Notas: ¡Muchísimas gracias por sus comentarios! Sé que he tardado un montón en actualizar, pero los párrafos de otoño me costaron. Les dejo el capítulo 1 para que disfruten. :)

Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en esta historia me pertenecen, todos son obra y gracia de Haruichi Furudate.


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Capítulo 1: Conectando estaciones (primera parte)

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Se conocieron en primavera.

No alcanzó a pasar una semana desde que iniciaran las clases para que Yuu Nishinoya, estudiante de primer año recién llegado a Karasuno, un muchacho bajito de excéntrico cabello negro peinado hacia arriba y un mechón rubio que caía sobre su frente, se asomara excitado al gimnasio Nº2 con su postulación al equipo de voleibol en la mano. Su primera visión de la cancha quedó grabada en su retina para siempre: un sujeto alto, muy alto, moreno y de pelo largo y castaño, dando un salto sensacional y anotando de forma imponente al otro lado de la red. Sus ojos no pudieron apartarse de él y de la fuerza que despedía por un largo minuto, tras el cual el muchacho se dio cuenta de que lo observaba y, viendo el papel que apretaba con fuerza en una de sus manos, le sonrió. Le hizo un gesto a un chico de corto cabello negro quien se le acercó enseguida.

—¡Oh, nuestro segundo postulante! —exclamó, recibiendo la hoja que Nishinoya le tendía —. Soy Daichi Sawamura, alumno de segundo año y capitán.

—Soy Yuu Nishinoya, ¡un placer! —respondió él con voz potente y una inclinación, sin poner atención al ligero asombro que se dibujó en las facciones de Daichi al escuchar su nombre y revisar rápidamente de qué escuela provenía: Chidoriyama.

Daichi lo conocía.

De hecho, tras ser nombrado el mejor líbero de su generación todo Karasuno había escuchado ya su nombre. Por lo mismo, su aceptación dentro del equipo fue más que obvia y Daichi de inmediato llamó al resto de los jugadores para que se presentaran.

Asahi Azumane.

Así se llamaba el sujeto de la imagen que jamás olvidaría y cuya fuerza, aunque él aun no lo sabía, estaba destinado a proteger.

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Dos semanas después Nishinoya tuvo su primer partido en Karasuno.

Para aquel entonces aquel otro chico de primer año, el calvito de la clase 1, Tanaka, se había vuelto su compinche y mejor amigo en este nuevo colegio, lo cual era importante porque éste era el primer partido de la temporada para ambos y estaban eufóricos.

—¡VAMOS NOYASSAN, UN GRITO DE VICTORIA! —pidió Tanaka a gritos, alzando los brazos.

—¡Woooooooaaaah! —gritó a su vez Nishinoya saltando.

—¡Wooooooooooh! —lo siguió el calvo, tomándolo por debajo de las axilas y sosteniéndolo en el aire.

Sugawara, el vice-capitán, intentó calmarlos pacientemente, seguro de que su exceso de energía fuera de la cancha era algo peligroso, pero finalmente los dejó porque por más que lo intentara no parecían tranquilizarse. Y, en realidad, no le estaban haciendo mal a nadie.

Bueno, a nadie que no fuera Azumane, quien parecía a punto de querer salir corriendo antes de que el par les saltara encima o algo. Nishinoya descubrió que, pese a la fuerza y el desplante que tenía en la cancha, fuera de ella el muchacho era como un osito de peluche. Había esperado encontrarse con alguien con una personalidad tan extrovertida como la suya, pero en su lugar descubrió a un joven tranquilo y tímido y no supo bien qué hacer con esa información. No hablaban más allá de los entrenamientos y notaba que para el mayor él era demasiado ruidoso, así que evitaba estar cerca suyo para no molestarlo.

Solo que en esta ocasión, cuando miró de reojo al mayor para ver si estaba frunciendo el ceño ante su voz un poquitito alta, lo descubrió mirándolo con curiosidad, como si este momento, precisamente antes de su primero partido en Karasuno, fuese la primera vez que realmente lo veía. Se sintió un poco incómodo ante el escrutinio, pero antes de que alcanzara a preguntarle qué ocurría el partido comenzó.

