EPILOGO
Algunos años después….
¡SORPRESA!
Llevaba toda la mañana dando vueltas a lo largo y ancho de la campiña tratando de "matar" el tiempo en pequeños "mandados". Sin embargo como sospechó, al final sabía que sería demasiado temprano para regresar. Hizo todo lo que se le ocurrió y más, por Merlín hasta visitó a Naddine con el pretexto de recoger algunas viejas fotografías. Pero pese a sus esfuerzos a las tres de la tarde Draco se encontró en el puerto observando el mar sin nada más que hacer ¿Un fastidio? No que va, lo que sucedía es que se encontraba emocionado y si acaso sentía que el tiempo transcurría muy lento no era debido a su exilio voluntario sino a la ansiedad de no saber qué pasaría… ¿Que sería ahora? ¿Acaso le llevaría a algún carnaval en Río de Janeiro donde bailarían por las calles para terminar bañándose desnudos en la bahía?, ¿O tal vez volarían en escoba mientras Harry le contaba la historia secreta de las estrellas hasta llegar a lo alto de las montañas de los bosques colgantes? Ahora cada cumpleaños debía ser toda una celebración. Así que aquella mañana de su veintitantos natalicio, Potter lo había despertado con el desayuno servido en la cama incitándole a levantarse. Claro que protestó enérgicamente ¿que acaso no se merecía dormir hasta que se le volteara el ombligo? Por toda respuesta el moreno le dedicó esa sonrisita enigmática que siempre utilizaba para negarse de una forma encantadora. No le quedó más remedio que dejarse arrastrar perezosamente fuera de las tibias sábanas pero Harry con la eficiencia de un soldado, le levantó, bañó, rasuró, vistió y a las 9:00 de la mañana se encontró de pie en la puerta, con el sombrero de paja a punto, una lonchera con algunos bocados para picar y los labios del moreno que le susurraban al oído.
-Anda amor sal a disfrutar del día… te espero al atardecer…
Nadie podía quejarse por eso y menos el, así que estiró los brazos hacia el cielo abandonándose al sol de forma despreocupada, la suave arena bajo sus pies le hizo recordar muchas cosas. Recorrió tranquilamente el camino que algunos años atrás le trajo de vuelta, sus pensamientos se disiparon en el azul intenso del mar y se hubiera perdido en ellos sino fuera porque unos pequeños montecitos blancos que parecían copos de nieve descansando en la arena captaron su atención. Draco sonrió, sabía perfectamente de que se trataba. Cuando estuvo a escasos pasos grito dirigiéndose a ellos.
-Caramba chicos, que hacen durmiendo a esta hora, deberían estar cazando su almuerzo.
Los molotitos se agitaron desplegando sus alas y de un momento a otro apareció una parvada compuesta por cuatro pelicanos que se acercaron corriendo a él. No, ahí no estaba su adorado Polito, él había pasado a mejor vida hacia un tiempo, aunque era triste, su plumífero amigo tuvo una gran y excelente vida. Lo más difícil de su pérdida fue sin duda la reacción de Harry. Era increíble que uno de los magos más poderosos de todos los tiempos en cierto sentido fuera tan frágil. Así que cuando un día descubrieron a Polito inmóvil acurrucado en su cesto, Potter se deprimió enormemente jurando que no quería tener nunca más una mascota. Draco le entendía, había cosas que les marcarían siempre.
Pero como solía suceder, el tiempo trajo su propio consuelo, un día de forma inesperada encontraron a un pelícano atorado en una red de pescador, Harry sin pensarlo lo rescató y le cuido solícitamente hasta que estuvo fuerte para marcharse. Al mes siguiente otro pelícano llegó a sus manos por inmediación de un vecino, parecía que de improviso la comunidad les había bautizado como los rescatadores locales. En menos de cinco meses tenían a más de una docena de pelícanos dando vueltas de aquí para allá. Después de todo, Harry no cumplió su amenaza y se dedicó a proteger a aquellos plumíferos con cuerpo de bolo, algunos se iban volando cuando estaban curados pero otros se quedaban convirtiéndose en parte de sus vidas. Si antes resultaba extraño verles caminar seguidos por Polito, ahora el asunto era completamente hilarante. Una tarde que Harry paseaba con siete pelícanos pisándole los talones, Draco tuvo una visión de la versión más rara de "Blanca Nieves y los siete enanos" jamás concebida, se había destornillado de la risa tirado en el piso mientras que el moreno le miraba curioso contagiándose de sus carcajadas sin saber exactamente que resultaba tan divertido.
