Capítulo 2

El pelirrojo

Después de que mis padres decidieran que nos mudáramos, "adecuaron" nuestra nueva casa y colocaron su consultorio (eran dentistas los dos), no dejaban que yo saliera ni de chiste a algún lugar, fuera el que fuera nunca parecía ser un lugar "seguro" para ellos. Con el paso de las semanas logré convencerlos de que no era tan malo, tenía 22 años y era totalmente capaz de cuidarme por mí misma. Pero claro, ¡los padres y su sobreprotección! Eran algo con lo que yo no podía.

Todos los días eran casi lo mismo: levantarme antes de que mis padres se fueran al consultorio, desayunar con ellos, ducharme, asear la casa, preparar algo de comida e idear y escribir todo lo que pudiera hasta que mis padres llegaban. Esa era mi vida.

Me estaba estresando con la monotonía de mi vida, así que un día decidí cambiar un poco mi rutina y agregar a ella salir al parque a escribir. Sinceramente no tenía nada de diferente, lo único era que podía sentir la brisa golpeando mi rostro, sin ruido alguno es sencillo concentrarse y cuando una luz color rosa comenzaba a parpadear en mi reloj o la iPad en la que trabajaba daba una alarma, era hora de volver a casa.

Me preparaba para escribir mi primer libro, fantasía y sólo eso, un mundo nuevo que salía de mi mente, en el que los personajes vivían y enfrentaban los temores y retos que se les presentaran. Comencé tranquilamente y sin darme cuenta de la hora que era, dejaba que mis manos escribieran lo que mi imaginación decía, cuando de repente un enorme Setter Irlandés saltó sobre mí, me tomó por sorpresa y lo único que atiné a hacer fue tomarlo por la cara y tratar de tranquilizarlo, al parecer el enorme perro iba detrás de algún animal.

-Hey, tranquilo amigo, esa cosa ya se fue- le dije acariciándolo y tomando su correa, sin duda alguna, se había escapado de su dueño, por lo que comencé a buscar si alguien venía tras él -A quién te le escapaste, ¿eh?- miré la placa –Errol- reí sin remedio -¿Quién te puso ese extraño y divertido nombre?

Miré que una mano tomó la correa, volteé la mirada y vi a un chico bastante agitado, pues al parecer corría tras Errol, era alto, el cabello pelirrojo y cuando volteó su mirada pude ver sus hermosos ojos azules.

-Disculpa- pude leer en sus labios –Muchas gracias por… atrapar a… mi perro- dijo agitado.

-De nada- dije dándole la correa.

-Espero… que no te haya causado alguna… molestia- dijo el pelirrojo al tomarla.

-Sin contar que casi me saca un ojo, ninguna- bromeé, el chico me miró con un poco de miedo así que reí de inmediato para que supiera que era una broma, sinceramente no supe cómo había sonado mi voz para que se asustara. -¿Quieres sentarte? Te ves cansado.

El chico se sentó a mi lado y tuve que estar muy atenta para que supiera cuando comenzara a hablar y así poder leer sus labios.

-Se escapó cuando vio volar una paloma- comenzó a explicar –Es un perro viejo, por eso actúa como tonto,- acarició la cabeza del animal que ahora estaba sentado y tranquilo a nuestro lado –era de mi hermano, pero desde que se casó nos lo dejó y hemos tenido que cuidar mucho de él. Es frustrante- concluyó dirigiéndome una sonrisa.

-Bueno, es sólo un perro, muy grande a decir verdad- dije devolviendo la sonrisa y mirando por un segundo al perro, no podía dejar de estar atenta al chico junto a mí.

-Ronald Weasley- se presentó tendiéndome su mano.

-Hermione Granger, un placer- respondí tomándola.

-El placer es mío.

El pelirrojo… Ronald, volteó la mirada a un punto detrás de nosotros, lo observé atentamente y pude darme cuenta que era realmente guapo, seguramente tendría una impresionante voz.

-Mi hermana está comprando un helado, pero ya tardó demasiado- me dijo cuando volvió a mirarme

-Quizá sea bueno que vayas a alcanzarla- sugerí.

-La esperaré aquí- volvió a dirigirme una sonrisa.

Vaya que sus sonrisas son lindas pensé y después me recriminé por ello.

-¿Vienes muy seguido por aquí?- preguntó Ronald.

-Sí… muy frecuentemente- respondí. Era mi segundo día en ese parque, pero planeaba volver todos los días.

-¿En serio? No te había visto. Yo paso por aquí todos los días.

-Bueno, quizá solo no nos habíamos visto- reí.

Ronald volteó la mirada y alzó una de sus manos como queriendo llamar la atención de alguien. Un momento después una pelirroja de ojos marrones apareció junto a nosotros.

Un nuevo reto, hablar con dos personas a la vez me dije sarcásticamente.

-Hola- saludó la chica

-Hola- respondí de inmediato.

Miré a Ronald rápidamente al notar que también hablaba y sólo pude leer que decía "…Granger, salvó a Errol."

-Ginny Weasley- se presentó tomando mi mano –Que bueno que rescataste al viejo Errol, creo que mi hermano tendría problemas con mi otro hermano si algo le pasara- dijo riendo. Ronald le golpeó el brazo. Yo solo me concentraba en mirar a uno y otro disimuladamente para saber lo que dirían a continuación.

-Hermione, fue un placer conocerte, espero que podamos hablar luego- dijo Ronald –Tenemos que irnos o mi mamá nos regañará- dijo guiñando un ojo.

-Sí, espero que podamos vernos pronto- respondí ofreciendo mi mano que cuando noté tenía el reloj con su luz parpadeando, rápidamente tomé la iPad verificando que la alarma había sonado.

-Hasta luego, Hermione- se despidió Ginny. Tomé su mano y sonreí.

Los hermanos y el viejo Errol se fueron caminando tranquilamente. Yo tomé mis cosas y me dirigí a casa, tenía que preparar todo para cuando mis padres llegaran.