Toda su reticencia respecto al mayor se disipó al verlo dentro de la cancha otra vez y, cuando el partido estaba en su punto más tenso y el marcador los tenía por debajo, comprendió que para vencer debía preocuparse de protegerlo a él con mayor precisión: salvar las pelotas que regresaban de sus ataques, recibir y asegurar que el próximo tiro le llegase sin dificultad. Azumane fue consciente del pequeño manchón que corría y salvaba a pocos centímetros de sus pies y lo miró sorprendido, encogiéndose un poco ante su mirada feroz y su concentración.

Supo que él se encargaría de protegerlo ante cualquier percance y se centró en atacar con renovada energía, sin preocuparse de lo que podía pasar si la pelota no cruzaba la red: Nishinoya la salvaría.

Ganaron el partido por 23-25 y 20-25.

—¡Azumane-san eso fue increíble! —gritó Nishinoya una vez se despidieran del otro equipo y comenzaran a ordenar —. ¡Ese salto! ¡Y ESE REMATE AL FINAL! ¡Y-!

—También estuviste genial, Nishinoya —respondió el mayor riendo y rascándose la cabeza —… Gracias. Tenerte cerca fue tranquilizador.

Nishinoya sonrió de forma deslumbrante ante el cumplido y el agradecimiento y pensó que, tal vez, podrían llevarse relativamente bien.

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Pasaron el verano descubriéndose.

Despacio, de forma tal que Asahi no se asustara y huyera, Nishinoya comenzó a acercarse.

—¿Quieres practicar hasta más tarde hoy? —preguntó un día particularmente agotador, la semana antes a un partido importante.

—¿No estás cansado? —quiso saber el mayor, preocupado, como si por tener un cuerpo pequeño no resistiera tanto como él.

—¿Es en serio?

Hizo un par de saltos y volteretas para reafirmar su clara postura, luego le tendió un balón al castaño.

—¿Qué dices, ah?

Asahi tomó el balón y caminó al otro lado de la red, golpeándolo con fuerza, siendo recibido limpiamente por los brazos del menor. Un hormigueo extraño recorrió el cuerpo del mayor, pero lo atribuyó a tener a un líbero del calibre de Nishinoya frente a él y continuó atacando.

Esa noche, tras una hora extra de entrenamiento, caminaron juntos a casa.

—¿Tienes novia? —preguntó Nishinoya mientras andaban.

—¿Eh? No, ¿por qué? —cuestionó Asahi, mirando al menor interesado.

—Pareces el tipo de chico que tendría novia —se encogió de hombros —. ¿Crees que yo tengo novia? —preguntó entonces. Asahi sonrió y negó — ¿AH? ¡Por qué!

—Porque dudo que una chica de 16 años sepa lidiar con tu carácter sobrecogedor…

—¿Crees que las espanto? —casi gritó Noya deteniéndose de golpe, Asahi se disculpó en el acto de sus palabras —. ¡No tienes que disculparte, Azumane-san! Si es lo que crees está bien, pero…

—No las espantas, ¡en serio! —insistió Asahi — Es solo… bueno, tendría que ser una chica con un carácter tan fuerte como el tuyo y no he visto a nadie así en Karasuno. Se escucharía.

—Mmh…

—Oye —lo llamó entonces, rascándose la nuca —, ya no me llames Azumane-san, Nishinoya, con Asahi está bien.

Nishinoya se quedó viéndolo un momento, tras lo cual asintió y siguió caminando.

—Entonces, Asahi-san, ¿crees que encuentre a alguna chica que sí acepte que sea como soy?

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Hubo un altercado con el equipo de basquetbol a mediados de otoño.

Kiyoko, la alumna de segundo año manager del equipo, ya se había ganado el amor incondicional tanto de Nishinoya como de Tanaka, y ambos ese día estaban particularmente dispersos ya que la chica les había saludado al entrar. Uno de los balones se les escapó del gimnasio (Tanaka había dejado la puerta abierta) y Nishinoya fue corriendo a buscarlo.

Sin querer, y dado que no prestó realmente atención, chocó con un sujeto alto de pelo castaño, de al menos un metro ochenta, y se disculpó torpemente antes de voltear con el balón.

—Fíjate por dónde vas, niñato.

No fueron tanto las palabras como la forma en que fueron dichas (medio altaneras y medio escupidas) lo que detuvo a Nishinoya e hizo que se girara sobre sus talones.

—¿Qué? —cuestionó con mirada dura.

—Dijo que te fijes por donde andas, enano —respondió el sujeto junto al alto de metro ochenta, posiblemente dos o tres centímetros más bajo, de pelo negro — ¿O es que además de enano eres sordo?