Malfoy se sentó en la arena disfrutando del jaleo de sus plumíferos amigos , se sentía muy feliz y era justo decir que eso siempre le asombraba, es decir mirando en retrospectiva "sobrevivientes" era la palabra que acudía a su cabeza: tortura, locura, guerra, dolor, temor e incluso cuando creían que todo estaba librado, hasta prejuicios. Oh si, lo complejo de los inicios de su relación no se le olvidaba, de hecho llegó a cuestionarse seriamente si tendrían un futuro juntos en esa nueva sociedad mágica. Prácticamente les excluyeron a causa del odio irracional que existía hacia todo lo que oliera ligeramente a mortífago. El Ministerio se había atrevido a "aconsejar" la disolución completa de su relación. Sin embargo, Harry con esa fuerza que ahora le caracterizaba rechazó esa "amable sugerencia" con un desprecio que desató la furia de muchos. El asunto no termino ahí y por enésima vez en su vida se vieron envueltos en una lucha desleal, sólo que ahora se trataba de algo más personal. Al final de un incansable acoso, Harry decidió que era suficiente y fue a plantársele uno por uno a los principales promotores del alboroto para dejarles perfectamente claro el asunto. Su mensaje fue breve pero tan incisivo que algunos sintieron a quemarropa aquellas palabras, simplemente les dijo - Si lo exilian a él me exilian a mí, si lo tocan a él me tocan a mí, si le hacen daño a él me dañan a mí, así que me lo voy a tomar como algo muy personal, no estoy amenazando, yo nunca amenazo, es un hecho que cualquier cosa que le pase a Draco Malfoy tendrá graves repercusiones.
Las voces amenazantes finalmente se aplacaron pero al moreno lo marginaron completamente, las oportunidades de proyectos y puestos importantes fueron desapareciendo, era una política callada y cobarde de algunos miembros influyentes de la sociedad en comparsa con el Ministerio. Malfoy sabía que sería un paria el resto de su vida, pero nunca pensó que arrastraría a Harry en aquel destino ingrato. El no deseaba eso, quería verle avanzar a donde pertenecía, a ese lugar que daría satisfacción a su alma redentora y que en consecuencia haría un bien enorme en ese mundo renacido. Desafortunadamente, sus deseos no tenían nada que ver con la realidad, pero ante su insistencia de reconsiderar el asunto, Harry le había dicho con la mayor convicción:
- No necesitamos la aprobación de nadie y menos la de ellos. Déjales que griten y se enojen, el mundo es muy grande y existen mil cosas que podemos hacer… vamos a hacer exactamente lo que se nos pegue la gana.
Y así fue. El salvador del mundo mágico dedicó gran parte de su fortuna, esfuerzo e influencia a crear la Academia de Estudios Avanzados de Magia Albus Dumbledore, en donde se impartían cursos que al Ministerio le ponía los pelos de punta y más cuando Harry asignó como profesor titular de Defensa contra las Artes Oscuras a Draco. Nombres como Neville Longbottom (Herbología), Luna Lovegood (Cuidado de Criaturas Mágicas) y un muy viejo Alastor Moody (Magia Oscura) empezaron a aparecer.
