces este implicara algunos codazos, pisotones y bueno ocasionalmente alguna palmada en el trasero, era importante disfrutar de las cosas simples de la vida.

Comió más de lo que le hubiera gustado y sintiéndose pleno y más que satisfecho regresó a su cubículo dispuesto a zambullirse en un buen sueño reparador, estaban arribando a la estación y se escuchaba un zumbido persistente que iba en aumento. Era el ajetreo de los agitados pasajeros que se preparaban a descender. Nuevamente la voz monótona anunció:

-Dietrich, Monttruc, Norddelch y Narty…

En su mente abotargada por la abundante comida se filtró la idea de que algo le parecía familiar sobre esos nombres. No era extraño, constantemente le pasaba, muchos lugares tenían nombres parecidos, o tal vez en sus correrías hubiera visitado alguno, trató de recordar. ¿Donde o cuando había estado ahí?

El tren arrancó nuevamente, cerró los ojos pensando. Dietrich no era probable, Narty definitivamente tampoco, Norddelch… mmmm…

-Maldita sea Norddelch- grito parándose tan rápido que casi mata de un susto a sus vecinos de cubículo…

Salió corriendo tratando de llegar a la salida más cercana pero el pasillo estaba igual de abarrotado que antes, así que lamentándolo realmente sacó su varita e hizo un arresto momentum mientras trepaba por los respaldos de los asientos y los hombros de alguno que otro pasajero. Justo en el momento en que paso el efecto de su encantamiento, salto al andén.

Draco se quedó mirando con reserva el tren mientras este desaparecía a lo lejos. No entendía exactamente que le había impulsado a hacer aquello, en ese lugar no había nada para él, sin embargo ahí se encontraba nuevamente. Levantó los hombros en señal de resignación, de todas formas el siguiente transporte no pasaría por ahí hasta dentro de 8 horas, que mal haría echar un vistazo.

Nada había cambiado, definitivamente aquel sitio parecía ser atemporal, lo cual fue una agradable sorpresa, ciertas cosas nunca debían cambiar y ésta era una ellas. La plaza con sus cafés y restaurantes, el mercado sabatino con sus puestos de flores, los músicos ambulantes que armonizaban el atardecer con melodías melancólicas, cada detalle que recordaba ahí se encontraba.

Draco se paseó disfrutándolo verdaderamente mientras se colaba entre las carpas para encontrar fácilmente el camino que sabía le llevaría a la playa. La tarde era calurosa pero la brisa proveniente del mar le refrescaba. Cuando llegó al embarcadero se quitó los zapatos y brincó con los pies desnudos en la arena blanca y tibia, rió abiertamente, sentía las cosquillas provocadas por la arena que se colaba entre sus dedos. Había estado en muchas playas a lo largo del mundo, pero aquella playa tenía un significado especial, la sentía más suya que ninguna.

Caminó despacio admirando como el atardecer le regalaba una sinfonía de colores encendiendo el horizonte como si se estuviera incendiando.

Unos ruiditos atrajeron su atención y cuando se detuvo para echar un vistazo encontró a un gran pelícano que le miraba a cierta distancia con sus ojos redondos como canicas… no podía ser… ¿Acaso sería su viejo compañero de caminata?

-¿Polito?- exclamó Draco

El ave al escuchar su voz se acercó balanceándose, con las alas y pico extendidas. Draco explotó en una carcajada.

-Pero muchacho ¿dónde has estado? Nunca escribiste, ni mandaste cartas…

Era maravilloso ver aquel plumífero con cuerpo de bolo, casi como encontrarse a un amigo al que no se ha visto en mucho tiempo. Se agachó y dejó que el ave frotara el pico en su mano, después abrió su mochila mientras decía:

-Vamos a ver si te encontramos algo por aquí…

Hurgo en las profundidades de su bolso y al final pudo rescatar un emparedado de jamón, tal vez algo húmedo y comprimido, pero a Polito pareció no importarle, en menos de lo que se dice presto, se lo zampo sin dejar migaja.