Se sonrieron satisfechos.

Tal vez de no haber despegado la mirada de Nishinoya para hacerse ese gesto, el pelinegro no hubiese acabado con el balón de vóley estampado en la cara. De igual forma, no hubiese acabado con la nariz ensangrentada y dando un grito desgarrador mientras su compañero agarraba a Nishinoya por el cuello de la camiseta, lo alzaba del piso con facilidad y lo devolvía al mismo con un fuerte y sonoro golpe en la mejilla.

—¡Lo único que hice fue… chocar contigo, imbécil! —gritó Noya levantándose despacio, cubriéndose la cara con una mano. Eso se pondría feo, estaba seguro que se pondría feo.

—¡Y te dijimos que miraras donde metías tus mugrosas zapatillas, nenita! —respondió el castaño, mirando de cerca el rostro de su compañero.

Con un gruñido y una barrida rápida Nishinoya echó por tierra al castaño, recogiendo de paso el balón que estaba junto a ambos para volver hecho una furia al gimnasio. Solo que no alcanzó a hacerlo, porque una patada por la espalda lo hizo caer de cara al suelo.

El balón rodó lejos mientras ambos chicos del club de basquetbol cercaban a Nishinoya, uno más rápido que el otro, dispuestos a darle un último golpe antes de que alguien los viera, cuando una mano morena se posó en el hombro del pelinegro. Volteó instintivamente a verlo, dispuesto a gritar alguna ofensa, pero abrió los ojos como platos al darse cuenta quién estaba tras él.

Un tipo alto, moreno y de cabello castaño. Su cabeza procesó en solo un segundo toda esa información en conjunto con la ropa deportiva y el balón de vóley y supo de inmediato quién era: Azumane Asahi, de segundo, el sujeto que, decían, no tenía ningún respeto por las reglas escolares y no le importaba buscar pelea para pasar el rato.

—¡Asahi-san!

La voz de Nishinoya confirmó su conclusión así que rápidamente se alejó del más pequeño, que se levantaba despacio del suelo.

—¿Qué está pasan-?

—¡LO SENTIMOS, YA NOS VAMOS! —gritó atropelladamente el pelinegro, olvidando su nariz sangrante, y tomó a su amigo de un brazo y se lo llevó antes de que les pasara algo.

—¡NO SE VAYAN, COBARDES! —gritó a su vez Nishinoya, pero los chicos ya habían desaparecido —. ¡¿Qué fue eso, ah?!

Adolorido y moviendo la mandíbula con lentitud para ver qué tanto le dolía, se giró hacia Asahi con el ceño fruncido.

—¿Se escaparon de ti, Asahi-san? —preguntó, pero Asahi estaba mirándolo estático mientras se acercaba y no decía nada —¿Asahi-san? ¿Estás bien?

—¡Ti-ti-ti-ti-ti-tienes sa-sa-sangre en la boca! —reaccionó el castaño corriendo los pocos pasos que los separaban, acercando y alejando sus manos del rostro del menor, sin saber qué hacer —¿Te llevo a la enfermería? Te llevo a la enfermería, ¿cierto? ¿Duele mucho? ¿Estás bien? ¿Tien-?

—¡Estoy bien! —lo cortó Nishinoya deteniendo sus inquietas manos que ya lo estaban poniendo nervioso —. ¡Cálmate un poco, hombre, si al que le pegaron fue a mí, no a ti!

—¡Noyassan! ¡Qué pasó! —Tanaka se asomó detrás de Asahi, sorprendido de la sangre en su rostro y la tierra en su ropa.

—Choqué con un tipo y armaron pelea, es todo —se apresuró en explicar, Asahi aun lo miraba preocupado —. ¡Deja de hacer eso! —lo regañó — Si te dejo acompañarme a limpiar la herida, ¿estarás más tranquilo? —preguntó exasperado. Asahi asintió profusamente, Nishinoya suspiró —. Ryuu, entra el balón, volvemos en unos minutos.

Le arrojó el balón de vóley a las manos y caminó a los vestidores seguido de cerca por el castaño, quien seguía sin decir nada. De un golpe abrió la puerta y fue directo al lavamanos, metiendo la cara bajo el chorro de agua fría.

—¡Ah! —gimió al instante, al parecer había sido más fuerte de lo que él había sentido.