El moreno quería asegurarse que la educación fuera integral e incluyente, así que asignaturas como Estudios Muggles se convirtió en obligatoria. La Academia adquirió una gran popularidad pese a los esfuerzos de algunos por desvirtuarla e influenció con su visión vanguardista a la mayoría de los colegios existentes, incluyendo a Hogwarts. Fue una bofetada con guante blanco para el Ministerio, los que tuvieron que aceptar el hecho que habría Harry James Potter y Draco Malfoy para mucho tiempo. Al final su persistencia, hizo la diferencia para él. No es que los prejuicios desaparecieran, pero Malfoy era aceptado y disfrutaba de la estima de mucha gente. Harry siempre le decía, agarrémosles jóvenes, las nuevas generaciones debían de ser más sabias, más preparadas, pero sobre todo más tolerantes para evitar los errores del pasado, esa se convirtió en la misión de Potter y también en la suya. Ahora su tiempo se repartía entre un montón de proyectos, pero siempre que podían regresaban a la cabaña de la playa, el lugar donde todo había empezado.
El calor del atardecer plantó a Draco en el presente alejándole de sus cavilaciones. Sagrado humo, se estaba achicharrando, era momento de refrescarse con un buen chapuzón, sin pensárselo se desprendió de toda la ropa dejando que cayera en la arena de forma desordenada, después corrió introduciéndose de lleno en las aguas claras y tibias avanzando hasta escapar de las olas traicioneras que amenazaban con hundirle. Mar abierto y tranquilo, flotando como una boya por un buen rato hasta que su piel se arrugó lo suficiente. Al salir no se tomó la molestia de volverse a vestirse, tan sólo se echó la ropa al hombro y caminó desnudo disfrutando de la libertad que le proporcionaba aquello o tal vez sólo fuera su alma exhibicionista.
Draco observó el sol aún en lo alto, tal vez faltara más de dos horas para el atardecer, era temprano para volver, pero estuviera listo o no ya no podía aguantar la espera, así que emprendió el camino permitiendo que el aire le secara y alborotara su ya de por si despeinada melena.
Por fuera la cabaña lucía solitaria y tranquila, pero cuando entró por la puerta trasera de la terraza se quedó boquiabierto. El espacio interior se había quintuplicado en tamaño y parecía hecho de cristal con una luz azul fría que lo iluminaba todo. La música suave complementaba de forma estupenda el ambiente, que contraste tan maravilloso con la playa y el mar azul del exterior. Excelente idea, pensó, una cena íntima en casa era lo que necesitaba para un día perfecto. El rubio curioseo cada detalle que el moreno había preparado para él, sabía perfectamente lo que le gustaba, estaba por hurgar en un gran paquete con moño plateado al pie de la fuente pero una voz a sus espaldas le quito la intención.
-Todavía no anochece…
Draco giro sobre sus talones y se encontró con un hombre de pelo negro que iba elegantemente vestido con un traje blanco, sus grandes ojos esmeralda que ahora parecían más profundos por el contraste con la piel tostada le observaban fijamente, a Malfoy casi se le cae la quijada al piso, por Merlín, que increíblemente bien se le veía.
-Sabía que no soportarías la espera, eres un niño grande- le reprochó Harry con una gran sonrisa.
Malfoy puso cara de inocencia -No es mi culpa, tus chicos se comieron mi almuerzo y tengo hambre.
- Tampoco sabes mentir- contestó el otro guiñando un ojo, después extendió la mano en señal de invitación - lo que si te creo es que tengas hambre, algo tendremos que hacer para aplacarla. Ven, acompáñame.
¿Era su imaginación o Harry estaba invitándolo a degustar algo más que entremeses? Eso sí que era muy inusual, generalmente él tenía que ir al asalto y para asegurarse se tocó distraídamente la piel mientras daba una vuelta completa exclamando - Oh, pero no estoy apropiadamente vestido, ¿no crees que debería ponerme algo?
Los ojos de Harry le siguieron durante todo el recorrido barriéndole de arriba a abajo absortó en el "paisaje".
- ¿Bromeas? Estás perfecto para lo que tengo en mente, además es una pena cubrir todos esos atributos.
¿Necesitaba otra señal? Definitivamente no. Se acercó dejando que Harry advirtiera el deseo que sentía por él, tenía muchas ganas de tomarle ahí mismo sin límites, pero no lo hizo, con él resultaba mejor ir despacio, quitar cada capa de ropa como si se tratara de un dulce dándose el tiempo para desenvolverlo y descubrir lo que se encontraba adentro, aun así, no pudo evitar besarle con urgencia tomando desprevenidos sus labios.