Fue un momento de increíble compenetración. Draco al fin supo porque estaba ahí, no se trataba de añoranza, ni tampoco de recrearse en la lamentación y el olvido, mucho menos de resentimiento o tristeza. Estaba ahí por algo más simple y puro, no deseaba olvidar del todo, en su pasado existían momentos felices y buenos que le llevaron a ser lo que ahora era. Reconocer aquello resultaba necesario y sano, un cierre final indispensable para su alma.

El rubio extrajo una pequeña caja de su bolsillo, en ella había un mechón de pelo negro cuidadosamente envuelto. Lo sacó y aspiró su olor, aún conservaba su esencia. Bajó su mano y la sumergió en la espuma blanca de las olas, después abrió la palma y le dejo ir, las olas juguetearon con él un momento trayéndole de vuelta por breves segundos hasta que al final se perdió en la inmensidad de ese mar verde-azul como sus ojos.

Draco sonrió, después se levantó y le dijo a Polito –Bueno amigo, acompáñame vamos a ver si conseguimos algo de comida.

Recorrieron el resto del trayecto en silencio, los últimos destellos del atardecer iluminaron su camino mientras las primeras estrellas aparecieron tímidas en el firmamento.

A lo lejos el rubio distinguió la pequeña cabaña blanca de techos inclinados y grandes ventanales. Las luces encendidas le dieron la bienvenida y se acercó sin reservas subiendo de dos en dos los escalones de la terraza.

Esperaba poder visitar aquel sitio. Tocó y detrás de la puerta apareció una mujer de rostro amable y cabellos plateados como la nieve que le recordó a su madre. La mujer le miro con curiosidad mientras Draco se quedaba un poco indeciso en la puerta sin saber exactamente qué decir.

-Tú eres Draco Malfoy ¿verdad?- dijo al fin la mujer.

El rubio asintió complacido.

-Te reconocí de inmediato- exclamó - mi madre tenía fotos tuyas por todos lados, decía que eras el niño más adorable del mundo… ya veo porqué lo dijo, ¿Quieres pasar a refrescarte? estoy preparando limonada, por cierto soy Naddine.

-Gracias Naddine, es un gusto conocerte y si no es molestia si me gustaría pasar– respondió sonriendo mientras recordaba con cariño en su nana preferida, la mujer tenía los mismos rasgos elegantes y tiernos de ella, su vivo retrato.

Al entrar le asalto un delicioso olor a galletas recién horneadas y si otras fueran las circunstancias hubiera corrido a la cocina a ver de qué se trataba, pero en ese momento no le prestó mucha atención. A riesgo de parecer un completo metiche sin modales, Malfoy no pudo evitar ir de un lado a otro comprobando que cada detalle que recordaba estuviera ahí. Afortunadamente la mujer no pareció molestarse, simplemente se retiró dejando al chico recorrer el salón a su antojo.

Draco se dedicó a admirar la vista desde el gran ventanal de la sala, la noche había caído, pero todo se encontraba agradablemente iluminado por la luna llena, cerró los ojos, que recuerdos. Un golpe seco a sus espaldas le sobresaltó y Malfoy giro dispuesto a ayudar a su adorable anfitriona, sin embargo no era Naddine quien había dejado caer el canasto de frutas al piso, en su lugar se tropezó con la figura de un hombre que yacía estática en medio de la sala. Draco conocía a ese hombre, era inconfundible su rostro de finas facciones, adornado por la mata de pelo tan negro como la noche y esos enormes ojos ahora de un intenso color esmeralda que le miraban estupefactos.