Asahi abrió el grifo del lavamanos junto al que él usaba y metió una toalla bajo el chorro de agua.

—Siéntate —le dijo al pelinegro, cerrando el grifo. Nishinoya hizo lo mismo y se sentó con el ceño fruncido, el castaño le puso la toalla mojada sobre la mejilla consiguiendo que volviera a gemir —. Lo-lo siento, pero es lo que tenemos a mano.

—Está bien, no importa…

Se quedaron en silencio un par de minutos, Asahi sujetando la toalla blanca contra la mejilla hinchada, hasta que Nishinoya suspiró y la tomó por su cuenta, haciéndole un gesto para que se sentara a su lado.

—Perdón —susurró el castaño, dejándose caer en la banca—, debí hacer algo y me quedé helado.

—Se escaparon de ti —comentó Nishinoya restándole importancia —, ¿eras problemático antes de que yo llegara? No te imagino peleando con nadie, pero…

—Se inventaron que ando armando peleas y vendiendo cigarrillos, aun no sé por qué… —respondió el otro cabizbajo —. Supongo que esta vez debo agradecerlo…

— Mh… debe ser la barbita, ¿no? —Nishinoya se quitó la toalla y se toqueteó la barbilla, señalando los bellos que su rostro no tenía. Se rió al ver la expresión confundida de su amigo —. Ya sabes, te da un aire algo… callejero.

—¡¿Callejero?! Pero, pero… yo pensé que ayudaba a dar una imagen segura de mí mismo…

Esta vez Nishinoya rió con tantas ganas que acabó quejándose del dolor que se estaba causando en la mejilla.

—No tiene nada que ver la barbita con si te ves seguro o no, Asahi-san. Si fuera de la cancha fueras como eres dentro, ahí sí te creerían seguro de ti mismo —explicó, con lo que Asahi solo bajó la vista —. ¡No es malo! Pero… es desconcertante, ¿sabes? Sería genial que todos pudiesen verte dentro de la cancha.

—¿Tú crees?

—Tal vez tendrías novia.

—No creo que influya tanto lo que hago en un partido…

—Influye —aseguró el pelinegro, acomodando el mechón rubio al hacerlo —. Aunque la barbita las seguiría espantando.

—¡Nishinoya! ¡No seas tan duro conmigo! —se quejó el castaño, pero la verdad es que también se estaba riendo.

—Pero ya, hablando en serio, no importa que no hicieras nada, sé defenderme solo.

—Te estaban pegando…

—Sé que, de haber sido realmente grave, hubieses actuado de todas formas —le dio una sonrisa brillante, de esas que tenía como marca registrada, de esas que, sin importar qué, calmaban a la gente, y Asahi le sonrió en respuesta.

Puede que tuviese razón y algún día le tocara confirmarlo.

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En invierno Nishinoya hizo un pequeño presente a Asahi por navidad.

Días antes al pobre y despistado castaño se le perdieron sus llaves tras una práctica que tuvieron ambos en un parque, por lo que se sentía un poco culpable de haber estado allí y no haber hecho nada. El regalo fue un simple llavero metálico con forma de oso, nada vistoso, pero Asahi le sonrió agradecido mientras colgaba su nuevo set de llaves en él.

La mañana de año nuevo Asahi se presentó en la puerta de la casa del menor, le pasó una enorme bufanda roja por el cuello, riendo, con la nariz un poco roja por el frío, y le aseguró que se veía tan lindo que cualquier chica querría abrazarlo tras verlo.

La pequeña de 5 años de la casa del lado coincidió con él, dejando sus muñecas tiradas y corriendo a agarrarlo como si fuera un peluche de felpa. Nishinoya la hizo dar vueltas por los aires, divertido, la bufanda roja suave contra su piel.

—Gracias —exclamó, con una sonrisa brillante adornando su rostro tras dejar a la niña en el suelo y llevarla de regreso a su casa.

—Gracias a ti —respondió Asahi, sin saber bien por qué motivo en particular, pero convencido que si no daba las gracias estaría siendo un pésimo ser humano.

Nishinoya le sonrió en respuesta. Fue entonces que supo que era poder tener esa sonrisa lo que tanto agradecía.

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Notas finales: Reitero mis agradecimientos y partiré corriendo a responder todos sus comentarios, ¡gracias! Estaré actualizando dentro de dos semanas. ¡Nos leemos entonces!

Saku*

2015.04.04