Harry se quedó parado dejándose desnudar, observando los movimientos pausados y sensuales de Draco, adoraba sentir sus manos tocándole de aquella forma. La última prenda cayó y sin preámbulos Malfoy se arrodillo para abrazarle por la cintura, permitiéndose descansar la mejilla en su bajo vientre por breves segundo, la verdad se moría de ganas por dejar que sus labios se escurrieran recorriendo el corto camino hacia el Sur. Cuando su boca encontró lo que buscaba se aplicó para saborearle, succionándole acompasadamente. Aunque su miembro aún permaneciera en descanso, sabía que a Potter le gustaba aquello, emitía esos pequeños ruiditos que le parecían adorables. El no necesitaba mucho para excitarse, de hecho ya lo estaba, apuntaba firme directamente al cielo, pero tendría que esperar, esperar lo suficiente hasta encontrar la motivación adecuada para Harry o desistir en el intento, a veces así sucedía. Con el tiempo aprendieron a conocer sus límites, eso y una buena dosis de paciencia les hizo hallar una forma no convencional de amarse. Draco descubrió que no necesitaba entrar en Harry para alcanzar el orgasmo, así que se volcaron a perfeccionar el arte de las caricias. El aceptaba aquello con una naturalidad que le asombraba, seguía pareciendo contra natura dado su libido tan demandante, tal vez algún día pudiera tomarle en la forma que siempre había deseado y que estaba seguro Harry también anhelaba, pero si no era así, también lo aceptaría.
El moreno correspondió a sus atenciones moviendo la pelvis hacia delante y atrás permitiendo que el rubio le recibiera en cada ocasión, finalmente su deseo se había despertado. Ahora era Harry quien parecía tener una urgencia inusual y se inclinó enfrente de Draco para devolverle el favor, sus manos inquietas se desplazaron hacía su parte posterior acariciándole, el abrió las piernas para permitir un mejor acceso, jamás desalentaba la exploración de su pareja, bien sabía que en escasas ocasiones el moreno se motivaba lo suficiente para desear algo más. Y cuando eso sucedía dejaba que Harry le tomara, que se introdujera en él de la forma en la que él quería hacerlo, no es que fuera su preferencia pero con Harry estaba dispuesto a intentarlo todo. Cuando ya estaba anticipándose a los hechos, Potter se detuvo separándose ligeramente.
Miró hacia abajo y se encontró con sus expresivos ojos esmeralda observándole atentamente, tenían un dejo intenso y suplicante, ni siquiera hubo necesidad de que formulara la pregunta ni de que Harry se la contestará, como siempre adivinó lo que quería, le conocía tan bien que en ocasiones le parecía escuchar sus pensamientos tan sólo con observarle.
Desafortunadamente para Draco lo que deseaba Harry tenía un gran inconveniente, sin importar cuantas veces lo hubieran intentando en el pasado, el asunto siempre terminaba en desastre: dolor innecesario, frustración innecesaria e incluso heridas innecesarias. Había pasado un buen tiempo desde la última vez, pero no existía nada que le hiciera pensar que las cosas ahora podrían ser diferentes, sin razonarlo demasiado respondió negando con la cabeza.
- Lo lamento Harry pero no quiero hacerlo, no necesitamos llegar hasta ahí…
Nuevamente el moreno permaneció en silencio, Malfoy reconoció esa actitud de determinación que a veces le sacaba de quicio. Nunca pudo detener esa voluntad férrea, así que ahora tampoco se hacía demasiadas ilusiones, cuando algo se le metía en la cabezota a Potter no existía poder humano que le hiciera cambiar de parecer. A Draco sólo le quedó formular una última pregunta:
-Explícame porqué precisamente ahora. Que es diferente.