Su mente consciente no quería reconocerlo, era imposible encontrarle ahí. El corazón casi se le paraliza y los sentimientos surgieron atropellándose unos con otros de forma contradictoria. Tenía el impulso de correr a donde él estaba y arrebatarle el aliento hasta que ambos se pusieran morados o de plano salir corriendo y desaparecer. Cualquiera que fuera el caso, Draco temía que ese momento le llevara a su completa perdición.

Escuchó su propia voz, como si se tratara de alguien más, tan surreal e inmaterial mientras formulaba la pregunta más estúpida que había salido de sus labios.

- ¿Por qué estás aquí?-cuestionó, olvidando que él era el intruso.

Aquello pareció sacar al hombre de su estupor y éste hizo el intento de acercársele pero Malfoy retrocedió, no quería que le tocara, si era un sueño o una alucinación no quería que se esfumara. El hombre se detuvo captando probablemente su aprensión y dijo casi en un murmullo.

- ¿Acaso no lo adivinas, no adivinas porque estoy aquí?

Draco negó fuertemente con la cabeza, no, no podía adivinarlo, simplemente no podía imaginárselo, necesitaba que el otro se lo dijera.

-Esperando por ti, Draco, estoy esperando por ti ¿Qué más?…-Su voz sonó tan profunda y sincera que Malfoy supo que no se trataba de ninguna alucinación. Ahí se encontraba nada más ni nada menos que Harry Potter en carne y hueso.

Tenía que recomponerse y dejar de lucir tan condenadamente impactado, sin embargo le fue imposible, la presencia inesperada del moreno le había desarmado, se encontraba sin armadura, sin defensa y sin palabras.

Harry se movió despacio siguiéndole mientras continuaba hablando con esa expresión tan dulce.

-Te fuiste demasiado rápido aquel día- exclamó con voz dolorida- prometiste que esperarías y no lo hiciste... por todos los santos Draco, porque te fuiste de esa forma sin decir absolutamente nada…

La mano de Potter al fin le había alcanzado aferrándole el brazo para retenerle, ya no tenía escape, el moreno se encontraba justo delante de él con sus ojos muy abiertos mirándole como si le imploraran.

-Sabes cuánto te he buscado…

El rubio estaba perplejo, creía intuir a donde iba Harry con todo aquello pero no podía aún creerlo. Necesitaba que Potter fuera muy claro porque el ya no tenía capacidad para asumir absolutamente nada.

La voz de Harry sonó angustiada en sus oídos, algo importante estaba a punto de decirse y Draco moría por escucharlo.

-Fue un gran error tratar de negarlo- exclamó- sé que no es justificación pero necesito que entiendas porqué lo hice… es algo que ahora suena tonto ¿Sabes? Todas las personas a las que he amado han muerto, sin excepción han desaparecido. Es como si se tratara de una condenada maldición, todo el tiempo acechando, cada vez que la buscaba ahí se encontraba escondida, mirándome, amenazando con volver a asaltar, y yo simplemente decidí evitarla, pero no lo pude lograr… y al final ahí estabas tú… muriéndote…

Harry negó con la cabeza como queriendo deshacerse de los pensamientos que le atormentaban -…fue estúpido pensar así- dijo lamentándose-….el que tú sobrevivieras lo demostró y ese día del evento estaba tan feliz porque al fin te encontrabas bien que quería decírtelo… pero… pero… te fuiste…

La mano de Harry se posó sobre su mejilla para reclamar toda su atención, no era necesario, Draco estaba petrificado.

-He cometido muchos errores y aunque probablemente no te interese… te he buscado todo este tiempo para pedirte sólo un último y muy grande favor y si tu respuesta es no, de verdad que lo entenderé…

-Una vez me dijiste que me amabas ¿lo recuerdas? Déjame ir contigo a donde tú vayas, déjame permanecer a tu lado y dormir donde tu duermes… y tal vez con el tiempo pueda lograr que vuelvas a quererme…

La expresión de Draco lo dijo todo, toda su pantomima mental se le había caído tan sólo con encontrarle ahí en medio de la sala, ¿Y todavía Harry le preguntaba si podía quererle? Que acaso no lo sabía, nunca le había dejado de amar.