Harry se quedó pensativo, él también se lo había cuestionado. Tal vez era simplemente que llevaba demasiado tiempo cavilando en ello, anhelando experimentar con él aquellas cosas que ambos se habían negado. Pero eso no era nada nuevo, entonces ¿Por qué ahora? Las palabras justas acudieron a la punta de su lengua, nunca pensó en el mismo en esos términos hasta unos días atrás y aquello le hizo ver el asunto bajo otra perspectiva, una que era muy dolorosa de aceptar, así que contestó sinceramente.
- Porque estoy harto de ser un amante discapacitado…
Esas palabras golpearon a Draco, creía saber cómo le costaba su relación íntima, pero no esperaba escuchar algo parecido, definitivamente le chocó ese calificativo con el que se había descrito.
- Tu no eres un amante discapacitado.- protesto enérgicamente.
-¿No?
-No, no lo eres, por Merlín existen diferentes formas de relacionarse Harry, las preferencias en cuanto al sexo cambian de pareja a pareja y el que no decidamos hacer ciertas cosas porque estas incómodo con ellas, de ninguna forma te convierte en discapacitado…
- Pero aquí no es una preferencia, no hacemos lo que queremos por miedo. Yo porque no puedo superar lo pasado y tú porque no quieres lastimarme. Nos forcé a ambos a dejar de intentarlo en lugar de enfrentarlo, si eso no es ser un incapacitado entonces no sé qué es.
Malfoy tuvo que admitir que no tenía argumentos para rebatir esas palabras, de que servía pretender que todo estaba bien si no era así. Al final asintió con la cabeza en señal de aceptación, los labios del moreno le besaron brevemente susurrando en su oído.
-Hagámoslo bien cariño, lleguemos hasta el final.
-No te entiendo…
-Me refiero a que necesito que continúes aunque te pida que te detengas, no importa que grite o lo que sea, sigue intentándolo hasta donde te sea posible.
Draco puso una cara de desasosiego tan enfática que resultaba casi cómica y se hubiera reído sino fuera porque se encontraba demasiado nervioso para hacerlo.
-Sé que no quieres lastimarme – exclamó para motivarle- pero tienes que darme tiempo de sentir, tal vez incluso de atravesar la experiencia desagradable antes de llegar a lo agradable, quiero experimentarte a ti, no al pasado, toma en cuenta esto, no me va a pasar nada, el dolor remite y las heridas se curan…
Ante la actitud aún indecisa de Malfoy, Harry le sonrió diciéndole en broma –Piensa que es un curita…
- ¿Un curita?
-Sí, solo un tironcito y listo…
El humor ácido que a veces utilizaba Harry le gustaba, sin embargo en aquel momento le pareció totalmente inadecuado, en su mente estaba claro que nada de eso tenía que ver con arrancar un curita, pero las caricias demandantes de Potter terminaron por convencerle, quien podía negarle algo cuando tenía su boca aprisionándole de esa forma.
Sí eso se iba hacer, habría que hacerlo bien y Malfoy sabía perfectamente cómo. Tenía un buen tiempo que no practicaba sus habilidades de seducción, pero ahí estaban intactas como si apenas ayer lo hubiera hecho.
Se colocó atrás del moreno recorriendo su espalda de arriba hasta abajo, al final sus manos acariciaron sus glúteos abriéndoles para descubrir esa zona hasta el momento virgen de amor. La entrada de Harry era deliciosamente pequeña y sonrosada, le humedeció ligeramente con un toque gentil de sus labios. Harry le observó atento con los ojos casi como platos, recreándose en la destreza que tenía su pareja con aquella lengua bailando de aquí a allá, lamiéndole mientras entraba y salía. Nadie nunca le había hecho algo parecido. El rubio sabía que tenía que aprovechar esa excitación latente mientras durara, probó los límites introduciendo un poco su dedo mojado, ahí era donde el asunto se ponía difícil, el cuerpo de Harry se tensó inmediatamente. No insistió por el momento, no tenía caso predisponerlo de aquella forma, cuando entrará lo haría de una vez. Sus caricias se concentraron en el resto de su cuerpo trabajándole con pasión, le masturbó una y otra vez permitiéndole llegar a un paso del clímax, hasta que Harry estuvo tan excitado que demando continuar adelante:
-Hazlo ya – le dijo en un suspiro.
Draco obediente a sus deseos así lo hizo, la punta de su falo penetró aquel orificio que llevaba a la gloria. Harry apretó fuerte los labios haciendo una mueca de dolor, sí, ahí estaba nuevamente aquel suplicio tremendamente real e incisivo, era increíble que después de todos esos años, tuviera memoria física de las heridas infringidas. Draco atento a sus reacciones, se quedó inmóvil permitiendo que el cuerpo de Harry se acostumbrara ligeramente a aquella intromisión. Sólo le había penetrado un poco, pero sentía como su entrada se había contraído involuntariamente para obstruir el paso. Aquello sería complicado, pero estaba determinado a continuar. Después de un par de minutos se dio cuenta que la presión no disminuía en lo absoluto, era inútil seguir retardándolo, de un sólo empuje se introdujo lo suficiente para forzar a que sus músculos se estiraran un poco más. Aquello definitivamente le arrancó un grito de dolor a Harry que le congeló el alma pero tal como se lo había prometido, no permitió que aquello lo detuviera. Hizo movimientos muy cortos y gentiles mientras las manos del moreno se aferraban a sus brazos tan fuerte que le estaban haciendo daño, los ojos de Potter permanecían fuertemente apretados.
-Harry… mírame - murmuro en su oído tenía que obligarle a concentrarse en él.
El moreno le dedicó una mirada empañada, su cuerpo seguía tenso y su cara no develaba otra cosa que no fuera el más puro y sincero sufrimiento, los quejidos en aumento le hicieron preguntarse hasta donde sería conveniente llevar aquello. Estaba por desistir, cuando le escucho rogar – Por favor, detente.- Draco podía haber abandonado en ese instante y el moreno lo hubiera aceptado, pero al observarle de aquella forma tan vulnerable algo se revolvió dentro de él, no quería dejarle así. Salió únicamente para permitirle tomar aliento pero inmediatamente se sumergió por segunda vez. El moreno volvió a gemir pero ahora casi en un sollozo.
-¿Sabes que no podemos parar ahora, verdad? – cuestionó sólo para recordarle lo que le había pedido.
-Lo sé –le respondió con voz dolorida - no quiero que pares…
Draco empezó a masturbarle, la erección de Harry se había perdido casi completamente pero tenía que insistir, el rubio estaba luchando internamente por no perderse en la experiencia, sentía aquella cavidad húmeda tan apretada rodeándole y el olor del moreno saturando sus sentidos, necesitaba mantener el control, era difícil reconocerlo pero sabía perfectamente que si se lo proponía podía continuar, aún y cuando su pareja no lo estuviera disfrutando, él podía continuar.
Harry observó el cuerpo musculoso de Draco erguido sobre él, se perdió en sus ojos grises con aquellas pupilas tan grandes por la excitación y sus labios entreabiertos esperando que alguien les arrancara un beso, su abdomen se contraía en un movimiento cadencioso mientras su pene le rozaba parando una y otra vez entre sus glúteos, magnífico y erecto en plenitud, eso le distrajo y concentró su atención en aquella sexualidad que exudaba Malfoy por cada poro, fue entonces cuando lo sintió, era como una corriente eléctrica muy breve que le dejó un regustillo agradable alejándole instantáneamente del dolor. Muy sorprendente considerando que no se lo esperaba, dentro de él algo comenzó a agitarse rítmicamente permitiéndole aumentar las descargas de corriente placentera. Harry supo que Draco también lo había sentido, tenía en el rostro una expresión mezcla de placer y preocupación. Su pelvis seguía moviéndose entre sus piernas, empujándole de arriba abajo, friccionándose en su interior. Por primera vez, le podía sentir forzándole a ir más allá de esa punzante e insistente aflicción, alejándole de sus miedos, pero sobre todo arrastrándole de su ser racional para no dejarle pensar en nada, ni recordar nada.