-Pensé que no me amabas…- dijo estupefacto

- …como podría no amarte Draco, como podría ignorar tu amor, cómo podría ignorar lo que siento cuando estoy contigo y lo que somos cuando estamos juntos… después de todo, esto es lo único que tiene sentido…

Los ojos ansiosos de Harry le observaban con increíble ternura. Draco había esperado tanto tiempo por aquello que ahora simplemente no sabía que hacer o decir, el plomo que encadenaba su alma lastrándola a la resignación y soledad había desaparecido y las puertas de lo posible finalmente se habrían ante él, detrás de ellas se encontraba el paraíso. Malfoy respiró dejando que en ese suspiro se le escapara todo el sentimiento contenido y contra su voluntad hizo algo que le horrorizo, sus ojos se anegaron de lágrimas y simplemente lloró.

Harry le rodeo con su brazo besando sus ojos, había leído su corazón y sabía lo que anidaba en él. Se abrazaron estrechamente casi con desesperación, sintiendo el cuerpo del uno temblar en el otro, que cerca habían estado de perderse para siempre, un giro diferente y el estaría a miles de kilómetros de distancia. Siempre pensó que el destino tenía una forma muy sarcástica de demostrarles que ellos no tenían control alguno sobre sus vidas, pero por todas las que les había jugado en el pasado ahora les estaba compensando con creces, bendita fuera la suerte que le había traído de regreso.

Aquel enlace duró mucho tiempo, no quería soltarle, fue Harry quien se separó ligeramente buscando su boca. Sus labios suaves y calientes se fundieron con los suyos saboreándole, mientras su lengua inquieta exploraba de forma apasionada cada rincón, cuando terminó el rubio se quedó inmóvil con los ojos cerrados, por Merlín ese sí que era un beso perfecto. Al fin Harry le tomó de la mano guiándole a la alcoba, Draco apenas fue consciente de que Naddine ya no se encontraba ahí…

En la habitación el moreno le miró dedicándole una sonrisa tímida, sus manos desabrocharon lentamente su camisa y su torso perfecto resplandeció con la luz de la luna, por supuesto las bermudas siguieron el mismo camino deslizándose al suelo para dejarle completamente desnudo. Después se aproximó a él y sus dedos bailaron ágiles por todos lados para desnudarle. La sensualidad que exudaba Harry era tan palpable que Draco se perdió en la experiencia, su piel se erizó y como siempre le sucedía cuando le tenía cerca su miembro se elevó haciendo más que evidente su deseo.

Harry se recostó de lado sobre las sábanas blancas atrayendo el cuerpo de Malfoy hacia él. El rubio aspiró ese olor que tan bien conocía percibiendo el calor húmedo de su piel y sus brazos le rodearon por atrás como hace mucho tiempo lo había hecho, por supuesto ahora existía una gran diferencia. Harry estaba ahí pero no sólo en esencia, sino también en mente y alma, al fin era suyo para siempre…

Fue un momento de compleja intimidad, podía tocarle y tenerle en cualquiera de sus formas y deslizo las manos por todo su cuerpo sintiendo como se rendía a su tacto, la magnífica erección del moreno se lo hizo saber, pero no había ninguna prisa, por primera vez el tiempo no era importante, tenían toda una vida para amarse.

En esa noche tan iluminada, el vaivén sereno del mar arrulló al par de amantes que permanecían estrechamente entrelazados, las pelvis muy juntas, el miembro de Draco rozando la entrada de Harry y los rostros mejilla con mejilla descansando uno sobre el otro. Harry susurro en su oído- te amo…

Draco sonrió apretándose con más fuerza al moreno, su calor le cobijaba acogiendo su alma fatigada, no habría más pesadillas, finalmente se encontraba en los brazos de Harry… su único hogar…