No supo exactamente como sucedió, pero de un momento a otro el calor y el deseo en su interior crecieron arremetiendo contra cualquier cosa que no fuera ese sentimiento. Los movimientos pausados y gentiles del rubio ahora parecían insuficientes, así que enrollo sus piernas alrededor de su cuerpo para empujarlo contra él. Malfoy entendió perfectamente aquel gesto y dejó que su pasión reprimida explotara finalmente. Ya no había marcha a atrás, ahora o nunca se dijo. Aumento el ritmo de los movimientos haciéndolos más profundos y repetidos, más constantes, más demandantes. El cuerpo de Harry se resistió solo un poco más, pero él sabía cómo vencer aquella última barrera, su cadera se arremolinó en pequeños círculos concéntricos, leves pero maravillosamente efectivos. La resistencia se acabó, finalmente se encontraba donde Draco siempre había deseado verle, su aliento caliente y su respiración agitada le golpeaban el rostro, la expresión tensa y el dolor habían desaparecido, en su lugar quedo un hombre que Malfoy solo había imaginado en sus deseos húmedos más secretos. En todos los años que llevaban juntos jamás le había contemplado de aquella forma, por Merlín era un crimen no haber insistido antes. Ese último pensamiento se perdió en los movimientos cadenciosos de su pareja que correspondían a los suyos arrebatándole toda la atención.
Harry se abrazó a cuerpo de Draco empapándose de su sudor como si se tratara de una brisa fresca, se contrajo sólo un poco, lo suficiente para sentirlo en toda su magnitud, el calor que abrazaba su pelvis estaba a punto de explotar, pero no deseaba correrse aún, quería que ese momento durara eternamente, por supuesto, eso era físicamente imposible.
Draco aguantó todo el tiempo necesario para dejar que Harry se viniera primero, necesitaba asegurarse que sintiera placer hasta el final, cuando el esperado líquido perlado escapo de su miembro, acelero sus movimientos sólo unos segundos más hasta que él también estuvo listo para dejarse ir. Intento salir de Harry, pero él no lo dejó, sus piernas se aferraron a su alrededor y las manos sobre su trasero le retuvieron fuertemente. Draco le complació, no tenía caso salir, mejor quedarse en aquel lugar tan deliciosamente cálido. Terminó en una explosión, temblando por el esfuerzo mientras la boca del moreno le buscaba para fundirse con la suya, al final se abandonó cubriendo su cuerpo. Necesitaba recuperarse de aquella sensación placenteramente agotadora.
Sólo después de un buen rato, fue capaz de romper el silencio…
-La próxima vez que me salgas con lo del "curita", te voy a tirar por la ventana.
La risa de Potter sonó sincera en su oído mientras le dedicaba una expresión de absoluta felicidad, parecía que por fin la última barrera había caído, casi en un murmullo escuchó su voz tímida preguntando – ¿Y siempre es así? Aquello realmente le conmovió, a veces olvidaba la inocente inexperiencia de Harry. Draco le miró diciendo de forma juguetona – No cariño, aún no has visto mis mejores movimientos, a partir de ahora esto sólo puede mejorar.- Los dos rieron de buena gana ante el acceso egocéntrico del rubio, había cosas que afortunadamente nunca cambiarían.
Malfoy alcanzo el saco que se encontraba en el piso y les cubrió dejándose adormecer en los brazos de Harry, tal vez estaba aún aturdido pero podía jurar que un ruido insistente perturbaba aquella perfecta calma.
No se dio cuenta de lo que sucedía hasta que fue un minuto demasiado tarde, sólo tuvo conciencia de que a su alrededor se empezó a escuchar un PAF, PAF, PAF repetido y una exclamación de voces que gritaban al unísono.
-¡SORPRESA!- La segunda cosa de la cual fue consiente era la cara de asombro de Harry que le decía –upssss ¿Acaso olvide decirte que se trataba de una fiesta sorpresa?
Draco levantó el rostro y se encontró a los atribulados invitados mirándoles fijamente… Oooooooooooh si, aquello era una gran fiesta SORPRESA… lo que no sabía era exactamente para quién, si para él o para los boquiabiertos asistentes… La cereza del pastel fue escuchar la voz calmada y festiva de Harry diciendo -¡FELIZ CUMPLEAÑOS AMOR!…
